JUAN XXII, UN PAPA HEREJE

Doctrina

Los  defensores de la legitimidad de los antipapas del Vaticano II, afirman que la prueba de que tales antipapas siguen siendo papas legítimos es que durante la historia de la Iglesia  han existido papas herejes y no por eso han sido removidos  de su cargo. Lo cual es una idea absurda, pues según la ley de la Iglesia  cualquier hereje queda AUTOMATICAMENTE removido de su cargo cualquiera que sea,  incluido el de Papa,  según la Bula de Paulo IV “CUM EX APOSTOLATUS OFFICIO”.

Curiosamente los católicos han entrado al trapo de esa tesis, y no se les ha ocurrido otra cosa que defender  lo contrario. Es decir, han defendido la tesis de que un papa no puede caer en herejía en su magisterio ordinario. Lo cual es absurdo porque, primero, la Iglesia nunca a afirmado tal cosa, y segundo los hechos demuestra que han existido papa legítimos y sin duda herejes como Honorio I  o Juan XXII.

Lamentablemente, estos últimos días hemos tenido una verdadera epidemia de personas  que se han puesto a negar con absoluta seguridad un hecho histórico perfectamente establecido: qué Juan XXII cayó en la herejía.

1. LA HISTORIA

Juan XXII es el más importante de los Papas de Aviñón. A la muerte de Clemente V el sacro colegio estaba tan dividido que los cardenales tardaron 27 meses en ponerse de acuerdo. Por fin dieron sus votos el 7 de agosto de 1316 a un viejo de mal aspecto, de 72 años de edad, llamado Jacques Duése, que adoptó el nombre de J. XXII; pero si esperaban que este viejo setentón muriese pronto, se equivocaron, pues vivió todavía 18 años. Natural de Cahors (n. ca. 1245), se había doctorado en Derecho Canónico y Civil en Orleáns y había sido obispo de Fréjus (1300), canciller del rey de Nápoles (1308), obispo de Aviñón (1310) y cardenal (1312). Pequeño de estatura, endeble, pálido, conservaba una energía indomable y una capacidad de trabajo increíble. Era un genio de la administración y un estadista sin par.

Y realmente fue un buen papa en la  mayoría de los temas que abordó y  ayudo mucho a la Iglesia a salir de la postración en que la crisis de Aviñón le había sumido.

1.2.   LA DOCTRINA DE LA VISIÓN BEATIFICA

Sin embargo, este Papa defendió una doctrina contraria al común de los doctores de la Iglesia, y antes de ser elegido Papa ya había escrito un libro  en la que lo defendía. Tal doctrina decía   que  las almas de los justos no ven a Dios hasta el día del juicio final, ni los condenados van al infierno hasta el fin del mundo. Durante su pontificado siguió defendiendo esta doctrina en homilías y predicaciones.

Concretamente, en tres sermones pronunciados en la catedral de Aviñón, entre el 1 de noviembre de 1331 y el 5 de enero de 1332, él sostuvo la opinión según la que las almas de los justos, incluso después de su perfecta purificación en el purgatorio, no gozan de la visión beatífica de Dios. Sólo tras la resurrección de la carne y el juicio final, serían elevadas por Dios a la visión de la divinidad. Colocadas “bajo el altar” (Ap. 6. 9), las almas de los santos serían consoladas y protegidas por la humanidad de Cristo, pero la visión beatífica sería aplazada hasta la resurrección de los cuerpos y el juicio final (Marc Dykmans en Les sermons de Jean XXII sur la vision beatifique, Universidad Gregoriana, Roma 1973, ha publicado los textos integrales pronunciados por Juan XXII; cfr. también Christian Trottman, La vision béatifique. Des disputes scolastiques à sa définition par Benoit XII, Ecole Française de Rome, Roma 1995, pp. 417-739).

1.3.   LA REACCIÓN Y LA ACUSACIÓN DE HEREJIA

La doctrina católica dice que  tras la muerte las almas de los hombres es inmediatamente juzgada y la pena inmediatamente aplicada. Y consecuentemente, el punto de vista de Juan XXII se consideró herético por parte de muchos teólogos y las universidades de Oxford y París. Por eso, inmediatamente, las afirmaciones de Juan XXII levantaron una tempestad de protestas y refutaciones.

Cuando el Papa intentó imponer esta doctrina errónea en la Facultad de Teología de París, el Rey de Francia Felipe VI de Valois prohibió que fuera enseñada y, según lo que cuenta el canciller de la Sorbona Jean Gerson, llegó a amenazar con la hoguera a Juan XXII si no se retractaba. Los sermones de Juan XXII totus mundum christianum turbaverunt, dijo el Maestro de los Ermitaños de San Agustín Tomás de Estrasburgo (cf. en Dykmans, op. cit., p. 10).

1.4.   LA RETRACCIÓN

En víspera de la muerte, Juan XXII afirmó haberse pronunciado sólo como teólogo privado, sin comprometer el magisterio que ostentaba. Giovanni Villani transcribe en su Crónica una retractación de la controvertida tesis que el Papa hizo el 3 de diciembre de 1334, el día antes de su muerte, empujado por el apremio del Cardenal Dal Poggetto, sobrino suyo, y de otros parientes.

Juan XXII murió el 4 dic. 1334.

El 20 de diciembre de 1334 fue elegido Papa el Cardenal Fournier, que asumió el nombre de Benedicto XII (1335-1342).

El nuevo pontífice quiso cerrar la cuestión con una definición dogmática, la constitución Benedictus Deus del 29 de enero de 1336, que así reza: “Con nuestra apostólica autoridad definimos que, por disposición general de Dios, las almas de todos los Santos… incluso antes de la reasunción de sus cuerpos y del juicio final, estuvieron, están y estarán en el cielo… y que estas almas han visto y ven la esencia divina con una visión intuitiva y, más aún, cara a cara, sin la mediación de criatura alguna” (Denz-H, n. 1000 ). Este artículo de fe fue reafirmado el 6 de julio de 1439 por la bula Laetentur coeli del Concilio de Florencia (Denz-H, n. 1305).

LA VALORACIÓN DE LA HEREJÍA DE JUAN XXII

1)  Manifiestamente la posición defendida por Juan XXII es  una herejía contraria al depósito de Fe.
2) Juan XXII la defendió públicamente antes y después de elegido papa.
3)  Al parecer se justificó en que  lo había defendido como doctor privado. Pero eso simplemente es imposible puesto que lo defendió públicamente y en sus funciones sacerdotales, ejerciendo de Papa.
4)  Es más, se enfrentó a la mayoría de los teólogos de la época y a las universidades de París y de Oxford.
5) Cierto que no hizo ninguna definición ex cátedra y por tanto no afectó a  la infalibilidad del Papa tal y como la definiría el Vaticano II.
6) Pero si eran definiciones erróneas hechas como expresión del magisterio ordinario  de un Papa legítimo.

POR TANTO HABRÍA QUE CONCLUIR DOS COSAS:

PRIMERO: Que realmente  Juan XXII defendió pública y obstinadamente una herejía y por tanto es  hereje. Y que él mismo lo reconoció cuando apenas unas horas antes de su muerte se retractó.

SEGUNDO: Que evidentemente la infalibilidad del Papa definida por el Vaticano I se refiere al Magisterio Extraordinario, y no al magisterio ordinario. Y el caso de Juan XXII es una demostración clara de que un papa puede caer en la herejía en su magisterio ordinario.

EN CONTRA DE TALES CONCLUSIONES:

En contra de tales conclusiones, se han argumentado intentando defender lo indefendible, es decir que Juan XXII no fue hereje. Y resumidamente estos son los principales argumentos y las respuestas a ellos:

3.1. PRIMERA OBJECIÓN:
“La verdad es que Juan XXII no era un hereje. La posición de Juan XXII sobre las ánimas benditas que no ven la visión beatífica hasta después del juicio universal era una cuestión que aún no se había definido específicamente como dogma. Esta definición fue pronunciada dos años después de la muerte del papa Juan XXII por el papa Benedicto XII en Benedictus Deus” [1]

RESPUESTA A LA PRIMERA OBJECIÓN:
Una  herejía no consiste en negar un dogma definido  por el Magisterio Extraordinario. La herejía consiste en negar una parte del depósito  de fe. Pero tan herética es una afirmación antes como después de la definición dogmática, puesto que una definición dogmática no añade nada al depósito de fe, salvo la confirmación de lo que ya existía.
Ahora bien,  después de una definición dogmática ya  no es posible  argumentar el errores de buena fe. Por ejemplo Santo Tomás se equivocó de buena fe cuando negó el dogma de la inmaculada. Sin embargo ya no podría  argumentar tal error después de la definición de tal dogma.
Sin embargo en el caso de Juan XXII no podría argumentar el error involuntario, por dos motivos:

  1. Porque el consenso común de los teólogos y el magisterio ordinario condenó sus tesis.
  2. Porque como Papa legítimo era el garante del depósito de fe transmitido por la iglesia, y por tanto su herejía es más grave, y tampoco puede argüir que lo defendía como doctor privado ante una cuestión en la que el Magisterio todavía no se había definido, por la sencilla razón de que precisamente ese magisterio estaba  encarnado en él.

3.2.SEGUNDA OBJECIÓN:
Juan XXII no defendió su tesis errónea como papa sino como doctor privado.

RESPUESTA A LA SEGUNDA OBJECIÓN:
Que haya defendido  sus tesis en tres  sermones públicos de su catedral muestra que lo hizo en ejercicio de su magisterio ordinario como Papa. Pero además la acusación de herejia no depende tanto  del cargo que encarne una persona dentro de la Iglesia (eso en todo caso puede ser una agravante), sino de que lo haga pública y obstinadamente.

3.3. TERCERA OBJECIÓN:
“El Papa Juan XXII no erró de intención y sus declaraciones excluyen el elemento de “obstinación” necesario a la herejía.”[2]

RESPUESTA A LA TERCERA OBJECIÓN:
Lo de “erar de buena intención” ya lo explicamos  en primero.

Pero evidentemente si hubo obstinación:
1) Su errónea idea la defendía desde antes de ser elegido (y reinó como papa 17 años)
2)  Públicamente defendió su herejía en tres homilías públicas tres años antes de su retractarse  y morir.
3) Especialmente se enfrentó duramente a la Universidad de París intercambiando amenazas
4)  Solamente se desdijo dos días antes de su muerte.

Y si eso no es obstinación en el error es que entonces tal cosa simplemente no existe.

3.4. CUARTA OBJECIÓN:
Un hereje no puede ser Papa y Juan XXI siguió siendo Papa. [1 y 2]

RESPUESTA A LA CUARTA OBJECIÓN:
Según la ley de la iglesia, cualquier miembro de la misma queda depuesto AUTOMÁTICAMENTE  de cualquier cargo y EXCOMULGADO.

Juan XXII, que era papa legítimo de la Iglesia, cayó en herejía, y por tanto estaba  depuesto de su cargo. El hecho fue que antes de su muerte  se retractó y reconcilió con la iglesia; y su sucesor  creyó suficiente con declarar de fe lo contrario a lo defendido por Juan XXII, y no se  llegó a plantar ni el problema de su deposición. No se definió que dejó de ser papa, pero tampoco se dijo lo contrario. Y dado que la deposición es automática, se haya declarado o no, Juan XXII siendo Papa legítimo de la iglesia, quedó automáticamente depuesto de su cargo a causa de su caída en herejía

3.5. QUINTA OBJECIÓN:
Que podría ser resumida como argumentación desde la falacia ad hominem. Se argumenta que los que acusaban a Juan XXII eran sus enemigos políticos o teológicos. Esa forma de argumentación la usan tanto en el artículo de Vaticano católico [1] como especialmente en el muy sectario y falaz de Amor a la Verdad [3]

El problema es que la argumentación Ad Hominem en realidad no es tal argumentación sino una falacia lógica nada más. Los que acusaban a Juan XXII podrían estar cargados hasta arriba de enemistad contra él de carácter político y  teológico, pero eso no cambiaría ni un ápice la verdad o falsedad de los argumentos que usaban. Por tanto, aunque aceptemos la enemistad de los acusadores de Juan XXII, eso en absoluto demuestra el error de sus acusaciones. Esta absurda forma de argumentar lleva a defender que Juan XXII no era hereje a pesar de afirmarlo  la inmensa mayoría de los doctores y reconocerlo finalmente el mismo.

SOBRE LOS DEFENSORES DE JUAN XXII:

1)  Vaticanocatolico.com

2)  El papa carmelita no fue un hereje

3)   REHABILITACIÓN DEL PAPA JUAN XXII

4)  Judica Me, Domine

6 comentarios sobre «JUAN XXII, UN PAPA HEREJE»

  1. Muy interesantes los argumentos contrarios a su tesis, Sr. Miguel:
    Los herejes de todas las edades han acusado a muchos otros papas, pero ¿de qué sirve hablar de todos sus fraudes? Mucho antes que nosotros, el erudito y santo Cardenal Bellarmino rehabilitó, solo, unos cuarenta acusados, de los cuales el 36 fue el Papa Juan XXII. La historia eclesiástica no conoce ningún caso en el que un Papa se haya equivocado en la fe o haya enseñado la herejía. Los escritores griegos, protestantes, galicanos, febronianos y falsificadores han acusado a los papas porque odiaban el papado que los anatematizaba. Fue de ellos que el Papa León XIII dijo: “El arte del historiador parece ser una conspiración contra la verdad “.

  2. Dígame, Vd. cuando hace referencia a Sto. Tomás ¿lo considera hereje también? él no era partidario de la tesis de la Concepción Inmaculada…
    La Iglesia permite las disputas teológicas hasta que estudiado todo, cuando el Romano Pontífice lo cree conveniente, define la doctrina, a partir de ahí ya no pueden los teólogos discutir las tesis, sino acatar el Dogma.
    El Papa Juan XXII creía exactamente lo opuesto de la opinión que se le reprocha. He aquí su profesión de fe: “Nos, declaramos como sigue, el pensamiento que ES y que ERA el nuestro. (…) Nos, creemos que las almas purificadas separadas de los cuerpos son reunidas en el cielo (…) y que, siguiendo la ley común, ellas ven a Dios y a la esencia divina cara a cara” (Juan XXII: bula Ne super his de diciembre 3 de 1334, redactada poco antes de su muerte). La expresión “que es y que era” prueba que él creyó esto durante toda su vida.

  3. En el preámbulo de la Constitución Benedictus Deus, Benedicto XII toma gran cuidado en defender a su predecesor atacado injustamente por los calumniadores bávaros. Sobre la cuestión de la visión beatífica, muchas cosas fueron escritas y dichas, y especialmente “por nuestro predecesor DE FELIZ MEMORIA (felicis recordationis) el Papa Juan XXII y por muchos otros en su presencia. (…) Queriendo hacer frente a las palabras y dichos de los MALVADOS (malignantium)” y deseando precisar sus “sus intenciones”. Aquí cita lo queJuan XXII había preparado su profesión de fe, la bula Ne super his, que Benedicto XII cita en su totalidad. Luego el nuevo papa prosiguió, definiendo ex cathedra la verdad.

  4. Una pena, que siga habiendo «católicos» que se creen más las falacias de los enemigos de la Iglesia que la verdad de lo que ocurrió y que los Papas y Santos han defendido:
    «las imposturas de Ockham, Bonagratia y Cesena fueron sin embargo exhumadas por los herejes de los siglos posteriores, que embellecieron sus fábulas. Uno de estos “historiadores” posteriores fue el heresiarca genovés Juan Calvino “Institution de la religión chrestienne, 1536, libro IV, c. 7, § 28). San Roberto Belarmino, después de citar las palabras de Calvino contra Juan XXII, exclama: “Yo digo a Calvino: tú has proferido, en muy pocas palabras, cinco mentiras desvergonzadísimas [impudentissimas]” (De romano pontífice, libro IV, c. 14). En seguida, refuta con mucha soltura al pseudo historiador genovés.

  5. No había visto sus mensajes, por lo que le pido disculpas. Y paso a contestarlos, aunque tardíamente, de la forma más breve posible:
    1) El concilio Vaticano I afirma que el papa es infalible solo en el caso de Magisterio Extraordinario, por tanto los modernistas que defienden que es infalible siempre se están inventado un dogma.
    2) Honorio I fue condenado por herejía en tres concilios ecuménicos y tal condena fue repetida por innumerables papas.
    3) Le puede dar las vueltas que le dé la gana, pero Juan XXII defendió una tesis contraria a la fe católica… Y el mismo se desdijo antes de morir. Y como es un hecho lo que diga este o el otro no altera la cuestión.
    4) Santo Tomás como era humano se equivocó en el tema de la Inmaculada y en muchas otras cosas (en su discusión sobre la eternidad del mundo, en su valoración de la mujer, en su creencia de que el alma se une al cuerpo mucho después de la concepción…). Pero, no es ningún hereje pues nunca defendió una doctrina contraria a la que la Iglesia enseñara expresamente como de fe.
    5) La idolatría del papa (las alabanzas entorno a Wojtyla, por ejemplo) es un invento modernista, como lo es la tesis de que el papa es infalible siempre, y está orientado a idolatrar al hombre mismo elevado a la condición de Dios in pectore. En cambio el Dante colocaba en el infierno a unos cuantos papas y nadie se rompía las vestiduras por ello, entre otras cosas porque la mayoría estaban de acuerdo con el Dante.

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