viernes, 2 de junio de 2017
Santos Marcelino y Pedro, Mártires
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Rom. 8, 18-23)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Romános Fratres: Exístimo, quod non sunt condígnæ passiónes hujus témporis ad futúram glóriam, quæ revelábitur in nobis. Nam exspectátio creatúræ revelatiónem filiórum Dei exspéctat. Vanitáti enim creatúra subjécta est, non volens, sed propter eum, qui subjécit eam in spe: quia et ipsa creatúra liberábitur a servitúte corruptiónis, in libertátem glóriæ filiórum Dei. Scimus enim, quod omnis creatúra ingemíscit et párturit usque adhuc. Non solum autem illa, sed et nos ipsi primítias spíritus habéntes: et ipsi intra nos gémimus, adoptiónem filiórum Dei exspectántes, redemptiónem córporis nostri: in Christo Jesu, Dómino nostro.
A la verdad yo estoy firmemente persuadido de que los sufrimientos o penas de la vida presente no son de comparar con aquella gloria venidera, que se ha de manifestar en nosotros. Así las criaturas todas están aguardando con gran ansia la manifestación de los hijos de Dios. Porque se ven sujetas a la vanidad, o mudanza, no de grado, sino por causa de aquel que les puso tal sujeción, con la esperanza de que serán también ellas mismas libertadas de esa servidumbre a la corrupción, para participar de la libertad y gloria de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta ahora todas las criaturas están suspirando por dicho día, y como en dolores de parto. Y no solamente ellas, sino también nosotros mismos, que tenemos ya las primicias del Espíritu Santo, nosotros, con todo eso, suspiramos de lo íntimo del corazón, aguardando el efecto de la adopción de los hijos de Dios, esto es, la redención de nuestro cuerpo. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 14 sobre Romanos — San Juan Crisóstomo
Vers. 18. Los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de compararse con la gloria que ha de manifestarse en nosotros.
En lo que antecede exige del hombre espiritual la corrección de sus costumbres, cuando dice: No sois deudores para vivir según la carne; de suerte que se sobreponga, por ejemplo, a la concupiscencia, a la ira, al dinero, a la vanagloria, a la envidia. Mas aquí, habiéndoles recordado la totalidad del don, así el ya concedido como el venidero, y habiéndolo levantado en alto con esperanzas, y colocado junto a Cristo, y mostrado que es coheredero del Unigénito, ahora lo conduce con confianza aun hasta los peligros. Porque vencer a los malos afectos que hay en nosotros no es lo mismo que soportar aquellas pruebas: azotes, hambre, despojos, prisiones, cadenas, suplicios; pues esto último requería mucho más de un ánimo noble y esforzado. Y observad cómo a la vez sosiega y estimula el ánimo de los combatientes. Pues después de haber mostrado que los premios eran mayores que los trabajos, los exhorta a mayores esfuerzos, y con todo no permite que se engrían, por quedar aún superados por las coronas que se les dan en recompensa. Y en otro lugar dice: Porque nuestra tribulación, que es momentánea y leve, obra en nosotros un peso eterno de gloria por encima de toda medida; y es que allí hablaba a personas de más hondura. Aquí, en cambio, no concede que las aflicciones fuesen leves; pero aun así mezcla con ellas el consuelo por la compensación que aportan los bienes venideros, con estas palabras: Porque tengo por cierto que los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de compararse; y no dice: con el descanso venidero, sino algo mucho mayor: con la gloria venidera. Porque no se sigue que donde hay descanso haya gloria; pero que donde hay gloria hay descanso, sí se sigue. Luego, habiendo dicho que es venidera, muestra que ya existe; pues no dice: la que ha de ser, sino: la que se manifestará en nosotros, como si ya existiese, aunque no manifestada. Como también en otro lugar dijo con palabras más claras: Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Tened, pues, buen ánimo acerca de ella, porque ya está preparada y aguarda a vuestros trabajos. Y si os aflige que sea todavía venidera, más bien alegraos por esto mismo; pues por ser grande e inefable, y por sobrepujar nuestra condición presente, está allí reservada. Y así no puso a secas los sufrimientos del tiempo presente, sino que habla de modo que muestra que no sólo en la cualidad, sino también en la cantidad, lleva ventaja la otra vida. Pues estos sufrimientos, cualesquiera que sean, van unidos a nuestra vida presente; mas los bienes venideros se extienden por siglos sin fin. Y como no tenía manera de describirlos en particular ni de ponerlos ante nosotros con palabras, les da un nombre tomado de lo que parece ser entre nosotros objeto especial de deseo: la gloria; porque ésta parece ser la cima y la suma de los bienes. Y para mover al oyente también de otro modo, da elevación a su discurso con la mención de la creación, ganando con lo que a continuación dice dos cosas: el desprecio de lo presente y el deseo de lo venidero; y una tercera además, o más bien la primera: mostrar cuánto cuida Dios del linaje humano y en cuánto honor tiene nuestra naturaleza. Y a más de esto, todas las doctrinas de los filósofos, que se habían forjado acerca de este mundo como una especie de telaraña o montoncillo de niños, las derriba con esta sola doctrina. Mas para que esto quede en más clara luz, oigamos las mismas palabras del Apóstol.
Vers. 19, 20. Porque la ardiente expectación de la criatura —dice— aguarda la manifestación de los hijos de Dios. Porque la criatura fue sometida a la vanidad, no de grado, sino por razón de aquel que la sometió, en esperanza.
Y el sentido es algo de este género. La criatura misma está en medio de sus dolores de parto, aguardando y esperando estos bienes de que acabamos de hablar. Porque «ardiente expectación» significa esperar intensamente. Y así su discurso se hace más enfático, y personifica a todo este mundo, como también lo hacen los profetas cuando introducen a los ríos batiendo las manos, y a los collados saltando, y a los montes brincando; no para que los imaginemos vivos ni les atribuyamos facultad alguna de razón, sino para que aprendamos la grandeza de los bienes, tan grandes que alcanzan aun a las cosas privadas de sentido. Lo mismo hacen muchas veces también en las cosas aflictivas, pues introducen a la vid lamentándose, y al vino, y a los montes, y a los artesonados del Templo aullando; y también en tal caso es para que comprendamos el colmo de los males. A imitación, pues, de éstos, hace aquí el Apóstol de la criatura una persona viva, y dice que gime y está de parto; no porque él oyese gemido alguno que le llegase de la tierra y del cielo, sino para mostrar la sobresaliente grandeza de los bienes venideros y el deseo de verse libre de los males que ahora las invadían. Porque la criatura fue sometida a la vanidad, no de grado, sino por razón de aquel que la sometió. ¿Qué significa que la criatura fue sometida a la vanidad? Que se hizo corruptible. ¿Por qué causa y por qué motivo? Por causa de ti, oh hombre. Pues como tú has tomado un cuerpo mortal y sujeto a padecer, también la tierra recibió maldición y produjo espinas y abrojos. Mas que el cielo, cuando haya envejecido juntamente con la tierra, ha de mudarse después en mejor suerte, óyelo del Profeta cuando dice: Tú, Señor, al principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos envejecerán como un vestido, y como un manto los enrollarás, y serán mudados. También Isaías declara lo mismo cuando dice: Alzad los ojos al cielo arriba, y mirad la tierra abajo; porque los cielos serán como firmamento de humo, y la tierra envejecerá como un vestido, y del mismo modo perecerán los que en ella habitan. Ahora veis en qué sentido está la criatura sometida a servidumbre de la vanidad, y cómo ha de ser librada de su estado de ruina. Pues el uno dice: Como un vestido los enrollarás, y serán mudados; e Isaías dice: y del mismo modo perecerán los que en ella habitan, no queriendo decir, por cierto, un perecer del todo. Porque tampoco los que en ella habitan, es decir, los hombres, sufren tal cosa, sino un perecer temporal, y por él son mudados a un estado incorruptible; y así, por tanto, lo será también la criatura. Y todo esto lo mostró de paso, con aquel decir del mismo modo, que Pablo dice también más adelante. Por ahora, sin embargo, habla de la servidumbre misma, y muestra por qué razón vino a ser tal, y nos señala a nosotros mismos como causa de ello. ¿Qué, pues? ¿Fue maltratada por cuenta de otro? De ningún modo, porque por causa mía fue hecha. ¿Qué agravio, pues, se le hace a la que fue hecha por mí, cuando padece estas cosas para corrección mía? Aunque, a la verdad, no hay necesidad alguna de suscitar la cuestión de agravio o de derecho tratándose de cosas privadas de alma y de sentimiento. Pero Pablo, como había hecho de ella una persona viva, no se vale de ninguno de estos argumentos que he mencionado, sino de otro género de lenguaje, por querer consolar al oyente con la mayor ventaja. ¿Y de qué género es éste? ¿Qué tienes que decir? —quiere decir—. Fue maltratada por causa tuya y se hizo corruptible; y con todo, no se le ha hecho agravio alguno, porque incorruptible será otra vez por causa tuya. Éste es, pues, el sentido de «en esperanza». Mas cuando dice que no de grado fue sometida, no lo dice para mostrar que esté dotada de juicio, sino para que aprendas que el todo se realiza por el cuidado de Cristo, y que esto no es logro suyo propio. Y decid ahora: ¿en qué esperanza?
Vers. 21. Que también la criatura misma será librada de la servidumbre de la corrupción.
Ahora bien, ¿cuál es esta criatura? No tú solo, sino también aquello que te es inferior y no participa de razón ni de sentido; también esto será partícipe de tus bienes. Pues será librada —dice— de la servidumbre de la corrupción, esto es, ya no será corruptible, sino que acompañará a la hermosura dada a tu cuerpo; así como cuando éste se hizo corruptible, aquélla se hizo también corruptible, así ahora, hecho éste incorruptible, aquélla lo seguirá igualmente. Y para mostrarlo prosigue: A la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Es decir, a causa de la libertad de ellos. Porque, como una nodriza que cría al hijo de un rey, cuando éste ha llegado al poder de su padre, goza ella misma de los bienes juntamente con él, así también es la criatura, quiere decir. Veis cómo en todo lleva el hombre la delantera, y cómo por causa suya han sido hechas todas las cosas. Ved cómo consuela al que lucha, y muestra el amor inefable de Dios hacia el hombre. Pues ¿por qué —diría— te angustias con tus tentaciones? Tú padeces por ti mismo, la criatura por ti. Y no sólo consuela, sino que también muestra ser digno de fe lo que dice. Porque si la criatura, que fue hecha enteramente por ti, está en esperanza, mucho más debes estarlo tú, por quien la criatura ha de llegar al goce de aquellos bienes. Así también los hombres, cuando un hijo ha de presentarse al llegar a una dignidad, revisten aun a los siervos con vestido más brillante, para gloria del hijo; así también Dios revestirá a la criatura de incorrupción para la libertad gloriosa de los hijos.
Vers. 22. Porque sabemos que toda la creación gime y está de parto hasta ahora.
Observad cómo avergüenza al oyente, diciendo casi: No seas tú peor que la creación, ni halles complacencia en descansar en las cosas presentes. No sólo no debemos apegarnos a ellas, sino aun gemir por la tardanza de nuestra partida de aquí. Porque si la creación hace esto, mucho más debes hacerlo tú, honrado como estás con la razón. Mas como esto no bastaba todavía para forzar su atención, prosigue.
Vers. 23. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos dentro de nosotros.
Es decir, habiendo gustado ya de los bienes venideros. Porque, aunque alguno fuese del todo duro como la piedra, lo que ya se ha dado —quiere decir— basta para levantarlo, apartarlo de las cosas presentes y darle alas hacia las venideras por dos caminos: por la grandeza de lo que se le ha dado, y por ser esto, con ser grande y abundante, no más que primicias. Pues si las primicias son tan grandes que por ellas quedamos libres aun de nuestros pecados, y alcanzamos la justicia y la santificación, y los de aquel tiempo tanto expulsaban demonios como resucitaban muertos con su sombra o con sus vestidos, considerad cuán grande ha de ser el todo. Y si la creación, privada como está de mente y de razón, y aun ignorando estas cosas, con todo gime, mucho más debemos gemir nosotros. Luego, para no dar asidero a los herejes ni parecer que menosprecia nuestro mundo presente, gemimos —dice— no como quien reprende el orden presente, sino por el deseo de aquellos bienes mayores. Y esto lo muestra con las palabras: Aguardando la adopción. ¿Qué dices? Óigalo yo. A cada paso lo afirmabas y clamabas a voces que ya habíamos sido hechos hijos, ¿y ahora pones este bien entre las esperanzas, escribiendo que hemos de aguardarlo? Pues bien, para corregir esto con lo que sigue añade: a saber, la redención de nuestro cuerpo. Esto es, la gloria perfecta. Porque nuestra suerte es en verdad incierta al presente hasta el último aliento, pues muchos de nosotros, que éramos hijos, hemos venido a ser perros y cautivos. Mas si partimos de esta vida con buena esperanza, entonces el don es inconmovible, y más claro, y mayor, sin tener ya que temer mudanza alguna de parte de la muerte y del pecado. Entonces, por tanto, será segura la gracia, cuando nuestro cuerpo sea librado de la muerte y de sus innumerables dolencias. Porque ésta es la plena redención: no una redención cualquiera, sino tal que nunca jamás volveremos a nuestra antigua cautividad. Pues, para que no te turbes al oír hablar tanto de la gloria sin alcanzar de ella conocimiento distinto, te expone en parte a la vista los bienes venideros, poniéndote delante la transformación de tu cuerpo, y con ella la transformación de toda la creación. Y esto lo ha puesto en más clara luz en otro pasaje, donde dice: El cual transformará nuestro cuerpo vil, para hacerlo conforme a su Cuerpo glorioso. Y en otro lugar escribe también y dice: Mas cuando este mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida ha sido la muerte en la victoria. Y para mostrar que, con la corrupción del cuerpo, tendrá también fin la constitución de las cosas de esta vida, escribió asimismo en otra parte: Porque la figura de este mundo pasa.
Homilía 14 sobre Romanos, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Luc. 21, 9-19)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Cum audiéritis prǽlia et seditiónes, nolíte terréri: opórtet primum hæc fíeri, sed nondum statim finis. Tunc dicébat illis: Surget gens contra gentem, et regnum advérsus regnum. Et terræmótus magni erunt per loca, et pestiléntiæ, et fames, terrorésque de coelo, et signa magna erunt. Sed ante hæc ómnia injícient vobis manus suas, et persequéntur tradéntes in synagógas et custódias, trahéntes ad reges et praesides propter nomen meum: contínget autem vobis in testimónium. Pónite ergo in córdibus vestris non præmeditári, quemádmodum respondeátis. Ego enim dabo vobis os et sapiéntiam, cui non potérunt resístere et contradícere omnes adversárii vestri. Tradémini autem a paréntibus, et frátribus, et cognátis, et amícis, et morte affícient ex vobis: et éritis ódio ómnibus propter nomen meum: et capíllus de cápite vestro non períbit. In patiéntia vestra possidébitis ánimas vestras.
Antes cuando sintieres rumor de guerras y sediciones, no queráis alarmaros; es verdad que primero han de acaecer estas cosas, mas no por eso será luego el fin. Entonces añadió él: Se levantará un pueblo contra otro pueblo, y un reino contra otro reino. Y habrá grandes terremotos en varias partes, y pestilencias, y hambres, y aparecerán en el cielo cosas espantosas y prodigios extraordinarios. Pero antes que sucedan todas estas cosas se apoderarán de vosotros, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas, y meterán en las cárceles, y os llevarán por fuerza a los reyes y gobernadores, por causa de mi nombre, lo cual os servirá de ocasión para dar testimonio. Por consiguiente, imprimid en vuestros corazones la máxima de que no debéis discurrir de antemano cómo habéis de responder. Pues yo pondré las palabras en vuestra boca, y una sabiduría a que no podrán resistir, ni contradecir todos vuestros enemigos. Y seréis entregados por vuestros mismos padres, y hermanos, y parientes, y amigos, y harán morir a muchos de vosotros; de suerte que seréis odiados de todo el mundo por amor de mí: No obstante, ni un cabello de vuestra cabeza se perderá. Mediante vuestra paciencia salvaréis vuestras almas. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Lucas 21, 9-19 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Gregorio, in evang. hom. 35. El Señor dice los males que habrán de ocurrir antes del fin del mundo para que, anunciados así, se inquieten menos los hombres en lo futuro. Hieren menos las flechas que se previenen. Por esto dice: "Y cuando oyereis guerras y sediciones", etc. Las guerras son propias de los enemigos, y las sediciones de los ciudadanos, para que sepamos, pues, que seremos turbados exterior e interiormente, dice que tendremos que sufrir de nuestros enemigos y de nuestros hermanos.
San Ambrosio. Ninguno puede ser testigo de estas palabras divinas como nosotros que vemos el fin del mundo. ¿Cuántas guerras y cuántos anuncios de guerras hemos oído?
San Gregorio, ut sup. Pero como a estos males no ha de seguir inmediatamente el fin, añade: "Porque es necesario que esto acontezca primero, mas no será luego el fin", etc. La última tribulación será precedida de otras muchas, porque deben preceder muchos males que puedan anunciar el mal sin fin. Por esto sigue: "Entonces les decía: Se levantarán pueblos contra pueblos", etc. Porque es necesario que suframos muchas cosas, unas del cielo, otras de la tierra, otras de los elementos y otras de los hombres. Aquí, pues, se da a conocer la perturbación de los hombres. Sigue: "Y habrá grandes terremotos en muchos lugares", señales de la cólera del cielo".
Crisóstomo, hom. 11, in Acta. Los terremotos son algunas veces indicios de ira, pues cuando fue crucificado el Señor la tierra tembló. Otras veces indican gracia, como sucedió que estando los apóstoles en oración, tembló el lugar en que estaban reunidos. Sigue pues: "Y pestilencia".
San Gregorio, ut sup. He aquí la desigualdad de los cuerpos; "Y hambre", he aquí la esterilidad de la tierra; "Y habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo", he aquí el desequilibrio de la atmósfera. Deben referirse estas calamidades a las cosas que no guardan el orden de los tiempos; porque lo que sucede con orden no es señal. Todo lo que recibimos para las necesidades de la vida lo convertimos en elemento de culpas; y todo lo que consagramos a la práctica del pecado se nos convertirá en motivo de castigo.
San Ambrosio. Varias desgracias del mundo habrán de preceder a la destrucción de la tierra, esto es, el hambre, la peste y la guerra.
Teofiactus. Dicen algunos que todo esto no sólo habrá de suceder al fin del mundo, sino que creen que ya se cumplió en la toma de Jerusalén. Una vez muerto el autor de la paz, debían estallar muchas revoluciones y guerras entre los judíos. Después de las guerras vienen la peste y el hambre; la primera porque todos los cadáveres infectan la atmósfera, y la última porque quedan sin cultivo los campos. Josefo dice que vendrán males intolerables por el hambre; y en tiempo del emperador Claudio hubo una gran hambre, como se lee en los Hechos apostólicos, y sucedieron cosas muy terribles que anunciaron la toma de Jerusalén, como refiere Josefo.
Crisóstomo. Dice también que no sucederá en seguida el fin de la ciudad (esto es, la toma de Jerusalén), sino después de muchas batallas.
Beda, super Cum, audieritis. Advierte luego a los apóstoles que no se espanten por estas cosas y que no abandonen Jerusalén ni Judea. Un reino contra otro, y las pestes (de aquellos cuya palabra se extiende como un cáncer) y el hambre de escuchar la palabra de Dios, y el estremecimiento de toda la tierra, pueden entenderse de los que se separan de la verdadera fe, como los herejes, que peleando entre sí hacen el triunfo de la Iglesia.
San Ambrosio. Hay también otras batallas que sostiene el hombre cristiano, a saber: las luchas de las pasiones y de los deseos; porque son mucho más terribles los enemigos domésticos que los extraños.
San Gregorio, ut sup. Como todo lo que va dicho no procede de la injusticia del que castiga sino de la culpa del mundo que lo sufre, se anuncian los hechos de los hombres malvados cuando dice: "Mas antes de todo esto os prenderán, entregándoos a las sinagogas", etc. Como diciendo: los corazones de los hombres se turbarán primero, y después los elementos; para que cuando se trastorne el orden de las cosas, se sepa de dónde viene esta tribulación. Porque aun cuando el fin del mundo dependa del orden establecido, sin embargo, como encontrará hombres más perversos, nos muestra que serán envueltos justamente bajo sus ruinas.
San Cirilo. O bien habla así porque, antes que Jerusalén fuese tomada por los romanos, los discípulos del Señor, perseguidos por los judíos, fueron encarcelados y presentados a los príncipes. San Pablo fue enviado a Roma ante el César y compareció delante de Festo y Agripa.
San Cirilo. Prosigue: "Y esto os acontecerá en testimonio".
Griego. Dice martirio, esto es, la gloria del mártir.
San Gregorio, ut sup. También puede decirse en testimonio (esto es, de aquéllos) porque persiguiéndoos os hacen morir; porque no han imitado vuestra vida; porque se han hecho perversos y se han perdido sin excusa alguna, por lo que los escogidos toman ejemplo para vivir. Pero oyendo todas estas desgracias podían turbarse los corazones de los oyentes; por lo que añade para consuelo suyo: "Tened, pues, fijo en vuestros corazones no pensar antes cómo habréis de responder".
Teofilacto. Como eran incultos e ignorantes, el Señor les dijo esto para que no se turbasen dando la razón a los sabios, y añade la causa: "Porque yo os daré palabra y saber, al que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios". Como diciendo: Inmediatamente recibiréis de mí la elocuencia y la sabiduría, de tal modo que todos vuestros contrarios aun cuando se pongan de acuerdo no podrán resistiros; ni en sabiduría (esto es, por la fuerza de vuestras razones), ni en elocuencia y elegancia de palabra. Porque con frecuencia se encuentran muchos que tienen inteligencia, pero como se turban fácilmente, todo lo confunden cuando llega el momento de hablar. No fueron así los apóstoles, porque tuvieron elocuencia y gracia.
San Gregorio, ut sup. Como si el Señor dijera a sus discípulos: "No os atemoricéis: Vosotros vais a la pelea, pero yo soy quien peleo. Vosotros sois los que pronunciáis palabras, pero yo soy el que hablo".
San Ambrosio. En unos lugares habla Jesucristo por sus discípulos (como aquí); en otro lugar el Padre ( Mt 16), y en otro el Espíritu del Padre ( Mt 10). Todos estos pasajes no sólo no se diferencian, sino que convienen entre sí, lo que dice uno lo dicen los tres porque es una la voz de la Trinidad.
Teofiactus. Habiendo hablado así para calmar el temor de su ignorancia, les anunció otro mal que podía turbar sus ánimos si les cogía de improviso. Prosigue, pues: "Y seréis entregados por vuestros padres, vuestros hermanos y parientes, y harán morir a algunos de vosotros".
San Gregorio, ut sup. Los tormentos más crueles para nosotros son los que nos causan las personas más queridas, porque además del dolor del cuerpo sentimos el del cariño perdido.
San Gregorio Niceno. Consideremos el estado de las cosas en este tiempo. Todos eran sospechosos los unos para los otros; los parientes estaban divididos por la religión; el hijo infiel delataba a sus padres por su fe, y el padre, obstinado en la infidelidad, se hacía acusador del hijo fiel. Toda edad estaba expuesta a los perseguidores de la fe, y ni a las mujeres preservaba la debilidad natural de su sexo.
Teofilacto. Habiendo dicho esto, añadió lo que habían de sufrir por el odio de los hombres. Sigue, pues: "Y os aborrecerán todos por mi nombre", etc.
San Gregorio, ut sup. Pero como es muy duro todo lo que dice acerca de la muerte, añade en seguida el consuelo de la alegría de la resurrección, diciendo: "Mas no perecerá un cabello de vuestra cabeza". Como si dijese a sus mártires: ¿por qué teméis que perezca lo que no puede ser cortado sin dolor, cuando no puede perecer en vosotros lo que no duele?
Beda. No perecerá un solo cabello de la cabeza de los discípulos del Señor, porque no solamente las grandes acciones y las palabras de los santos, sino el menor de sus pensamientos, será premiado dignamente.
San Gregorio, Moraluim 5,14. El que sufre con paciencia la desgracia se hace fuerte contra todas las adversidades. Por esto dominará venciéndose a sí mismo. Sigue: "Con vuestra paciencia poseeréis vuestras almas". ¿Qué quiere decir poseeréis vuestras almas, sino que viviréis sin tacha en todas las cosas y que podréis dominar todos los movimientos de vuestra alma, una vez colocados sobre el alcázar de vuestra virtud?
San Gregorio, ut sup. Poseemos, pues, nuestras almas por la paciencia, porque cuando se nos dice que podremos dominarnos, empezamos a poseer lo que somos. Por tanto, la posesión del alma consiste en la virtud de la paciencia, porque ésta es la raíz y la defensa de todas las virtudes. La paciencia consiste en tolerar los males ajenos con ánimo tranquilo, y en no tener ningún resentimiento con el que nos lo causa.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena