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jueves, 26 de mayo de 2016

Corpus Christi

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (1 Cor. 11, 23-29)

Léctio Epistolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corinthios Fratres: Ego enim accépi a Dómino quod et trádidi vobis, quóniam Dóminus Jesus, in qua nocte tradebátur, accépit panem, et grátias agens fregit, et dixit: Accípite, et manducáte: hoc est corpus meum, quod pro vobis tradétur: hoc fácite in meam commemoratiónem. Simíliter et cálicem, postquam cenávit, dicens: Hic calix novum Testaméntum est in meo sánguine. Hoc fácite, quotiescúmque bibétis, in meam commemoratiónem. Quotiescúmque enim manducábitis panem hunc et cálicem bibétis, mortem Dómini annuntiábitis, donec véniat. Itaque quicúmque manducáverit panem hunc vel bíberit cálicem Dómini indígne, reus erit córporis et sánguinis Dómini. Probet autem seípsum homo: et sic de pane illo edat et de calice bibat. Qui enim mandúcat et bibit indígne, judícium sibi mandúcat et bibit: non dijúdicans corpus Dómini.

Porque yo aprendí del Señor lo que también os tengo ya enseñado, y es que el Señor Jesús la noche misma en que había de ser traidoramente entregado, tomó el pan, y dando gracias, lo partió, y dijo a sus discípulos: Tomad, y comed, éste es mi cuerpo, que por vosotros será entregado a la muerte; haced esto en memoria mía. Y de la misma manera el cáliz, después de haber cenado, diciendo: Este cáliz es el nuevo testamento en mi sangre; haced esto cuantas veces lo bebiereis, en memoria mía. Pues todas las veces que comiereis este pan y bebiereis este cáliz, anunciaréis la muerte del Señor hasta que venga. De manera que cualquiera que comiere este pan, o bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo será del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, examínese a sí mismo el hombre; y de esta suerte coma de aquel pan, y beba de aquel cáliz. Porque quien lo come y bebe indignamente, se traga y bebe su propia condenación, no habiendo el debido discernimiento del cuerpo del Señor. [Torres Amat]

Comentario patrístico · Homilía 27 + Homilía 28 sobre 1 Corintios — San Juan Crisóstomo

«Porque yo recibí del Señor —dice— lo que también os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que fue entregado, tomó pan».

«Y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad, comed: esto es mi Cuerpo, que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí».

¿Y por qué nos recuerda el tiempo, y aquella tarde, y la traición? No sin razón ni indiferentemente, sino para colmarlos de compunción, aunque no fuese sino por la consideración del tiempo. Porque, aun cuando alguno fuese de piedra, cuando considera aquella noche —cómo estaba Él con sus discípulos, cómo estaba profundamente contristado, cómo fue entregado, cómo fue atado, cómo fue conducido, cómo fue juzgado, cómo padeció por orden todo lo demás—, se vuelve más blando que la cera y es apartado de la tierra y de toda la pompa de este mundo. Por eso nos lleva al recuerdo de todas aquellas cosas, por su tiempo, y por su mesa, y por su traición, avergonzándonos y diciendo: Vuestro Maestro se entregó a Sí mismo por vosotros, y tú ni siquiera compartes un poco de alimento con tu hermano por tu propio bien.

«Asimismo también el cáliz, después de haber cenado, diciendo: Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi Sangre; haced esto, cuantas veces lo bebiereis, en memoria de mí».

Mas ¿qué significa lo que dice: Este cáliz es el Nuevo Testamento? Porque había también un cáliz del Antiguo Testamento: las libaciones y la sangre de los animales. Pues, después de sacrificar, solían recoger la sangre en un cáliz y en una copa, y así la derramaban. Habiendo, pues, introducido, en lugar de la sangre de las bestias, su propia Sangre, para que nadie se turbase al oír esto, les recuerda aquel antiguo sacrificio.

«Porque cuantas veces comiereis este pan y bebiereis este cáliz, anunciaréis la muerte del Señor hasta que venga».

«Por lo cual, cualquiera que comiere este pan y bebiere el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor».

¿Por qué así? Porque la derrama, y hace que la cosa parezca una matanza y ya no un sacrificio. Así como, pues, los que entonces lo traspasaron no lo traspasaron para beber, sino para derramar su sangre, del mismo modo el que se acerca a ella indignamente ningún provecho saca de ello. ¿Veis cómo hace temible su discurso y se levanta vehementísimamente contra ellos, dando a entender que, si de tal modo han de beber, participan indignamente de los santos elementos? Pues ¿cómo puede ser sino indignamente, cuando es aquel que desatiende al hambriento quien, además de despreciarlo, lo avergüenza? Porque si el no dar a los pobres arroja a uno fuera del reino, aunque fuese virgen —o más bien, el no dar con largueza (pues también aquellas vírgenes tenían aceite, sólo que no lo tenían en abundancia)—, considerad cuán grande será el mal de haber cometido tantas impiedades.

«Mas pruébese cada uno a sí mismo»: lo cual dice también en la segunda Epístola: Examinaos a vosotros mismos, probaos a vosotros mismos; no como ahora hacemos, acercándonos por razón del tiempo más que por fervor del alma. Porque no consideramos cómo hemos de acercarnos preparados, purgados de los males que había dentro de nosotros y llenos de compunción, sino cómo hemos de venir en las fiestas y cuando todos lo hacen. Mas no así nos mandó venir Pablo: él no conoce sino un solo tiempo de acceso y de comunión: la pureza de la conciencia del hombre. Pues si aun aquel banquete que perciben los sentidos no puede ser tomado por nosotros, cuando estamos febriles y llenos de malos humores, sin peligro de perecer, mucho más ilícito es tocar esta Mesa con concupiscencias profanas, que son más graves que las fiebres. Y cuando digo concupiscencias profanas, entiendo tanto las del cuerpo como las del dinero, y las de la ira, y las de la malicia, y, en una palabra, todas las que son profanas. Y conviene que el que se acerca se vacíe primero de todas estas cosas, y así toque aquel puro sacrificio. Y ni, si está indolente y de mala gana, ha de ser forzado a acercarse por razón de la fiesta; ni, por el contrario, si está penitente y preparado, ha de impedírsele porque no sea fiesta. Porque la fiesta es una manifestación de buenas obras, y una reverencia del alma, y exactitud de conducta. Y si tenéis estas cosas, en todo tiempo podéis celebrar fiesta y en todo tiempo acercaros. Por eso dice: Mas pruébese cada uno a sí mismo, y entonces acérquese. Y no manda que uno examine a otro, sino cada uno a sí mismo, haciendo el tribunal no público y la convicción sin testigo.

«Porque el que come y bebe indignamente, juicio para sí come y bebe».

¿Qué dices, dime? ¿Esta Mesa, que es causa de tantos bienes y rebosa vida, se ha vuelto juicio? No por su propia naturaleza —dice—, sino por la voluntad del que se acerca. Porque, así como su presencia, que nos trajo aquellos grandes e inefables bienes, condenó más a los que no la recibieron, así también los Misterios se hacen ocasión de mayor castigo para los que participan indignamente.

Mas ¿por qué come juicio para sí? Por no discernir el Cuerpo del Señor: es decir, por no examinar, por no tener en cuenta, como debiera, la grandeza de las cosas que se le proponen; por no estimar el peso del don. Porque si llegases a conocer con exactitud Quién es el que yace ante ti, y Quién es el que se da a Sí mismo, y a quién, no necesitarías otro argumento, sino que esto te bastaría para usar de toda vigilancia; a no ser que estuvieses del todo caído.

Homilía 27 + Homilía 28 sobre 1 Corintios, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org

Evangelio (Joann. 6, 56-59)

Sequéntia sancti Evangéli secúndum Joánnem In illo témpore: Dixit Jesus turbis Judæórum: Caro mea vere est cibus et sanguis meus vere est potus. Qui mandúcat meam carnem et bibit meum sánguinem, in me manet et ego in illo. Sicut misit me vivens Pater, et ego vivo propter Patrem: et qui mandúcat me, et ipse vivet propter me. Hic est panis, qui de cœlo descéndit. Non sicut manducavérunt patres vestri manna, et mórtui sunt. Qui mandúcat hunc panem, vivet in ætérnum.

Quien come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Así como el Padre que me ha enviado vive, y yo vivo por el Padre; así quien me come, también él vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo. No sucederá como a vuestros padres, que comieron el maná, y no obstante murieron. Quien come este pan, vivirá eternamente. Estas cosas las dijo Jesús , enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Juan 6, 56-59 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

Había dicho ya: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna", y para manifestar cuánta diferencia hay entre la comida y bebida material y el sacramento espiritual de su cuerpo y su sangre, añadió: "Porque mi carne verdaderamente es comida", etc.

Y dice esto, o bien para que crean en lo que estaba diciendo y no que era enigma o parábola, sino para que comprendan que conviene en absoluto comer el cuerpo de Jesucristo; o bien quiere decir que es verdadera comida ésta que salva al alma.

Como los hombres desean conseguir mediante la comida y bebida saciar para siempre su hambre y su sed, esto en realidad no lo satisface nada sino esta comida y esta bebida, que hace inmortales e incorruptibles a aquéllos que la reciben; esto es, a la misma sociedad de los santos, en donde se encontrará la paz y unidad plena y perfecta. Por lo tanto, nuestro Señor recomendó su cuerpo y su sangre como cosas que se reducen y refieren a cierta unidad, porque de muchos granos se forma otro cuerpo (esto es, el pan), que es un solo todo y lo mismo sucede respecto del vino, que se forma por la reunión de muchos racimos. Después manifiesta en qué consiste comer su cuerpo y beber su sangre, diciendo: "El que come mi carne, etc., permanece en mí y yo en él". Esto es, pues, comer aquella comida y beber aquella bebida, a saber: permanecer en Cristo y tener a Cristo permaneciendo en sí. Y por esto el que no permanece en Cristo y aquél en quien Cristo no permanece, sin duda alguna ni come su carne ni bebe su sangre, sino que, por el contrario, come y bebe sacramento de tan gran valía para su condenación.

Crisóstomo, ut supra. De otra manera puede explicarse la continuación: como había ofrecido la vida eterna a los que lo comiesen, para confirmarlo, añadió: "El que come mi carne, etc., permanece en mí".

San Agustín De verb. Dom. serm. 11. Y en realidad, muchos que comen aquella carne y beben aquella sangre hipócritamente, se hacen apóstatas. ¿Acaso permanecen en Cristo y Cristo en ellos? Pero hay cierta manera de comer aquella carne y de beber aquella sangre, para que el que la coma y la beba permanezca en Cristo y Cristo en él.

San Agustín De civ. Dei. 21, 25. Esta es el haber recibido el Cuerpo de Cristo no sólo sacramentalmente, sino efectivamente, por estar incorporados en su cuerpo. 1.

Crisóstomo, ut supra. Y como yo vivo, es cosa clara que él también vivirá. Y para probar esto añade: "Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre".

San Agustín De verb. Dom serm. 11. Como diciendo: Yo vivo como el Padre. Y para que no se crea que es ingénito, añadió: "por el Padre", manifestando, aunque veladamente, que el Padre es su principio. Y cuando dice: "Así también el que come, él mismo vivirá por mí", no dice esto sencillamente de la vida, sino de la vida de santidad. Porque viven también los infieles, aunque no comen de aquella carne. Y tampoco dice esto en cuanto a la resurrección general, porque también resucitarán; sino que habla de la vida de la gloria y que tiene recompensa.

San Agustín De verb. Dom serm. 11. Mas no dice: del mismo modo que como al Padre y yo vivo por el Padre, el que me come también vive por mí. Porque el Hijo no se hace mejor porque participa del Padre, mientras que por la participación del Hijo, que es lo que significa aquel acto de comerlo nosotros, nos hacemos mejores, uniendo a nosotros su cuerpo y su sangre. Y si dijo: "Vivo por el Padre", es porque es de la misma esencia y esto se dice sin detrimento de la igualdad. Y sin embargo, diciendo: "El que me come vivirá por mí", no afirma nuestra igualdad respecto de El, sino que muestra la gracia del mediador. Mas, si según esto oímos: "Vivo por el Padre", como aquello que dice en otro lugar, "Y el Padre es mayor que yo" ( Jn 14,28), dijo también: "Como me envió el Padre", lo cual equivale decir: para que yo viva por el Padre, esto es, para que mi vida se refiera a El como a lo más grande, fue hecha mi humillación, la causa que me enviara. Pues para que cada uno viva por mí, ha de participar de mí, comiéndome.

San Hilario De Trin., 1, 8. No queda lugar a duda acerca de la verdad de la carne y la sangre de Jesucristo. Mas ahora, según dice el mismo Dios y nuestra fe nos enseña, es verdadera carne y verdadera sangre. Y ésta es la causa de nuestra vida, porque tenemos a Jesucristo viviendo en nosotros, que somos carnales, por medio de la carne, debiendo vivir también nosotros por medio de El, del mismo modo que El vive por el Padre. Y si nosotros vivimos por El de una manera física, según la carne, esto es, habiendo recibido la naturaleza de la carne, ¿cómo dejará de tener en sí al Padre, en cuanto al espíritu, siendo así que El vive por el Padre? Pero vive por el Padre porque su generación no añadió nada ajeno a su naturaleza.

San Hilario De Trin., 1, 8. Y bajó del cielo para que vivamos comiendo aquel pan los que no podemos obtener la vida eterna por nosotros mismos. Por esto sigue: "Este es el pan que descendió del cielo".

San Hilario De Trin., 1, 10. Aquí El se denomina pan. Y para que no se crea que sufrió menoscabo el poder y la naturaleza del Verbo al asociarse con la carne, dijo que el pan era su carne, para que por medio de esto, bajando este pan del cielo, no se creyese que el origen de su cuerpo procedía de la concepción natural, manifestando que su cuerpo era del cielo. Mas como el pan es suyo, manifiesta que ha tomado aquel cuerpo por medio del Verbo.

Teofilacto. Por lo tanto, no comemos a Dios en su pura esencia, porque es impalpable e incorpóreo, como tampoco comemos la carne de un puro hombre, que de nada nos podría aprovechar. Mas como Dios unió a sí la carne humana, su carne tiene propiedades que dan vida, no porque se haya convertido en naturaleza divina, sino como sucede al hierro candente, que permanece hierro y tiene las propiedades del fuego. Pues así la carne del Señor es dadora de vida como carne del Verbo.

Beda. Y para manifestar la diferencia de la sombra y de la luz, de la figura y la realidad, añadió: "No como el maná que comieron vuestros padres, y murieron".

San Agustín, ut supra. Aquello de que murieron, quiere que se entienda en el sentido de que no viven eternamente, porque ciertamente en lo temporal también morirán los que comen a Jesucristo, pero vivirán eternamente, porque Jesucristo es la vida eterna.

Crisóstomo, ut supra. Y si fue posible que sin siega y sin grano y otras cosas por el estilo, conservasen la vida aquéllos por espacio de cuarenta años, con mucha más razón puede hacer esto ahora por medio de la comida espiritual, de la cual eran figuras aquellos sucesos. Con frecuencia, pues, ofrece la vida, porque no hay cosa más apreciable para los hombres. Por esto en el Antiguo Testamento se ofrecía la vida larga y ahora se ofrece una vida que no tiene fin. Además quiere demostrar por medio de esto que rompía ahora el decreto de muerte que había dado por el pecado primero, ofreciendo por el contrario la vida eterna. Prosigue: "Esto dijo en la Sinagoga cuando enseñaba en Cafarnaúm", en donde había hecho muchos milagros. Mas enseñaba en la Sinagoga y en el templo, queriendo atraer la multitud y manifestando que no es contrario al Padre.

Beda. En sentido místico, Cafarnaúm -que quiere decir villa hermosísima 2- representa al mundo, mas la Sinagoga representa al pueblo judío. Y por esto se explica que al aparecer el Señor en el mundo por el misterio de su encarnación, enseñó al pueblo judío muchas cosas que comprendió.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena