lunes, 29 de agosto de 2039
La Degollación de San Juan Bautista
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Jer. 1, 17-19)
Léctio Jeremíæ Prophétæ In diébus illis: Factum est verbum Dómini ad me, dicens: Accínge lumbos tuos, et surge, et lóquere ad Juda ómnia, quæ ego præcípio tibi. Ne formides a fácie eórum: nec enim timére te fáciam vultum eórum. Ego quippe dedi te hódie in civitátem munítam, et in colúmnam férream, et in murum æreum, super omnem terram, régibus Juda, princípibus ejus, et sacerdótibus, et pópulo terræ. Et bellábunt advérsum te, et non prævalebunt: quia ego tecum sum, ait Dóminus, ut líberem te.
Ahora, pues, ármate de valor, y anda luego, y predícales todas las cosas que yo te mando; no te detengas por temor de ellos; porque yo haré que no temas su presencia. Puesto que en este día te constituyo como una ciudad fuerte y como una columna de hierro, y un muro de bronce contra toda la tierra esta; contra los reyes de Judá, y sus príncipes, y sacerdotes, y la gente del país. Los cuales te harán guerra; mas no prevalecerán: pues contigo estoy yo, dice el Señor, para librarte. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Comentario a Jeremías, cap. 1 — Cornelio a Lápide
17. TÚ, PUES, CIÑE TUS LOMOS. — Esto es: primero, apresúrate, disponte. Así se dice en Lucas 12, 35: «Estén ceñidos vuestros lomos». Segundo, fortalécete, ten ánimo esforzado. Así se dice en Job 40, 2: «Ciñe tus lomos como varón». De aquí consta que este es el sentido literal y genuino, contra lo que vulgarmente se dice, que por la ceñidura de los lomos se manda al Profeta y al predicador el estudio de la castidad.
NO SEA QUE (NE ENIM). — En hebreo פן, pen, es decir, «no sea que»; a veces pen significa simplemente negación, «no», como en Proverbios 5, 6 e Isaías 27, 3. Lo mismo significa aquí; por lo cual el Nuestro (la Vulgata) traduce «ni» (nec).
HARÉ QUE TEMAS (TIMERE TE FACIAM). — Es una antianástrofe hebrea, como si dijera: «Haré que no temas», quitaré todo peligro que pudieras temer; o, en segundo lugar, se traduce del hebreo: «No sea que te haga temer», o bien «no sea que te quebrante o te pierda delante de ellos». Como si dijera: Si no confías en mí, te abandonaré, te entregaré y te dejaré —dice San Jerónimo— al temor, más aún, te quebrantaré, por la ignominia con que me afectas a mí, tu Dios, al vacilar en la fe que te di. Así castigó Dios a Moisés cuando vaciló (Números 20, 12), y a Pedro, que temía el viento recio, lo increpa diciendo: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (Mateo 14, 31). Así traducen el Caldeo, Pagnino y Vátablo, y aun los Setenta según San Jerónimo.
18. TE HE PUESTO (doy, constituyo; algo semejante vimos en los versículos 9 y 10) POR CIUDAD. — Es decir, como ciudad, columna y muro de bronce; pues la preposición ל, lamed, y beth (esto es, «en») se ponen en lugar de caph (esto es, «como»). Por lo cual el Árabe traduce: «Y ya te he hecho como ciudad poderosa (o fuerte, o gloriosa), a la que es imposible el acceso; y como columna; y te he hecho muro de bronce sobre toda la tierra.» El sentido es, como si dijera: Te hago hoy fortísimo contra todos los adversarios, para que seas: primero, como ciudad amurallada, que óptimamente se protege a sí misma; segundo, como columna de hierro, que sostiene todas las cargas que se le imponen; tercero, como muro de bronce, que recibe y rechaza sin daño las máquinas de guerra; el cual, como dice Jerónimo, ni se cubre de herrumbre ni perece batido por las lluvias, sino que con la vejez se hace más fuerte.
