sábado, 25 de julio de 2026 Santiago el Mayor, Apóstol

miércoles, 24 de junio de 2026

La Natividad de San Juan Bautista

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (Isa. 49, 1-3; 49, 5-7)

Léctio Isaíæ Prophétæ Audíte, ínsulæ, et atténdite, pópuli, de longe: Dóminus ab útero vocavit me, de ventre matris meæ recordátus est nóminis mei. Et pósuit os meum quasi gládium acútum: in umbra manus suæ protéxit me, et pósuit me sicut sagíttam eléctam: in pháretra sua abscóndit me. Et dixit mihi: Servus meus es tu, Israël, quia in te gloriábor. Et nunc dicit Dóminus, formans me ex útero servum sibi: Ecce, dedi te in lucem géntium, ut sis salus mea usque ad extrémum terræ. Reges vidébunt, et consúrgent príncipes, et adorábunt propter Dominum et sanctum Israël, qui elégit te.

¡Oíd, islas, y atended, pueblos distantes! El Señor me llamo desde el vientre de mi madre; se acordó o declaró mi nombre cuando yo estaba aún en el seno materno. E hizo mi boca o mis palabras como una aguda espada; bajo la sombra de su mano me cobijó; e hizo de mí como una saeta bien afilada, y me ha tenido guardado dentro de su aljaba. Y me dijo: Siervo mío eres tú, ¡oh Israel! en ti seré yo glorificado. Por lo que ahora el Señor, que me destinó desde el seno de mi madre para ser siervo suyo, me dice que yo conduzca a Jacob nuevamente a él, mas Israel no querría reunirse: Yo, seré glorificado a los ojos del Señor, y mi Dios se ha hecho mi fortaleza. El me ha dicho: Poco es el que tú me sirvas para restaurar las tribus de Jacob y convertir los despreciables restos de Israel; he aquí que yo te he destinado para ser luz de las naciones a fin de que tú seas la salud o el Salvador enviado por mí hasta los últimos confines de la tierra. Esto dice el Señor, el Redentor, el Santo de Israel, al hombre reputado como despreciable entre los suyos; a la nación abominada de todos, a aquel que es tratado como un esclavo de los príncipes: Día vendrá en que los reyes y los príncipes al verte se levantarán, y te adorarán por amor del Señor, porque has sido fiel en tus promesas, y por amor del Santo de Israel que te escogió. [Torres Amat]

Comentario patrístico · Comentario a Isaías, cap. 49 — Cornelio a Lápide

Vers. 1. ESCUCHAD, ISLAS. — Pasa aquí de la sombra a la verdad, esto es, de Ciro a Cristo, de la Sinagoga a la Iglesia. Por lo cual, así como al comienzo del capítulo precedente interpeló a los judíos diciendo: «Oíd esto, casa de Jacob», así aquí interpela a las Gentes, aun a las más remotas y escondidas, diciendo: «Escuchad, islas, y atended, pueblos lejanos.» Pues estas palabras no se refieren a Ciro, como quiere Hugo, ni a Juan Bautista, como quieren otros, sino a Cristo, según consta por las mismas palabras y por Hechos XIII, donde aquel versículo 47: «Te he puesto por luz de las Gentes», se expone de Cristo; y por II Corintios VI, donde aquel del versículo 2: «En tiempo aceptable te escuché», se explica del tiempo de la Iglesia cristiana; y por Apocalipsis VII, donde aquel del versículo 16: «No tendrán hambre ni sed», se entiende de la Iglesia de Cristo bienaventurada y triunfante en los cielos. Se introduce, pues, aquí a Cristo como haciendo un sermón a todos los hombres, en el cual da razón de su embajada, venida y oficio: a saber, llamar a todas las Gentes a Dios y a la salvación, y subrogarlas y sustituirlas a los judíos en la verdadera Iglesia de Dios.

EL SEÑOR ME LLAMÓ DESDE EL SENO. — Diciendo a la Virgen Madre por el arcángel Gabriel: «Llamarás su nombre Jesús» (Mateo I, 21); como si dijera: así como a Ciro lo nombré desde el seno, más aún, antes del seno, diciendo: «Te llamé por tu nombre» (cap. XLV, 4); e igualmente a Israel, diciendo: «Yo que te formo, desde el seno tu auxiliador» (cap. XLIV, 2); y en el cap. XLVI, 3: «Los que sois llevados desde mi seno»: así, desde el seno, más aún, antes de ser concebido en el seno, me llamó Dios «Jesús», esto es, salvador; es decir, me designó y me destinó a ser el vengador y redentor del género humano. Porque Dios llama a las cosas como son, o cuales han de ser, más aún, cuales Él mismo las ha de hacer; pues nombrar Dios es cosa eficaz, y decir Dios es hacer. Así san Jerónimo, Cirilo y Ambrosio sobre el Salmo XXXV.

Vers. 2. Y PUSO MI BOCA (esto es, mis palabras, como traduce el Caldeo) COMO ESPADA AGUDA. — Como el filo de una espada. Alude a la frase hebrea: «herir a filo de espada», esto es, con el corte de la espada; pues a esto compara la boca de Cristo. De nuevo alude a Ciro, figura de Cristo, de quien dijo en el cap. XLV, 2: «Yo iré delante de ti, y humillaré a los poderosos de la tierra, y quebraré las puertas de bronce.» Pues de modo semejante dio a Cristo espadas y armas con que subyugó al orbe entero. El sentido es, pues: He aquí que yo, Cristo, vengo a hacer matanza, no de cuerpos, sino de almas; pues vengo a degollar los pecados y los vicios, para que perezca la carne, esto es, la vida animal, y viva el espíritu. Porque la predicación de Cristo, o sea el Evangelio y la palabra de Dios, corta y degüella los crímenes, las pasiones, las concupiscencias; y también a los réprobos y demonios, sobre todo en el día del juicio. Esto es lo que dice Cristo: «No vine a traer paz, sino espada» (Mateo X, 34).

Con esta espada de la boca mató Pedro a Ananías y Safira, y Pablo cegó a Elimas. Así san Jerónimo, Cirilo y Procopio. Esto es lo que dice san Pablo (Hebreos IV, 12): «Viva es la palabra de Dios, y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos, y que llega hasta la división del alma y del espíritu.» A esto aludió Juan (Apoc. I, 16): «Y de su boca salía una espada aguda de dos filos.» Con estas palabras y las siguientes se describen la fuerza, energía y eficacia de la predicación de Cristo. La Iglesia aplica esto a san Juan, no en sentido literal, sino acomodaticio, porque fue el precursor de Cristo y su voz, clamando en el desierto; y del mismo modo puede acomodarse a los Apóstoles y a otros eficaces predicadores de Cristo, como en el Oficio divino muchas cosas dichas en la Escritura de ciertas personas y santos se acomodan a otros semejantes.

EN LA SOMBRA DE SU MANO ME PROTEGIÓ. — Primero, «en la sombra», esto es, bajo la protección; por lo cual los Setenta traducen: «en la protección de su mano me escondió», para que la vileza de mi carne quedase cubierta por la potencia de la divinidad. De ahí que el Ángel dijera a la bienaventurada Virgen Madre, que iba a concebir a Cristo: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lucas I, 35). Pues la sombra es símbolo de protección, ya que protege a los hombres del ardor del sol, que en Judea es grande, y las aves con sus alas dan sombra a sus polluelos y los protegen del milano. Segundo, con acierto Forerio entiende por «la sombra de la mano» la vaina de la espada, que se esconde bajo la mano izquierda (pues esto significa propiamente el hebreo chaba), y con ella se cubre; persiste, pues, en la metáfora de la espada, que se oculta en la vaina bajo el brazo izquierdo, para que la diestra la saque de allí fácilmente cuando quiera y con ella todo lo corte y penetre.

Y ME PUSO COMO SAETA ESCOGIDA. — Alude a Ciro, que fue como espada y saeta de Dios. Pues las armas del soldado son dos: la espada, con que hiere de cerca, y la saeta, con que hiere de lejos y velozmente al enemigo. Así a Cristo, como caudillo, se le da la espada en el Salmo XLIV, 4: «Cíñete tu espada sobre tu muslo, Poderosísimo»; y luego las saetas, en el vers. 6: «Tus saetas agudas, los pueblos caerán bajo ti.» Porque Cristo, por sí y por los Apóstoles, venció poderosa y velozmente a las gentes cercanas y a las remotas y las sujetó a su fe, peleando así de cerca con la espada como de lejos con la saeta. Así Forerio, Vatablo, Sánchez y otros. En vez de «escogida», Forerio y Vatablo traducen «bruñida, pulida, reluciente y fulgurante», con cuya voz se significa la agudeza, felicidad, brillo y firmeza de la saeta; pues esto propiamente significa el hebreo barur, mientras que nuestra Vulgata y los Setenta, que traducen «escogida», parece que leyeron bachur. Cristo, pues, es la espada del Padre y la saeta bruñida, escogida por encima de los Apóstoles y demás santos, la cual esconde en la aljaba de su presciencia y providencia, y en la de la carne humana; y a esta saeta la envía adonde quiere, y con sus palabras, azotes y heridas traspasa, punza y hiere las mentes de los fieles con su amor, y mata sus vicios y pecados. Y por eso aquí se llama Cristo saeta escogida, porque a cuantos tocó los hizo saetas, y así se propagó y creció su ejército, con el que pronto invadió el orbe entero y lo sujetó a sí.

Vers. 3. Y ME DIJO: TÚ ERES MI SIERVO, ISRAEL. — Cristo es llamado siervo de Dios porque, siendo en la forma de Dios, por amor nuestro tomó espontáneamente la forma de siervo (véase lo dicho en el cap. XLII, 1). Y es llamado Israel, esto es, israelita, porque nació, dice san Jerónimo, de la simiente de Israel y de Judá; segundo, porque fue enviado primeramente a las ovejas que se habían perdido de la casa de Israel; tercero, porque su figura fue Jacob, o sea Israel: pues así como éste, luchando y prevaleciendo contra el Ángel, vicario y legado de Dios, fue llamado Israel, esto es, «que domina a Dios», así, y con mucho mayor razón, Cristo fue Israel, esto es, dominó a Dios, cuando venció con su obediencia hasta la muerte de cruz a Dios airado, y se lo hizo propicio a los hombres. Y PORQUE EN TI ME GLORIARÉ. — Porque Cristo en este mundo, por tantos trabajos y cruces, no buscó otra cosa que la gloria de Dios, para glorificar por ellos al Padre; de donde Él mismo dice (Juan XVII, 4): «Yo te he glorificado sobre la tierra.» Segundo, como si dijera: eres mi siervo, pero también toda mi gloria y mi ornato, porque en ti solo mostré al mundo el abismo de mi bondad y de mi amor. Así Forerio.

Vers. 4. Y YO DIJE: EN VANO TRABAJÉ. — Es voz de Cristo quejándose de que tantos y tan recios trabajos y fatigas suyas, que soportó enseñando, predicando, recorriendo caminos y padeciendo entre los judíos, hubiesen sido sin fruto; pues pocos de ellos se convirtieron. Así san Jerónimo. POR TANTO MI CAUSA ESTÁ CON EL SEÑOR. — Como si dijera: yo, Cristo, manifesté tu nombre, oh Padre, a los hombres, esto es, a los judíos; hice cuanto pude por su salvación, hasta la cruz y la muerte, en la cual, inclinada la cabeza, clamé: «Consumado está.» El juicio, pues, de esta causa a ti, Padre, lo encomiendo: juzga tú de quién sea la culpa de que tan pocos de ellos se hayan convertido y salvado por mi obra. Entre tanto, mi obra, esto es, la recompensa de mi obra (dice el Caldeo), permanece íntegra para mí junto a Dios. Pues Dios remunera las buenas obras según el trabajo, no según el efecto y fruto conseguido, que muchas veces no está en la potestad del que obra. Adviértanlo e imiten a Cristo los varones apostólicos que, aquí o en la India entre bárbaros, soportan ingentes trabajos con escaso fruto: pues la recompensa y el laurel apostólico se les guardan íntegros junto a Dios.

Vers. 5-6. QUE ME FORMÓ DESDE EL SENO POR SIERVO SUYO, PARA REDUCIR A JACOB. — De aquí consta que Cristo fue enviado por el Padre, por sí y primariamente, como por oficio e institución, a enseñar y salvar a los judíos, pues a ellos se les había prometido el Mesías; y así mandó a los suyos (Mateo X, 5): «No vayáis por camino de gentiles, sino id más bien a las ovejas que perecieron de la casa de Israel.» Mas como los judíos rechazasen su Evangelio, quiso Dios, y Cristo al subir al cielo mandó a los Apóstoles, que predicaran a las Gentes y al orbe entero (Mateo XXVIII, 19). Y AUNQUE ISRAEL NO SE CONGREGUE. — Así lo tienen el hebreo, Símaco, Teodoción y otros; por lo cual mal hacen otros que, en vez de lo con álef (que es «no»), leen lo con vau, y traducen al contrario «y se congregará». El sentido es: busqué las ovejas perdidas de Israel para reducirlas al aprisco y a la Iglesia de Dios, pero no quisieron, y así no se congregarán en ella. Y FUI GLORIFICADO A LOS OJOS DEL SEÑOR — así porque hice gloriosos signos y milagros ante los judíos, con que los convencí de infidelidad y pertinacia, como porque el Padre me entregó todas las Gentes del mundo, cuya conversión y salvación fue inmensa gloria de Cristo. Y MI DIOS SE HIZO MI FORTALEZA — como si dijera: no me atribuyo a mí la gloria ya dicha, sino a Dios Padre, que me dio la fuerza y el vigor para adquirirla y para llevar a cabo la obra de la redención humana. Haymón entiende por fortaleza aquella con que Cristo, por la virtud de Dios, fue resucitado de la muerte.

Vers. 6. POCO ES. — En hebreo nakel, esto es, «cosa leve»; Forerio traduce «vil, indecoroso, ignominioso», como si dijera: si a alguno parece ignominioso que no hayas podido reducir a los israelitas, he aquí que te doy por luz de las Gentes, y así compenso y sepulto esa ignominia con mayor alabanza y gloria. HECES. — En hebreo netsure, esto es, los reservados y supervivientes de tantas ruinas y estragos, sobre todo de Tito y Vespasiano; lo cual nuestra Vulgata traduce rectamente «heces», esto es, las viles y exiguas reliquias de Israel; pues ya los judíos están tan abatidos, desterrados y míseros que parecen ser las heces de todas las gentes y la escoria del mundo. HE AQUÍ QUE TE DI POR LUZ DE LAS GENTES (para que seas como sol espiritual y divino del mundo, y «luz para revelación de las Gentes», como canta Simeón, Lucas II, 32), PARA QUE SEAS MI SALVACIÓN. — Los Setenta: «para que seas en salvación». Mira cuánto interesa y preocupa a Dios nuestra salvación, cuando la llama suya. «Quiero —dice san Jerónimo— que mi salvación ocupe el orbe entero.» He aquí la magnífica gloria de Cristo: ¿no es acaso glorioso que un solo hombre crucificado sea adorado en todo el orbe como Dios, y que, en lugar del rincón de Judea, ocupe los extremos de la tierra y los confines del orbe?

Vers. 7. ESTO DICE EL SEÑOR... AL ALMA DESPRECIABLE. — Esto es, a los viles judíos, que ya son como siervos viles y despreciables. Así algunos citados por san Jerónimo; y santo Tomás lo refiere a los judíos librados de Babilonia, y Hugo a Ciro. Pero yo digo que el discurso es a Cristo y a sus discípulos; pues Cristo fue despreciado por Herodes, Anás, Pilato y los judíos, como «gusano y no hombre, oprobio de los hombres y desecho de la plebe», y, como dice Isaías (LIII, 3): «Despreciado y el último de los varones; y le tuvimos por leproso, y herido de Dios, y humillado.» Tales fueron también los Apóstoles y los primeros cristianos bajo los emperadores gentiles y tiranos. Llama, pues, a los cristianos gente abominada y siervo de cualesquiera señores. Aquila y Teodoción traducen: «A aquel que desprecia su alma, que es abominación a la gente, que es siervo de los príncipes», esto es, a Cristo con sus cristianos, que por redimir al género humano, como siervo y esclavo, más aún como bestia, escupido, coronado de espinas, azotado y escarnecido con el «salve, Rey de los judíos», entregó su alma a la muerte en manos de los príncipes de los judíos y de Pilato. Así san Jerónimo, Cirilo y Procopio, Eusebio, Tertuliano, y de ellos León de Castro, Forerio, Sánchez y otros.

El sentido es: aunque Cristo y la Iglesia parezcan por ahora despreciados y pisoteados, y todo el orbe se levante contra ella con odios (dice Cirilo) y atormente a los cristianos con afrentas y suplicios como a viles esclavos, más aún como a ovejas destinadas a la muerte y como escoria del mundo, sin embargo esta su mísera suerte no durará mucho; pues yo pronto mudaré la suerte, y haré que los reyes la honren y adoren. Esto es lo que sigue: LOS REYES VERÁN, Y SE LEVANTARÁN LOS PRÍNCIPES, Y ADORARÁN — como si dijera: los reyes y príncipes se levantarán y suplicarán reverentes ante ti, oh Cristo, y ante la Iglesia; esto es, como dice el vers. 23: «Con el rostro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies.» En segundo lugar, san Jerónimo y Procopio refieren esto al día del juicio, cuando Cristo, los Apóstoles y los mártires, sentados en gloriosos tronos, juzgarán a las doce tribus de Israel, y aun a Anás, Caifás, Pilato, Nerón, Decio y Diocleciano y a todos los reyes y tiranos que en otro tiempo los persiguieron. POR EL SEÑOR (como si dijera: el Señor será la causa eficiente de esta mudanza, para que los reyes, antes hostiles, ahora adoren a Cristo y a la Iglesia), PORQUE ES FIEL — en cumplir lo mismo que le prometió.

Comentario a Isaías, cap. 49, Cornelio a Lápide · Traducción del editor, del latín (Gran Comentario, dominio público) · fuente: lapide.org (dominio público)

Evangelio (Luc. 1, 57-68)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam Elísabeth implétum est tempus pariéndi, et péperit fílium. Et audiérunt vicíni et cognáti ejus, quia magnificávit Dóminus misericórdiam suam cum illa, et congratulabántur ei. Et factum est in die octávo, venérunt circumcídere púerum, et vocábant eum nómine patris sui Zacharíam. Et respóndens mater ejus, dixit: Nequáquam, sed vocábitur Joánnes. Et dixérunt ad illam: Quia nemo est in cognatióne tua, qui vocétur hoc nómine. Innuébant autem patri ejus, quem vellet vocári eum. Et póstulans pugillárem, scripsit, dicens: Joánnes est nomen ejus. Et miráti sunt univérsi. Apértum est autem illico os ejus et lingua ejus, et loquebátur benedícens Deum. Et factus est timor super omnes vicínos eórum: et super ómnia montána Judææ divulgabántur ómnia verba hæc: et posuérunt omnes, qui audíerant in corde suo, dicéntes: Quis, putas, puer iste erit? Etenim manus Dómini erat cum illo. Et Zacharías, pater ejus, repletus est Spíritu Sancto, et prophetávit, dicens: Benedíctus Dóminus, Deus Israël, quia visitávit et fecit redemptiónem plebis suæ.

Entretanto le llegó a Isabel el tiempo de su alumbramiento, y dio a luz un hijo. Supieron sus vecinos y parientes la gran misericordia que Dios le había hecho, y se congratulaban con ella. El día octavo vinieron a la circuncisión del niño, y le llamaban Zacarías, del nombre de su padre. Pero su madre, oponiéndose, dijo: No por cierto, sino que se llamará Juan. Le dijeron: ¿No ves que nadie hay en tu familia que tenga ese nombre? Al mismo tiempo preguntaban por señas al padre del niño cómo quería que se le llamase. Y él pidiendo la tablilla de escribir, escribió así: Juan es su nombre. Lo que llenó a todos de admiración. Y al mismo tiempo recobró el habla y usó de la lengua, y empezó a bendecir a Dios. Con lo que un temor se apoderó de todas las gentes cercanas; y se divulgaron todos estos sucesos por todo el país de las montañas de Judea. Y cuantos los oían, los meditaban en su corazón, diciéndose unos a otros: ¿Quién pensáis será este niño? Porque la mano del Señor estaba con él. Además de que Zacarías, su padre, quedó lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito sea el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo; [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Lucas 1, 57-68 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

San Ambrosio. Si observas con diligencia, notarás que la palabra plenitud nunca se emplea sino en la generación de los justos. Por eso se dice aquí: "El tiempo de Isabel se ha cumplido". La vida del justo tiene, pues, la plenitud. Mas los días de los impíos son vanos.

San Juan Crisóstomo. El Señor quiso retardar el parto de Isabel para que aumentase la alegría y aquella mujer se hiciese más célebre. Por lo cual sigue: "Y oyeron sus vecinos". Los que habían conocido su esterilidad fueron testigos de la gracia divina. Ninguno se marchaba en silencio después de haber visto al infante, sino que alababan a Dios porque lo había concedido de un modo inesperado.

San Ambrosio. El nacimiento de los santos produce la alegría de muchos, porque es un bien general. La justicia es una virtud común; por esto, en el nacimiento de un justo procede algún signo de lo que será su vida y se designa la gracia de la virtud que ha de seguir (figurada en la alegría de los vecinos).

San Juan Crisóstomo, homiliae in Gen., 39. La ley de la circuncisión se dictó primeramente a Abraham, en señal de distinción, para que la descendencia del patriarca se conservase limpia y así pudiese obtener los beneficios prometidos. Pero cuando se consuma lo convenido en un pacto, se quita la señal que se había puesto. Así pues, por Jesucristo, cesando la circuncisión, sucedió el bautismo; mas antes convenía circuncidar a Juan. Por esto se dice: "Y aconteció que al octavo día vinieron". Había dicho el Señor ( Gén 17,12): El niño de ocho días será circuncidado entre vosotros. Me parece que esta medida de tiempo fue establecida por la divina clemencia por dos razones. Primeramente para que en edad tan tierna se sufra mejor el dolor del corte de la carne; en segundo lugar para que aprendamos de estas operaciones que esto se hacía para señal, pues un tierno niño no puede discernir lo que se hace con él. Después de la circuncisión se imponía un nombre. De donde prosigue: "Y llamaban,...". Esto se hacía así porque primero se debe tomar el signo de Dios y después el nombre humano. O porque ninguno, si primeramente no renuncia a las cosas de la carne -que es lo que significa la circuncisión-, es digno de que se inscriba su nombre en el libro de la vida.

San Ambrosio. El Santo Evangelista hizo bien al prenotar que muchos creyeron que el niño debía llamarse Zacarías, como su padre; a fin de que se observe que no desagradó a la madre el nombre de alguno de la familia, sino que el Espíritu Santo le inspiró aquél que el Angel había anunciado ya a Zacarías. Y ciertamente que él no pudo declarar a su mujer el nombre del hijo, sino que Isabel aprendió por inspiración lo que no había aprendido del marido. De donde sigue: "Y respondiendo", etc. No os admiréis de que esta mujer cite un nombre que no ha oído, puesto que el Espíritu Santo, que había mandado al Angel, se lo reveló a ella. Ni podía ignorar al precursor el que había vaticinado a Cristo. Y por esto sigue: "Y le dijeron", etc., para que se entienda que éste no es un nombre de familia, sino de profeta. También se pregunta a Zacarías por señas. Y prosigue: "Y preguntaban por señas al padre del niño", etc. Pero como la incredulidad le había quitado el oído y el habla, lo que no podía decir con la voz lo dijo con las manos y con las letras. Prosigue: "Y pidiendo una tableta, escribió, diciendo: Juan es su nombre", etc. Esto es, no somos nosotros quienes le ponemos el nombre, sino que ya lo ha recibido de Dios.

Orígenes. Zacarías significa el que se acuerda de Dios 1, Juan significa el que manifiesta a Dios 2. Además, la memoria se refiere a lo que está ausente y la demostración se refiere a lo que está presente. Por tanto Juan debía expresar, no la memoria de Dios como ausente, sino que debía señalarlo con el dedo como presente, diciendo ( Jn 1,29): "He aquí el Cordero de Dios".

San Juan Crisóstomo. Este nombre de Juan significa también gracia de Dios. Y como Isabel había concebido ese hijo por la acción de la gracia de Dios, no por la de la naturaleza, inscribieron en el nombre del niño el recuerdo de ese beneficio.

Teofilacto. Y porque el padre, mudo, concordó con su mujer acerca de este nombre del niño, sigue: "Y se maravillaron todos", etc. Ninguno había entre todos sus parientes que llevase este nombre, para que alguno pudiese decir que antes lo habrían pensado los dos.

San Gregorio Nacianceno, oratio 12. Una vez que hubo nacido San Juan, rompió el silencio de Zacarías. Y por ello sigue: "Al punto se abrió su boca". Era, pues, absurdo que cuando la voz del Verbo se dejase oír, el padre continuase mudo.

San Ambrosio. Con razón se desató en seguida su lengua, porque aquella a quien había atado la incredulidad, debía ser soltada por la fe. Creamos también nosotros, para que nuestra lengua -que está ligada con los vínculos de la incredulidad- se desate por la voz de la razón. Escribamos en el espíritu los misterios, si queremos hablar; escribamos al Precursor de Cristo, pero no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón. Pues el que nombra a Juan, vaticina a Jesucristo. Sigue, pues: "Y hablaba bendiciendo a Dios".

Beda. En sentido alegórico, la celebrada natividad de Juan es la gracia incoada del Nuevo Testamento, a la cual los vecinos y parientes querían más bien imponer el nombre de su padre que el de Juan. Porque los judíos, que estaban como unidos a él por afinidad con la observancia de la ley, querían más seguir la justicia que procedía de la ley que recibir la gracia de la fe. Pero la madre con palabras y el padre con letras procuran pronunciar el vocablo Juan -esto es, gracia de Dios-. Porque la misma ley, los salmos y los profetas, predican la gracia de Jesucristo con clarísimos oráculos. Aquel sacerdocio antiguo, con las sombras figurativas de ceremonias y sacrificios, le da también testimonio. Con razón Zacarías habla en el octavo día después de nacido su hijo; porque por medio de la resurrección del Señor, que se verificó dentro del octavo día -esto es, después del día séptimo, o sea el sábado-, se dieron a conocer los secretos del sacerdocio legal.

Teofilacto. Así como todo el pueblo estaba admirado del mutismo de Zacarías, así también se admiró cuando lo oyeron hablar. Por esto se dice: "Y vino temor sobre todos los vecinos,...", a fin de que esos dos prodigios hiciesen pensar algo grande acerca del recién nacido. Todo esto se disponía así, a fin de que, el que debía ser testigo de Cristo, fuese también digno de fe. De donde sigue: "Y todos los que las oían las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién pensáis que será?".

Beda. Signos previos abren al precursor el camino de la verdad y el futuro profeta es recomendado por oráculos que lo preceden. De donde sigue: "Porque la mano del Señor estaba con él".

Glosa. Dios era quien hacía estos prodigios en él, los cuales no hacía San Juan, sino la mano divina -o lo que es lo mismo, su diestra-.

Griego. En sentido místico, es el temor saludable que produjo la predicación de la gracia de Jesucristo en el tiempo de la resurrección del Señor, no solamente a los judíos -que eran vecinos, ya por el país, ya por el conocimiento de la ley- sino también a los gentiles, moviendo sus corazones. Y la fama de Jesucristo no sólo franqueó las montañas de Judea, sino también todas las cumbres del reino del mundo y de la sabiduría mundana.

San Ambrosio. Dios, bueno y fácil en perdonar los pecados, no sólo restituye lo quitado, sino que concede además bienes inesperados. Ninguno, pues, desconfíe. Ninguno, recordando sus antiguos delitos, desespere de los premios de Dios. Dios sabe mudar su sentencia si tú sabes enmendar tu pecado. Por ello se dice: "Y Zacarías fue lleno del Espíritu Santo".

San Juan Crisóstomo. Esto es, por obra del Espíritu Santo. No obtuvo la gracia del Espíritu Santo de un modo cualquiera, sino de lleno. Resplandecía en él el espíritu de profecía. Por ello prosigue: "Y profetizó".

Orígenes. Zacarías, lleno del Espíritu Santo, anuncia dos profecías: una de Cristo, otra de Juan. Lo cual se demuestra claramente por medio de sus palabras, en las que habla ya del Salvador como si estuviese presente y como si ya viviese en el mundo, diciendo: "Bendito el Señor Dios de Israel, porque visitó".

San Juan Crisóstomo. Bendiciendo Zacarías a Dios, anuncia que ya ha visitado a su pueblo; ya se quiera entender a los israelitas materiales -porque había venido a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel- ( Mt 15,24), ya a los espirituales -esto es, a los fieles-, que fueron dignos de esta visita, haciendo eficaz para sí mismos la provisión divina -esto es, su providencia-.

Beda. Visitó, pues, el Señor a su pueblo, como desfallecido por una larga enfermedad; y lo redimió, como del pecado, comprándolo con la sangre de su Unigénito Hijo. Y como Zacarías conocía que pronto se iba a sacrificar, según costumbre de los profetas, lo cuenta ya como hecho. Dice, pues: "A su pueblo", no porque le halló suyo cuando vino, sino porque visitándolo lo hizo suyo.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena