domingo, 18 de septiembre de 2039
San José de Cupertino, Confesor
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (1 Cor. 13, 1-8)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios Fratres: Si linguis hóminum loquar et Angelorum, caritátem autem non hábeam, factus sum velut æs sonans aut cýmbalum tínniens. Et si habúero prophetiam, et nóverim mystéria ómnia et omnem sciéntiam: et si habúero omnem fidem, ita ut montes tránsferam, caritátem autem non habúero, nihil sum. Et si distribúere in cibos páuperum omnes facultátes meas, et si tradídere corpus meum, ita ut árdeam, caritátem autem non habúero, nihil mihi prodest. Cáritas pátiens est, benígna est: cáritas non æmulátur, non agit pérperam, non inflátur, non est ambitiósa, non quærit quæ sua sunt, non irritátur, non cógitat malum, non gaudet super iniquitáte, congáudet autem veritáti: ómnia suffert, ómnia credit, ómnia sperat, ómnia sústinet. Cáritas numquam éxcidit: sive prophétiæ evacuabúntur, sive linguæ cessábunt, sive sciéntia destruétur.
Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y el lenguaje de los ángeles mismos, si no tuviere amor o caridad, vengo a ser como un metal que suena, o campana que retiñe. Y aunque tuviera el don de profecía, y penetrase todos los misterios, y poseyese todas las ciencias; aunque tuviera toda la fe posible, de manera que trasladase de una a otra parte los montes, no teniendo amor, soy un nada. Aunque yo distribuyese todos mis bienes para sustento de los pobres, y aunque entregara mi cuerpo a las llamas, si el amor me falta, todo lo dicho no me sirve de nada. El amor es paciente, es dulce y bienhechor; el amor no tiene envidia, no obra precipitada ni temerariamente, no se ensoberbece, no es ambicioso, no busca sus intereses, no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la injusticia, se complace sí en la verdad; a todo se acomoda, cree todo el bien del prójimo, todo lo espera, y lo soporta todo. El amor nunca se acaba; las profecías se terminarán, y cesarán las lenguas, y se acabará la ciencia. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 32 + Homilía 33 + Homilía 34 sobre 1 Corintios — San Juan Crisóstomo
Y ved por dónde comienza primero: por aquello que a sus ojos era maravilloso y grande, el don de lenguas. Y al aducir este don, no lo menciona en la medida en que ellos lo poseían, sino mucho mayor; pues no dijo «si hablo en lenguas», sino: «Si hablare las lenguas de los hombres». ¿Qué es «de los hombres»? De todas las naciones en toda parte del mundo. Y no contento con esta amplificación, usa también otra mucho mayor, añadiendo las palabras «y de los ángeles, y no tengo caridad, vengo a ser como bronce que suena o címbalo que retiñe». ¿Veis hasta qué punto ensalzó primero el don, y a qué punto después lo rebajó y lo arrojó por tierra? Pues no dijo simplemente «nada soy», sino «vengo a ser como bronce que suena», cosa insensata e inanimada. Mas ¿por qué bronce que suena? Porque emite, sí, un sonido, pero al azar y en vano, y para ningún buen fin; ya que, además de no aprovechar yo nada, soy tenido por los más como quien da molestia impertinente, hombre enojoso y fastidioso. ¿Veis cómo el que carece de caridad se asemeja a las cosas inanimadas e insensibles?
Después, para que su discurso sea bien acogido, no se detiene en el don de lenguas, sino que pasa también a los demás dones; y habiendo rebajado todos en ausencia de la caridad, traza luego la imagen de ésta. Y como prefirió conducir su argumento por vía de amplificación, comienza por lo menor y asciende a lo mayor. Pues mientras que, al señalar su orden, había puesto el don de lenguas en último lugar, ahora lo cuenta el primero, ascendiendo por grados, como dije, hacia los dones mayores. Así, habiendo hablado de las lenguas, pasa enseguida a la profecía y dice: «Y si tuviere el don de profecía». Y también este don con una excelencia. Pues así como allí no mencionó las lenguas, sino las lenguas de todo el género humano, y, prosiguiendo, las de los ángeles, y luego significó que el don nada era sin caridad, así también aquí no menciona la profecía sola, sino la profecía más alta: habiendo dicho «si tuviere profecía», añadió «y conociere todos los misterios y toda ciencia», expresando también este don con intensidad.
Después de esto pasa también a los otros dones. Y de nuevo, para no parecer que los fatiga nombrando cada uno de los dones, pone la madre y fuente de todos, y esto también con una excelencia, diciendo así: «Y si tuviere toda la fe». Ni se contentó con esto, sino que aun aquello que Cristo llamó lo más grande, esto también añadió, diciendo: «de suerte que trasladase los montes, y no tengo caridad, nada soy». Y considerad cómo también aquí rebaja de nuevo la dignidad de las lenguas. Pues mientras que respecto de la profecía significa la gran ventaja que de ella nace, el entender los misterios y tener toda ciencia; y respecto de la fe, obra no pequeña, el trasladar los montes; en cambio, respecto de las lenguas, habiendo nombrado sólo el don mismo, lo deja.
«Y si distribuyere todos mis bienes para alimento de los pobres, y si entregare mi cuerpo para ser quemado, mas no tengo caridad, nada me aprovecha». ¡Admirable amplificación! Pues aun estas cosas las enuncia con otro añadido: en que no dijo «si diere a los pobres la mitad de mis bienes», o dos o tres partes, sino «aunque diere todos mis bienes». Y no dijo «diere», sino «distribuyere en migajas», de modo que al gasto se añada también el administrarlo con toda solicitud.
«La caridad es paciente, es benigna; la caridad no tiene envidia, no obra precipitadamente, no se ensoberbece». Así pues, habiendo mostrado que la fe, la ciencia, la profecía, las lenguas, los dones, la curación, una vida perfecta y el martirio, si falta la caridad, de nada grande aprovechan, necesariamente traza a continuación un bosquejo de su hermosura sin par, adornando su imagen con las partes de la virtud como con ciertos colores, y componiendo con exactitud todos sus miembros. Mas no pases de largo apresuradamente, amado, lo que se ha dicho, sino examina cada cosa con mucho cuidado, para que conozcas el tesoro que hay en ella y el arte del pintor. Considera, por ejemplo, por dónde comenzó al punto, y qué puso primero, como causa de toda su excelencia. ¿Y qué es esto? La longanimidad. Ésta es la raíz de toda abnegación. Por eso también cierto varón sabio dijo: «El hombre longánimo es de gran entendimiento; mas el impaciente de espíritu es sobremanera necio».
Mas Pablo no se detiene aquí, sino que añade también las otras altas hazañas de la caridad, diciendo: «es benigna». Pues como hay algunos que ejercitan su longanimidad no con vistas a su propia abnegación, sino para castigo de los que los provocaron, a fin de hacerlos estallar de ira, dice que tampoco tiene la caridad este defecto. Por eso añadió «es benigna». Pues no para encender el fuego en los que están inflamados de ira los tratan con más blandura, sino para aplacarlo y extinguirlo; y no sólo soportando noblemente, sino también apaciguando y consolando, curan la llaga y sanan la herida de la pasión.
«No tiene envidia». Pues es posible que uno sea a la vez longánimo y envidioso, y así se echa a perder aquella excelencia; mas la caridad evita también esto. «No obra precipitadamente», esto es, no es temeraria; pues hace al que ama considerado, grave y firme. En verdad, una señal de los que aman de manera ilícita es el defecto en este punto; mientras que aquel a quien esta caridad es conocida, es de todos los hombres el más enteramente libre de estos males. Pues cuando dentro no hay ira, tanto la temeridad como la insolencia quedan del todo quitadas; y la caridad, como algún excelente labrador, tomando asiento en lo interior del alma, no consiente que brote ninguna de estas espinas. «No se ensoberbece». Pues así vemos a muchos que se tienen en gran estima precisamente por estas mismas excelencias: por ejemplo, por no ser envidiosos, ni mezquinos, ni de ánimo bajo, ni temerarios; siendo estos males propios no sólo de la riqueza y de la pobreza, sino aun de las cosas naturalmente buenas. Mas la caridad lo purga todo perfectamente.
«No hace nada indecoroso». Y ¿por qué, dice, afirmo que «no se ensoberbece», siendo así que está tan lejos de ese sentimiento que, sufriendo las cosas más vergonzosas por aquel a quien ama, ni siquiera cuenta la cosa por indecorosa? Tampoco dijo «sufre lo indecoroso, mas lleva noblemente la vergüenza», sino que ni siquiera tiene sentido alguno de la vergüenza. Pues si los amadores del dinero soportan toda clase de oprobios por causa de aquel su sórdido tráfico, y lejos de esconder el rostro, hasta se glorían en ello, mucho más el que tiene esta caridad laudable nada rehusará por la salvación de aquellos a quienes ama; ni cosa alguna que pueda padecer lo avergonzará.
«No busca lo suyo, no se irrita». Habiendo dicho «no hace nada indecoroso», muestra también la disposición de ánimo por la cual no obra indecorosamente. ¿Y cuál es esa disposición? Que «no busca lo suyo». Pues al amado lo estima como su todo, y sólo entonces se comporta de modo indecoroso, cuando no puede librarlo de tal indecoro; de suerte que, si le es posible aprovechar al amado por su propio deshonor, ni siquiera cuenta la cosa por deshonra. No busques, pues, lo tuyo, para que halles lo tuyo; porque el que busca lo suyo, no halla lo suyo. Por eso dijo también Pablo: «Ninguno busque su propio provecho, sino cada uno el del prójimo». Pues tu propio provecho está en el provecho de tu prójimo, y el suyo en el tuyo.
«No se irrita fácilmente, no piensa el mal». Ved de nuevo a la caridad no sólo domeñando el vicio, sino no consintiendo siquiera que surja. Pues no dijo «aunque provocada, vence», sino «no se irrita». Y no dijo «no obra mal», sino «ni siquiera lo piensa»; esto es, tan lejos está de tramar mal alguno, que ni siquiera lo sospecha del amado. ¿Cómo, pues, podría obrar alguno, o cómo ser provocada, quien ni siquiera soporta admitir una sospecha maligna, de donde brota la fuente de la ira?
«No se goza de la injusticia»; esto es, no siente placer sobre los que padecen mal; y no sólo esto, sino, lo que es mucho mayor, «se goza con la verdad». Siente placer, dice, con los que son bien afamados, como dice Pablo: «Gozaos con los que se gozan, y llorad con los que lloran».
Con todo, no se contenta con esto, sino que tiene algo aún mayor que decir, según su plan de enunciar más tarde lo más fuerte. Por eso dice: «todo lo sufre». Por su longanimidad, por su bondad; ya sean cosas gravosas, o penosas, o injurias, o azotes, o la muerte, o cualquier otra cosa. Su poder lo insinúa aquí el Apóstol; mas su bondad, por lo que sigue. Pues «todo lo espera», dice, «todo lo cree, todo lo aguanta». ¿Qué es «todo lo espera»? No desespera, dice, del amado, sino que, aunque sea indigno, sigue corrigiéndolo, proveyéndolo, cuidándolo. «Todo lo cree»: pues no sólo espera, dice, sino que también cree, por su grande afecto. Y aun cuando estos bienes no resultaren según su esperanza, sino que el otro se mostrare todavía más intolerable, aun esto soporta; pues, dice, «todo lo aguanta». ¿Veis cuándo puso la corona sobre el arco, y qué hay de propio en este don entre todas las cosas? Pues ¿qué es «nunca decae»? No es cortada, no es disuelta por el sufrimiento; pues con todo carga, ya que, suceda lo que suceda, el que ama nunca puede odiar. Ésta es, pues, la mayor de sus excelencias.
Homilía 32 + Homilía 33 + Homilía 34 sobre 1 Corintios, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Matt. 22, 1-14)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum In illo témpore: Loquebátur Jesus princípibus sacerdótum et pharisǽis in parábolis, dicens: Símile factum est regnum cœlórum hómini regi, qui fecit núptias fílio suo. Et misit servos suos vocáre invitátos ad nuptias, et nolébant veníre. Iterum misit álios servos, dicens: Dícite invitátis: Ecce, prándium meum parávi, tauri mei et altília occísa sunt, et ómnia paráta: veníte ad núptias. Illi autem neglexérunt: et abiérunt, álius in villam suam, álius vero ad negotiatiónem suam: réliqui vero tenuérunt servos ejus, et contuméliis afféctos occidérunt. Rex autem cum audísset, iratus est: et, missis exercítibus suis, pérdidit homicídas illos et civitátem illórum succéndit. Tunc ait servis suis: Núptiæ quidem parátæ sunt, sed, qui invitáti erant, non fuérunt digni. Ite ergo ad exitus viárum et, quoscúmque invenéritis, vocáte ad núptias. Et egréssi servi ejus in vias, congregavérunt omnes, quos invenérunt, malos et bonos: et implétæ sunt núptiæ discumbéntium. Intrávit autem rex, ut vidéret discumbéntes, et vidit ibi hóminem non vestítum veste nuptiáli. Et ait illi: Amíce, quómodo huc intrásti non habens vestem nuptiálem? At ille obmútuit. Tunc dixit rex minístris: Ligátis mánibus et pédibus ejus, míttite eum in ténebras exterióres: ibi erit fletus et stridor déntium. Multi enim sunt vocáti, pauci vero elécti.
Entretanto Jesús les habló de nuevo por parábolas, diciendo: En el reino de los cielos acontece lo que a cierto rey que celebró las bodas de su hijo. Y envió sus criados a llamar los convidados a las bodas, mas éstos no quisieron venir. Por segunda vez despachó nuevos criados con orden de decir de su parte a los convidados: Tengo dispuesto el banquete; he hecho matar mis terneros y demás animales gordos, y todo está a punto; venid, pues, a las bodas. Mas ellos no hicieron caso; antes bien se marcharon, quien a su granja, y quien a su tráfico ordinario. Los demás cogieron a los criados, y después de haberlos llenado de ultrajes los mataron. Lo cual oído por el rey, montó en cólera, y enviando sus tropas acabó con aquellos homicidas, y abrasó su ciudad. Entonces dijo a sus criados: Las prevenciones para las bodas están hechas, mas los convidados no eran dignos de asistir a ellas. Id, pues, a las salidas de los caminos, y a todos cuantos encontréis convidadlos a las bodas. Al punto los criados, saliendo a los caminos, reunieron a cuantos hallaron, malos y buenos, de suerte que la sala de las bodas se llenó de gentes, que se pusieron a la mesa. Entrando después el rey a ver los convidados, reparó allí en un hombre que no iba con vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado tú aquí sin vestido de boda? Pero él enmudeció. Entonces dijo el rey a sus ministros de justicia: Atado de pies y manos, arrojadle fuera a las tinieblas; donde no habrá sino llanto y crujir de dientes. Tan cierto es que muchos son los llamados y pocos los escogidos. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Mateo 22, 1-14 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 69,1. Como había dicho el Salvador que se daría la viña a otras gentes que le pagasen sus frutos ( Mt 21,43), ahora dice a qué clase de gentes. Por eso el Evangelista añade: "Y respondiendo Jesús, les dijo", etc.
Glosa. Dice respondiendo, porque contrariaba la intención depravada de los que fraguaban su muerte.
San Agustín, de consensu evangelistarum,. Unicamente San Mateo refiere esta parábola; San Lucas refiere otra semejante, pero no es ésta, como indica el orden mismo.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Aquí se infiere a la Iglesia presente, por medio de las nupcias, pero allí se refiere, por medio de la cena, al convite último y eterno. Porque en éste entran algunos de los que han de salir, pero de aquél no saldrá ya el que una vez haya entrado. Y si alguno cree que esto viene a ser lo mismo, vea que San Lucas pasó en silencio lo que dijo San Mateo refiriéndose a aquel que no había entrado con el vestido nupcial. No obsta que por medio del primero se entienda la cena, por medio del segundo, la comida; porque cuando se almorzaba todos los días a la hora nona entre los antiguos, el almuerzo se llamaba cena.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. El reino de los cielos es semejante, según quien allí reina, a un hombre rey; y según aquel con quien reina, al hijo del rey; según lo que hay en los estados del rey, es semejante a los siervos y a los convidados a las bodas, entre los que se encuentra también el ejército del rey. Y se añade: "a un hombre rey", para que como hombre hable a los hombres y gobierne a aquellos que no quieren ser gobernados por Dios. Pero entonces el reino de los cielos cesará de ser semejante a un hombre, porque cuando haya concluido el celo, la disputa y las demás pasiones, cesaremos también de andar como hombres, y lo veremos tal y como es; ahora lo vemos, no como es, sino como ha querido hacerse por nosotros.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Dios Padre celebró las bodas a su propio Hijo cuando unió a Este con la humanidad en el vientre de la Virgen. Mas como el casamiento no puede verificarse sino entre dos personas, no debemos pensar que la persona del Salvador consta de dos personas unidas. Decimos que consta y que está formada por las dos naturalezas, pero de ningún modo podemos decir que sea un compuesto de dos personas. Mejor puede decirse que este Padre rey celebró las bodas para su Hijo rey, asociándole la santa Iglesia por medio del misterio de la encarnación: el tálamo de este esposo es el vientre de la Virgen María.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Cuando suceda la resurrección de los santos recibirá el hombre la verdadera vida (que es Jesucristo), porque Este asumirá en su inmortalidad la mortalidad del hombre. Ahora recibimos al Espíritu Santo como en arras del consorcio eterno, pero después recibiremos al mismo Jesucristo en toda su plenitud.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Por la unión del esposo con la esposa (esto es, de Jesucristo con el alma) debe entenderse la aceptación de la divina palabra; y las buenas obras serán el parto.
San Hilario, in Matthaeum, 22. Se dice con razón que estas bodas ya han sido celebradas por el Padre, porque esta unión de la eternidad, y los desposorios del nuevo cuerpo, se han consumado ya por medio de Jesucristo.
San Hilario, in Matthaeum, 22. Prosigue: "Y envió sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas no quisieron venir".
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Si envió a sus siervos, fue porque ya estaban invitados primeramente. Son invitados, pues, los hombres desde el tiempo de Abraham, a quien ya se prometió la encarnación de Jesucristo.
San Jerónimo. Envió a su siervo; y no cabe duda que éste fue Moisés, por quien se dio la ley a los invitados. Aunque leemos siervos (como se encuentra en muchos ejemplares), debemos entender que se refiere a los profetas; porque invitados por ellos, no quisieron venir. Sigue, pues: "Envió de nuevo otros siervos, diciendo: decid a los convidados". Debe creerse que los siervos que fueron enviados la segunda vez son los profetas más bien que los apóstoles; y así, si antes está escrito el siervo, cuando después de lee los siervos, debe entenderse que estos segundos siervos son los apóstoles.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. A quienes envió cuando les dijo: "No os marchéis por los caminos de los gentiles, sino más bien buscad antes las ovejas perdidas de la casa de Israel" ( Mt 10,5).
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. También puede decirse que los siervos enviados en primer lugar a que llamasen a los invitados a las bodas son los profetas, que invitaban al pueblo por medio de sus profecías, a la alegría por la unión de la Iglesia con Jesucristo. Y los que no quisieron venir habiendo sido invitados primero, son los que no quisieron oír las palabras de los profetas. Además, cuando pasaron éstos, hubo otro período en que abundaron los profetas.
San Hilario, in Matthaeum, 22. Los siervos que fueron enviados primeramente a llamar a los convidados, son los apóstoles. Habían sido enviados para que viniesen los que ya habían sido invitados antes, esto es, el pueblo de Israel, que fue llamado por medio de la ley a la gloria eterna. Era propio de los Apóstoles instar a los que los profetas habían invitado de antemano. Los que fueron enviados después en condición de maestros, son los varones apostólicos que sucedieron a aquéllos.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Y como los que antes habían sido invitados no quisieron venir al convite, se les dice en la segunda invitación: "He aquí que he preparado mi banquete".
San Jerónimo. El banquete preparado, los toros y los animales cebados ya muertos, representan, en sentido metafórico, las riquezas del rey, para que por medio de las cosas materiales se venga en conocimiento de las espirituales. Además, la magnificencia de los dogmas, y la doctrina del Señor, pueden conocerse de una manera evidente en la plenitud de la ley.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Cuando dijo el Señor a sus apóstoles: "Id y predicad que se acerca el reino de los cielos" ( Mt 10,7), se refirió a lo que dice ahora: "He preparado mi banquete"; esto es, por medio de la ley y de los Profetas he adornado las mesas de las Escrituras. Por esto sigue: "Mis toros", etc.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Los toros representan a los padres del Antiguo Testamento, los cuales, según estaba permitido en la ley, herían con el cuerno de su virtud corporal a sus enemigos. Llamamos a los animales cebados, por Aquel que alimenta desde lo alto; por eso les decimos saciados. Por medio de los animales cebados se figuran los padres del Nuevo Testamento, los cuales, cuando perciben la gracia de la dulce alimentación interna, se elevan de los deseos terrenos a las cosas de lo alto por las alas su contemplación. Dice, pues: "Mis toros y mis animales cebados ya están muertos". Como diciendo: Observad las muertes de los padres que precedieron, y pensad en aplicar los remedios para que conservéis vuestras vidas.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Y habla de los animales cebados y de los toros, no porque los toros no estuviesen cebados, sino porque no todos habían engordado del mismo modo. Luego, únicamente llama cebados a los profetas que estuvieron llenos del Espíritu Santo; y toros, a los profetas y sacerdotes, como Jeremías y Ezequiel. Así como los toros son los guías del rebaño, así los sacerdotes son los jefes del pueblo.
San Hilario, in Matthaeum, 22.. Los toros representan la gloria de los mártires que han sido inmolados como víctimas escogidas por haber confesado a Dios; y cebados, los hombres espirituales, porque son alimentados con el pan del cielo, como las aves se alimentan cuando han de volar para alimentar a las demás, haciéndoles partícipes de la abundancia de su comida.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Debe advertirse también, que en la primera invitación nada se habló de toros ni de animales cebados; pero que en la segunda, se dice que los toros y los animales cebados ya están muertos. Porque el Dios omnipotente, cuando no queremos oír su divina palabra, cita ejemplos para que veamos que hay facilidad para poder vencer todo lo que consideramos como imposible, oyendo que otros han pasado por esto.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Y como la comida que estaba preparada es la palabra divina, se entiende que la gran fuerza de esta palabra está representada por medio de los toros. Y lo que éstos tienen de suave y de deleitable, es por lo que se les llama cebados. Si alguno dice que las razones expuestas tienen poca fuerza y que son de poco valor, tienen que admitir la esterilidad de cuanto se lleva dicho: son cebadas, cuando se citan muchos ejemplos para cada una de las proposiciones, en prueba completa del discurso. Cuando alguno predica sobre la castidad, cita por ejemplo la tórtola; pero cuando sobre la misma virtud cita muchas pruebas de las Sagradas Escrituras de modo que deleite y confirme, el alma del que oye queda como cebada.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Y cuando dice: "Todo está preparado", se entiende que ya está cumplido en las Sagradas Escrituras todo lo necesario para la salvación. El que es ignorante, encuentra allí algo que aprender; el que es orgulloso, encuentra algo que temer; el que trabaja, encuentra allí todo lo ofrecido a aquellos a quienes se invita a trabajar.
Glosa. Todo está ya preparado, esto es, está preparada la entrada en el reino, por medio de la fe en mi encarnación, la que antes estaba cerrada.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Dice que está preparado todo lo que pertenece al misterio de la pasión del Señor, y de nuestra redención. Por esto dice: "Venid a las bodas", no con los pies, sino con la fe y con las costumbres.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Prosigue: "Mas ellos lo despreciaron". El por qué lo despreciaron lo da a conocer cuando añade: "Y se fueron, unos a sus granjas", etc.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 69,1. Aun cuando parece que los motivos son razonables, aprendemos, sin embargo, que incluso cuando sean necesarias las cosas que nos detienen, conviene siempre dar la preferencia a las espirituales: y a mí me parece que cuando alegaban estas razones, daban a conocer los pretextos de su negligencia.
San Hilario, in Matthaeum, 22.. Los hombres del mundo se ocupan en la ambición de cosas temporales y muchos se dedican a los negocios por la codicia del dinero.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Cuando hacemos algo con el trabajo de nuestras manos, cuando cultivamos un campo o una viña, o cuando hacemos una obra de madera o de hierro, parece que entonces trabajamos la granja. Y cuando obtenemos otras ganancias, no por el trabajo de nuestras manos, todo esto se llama negocio. ¡Oh mundo miserable, y desgraciados los que le siguen! Muchas veces los trabajos del mundo alejan a los hombres de la vida verdadera.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. El que se propone labrar un terreno, o está dedicado a las cosas del mundo, simula meditar en el misterio de la encarnación, y vivir según su espíritu, y marcha hacia la granja o sea hacia el negocio, rehusando venir a las bodas del rey. A veces (lo que todavía es peor), algunos llamados a la gracia, no sólo la desprecian, sino que también la persiguen: por esto añade: "Y los otros echaron mano de los siervos", etc.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Por la ocupación de la granja se entiende la gente del pueblo de los judíos, que por su deseo de las cosas del mundo fueron separados de Cristo; por la ocupación de los negocios se entiende a los sacerdotes y los demás ministros del templo a quienes el afán de lucro separó de la fe, aun siendo ellos los encargados del servicio de la ley y del templo. No dijo de éstos que habían obrado maliciosamente, sino que despreciaron; los que crucificaron a Jesucristo por odio o por envidia, fueron los que obraron mal; los que impedidos por los negocios no creyeron, son los que le despreciaron, aun cuando no eran malos. El Señor nada dice acerca de su muerte, porque ya había dicho lo bastante en la parábola anterior, pero da a conocer la muerte de sus discípulos, a quienes mataron los judíos, después que el Señor subió a los cielos, apedreando a Esteban y degollando a Santiago de Alfeo. Por todo lo cual Jerusalén fue destruida por los romanos. Debe advertirse que se habla de la ira de Dios, no en sentido propio, sino en sentido traslativo: se dice que se enfurece cuando castiga. Por lo que se dice aquí: "Y el rey, cuando lo oyó, se irritó".
San Jerónimo. Cuando invitaba a las bodas y obraba con clemencia, era llamado hombre; pero ahora, cuando vino a aleccionarse calla la palabra hombre, y únicamente se le llama rey.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Adviertan los que pecan contra el Señor de la ley, de los profetas y de toda la creación, que éste que ahora se llama hombre, y se muestra airado, es el mismo Padre de Jesucristo. Y si conocen que éste es el mismo, se verán obligados a confesar que de El se dicen muchas cosas parecidas a las que tiene la naturaleza pasible de los hombres: no porque El sea pasible, sino porque muchas veces obra a imitación de la naturaleza pasible de los hombres. Y en este mismo concepto debemos tener la ira de Dios, y la penitencia, y todo lo demás que leemos en los profetas.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Prosigue: "Enviando sus ejércitos, acabó con aquellos homicidas" 1, etc.
San Jerónimo. Por estos ejércitos entendemos los ejércitos romanos, capitaneados por Vespasiano y por Tito, los cuales, habiendo destruido los pueblos de Judea, prendieron fuego a la ciudad prevaricadora.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. El ejército romano se considera como el ejército de Dios porque la tierra y cuanto en ella se contiene pertenece a Dios ( Sal 23,1). No hubiesen venido los romanos a Jerusalén, si Dios no los hubiese enviado.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Los ejércitos de los ángeles son los de nuestro Rey. Habiendo, pues, enviado sus ejércitos se dice que acabó con aquellos homicidas porque todo designio se cumple sobre los hombres por medio de los ángeles. Acabó, pues, con aquellos homicidas, porque mató a los que le perseguían; incendió también su ciudad, porque no solamente sus almas sino que también su carne (en la que habían vivido), habían de ser atormentadas con el fuego eterno.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. La ciudad de los impíos es la reunión de los que están en un todo conformes con el modo de pensar de los príncipes de este mundo: el rey incendia y destruye la ciudad, construida de malos edificios.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Pero éste que se ve despreciado de los que convida, no tendrá desiertas las bodas de su hijo: porque alguna vez la palabra de Dios encontrará también en dónde descansar. Por esto añade: "Entonces dijo a sus siervos".
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Esto es, a los apóstoles o a los ángeles que estaban preparados para la vocación de los gentiles: "Las bodas ciertamente están aparejadas".
Remigio. Esto es, todo sacramento acerca de la redención de los hombres, ya está ultimado y concluido. "Mas los que habían sido convidados (esto es, los judíos), no fueron dignos" ( Rom 10,3), porque desconociendo la santidad de Dios, y queriendo dar preferencia a la suya, fueron considerados como indignos de la vida eterna. Por lo tanto, una vez reprobado el pueblo judío, fue llamado el pueblo gentil a estas bodas. Por esto sigue: "Pues id a las salidas de los caminos", etc.
San Jerónimo. El pueblo gentil no estaba en los caminos, sino en las salidas de los caminos.
Remigio. Estos son los errores de los gentiles.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Son caminos también todos los conocimientos humanos como los de la filosofía, los de la milicia, y otros por el estilo. Dijo, pues: "Id a las salidas de los caminos", para que llamen también a la fe a todos los hombres, cualquiera que sea su condición. Además, así como la castidad es el camino que lleva a Dios, la fornicación es el camino que lleva al demonio; y esto mismo debe decirse de las demás virtudes y de los demás vicios. Manda, por lo tanto que conviden a los hombres de cualquier clase y de cualquier condición para que crean.
San Hilario, in Matthaeum, 22.. También pueden entenderse por el camino, la duración de esta vida, y por lo tanto, se les manda ir a las salidas de los caminos, porque estas gracias a todos se dan.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Según la Sagrada Escritura, se entiende por camino las acciones; las salidas de los caminos son las faltas de las acciones, porque con frecuencia vienen a Dios con facilidad, aquéllos que ninguna satisfacción se conceden en las cosas de la vida.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Yo creo que esta primera invitación a las bodas se dirigía a algunas almas sencillas: en verdad, Dios quiere que vengan al convite divino principalmente aquellos que son prontos para comprender; y como éstos generalmente no quieren venir cuando se les llama, son enviados otros siervos para animarlos, ofreciéndoles que si vienen, disfrutarán del convite preparado por su rey. Y así como en esta vida una es la esposa que se casa, otros los que convidan, y otros los que son convidados a las bodas, así el Señor conoce las diversas clases de las almas, las virtudes y sus fundamentos. Por esta razón unas son consideradas como esposas, otros como siervos que convocan, y otros están en el número de los invitados a las bodas. Pero los que en primer lugar fueron llamados, despreciaron a los primeros que los invitaban (como hombres de poco conocimiento), y se marcharon a cuidar de sus cosas, complaciéndose más en ellas que en lo que el Rey les ofrecía por medio de sus siervos. Pero éstos son menos culpables que aquéllos que injuriaron a los siervos enviados y los mataron. Estos últimos se atrevieron a detener a los siervos enviados por medio de cuestiones enojosas, y como no estaban preparados para contestar a sus ingeniosas cuestiones, fueron primero abrumados de insultos y luego muertos por ellos.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Prosigue: "Y habiendo salido sus siervos a los caminos, congregaron", etc.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Habiendo salido los siervos, ya de Judea o Jerusalén, como los apóstoles de Jesucristo, o ya de los interiores, como los santos ángeles, y viniendo a los diversos caminos de las costumbres diferentes, reunieron a todos los que encontraron: y no se cuidan de si alguna vez habían sido malos o buenos, antes de ser llamados. Aquí debemos entender como buenos los que sencillamente son más humildes y más perfectos en cuanto afecta al culto divino y a quienes se refiere lo que dice el Apóstol: "Cuando las gentes que no conocen la ley, obran según lo que ella manda, ellos mismos son su propia ley" ( Rom 2,14).
San Jerónimo. También entre los gentiles hay una diversidad infinita, pues debemos conocer, que unos están más inclinados a lo malo, y otros practican las virtudes por sus buenas costumbres.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Y dice esto, porque en la Iglesia no puede haber buenos sin malos, ni malos sin buenos, y no fue bueno aquél que no quiso sufrir a los malos.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Prosigue: "Y se llenaron las bodas", etc.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Las bodas, esto es, de Jesucristo y de la Iglesia, se llenaron porque fueron traídos a Dios los que fueron encontrados por los Apóstoles, y se recostaron para comer en las bodas. Pero como fue conveniente llamar a los buenos y a los malos, no para que los malos continuasen siendo malos, sino para que dejasen los vestidos impropios de las bodas, y vistiesen los trajes nupciales (esto es, el corazón misericordioso, bondadoso, etc.). Por eso, después entra el rey para ver a los que estaban sentados antes que se les presente la comida, para detener y regalar a los que tengan los vestidos nupciales, y para condenar a los que no los tengan. Por eso sigue: "Y entró el rey para ver a los que estaban a la mesa".
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. No es que el Señor deje de estar en todas partes, sino que donde quiere observar para juzgar, allí se dice que está presente, y donde no quiere, parece que está ausente. El día en que todo lo verá es el día del juicio, cuando habrá de visitar a todos los cristianos, que descansan sobre la mesa de las Sagradas Escrituras.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Cuando entró, vio a uno que no había mudado sus costumbres; por esto sigue: "Y vio allí un hombre que no estaba vestido con vestidura de bodas". Dijo en singular, porque son de un mismo género todos los que conservan la malicia después de la fe, como la habían tenido antes de creer.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. ¿Qué debemos entender por vestido de bodas, sino la caridad? Porque el Señor la tuvo cuando vino a celebrar sus bodas con la Iglesia. Entra, pues, a las bodas, sin el vestido nupcial, el que cree en la Iglesia, pero no tiene caridad.
San Agustín, contra Faustum, 2,19. Se atreve a venir a las bodas sin vestido nupcial, el que busca allí la gloria, no la del esposo, sino la propia.
San Hilario, in Matthaeum, 22.. El vestido de bodas es también la gracia del Espíritu Santo, y el candor del vestido celestial, que una vez recibido por la confesión de la fe, debe conservarse limpio e íntegro hasta la consecución del reino de los cielos.
San Jerónimo. El vestido nupcial es también la ley de Dios y las acciones que se practican en virtud de la ley y del Evangelio, y que constituyen el vestido del hombre nuevo. El cual si algún cristiano dejare de llevar en el día del juicio, será castigado inmediatamente; por esto sigue: "Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí, no teniendo vestido de bodas?" Le llama amigo, porque había sido invitado a las bodas (y en realidad era su amigo por la fe), pero reprende su atrevimiento, porque había entrado a las bodas, afeándolas con su vestido sucio.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Y como el que peca y no se viste de nuestro Señor Jesucristo, no tiene excusa alguna, prosigue: "Mas él enmudeció".
San Jerónimo. Entonces, cuando todos los ángeles y el mundo entero sean testigos de los pecados, no habrá lugar a petulancias ni se podrá negar.
Orígenes, homilia 20 in Matthaeum. Pero no sólo fue arrojado de las bodas el que las ultrajó, sino que fue atado por los ministros del rey, ya preparados a este fin, y con la presteza que él no había empleado para hacer cosa buena. Por no obrar el bien fue aprendido por la fuerza y fue condenado a un sitio en donde no hay luz alguna y que se llama tinieblas exteriores. Por lo que sigue: "Entonces el rey dijo a sus ministros: atado de pies y manos, arrojadle en las tinieblas exteriores".
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. En virtud del poder de aquella sentencia son atados sus pies y sus manos, que poco antes habían estado atados por las malas acciones, y no habían mejorado su vida. Entonces son atados para castigo los que la culpa tenía atados para impedirles que obrasen bien.
San Agustín, de Trinitate, 11,6. El embrollo de los malos deseos y de las malas intenciones, constituye un lazo, con el cual es atado, quien obra de tal modo, que merece ser arrojado a las tinieblas exteriores.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Llamamos tinieblas interiores, a la ceguedad del alma, y tinieblas exteriores a la noche eterna de la condenación.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. De este modo se designa también la diferencia de castigos que se aplicarán a los pecadores: hay tinieblas exteriores e interiores, hay primeros lugares así como hay últimos lugares.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. Prosigue: "Allí será el llorar y el crujir de dientes".
San Jerónimo. En el llanto de los ojos y en el rechinar de dientes, se da a conocer la magnitud de los tormentos por medio de una metáfora de miembros corporales. Los pies y las manos atadas, el llanto de los ojos y el rechinar de dientes, son para que se entienda la veracidad de la resurrección.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Para que allí rechinen los dientes de los que se gozaban en la voracidad, y allí lloren los ojos que aquí disfrutaban de complacencias ilícitas. Porque cada uno de los miembros sufrirá un castigo, relacionado con todas las acciones a que vivieron sujetos, obedeciendo a los vicios.
San Jerónimo. Y como en el convite nupcial no se busca el principio, sino el fin, añade: "Muchos son los llamados y pocos los escogidos".
San Hilario, in Matthaeum, 22.. Cuando el que invita lo hace sin excepción, da a conocer su afecto y la gran bondad que resulta de su humanidad; pero en los convidados o llamados, se elige a cada uno según su mérito propio.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38. Mas algunos, ni siquiera empiezan a obrar bien; y otros no perseveran en las buenas acciones que comenzaron. Tema cada uno por sí mismo, tanto más, cuanto que desconoce lo que viene después.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41. O de otro modo: cuantas veces el Señor prueba a su Iglesia, entra en ella para ver a los que están reunidos. Si encuentra alguno que no tenga vestido nupcial, le pregunta: ¿para qué te has hecho cristiano si amabas estas acciones? A este tal entrega Jesucristo a sus ministros (esto es, a algunos sectarios), y le atan sus manos (esto es, sus acciones), y sus pies (a saber, las aspiraciones de su alma), y lo arrojan a las tinieblas, esto es, a los errores (o de los gentiles, o de los judíos, o de los herejes). En primer lugar, a las tinieblas de los gentiles, porque desprecian la verdad que no han oído; o a las exteriores de los judíos que oyeron, pero que no creyeron, y especialmente a las exteriores de los herejes que oyeron y conocieron.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena