viernes, 17 de julio de 2026
San Alejo, Confesor
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (1 Tim. 6, 6-12)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Timótheum Caríssime: Est quæstus magnus píetas cum sufficiéntia. Nihil enim intúlimus in hunc mundum: haud dúbium, quod nec auférre quid póssumus. Habéntes autem aliménta, et quibus tegámur, his conténti simus. Nam qui volunt dívites fíeri, incídunt in tentatiónem et in láqueum diáboli, et desidéria multa inutília et nocíva: quæ mergunt hómines in intéritum et perditiónem. Radix enim ómnium malórum est cupíditas: quam quidam appeténtes, erravérunt a fide, et inseruérunt se dolóribus multis. Tu autem, o homo Dei, hæc fuge: sectáre vero justítiam, pietátem, fidem, caritátem, patiéntiam, mansuetúdinem. Certa bonum certámen fídei, apprehénde vitam ætérnam.
Y ciertamente es un gran tesoro la piedad, la cual se contenta con lo que basta para vivir. Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda que tampoco podremos llevarnos nada. Teniendo, pues, qué comer, y con qué cubrirnos, contentémonos con esto. Porque los que pretenden enriquecerse, caen en tentación, y en el lazo del diablo, y en muchos deseos inútiles y perniciosos, que hunden a los hombres en el abismo de la muerte y de la perdición. Porque raíz de todos los males es la avaricia, de la cual arrastrados algunos, se desviaron de la fe, y se sujetaron ellos mismos a muchas penas y aflicciones. Pero tú, ¡oh varón de Dios!, huye de estas cosas, y sigue en todo la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre. Pelea valerosamente por la fe, y victorioso arrebata y asegura bien la vida eterna, para la cual fuiste llamado, y diste un buen testimonio, confesando la fe delante de muchos testigos. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 17 sobre 1 Timoteo — San Juan Crisóstomo
Después de haber dicho que tienen la piedad por fuente de ganancia, añade: Mas la piedad con lo que basta es gran ganancia; no cuando posee riquezas, sino cuando carece de ellas. Pues, para que Timoteo no desfallezca a causa de su pobreza, le alienta y reanima su ánimo. Piensan, dice, que la piedad es fuente de ganancia; y así es en verdad, sólo que no a su manera, sino de un modo mucho más alto. Y así, tras derribar la ganancia de ellos, ensalza la otra. Que la ganancia del mundo no es nada, es manifiesto, porque se queda atrás y no nos acompaña ni marcha con nosotros cuando partimos. ¿De dónde se ve esto? De que nada trajimos al venir a este mundo, y por tanto nada nos llevaremos al salir de él; pues la naturaleza vino desnuda al mundo, y desnuda saldrá de él. No necesitamos, pues, cosas superfluas, si nada trajimos con nosotros y nada nos hemos de llevar.
Teniendo, pues, con qué alimentarnos y con qué cubrirnos, contentémonos con esto. Tales cosas y en tal medida hemos de comer, cuanto baste para nutrirnos; y tales vestidos hemos de ponernos, cuanto baste para cubrirnos y vestir nuestra desnudez, y nada más; y para esto basta un vestido común. Luego los mueve con la consideración de las cosas presentes, diciendo:
Mas los que quieren hacerse ricos: no dice los que son ricos, sino los que desean serlo. Porque puede uno tener dinero y usar bien de él, no estimándolo en demasía, sino repartiéndolo entre los pobres. A éstos, pues, no los reprende, sino a los codiciosos.
Los que quieren hacerse ricos caen en tentación y en lazo, y en muchos deseos necios y dañosos, que hunden a los hombres en la ruina y perdición. Con razón ha dicho que hunden a los hombres, pues no pueden ser sacados de aquella profundidad: en la ruina y perdición.
Porque la raíz de todos los males es la codicia; la cual, deseándola algunos, se extraviaron de la fe y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores. Dos cosas menciona, y la que a ellos pudiera parecerles la más grave la pone en último lugar: sus muchos dolores. Y para aprender cuán verdadero es esto, el único modo es convivir con los ricos, para ver cuántos son sus pesares y cuán amargas sus quejas.
Mas tú, oh hombre de Dios. Éste es un título de gran dignidad. Pues todos somos hombres de Dios, mas los justos lo son de manera particular, no sólo por derecho de creación, sino por el de apropiación. Si, pues, eres hombre de Dios, no busques cosas superfluas, que no te conducen a Dios, sino:
Huye de estas cosas, y sigue la justicia. Ambas expresiones son enfáticas; no dice apártate de una y acércate a la otra, sino huye de estas cosas, persigue la justicia, de modo que no seas codicioso. La piedad, esto es, la sanidad en las doctrinas. La fe, que se opone a las cuestiones. La caridad, la paciencia, la mansedumbre.
Pelea el buen combate de la fe, echa mano de la vida eterna. He aquí tu recompensa, a la cual también fuiste llamado, y hiciste buena profesión, en esperanza de la vida eterna, delante de muchos testigos.
Es decir: no avergüences esa confianza. ¿Por qué te afanas sin provecho? Mas ¿cuál es la tentación y el lazo en que dice que caen los que quieren hacerse ricos? Los hace extraviarse de la fe, los envuelve en peligros, los vuelve menos intrépidos. Deseos necios, dice. Y ¿no es acaso deseo necio, cuando gustan los hombres de mantener bufones y enanos, no por motivos benévolos, sino para su placer; cuando tienen estanques de peces en sus salas, cuando crían fieras, cuando dan su tiempo a los perros y engalanan caballos, y les tienen tanto cariño como a sus propios hijos? Todas estas cosas son necias y superfluas, en nada necesarias, en nada útiles.
¡Deseos necios y dañosos! ¿Cuáles son los deseos dañosos? Cuando los hombres viven ilícitamente, cuando codician lo que es del prójimo, cuando se entregan del todo al lujo, cuando ansían la embriaguez, cuando desean el asesinato y la destrucción de otros. Por estos deseos muchos aspiraron a la tiranía, y perecieron. Ciertamente, afanarse con tales miras es a la vez necio y dañoso. Y con razón ha dicho: se extraviaron de la fe. Porque la codicia, atrayendo hacia sí sus ojos y robándoles poco a poco la mente, no les deja ver su camino. Pues, como el que anda por el camino recto con la mente puesta en otra cosa prosigue en efecto su marcha, pero a menudo, sin saberlo, pasa de largo la misma ciudad a la que se apresuraba, moviendo sus pies al azar y sin provecho, tal cosa es la codicia. Se traspasaron a sí mismos con muchos dolores. ¿Veis lo que quiere decir con aquella palabra traspasar? Lo que pretende expresar con la imagen es esto: los deseos son espinas, y así como el que toca espinas se hiere la mano y recibe llagas, así el que cae en estos deseos será herido por ellos y traspasará su alma con dolores. Y cuántos cuidados y afanes acompañan a los que así están traspasados, no es posible expresarlo. Por eso dice: Huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre. Pues la mansedumbre nace de la caridad.
Pelea el buen combate. Aquí alaba su denuedo y hombría, porque delante de todos hizo con confianza su profesión, y le recuerda su primera instrucción.
Echa mano de la vida eterna. No basta con la profesión, sino que hace falta también paciencia para perseverar en esa profesión, y vehemente lucha, y trabajos sin número, para que no seas derribado. Pues muchos son los tropiezos y los impedimentos; por eso el camino es angosto y estrecho. Es, pues, menester estar recogido en sí mismo y bien ceñido por todas partes. Por doquier se muestran los placeres que atraen los ojos del alma: los de la hermosura, de la riqueza, del lujo, de la molicie, de la gloria, de la venganza, del poder, del dominio; y todos son bellos y amables en apariencia, y capaces de cautivar a los que son inconstantes y no aman la verdad. Porque la verdad tiene un rostro severo y poco atractivo. ¿Y por qué? Porque los placeres que ella promete son todos futuros, mientras que los otros ofrecen honores y deleites presentes, y reposo, aunque todos son falsos y fingidos. A éstos, pues, se adhieren las almas groseras, afeminadas y sin hombría, poco dispuestas a los trabajos de la virtud. Como en los juegos de los paganos, el que no codicia de veras la corona puede desde el principio entregarse a las orgías y a la embriaguez, y así hacen de hecho los combatientes cobardes y sin hombría, mientras que los que miran fijamente a la corona soportan golpes sin número; pues los sostiene y los impulsa a la acción la esperanza de la recompensa futura.
Homilía 17 sobre 1 Timoteo, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Luc. 12, 32-34)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Nolíte timére, pusíllus grex, quia complácuit Patri vestro dare vobis regnum. Véndite quæ possidétis, et date eleemósynam. Fácite vobis sácculos, qui non veteráscunt, thesáurum non deficiéntem in cœlis: quo fur non apprópiat, neque tínea corrúmpit. Ubi enim thesáurus vester est, ibi et cor vestrum erit.
No tenéis vosotros que temer, pequeñito rebaño, porque ha sido el agrado de vuestro Padre daros el reino. Vended, si es necesario, lo que poseéis, y dad limosna. Haceos unas bolsas que no se echen a perder; un tesoro en el cielo que jamás se agota, adonde no llegan los ladrones, ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Lucas 12, 32-34 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Glosa. Después que el Señor separó el cuidado de las cosas temporales de los corazones de sus discípulos, ahora los libra del temor que procede de los cuidados por las cosas superfluas, diciendo: "No temáis", etc.
Teofilato. El Señor llama pequeña grey a los que quieren hacerse discípulos suyos, ya porque en esta vida los santos aparecen pequeños en virtud de su pobreza voluntaria, ya porque son aventajados por la multitud de ángeles que nos son incomparablemente superiores.
Beda. El Señor también llama pequeña grey a los escogidos, ya comparándolos con el mayor número de réprobos, o más bien por su amor a la humildad.
San Cirilo, in Cat. graec. Patr. Manifiesta por qué no deben temer, añadiendo: "Porque a vuestro Padre plugo", etc, como diciendo: ¿Cómo aquél que concede gracias tan extraordinarias, dejará de tener clemencia con vosotros? Aun cuando aquí esta grey sea pequeña -por su naturaleza, su número y su gloria-, sin embargo la bondad del Padre ha dispensado a este pequeño rebaño la suerte de los espíritus celestiales, es decir el reino de los cielos. Por tanto, para que poseáis el reino de los cielos debéis despreciar las riquezas de la tierra. Así dice: "Vended lo que poseéis", etc.
Beda. Como diciendo: no temáis que falten las cosas necesarias a los que en esta vida trabajan por el reino de Dios. Más aún, vendan también lo que poseen y denlo de limosna. Esto se hace dignamente cuando alguno, una vez que ha dejado todos sus bienes por el Señor, no obstante gana con el trabajo de sus manos por el reino, lo necesario para el alimento y para dar limosna.
Crisóstomo, In Matthaeum hom. 26. No hay pecado que no pueda borrar la limosna que es remedio contra toda llaga. Pero la limosna no se hace sólo con dinero, sino también por las obras, como cuando alguno protege a otro, cuando un médico cura, o cuando un sabio aconseja.
San Gregorio Nacianceno, orat. 16. De pauperum amore, versus finem. Pero temo que penséis que la piedad no es necesaria, sino libre. Yo también lo creía así, pero me espantan los machos cabríos colocados a la izquierda no por haber robado, sino por no haber asistido a Cristo cuando los necesitaba.
