lunes, 27 de julio de 2026 · Feria

Santos del Vaticano II: Edith Stein

Entrada recuperada del archivo de la primera etapa de este sitio.

Uno de los Santos más curiosos de la “iglesia” del Vaticano
II es Edith Stein. Porque en realidad nadie sabe exactamente el porqué de su
fulgurante carrera en la santidad:

  • Fecha de beatificación: 1 de mayo de 1987 por Wojtyla
  • Fecha de canonización: 11 de octubre de 1998 por Wojtyla
  • Nombrada copatrona de Europa: 1999 por Wojtyla

De los tres pasos dados en su encumbramiento dentro de la
secta, el único que tuvo un fundamento razonable es el último: hay una razón
muy clara por la que fue nombrada patrona de Europa… que le dio la gana a
Wojtyla. Pero, para su beatificació-subito-canonización los motivos son más complejos,
numerosos y los enumeramos a continuación.

Judia

Edith Stein era judía y a pesar de hacerse bautizar, nunca renegó de su pueblo… Ni por tanto de su religión. Porque de hecho no existe ningún fundamento racial ni cultural del pueblo judío salvo el religioso sintetizado en el talmud. Por tanto no cabe duda que cuando la Satin se declaraba judía se declaraba talmúdica.

Edith Stein se consideró antes y después de su bautismo
siempre a sí misma como perteneciente al pueblo judío. Y entendía a Jesucristo
como un judío practicante, igual que fueron sus discípulos. Y, según ella, la
Iglesia debe ser plenamente consciente de este enraizamiento y del deber de ser
solidaria con el pueblo judío perseguido. Es decir, como dirían los antipapas
del Vaticano II la Antigua Alianza seguía vigente y en todo caso pa Iglesia
debía entender y reconocer que los judíos seguían siendo el pueblo de Dios.

Esta reflexión y esta filiación fueron las que condujeron a
Edith Stein a escribir al papa Pío XI acerca del antisemitismo y pedirle que
actuara en contra denunciándolo. Y eso en una carta que encabezaba asi:

“Santo Padre,

Como hija del pueblo
judío, que, por la gracia de Dios, desde hace once años es también hija de la
Iglesia Católica, me atrevo a exponer ante el Padre de la Cristiandad lo que
oprime a millones de alemanes.”

Y tan es así que uno
se pregunta si descubrió el cristianismo y se convirtió en católica, o en realidad
se convirtió en ferviente judía que pretendía que el cristianismo debía estar
sometida a “los hermanos mayores en la fe”.

En el pasado no hubiéramos dudado en llamar “marrana” a
Edith Stein, lo que ocurre es que los marranos mantenían oculta su fe judía, mientras
que la Stein la proclamaba a los cuatro vientos su pertenencia a la sectajudia.

Y por supuesto que sus planteamientos se adelantaron 30 años
a los del Vaticano II y a “Nostra Aestate”. Por eso no es extraño que su
valedor en la Secta, Wojtyla, en la homilía de la beatificación de su santa,
afirmara que no hay contradicción en la fe de Edith Stein: «para Edith Stein,
el bautismo cristiano no era una forma de romper con su legado judío. Por el
contrario, dijo: ‘yo había renunciado a la práctica de la religión judía desde
la edad de catorce años. Mi regreso a Dios me permitió sentirme judía de nuevo’.
Ella siempre fue consciente de que estaba obligada a Cristo no solo por la
espiritualidad, sino también por la propia sangre. En los campos de exterminio
murió como hija de Israel» para la gloria del Santísimo Nombre y, a la vez,
como la hermana Teresa Benedicta de la Cruz, que viene a decir: «bendecida por
la Cruz».

«Martir» judia

Pero ademas la Stein no solo fue solo canonizada, sino reconocida como mártir de la Iglesia. Lo cual, ya si, es una mentira autoevidente. Es cierto que cuando fue detenida y enviada a los campos de concentración nazi era carmelita descalza, sin embargo no fue detenida por ser carmelita sino por ser judía. Y por tanto no murió por su testimonio de su fe en Cristo, sino por su pertenencia al pueblo judío, y por tanto si fue canonizada por la secta del Vaticano II desde luego no fue como mártir.

Maestro pesador

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Stein fue un una importante miembro de la escuela filosófica fenomenológica del judío Husserl, al punto de ser considerada en un tiempo la heredera del creador de la escuela.

En realidad, la fenomenología de Husserl es la misma escuela
filosófica del liberalismo moderno, y consistía en puro relativismo y
subjetivismo. Al punto de que no es difícil ver en la fenomenología de Husserl
exactamente la posición contraria a la escolástica tomista, por muchos intentos
de conciliación (en realidad manipulación) que hiciera la Stein llevara a cabo
al final de su vida.

La fenomenología filosófica tuvo una extraordinaria
influencia en la vida intelectual del siglo XX, ya que encarnaba el liberalismo
dominante con una atractiva envoltura filosofía. Al punto que se ha llegado a
decir que la inmensa mayoría de los enseñantes universitarios de mediados del
siglo XX o eran expresamente miembros de la escuela o tenían una fuerte
influencia de la misma. Y así, por ejemplo, influyo en la mayoría de los pesos
pesados de la apostasía del Vaticano II, y expresamente en el valedor de la
Stein, el señor Wojtyla. Y esto sin duda tuvo un peso destacado en el
encumbramiento de la Stein dentro de la secta: una cosa es que se “hablara”
bien del tomismo, otro que se tolerara algo tan católico como el tomismo en los
seminarios y cátedras de filosofía y teología.

Feminista radical

Pero en realidad todo contaba a favor de una Stein siempre políticamente correcta. Y especialmente su feminismo que fue declarado radical por ella misma. De forma que cuando se integró en la Iglesia, igual que había cristianizado la fenomenología de Husserl, también “cristianizo” su feminismo de forma que también en eso fue una adelantada del Vaticano II.

Para la feminista Stein lo que no cabía era una concepción
de la feminidad que partiera de la Esclava del Señor María santísima. De hecho
el modelo de esposa y madre que siempre propuso la Iglesia Católica era
literalmente indigesto para la Stein. Y es que en realidad los judíos siempre son materialistas, y
entienden la preferencia de “su dios” hacia ellos como éxito material. Y lo que
no podía entender la Stein es una vida de obediencia, humildad y esclavitud
como la de María santísima. De ahí su visión de la mujer.

Stein afirmaba la unidad de la humanidad, y que la mujer
tiene tres objetivos fundamentales: «el desarrollo de su humanidad, de su
feminidad y de su individualidad». Pero la feminidad entendida al estilo Stein:
la mujer es femenina tanto cuando experimenta la maternidad física como la
espiritual. De forma que una mujer puede ser catedrático de metafísica, y
ejercerá su catedra de una forma femenina, de forma que una vida dedicada al éxito
profesional no significaba en absoluto frustrar su feminidad.

Al final lo que ella niega es la visión católica de la mujer en la que su plenitud femenina se alcanza en la maternidad y la esfera familiar. La vocación de la mujer, según la Stein, puede expresarse en una vida profesional: «el objetivo que consiste en el desarrollo de habilidades profesionales, objetivo al que es bueno aspirar con el interés de un saludable desarrollo de la personalidad individual, que también se corresponden con las demandas sociales que requieren la integración de las fuerzas femeninas en la vida del pueblo y del Estado». No es extraño por tanto el encumbramiento de la Stein en la secta del Vaticano II.

«Reliquia» de Stein en la catedral de Speyer (Alemania), dentro del símbolo judío de la estrella de seis puntas.
De la editorial
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