martes, 25 de enero de 2039
Conversión de San Pablo, Apóstol
Vida del santo de hoy, según el Año Cristiano del P. Juan Croiset.
Son tan grandes los beneficios que ha recibido la Iglesia de la poderosa mano de Dios por el ministerio del apóstol san Pablo, que en señal de su agradecimiento quiso celebrar con particular culto la memoria de su conversión, la cual fué como época famosa de todas sus maravillas, habiéndose seguido también á ella la conversión de los gentiles. Estableció, pues, una fiesta particular para dar gracias á Dios por la conversión de este apóstol, por su divina vocación, y por su especial misión á la conversión de la gentilidad. Estos tres señalados favores que hizo Cristo á san Pablo en el instante de su conversión, forman como el objeto principal de esta festividad. Y á la verdad, si entre el pueblo judío se celebraba solemnemente la memoria aniversaria de aquellas victorias señaladas que habían sido especialmente ventajosas al estado, ¿qué victoria hubo jamás, que fuese tan ventajosa á la Iglesia, de la cual hubiese sacado tanto fruto ni que la hubiese sujetado tantos pueblos, como á la que Cristo consiguió del perseguidor mas furioso de los fieles, por cuyo medio, del mayor enemigo suyo hizo el mayor defensor de su ley, un vaso de elección, el doctor de las gentes, y en fin uno de sus mayores apóstoles?
Saulo, que después tomó el nombre de Pablo, era de nación judío, de la tribu de Benjamín, y había nacido en Tarso, metrópoli de Cilicia. Profesaba su padre la secta de los fariseos, esto es, de aquellos judíos que hacían profesión de ser los mas exactos observadores de la ley, y de seguir la moral mas rígida y mas severa. Por su nacimiento era ciudadano romano, por ser este uno de los privilegios de la ciudad de Tarso, que era Municipio de Roma (título mas noble que el de Colonia), en atención á que en las guerras civiles se había siempre declarado por Julio César, y después por Augusto, hasta tomar el nombre de Juliópolis. Pasó los primeros años de su puericia en Tarso, donde estudió las ciencias griegas, que se enseñaban en aquella ciudad, de la misma manera que en Alejandría y en Atenas. Como tenia Saulo ingenio conocido, y naturalmente era inclinado al estudio, le enviaron sus padres á Jerusalén, donde aprendió en la escuela de Gamaliel, célebre doctor de la ley, y fue instruido por él con la mayor exactitud en todo lo que pertenecía á la religión, costumbres y ceremonias de los judíos. Aprovechóse bien de sus estudios; los que le inflamaron tanto en el celo de la observancia de la ley, que en poco tiempo se mostró no solo de costumbres irreprensibles, sino uno de los mas ardientes y mas obstinados defensores de la secta farisaica.
Un celo tan encendido por las ceremonias de sus padres, no podia menos de hacerle enemigo ardiente de la religión cristiana; y así se declaró luego por tal. Tiénese por cierto que fué uno de los judíos de Cilicia que se levantaron contra san Esteban, y que disputaron con él. A lo menos es indubitable que fué de los que con mas ardor clamaron por su muerte; y que no teniendo bastantes fuerzas para apedrearle, por sus pocos años, quiso tener el gusto de guardar las capas de los que lo hacían, para apedrearle, como dice san Agustín, por las manos de todos. La sangre de este primer mártir irritó mas la cólera y encendió mas la rabia de los judíos. Excitaron una horrible persecución contra la iglesia de Jerusalén, pero ninguno se mostró mas ardiente que Saulo en la ansia de destruirla. Animábale contra los cristianos un celo que parecía furor. Viéndose aplaudido y autorizado por los de su nación, no guardaba términos ni medidas. Entrábase por las casas, sacaba de ellas á todos los que sospechaba ser discípulos de Cristo, metíalos en las cárceles, y los hacia cargar de prisiones y cadenas.
Crecia su rabia contra los fieles al paso que experimentaba el buen suceso de su persecución. Obtuvo sin dificultad amplia comisión del pontífice Caifás para hacer exacta pesquisa de todos los cristianos, con facultad de castigarlos. Ibase á todas las sinagogas, hacia apalear y azotar cruelmente á cuantos creían en Jesucristo, y ponia en ejecución cuantos medios alcanzaba; promesas, amenazas, tormentos, para hacerlos blasfemar de su santo nombre. Habiéndose extendido la fama de esta terrible persecución, era mirado Saulo como un furioso perseguidor de los cristianos, como enemigo jurado de Jesucristo, y como el azote de sus fieles siervos: de manera, que solo el nombre de Saulo aterraba á los que creían en él. Parecían cortos los límites de Judea, de Galilea y de toda la Palestina para contener el celo, ó por mejor decir, la furia de este rabioso perseguidor. Lleno siempre de amenazas, alentaba sangre y respiraba muertes al oir solo el nombre de cristiano.
Teniendo noticia que cada dia se aumentaba el número de los discípulos de Cristo en Damasco, ciudad célebre á la otra parte del monte Líbano, pidió al sumo pontífice cartas para aquellas sinagogas, con autoridad de prender cuantos cristianos hallase, y de llevarlos á Jerusalén donde podrían ser castigados con mayor libertad, resuelto á exterminar él solo aquella tierna y recien nacida religión. Hallábase ya á dos ó tres leguas de la ciudad, cuando á la misma hora del medio dia vió bajar del cielo una gran luz mas resplandeciente que el mismo sol, la cual le rodeó á él y á todos los que le acompañaban. Al punto cayeron todos en tierra atónitos y deslumbrados. Saulo oyó una voz que le dijo en hebreo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? En vano tiras coces contra el aguijón. Entonces Saulo mas aturdido, exclamó: Señor, ¿quién sois Vos? Y le respondió el Salvador: Yo soy Jesús, á quien tú persigues. Fuera de sí Saulo al oír esta respuesta, replicó, temblando de turbación y de miedo: Señor, ¿qué queréis que haga? Mandóle el Salvador que se levantase; y aunque le remitió á otro para que supiese de él lo que era voluntad suya que hiciese, no por eso dejó de darle allí mismo una idea general y confusa de lo que tendría que padecer.
«Levántate, le dijo, y estáte en pié, porque yo me he dejado ver de tí para hacerte ministro y testigo de las cosas que has visto y de otras que te manifestaré. Te saqué de las manos de este pueblo, y de las naciones á las cuales te envío ahora, para que, abriéndolas los ojos, pasen de las tinieblas á la luz, y del imperio de Satanás al de Dios, y para que reciban la remisión de sus pecados y la herencia de los santos por medio de la fe que hace creer en mí.»
Mientras pasaba todo esto, los que iban en compañía de Saulo, levantados ya de la tierra, estaban en pié atónitos y suspensos. Oian una voz, pero no veian al que hablaba. Habiéndose también levantado Saulo, aunque tenia los ojos abiertos, nada veia. Fué menester guiarle de la mano para conducirle á Damasco. Metiéronle en casa de cierto vecino que se llamaba Judas, donde estuvo tres dias ciego, sin comer ni beber.
Vivia á la sazón en Damasco un discípulo de Cristo nombrado Ananías, hombre de gran piedad, y venerado por su virtud hasta de los mismos judíos. Apareciósele el Señor en una visión, y le mandó que fuese á la calle Derecha, y que buscase en ella á cierto hombre llamado Saulo, natural de Tarso, á quien hallaria en oración. Espantado Ananías al eco del nombre de Saulo, replicó aturdido: ¿Cómo, Señor, si he oido decir á muchas personas que ese hombre ha hecho grandes males á vuestros santos en Jerusalén! Aun ahora trae amplísimo poder de los príncipes de los sacerdotes para meter en la cárcel á los que invocan vuestro santo nombre. No importa, le respondió el Señor, vé adonde te mando; ese hombre ya es un vaso de elección, escogido por mí para que predique mi nombre delante de las naciones, delante de los reyes de la tierra y delante de los hijos de Israel. Así, ya le tengo mostrado y prevenido lo mucho que ha de padecer por mi amor.
Al mismo tiempo que el Salvador estaba declarando esto á Ananías, estaba Saulo viendo en espíritu que un hombre llamado Ananías entraba en su cuarto, y ponia las manos sobre él para que recobrase la vista. Obedeció Ananías á Dios sin dilación, lleno de fe y de confianza: fué á buscar á Saulo en el lugar donde se le había señalado; y poniendo las manos sobre él, le dijo: Saulo hermano, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venias, me ha enviado aquí para que te restituya la vista y para que seas lleno del Espíritu Santo. Al mismo tiempo se le cayeron de los ojos como unas escamas, y comenzó á ver con toda claridad. Levantóse lleno de alegría, de admiración, y de los mas vivos sentimientos de gratitud y de amor; y habiéndole declarado Ananías lo que el Señor le había dado á entender tocante á su vocación, y de aquello en que debía emplearse, le bautizó, y el Espíritu Santo le llenó de sus celestiales dones.
Después de haber dado ambos gracias á Dios, tomó Saulo alimento, recobró las fuerzas y se quedó algunos dias con los fieles que estaban en Damasco. Créese que tendría entonces cerca de treinta y seis años de edad. Antes que saliese de Damasco predicó en la sinagoga que Jesús, á quien él había perseguido, era el Mesías verdadero, hijo eterno de Dios vivo. Es fácil concebir con cuanta admiración le oirían todos aquellos que pocos dias antes le habían visto perseguir tan furiosamente á la religión cristiana y sabían que solo había venido á Damasco para meter en prisiones á todos los que la profesaban.
Año Cristiano del P. Juan Croiset (trad. José F. de Isla), dominio público.