sábado, 25 de julio de 2026 Santiago el Mayor, Apóstol

lunes, 22 de junio de 2026

San Paulino de Nola, Obispo

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (2 Cor. 8, 9-15)

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios Fratres: Scitis grátiam Dómini nostri Jesu Christi, quóniam propter vos egénus factus est, cum esset dives, ut illíus inópia vos dívites essétis. Et consílium in hoc do: hoc enim vobis útile est, qui non solum fácere, sed et velle cœpístis ab anno prióre: nunc vero et facto perfícite: ut, quemádmodum promptus est ánimus voluntátis, ita sit et perficiéndi ex eo quod habétis. Si enim volúntas prompta est, secúndum id quod habet, accépta est, non secúndum id quod non habet. Non enim ut áliis sit remíssio, vobis autem tribulátio, sed ex æqualitáte. In præsénti témpore vestra abundántia illórum inópiam súppleat: ut et illórum abundántia vestræ inópiæ sit suppleméntum, ut fiat æquálitas, sicut scriptum est: Qui multum, non abundávit: et qui módicum, non minorávit.

Porque bien sabéis cuál haya sido la liberalidad de nuestro Señor Jesucristo; el cual siendo rico, se hizo pobre por vosotros a fin de que vosotros fueseis ricos por medio de su pobreza. Y así os doy consejo en esto, como cosa que os importa; puesto que no sólo ya lo comenzasteis a hacer, sino que por vosotros mismos formasteis el designio de hacerlo desde el año pasado. Pues ahora cumplido de hecho; para que así como vuestro ánimo es pronto en querer, así lo sea también en ejecutar según las facultades que tenéis. Porque cuando un hombre tiene gran voluntad de dar, Dios la acepta, no exigiendo de él sino lo que puede, y no lo que no puede. Que no se pretende que los otros tengan holganza, y vosotros estrechez, sino que haya igualdad, supliendo al presente vuestra abundancia la necesidad de los otros; para que así mismo su abundancia en bienes espirituales sea también suplemento a vuestra indigencia en ellos, de donde resulte igualdad, según está escrito. El que recogía mucho maná, no se hallaba con más; ni con menos de lo necesario el que recogía poco. [Torres Amat]

Comentario patrístico · Homilía 17 sobre 2 Corintios — San Juan Crisóstomo

«Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor, que siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza.» «Tened presente —dice—, meditad y considerad la gracia de Dios, y no la paséis por alto a la ligera, sino esforzaos por comprender su grandeza, tanto en su extensión como en su naturaleza, y nada de lo vuestro escatimaréis. Se despojó de su gloria para que vosotros fueseis ricos, no por sus riquezas, sino por su pobreza. Si no creéis que la pobreza es fecunda en riquezas, tened presente a vuestro Señor y no dudaréis más; porque si Él no se hubiera hecho pobre, vosotros no os hubierais hecho ricos. Pues éste es el prodigio: que la pobreza haya enriquecido a los ricos.» Y por riquezas entiende aquí el conocimiento de la piedad, la purificación de los pecados, la justificación, la santificación, los innumerables bienes que nos otorgó y se propone otorgarnos. Y todos estos bienes nos vinieron por su pobreza. ¿Qué pobreza? La de tomar carne, hacerse hombre y padecer lo que padeció. Y esto no lo debía Él, sino que tú se lo debes a Él.

«Y en esto os doy mi consejo, que os es provechoso.» Ved cómo de nuevo cuida de no ofender y suaviza lo que dice con estas dos cosas: al decir «doy consejo» y «para provecho vuestro». «Pues ni os obligo ni os fuerzo —dice—, ni lo exijo de súbditos que no quieren; ni digo esto atendiendo tanto al beneficio de los que reciben cuanto al vuestro.» Y aun el ejemplo que sigue lo toma de ellos mismos, y no de otros.

«Vosotros, que fuisteis los primeros en comenzar desde el año pasado, no sólo en hacer, sino también en querer.» Ved cómo muestra a la vez que ellos estaban dispuestos y que habían llegado a esta resolución sin ser persuadidos. Pues, habiendo dado este testimonio de los tesalonicenses, que por propia voluntad y con mucha instancia habían proseguido esta obra de limosna, quiere mostrar también de éstos que esta buena obra es suya propia. Por eso dijo: «no sólo en hacer, sino también en querer», y no «comenzasteis», sino «comenzasteis antes, desde el año pasado». A esto, pues, os exhorto, a lo cual ya de antemano os apresurasteis con toda diligencia.

«Y ahora también habéis dado cumplimiento a la obra.» No dijo «la habéis hecho», sino «le habéis puesto término»,

«para que, así como hubo la prontitud en el querer, así también haya el cumplimiento según vuestros medios.» Es decir, que esta buena obra no se detenga en la prontitud, sino que reciba también la recompensa que sigue a las obras.

«Porque si hay prontitud, es acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene.»

Ved sabiduría inefable. Pues, habiendo señalado a los que obraban por encima de sus fuerzas, esto es, los tesalonicenses, y habiéndolos alabado por ello y dicho: «doy testimonio de que aun por encima de sus fuerzas», exhorta a los corintios a obrar sólo según sus fuerzas, dejando que el ejemplo haga su propio efecto; porque sabía que no tanto la exhortación cuanto la emulación incita a imitar lo semejante. Por eso dice: «Porque si hay prontitud, es acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene.»

«No temáis —quiere decir— por lo que he dicho, pues lo que dije era un elogio de la munificencia de aquéllos; pero Dios exige las cosas según las fuerzas de cada uno», según lo que tiene, no según lo que no tiene. Porque la palabra «acepta» significa aquí «es exigido». Y lo suaviza mucho, confiando en este ejemplo y ganándolos con mayor seguridad al dejarlos en libertad. Por lo cual también añadió:

«Pues no lo digo para que otros tengan alivio y vosotros apuro.» Y sin embargo Cristo alabó la conducta contraria en el caso de la viuda, que dio todo cuanto tenía para vivir y ofreció de su indigencia. Pero como hablaba a los corintios, entre los cuales prefirió padecer hambre —pues «mejor me fuera morir, antes que alguien haga vana mi gloria»—, por eso usa una exhortación moderada, alabando ciertamente a los que habían obrado por encima de sus fuerzas, mas sin obligar a éstos a hacerlo; no porque no lo deseara, sino porque eran algo débiles. Pues ¿por qué alaba a aquéllos, porque en medio de mucha prueba de tribulación la abundancia de su gozo y su profunda pobreza se desbordaron en riquezas de su generosidad, y porque dieron por encima de sus fuerzas? ¿No es del todo evidente que es para inducir también a éstos a la misma conducta? De suerte que, aun cuando parece permitir una medida menor, lo hace para elevarlos por ella a la mayor. Considerad, por ejemplo, cómo aun en lo que sigue prepara veladamente el camino para esto. Pues, dicho esto, añadió:

«Que vuestra abundancia supla su indigencia.»

No sólo con las palabras que antes empleó, sino también con éstas, quiere hacer ligero el precepto. Y no sólo por esta consideración, sino también por la de la recompensa, de nuevo lo hace más fácil, y dice cosas más altas de lo que merecen, al afirmar: «para que haya igualdad en el tiempo presente, y su abundancia supla vuestra indigencia». ¿Qué es lo que dice? «Vosotros abundáis en dinero; ellos, en vida y en confianza ante Dios. Dadles, pues, del dinero en que abundáis y del que ellos carecen, para que recibáis de aquella confianza en que ellos son ricos y vosotros pobres.» Ved cómo veladamente ha preparado el que den por encima de sus fuerzas y de su indigencia. «Pues —dice—, si deseáis recibir de su abundancia, dad de vuestra abundancia; pero si queréis ganar el todo para vosotros, daréis de vuestra indigencia y por encima de vuestras fuerzas.» No lo dice, sin embargo, sino que lo deja al raciocinio de sus oyentes; y él, entretanto, lleva a cabo su intento y la exhortación conveniente, añadiendo, conforme a lo que parecía, las palabras «para que haya igualdad en el tiempo presente». ¿Cómo igualdad? Dándoos mutuamente vosotros y ellos vuestra sobreabundancia y colmando vuestras carencias. Y ¿qué clase de igualdad es ésta, dar bienes espirituales por carnales? Pues grande es la ventaja de aquel lado; ¿cómo, pues, la llama igualdad? O bien dice que esta igualdad se realiza en cuanto cada uno abunda y carece, o bien sólo respecto de la vida presente. Y por eso, después de decir «igualdad», añadió «en el tiempo presente». Esto lo dijo tanto para abatir la altivez de los ricos, cuanto para mostrar que, después de nuestra partida de aquí, los espirituales poseen la mayor ventaja. Porque aquí, en verdad, todos gozamos de mucha igualdad de honor; pero entonces habrá una gran distinción y una superioridad grandísima, cuando los justos brillen más que el sol. Luego, habiendo mostrado que ellos no sólo habían de dar, sino también de recibir, y más en retorno, intenta con otra consideración hacerlos diligentes, mostrando que, si no daban de su hacienda a otros, nada ganarían recogiéndolo todo dentro. Y aduce una antigua historia, diciendo así:

«Como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo de más; y el que poco, no tuvo de menos.» Esto sucedió en el caso del maná; porque tanto los que recogían más como los que recogían menos, se hallaban con la misma cantidad, castigando Dios de este modo la insaciabilidad. Y esto lo dijo a la vez para atemorizarlos con lo que entonces ocurrió y para persuadirlos de que nunca deseen tener más ni se aflijan por tener menos. Y esto puede verse suceder también ahora en las cosas de esta vida, y no sólo en el maná; porque si todos llenamos un solo vientre, y vivimos el mismo tiempo, y vestimos un solo cuerpo, ni el rico ganará nada con su abundancia, ni el pobre perderá nada con su pobreza.

Homilía 17 sobre 2 Corintios, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org

Evangelio (Luc. 12, 35-40)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Sint lumbi vestri præcíncti, et lucernæ ardéntes in mánibus vestris, et vos símiles homínibus exspectántibus dóminum suum, quando revertátur a núptiis: ut, cum vénerit et pulsáverit, conféstim apériant ei. Beáti servi illi, quos, cum vénerit dóminus, invénerit vigilántes: amen, dico vobis, quod præcínget se, et fáciet illos discúmbere, et tránsiens ministrábit illis. Et si vénerit in secúnda vigília, et si in tértia vigília vénerit, et ita invénerit, beáti sunt servi illi. Hoc autem scitóte, quóniam, si sciret paterfamílias, qua hora fur veníret, vigiláret útique, et non síneret pérfodi domum suam. Et vos estóte paráti, quia, qua hora non putátis, Fílius hóminis véniet.

Estad con vuestras ropas ceñidas a la cintura, y tened en vuestras manos las luces ya encendidas. Sed semejantes a los criados que aguardan a su amo cuando vuelve de las bodas, a fin de abrirle prontamente, luego que llegue, y llame a la puerta. Dichosos aquellos siervos a los cuales el amo al venir encuentra así velando; en verdad os digo, que recogiéndose él su vestido, los hará sentar a la mesa, y se pondrá a servirles. Y si viene a la segunda vela, o viene a la tercera, y los halla así prontos, dichosos son tales criados. Tened esto por cierto, que si el padre de familia supiera a qué hora había de venir el ladrón, estará ciertamente velando, y ni dejaría que le robasen su casa. Así vosotros estad siempre prevenidos; porque a la hora que menos pensáis vendrá el Hijo del hombre. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Lucas 12, 35-40 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

Teofilato. Después que el Señor estableció a su discípulo en la moderación despojándolo de todo cuidado de la vida y del orgullo, lo induce ahora a servir diciendo: "Tened ceñidos vuestros lomos" -es decir estad siempre dispuestos a imitar a vuestro Dios-. "Y antorchas encendidas", esto es, no viváis entre tinieblas, sino que la luz de la razón os alumbre siempre dándoos a conocer lo que habéis de evitar. Este mundo es una noche, pero tienen ceñidos sus lomos los que llevan una vida práctica o activa. Porque tal es costumbre de los que trabajan, a quienes convienen antorchas ardientes, esto es el don de la discreción, para que puedan conocer en la práctica, no sólo lo que conviene hacer, sino cómo debe hacerse. De otra manera, los hombres caen en el precipicio de la soberbia. Y debe observarse que primero manda ceñir los lomos y después encender las antorchas, porque primero es la acción y después la reflexión, que es la luz del espíritu. Por tanto, estudiemos el modo de ejercer nuestras facultades y entonces tendremos dos antorchas ardientes, a saber: la inhabitación del Espíritu -que nos ilumina brillando en nuestra mente- y la doctrina con la que ilustramos a los demás.

San Máximo, in Cat. graec. Patr. O también nos enseña a tener encendidas las antorchas por la oración, la contemplación y el afecto espiritual.

San Cirilo, in Cat. graec. Patr. O bien el ceñirse los lomos significa la agilidad y prontitud con que debemos sufrir todos los males por el amor de Dios, y la antorcha encendida significa que no debemos permitir el que algunos vivan en las tinieblas de la ignorancia.

San Gregorio, in homil. 13, in Evang. De otro modo: ceñimos nuestros lomos cuando reprimimos la lujuria de la carne por la continencia. Porque la lujuria del hombre se encuentra en sus riñones y la de la mujer en el ombligo, aunque se designa por los riñones a la lujuria, por ser el sexo masculino el principal. Pero como no basta no obrar mal, sino que cada cual debe esforzarse por practicar buenas obras, añade: "Y antorchas encendidas en vuestras manos". Nosotros tenemos las antorchas encendidas en nuestras manos cuando con las buenas obras damos a nuestros prójimos ejemplos brillantes.

San Agustín, De quaest. Evang., lib. 2, cap. 25. O también, nos enseña a tener ceñidos los lomos por la continencia del amor de las cosas terrenas y a tener encendidas las antorchas. Esto es, para que todo ello lo hagamos con buen fin y recta intención.

San Gregorio, in homil. 13, ut sup. Pero aun cuando todo lo hagamos así, falta todavía que pongamos toda nuestra esperanza en la venida de nuestro Redentor. Por esto añade: "Y sed vosotros semejantes a los hombres que esperan a su Señor cuando vuelva de las bodas", etc. El Señor marchó a las bodas, porque cuando subió al cielo, se incorporó el hombre nuevo a la multitud de los ángeles.

Teofilato. Todos los días desposa en los cielos las almas de los santos, las que San Pablo u otro santo le ofrece como una casta virgen. Y vuelve de las bodas celebradas en los cielos, quizás de una manera universal, cuando al fin del mundo venga del cielo en la gloria del Padre, o quizás particularmente, apareciendo de repente en la hora de la muerte de cada uno de nosotros.

San Cirilo, ubi sup. Considera también que vuelve de las bodas como de una solemnidad en la que siempre existe la divinidad, porque nada puede causar tristeza a su naturaleza incorruptible.

San Gregorio Niceno, in Cat. graec. Patr., ex illius orat., vel. hom. 11, in cant. O de otro modo: terminadas las bodas y habiéndose desposado con la Iglesia y admitiéndola en el tálamo de sus misterios, se regocijarán los ángeles por la vuelta del rey a su natural beatitud. Con ellos conviene que esté conforme nuestra vida, porque así como ellos, exentos de malicia, están siempre preparados a celebrar el regreso de su Señor, así nosotros, vigilando a su puerta, debemos estar prontos a obedecer cuando venga llamando. Sigue pues: "Para que cuando viniere y llamare a la puerta luego le abran".

San Gregorio, in Evang hom, 13. Viene cuando nos llama a juicio, pero llama cuando da a conocer por la fuerza de la enfermedad que la muerte está próxima. Y le abrimos inmediatamente si lo recibimos con amor. No quiere abrir al juez que llama el que teme la muerte del cuerpo y se horroriza de ver a aquel juez a quien se acuerda que despreció. Pero aquel que está seguro por su esperanza y buenas obras, abre inmediatamente al que llama porque cuando conoce que se aproxima el tiempo de la muerte, se alegra por la gloria del premio. Por esto añade: "Bienaventurados aquellos siervos, que hallare velando el Señor, cuando viniere". Vigila aquel que tiene los ojos de su inteligencia abiertos al aspecto de la luz verdadera, el que obra conforme a lo que cree y el que rechaza de sí las tinieblas de la pereza y de la negligencia.

San Gregorio Niceno, ubi sup. Por esta vigilancia que, como queda dicho, nos mandó tener el Señor, dice que ciñamos nuestros lomos, teniendo encendidas las antorchas. Porque la luz puesta delante de nuestra vista rechaza el sueño, y cuando nuestros lomos están ceñidos con un cíngulo nuestro cuerpo no se duerme fácilmente. Porque el que está ceñido por la castidad e ilustrado por una conciencia limpia, vela siempre.

San Cirilo, ubi sup. Así pues, cuando venga el Señor y encuentre a los suyos despiertos y ceñidos, teniendo la luz en su corazón, entonces los llamará bienaventurados. Prosigue pues: "En verdad os digo que se ceñirá". En lo que comprendemos que nos retribuirá con lo mismo, porque se ceñirá El mismo con los que están ceñidos.

Orígenes, in Cat. graec. Patr. Estará ceñido por la justicia alrededor de sus lomos, según lo que dijo Isaías ( Is 11).

San Gregorio, ut sup. Se ciñe por la justicia, es decir, se prepara para la retribución.

Teofilato. O también: Se ceñirá en el sentido de que no dispensará toda la abundancia de sus bienes, sino que la retendrá en una cierta medida. Porque, ¿quién puede recibir a Dios en toda su grandeza? Por esto se dice que los mismos serafines velan sus rostros a causa de la excelencia del resplandor divino ( Is 6). Prosigue: "Y los hará sentar a la mesa", etc. Así como el que se sienta hace descansar todo su cuerpo, así a su futura venida los santos descansarán totalmente. Aquí no tuvieron descanso corporal, pero allí, hechos sus cuerpos espirituales e incorruptibles, gozarán con sus almas de eterno descanso.

San Cirilo, ubi sup. Hará que se sienten como queriendo desahogarlos del cansancio, ofreciéndoles satisfacciones espirituales y poniéndoles delante la mesa espléndida (u opípara) de sus dones.

San Dionisio, in epist. 9 ad Titum. Por el acto de sentarse creen algunos que debe entenderse el descanso de muchos trabajos, la vida sin molestias y el trato con Dios en la claridad y en la región de los vivos, cumplido con todo santo afecto y abundante donación de todas sus gracias, lo cual será el complemento de la alegría. Esto es lo que Jesús hará con los que haga sentarse, dándoles el descanso eterno y distribuyéndoles multitud de beneficios. Por esto sigue: "Y pasando los servirá".

Teofilato. Lo mismo hará cuando vuelva; porque así como ellos lo sirvieron, El los servirá.

San Gregorio, , in Evang hom. 13, ut sup. Se dice que pasando cuando vuelva del juicio a su reino. O bien, el Señor pasa a nosotros después del juicio porque nos eleva de la forma de la humanidad a la contemplación de su divinidad.

San Cirilo, ut sup. El Señor conoce, pues, la fragilidad humana para caer en el pecado. Pero como es bueno, no nos deja desesperar, sino que más bien se compadece y nos da la penitencia como remedio saludable. Por tanto añade: "Y si viniese en la segunda vela", etc. Los que velan en las murallas de las ciudades dividen, pues, en tres o cuatro vigilias la noche para que observen las acometidas de los enemigos.

San Gregorio, in homil. 13, ut sup. La primera vela es el primer tiempo de nuestra vida, esto es, la infancia. La segunda, la adolescencia o la juventud. La tercera, la ancianidad. Por tanto, el que no quiso vigilar en la primera vela, vigile en la segunda y el que no quiso vigilar en la segunda, no pierda el remedio de la tercera, para que aquellos que no se hayan convertido en la infancia se conviertan al menos en la juventud o en la ancianidad.

San Cirilo, ubi sup. No hace mención de la primera vigilia porque la niñez no es castigada por Dios, sino que merece perdón. Pero la segunda y la tercera edad deben obedecer a Dios y llevar una vida honesta para complacerlo.

Griego, id est, Servus Antiochenus, in Cat. graec. Patr. O bien pertenecen a la primera vigilia los que por su virtuosa vida han llegado al primer rango, a la segunda los que no son tan virtuosos y a la tercera los inferiores a éstos. Lo mismo debe pensarse de la cuarta y de la quinta, si la hubiera, porque son diversos los grados de la virtud y el buen remunerador mide a cada uno la recompensa que merece.

Teofilato. O bien, porque las vigilias son las horas de la noche que provocan el sueño, hemos de entender también que en nuestras vidas hay algunas horas que nos hacen bienaventurados si se nos halla vigilantes. ¿Te ha quitado alguno lo que es tuyo? ¿Se te han muerto tus hijos? ¿Has sido acusado? Pues si en todas estas ocasiones no haces nada en contra de lo que Dios tiene mandado, te encontrará despierto en la segunda y en la tercera vigilia, es decir en el tiempo de la desgracia que sume a las almas débiles en un sueño pernicioso.

San Gregorio, in homil. 13, ut sup. Para sacudir la pereza de nuestro espíritu, el Señor también nos da a conocer los daños exteriores con una comparación. Por esto añade: "Mas esto sabed, que si el padre de familia supiere la hora en que vendría el ladrón", etc.

Teofilato. Algunos creen que este ladrón es el diablo, la casa el alma y el padre de familia el hombre, pero esta opinión no parece conforme con lo que sigue. La venida del Señor se compara con este ladrón porque viene cuando menos se espera, según lo que dice el Apóstol ( 1Tes 5,2): "El día del Señor vendrá como el ladrón en la noche". Por esto se añade aquí: "Vosotros, pues, estad apercibidos, porque a la hora que no pensáis", etc.

San Gregorio, in Evang hom. 13. No sabiéndolo el padre de familia, el ladrón entra en la casa. Porque mientras el espíritu duerme abandonando la custodia, llega la muerte de manera imprevista e irrumpe en nuestro interior. Resistiría al ladrón si estuviese despierta. Porque precaviendo la venida del juez, que en secreto arrebata el alma, le saldría al encuentro con el arrepentimiento para no sucumbir impenitente. Quiso el Señor, por tanto, que nos fuese desconocida la última hora, para que no pudiendo preverla, estemos siempre preparándonos para ella.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena