domingo, 27 de septiembre de 2026 ✠ XVIII Domingo después de Pentecostés · Comm. Santos Cosme y Damián, Mártires

La Misa de siempre, rebajada a «sensibilidad personal»: Prevost lo dice en Notre-Dame y Tobin lo aplica en Nueva Jersey

En París le piden la Misa y facultades para la FSSPX a quien la llama gusto particular; Quo primum la había concedido para siempre

El mismo viernes 25 de septiembre, con pocas horas de diferencia, fieles tradicionales de París entregaron una carta a León XIV en la Nunciatura para pedirle acceso «libre y pacífico» a la Misa tradicional, y el propio León XIV pidió al clero de Francia, en las vísperas de Notre-Dame, que anteponga «la comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia a sus sensibilidades personales». La respuesta estaba dada antes de que la carta llegase a leerse. Y al otro lado del Atlántico, el cardenal Tobin la ejecutaba: la misa tradicional de Hackensack (Nueva Jersey) queda «suspendida hasta nuevo aviso».

Cuatro hechos de una misma semana

La carta. Familias y estudiantes se reunieron ante la Nunciatura de París en una vigilia «filial», rezando «por y en unión de oración con el Santo Padre», y los organizadores insistieron en que no la promovía ninguna fraternidad ni instituto. Pedían más iglesias y más medios para la Misa tradicional.

La pancarta. En el bulevar Saint-Michel, al paso del papamóvil, otros fieles desplegaron un cartel en inglés: «Santo Padre, conceda plenas facultades a la FSSPX».

La frase. En las vísperas con obispos, sacerdotes, consagrados y seminaristas, León XIV pidió celebraciones «con dignidad y decoro», elogió al Vaticano II por haber «recogido y profundizado de manera eminente» la herencia litúrgica y cerró con la frase citada: la comunión con él, por encima de las «sensibilidades personales». La versión inglesa oficial dice personal preferences: preferencias.

La ejecución. El 20 de septiembre, el párroco de Holy Trinity, en Hackensack, anunció en el boletín que el cardenal Tobin le había «pedido» suspender la misa tradicional dominical, empezada en febrero, hasta que ambos se reúnan para «tratar su futuro». No se ha dado ningún motivo.

A todo esto le da escala el Summarium Decretorum 2025 del dicasterio de Culto: solo 34 diócesis de 3.041 (un 1,1 %) tienen dispensa para celebrarla en iglesias parroquiales, y 29 de esas 34 son renovaciones de dos años. Una lotería de obispos con fecha de caducidad.

Lo que no es una preferencia

Llamar «sensibilidad personal» al rito romano recibido es la tesis entera de la reforma litúrgica, dicha en una frase: hay una liturgia de la Iglesia, la de Pablo VI, y un gusto privado que se tolera mientras no moleste. El rito que santificó a Europa durante siglos queda al nivel de quien prefiere el órgano a la guitarra.

San Pío V dijo lo contrario, y lo dijo para siempre. En Quo primum tempore (1570) no concede un permiso revocable: concede «a perpetuidad» (etiam perpetuo concedimus et indulgemus) que cualquier sacerdote use ese Misal «libre y lícitamente, sin ningún escrúpulo de conciencia», y declara que nadie pueda obligarle a celebrar de otro modo. Un derecho concedido a perpetuidad no necesita una reunión con el arzobispo de Newark para seguir existiendo. Y hay un matiz más: lo que la estructura conciliar «autoriza» cuando autoriza es el Misal de 1962, ya retocado por Roncalli. Ni siquiera eso sobrevive a un «hasta nuevo aviso».

La petición que se contesta sola

Aquí está la paradoja de París. Se pide la Misa, con toda la reverencia filial, a quien acaba de llamarla preferencia; y se piden «plenas facultades» para la FSSPX al mismo a quien la FSSPX reconoce como Papa y desobedece a diario. Si León XIV es el Vicario de Cristo, su palabra en Notre-Dame obliga, y el sacerdote que celebra sin su licencia se pone él mismo fuera de la comunión que dice guardar. Si su doctrina no es la de la Iglesia —y lo que enseña sobre el Concilio no lo es—, no tiene facultades que dar, y pedírselas es reconocerle la autoridad que se le niega en la práctica. Es el círculo de «reconocer y resistir», y la frase de Notre-Dame lo deja al descubierto: el hombre al que se suplica ya ha contestado.

La Misa de siempre no necesita el permiso de quien la desprecia: la tiene concedida por San Pío V y por el uso inmemorial de la Iglesia romana. Lo que les toca a los fieles no es mendigar un turno en la lotería de las dispensas, sino buscar al sacerdote que la celebra sin pedir licencia a quien no puede darla, y rezar a la Santísima Virgen para que devuelva a Roma un Pastor que la reconozca como suya.

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Fuentes:

De la editorial
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