lunes, 2 de noviembre de 2026 ✠ La Conmemoración de los Fieles Difuntos

31 de mayo

Blanco

La vierge aux raisins
La vierge aux raisins, Pierre Mignard I, 1650 · Commons · Public domain

La Bienaventurada Virgen María Reina

Vida del santo de hoy, redactada al estilo del Año Cristiano sobre fuentes tradicionales.

Celebra hoy la Iglesia la realeza de la santísima Virgen: no un suceso particular de su vida, sino la dignidad soberana a que Dios la ensalzó por encima de todas las criaturas, de los ángeles y de los hombres. Es María Reina porque es Madre del Rey; y como su Hijo es Rey del universo por derecho de naturaleza, siendo Dios, y por derecho de conquista, habiéndonos rescatado con su sangre, así la Madre, por gracia y por singular elección, participa de esa soberanía, subordinada siempre a Él, y reina junto a Él en los cielos.

No es esta una verdad nueva ni una devoción de ayer. Pío XII, al instituir la fiesta, declaró expresamente que no se proponía al pueblo cristiano una nueva verdad, sino que se trataba de una doctrina fundada en la tradición antigua y en la sagrada liturgia. Los Padres de Oriente la saludaron con este título desde los primeros siglos: san Efrén hace hablar a la Virgen como Madre del Rey; san Germán de Constantinopla le dice: «Siéntate, Señora: eres Reina y más eminente que todos los reyes»; san Andrés de Creta la llama Reina de todos los hombres; y san Juan Damasceno enseña que, al hacerse Madre del Criador, fué hecha verdaderamente Señora de todas las criaturas.

La Iglesia latina no ha cesado de repetir esta alabanza en su oración pública. Cada día, al cerrar el oficio divino, la saluda con la *Salve Regina*, *Ave Regina caelorum* o *Regina caeli laetare*, según los tiempos; en las letanías de Loreto la invoca doce veces como Reina, de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los apóstoles, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes y de todos los santos; y en el rosario contempla, en el último misterio glorioso, su coronación en el cielo. Lo que el pueblo cristiano creía y cantaba, eso mismo es lo que hoy celebra con fiesta propia.

Los romanos pontífices lo han enseñado con su autoridad. León XIII veneraba a María, con todo el pueblo fiel, «elevada sobre la gloria de todos los santos, coronada de estrellas por su divino Hijo, sentada junto a Él, Reina y Señora del universo»; y añadía que, porque en toda su vida, y sobre todo en el Calvario, bebió con su Hijo el cáliz de la amargura, le pertenece la corona del cielo y, como Reina de los mártires, la de la tierra. Pío XII, en el radiomensaje que dirigió a Fátima el 13 de mayo de 1946, decía que Jesús es Rey de los siglos por naturaleza y por conquista, y que por Él, y subordinadamente a Él, María es Reina por gracia, por parentesco divino, por conquista y por singular elección, y que nada hay excluido de su dominio.

El fundamento principal de esta dignidad es la divina maternidad. Si el que nació de ella es Rey, como lo anunció el ángel Gabriel: *El Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin*, la que le dió la carne es Madre de un Rey, y por eso Reina. El segundo título es su asociación a la obra de la redención: así como Cristo es nuestro Rey también porque nos compró con su sangre, así María, que estuvo junto a la cruz ofreciendo a su Hijo y padeciendo con Él, fué asociada al Redentor en la obra de nuestra salvación, y con razón reina sobre aquellos que ayudó a rescatar.

Quiso Pío XII coronar el Año Mariano, que había abierto para conmemorar el primer centenario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, con la institución de esta fiesta. Por la encíclica *Ad caeli Reginam*, dada el 11 de octubre de 1954, decretó que se celebrase cada año en todo el mundo el día 31 de mayo, último del mes que la piedad de los fieles consagra a la Virgen; y mandó que en ese mismo día se renovase la consagración del género humano al Corazón Inmaculado de María, que él mismo había hecho en 1942. Pocas semanas después, el 1 de noviembre, en la alocución que pronunció en Roma, advertía que no había querido introducir novedad alguna, y que la realeza de María no ha de concebirse a semejanza de los gobiernos de este mundo, sino como una realidad sobrenatural que llega a lo más íntimo de los corazones.

Los textos de la misa de hoy expresan bellamente este misterio. En la epístola, tomada del Eclesiástico, la Sabiduría eterna, que la Iglesia acomoda a María, dice: *En todos los pueblos y en todas las naciones tuve el supremo dominio*; y promete: *Los que me esclarecen obtendrán la vida eterna*. El evangelio es el de la Anunciación, en que la Virgen, al consentir al mensaje del ángel, se hace Madre del Rey eterno. El tracto la aclama vencedora de todas las herejías: *Alégrate, María Virgen, tú sola destruiste todas las herejías*. El ofertorio recuerda que nació de estirpe real, y la comunión la invoca: *Reina del mundo dignísima, María siempre Virgen, intercede por nuestra paz y salvación, tú que engendraste a Cristo Señor, Salvador de todos*.

Reconozcamos, pues, con alegría el imperio de esta Señora, que no es imperio de temor, sino de misericordia; porque, como cantamos en la *Salve*, es Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Pongámonos bajo su manto, renovemos hoy nuestra consagración a su Corazón Inmaculado, y pidámosle, como la Iglesia en la colecta de este día, que, protegidos por su amparo, *merezcamos alcanzar la paz en el presente y la gloria en el futuro*.

Explicación de la fiesta redactada por el editor al estilo del «Año Cristiano», sobre fuentes tradicionales (Pío XII, encíclica Ad caeli Reginam, 11-X-1954, y alocución del 1-XI-1954; Butler, Vidas de los santos, 31 de mayo, «María Reina», con citas de León XIII, Jucunda semper 1894 y Magnae Dei Matris 1892, y de Pío XII, radiomensaje del 13-V-1946; textos de la Misa del día).