Crisóstomo, in Cat. graec. Patr., ex homil. in Matth. Sin la limosna es imposible ver el reino, porque así como se corrompen las aguas detenidas en una fuente, así sucede a los ricos cuando guardan para sí sus riquezas.
San Basilio, in Cat. graec. Patr., ex Asceticis, id est, Regulis brevioribus, ad interrogat. 92. Alguno preguntará: ¿en virtud de qué consideración es conveniente vender lo que se posee? ¿Acaso porque es naturalmente dañoso, o por la tentación que ofrece al hombre? A esto debe contestarse, en primer lugar, que si cada una de las cosas que existen en el mundo fuese mala por sí misma, no habría creatura de Dios, porque toda creatura de Dios es buena ( 2Tim 4). En segundo lugar, que el precepto del Señor no nos ha enseñado a arrojar como malo lo que poseemos sino a distribuirlo, porque dice: "Y dad limosna".
San Cirilo, ubi sup. Este precepto molesta acaso a los ricos pero no es inútil para los que son prudentes, porque atesoran para sí el reino de los cielos. Por esta razón prosigue: "Haceos bolsas, que no se envejecen", etc.
Beda. Esto es, dando limosna, cuya recompensa dura eternamente. Pero este precepto no debe entenderse en el sentido de que los santos no puedan reservarse ningún dinero -ni para su uso ni para el de los pobres-, ya que el mismo Dios, a quien servían los ángeles ( Mt 4), tenía una bolsa en la que conservaba lo que le daban los fieles ( Jn 12). Ha de entenderse más bien en el sentido de que no debe servirse a Dios por estas cosas, ni abandonarse la justicia por temor de la pobreza.
San Gregorio Niceno, in Cat. graec. Patr. Mandó también colocar las riquezas materiales y terrenas en el cielo, a donde no alcanza la fuerza de la corrupción. Así añade: "Tesoro que jamás falta".
Teofilato. Como diciendo: Aquí destruye la polilla, pero no en los cielos. Y como la polilla no puede destruirlo todo, añade lo del ladrón. El oro no es destruido por la polilla, pero el ladrón lo roba.
Beda. Debe entenderse sencillamente en esto que el dinero que se guarda desaparece y que dado al prójimo produce un fruto eterno en los cielos. O bien que el tesoro de las buenas obras, si se coloca en asunto de interés mundano, se corrompe y desaparece fácilmente. Pero si se ahorra, no para merecer exteriormente la aprobación de los hombres -como el ladrón que roba de fuera- ni para buscar interiormente la vanagloria -como la polilla que destruye en lo interior- sino con santa intención, no se corrompe.
Glosa. O bien los ladrones son los herejes y los demonios -que se proponen despojarnos de los bienes espirituales- y la polilla que roe poco a poco los vestidos es la envidia, que destruye el celo o el fruto bueno y rompe el lazo de la unidad.
Teofilato. Pero como no todo se quita por el robo, da una razón más poderosa y que no admite réplica diciendo: "Porque donde está vuestro tesoro está vuestro corazón". Como diciendo: supongamos que la polilla no destruya, ni el ladrón robe, ¿cuán digno de suplicio no será tener el corazón aprisionado en un tesoro oculto y hundir en la tierra una obra divina como el alma?
San Eusebio, in Cat. graec. Patr. Porque todo hombre depende naturalmente de aquello de que está apasionado y fija toda su alma en aquello que cree que puede darle todo lo que le conviene. Por tanto, si alguno fija toda su atención y su afecto -lo que llamó corazón- en las cosas de la vida presente, únicamente se ocupa de las cosas de la tierra. Pero si se fija en las cosas del cielo, allí tendrá también su corazón. De modo que parecerá que trata con los hombres sólo por el cuerpo, pero que su alma ha alcanzado ya las mansiones del cielo.
Beda. Esto debe entenderse no sólo respecto del dinero, sino de todas las pasiones. Los festines son el tesoro para el lujurioso, las fiestas para el lascivo y la liviandad para aquél a quien domina el amor.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena