lunes, 11 de agosto de 2014
Santos Tiburcio y Susana Virgen, Mártires
Colecta
Sanctórum Martyrum tuórum Tiburtii et Susánnæ nos, Dómine, fóveant continuáta præsídia: quia non désinis propítius intuéri; quos tálibus auxíliis concésseris adjuvári. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Que nos protejan sin cesar, Señor, los auxilios de vuestros santos mártires Tiburcio y Susana; pues no dejáis de mirar propicio a quienes concedéis ser ayudados con tales socorros. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Epístola (Hebr. 11, 33-39)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Hebrǽos Fratres: Sancti per fidem vicérunt regna, operáti sunt justítiam, adépti sunt repromissiónes, obturavérunt ora leónum, exstinxérunt ímpetum ignis, effugérunt áciem gládii, convaluérunt de infirmitáte, fortes facti sunt in bello, castra vertérunt exterórum: accepérunt mulíeres de resurrectióne mórtuos suos: álii autem distenti sunt, non suscipiéntes redemptiónem, ut meliórem invenírent resurrectiónem: álii vero ludíbria et vérbera expérti, ínsuper et víncula et cárceres: lapidáti sunt, secti sunt, tentáti sunt, in occisióne gládii mórtui sunt: circuiérunt in melótis, in péllibus caprínis, egéntes, angustiáti, afflícti: quibus dignus non erat mundus: in solitudínibus errántes, in móntibus et spelúncis et in cavérnis terræ. Et hi omnes testimónio fídei probáti, invénti sunt in Christo Jesu, Dómino nostro.
los cuales por la fe conquistaron reinos, ejercitaron la justicia, alcanzaron las promesas, taparon las bocas de los leones, extinguieron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, sanaron de grandes enfermedades, se hicieron valientes en la guerra, desbarataron ejércitos extranjeros; mujeres hubo que recibieron resucitados a sus difuntos hijos. Mas otros fueron estirados en el potro, no queriendo redimir la vida presente, por asegurar otra mejor en la resurrección . Otros así mismo sufrieron escarnios y azotes, además de cadenas y cárceles; fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba de todos modos, muertos a filo de espada; anduvieron girando de acá para allá; cubiertos de pieles de oveja y de cabra, desamparados, angustiados, maltratados, de los cuales el mundo no era digno, yendo perdidos por las soledades, por los montes, y recogiéndose en las cuevas y en las cavernas de la tierra. Sin embargo todos estos santos tan recomendables por el testimonio de su fe, no recibieron todo el fruto de la promesa, [Torres Amat]
Secreta
Adésto, Dómine, précibus pópuli tui, adésto munéribus: ut, quæ sacris sunt obláta mystériis, tuórum tibi pláceant intercessióne Sanctórum. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Escuchad, Señor, las súplicas de vuestro pueblo, escuchad y aceptad sus ofrendas; para que lo que os ha sido ofrecido en los sagrados misterios os sea grato por la intercesión de vuestros santos. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Poscomunión
Súmpsimus, Dómine, pignus redemptiónis ætérnæ: quod sit nobis, quǽsumus, interveniéntibus sanctis Martýribus tuis, vitæ præséntis auxílium páriter et futúræ. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Hemos recibido, Señor, la prenda de la redención eterna; sea para nosotros, os rogamos, por la intervención de vuestros santos mártires, auxilio así de la vida presente como de la futura. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
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Conmemoración · devoción tradicional
Además del oficio del día, la piedad tradicional venera hoy a Santa Filomena, Virgen y Mártir, cuyo culto —promovido por el santo Cura de Ars y aprobado por Gregorio XVI— no figura en el calendario romano universal, pero se conserva como devoción. Su Misa se toma del Común de una Virgen Mártir.
Vida de Santa Filomena, Virgen y Mártir
Reserva muchas veces la divina Providencia sus más escondidos tesoros para los tiempos en que la fe parece enflaquecer, y saca á luz, cuando menos se piensa, los huesos de sus mártires para reanimar la piedad de los fieles. Así plugo al Señor honrar en nuestra edad á una virgen que por espacio de quince siglos había yacido ignorada en las entrañas de la tierra, y hacer que, no bien descubierta, corriese su nombre por toda la cristiandad y se obrasen á su intercesión maravillas sin cuento. Es santa Filomena, virgen y mártir, gloria de la Iglesia romana y consuelo de los devotos.
Fué hallado su sepulcro el día veinticuatro de mayo del año de mil ochocientos y dos, excavándose el cementerio de santa Priscila en la vía Salaria de Roma. Cerraban el nicho tres lápidas de barro cocido, y en ellas, entre símbolos que declaraban el martirio y la virginidad de la sepultada —un áncora, tres saetas, una palma, una azucena y un azote—, se leía grabada esta inscripción: LUMENA / PAX TE / CUM FI. Colocadas al parecer con priesa ó por mano poco diestra en el latín, hubieron de restituirse á su orden verdadero, y entonces dijeron con toda claridad: PAX TECUM FILUMENA, esto es: «La paz sea contigo, Filomena.»
Halláronse asímismo dentro del sepulcro los huesos de una doncella y una ampolla de vidrio con reliquias de su sangre; la cual, al trasladarse á vaso transparente, refieren los testigos que resplandecía con visos de oro, de diamantes y de piedras preciosas. No dudó la santa Iglesia, á vista de la palma y de la ampolla, de que era aquélla mártir de Jesucristo; y el mismo nombre de Filumena, que en la lengua griega vale tanto como «hija de la luz» ó «la muy amada», pareció como anuncio de la claridad con que había Dios de glorificarla.
De la vida y linaje de esta bienaventurada virgen nada dejaron escrito los antiguos; mas refiérese, según piadosa tradición, que se dió á conocer por revelación á una religiosa de Nápoles, terciaria de la seráfica Orden, llamada sor María Luisa de Jesús, á la cual descubrió por menudo las circunstancias de su nacimiento y de su martirio. Créese, pues, que fué hija de un príncipe de Grecia, el cual, siendo antes idólatra y sin sucesión, alcanzó de Dios aquella hija después de haber recibido con su esposa la luz de la fe; y que por eso la llamaron Filumena, hija de la luz.
Créese asímismo que, llegada á la edad de trece años, consagró de todo corazón su virginidad al celestial Esposo, con voto que ninguna promesa de la tierra fué después poderosa á quebrantar. Refiérese que, habiendo pasado con sus padres á Roma, puso el emperador Diocleciano los ojos en la peregrina hermosura de la doncella y la quiso para sí por esposa; á lo cual respondió ella con generosa constancia que estaba ya desposada con Jesucristo y que no había de trocar al Rey del cielo por rey ninguno de la tierra. ¿Qué mucho que se encendiese en ira el tirano, viéndose desairado de una niña, y que la cárcel y el tormento fuesen la paga de tan noble firmeza?
Cuéntase en aquella misma tradición que padeció la santa niña larga prisión y crudelísimos azotes; que, atada un áncora al cuello, fué arrojada á las aguas del Tíber, de donde la sacaron los ángeles á la ribera; que la asaetearon, y que las saetas, vueltas contra los mismos que las despedían, no la ofendieron; y que al cabo, no pudiendo el furor del enemigo rendir aquella alma, mandó el tirano que la degollasen, y así, cortada la cabeza, voló al tálamo del Cordero para no apartarse jamás de Él. Todo lo cual, como fundado en revelación particular y no en historia averiguada, propónese á la piadosa devoción de los fieles, y no á la certidumbre de la fe.
Lo que consta con toda seguridad es la insigne providencia con que quiso Dios sacar del olvido estas reliquias. Impetradas por un sacerdote napolitano, don Francisco de Lucia, fueron trasladadas con solemne pompa á la villa de Mugnano del Cardenal, cerca de Nola, donde entraron el día diez de agosto del año de mil ochocientos y cinco; y refieren que, hallándose los campos secos por larga sequía, sobrevino con la llegada de la santa una lluvia bienhechora, primicia de los muchos favores que en aquel santuario había de dispensar.
Desde entonces se derramó la devoción á santa Filomena con un ardor que tenía de maravilloso, y fué su sepulcro de Mugnano teatro de innumerables prodigios: sanidades de enfermos desahuciados, consuelo de afligidos y conversión de pecadores. Entre todos resonó por la cristiandad el de la sierva de Dios Paulina Jaricot, fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe y del Rosario Viviente, la cual, doliente de mal de corazón y desauciada de los médicos, sanó de repente ante las reliquias de la santa el año de mil ochocientos treinta y cinco; suceso que, sabido en Roma, movió grandemente el ánimo del Sumo Pontífice.
Tuvo santa Filomena por pregonero y devotísimo cliente al santo cura de Ars, Juan María Vianney, el cual, mirándola como su abogada del cielo y llamándola con ternura su «querida santita», levantó en su parroquia capilla en honra suya, á ella remitía los enfermos que acudían de todas partes, y á su intercesión atribuía humildemente las curaciones que Dios obraba por su ministerio. Tan gran santo hízose heraldo de esta virgen, y no es el menor de los timbres de Filomena verse honrada de tal devoto.
Movido de tantas maravillas, el papa Gregorio XVI, de feliz memoria, aprobó su culto y le concedió Misa y Oficio propios el año de mil ochocientos treinta y siete, señalándole por día el once de agosto y honrándola con el título de Patrona del Rosario Viviente. Reine, pues, en los corazones esta gloriosa virgen, á quien la piedad de los fieles llama Taumaturga por lo pronta que se muestra en socorrer á cuantos la invocan; y alcáncenos de aquel Esposo á quien guardó entera su virginidad la fortaleza en la fe, la pureza en las costumbres y la dicha de morir, como ella, en el ósculo del Señor. Amén.
Vida redactada por el editor al estilo del «Año Cristiano», sobre fuentes tradicionales; los pormenores del martirio proceden de piadosa tradición (revelación privada).