sábado, 25 de julio de 2026 Santa Ana, Madre de la Bienaventurada Virgen María · Comm. IX Domingo después de Pentecostés

lunes, 11 de agosto de 2014

Santos Tiburcio y Susana Virgen, Mártires

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (Hebr. 11, 33-39)

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Hebrǽos Fratres: Sancti per fidem vicérunt regna, operáti sunt justítiam, adépti sunt repromissiónes, obturavérunt ora leónum, exstinxérunt ímpetum ignis, effugérunt áciem gládii, convaluérunt de infirmitáte, fortes facti sunt in bello, castra vertérunt exterórum: accepérunt mulíeres de resurrectióne mórtuos suos: álii autem distenti sunt, non suscipiéntes redemptiónem, ut meliórem invenírent resurrectiónem: álii vero ludíbria et vérbera expérti, ínsuper et víncula et cárceres: lapidáti sunt, secti sunt, tentáti sunt, in occisióne gládii mórtui sunt: circuiérunt in melótis, in péllibus caprínis, egéntes, angustiáti, afflícti: quibus dignus non erat mundus: in solitudínibus errántes, in móntibus et spelúncis et in cavérnis terræ. Et hi omnes testimónio fídei probáti, invénti sunt in Christo Jesu, Dómino nostro.

los cuales por la fe conquistaron reinos, ejercitaron la justicia, alcanzaron las promesas, taparon las bocas de los leones, extinguieron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, sanaron de grandes enfermedades, se hicieron valientes en la guerra, desbarataron ejércitos extranjeros; mujeres hubo que recibieron resucitados a sus difuntos hijos. Mas otros fueron estirados en el potro, no queriendo redimir la vida presente, por asegurar otra mejor en la resurrección . Otros así mismo sufrieron escarnios y azotes, además de cadenas y cárceles; fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba de todos modos, muertos a filo de espada; anduvieron girando de acá para allá; cubiertos de pieles de oveja y de cabra, desamparados, angustiados, maltratados, de los cuales el mundo no era digno, yendo perdidos por las soledades, por los montes, y recogiéndose en las cuevas y en las cavernas de la tierra. Sin embargo todos estos santos tan recomendables por el testimonio de su fe, no recibieron todo el fruto de la promesa, [Torres Amat]

Comentario patrístico · Homilía 27 + Homilía 28 sobre Hebreos — San Juan Crisóstomo

«Y los profetas —dice— que por la fe vencieron reinos». Veis que aquí no da testimonio de que su vida fuera ilustre, pues no era ésta la cuestión, sino que hasta aquí la indagación versaba sobre su fe. Porque, decidme, ¿acaso no lo llevaron todo a cabo por la fe?

«Por la fe —dice— vencieron reinos»: los que estaban con Gedeón. «Obraron justicia»: ¿quiénes? Los mismos. Manifiestamente entiende aquí por ella la benignidad.

Pienso que es de David de quien dice que «alcanzaron promesas». Mas ¿de qué género eran éstas? Aquellas en que dijo que su descendencia se sentaría sobre su trono.

«Cerraron las bocas de los leones, apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada». Ved cómo se hallaron en la muerte misma: Daniel rodeado de leones, los tres jóvenes permaneciendo en el horno, los israelitas, Abrahán, Isaac, Jacob, en diversas tentaciones; y ni aun así desesperaron. Porque en esto consiste la fe: cuando las cosas salen adversas, entonces debemos creer que nada adverso se hace, sino que todo sucede según orden debido.

«De flacos se hicieron fuertes». Aquí alude a lo que sucedió en el regreso de Babilonia. Pues «de flacos» significa «de la cautividad». Cuando la condición de los judíos se había ya vuelto desesperada, cuando no eran mejores que huesos muertos, ¿quién habría esperado que volverían de Babilonia, y no sólo que volverían, sino que además se harían valientes y pondrían en fuga a ejércitos de extranjeros? «Mas a nosotros —dice alguno— nada semejante nos ha acaecido». Pero estas cosas son figuras de las venideras.

«Las mujeres recobraron resucitados a sus muertos». Habla aquí de lo que aconteció por medio de los profetas Eliseo y Elías, pues resucitaron a los muertos.

«Y otros fueron atormentados, no aceptando la liberación, para alcanzar una resurrección mejor». Mas nosotros aún no hemos alcanzado la resurrección. Puedo, sin embargo —quiere decir—, mostrar que también aquéllos fueron muertos y no aceptaron la liberación, para alcanzar una resurrección mejor. Pues, decidme, ¿por qué, siéndoles posible vivir, no lo eligieron? ¿No estaban acaso aguardando una vida mejor? Y los que habían resucitado a otros, ellos mismos escogieron morir, a fin de alcanzar una resurrección mejor, no como la de los hijos de aquellas mujeres.

«Y otros sufrieron la prueba de escarnios crueles y azotes, y aun de cadenas y cárceles». Termina con esto, con cosas más cercanas a ellos; porque estos ejemplos consuelan sobre todo cuando la aflicción procede de la misma causa, pues aunque menciones algo más extremo, si no nace de la misma causa, nada has conseguido. Por eso concluyó su discurso con esto, mencionando cadenas, cárceles, azotes, lapidaciones, aludiendo al caso de Esteban y también al de Zacarías.

Por lo cual añadió: «Fueron muertos a espada». ¿Qué dices? Unos escaparon del filo de la espada, y otros fueron muertos a espada. ¿Qué es esto? ¿A quién alabas? ¿A quién admiras? ¿A los últimos o a los primeros? A ambos —dice—: a los primeros, porque su caso os conviene; y a los últimos, porque la fe fue fuerte hasta la muerte misma, y es figura de las cosas venideras. Pues las cualidades admirables de la fe son dos: que obra grandes cosas y padece grandes cosas, y estima que nada padece.

Y no podéis decir —dice— que éstos fueran pecadores y sin valor. Pues aunque pongáis el mundo entero contra ellos, hallo que ellos inclinan la balanza y son de mayor precio. ¿Qué habían, pues, de recibir en esta vida? Aquí levanta sus pensamientos, enseñándoles a no estar clavados en las cosas presentes, sino a poner la mira en cosas mayores que todas las de esta vida presente, ya que el mundo no es digno de ellos. ¿Qué queréis, pues, recibir aquí? Porque sería una afrenta para vosotros recibir aquí vuestra recompensa.

Mas «anduvieron errantes», ¿qué significa esto? «Errando —dice— por los desiertos, por los montes, por las cuevas y las cavernas de la tierra», como desterrados y proscritos, como reos de los crímenes más viles, como quienes no son dignos de ver el sol; no hallaron refugio ni en el yermo, sino que hubieron de huir siempre, de buscar escondrijos, de sepultarse vivos en la tierra, de estar siempre en terror.

Aún no la han recibido, sino que todavía la aguardan; y después de haber muerto así, en tan gran tribulación, aún no la han recibido. Alcanzaron su victoria hace tantas edades, y aún no han recibido el premio. Y vosotros, que todavía estáis en el combate, ¿os afligís?

Homilía 27 + Homilía 28 sobre Hebreos, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org

Conmemoración · devoción tradicional

Además del oficio del día, la piedad tradicional venera hoy a Santa Filomena, Virgen y Mártir, cuyo culto —promovido por el santo Cura de Ars y aprobado por Gregorio XVI— no figura en el calendario romano universal, pero se conserva como devoción. Su Misa se toma del Común de una Virgen Mártir.

Vida de Santa Filomena, Virgen y Mártir

Reserva muchas veces la divina Providencia sus más escondidos tesoros para los tiempos en que la fe parece enflaquecer, y saca á luz, cuando menos se piensa, los huesos de sus mártires para reanimar la piedad de los fieles. Así plugo al Señor honrar en nuestra edad á una virgen que por espacio de quince siglos había yacido ignorada en las entrañas de la tierra, y hacer que, no bien descubierta, corriese su nombre por toda la cristiandad y se obrasen á su intercesión maravillas sin cuento. Es santa Filomena, virgen y mártir, gloria de la Iglesia romana y consuelo de los devotos.

Fué hallado su sepulcro el día veinticuatro de mayo del año de mil ochocientos y dos, excavándose el cementerio de santa Priscila en la vía Salaria de Roma. Cerraban el nicho tres lápidas de barro cocido, y en ellas, entre símbolos que declaraban el martirio y la virginidad de la sepultada —un áncora, tres saetas, una palma, una azucena y un azote—, se leía grabada esta inscripción: LUMENA / PAX TE / CUM FI. Colocadas al parecer con priesa ó por mano poco diestra en el latín, hubieron de restituirse á su orden verdadero, y entonces dijeron con toda claridad: PAX TECUM FILUMENA, esto es: «La paz sea contigo, Filomena.»

Halláronse asímismo dentro del sepulcro los huesos de una doncella y una ampolla de vidrio con reliquias de su sangre; la cual, al trasladarse á vaso transparente, refieren los testigos que resplandecía con visos de oro, de diamantes y de piedras preciosas. No dudó la santa Iglesia, á vista de la palma y de la ampolla, de que era aquélla mártir de Jesucristo; y el mismo nombre de Filumena, que en la lengua griega vale tanto como «hija de la luz» ó «la muy amada», pareció como anuncio de la claridad con que había Dios de glorificarla.

De la vida y linaje de esta bienaventurada virgen nada dejaron escrito los antiguos; mas refiérese, según piadosa tradición, que se dió á conocer por revelación á una religiosa de Nápoles, terciaria de la seráfica Orden, llamada sor María Luisa de Jesús, á la cual descubrió por menudo las circunstancias de su nacimiento y de su martirio. Créese, pues, que fué hija de un príncipe de Grecia, el cual, siendo antes idólatra y sin sucesión, alcanzó de Dios aquella hija después de haber recibido con su esposa la luz de la fe; y que por eso la llamaron Filumena, hija de la luz.

Créese asímismo que, llegada á la edad de trece años, consagró de todo corazón su virginidad al celestial Esposo, con voto que ninguna promesa de la tierra fué después poderosa á quebrantar. Refiérese que, habiendo pasado con sus padres á Roma, puso el emperador Diocleciano los ojos en la peregrina hermosura de la doncella y la quiso para sí por esposa; á lo cual respondió ella con generosa constancia que estaba ya desposada con Jesucristo y que no había de trocar al Rey del cielo por rey ninguno de la tierra. ¿Qué mucho que se encendiese en ira el tirano, viéndose desairado de una niña, y que la cárcel y el tormento fuesen la paga de tan noble firmeza?

Cuéntase en aquella misma tradición que padeció la santa niña larga prisión y crudelísimos azotes; que, atada un áncora al cuello, fué arrojada á las aguas del Tíber, de donde la sacaron los ángeles á la ribera; que la asaetearon, y que las saetas, vueltas contra los mismos que las despedían, no la ofendieron; y que al cabo, no pudiendo el furor del enemigo rendir aquella alma, mandó el tirano que la degollasen, y así, cortada la cabeza, voló al tálamo del Cordero para no apartarse jamás de Él. Todo lo cual, como fundado en revelación particular y no en historia averiguada, propónese á la piadosa devoción de los fieles, y no á la certidumbre de la fe.

Lo que consta con toda seguridad es la insigne providencia con que quiso Dios sacar del olvido estas reliquias. Impetradas por un sacerdote napolitano, don Francisco de Lucia, fueron trasladadas con solemne pompa á la villa de Mugnano del Cardenal, cerca de Nola, donde entraron el día diez de agosto del año de mil ochocientos y cinco; y refieren que, hallándose los campos secos por larga sequía, sobrevino con la llegada de la santa una lluvia bienhechora, primicia de los muchos favores que en aquel santuario había de dispensar.

Desde entonces se derramó la devoción á santa Filomena con un ardor que tenía de maravilloso, y fué su sepulcro de Mugnano teatro de innumerables prodigios: sanidades de enfermos desahuciados, consuelo de afligidos y conversión de pecadores. Entre todos resonó por la cristiandad el de la sierva de Dios Paulina Jaricot, fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe y del Rosario Viviente, la cual, doliente de mal de corazón y desauciada de los médicos, sanó de repente ante las reliquias de la santa el año de mil ochocientos treinta y cinco; suceso que, sabido en Roma, movió grandemente el ánimo del Sumo Pontífice.

Tuvo santa Filomena por pregonero y devotísimo cliente al santo cura de Ars, Juan María Vianney, el cual, mirándola como su abogada del cielo y llamándola con ternura su «querida santita», levantó en su parroquia capilla en honra suya, á ella remitía los enfermos que acudían de todas partes, y á su intercesión atribuía humildemente las curaciones que Dios obraba por su ministerio. Tan gran santo hízose heraldo de esta virgen, y no es el menor de los timbres de Filomena verse honrada de tal devoto.

Movido de tantas maravillas, el papa Gregorio XVI, de feliz memoria, aprobó su culto y le concedió Misa y Oficio propios el año de mil ochocientos treinta y siete, señalándole por día el once de agosto y honrándola con el título de Patrona del Rosario Viviente. Reine, pues, en los corazones esta gloriosa virgen, á quien la piedad de los fieles llama Taumaturga por lo pronta que se muestra en socorrer á cuantos la invocan; y alcáncenos de aquel Esposo á quien guardó entera su virginidad la fortaleza en la fe, la pureza en las costumbres y la dicha de morir, como ella, en el ósculo del Señor. Amén.

Vida redactada por el editor al estilo del «Año Cristiano», sobre fuentes tradicionales; los pormenores del martirio proceden de piadosa tradición (revelación privada).