viernes, 10 de julio de 2026
Los Siete Santos Hermanos Mártires, y Santas Rufina y Segunda, Vírgenes y Mártires
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Prov. 31, 10-31)
Léctio libri Sapiéntiæ Mulíerem fortem quis invéniet? Procul et de últimis fínibus prétium ejus. Confídit in ea cor viri sui, et spóliis non indigébit. Reddet ei bonum, et non malum, ómnibus diébus vitæ suæ. Quæsívit lanam et linum, et operáta est consílio mánuum suárum. Facta est quasi navis institóris, de longe portans panem suum. Et de nocte surréxit, dedítque prædam domésticis suis, et cibária ancíllis suis. Considerávit agrum, et emit eum: de fructu mánuum suárum plantávit víneam. Accínxit fortitúdine lumbos suos, et roborávit bráchium suum. Gustávit, et vidit, quia bona est negotiátio ejus: non exstinguétur in nocte lucérna ejus. Manum suam misit ad fórtia, et dígiti ejus apprehendérunt fusum. Manum suam apéruit ínopi, et palmas suas exténdit ad páuperem. Non timébit dómui suæ a frigóribus nivis: omnes enim doméstici ejus vestíti sunt duplícibus. Stragulátam vestem fecit sibi: byssus et púrpura induméntum ejus. Nóbilis in portis vir ejus, quando séderit cum senatóribus terræ. Síndonem fecit et véndidit, et cíngulum trádidit Chananǽo. Fortitúdo et decor induméntum ejus, et ridébit in die novíssimo. Os suum apéruit sapiéntiæ, et lex cleméntiæ in lingua ejus. Considerávit sémitas domus suæ, et panem otiósa non comédit. Surrexérunt fílii ejus, et beatíssimam prædicavérunt: vir ejus, et laudávit eam. Multæ fíliæ congregavérunt divítias: tu supergréssa es univérsas. Fallax grátia, et vana est pulchritúdo: múlier timens Dóminum, ipsa laudábitur. Date ei de fructu mánuum suárum: et laudent eam in portis ópera ejus.
¿Quién hallará una mujer fuerte? De mayor estima es que todas las preciosidades traídas de lejos y de los últimos términos del mundo. En ella pone su confianza el corazón de su marido; el cual no tendrá necesidad de botín o despojos para vivir. Ella le acarrea el bien todos los días de su vida, y nunca el mal. Busca lana y lino, de que hace labores con la industria de sus manos. Viene a ser como la nave de un comerciante que con la industria trae de lejos el sustento. Se levanta antes que amanezca y distribuye las raciones a sus domésticos, y el alimento a sus criadas. Puso la mira en unas tierras, y las compró; de lo que ganó con sus manos plantó una viña. Se revistió de varonil fortaleza, y esforzó su brazo. Probó, y echó de ver que su trabajo le fructifica; por tanto tendrá encendida la luz toda la noche. Aplica sus manos a los quehaceres domésticos, aunque fatigosos, y sus dedos manejan el huso. Abre su mano para socorrer al mendigo y extiende sus brazos para amparar al necesitado. No temerá para los de su casa los fríos y las nieves; porque todos sus domésticos traen vestidos forrados. Se labró ella misma para sí un vestido acolchado; de lino finísimo y de púrpura es de lo que se viste. Su esposo hará un papel brillante en las puertas o asambleas públicas, sentado entre los senadores del país. Ella teje finísimas telas, y las vende y entrega también ricos ceñidores, o fajas, a los negociantes cananeos. La fortaleza y el decoro son sus atavíos; y estará alegre y risueña en los últimos días. Abre su boca con sabios discursos, y la ley de la bondad o amor gobierna su lengua. Vela sobre los procederes de su familia; y no come ociosa el pan. Se levantaron sus hijos, y la aclamaron dichosísima; su marido también, y la alabó diciendo: Muchas son las hijas o esposas que han allegado riquezas; mas a todas has tú aventajado. Engañoso es el donaire, y vana a la hermosura; la mujer que teme al Señor; esa será la celebrada. Dadle alabanza, para que goce del fruto de sus manos, y que se celebren sus obras en la pública asamblea de los jueces. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Comentario a los Proverbios, cap. 31 — Cornelio a Lápide
«Mujer fuerte, ¿quién la hallará?» (como si dijese: no es imposible de hallar, sino difícil, porque son pocas las tales y como ave rara en la tierra). Donde la Vulgata pone «fuerte», el hebreo tiene חיל chail, esto es, de robustez, virtud y esfuerzo; por lo cual el Caldeo traduce «mujer buena», Vátablo «mujer varonil», y otros con más propiedad «mujer esforzada, industriosa, heroica». Suelen las mujeres ser pusilánimes y tímidas, y de la blandura (mollities) se dijo mulier, según nota Jerónimo Osorio: por eso se llama fuerte la que vence la flaqueza mujeril y se alza sobre su condición. Chail significa el vigor, tanto de la mente como del cuerpo, que se ejercita en el trabajo y como con dolor da a luz hazañas heroicas (pues la raíz חול chol significa parir con dolor). Tal fue Salomé, madre de los siete Macabeos; tales santa Felicidad y santa Sinforosa, que educaron siete hijos para el martirio; tal Nona, madre de san Gregorio Nacianceno, de quien él mismo dijo: «Oí a la divina Escritura decir: Mujer fuerte, ¿quién la hallará?»
«Desde lejos y de los últimos confines su precio.» El hebreo מפננים se lee «desde los ángulos», esto es, los últimos confines; o, con otros puntos, «más que las margaritas»; los Setenta: «más preciosa es que las piedras preciosas»; el Caldeo: «que las piedras óptimas»; otros: «que los rubíes». El sentido: la mujer esforzada es cosa rara y de raro precio, como las que se traen de las últimas tierras de los indios; su valor iguala a las gemas y perlas más preciosas, y aun las supera. Alude también a la antigua compra de las esposas, pues antiguamente los maridos las compraban por precio a los padres (así Oseas la suya por quince siclos, y Jacob a Raquel sirviendo siete años). Alegóricamente, san Ambrosio y san Agustín entienden por la mujer fuerte a la Iglesia, por su varón a Cristo, por sus hijos a los mártires; y Beda toma por «precio» a Cristo mismo, que con el precio de su sangre la redimió, precio que vino de lejos, porque descendió de los cielos. Tropológicamente, la mujer fuerte, heroína fortísima y reina de los mártires, es la Bienaventurada Virgen, que quebrantó la cabeza de aquella serpiente; ella es la margarita que supera todo precio, pues vale más que todos los ángeles, hombres y el universo entero.
«Confía en ella el corazón de su marido, y no tendrá necesidad de despojos.» Confía, esto es, descansa seguro en la esposa esforzada el corazón del marido, porque está cierto no solo de su castidad, sino también de su fidelidad e industria; a ella entrega sus riquezas, sus secretos y todos sus negocios. Grande es la cruz del marido si tiene mujer perezosa o de fe sospechosa; de todo esto le libra la esposa prudente y esforzada, que le trae quietud, seguridad y gozo inefable. «Y no tendrá necesidad de despojos», es decir, el varón, pues el hebreo יחסר es de género masculino. Por despojos entienden unos el alimento necesario a la familia, otros los bienes de cualquier clase. Con más plenitud: ella proveerá de lo necesario con no menor industria que si hubiese traído despojos de los enemigos vencidos; persiste en la metáfora de la mujer militar (chail), cuyos despojos son de sus propias manos, no de los enemigos. Alegóricamente, el corazón de Dios y de Cristo confía en la Iglesia, a la que hizo firme y fiel hasta el fin del mundo por su gracia.
«Le dará bien, y no mal, todos los días de su vida»: no por algunos días, meses o años, sino constantemente por toda la vida retribuirá la esposa esforzada el bien a su marido, pagando amor con amor y venciendo los obsequios con obsequios. En sentido más apretado (Salazar) se aplica a la que tuvo marido áspero y duro: tan mansa y magnánima es que todo lo sufre y devuelve palabras buenas por las acrimoniosas, como santa Mónica venció con su mansedumbre las iras de Patricio, su marido. Este es el grado heroico de la paciencia: propio del hombre es devolver bien por bien; de los santos y ángeles, bien por mal. «Buscó lana y lino, y trabajó con el consejo de sus manos»: se dedicó al hilado, y no esperó a que el marido le comprase la lana y el lino, sino que ella misma buscó ambas cosas para hacer vestidos. «Con el consejo», esto es, con industria, pericia y destreza, y con prudente elección, no cosas fútiles sino útiles, según los Setenta: «hizo lo que es útil con sus manos». Moralmente, aprendan aquí las mujeres a acostumbrarse a sí mismas y a sus hijas al trabajo de la lana y el lino, para huir del ocio y guardar la honestidad y la castidad.
«Se hizo como nave de mercader, que trae de lejos su pan.» Esta mujer esforzada, hilando lana y lino, es semejante a las naves de los mercaderes, que llevan telas y mercancías a lejanas regiones y de allí traen otras; así también ella, dando a los extraños el paño que fabricó, recibe el trigo para el alimento, y aun quedándose en casa trae de lejos su pan, esto es, el sustento necesario a la familia. La comparación con la nave, y no con el carro, está en que una sola nave lleva más que cien carros; y la nave nunca descansa, ni aun de noche mientras los marineros duermen, así como esta mujer vela mientras los demás duermen, siempre solícita. Alegórica y tropológicamente, todo esto se aplica fácilmente a la Iglesia, que como nave trae a los fieles el alimento de toda clase: la palabra de Dios, los ejemplos de los santos, los sacramentos, y sobre todo la Eucaristía, que es pan vital. Igualmente a la Bienaventurada Virgen, que introdujo en la casa (la Iglesia) el pan vivificante, esto es, a Cristo Señor, cuando lo dio a luz en Belén, esto es, en la «casa del pan».
«Y de noche se levantó, y dio presa a sus criados y raciones a sus siervas.» Esta mujer providente no duerme hasta muy entrada la luz, sino que se levanta antes del alba para preparar y repartir los alimentos a criados, siervas e hijos, y distribuir entre ellos las tareas del día, no sea que pierdan algo de tiempo. Llama «presa» (טרף tereph) a los alimentos por metáfora de los leones y fieras, que salen de noche a la caza; significa que estos alimentos se ganan con gran industria y trabajo, y solo al trabajo notable de siervos y siervas se dan como salario, pues «quien no trabaja, no coma». Da además las viandas a los siervos y a las siervas por separado, apartándolas para quitar de en medio los mutuos coloquios y las ocasiones de lujuria; nótese su honestidad y estudio de pudicicia. El hebreo חק choc significa tanto la ración de comida cuanto la tarea señalada. Moralmente, apréndase que la dote de la matrona es la vigilancia, de suerte que se acueste la última y se levante antes que los demás.
«Consideró un campo y lo compró; del fruto de sus manos plantó una viña.» Con el precio de las telas que fabricó compra tanto campo como viña, para proveer a la familia de pan y de vino. Nótese el «consideró»: no temeraria ni fortuitamente, sino con madurez, examinando la fertilidad del campo y la modicidad del precio; y aun sabe convertir en viña un campo estéril para el trigo pero apto para la vid, con egregia industria. «Ciñó de fortaleza sus lomos y robusteció su brazo»: alude al ceñidor con que los que van al trabajo o al combate se aprietan los lomos para robustecerlos; así esta varonil mujer se ciñe con la fortaleza misma como con un tahalí militar, y despierta en su naturaleza mujeril y blanda el vigor viril de mente y de cuerpo, como la madre de los siete Macabeos, «insertando en un pensamiento femenino un ánimo varonil». Místicamente (san Agustín, Beda), ceñir los lomos significa la mortificación y la castidad, pues en los lomos está el origen de la concupiscencia, y la castidad hace fuerte a esta varona.
«Gustó y vio que es buena su negociación; no se apagará de noche su lámpara.» Gustó, esto es, aprendió por experiencia y sintió cuán suave era la ganancia de su trabajo en la lana y el lino, sobre todo cuando de ello compró el campo y la viña; por eso emplea casi toda la noche en la obra, a la lámpara, y no la deja apagar. La ganancia adquirida con trabajo, como propia, sabe admirablemente, cuando la que viene sin trabajo apenas deleita. Simbólica y alegóricamente, «no se apagará en la noche», esto es, en las adversidades y persecuciones, su lámpara, que es la esperanza en la tribulación (san Agustín): esta esperanza la ilumina y corrobora para perseverar constante hasta el día de la bienaventurada inmortalidad. «Su mano tendió a cosas fuertes, y sus dedos tomaron el huso»: el hebreo כישור (que muchos vierten «rueca») lo traduce mejor la Vulgata «cosas fuertes», pues Símaco y Áquila ponen «cosas viriles» y los Setenta «cosas útiles»; ningún trabajo hay más conveniente y digno para la mujer que hilar y tejer, obra que requiere gran industria y fortaleza. Por eso los poetas hicieron a Palas presidenta a la vez del hilar, del guerrear y del estudiar.
«Su mano abrió al necesitado, y tendió sus palmas al pobre.» El hebreo פרש paras significa extender, tender ampliamente, y denota la liberalidad de esta varona: la mano que las otras mujeres suelen tener encogida y cerrada por temor de la pobreza, ella no solo la abrió, sino que la extendió generosamente a los que se le presentaban, aun a los remotos; y esto no solo por bienhacer, sino también por consultar a su propia familia, pues sabía que nada acrece tanto los bienes como la limosna, a la cual Dios bendice y devuelve el décuplo por lo sencillo (san Crisóstomo). «No temerá para su casa el frío de la nieve, porque todos sus domésticos están vestidos con vestiduras dobles.» El hebreo שנים lo vierten unos «grana», pero mejor la Vulgata «dobles» (de la raíz שנה, doblar): en el invierno los más ricos multiplican los vestidos o los llevan forrados, como si fueran dos, para rechazar el frío. Se significa aquí la providente liberalidad de la varona, que provee copiosamente a los suyos; y es también provecho de la familia, pues los domésticos abrigados calientan y hacen doble obra que si tiritasen de frío.
«Se hizo vestidura recamada; lino finísimo y púrpura su vestido.» No solo tejió telas sencillas para los domésticos, sino también preciosos tapices y colgaduras, labrados con bordado, con que adornó su casa como se ven las de los nobles; y a sí y al marido hizo vestidos de lino finísimo y púrpura, imitando las vestiduras sacerdotales: el lino, por su blancura, representa la pudicicia; la púrpura, por su color de llama, el amor conyugal. «Noble en las puertas su marido», cuando se siente con los ancianos de la tierra: pues antiguamente los ancianos eran los príncipes y jueces, que se sentaban en las puertas para juzgar. Ella misma honra y ennoblece al marido, ya con su trabajo, ya librándole de todo cuidado doméstico para que pueda entregarse a los negocios de la república en el senado, ya vistiéndole con decoro. «Hizo sábana finísima y la vendió, y entregó ceñidor al cananeo»: vendió las telas y sindones preciosas que ella y los suyos tejieron, y de ello sacó gran lucro; el cananeo es el mercader, pues los cananeos, vecinos del mar, eran muy dados al comercio (así en Zacarías e Isaías «cananeo» vale por «mercader»). No vistió ella la sindón por ser demasiado sutil, contraria a su singular honestidad.
«Fortaleza y hermosura su vestido, y reirá en el día postrero.» Su verdadero vestido no son las sindones ni las vestes preciosas, sino la fortaleza, esto es, la gravedad, madurez y vigor del ánimo viril, y la hermosura, esto es, la honestidad y decoro de las costumbres; por eso no se recrea en el ornato del cuerpo, como las demás mujeres amigas del mundo, sino que se atavía con las virtudes. Y «reirá en el día postrero», que unos toman por la vejez, otros por la muerte, otros por el día del juicio: las mujeres perezosas, que en la juventud durmieron ociosas, mendigan y se afligen en la vejez; mas esta varona, porque trabajó esforzadamente, abunda de bienes y ríe, y en la muerte, segura de su conciencia y esperando los premios celestiales, canta con san Simeón: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz.» «Abrió su boca a la sabiduría, y la ley de la clemencia en su lengua»: frente a la locuacidad y ligereza propias de las mujeres, esta domó su lengua con la sabiduría, para no decir nada necio, y con la piedad (חסד chesed: piedad, gracia, benignidad), para no decir nada injurioso; y la clemencia se junta a la sabiduría como el efecto a la causa. «Consideró las sendas de su casa, y no comió el pan ociosa»: propio oficio de la matrona es velar como desde una atalaya sobre toda la casa y las acciones de los domésticos, apartar de ellos el ocio y todo lo dañoso, y comer parcamente el pan ganado con muchos trabajos, pues «quien no trabaja, no coma»; y el cuidado de la casa incumbe propiamente a la esposa, como al marido los negocios de fuera.
«Se levantaron sus hijos y la proclamaron dichosísima; su marido, y la alabó.» Los hijos, que durmieron toda la noche sin cuidado, al levantarse por la mañana hallaron a la madre que había velado, hilado y tejido, y dispuesto con decoro toda la casa; y, viéndose felices con tal madre, la proclamaron bienaventurada; y creciendo ellos en las virtudes que de ella aprendieron, con las obras la alaban. «Muchas hijas reunieron riquezas; tú las sobrepasaste a todas»: por tu esfuerzo y hazañas heroicas te ganaste vigor, honra y bienes cuantos ninguna otra, y a todas las superas. Alegóricamente, la Iglesia supera a todas las hijas (la Sinagoga, las escuelas de los filósofos y las sectas de los herejes) porque ella sola tiene la caridad, sin la cual nada aprovechan las virtudes; y singularmente la Bienaventurada Virgen sobrepasa en gracia y gloria a todos los ángeles y santos, aun a los Querubines y Serafines, siendo solo superada por Dios. «Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Dios, esa será alabada»: no niega Salomón que la hermosura sea adorno, sino que afirma ser falaz y caduca, pues presto perece por la edad, la enfermedad o la muerte, y a menudo engaña y precipita a las mismas hermosas y dementa a los varones; el verdadero decoro está en el temor de Dios y en la virtud, que permanece para siempre; por eso no condena la belleza natural, sino que la pospone al temor de Dios. «Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus obras»: digna es de gozar de los bienes que con sus manos ganó, y de que sus propias obras la alaben pública y solemnemente; y anagógicamente, la Iglesia y el alma santa oirán en la hora de la muerte y en el juicio de boca de Cristo: «Dadle del fruto de sus manos», esto es, dadle la recompensa y la gloria por el mérito de sus obras heroicas; que allí no alaban a cada uno las palabras, sino los hechos; no las lenguas, sino las manos y las obras. Piensa esto, oh atleta de Cristo, cuando emprendes obra ardua: el trabajo pasará en breve, pero su premio permanecerá por todos los siglos. VIVE PARA LA ETERNIDAD.
Comentario a los Proverbios, cap. 31, Cornelio a Lápide · Traducción del editor, del latín (Gran Comentario, dominio público) · fuente: lapide.org (dominio público)
Evangelio (Matt. 12, 46-50)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum In illo témpore: Loquente Jesu ad turbas, ecce, Mater ejus et fratres stabant foris, quæréntes loqui ei. Dixit autem ei quidam: Ecce, mater tua et fratres tui foris stant, quæréntes te. At ipse respóndens dicénti sibi, ait: Quæ est mater mea et qui sunt fratres mei? Et exténdens manum in discípulos suos, dixit: Ecce mater mea et fratres mei. Quicúmque enim fécerit voluntátem Patris mei, qui in cœlis est: ipse meus frater et soror et mater est.
Todavía estaba él hablando al pueblo, y he aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían hablar. Por lo que uno le dijo: Mira que tu madre y tus hermanos están allí fuera preguntando por ti. Pero él, respondiendo al que se lo decía, replicó: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y mostrando con la mano a sus discípulos: Estos, dijo, son mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Mateo 12, 46-50 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Hilario, in Matthaeum, 12. Como había anunciado todo lo que precede en nombre de la majestad de su Padre, ahora el evangelista nos manifiesta lo que contestó al que le dijo que su Madre y sus hermanos le estaban esperando a la parte de afuera: "Cuando estaba todavía hablando a las gentes".
San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,40. Es indudable que sucedió a continuación de lo anterior lo que aquí nos refiere el evangelista, quien se vale, antes de referirlo, de la transición siguiente: "Cuando estaba todavía hablando a las gentes". ¿Y qué quiere decir la palabra todavía, sino que El estaba hablando aun las cosas que hemos referido? También San Marcos, después de habernos contado todo lo concerniente a la blasfemia contra el Espíritu Santo, dijo: "Y llegan su Madre y sus hermanos" ( Mc 3,31). San Lucas no siguió este orden, sino que puso primero el hecho, y lo refirió según ( Lc 8) lo iba recordando.
San Jerónimo. De aquí, esto es, de decir el Evangelio los hermanos del Señor, deduce Helvidio su error. ¿Cómo, dice él, se llaman en el Evangelio hermanos del Señor los que no eran hermanos suyos? Pero es necesario tener presente que el nombre de hermanos se toma bajo cuatro sentidos en las Sagradas Escrituras: hay hermanos de naturaleza, de nación, de parentesco y de cariño. Por naturaleza, como Esaú y Jacob ( Gén 25); por nacionalidad, así todos los judíos se llaman entre sí hermanos, como en el Deuteronomio ( Dt 17,15); "No podrás constituir como rey sobre ti un hombre extranjero que no es tu hermano". Además, se llaman hermanos los que son de una misma familia, como en el Génesis: "Y dijo Abraham a Lot: no haya disputa entre tú y yo, porque somos hermanos" ( Gén 13,8). Los hermanos de cariño lo son, o de una manera general, o de una manera individual. Así se llaman de una manera más especial hermanos todos los cristianos, como dice el Salvador: "Ve y di a mis hermanos" ( Jn 20,17), y de una manera general, porque todos los hombres reconocen un solo padre y están unidos entre sí por un parentesco común y esto es lo que se lee en Isaías: "Decid a los que os aborrecieron: Vosotros sois nuestros hermanos" ( Is 66,9). Pregunto yo ahora: ¿de qué manera son hermanos del Señor los que así llama el Evangelio? ¿Por naturaleza? Pero la Escritura no lo dice ni los llama hijos de María ni de José. ¿Por la nacionalidad? Pero esto es un absurdo, porque sería llamar hermanos a unos cuantos judíos, y no a los demás; siendo así que todos los judíos que estaban allí presentes tenían derecho a la misma denominación. ¿Es según el sentimiento humano o sobrenatural? Pero en este sentido ¿quién mejor que los Apóstoles, a quienes daba el Señor instrucciones íntimas, merecía llamarse hermano? O si todos (porque son hombres) son hermanos, fue una cosa necia anunciar como cosa propia a los que lo esperaban fuera diciendo: "Mira, tus hermanos te buscan". Resulta, pues, que la palabra hermano debe tomarse no en el sentido de la naturaleza, ni en el de la nacionalidad, ni en el de afecto, sino en el de parentesco.
San Jerónimo. Las palabras "hermanos del Señor" hacen suponer a algunos, siguiendo las locuras de algunos apócrifos, y fingiendo la existencia de una mujerzuela llamada Esca, que José había tenido otros hijos de una esposa anterior. Pero nosotros comprendemos bajo la palabra hermano, no los hijos de José, sino a los consobrinos del Salvador, a los hijos de la tía materna del Señor, la cual es llamada en el Evangelio madre de Santiago el menor, de José y de Judas, a quienes en otro lugar del Evangelio ( Mc 6; Gál 1), se les llama hermanos del Señor. Toda la Escritura nos da testimonio de que el nombre de hermanos se extiende hasta los consobrinos.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 44,1. Ved ahí el orgullo de sus parientes, porque debían entrar y mezclarse con las turbas para oírle, o si no querían esto, esperar hasta el final del discurso y acercársele entonces. Pero ellos lo llaman afuera y lo hacen en presencia de todos para manifestar su vanidad y hacer ver a todos que mandan con autoridad a Cristo, cosa que manifiesta el evangelista e insinúa bajo cierto velo, cuando dice: "Cuando estaba todavía hablando", que es como si dijera: ¿No lo podían haber hecho en otra ocasión? ¿Y qué deseaban ellos hablar? Si era en favor de los dogmas de la verdad, debían de haberse contentado de una manera ordinaria a fin de ganar de este modo las almas de sus oyentes; y si era de cosas pertenecientes a ellos no era oportuno llamarle con tanta prontitud, de donde resulta que lo hacían llevados de la vanagloria.
San Agustín, de natura et gratia, 36. Cuanto se diga de los parientes del Señor, si se trata del pecado, bajo ningún concepto quiero que se diga de la Virgen María (por el honor de Cristo). Nosotros sabemos que le fueron concedidas las mayores gracias para triunfar de todo pecado, porque ella era la destinada a concebir y a dar a luz a quien nos consta que jamás tuvo pecado alguno.
San Agustín, de natura et gratia, 36. Sigue: le dijo un cierto hombre: "Mira, tu Madre y tus hermanos están afuera buscándote".
San Jerónimo. Se me figura que el anunciante no habla por casualidad ni con sinceridad, sino para tenderle algún lazo, sin duda para ver si prefería a la obra espiritual la carne y la sangre. Por eso el Señor, sin negar a su Madre y a sus parientes, sino para contestar al que le avisaba, rehusó el salir.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 44,1. Y no dijo: "Marcha, dile que no es mi Madre", sino que se dirigió al que le avisaba, y contestándole cuando le hablaba, le dijo: "¿Cuál es mi Madre, y cuáles son mis hermanos? 1"
San Hilario, in Matthaeum, 12. No se debe juzgar por estas palabras que en ellas dio El un testimonio de desaire hacia su Madre, puesto que desde lo alto de la cruz le dio pruebas de solicitud y amor filial ( Jn 19).
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 44,1. Si hubiera El querido negar a su Madre, lo hubiera hecho cuando los judíos se mofaban de El con ocasión de su Madre ( Mc 6).
San Jerónimo. No negó El, pues, como pretenden Marción y Maniqueo, a su Madre, de quien nació, para no dar lugar a que se creyese que era hijo de un fantasma, sino que quiso destacar el vínculo con los discípulos sobre el vínculo de parentesco, para enseñarnos a preferir el vínculo del espíritu al de los parientes.
San Ambrosio, In Lucam, 6. Es propio del Maestro ofrecer a los demás un ejemplo en su persona cuando dicta un precepto. Así, el comienza por cumplirlo. Antes de determinar que quien no deja a su padre y a su madre no es digno del Hijo de Dios ( Lc 14,26) El se somete al principio señalado. Ciertamente, no reprueba el cariño filial debido a su madre, pues de El viene el mandamiento: "Honra a tu padre y a tu madre" ( Ex 50). Más bien quiere enseñar que más que los piadosos sentimientos y cariño para su madre por ser físicamente tal, los que no descarta, busca destacar la unión a la voluntad de su Padre celestial, en la que se da la mayor unión de las almas 2.
San Gregorio, homiliae in Evangelia, 3,2. El Señor se dignó llamar hermanos a los discípulos, diciendo: "Id y anunciad a mis hermanos" ( Mt 28,10). Pero se preguntará: ¿Cómo el que por la fe se ha hecho hermano de Cristo, puede llegar a ser madre? Para contestar a esta pregunta debemos tener presente que el que por la fe se hace hermano o hermana de Cristo, se hace madre por la predicación, porque viene como a dar a luz al Señor infundiéndolo en el corazón de los oyentes. Y se hace madre de El, si mediante su voz engendra en el alma del prójimo el amor del Señor.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 44,2. Lo que se acaba de decir nos enseña también otra cosa, a saber: que no se debe despreciar la virtud dejándose llevar de la confianza que puede inspirar el parentesco; porque si nada aprovecha a la Madre el ser Madre, si no tiene virtud, ¿quién podrá gloriarse de encontrar su salvación en el parentesco? Porque no hay más que una sola nobleza, el hacer la voluntad de Dios, y por eso sigue: "Cualquiera, pues, que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, es mi hermano, mi hermana y mi Madre". Muchas mujeres glorificaron a aquella Virgen santa, y a su vientre, y desearon ser madres parecidas a ella. ¿Quién se lo impide? Abierto tenéis el camino, y no sólo las mujeres, sino también los hombres pueden llegar a ser Madre de Dios.
San Jerónimo. Digámoslo de otra manera, el Salvador habla a las turbas, y en sentido más íntimo, enseña a las naciones: su Madre y sus parientes, esto es, la sinagoga y el pueblo de los judíos, están a la parte de afuera.
San Hilario, in Matthaeum, 12. Tenían ellos, lo mismo que los demás, la facultad de entrar hasta El; pero porque había venido entre los suyos y no le recibieron ( Jn 1,2), se abstienen de entrar y de aproximarse a El.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 3,2. De donde su Madre está afuera, como si no la conociese, pues no es reconocida la sinagoga por aquel que la fundó, en atención a que, ateniéndose a la observancia de la ley, perdió la inteligencia espiritual, y se quedó en la puerta guardando la letra.
San Jerónimo. Después de haber rogado, de haber buscado y de haber mandado un mensajero, recibieron la respuesta: tenéis libre albedrío; si queréis podéis entrar y creer.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena