viernes, 11 de junio de 2027
San Bernabé, Apóstol
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Act. 11, 21-26; 13, 1-3)
Léctio Actuum Apostolórum In diébus illis: Multus númerus credéntium Antiochíæ convérsus est ad Dóminum. Pervénit autem sermo ad aures ecclésiæ, quæ erat Jerosólymis, super istis: et misérunt Bárnabam usque ad Antiochíam. Qui cum pervenísset et vidísset grátiam Dei, gavísus est: et hortabátur omnes in propósito cordis permanére in Dómino: quia erat vir bonus, et plenus Spiritu Sancto et fide. Et appósita est multa turba Dómino. Proféctus est autem Bárnabas Tarsum, ut quæreret Saulum: quem cum invenísset, perdúxit Antiochíam. Et annum totum conversáti sunt ibi in ecclésia: et docuérunt turbam multam, ita ut cognominaréntur primum Antiochíæ discípuli Christiáni. Erant autem in ecclésia, quæ erat Antiochíæ, prophétæ et doctóres, in quibus Bárnabas, et Simon qui vocabátur Niger, et Lúcius Cyrenénsis, et Mánahen qui erat Heródis Tetrárchæ collactáneus, et Saulus. Ministrántibus autem illis Dómino et jejunántibus, dixit illis Spíritus Sanctus: Segregáte mihi Saulum et Bárnabam in opus, ad quod assúmpsi eos. Tunc jejunántes et orantes imponentésque eis manus, dimisérunt illos.
Y la mano de Dios los ayudaba, por manera que un gran número de personas creyó y se convirtió al Señor. Llegaron estas noticias a oídos de la Iglesia de Jerusalén ; y enviaron a Bernabé a Antioquía. Llegado allá, y al ver los prodigios de la gracia de Dios, se llenó de júbilo; y exhortaba a todos a permanecer en el servicio del Señor con un corazón firme y constante. Porque era Bernabé varón perfecto, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y así fueron muchos los que se agregaron al Señor. De aquí partió Bernabé a Tarso, en busca de Saulo; y habiéndole hallado, le llevó consigo a Antioquía, en cuya Iglesia estuvieron empleados todo un año; e instruyeron a tanta multitud de gentes, que aquí en Antioquía fue donde los discípulos empezaron a llamarse cristianos. Había en la iglesia de Antioquía varios profetas y doctores, de cuyo número eran Bernabé, y Simón, llamado el Negro, y Lucio de Cirene, y Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes , y Saulo. Mientras estaban un día ejerciendo las funciones de su ministerio delante del Señor, y ayunando, les dijo el Espíritu Santo: Separadme a Saulo y a Bernabé para la obra a que los tengo destinados. Y después de haberse dispuesto con ayunos y oraciones, les impusieron las manos y los despidieron. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 25 + Homilía 26 + Homilía 27 sobre los Hechos de los Apóstoles — San Juan Crisóstomo
Act. 11, 21-26; 13, 1-3
Y la mano del Señor, dice, estaba con ellos; esto es, obraban milagros; y gran número creyó y se convirtió al Señor. ¿Advertís por qué también ahora hubo necesidad de milagros? Para que creyeran.
Y llegó la noticia de estas cosas a oídos de la Iglesia que estaba en Jerusalén, y enviaron a Bernabé para que fuese hasta Antioquía. ¿Cuál puede ser la razón de que, habiendo recibido tal ciudad la palabra, no fuesen ellos mismos? A causa de los judíos. Mas envían a Bernabé. Con todo, no es pequeña parte de la disposición providencial el que aun así venga a estar allí Pablo. Es a la vez natural y sabiamente ordenado que ellos le sean adversos, y que así aquella Voz del Evangelio, aquella Trompeta del cielo, no quede encerrada en Jerusalén. ¿Advertís cómo en toda ocasión Cristo vuelve sus malas disposiciones en provecho necesario y en beneficio de la Iglesia? De su odio a este hombre se sirvió para la edificación de la Iglesia.
Mas observad a este santo varón, a Bernabé, digo, cómo no miró a sus propios intereses, sino que se apresuró a Tarso. El cual, cuando llegó y hubo visto la gracia de Dios, se gozó, y exhortaba a todos a que con propósito de corazón permaneciesen unidos al Señor; porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe; y mucho pueblo fue agregado al Señor. Era hombre muy benigno, sencillo y considerado. Por «varón bueno» entiendo que quiere decir uno que es bondadoso, sincero, sumamente deseoso de la salvación de sus prójimos.
Partió luego Bernabé a Tarso para buscar a Saulo. Vino al atleta luchador, al general capaz de conducir ejércitos, al campeón del combate singular, al león —me faltan las palabras, diga lo que diga—, al perro de caza matador de leones, al toro de fortaleza, a la lámpara de esplendor, a la boca que basta para un mundo. Y habiéndolo hallado, lo llevó a Antioquía.
Mas ¿por qué lo sacó de Tarso y lo trajo aquí? No sin buena razón; pues aquí había a la vez buenas esperanzas, y una ciudad mayor, y un gran cuerpo de pueblo. Ved cómo la gracia lo obra todo, no Pablo: por pequeños medios comenzaba el asunto. Cuando se ha hecho difícil, los Apóstoles lo toman a su cargo.
Y sucedió que todo un año se reunieron con la Iglesia y enseñaron a mucho pueblo, y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. ¡No pequeño motivo de alabanza para aquella ciudad! Esto basta para igualarla a todas: que por tan largo tiempo gozó del provecho de aquella boca, ella la primera y antes que todas las demás; por lo cual también fue allí, antes que en otra parte, donde los hombres fueron juzgados dignos de aquel nombre. Donde tres mil, donde cinco mil creyeron, donde tan gran multitud, nada semejante sucedió, sino que fueron llamados «los del Camino»; aquí fueron llamados cristianos.
Había entonces en la Iglesia que estaba en Antioquía ciertos profetas y doctores: Bernabé, y Simón el llamado Níger, y Lucio de Cirene, y Manahén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. Todavía menciona a Bernabé el primero, porque Pablo no era aún famoso, no había obrado todavía ningún signo.
Mientras ministraban al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la cual los he llamado. ¿Qué significa «ministrar»? Predicar. «Apartadme a Bernabé y a Saulo.» ¿Qué significa «apartadme»? Para la obra, para el apostolado. Ved de nuevo por qué personas es ordenado: por Lucio el cireneo y Manahén, o más bien, por el Espíritu. Cuanto menores las personas, tanto más palpable la gracia. Es ordenado en adelante para el apostolado, de suerte que predique con autoridad.
Notad también la autoridad del Espíritu Santo: Mientras ministraban al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo. ¿Qué ser habría osado decir esto, si no fuera de la misma autoridad? Y esto se hace para que no permanezcan juntos entre sí. Vio el Espíritu que tenían mayor poder y eran capaces de bastar para muchos. ¿Y por qué no dijo «Apartad para el Señor», sino «para mí»? Muestra que es de una sola autoridad y poder.
Y habiendo ayunado y orado, y puéstoles las manos encima, los despidieron. ¿Veis cuán grande cosa es el ayuno? Cuando era menester ordenar, entonces ayunan; y a ellos, mientras ayunaban, les habló el Espíritu. Así, ellos, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia: muestra que el Espíritu lo hizo todo.
Homilía 25 + Homilía 26 + Homilía 27 sobre los Hechos de los Apóstoles, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Matt. 10, 16-22)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Ecce, ego mitto vos sicut oves in médio lupórum. Estóte ergo prudéntes sicut serpentes, et símplices sicut colúmbæ. Cavéte autem ab homínibus. Tradent enim vos in concíliis, et in synagógis suis flagellábunt vos: et ad præsides et ad reges ducémini propter me in testimónium illis et géntibus. Cum autem tradent vos, nolíte cogitáre, quómodo aut quid loquámini: dábitur enim vobis in illa hora, quid loquámini. Non enim vos estis, qui loquímini, sed Spíritus Patris vestri, qui lóquitur in vobis. Tradet autem frater fratrem in mortem, et pater fílium: et insúrgent fílii in paréntes, et morte eos affícient: et éritis odio ómnibus propter nomen meum: qui autem perseveráverit usque in finem, hic salvus erit.
Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, habéis de ser prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Recataos de los hombres; pues os delatarán a los tribunales, y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis conducidos ante los gobernadores y los reyes para dar testimonio de mí a ellos y a las naciones. Si bien cuando os hicieren comparecer, no os dé cuidado el cómo o lo que habéis de hablar, porque os será dado en aquella misma hora lo que hayáis de decir; puesto que no sois vosotros quien habla entonces, sino el espíritu de vuestro Padre, el cual habla por vosotros. Entonces un hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir; y vosotros vendréis a ser odiados de todos por causa de mi nombre; pero quien perseverare hasta el fin, éste se salvará. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Mateo 10, 16-22 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 33,1. Cristo, después de haber alejado de los Apóstoles todo género de preocupaciones y de haberlos armado con el brillo de sus milagros, les anunció con anticipación los males que les amenazaban. Lo hace así: primero para que aprendieran la virtud de su presciencia; en segundo lugar para que no sospecharan que los males que experimentaban eran resultado de la incapacidad del maestro; tercero, para que no quedasen ellos al sufrir esos males, admirados, como si dichos tormentos les acontecieran inopinadamente y fuera de lo que esperaban y finalmente, para que oyéndolo ahora no tuvieran miedo en los días de los tormentos. Les da en seguida las reglas para este combate, enviándolos desprovistos de todo y mandándoles exijan su alimento de aquellos a quienes evangelizan y no se para en esto, sino que pasa más adelante y les hace ver su poder con las palabras: "He aquí que yo os mando como a ovejas en medio de los lobos, etc". En estas palabras debemos considerar, que no los manda simplemente a donde están los lobos, sino en medio de los lobos. De esta manera, venciendo las ovejas a los lobos y existiendo en medio de ellos y no pereciendo a pesar de sus mordeduras, sino atrayéndolos a sí mismos, hace ver de un modo más claro su poder. Y ciertamente causa más admiración la transformación de sus mentes, que el hacerlas perecer. La dulzura, les dice, es lo que debéis desplegar en medio de los lobos.
San Gregorio, in Matthaeum, 17,4. Porque aquel que ejerce el ministerio de la predicación no debe hacer el mal, sino sufrirlo, a fin de aplacar con su mansedumbre el furor de aquellos que se ensañan con él y para que vean que a pesar de estar cubiertos de otras heridas, curan las de los pecadores. Si bien es cierto que en muchas ocasiones el celo por la justicia enciende en el apóstol la ira contra sus discípulos, esta ira debe tener origen en el amor y no en la crueldad y manifestar exteriormente la regla de disciplina: amad con amor paternal en el fondo de vuestros corazones a aquellos que castigáis exteriormente. Hay muchos, que en cuanto reciben el poder de gobernar, se muestran ansiosos de castigar a los que están a su cargo, hacen ver el terror del poder, quieren parecer dominadores, no se reconocen como verdaderos padres y cambian la humildad por el orgullo de dominar. Y aun cuando alguna vez se muestran bondadosos, interiormente arden en deseos de castigar. De éstos se dice: "Vienen a vosotros vestidos de ovejas; pero en su interior son lobos rapaces" ( Mt 7,15). Es preciso no olvidar que es contra éstos, contra quienes somos enviados como a ovejas en medio de los lobos, a fin de que nos preservemos de la mordedura del mal, conservando el sentido de la inocencia.
San Jerónimo. Llama lobos a los escribas y fariseos, que eran los clérigos de la religión judía.
San Hilario, in Matthaeum, 10. También se llama lobos a todos aquellos que se habían de ensañar con un odio implacable contra los Apóstoles.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 33,1-2. El consuelo de todos los males lo tenían ellos en el poder de aquel que los enviaba, por eso les dijo lo primero de todo: "Mirad, yo os envío" que equivale a si dijera: No os asustéis porque os envíe en medio de los lobos; porque puedo yo hacer que no sufráis daño alguno y no sólo el que vosotros os mostréis superiores a los lobos, sino el que seáis más terribles que los leones. Y conviene que así suceda, porque de esta manera os haréis más ilustres y se extenderá más mi poder. En seguida, a fin de que ellos pusieran algo de su parte y no creyesen que serían coronados sin mérito alguno, añade: "Sed, pues, prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas".
San Jerónimo. A fin de evitar con la prudencia las emboscadas y con la sencillez el mal. Y pone por ejemplo a la serpiente, porque este animal, con objeto de defender su cabeza, donde tiene la vida, la oculta con todo su cuerpo; de la misma manera debemos nosotros proteger aun con peligro de todo nuestro cuerpo a nuestra cabeza, que es Cristo, esto es, debemos conservar pura y sin mancha nuestra fe.
Rábano. Acostumbra la serpiente a elegir, a fin de dejar su piel vieja, escondrijos estrechos, para que al pasar por ellos, el roce la despoje de su piel; de la misma manera deja el predicador al hombre viejo, pasando por el camino estrecho.
Remigio. Es una palabra hermosa aquella, por la que manda el Señor a los predicadores tener la astucia de la serpiente; porque el primer hombre fue engañado por la serpiente, que es como si dijera: Así como la serpiente fue astuta para perdernos, así debéis ser vosotros astutos para salvaros. Ella alabó al árbol, ensalzad vosotros la virtud de la Cruz.
San Hilario, in Matthaeum, 10. Ella atacó primero al sexo débil, lo engañó después por la esperanza y le prometió participar de la inmortalidad; así igualmente debéis vosotros (teniendo en cuenta la naturaleza y disposición de cada uno), emplear palabras prudentes y revelar la esperanza de los bienes eternos, para que lo que ella negó, lo anunciemos nosotros con toda verdad según la promesa del Señor ( Mt 22), a saber: que los que tienen fe, serán semejantes a los ángeles.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 33,2. Así como para no ser heridos en cosas de importancia, conviene tener la astucia de la serpiente, así también cuando nos vemos precisados a sufrir cosas injustas, no debemos abrigar el deseo de la venganza, sino desplegar la sencillez de la paloma.
Remigio. Enlazó el Señor ambas cosas; porque la sencillez sin la prudencia puede ser engañada con facilidad y la prudencia, si no está suavizada por la sencillez, da origen a grandes peligros.
San Jerónimo. La figura de que se reviste el Espíritu Santo nos da a entender la sencillez de la paloma: por eso dice el Apóstol: "Sed pequeños en malicia" ( 1Cor 14).
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 33,2. ¿Qué puede haber más duro que estos mandatos? Porque no basta sufrir los males, sino que es preciso no alterarse por ellos como hace la paloma. No se quita la ira con la ira sino con la dulzura.
Rábano. Las palabras: "Guardáos de los hombres", nos dan a entender de una manera clara, que los lobos de que se ha hablado arriba, son los hombres.
Glosa. Por eso es preciso que seáis como las serpientes, es decir, astutos; porque según ellos acostumbran, os prohibirán primero el que prediquéis en mi nombre, después si no hacéis caso, os azotarán y finalmente, os presentarán a los reyes y a los gobernadores.
San Hilario, in Matthaeum, 10. Los que intentan imponeros silencio o haceros cómplices.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 33,3. Causa admiración el que unos hombres, que jamás se habían separado del lago donde se ocupaban en pescar, no se marcharan inmediatamente que oyeron semejantes cosas. Pero esto no era efecto sólo de su valor, sino resultado de la sabiduría del Doctor, que puso el remedio a cada uno de los males. Por eso dice: "A causa mía"; porque no es pequeño el consuelo de sufrir por Cristo y el de no ser perseguidos como hombres malvados y perjudiciales. También les dice el motivo de sus persecuciones con aquellas palabras: "Para que les sirva de testimonio":
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 35. Es decir, para aquellos que quitaron la vida con las persecuciones, o que mientras vivieron no cambiaron de conducta, porque la muerte del justo edifica a los buenos y condena a los malos; por eso los elegidos ven en ella un ejemplo que les conduce a la vida, mientras los males perecen sin excusas.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 33,3. Esto les servía de consuelo, no porque desearan ellos el castigo de otros, sino porque tenían la convicción de que Cristo estaba con ellos y lo presenciaba todo.
San Hilario, in Matthaeum, 10. No solamente quita este testimonio a los perseguidores la excusa de haber ignorado a Dios, sino que abre el camino a las naciones para que crean en Cristo, predicado por la voz inflexible de los que le confesaban en medio de los tormentos; a esto se alude con la palabra "a las Naciones".
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 33,3. A los consuelos anteriores añade el Señor otro nuevo y no pequeño. Por si los Apóstoles decían: ¿Cómo es posible que nosotros podamos persuadir en medio de tales persecuciones?, les manda que no se preocupen con las respuestas y les dice: "No penséis, cuando os entregaren, en el modo de hablar y en lo que habéis de decir".
Remigio. Dos cosas les dice el Señor en estas palabras: el modo de hablar y lo que han de hablar. Lo primero, se refiere a la sagacidad y lo segundo, es propio de la palabra. Pero como El les había de dar las palabras que debían decir y el modo con que las habían de decir, resulta que los predicadores justos no debían preocuparse ni de los pensamientos ni de las palabras.
San Jerónimo. Cuando nosotros seamos conducidos, por la causa de Cristo, delante de los jueces, tan solamente debemos ofrecer nuestra voluntad a Cristo; por lo demás, el mismo Cristo que habita dentro de nosotros, hablará en nuestro favor y el Espíritu Santo nos asistirá con su gracia en las contestaciones.
San Hilario, in Matthaeum, 10. Porque nuestra fe regularizada por los preceptos divinos, nos enseñará lo que debemos responder: tenemos un ejemplo en Abraham, a quien (después de haberle exigido para el sacrificio a su hijo Isaac) no le faltó un carnero que sirviera de víctima ( Gén 22). Y por esta razón sigue: "Porque no sois vosotros los que habláis", etc.
Remigio. Este es el sentido: Vosotros marcháis al combate; pero yo soy el que combato: vosotros decís las palabras; pero yo soy el que hablo: por eso dice San Pablo. "¿Es que vosotros queréis tener la experiencia de aquel que habla en mí, Cristo?" ( 2Cor 13,3).
San Jerónimo. De esta manera los eleva a la dignidad de los profetas, que hablaron animados por el Espíritu de Dios:
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 33,5. Cuando el Señor dice aquí: "No os preocupéis con lo que habéis de hablar", estas palabras no están en oposición con las que dice en otro lugar: "Estad siempre preparados a satisfacer a los que os pregunten y a exponerles los motivos de vuestra esperanza" ( 1Pe 3,15). Porque cuando la lucha es entre amigos, debemos preocuparnos de lo que debemos decir; pero delante de un tribunal terrible y de una turba exaltada y cuando nos vemos rodeados de peligros por todas partes, Cristo nos da un auxilio, para que hablemos con confianza y para que no cedamos al miedo.
Glosa. Después de haber expuesto los consuelos, les propone a continuación los peligros más graves, diciéndoles: "Y el hermano entregará a su hermano y el padre a su hijo y los hijos se levantarán contra los padres, etcétera".
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 35,3. Son menores los tormentos que experimentamos, cuando provienen de los extraños, que los que sufrimos cuando proceden de aquellos que creíamos nos tenían cariño y buena voluntad; porque en este segundo caso, los tormentos del cuerpo se unen a la pena de haber perdido el cariño.
San Jerónimo. Acontece esto con frecuencia en las persecuciones, porque no hay en ellas cariño entre los que profesan diferente fe.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 33,3. Añade en seguida lo más horrible de todo, diciendo: "Y a vosotros os tendrán odio todos los hombres"; porque se empeñarán en arrojaros de todas partes, como si fuerais enemigos del género humano. Pero en seguida los consuela con las palabras "a causa de mi nombre" y con aquellas otras: "El que perseverare hasta el fin, será salvo". Dice hasta el fin, porque acostumbran muchos a tener mucho fervor al principio y luego decaen completamente; porque ¿qué utilidad se saca de las semillas que dan flores al principio y después se secan? Por esta razón les exige una perseverancia suficiente.
San Jerónimo. No consiste la virtud en principiar, sino en concluir.
Remigio. Y no se da el premio a los que principian, sino a los que perseveran.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 33,5. A fin de que nadie pueda decir: Que todo lo hizo Cristo en los Apóstoles y que nada tiene de particular el que ellos hicieran tales cosas, puesto que ninguna incomodidad sufrieron, les dice, que tenían necesidad de perseverar. Porque, si bien es cierto que habían salido bien de los primeros peligros, aun tenían reservados otros mayores y después vendrían otros nuevos y no tendrían durante su vida momento alguno sin estar rodeados de emboscadas: y esto es lo que les da a entender, aunque de una manera oculta, por las palabras "El que perseverare hasta el fin, será salvo".
Remigio. Esto es, aquel que no abandonare los preceptos de la fe y no desfalleciere en las persecuciones, será salvo; porque recibirá el reino de los cielos como premio de las persecuciones de los hombres. Y es de notar, que la palabra fin no siempre significa conclusión, sino perfección, conforme con aquellas palabras: "El fin es Cristo" ( Rom 10,4), de donde resulta, que las anteriores palabras pueden tener el siguiente sentido: El que perseverare hasta el fin, esto es, en Cristo.
San Agustín, de civitate Dei, 21,25. Porque perseverar en Cristo, es perseverar en su fe, en aquella fe que se realiza por la caridad ( Gál 5).
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena