domingo, 26 de julio de 2026 Santa Ana, Madre de la Bienaventurada Virgen María · Comm. IX Domingo después de Pentecostés

domingo, 21 de octubre de 2040

XXII Domingo después de Pentecostés

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (Phil. 1, 6-11)

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Philippénses Fratres: Confídimus in Dómino Jesu, quia, qui cœpit in vobis opus bonum, perfíciet usque in diem Christi Jesu. Sicut est mihi justum hoc sentíre pro ómnibus vobis: eo quod hábeam vos in corde, et in vínculis meis, et in defensióne, et confirmatióne Evangélii, sócios gáudii mei omnes vos esse. Testis enim mihi est Deus, quómodo cúpiam omnes vos in viscéribus Jesu Christi. Et hoc oro, ut cáritas vestra magis ac magis abúndet in sciéntia et in omni sensu: ut probétis potióra, ut sitis sincéri et sine offénsa in diem Christi, repléti fructu justítiæ per Jesum Christum, in glóriam et laudem Dei.

Porque yo tengo una firme confianza, que quien ha empezado en vosotros la buena obra de vuestra salud, la llevará a cabo hasta el día de la venida de Jesucristo; como es justo que yo lo piense así de todos vosotros; pues tengo impreso en mi corazón que todos vosotros sois compañeros de mi gozo en mis cadenas, y en la defensa y confirmación del Evangelio. Dios es mi testigo de la ternura con que os amo a todos en las entrañas de Jesucristo. Y lo que pido es que vuestra caridad crezca más y más en conocimiento y en toda discre-ción, a fin de que sepáis discernir lo mejor, y os mantengáis puros y sin tropiezo hasta el día de Cristo , colmados de frutos de justicia por Jesucristo, a gloria y loor de Dios. [Torres Amat]

Comentario patrístico · Homilía 1 + Homilía 2 sobre Filipenses — San Juan Crisóstomo

Vers. 6. Confiando precisamente en esto: que Aquel que comenzó en vosotros la buena obra, la llevará a término hasta el día de Cristo Jesús.

Ved cómo también les enseña a no engreírse. Pues como había dado testimonio de algo grande acerca de ellos, para que no se envanezcan, según es propio de los hombres, en seguida les enseña a referir a Cristo tanto lo pasado como lo venidero. ¿De qué modo? No diciendo: «Confiando en que, así como comenzasteis, también acabaréis», sino ¿qué? «Aquel que comenzó en vosotros la buena obra, la llevará a término.» No les quitó el mérito de la obra (pues dijo: «Me alegro por vuestra participación», como haciéndola claramente cosa suya), ni tampoco llamó sus buenas acciones solamente propias de ellos, sino ante todo de Dios. Porque «confío», dice, «en que Aquel que comenzó en vosotros la buena obra, la llevará a término hasta el día de Cristo Jesús». Esto es: Dios la llevará a término. Y no es acerca de vosotros mismos, da a entender, sino acerca de los que descienden de vosotros por lo que así siento. Y en verdad no es pequeña alabanza que Dios obre en uno. Pues si Él no hace acepción de personas —como en efecto no la hace—, sino que mira nuestra intención cuando nos ayuda en las buenas obras, manifiesto es que somos nosotros quienes le atraemos hacia nosotros; de suerte que aun por este lado no los privó de su alabanza. Porque si su obrar fuese indistinto, nada habría impedido que también los gentiles y todos los hombres le tuviesen obrando en ellos, es decir, si nos moviese como a leños y piedras, y no requiriese nuestra parte. De manera que, al decir «Dios la llevará a término», también esto de nuevo se torna en alabanza de ellos, que atrajeron hacia sí la gracia de Dios, de modo que Él los ayuda a ir más allá de la naturaleza humana. Y de otra manera también es alabanza: que vuestras buenas obras son tales que no pueden ser de hombre, sino que requieren el impulso divino. Mas si Dios la ha de llevar a término, entonces no habrá tampoco mucho trabajo, sino que conviene tener buen ánimo, pues fácilmente lo cumplirán todo, siendo por Él ayudados.

Vers. 7. Como es justo que yo sienta esto acerca de todos vosotros, por cuanto os tengo en mi corazón, pues tanto en mis cadenas como en la defensa y confirmación del Evangelio, todos vosotros sois partícipes conmigo de la gracia.

Grandemente muestra aquí todavía su vehemente deseo, en que los tenía en su corazón; y en la cárcel misma, y aunque encadenado, se acordaba de los filipenses. Y no es poca alabanza de estos hombres, pues no por prevención concibió este Santo su amor, sino por juicio y rectas razones. De suerte que ser amado por Pablo tan ardientemente es prueba de ser uno algo grande y admirable. «Y en la defensa —dice— y confirmación del Evangelio.» ¿Y qué maravilla que los tuviese estando en la cárcel, si ni siquiera en el momento de comparecer ante el tribunal para hacer mi defensa —dice— os deslizasteis de mi memoria? Pues tan soberana cosa es el amor espiritual, que a ninguna sazón cede, sino que siempre mantiene asido el alma del que ama, y no permite que congoja ni dolor alguno venza a esa alma. Porque, así como en el caso del horno de Babilonia, cuando se levantó tan vasta llama, fue rocío para aquellos bienaventurados Niños, así también la amistad, ocupando el alma del que ama y agrada a Dios, sacude toda llama y produce un maravilloso rocío.

«Y en la confirmación del Evangelio», dice. Así pues, sus cadenas eran confirmación del Evangelio, y defensa. Y con toda verdad. ¿Cómo? Porque si hubiera rehuido las cadenas, habría podido ser tenido por engañador; mas el que todo lo soporta, tanto las cadenas como la tribulación, muestra que padece esto no por razón humana alguna, sino por Dios, que recompensa. Pues nadie habría querido morir, ni afrontar tan grandes peligros, nadie habría elegido chocar con semejante rey —hablo de Nerón—, si no mirase a otro Rey mucho mayor. Verdaderamente confirmación del Evangelio eran sus cadenas. Ved cómo con creces logró volver todas las cosas en su contrario. Pues lo que ellos suponían flaqueza y desdoro, eso lo llama confirmación; y de no haber sucedido esto, habría habido flaqueza. Luego muestra que su amor no era de prevención, sino de juicio. ¿Por qué? «Os tengo —dice— en mi corazón, en mis cadenas y en mi defensa, por cuanto sois partícipes de mi gracia.» ¿Qué es esto? ¿Era acaso ésta la gracia del Apóstol: ser encadenado, ser llevado de acá para allá, padecer diez mil males? Sí. Porque Él dice: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la flaqueza.» Por lo cual —dice— me complazco en las flaquezas, en las injurias. Puesto que, pues, os veo dando prueba con vuestras obras de vuestra virtud, y siendo partícipes de esta gracia, y eso con prontitud, razonablemente supongo esto. Porque yo, que os he probado, y más que nadie os he conocido a vosotros y a vuestras buenas obras —cómo, aun estando tan distantes de nosotros, os esforzáis por no faltarnos en nuestras tribulaciones, sino por participar en nuestras pruebas por amor del Evangelio, y por tomar parte no menor que yo mismo, que estoy trabado en el combate, por lejos que estéis—, no hago sino justicia al dar testimonio de estas cosas.

¿Y por qué no dijo «partícipes», sino «partícipes conmigo»? También yo mismo —quiere decir— participo con otro, para ser partícipe del Evangelio; esto es, para tener parte en los bienes reservados al Evangelio. Y lo admirable es que todos estaban así dispuestos, pues dice que «todos vosotros sois copartícipes de la gracia». Desde tales comienzos, pues, confío en que tales seréis hasta el fin. Porque no puede ser que comienzo tan brillante se apague y desfallezca, sino que apunta a grandes resultados.

Porque testigo me es Dios de cuánto os amo a todos vosotros en las entrañas de Jesucristo. Y esto pido: que vuestra caridad abunde cada vez más y más en conocimiento y en todo discernimiento; para que aprobéis lo que es más excelente; para que seáis sinceros y sin ofensa hasta el día de Cristo; llenos del fruto de justicia que es por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

No pone a Dios por testigo como si hubiera de ser puesto en duda, sino que hace esto por su gran afecto y su sobreabundante persuasión y confianza; pues después de decir que ellos tenían comunión con él, añade también esto: «en las entrañas de Cristo», para que no piensen que su anhelo por ellos era por esta causa, y no simplemente por ellos mismos. ¿Y qué significan estas palabras, «en las entrañas de Cristo»? Equivalen a «según Cristo». Porque sois creyentes, porque amáis a Cristo, por el amor que es según Cristo. No dice «amor», sino que emplea una expresión aún más cálida, «las entrañas de Cristo», como si dijera: hecho para vosotros como un padre por la relación que es en Cristo. Pues esto nos comunica entrañas cálidas y encendidas; porque tales entrañas da Él a sus verdaderos siervos. «En estas entrañas», dice, como si uno dijera: os amo no con entrañas naturales, sino con otras más cálidas, a saber, las de Cristo. «De cuánto os amo a todos.» A todos os amo, pues todos sois de esta condición; no soy capaz de representaros con palabras mi anhelo; es, por tanto, imposible de expresar. Por esta causa lo dejo a Dios, cuyo dominio está en el corazón, para que Él lo conozca. Ahora bien, si los estuviese adulando, no habría puesto a Dios por testigo, pues esto no puede hacerse sin peligro.

Vers. 9. «Y esto —dice— pido: que vuestra caridad abunde cada vez más y más.» Porque éste es un bien del cual no hay hartura; pues ved: siendo tan amado, deseaba ser amado todavía más, ya que quien ama al objeto de su amor no quiere detenerse en punto alguno del amor, porque es imposible que haya medida de cosa tan noble. Pablo desea que la deuda del amor esté siempre pendiente: «A nadie debáis nada, sino el amaros unos a otros.» La medida del amor es no pararse en parte alguna: «que vuestra caridad —dice— abunde cada vez más y más». Considerad la índole de la expresión «que abunde cada vez más y más»: dice «en conocimiento y en todo discernimiento». No ensalza la amistad sin más, ni el amor sin más, sino el que viene del conocimiento; esto es: no debéis aplicar el mismo amor a todos, pues esto no viene del amor, sino de la falta de sentimiento. ¿Qué entiende por «en conocimiento»? Entiende: con juicio, con razón, con discernimiento. Hay quienes aman sin razón, simplemente y de cualquier modo, de donde viene que tales amistades sean endebles. Dice «en conocimiento y en todo discernimiento, para que aprobéis lo que es más excelente», esto es, lo que es provechoso. «Esto lo digo —afirma— no por mí mismo, sino por vosotros», pues hay peligro de que alguno se eche a perder por el amor de los herejes; que a todo esto alude, y ved cómo lo introduce. «No por mí mismo —dice— digo esto, sino para que seáis sinceros», es decir, para que no recibáis doctrina espuria bajo pretexto de amor. ¿Cómo, pues —dice—, «si es posible, vivid en paz con todos los hombres»? «Vivid en paz», dice, no: «amad hasta ser dañados por esa amistad»; porque dice: «si tu ojo derecho te es ocasión de tropiezo, sácalo y arrójalo de ti; para que seáis sinceros», es decir, delante de Dios, «y sin ofensa», es decir, delante de los hombres, pues las amistades de muchos hombres les son a menudo un daño. «Aunque a ti no te dañe —dice—, todavía otro puede tropezar en ello. Hasta el día de Cristo»; esto es, para que entonces seáis hallados puros, no habiendo sido ocasión de tropiezo para nadie.

Vers. 11. «Llenos del fruto de justicia que es por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios»; esto es, manteniendo, junto con la verdadera doctrina, una vida recta.

Y no meramente recta, sino «llenos del fruto de justicia». Porque hay en verdad una justicia que no es según Cristo, como, por ejemplo, una vida moral. «Que es por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.» ¿Veis que no hablo de mi propia gloria, sino de la justicia de Dios? Y muchas veces llama justicia también a la misma misericordia. «Que vuestro amor —dice— no os dañe indirectamente, estorbándoos la percepción de lo provechoso, y guardaos de caer por el amor que tengáis a alguno.» Pues yo querría en verdad que vuestro amor creciese, mas no de modo que fueseis dañados por él. Y no querría que fuese simplemente de prevención, sino a prueba de si hablo bien o no. No dice «para que abracéis mi parecer», sino «para que lo probéis». No dice sin rodeos «no os juntéis con éste o con aquél», sino «querría que vuestro amor atendiese a lo provechoso, no que quedaseis privados de entendimiento». Porque necia cosa es que no obréis la justicia por amor de Cristo y por medio de Él. Notad las palabras «por medio de Él». ¿Usa entonces a Dios como mero auxiliar? Lejos tal pensamiento. «No para que yo reciba alabanza —dice—, sino para que Dios sea glorificado.»

Homilía 1 + Homilía 2 sobre Filipenses, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org

Evangelio (Matt. 22, 15-21)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum In illo témpore: Abeúntes pharisǽi consílium iniérunt, ut cáperent Jesum in sermóne. Et mittunt ei discípulos suos cum Herodiánis, dicéntes: Magíster, scimus, quia verax es et viam Dei in veritáte doces, et non est tibi cura de áliquo: non enim réspicis persónam hóminum: dic ergo nobis, quid tibi vidétur, licet censum dare Cǽsari, an non? Cógnita autem Jesus nequítia eórum, ait: Quid me tentátis, hypócritæ? Osténdite mihi numísma census. At illi obtulérunt ei denárium. Et ait illis Jesus: Cujus est imágo hæc et superscríptio? Dicunt ei: Cǽsaris. Tunc ait illis: Réddite ergo, quæ sunt Cǽsaris, Cǽsari; et, quæ sunt Dei, Deo.

Entonces los fariseos se retiraron a tratar entre sí cómo podrían sorprenderle en lo que hablase. Y para esto le enviaron sus discípulos con algunos herodianos, que le dijeron: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas el camino o la ley de Dios conforme a la pura verdad, sin respeto a nadie, porque no miras a la calidad de las personas. Esto supuesto, dinos qué te parece de esto: ¿Es o no es lícito a los judíos, pueblo de Dios, pagar tributo a César? A lo cual Jesús , conociendo su refinada malicia, respondió: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme la moneda con que se paga el tributo. Y ellos le mostraron un denario. Y Jesús les dijo: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Y le respondieron: De César. Entonces les replicó: Pues dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Mateo 22, 15-21 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42. Así como sucede cuando alguno quiere detener el curso del agua que corre, que si llega a saltar la presa busca su curso por otro lado, así la malicia de los judíos, cuando se vio confundida por una parte, buscó salida por otra. Por esto dice: "Entonces los fariseos se fueron", etc. Se fueron, diré, a buscar a los herodianos. Tal fue el consejo, como tales eran los que lo dieron. Por esto sigue: "Y le enviaron sus discípulos juntamente con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas el camino de Dios en verdad".

Glosa. Se valieron de personas desconocidas, para engañar más fácilmente a Jesús y poderle atrapar por medio de ellas. Porque como temían a las gentes, no se atrevían a hacerlo por sí mismos.

San Jerónimo. Hacía poco que Judea había quedado sometida a los romanos por César Augusto, cuando tuvo lugar el censo de todo el mundo, y se establecieron los tributos. Por eso había en el pueblo mucho deseo de insurreccionarse. Decían unos que los romanos cuidaban de la seguridad y de la tranquilidad de todos, por cuya razón se les debía pagar el tributo; pero los fariseos, que se atribuían toda justicia, apoyaban, por el contrario, que el pueblo de Dios (que ya pagaba los diezmos, daba las primicias, y todo lo demás que estaba prescrito en la ley) no debía estar sujeto a leyes humanas. Pero César Augusto había colocado a Herodes, hijo de Antipatro, extranjero y prosélito, como rey de los judíos; el cual debía ordenar los tributos y obedecer al Imperio Romano. Por lo tanto, los fariseos envían a sus discípulos con los herodianos, esto es, o con los soldados de Herodes o con aquellos a quienes daban el apodo irónico de herodianos y trataban como no afectos al culto divino, porque pagaban sus tributos a los romanos.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,1. Por esto, pues, envían a sus discípulos junto con los soldados de Herodes, para que pudiesen vituperar cualquier cosa que dijere el Salvador. Deseaban, pues, que el Señor dijere algo en contra de los herodianos, porque como temían prenderlo por temor a las turbas, querían ponerle en peligro, y hacerle aparecer como enemigo de los tributos públicos.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42. Esta es la primera ficción de los hipócritas, cuando alaban a los que quieren perder; y por lo tanto, empiezan la alabanza, diciendo: "Maestro, sabemos que eres veraz, etc." Le llaman Maestro, para que viéndose honrado y alabado, les manifieste sencillamente los secretos de su corazón, como deseando tenerles por discípulos.

Glosa. De tres modos sucede que alguno no enseñe la verdad: primeramente, por parte del que enseña, porque o desconoce la verdad, o no la estima; y en contra de esto dicen: "Sabemos que eres veraz". En segundo lugar, de parte de Dios, porque pospuesto su temor, algunos no enseñan con toda su pureza la verdad que procede de Dios, y que ellos conocen; y contra esto dicen: "Y que enseñas el camino de Dios, en verdad". Y en tercer lugar, de parte del prójimo, por cuyo temor o amor calla alguno la verdad; y para ocultar esto añaden: "Y que no te cuidas de cosa alguna", (esto es, del hombre), "porque no miras a la persona de los hombres".

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,1. Esto lo decían en secreto, pero refiriéndose a Herodes y a César.

San Jerónimo. Esta pregunta suave y engañosa, le provoca a responder, que debe temerse más a Dios que al César; por esto dicen: "Dinos, pues: ¿qué te parece?", etc. Para que si dice que no deben pagarse los tributos, lo oigan enseguida los herodianos y le detengan como reo de sedición contra el emperador de Roma.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,1. Y como sabían que a algunos que habían aspirado a introducir esta discordia los habían matado, querían también hacerle caer en esta sospecha por estas palabras.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,1. Prosigue: "Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos", etc.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42. No les responde de la misma manera sencilla y pacífica sino que contesta según las intenciones malas de los que preguntan, porque Dios responde a los pensamientos y no a las palabras.

San Jerónimo. La primera virtud del que responde consiste en conocer las intenciones de los que preguntan y no llamarles discípulos suyos sino tentadores. Hipócrita es aquel que aparenta ser algo que no es.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42. Les llama hipócritas porque no iban a llevar a cabo lo que pensaban hacer, sabiendo que El conoce el corazón de los hombres y que, por eso mismo, conocía sus malas intenciones. Véase aquí el porqué los fariseos le halagaban para perderle. Pero Jesús los confundía para salvarlos, puesto que para un hombre no es de ningún provecho adular mientras que sí lo es ser corregido por Dios.

San Jerónimo. La sabiduría siempre obra de una manera sabia, y confunde con frecuencia a sus tentadores, por medio de su palabra. Por esto sigue: "Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario". Esta clase de moneda era la que se consideraba del valor de diez monedas, y llevaba el retrato del César. Por esto sigue: "Y Jesús les dijo: ¿de quién es esta figura e inscripción?" Los que creían que la pregunta del Salvador era hija de la ignorancia y no de la deferencia, aprendan aquí cómo Jesús podía conocer la imagen que había en la moneda. Prosigue: "Dícenle: del César". Y no creemos que era César Augusto, sino Tiberio, su hijastro, en cuyo tiempo sufrió la pasión nuestro Señor. Todos los emperadores romanos, desde el primero, llamado Cayo César que se apoderó del imperio, se llamaban Césares. Prosigue: "Pues pagad al César lo que es del César", esto es, la moneda, el tributo y el dinero.

San Hilario, in Matthaeum, 23. Si nada hay que siendo del César se encuentre entre nosotros, no estaremos obligados a darle lo que es suyo. Por lo tanto si nos ocupamos de sus cosas, si usamos del poder que él nos concede no haremos ofensa alguna, si damos al César lo que es del César.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,2. Tú también, cuando oigas: da al César lo que es del César, sabe que únicamente dice el Salvador aquello que no se opone a la piedad. Porque si hubiese algo de esto, no constituirá un tributo del César, sino del diablo. Y después, para que no digan: que los hombres no están sujetos, añade: "Y a Dios lo que es de Dios".

San Jerónimo. Esto es, las décimas, las primicias, las oblaciones y las víctimas. Así como el mismo Señor pagó al César el tributo por sí y por San Pedro, pagó también a Dios, lo que es de Dios, haciendo la voluntad de su Padre.

San Hilario, in Matthaeum, 23. Conviene por lo tanto que nosotros le paguemos lo que le debemos, esto es, el cuerpo, el alma y la voluntad. La moneda del César está hecha en el oro, en donde se encuentra grabada su imagen; la moneda de Dios es el hombre, en quien se encuentra figurada la imagen de Dios; por lo tanto dad vuestras riquezas al César y guardad la conciencia de vuestra inocencia para Dios.

Orígenes, homilia 21 in Matthaeum. En esto aprendemos por el ejemplo del Salvador que no debemos atender a lo que dicen muchos so pretexto de religiosidad y que, por lo tanto, tiene algo de vanagloria, sino a lo que es conveniente, según dicta la razón. También podemos entender este pasaje en sentido moral, porque debemos dar al cuerpo algunas cosas -lo necesario- como tributo al César. Pero todo lo que está conforme con la naturaleza de las almas, esto es, lo que afecta a la virtud, debemos ofrecerlo al Señor. Los que enseñan que según la ley de Dios no debemos cuidarnos del cuerpo son fariseos, que prohiben pagar el tributo al César, como los que prohiben casarse y mandan abstenerse de comer a los que Dios ha creado. Y los que dicen que debemos conceder al cuerpo más de lo que debemos, son herodianos. Nuestro Salvador quiere que no sufra menoscabo la virtud, cuando prestamos nuestro servicio al cuerpo; ni que sea oprimida la naturaleza material, cuando nos dedicamos con exceso a la práctica de la virtud. El príncipe de este mundo, es decir, el diablo, representa al César; no podemos por lo tanto dar a Dios lo que es de Dios hasta que hayamos pagado al príncipe lo que es suyo, esto es, hasta que hayamos dejado toda su malicia. Aprendamos también aquí esto mismo que no debemos callar en absoluto en contra de los que nos tientan, ni responder sencillamente, sino con circunspección, así quitaremos la ocasión de que se quejen contra nosotros, y enseñaremos qué es lo que deben hacer para no ser dignos de reprensión los que quieren salvarse.

San Jerónimo. Los que debieron creer en tan admirable sabiduría, se asombraron al ver que sus propósitos de asechanzas no habían tenido lugar: Por esto sigue: "Y cuando esto oyeron, se maravillaron, y dejándole, se retiraron", llevando consigo su infidelidad y su admiración.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena