Sobre el significado del Infierno

Sobre el significado del Infierno

Una de las características del pensamiento moderno, es decir, del pensamiento anticristiano, es no entender el significado y el valor del Infierno. De hecho todo el pensamiento de la modernidad ha intentado despojar de sentido moral y metafísico al Infierno. Pero cuando la mayoría de nuestros contemporáneos ven en el Infierno como un sinsentido sado-masoquista, lo único que logran es poner de manifiesto que simplemente no son cristianos. Y es que, si yo niego el Infierno simplemente vacío de significado la encarnación y la misma crucifixión de Jesucristo… Y de facto, lo que vacío de significado es a Jesucristo mismo y la fe de la iglesia.

Y sin embargo desde la visión Cristiana, desde el horizonte de la Iglesia, el Infierno es algo cargado de significados que lo explican y justifica. Porque el Infierno tiene clarísimos significados:

1) DE JUSTICIA: Cada uno debe de pagar las culpas por los daños hechos en esta vida. La justicia retributiva exige que exista un equilibrio entre el daño hecho y el castigo recibido. Ahora bien, en el pecado mortal el daño hecho es infinito, puesto que la persona directamente ofendida, Dios, es infinita. Por consiguiente, la justicia de nuestras obras exige un castigo infinito. Y ya que no somos infinitos sino finitos, debemos pagar con un castigo inacabable; eterno.

2) DE LIBERTAD: Dios nos podría haber hecho de tal forma que nadie cometiera pecado, de forma que nadie llegara a merecer el infierno. Pero, si no tuviéramos la posibilidad de pecar, entonces no seriamos libres sino que seríamos autómatas pre-programados. Y de hecho todas las demás criaturas (las estrella, los árboles, los animales…), todos se comportan de acuerdo a su naturaleza. Nunca se aparten de su “código”. Siempre actúan de acuerdo a lo esperado… Pero no son libres. Son poco más que máquinas y por eso nunca pecan y nuca merecerán el Infierno.

3) DE CARIDAD: Dios nos crea… Pero nosotros acabamos la obra de nuestra creación. Nuestra vida es un acto creador, en la que la obra resultante somos nosotros mismos. Esa obra creadora dura lo que nuestra vida y queda definitivamente completada con la muerte. Los que mueren en pecado mortal, han elegido rechazar a Dios; han elegido lo contrario a Dios. Dios es Verdad, Vida, Belleza, Justicia y Felicidad eterna. Y el que rechaza a Dios elige la mentira, la muerte, la fealdad, la injusticia y el sufrimiento eterno. Y esa es la obra de auto creación a la que han llegado. No han elegido eso, SON ESO. Y si ese ser fuera sacado del Infierno simplemente estallaría, dejaría de ser como un pez fuera del agua… volvería a la nada porque estaría negando su propio ser. Y de hecho, en el cielo una de las cosas que entenderemos es que las almas condenadas en el único lugar que pueden existir, en el único lugar que su ser puede permanecer es en el Infierno. Al punto que sería una terrible crueldad más allá de lo pensable sacarlo de tal Infierno. Por qué que la única caridad posible con el alma de los condenados es permitir que habiten el Infierno por toda la eternidad.

4) DE AMOR: El Infierno es el riesgo que conlleva vivir como seres libres. Y alguien podría preguntar sino es demasiado riesgo ese “don” de la libertad si es algo que implica tamaño riesgo. Es decir, la pregunta es por qué Dios nos hace libres. Y la respuesta es que dios nos hace libre por amor. Dios nos ama tanto que quiere que comportamos con el eternamente una felicidad ilimitada en el tiempo y en la intensidad. Pero, la única forma de que podamos ser asociados a la felicidad de Dios, es ser creados a su imagen y semejanza. Eso nos constituye en seres espirituales, personales, únicos e irrepetibles cada uno; dotados de inteligencia, voluntad y memoria… Y por consiguiente dotados de libertad; de libertad incondicional, inalienable e ilimitada… Y resulta que si no fuéramos capaces de rechazar a Dios, de rechazar el cielo, de preferir el Infierno… no seriamos libres; no seriamos imagen y semejanza de la Infinita libertad de Dios. Es decir, si no existiera el Infierno, no seriamos capaces del cielo. No seríamos dignos de compartir la Vida de Dios.

5) DIOS TAMBIÉN SE COMPROMETE: Dios nos crea a su imagen y semejanza, sabiendo el riesgo que corremos. Pero no solo nos arriesgamos nosotros. Dios desde toda la eternidad es felicidad sin sombra, luz sin oscuridad, belleza ilimitada, amor infinito… En el pecado mortal ofendemos a Dios… Y eso simplemente no sabemos lo que significa… No podemos imaginarlo. Dios es la Bondad infinita… Que ignora absolutamente el mal… Y sin embargo, como consecuencia del amor que Dios nos tiene, permite que en su creación aparezca el mal… Simplemente no podemos ni imaginar lo terrible, lo inconmensurable mente terrible de ese hecho… No lo podemos ni tratar de intuir. Simplemente, se levanta en nosotros la sospecha de que es un sacrifico de una magnitud que escapa completamente a nuestra comprensión. Y eso sí, sabemos sin ninguna duda que el hecho de que Dios permita el mal en su creación tiene un valor que no guarda ninguna proporción en su terribilidad con todos los sufrimientos de todos los condenados en el infierno durante toda la eternidad.

6) Y DIOS NOS AMO HASTA LA CRUZ: Pero Dios fue mucho más lejos en su amor al hombre… Y nos amó hasta el extremo. Y puesto que no fue suficiente con crearnos a su imagen y semejanza, es por lo que él se hizo a imagen y semejanza nuestra. Y el Verbo se hizo carne y habito entre nosotros. Porque la única forma en que el hombre podría pagar por sus pecados cuyo valor era infinito, era que Cristo, Dios hecho hombre, pagara por ellos, pues siendo Jesucristo verdadero Dios, el valor de su acto sacrificial era también infinito. Y hasta ese punto nos amó Dios. Pero la única frontera que no quiso traspasar fue la de nuestra libertad, ya que sin esa libertad nosotros no podíamos ser asociados a la vida divina. Por eso Jesucristo, Dios y hombre verdadero pago por anticipado por nuestros pecados, y lo único que se nos pedía a cambio era que creyéramos LIBREMENTE en Él. De esta forma el pagaba por nuestros pecados y nosotros, sin violar nuestra sagrada libertad, seríamos salvos.

Así y todo, más allá de toda comprensión, la mayoría de los hombres han seguido prefiriendo el Infierno al Cielo… Y Dios lo ha respetado.

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