6 de julio
Rojo

Octava de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo
Vida del santo de hoy, redactada al estilo del Año Cristiano sobre fuentes tradicionales.
Llámase octava el espacio de ocho días durante el cual la Iglesia prolonga la alegría de una gran fiesta, y en especial el octavo día, en que repite su solemnidad. Tiene esta costumbre raíces en la ley antigua, que celebraba ciertas fiestas por ocho días; pero en la Iglesia comenzó con las octavas de Pascua y de Pentecostés, a las que se añadieron después las de Navidad y de la Epifanía. Las octavas de los santos son más tardías: no se hallan antes del siglo VIII, y eran propias de la Iglesia latina. Ya en el siglo IX atestigua Amalario de Metz que se celebraba la de los santos apóstoles Pedro y Pablo, con las de aquellos otros santos cuya fiesta era tenida por más ilustre.
No es de extrañar que la Iglesia romana quisiese alargar por ocho días la memoria de los dos príncipes de los apóstoles. Pedro es la piedra sobre la que Cristo edificó su Iglesia, el pastor a quien encomendó sus corderos y sus ovejas; Pablo, el vaso de elección, el doctor de las gentes; y entrambos, después de haber trabajado juntos en Roma, la consagraron con su sangre el mismo día, según la tradición de la Iglesia, el uno en la cruz y el otro bajo la espada. Por eso, al día siguiente de la fiesta, la Iglesia celebra la conmemoración de san Pablo; y durante toda la octava prolonga su memoria, hasta este octavo día, en que con rito solemne vuelve a cantar su triunfo.
La Misa del día está llena de esta doble gloria. El introito, tomado del Eclesiástico, dice de ellos: *Celebren los pueblos su sabiduría, y repitan sus alabanzas en las asambleas sagradas*; y la epístola, del mismo libro, añade: *Sepultados en paz fueron sus cuerpos; y vive su nombre por todos los siglos*. ¿Qué otra cosa vemos en Roma, donde los sepulcros de los dos apóstoles, a quienes el mundo creyó vencidos, son desde hace tantos siglos la meta de los peregrinos de toda la tierra? *A los ojos de los insensatos pareció que morían*, canta el gradual con la Sabiduría; *mas ellos, a la verdad, reposan en paz*.
La oración del día es de las más hermosas del misal: *Oh Dios, cuya diestra levantó al bienaventurado Pedro, que caminaba sobre las olas, para que no se hundiera, y libró de lo profundo del mar a su coapóstol Pablo, náufrago por tercera vez*. Alude, en lo primero, al evangelio que se lee en esta Misa, en que Pedro, a la palabra del Señor, sale de la barca y camina sobre las aguas, y comenzando a hundirse por su poca fe clama: *Señor, sálvame*, y es levantado por la mano de Jesús; y, en lo segundo, a lo que el mismo san Pablo escribe a los corintios: *tres veces naufragué; una noche y un día estuve en lo profundo del mar*.
Enseña así la Iglesia, con estas dos imágenes, que la firmeza de Pedro y de sus sucesores no viene de la fuerza humana, sino de la diestra de Cristo, que no permite que se hunda la barca a la que dijo *no temáis*. Por eso la Iglesia, apoyada en Pedro, se dirige en este día a aquel que Jesucristo le dió por jefe, y le tributa obediencia y fe, veneración y amor; porque, como dice san Pedro Damiano citado por Dom Guéranger, nadie puede pretender la intimidad con el Señor sin ser a la vez íntimo de Pedro. A Dios sólo se le encuentra en Jesús, a Jesús en la Iglesia, y a la Iglesia con Pedro.
Concluyamos esta octava pidiendo con la poscomunión que el Señor *conserve con perpetua defensa* al pueblo que confía en el patrocinio de sus apóstoles; y que, cuando las olas se levanten contra la barca, y nuestra fe vacile como la de Pedro, sepamos clamar como él: *Señor, sálvame*, seguros de que la misma mano que le sostuvo a él sostendrá a cuantos permanezcan en la fe que él confesó.
Explicación de la celebración redactada por el editor al estilo del «Año Cristiano», sobre fuentes tradicionales (Guéranger, El año litúrgico, Octava de los santos apóstoles Pedro y Pablo; Enciclopedia Católica (1911), art. «Octave» (Amalario, De eccl. offic. IV, 36); Divinum Officium, 07-06; II Cor. 11, 25).