Sea, pues, el heraldo de Dios y el buen pastor columna que sostiene a los flacos (Romanos 14, 1); sea muro que se opone a los peligros por las ovejas; no mudo, sino de bronce por el sonido de la predicación. Tal es el muro que Dios requiere en Ezequiel 13, 5: «No subisteis frente al enemigo, ni opusisteis muro por la casa de Israel, para estar firmes en la batalla en el día del Señor.» Y aquello del Poeta: «Sea este tu muro de bronce: no tener nada que reprochar la conciencia.» Y sabiamente dijo el abad Agatón en las Vidas de los Padres (lib. VII, cap. XIII): «Si habitas con el prójimo, sé como columna de piedra, que, si es injuriada, no se aíra; si es glorificada, no se ensoberbece.»
19. Y PELEARÁN CONTRA TI, MAS NO PREVALECERÁN. — Promete Dios a Jeremías, dice Teodoreto, no paz ni quietud, sino combates y victoria, como Cristo a los Apóstoles (Juan 16, 1 y siguientes). De aquí procede tanta fortaleza y libertad de Jeremías contra príncipes y reyes: y ello por esta sola promesa de Dios, «porque yo estoy contigo»; pues si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? He aquí lo que obra la esperanza en Dios, ¡cuántas fuerzas tiene! «El que habita en el auxilio del Altísimo, morará bajo la protección del Dios del cielo», y todo lo que sigue en el Salmo 90 viene a este propósito. Tales fueron los antiguos doctores, príncipes y héroes de la Iglesia.
Así San Ambrosio, apoyado y confortado en Dios, resistió con fortaleza al emperador Valentiniano y a su madre Justina, que pedían se entregase un templo a los arrianos; y urgiéndole los condes y tribunos en nombre del emperador, como si todo estuviese en su potestad, respondió Ambrosio: «Si el emperador me pide lo que es mío, es decir, mi hacienda o mi plata, no lo rehusaré, aunque todo lo mío es de los pobres; pero lo que es de Dios no está sujeto a la potestad imperial. Si codiciáis mi patrimonio, invadidlo; si mi cuerpo, acudid a él; ¿queréis llevarme a cadenas o a la muerte? Es un placer para mí: no me rodearé del gentío ni me abrazaré a los altares para suplicar la vida, sino que por los altares me ofreceré yo mismo en víctima.» (Véanse sus epístolas 32 y 33.)
De igual modo Matatías, recordando las hazañas de los Padres bajo la guía de Dios, exhorta a los suyos a resistir al rey Antíoco, que quería arrastrar a los judíos al gentilismo: «Ahora, pues, hijos míos, sed celosos de la ley, y dad vuestras vidas por el testamento de vuestros padres... porque todos los que esperan en Dios no desfallecen. Y no temáis las palabras del hombre pecador, porque su gloria es estiércol y gusano: hoy se ensalza, y mañana no será hallado» (I Macabeos 2, 50 y 61).
En este mismo espíritu aduce a Lápide los ejemplos de San Teodoro Mártir, que ante los tormentos con que le amenazaban confesó a Cristo diciendo: «Por la confesión de la fe cristiana, el que hiere, hiera; el que azota, desgarre; el que quema, avive la llama»; de San Vicente, que provocaba alegre a sus verdugos y subía por su voluntad a la hoguera; y de San Basilio, que, amenazado de muerte por el prefecto del emperador arriano Valente, respondió: «Ojalá me acontezca de veras esto, ser librado de las ligaduras de este cuerpo por la verdad»; y, urgido a que lo pensara mejor, replicó: «Yo hoy y mañana soy el mismo; ¡ojalá tú no mudes de parecer!»
Jeremías, pues, y todo justo fuerte y constante, es superior a cuantas adversidades le sobrevengan, y es tal como lo pinta Virgilio con el símil de la roca del mar, que permanece inmóvil mientras en vano braman a su alrededor las olas y los escollos. Tal fue Santa Lucía, virgen y mártir, a quien ni con ruegos ni con amenazas pudieron apartar de la fe y de la castidad, sino que resistió intrépida al prefecto Pascasio, apoyada en la ayuda del Espíritu Santo; y, preguntándole aquel: «¿Está en ti el Espíritu Santo?», respondió: «Los que viven casta y piadosamente son templo del Espíritu Santo.» Amenazada de ser llevada al lupanar para que el Espíritu Santo la abandonase, dijo: «Si mandas que sea violada contra mi voluntad, se me duplicará la castidad para la corona.» Y, hecho firme su cuerpo por virtud divina de suerte que ni bueyes ni fuerza alguna pudieron moverla del lugar, ni la dañaron el fuego ni los tormentos, finalmente, traspasada la garganta por la espada, entregó su espíritu a Dios.
Comentario a Jeremías, cap. 1, Cornelio a Lápide · Traducción del editor, del latín (Gran Comentario, dominio público) · fuente: lapide.org (dominio público)
Evangelio (Marc. 6, 17-29)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum In illo témpore: Misit Heródes, ac ténuit Joánnem, et vinxit eum in cárcere propter Herodíadem, uxorem Philíppi fratris sui, quia dúxerat eam. Dicebat enim Joánnes Heródi: Non licet tibi habére uxórem fratris tui. Heródias autem insidiabátur illi, et volébat occídere eum, nec póterat. Heródes enim metuébat Joánnem, sciens eum virum justum et sanctum: et custodiébat eum, et audíto eo multa faciébat, et libénter eum audiébat. Et cum dies opportúnus accidísset, Heródes natális sui cœnam fecit princípibus et tribúnis et primis Galilææ. Cumque introísset fília ipsíus Herodíadis, et saltásset, et placuísset Heródi simúlque recumbéntibus; rex ait puéllæ: Pete a me, quod vis, et dabo tibi. Et jurávit illi: Quia quidquid petiéris dabo tibi, licet dimídium regni mei. Quæ cum exiísset, dixit matri suæ: Quid petam? At illa dixit: Caput Joánnis Baptístæ. Cumque introísset statim cum festinatióne ad regem, petívit dicens: Volo, ut protínus des mihi in disco caput Joánnis Baptístæ. Et contristátus est rex: propter jusjurándum et propter simul discumbéntes nóluit eam contristáre: sed misso spiculatóre, præcépit afférri caput ejus in disco. Et decollávit eum in cárcere. Et áttulit caput ejus in disco: et dedit illud puéllæ, et puella dedit matri suæ. Quo audíto, discípuli ejus venérunt et tulérunt corpus ejus: et posuérunt illud in monuménto.
Porque el dicho Herodes había enviado a prender a Juan, y lo encerró en la cárcel por amor de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la cual se había casado. Porque Juan decía a Herodes : No te es lícito tener por mujer a la que lo es de tu hermano. Por eso Herodías le armaba asechanzas y deseaba quitarle la vida; pero no podía conseguirlo, porque Herodes , sabiendo que Juan era un varón justo y santo, le temía y miraba con respeto, y hacía muchas cosas por su consejo, y le oía con gusto. Mas, en fin, llegó un día favorable al designio de Herodías, en que por fiesta del nacimiento de Herodes convidó éste a cenar a los grandes de su corte, y a los primeros capitanes de sus tropas y a la gente principal de Galilea; entró la hija de Herodías, bailó, y agradó tanto a Herodes y a los convidados, que dijo el rey a la muchacha: Pídeme cuanto quisieses, que te lo daré; y le añadió con juramento: Sí, te daré todo lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino. Y habiendo ella salido, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Le respondió: La cabeza de Juan Bautista. Y volviendo al instante a toda prisa adonde estaba el rey, le hizo esta demanda: Quiero que me des luego en una fuente la cabeza de Juan Bautista. El rey se puso triste; mas en atención al impío juramento, y a los que estaban con él a la mesa, no quiso disgustarla, sino que enviando a un soldado, mandó traer la cabeza de Juan en una fuente. El soldado, pues, le cortó la cabeza en la cárcel; y la trajo en una fuente, y se la entregó a la muchacha, que se la dio a su madre. Lo cual sabido, vinieron sus discípulos y cogieron su cuerpo y le dieron sepultura. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Marcos 6, 17-29 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Teofilacto. Tomando motivo de lo que precede, rememora el evangelista San Marcos la muerte del precursor, diciendo: "Porque Herodes había enviado a prender a Juan, y le arrojó en la cárcel", etc.
Beda, in Marcum, 2,25. Una antigua historia refiere que Filipo, hijo de Herodes el Grande, en cuyo tiempo huyó el Señor a Egipto, y hermano de este Herodes, bajo el cual padeció Cristo, se había casado con Herodías, hija del rey Aretas. Algún tiempo después, su suegro, a consecuencia de algunos disgustos que hubo entre él y su yerno, dio su hija por mujer a Herodes con harto dolor del primer marido, enemigo suyo; bodas que declaró ilícitas San Juan Bautista a Herodes y Herodías, no siendo lícito casarse con la mujer del hermano en vida de éste.
Teofilacto. La ley mandaba que el hermano se casase con la mujer del hermano cuando muriese éste sin hijos; pero aquí había una hija, y por consiguiente, este nuevo matrimonio era ilícito.
Teofilacto. "Por eso Herodías -continúa- le armaba asechanzas", etc.
Beda, in Marcum, 2,25. Temía Herodías que algún día se arrepintiese Herodes, o que se reconciliase con su hermano Filipo, y se deshiciese su matrimonio por un repudio.
Beda, in Marcum, 2,25. "Porque Herodes -prosigue- sabiendo que Juan era un varón justo y santo, le temía y miraba con respeto".
Glosa. Le temía, digo, respetándole, porque sabía que era justo en cuanto a los hombres, y santo en cuanto a Dios. Y le custodiaba, para que no le matase Herodías. Y hacía muchas cosas por su consejo, porque juzgaba que hablaba inspirado por el Espíritu de Dios; y le oía con gusto, porque reputaba provechoso todo lo que le decía.
Teofilacto. Consideremos lo que hace la furia de la concupiscencia, puesto que, teniendo Herodes tanto respeto y temor a Juan, se olvida de todo por satisfacer su pasión.
Remigio. Su inclinación libidinosa le obligó a poner la mano en aquel a quien tenía por justo y santo; lo que nos hace ver que un pecado menor es causa de otro mayor, conforme a lo que se lee en el Apocalipsis: "El que está sucio, prosiga ensuciándose" ( Ap 22,11).
Remigio. "Mas, en fin -prosigue- llegó un día favorable, en que, por la fiesta del nacimiento de Herodes, convidó éste a cenar", etc.
Beda, in Marcum, 2,25. Entre todos los hombres, dos solamente se lee que celebrasen el día de su nacimiento con alegres fiestas: Herodes y Faraón. Pero ambos reyes por favor infausto mancharon su nacimiento con sangre, si bien Herodes usó en ello de tanta mayor impiedad, cuanto que mató al santo e inocente maestro de la verdad, y esto por el voto hecho y a petición de una bailarina. Y sigue: "Entró la hija de Herodías, bailó, etc., y dijo el rey: Pídeme cuanto quisieres, que te lo daré", etc.
Teofilacto. Durante el banquete, Satanás es quien baila por la muchacha, y el que pronuncia el cruel voto. "Y le añadió -continúa- con juramento: Sí, te daré cuanto me pidas".
Beda, in Marcum, 2,25. El juramento no le excusa del homicidio, y acaso juró, para tener ocasión de matar, pues si Herodías le hubiese pedido la vida de su padre o de su madre, no se la hubiera concedido. "Y habiendo ella salido, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Respondióle: La cabeza de Juan Bautista". La sangre era un digno premio a semejante baile.
Beda, in Marcum, 2,25. "Y volviendo al instante a toda prisa a donde estaba el rey, le hizo", etc.
Teofilacto. Esta maligna mujer pidió enseguida que le diese la cabeza de San Juan, esto es, sin tardanza en aquella hora, para que Herodes no tuviera tiempo de volver sobre sí. "El rey -prosigue- se puso triste".
Beda, in Marcum, 2,25. Es costumbre en las Escrituras consignar como un hecho lo que dice la opinión de la mayoría, según lo creían todos en aquel tiempo; y por esto, así como llama a San José padre de Jesús, nombre que le da también la misma Virgen ( Lc 2,48), así también dice ahora que Herodes se puso triste, porque lo creían los que estaban a su alrededor. Este hipócrita, disimulando lo que siente, lleva la tristeza en su rostro, cuando tiene la alegría en el corazón; y excusa su maldad con el juramento, para hacerse impío bajo la máscara de la piedad. "Mas en atención -continúa- al juramento, y a los que estaban con él a la mesa, no quiso disgustarla".
Teofilacto. Ahora bien, Herodes, que ya no es dueño de sí mismo, y que obra como voluptuoso que es, cumplió su juramento y mató al justo. Y en verdad hubiera valido más que fuese perjuro, que hacerse reo de tan gran crimen.
Beda, in Marcum, 2,25. Lo que añade luego: "Y en atención a los que estaban con él a la mesa", es para mostrarnos a todos como cómplices de su maldad, y para rociar con sangre los manjares de aquel lujurioso e impuro banquete. Y continúa: "Sino que enviando un lancero, mandó traer la cabeza de Juan en una fuente".
Teofilacto. La palabra spiculator quiere decir verdugo, cuya misión es matar a los hombres.
Beda, in Marcum, 2,25. No tuvo vergüenza Herodes de que presentasen a los convidados la cabeza del degollado; cosa inaudita, pues en ninguna parte se lee que cometiese Faraón semejante locura. Con uno y otro ejemplo, sin embargo, se prueba que es más útil para nosotros recordar con frecuencia el día de nuestra muerte temiendo y obrando castamente, que celebrar lascivamente el día de nuestro nacimiento. Que el hombre nace al mundo para el trabajo, y los elegidos pasan del mundo al descanso por la muerte.
Beda, in Marcum, 2,25. "Y le cortó la cabeza en la cárcel", etc.
San Gregorio Magno, Moralia, 3,4. No puedo considerar sin profundo desconcierto que este hombre, lleno del espíritu de profecía desde el vientre de su madre, de quien se dijo que no hubo otro mayor que él entre los nacidos de mujer, fuese enviado a la cárcel por aquellos inicuos, fuese degollado para premiar el baile de una muchacha, y muriese -siendo varón de tanta austeridad- entre la risa de hombres tan oscuros. ¿Acaso podemos creer que hubiese habido en su vida algo que excusase aquella infame muerte? ¿Pero cómo pudo pecar con la comida el que se alimentó sólo de langostas y miel silvestre? ¿Cuándo pudo ofender con su trato quien no salió del desierto? ¿De dónde viene que Dios Todopoderoso abandone de tal modo a los que eligió a tan alta dignidad antes de los siglos, de manera que reciban semejante trato? Lo que sucede es que -como es evidente a la piedad de los fieles- los aflige tanto el Señor en el mundo para que se vea de qué modo los premia en el cielo, y los deja caer exteriormente en el desprecio, porque en lo interior los hace llegar hasta lo incomprensible. De aquí podemos concluir cuánto habrán de sufrir aquellos a quienes Dios reprueba, cuando aflige de tal modo en el mundo a los que ama.
San Gregorio Magno, Moralia, 3,4. "Lo cual sabido, vinieron sus discípulos y cogieron su cuerpo, y le dieron sepultura".
Beda, in Marcum, 2,25. Refiere Josefo que San Juan había sido conducido preso al castillo de Maquerón, y que fue degollado allí, y la historia dice que fue sepultado en Sebaste, ciudad de la Palestina, que en otro tiempo se llamó Samaria. La degollación de San Juan significa, pues, que se había debilitado la creencia del pueblo de que él era el Cristo, así como la exaltación del Salvador sobre la Cruz señala el progreso de la fe; porque el mismo a quien antes creían profeta las muchedumbres, es reconocido como Hijo de Dios por todos los fieles. Por esto San Juan, que debía ir disminuyendo, nació cuando empiezan a menguar los días, mientras que el Señor nace cuando empiezan a crecer.
Teofilacto. En sentido místico, Herodes, que se interpreta cosa de piel, es una figura del pueblo judío, que tenía por esposa a la vanagloria, cuya hija baila y se mueve todavía alrededor de los judíos, representando la falsa inteligencia de las Escrituras. Degollaron a San Juan, esto es, a la palabra profética, y la tienen sin su cabeza, que es Cristo.
Pseudo - Jerónimo. O de otro modo: la cabeza de la ley, que es Cristo, es separada del propio cuerpo -del pueblo judío- y entregada a una joven pagana, esto es, a la Iglesia Romana, que se la da a su madre adúltera, es decir, a la Sinagoga, que vendrá al fin a la fe; y el cuerpo de San Juan es sepultado y su cabeza colocada en una fuente, representando así que la letra humana es ocultada y que el Espíritu es honrado y recibido en el altar.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena