domingo, 17 de junio de 2040
IV Domingo después de Pentecostés
Introito (Ps. 26, 1; 26, 2)
Dóminus illuminátio mea et salus mea, quem timebo? Dóminus defensor vitæ meæ, a quo trepidábo? qui tríbulant me inimíci mei, ipsi infirmáti sunt, et cecidérunt. Si consístant advérsum me castra: non timébit cor meum.
El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién he de temer yo? El Señor es el defensor de mi vida: ¿quién me hará temblar? Mientras están para echarse sobre mí los malhechores, a fin de devorar mis carnes, esos enemigos míos que me atribulan, esos mismos han flaqueado, y han caído. [Torres Amat]
Colecta
Da nobis, quǽsumus, Dómine: ut et mundi cursus pacífice nobis tuo órdine dirigátur; et Ecclésia tua tranquílla devotióne lætétur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Concedednos, os rogamos, Señor, que el curso del mundo se dirija pacíficamente para nosotros por vuestra disposición, y que vuestra Iglesia se goce con tranquila devoción. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Epístola (Rom. 8, 18-23)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Romános Fratres: Exístimo, quod non sunt condígnæ passiónes hujus témporis ad futúram glóriam, quæ revelábitur in nobis. Nam exspectátio creatúræ revelatiónem filiórum Dei exspéctat. Vanitáti enim creatúra subjécta est, non volens, sed propter eum, qui subjécit eam in spe: quia et ipsa creatúra liberábitur a servitúte corruptiónis, in libertátem glóriæ filiórum Dei. Scimus enim, quod omnis creatúra ingemíscit et párturit usque adhuc. Non solum autem illa, sed et nos ipsi primítias spíritus habéntes: et ipsi intra nos gémimus, adoptiónem filiórum Dei exspectántes, redemptiónem córporis nostri: in Christo Jesu, Dómino nostro.
A la verdad yo estoy firmemente persuadido de que los sufrimientos o penas de la vida presente no son de comparar con aquella gloria venidera, que se ha de manifestar en nosotros. Así las criaturas todas están aguardando con gran ansia la manifestación de los hijos de Dios. Porque se ven sujetas a la vanidad, o mudanza, no de grado, sino por causa de aquel que les puso tal sujeción, con la esperanza de que serán también ellas mismas libertadas de esa servidumbre a la corrupción, para participar de la libertad y gloria de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta ahora todas las criaturas están suspirando por dicho día, y como en dolores de parto. Y no solamente ellas, sino también nosotros mismos, que tenemos ya las primicias del Espíritu Santo, nosotros, con todo eso, suspiramos de lo íntimo del corazón, aguardando el efecto de la adopción de los hijos de Dios, esto es, la redención de nuestro cuerpo. [Torres Amat]
Gradual (Ps. 78, 9; 78, 10)
Propítius esto, Dómine, peccátis nostris: ne quando dicant gentes: Ubi est Deus eórum? Adjuva nos, Deus, salutáris noster: et propter honórem nóminis tui, Dómine, líbera nos. Allelúja, allelúja. Deus, qui sedes super thronum, et júdicas æquitátem: esto refúgium páuperum in tribulatióne. Allelúja.
Ayúdanos ¡oh Dios, salvador nuestro!, y por la gloria de tu Nombre líbranos, Señor; y perdónanos nuestros pecados por amor de tu Nombre. No sea que se diga ante los gentiles: ¿Dónde está el Dios de ésos? Brille, pues, entre las naciones, y vean nuestros ojos la venganza que tomas de la sangre de tus siervos, que ha sido derramada. [Torres Amat]
Evangelio (Luc. 5, 1-11)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Cum turbæ irrúerent in Jesum, ut audírent verbum Dei, et ipse stabat secus stagnum Genésareth. Et vidit duas naves stantes secus stagnum: piscatóres autem descénderant et lavábant rétia. Ascéndens autem in unam navim, quæ erat Simónis, rogávit eum a terra redúcere pusíllum. Et sedens docébat de navícula turbas. Ut cessávit autem loqui, dixit ad Simónem: Duc in altum, et laxáte rétia vestra in captúram. Et respóndens Simon, dixit illi: Præcéptor, per totam noctem laborántes, nihil cépimus: in verbo autem tuo laxábo rete. Et cum hoc fecíssent, conclusérunt píscium multitúdinem copiósam: rumpebátur autem rete eórum. Et annuérunt sóciis, qui erant in ália navi, ut venírent et adjuvárent eos. Et venérunt, et implevérunt ambas navículas, ita ut pæne mergeréntur. Quod cum vidéret Simon Petrus, prócidit ad génua Jesu, dicens: Exi a me, quia homo peccátor sum, Dómine. Stupor enim circumdéderat eum et omnes, qui cum illo erant, in captúra píscium, quam céperant: simíliter autem Jacóbum et Joánnem, fílios Zebedǽi, qui erant sócii Simónis. Et ait ad Simónem Jesus: Noli timére: ex hoc jam hómines eris cápiens. Et subdúctis ad terram návibus, relictis ómnibus, secuti sunt eum.
Sucedió un día, que hallándose Jesús junto al lago de Genezaret las gentes se agolpaban alrededor de él, ansiosas de oír la palabra de Dios. En esto vio dos barcas a la orilla del lago, cuyos pescadores habían bajado y estaban lavando las redes. Subiendo, pues, en una de ellas, la cual era de Simón, le pidió que la desviase un poco de tierra. Y sentándose dentro, predicaba desde la barca al numeroso concurso. Acabada la plática, dijo a Simón: Guíad mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Le replicó Simón: Maestro, toda la noche hemos estado fatigándonos y nada hemos cogido; no obstante, sobre tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, recogieron tan gran cantidad de peces , que la red se rompía. Por lo que hicieron señas a los compañeros de la otra barca, que viniesen y les ayudasen. Vinieron luego, y llenaron tanto de peces las dos barcas, que faltó poco para que se hundiesen. Lo que viendo Simón Pedro, se arrojó a los pies de Jesús , diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador. Y es que el asombro se había apoderado así de él como de todos los demás que con él estaban a vista de la pesca que acababan de hacer. Lo mismo que sucedía a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Entonces Jesús dijo a Simón: No tienes que temer, de hoy en adelante serán hombres los que has de pescar. Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas le siguieron. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Lucas 5, 1-11 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Ambrosio, in Lucam lib 4. Cuando Jesús hubo dispensado la salud a varias clases de enfermos, y ni el tiempo ni el lugar detenía a las turbas deseosas de salud, declinó la tarde. Y le seguían. Un lago les disputa el paso, y le rodeaban por todas partes; por ello se dice: "Y aconteció que agolpándose las turbas hacia El", etc.
Crisóstomo. Estaban unidos a El, lo amaban, lo admiraban, y deseaban tenerlo siempre consigo. ¿Quién se separaría de El cuando hacía tales milagros? ¿Quien no querría ver aquel rostro y aquella boca que decía tales cosas? No sólo era admirable cuando hacía milagros, sino que su solo aspecto abundaba en gracia de una manera extraordinaria. Por lo que cuando hablaba le oían con el mayor silencio, y nunca interrumpían su discurso; por esto se dice: "Y acudían a El para oír la palabra de Dios", etc. Prosigue: "Y El estaba a la orilla del lago de Genesareth".
Beda. Aseguran que el lago de Genesareth era el mismo mar de Tiberíades, y que tomó el nombre de mar de Galilea en atención a la provincia que le rodeaba. Genesareth se llama también porque este mar se parece a un lago (que encrespando sus olas parecía que él mismo era quien se agitaba), y en griego quiere decir que engendra la brisa. Sus aguas, en vez de ser tranquilas como las de los lagos, son frecuentemente agitadas por los vientos; son dulces y buenas para beber. Pero en la lengua hebrea se acostumbró a designar con el nombre de mar a toda reunión de aguas, sean dulces o saladas.
Teofilacto. El Señor huye de la gloria, cuanto más ella le persigue, y por ello, separándose de las turbas, entró en la barca. De donde prosigue: "Y vio dos barcos que estaban a la orilla del lago. Y los pescadores habían saltado en tierra, y lavaban sus redes".
Crisóstomo. Lo cual era señal de descanso. Pero, según San Marcos, los encontró remendando sus redes. Tanta era la pobreza de aquellos pescadores que remendaban sus redes, no pudiendo comprar otras. Queriendo reunir oportunamente a toda la concurrencia, y que nadie se quedase a su espalda, y con el fin de que todos le viesen cara a cara, subió en el barco. Por esto dice: "Y entrando en una nave que era de Simón, le rogó", etc.
Teofilacto. He aquí la mansedumbre de Jesucristo, que ruega a Pedro; y la obediencia de Pedro, en todo.
Crisóstomo. Después que hizo tantos milagros, expone de nuevo su doctrina; y encontrándose en el mar, pesca a los que están en tierra. Y de aquí prosigue: "Y estando sentado, enseñaba al pueblo desde la navecilla".
San Gregorio Nacianceno, hom. de repudio. Condescendiendo con todos, a fin de sacar al pez del abismo, esto es, al hombre que nada en las cosas móviles y en las amargas tempestades de esta vida.
Beda. Místicamente hablando, las dos naves representan al pueblo judío y gentil, los cuales vio el Señor, porque conoce quiénes son los suyos en uno y otro pueblo; y al verlos -esto es, visitándolos con su misericordia-, los conduce a la playa tranquila de la vida futura. Los pescadores son los doctores de la Iglesia, que nos pescan con la red de la fe, y -como a la playa- nos conducen a la tierra de los vivos. Pero estas redes unas veces se tienden a la pesca, otras veces se lavan para plegarlas, porque no todo el tiempo es propicio para la predicación, sino que el Doctor debe hablar unas veces y otras ocuparse de sí mismo. La nave de Simón es la Iglesia primitiva, de quien dice San Pablo: "El que hizo a Pedro Apóstol de los circuncisos" ( Gál 2,8). Se dice bien: una barca, porque la multitud de los creyentes tenía sólo un corazón y una alma ( Hch 4,32).
San Agustín, de quaest evang. 2, 2. Desde la cual enseñaba a las turbas; porque enseña a las gentes con la autoridad de la Iglesia. Y en cuanto a lo que dice, que subiendo el Señor al barco suplicó a San Pedro que le separase un poco de la tierra, da a entender que se debe predicar a las gentes con moderación; ni mandándoles lo terreno, ni apartándolos de la tierra a lo profundo de los misterios. También quiere decir que debe predicarse primero a las gentes que están más cerca. Después dice: "Entra más adentro" manda predicar a las naciones más remotas.
San Cirilo. Después que había enseñado bastante al pueblo, vuelve otra vez a sus obras admirables; y por medio del oficio de pescador, pesca a sus discípulos. De donde prosigue: "Y luego que acabó de hablar, dijo a Simón: Entra más adentro, y soltad vuestras redes para pescar".
Crisóstomo. Acomodándose a las circunstancias de los hombres, así como llamó a los magos por medio de una estrella, llama ahora a los pescadores por medio del arte de pescar.
Teofilacto. San Pedro no tardó en obedecer, y por esto prosigue: "Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, sin haber cogido nada". No añadió, pues: No te obedeceré, ni me expondré a trabajar por segunda vez en vano; sino que añade: "Mas en tu palabra soltaré la red". Y como el Señor había instruido las turbas desde el barco, no dejó sin recompensa a su dueño dispensándole beneficios de dos maneras: primero, dándole multitud de peces, y después, haciéndolo su discípulo; por lo que sigue: "Y cuando esto hubieron hecho, cogieron una copiosa multitud de peces", etc. Cogió tantos peces, que no pudo sacarlos afuera, sino que tuvo que pedir auxilio a sus compañeros que estaban en otro barco, para que viniesen. Los llama por señas, porque no podía hablar asombrado por la gran cantidad de peces que había cogido; y aquéllos le prestaron su auxilio, porque dice: "Y vinieron, y de tal manera llenaron las dos barcas", etc.
San Agustín, De cons Evang., 2, 9. San Juan parece contar el mismo milagro 1; pero es otro muy distinto, y que se verificó después de la resurrección del Señor en el mar de Tiberíades. No solamente se diferencian estos dos prodigios en cuanto al tiempo, sino también en cuanto a la misma cosa. Porque en el milagro que refiere San Juan se dice que arrojó la red a la derecha, y sacó ciento cincuenta y tres peces; grandes en verdad, y tanto, que el evangelista especificó su magnitud diciendo que, a pesar de ello, las redes no se rompieron; fijándose sin duda, en este otro prodigio que refiere San Lucas, en el que se rompían las redes, por los muchos pescados que habían cogido.
San Ambrosio. Místicamente, la barca de Pedro, que flota según San Mateo y que según San Lucas se llena de peces, figura la Iglesia flotante en su origen, y llena después hasta rebosar. No zozobra ésta que tiene a Pedro; pero fluctúa aquella que tiene a Judas: en una y otra se encuentra Pedro, pero el que permanece firme por sus virtudes es perturbado por las extrañas. Evitemos el trato con el traidor, no sea que vacilemos muchos, empujados por uno solo. Hay perturbación allí donde se encuentra poca fe; y gran seguridad donde hay perfecto amor. Ultimamente, aun cuando se manda a otros que arrojen sus redes, sólo a Pedro se le dice: "Entra más adentro"; esto es, hasta el fondo de la cuestión. ¿Qué cosa hay más elevada que conocer al Hijo de Dios? ¿Mas cuáles son las redes que se manda a los apóstoles tender sino los discursos, que como los rodeos y vueltas de las discusiones no dejan escapar a los que cogen? Los instrumentos de los apóstoles son redes de pesca que no hieren a los que cogen, sino que los reservan; y que, desde el abismo donde se agitaban, los hacen subir a lo más elevado. Dice, pues: "Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, sin haber cogido nada"; porque en realidad el fruto que ha de cogerse por medio de la predicación no depende de los hombres, sino de Dios. Los que antes nada habían cogido ahora hacen una gran pesca con la Palabra de Dios.
San Cirilo. Esto prefiguró lo que había de suceder; no trabajan en balde los predicadores de la doctrina evangélica cuando tienden sus redes, sino que aumentan siempre nuevas comunidades a la Iglesia de Dios.
San Agustín, de cuest. evang. 2, 2. Las redes que se rompían y las barcas llenas de tanta abundancia de peces, que casi se sumergían, significan que habrá en la Iglesia tal multitud de hombres carnales, que la desgarrarán con herejías, y perturbarán su paz con cismas.
Beda. Se rompe la red pero no escapa el pez, porque el Señor defiende siempre a los suyos contra los escándalos de sus perseguidores.
San Ambrosio. La otra nave es el judaísmo, de la que son elegidos San Juan y Santiago. Estos pasaron de la sinagoga a la nave de Pedro -esto es, a la Iglesia-, para que llenasen las dos naves. Todos, pues, se postran cuando se pronuncia el nombre de Jesús, ya sean judíos, ya griegos.
Beda. O la otra nave es la Iglesia de los gentiles, la cual, no siendo suficiente una nave, se llena también de peces escogidos; porque el Señor conoce quiénes son los suyos ( 2Tim 2,19), y sabe el número total de sus elegidos. Aun cuando no encontró a muchos que creyeran en El entre los judíos, sabe perfectamente quienes van a admitir la fe y van a ser premiados con la vida eterna, y busca a los suyos una colocación a propósito en otra nave, llenando también los corazones de los gentiles con la gracia de su fe. La segunda nave se llama cuando se rompe la red. Así, cuando Judas el traidor, Simón Mago, Ananías y Safira y muchos de los discípulos se retiraron, en seguida San Bernabé y San Pablo fueron agregados para el apostolado de los gentiles.
San Ambrosio. También podemos entender que la otra nave representa a otra Iglesia, pues de la única Iglesia se derivan muchas Iglesias particulares.
San Cirilo. Hace señas a sus compañeros para que le ayuden. Muchos continúan los trabajos de los apóstoles; en primer lugar aquéllos que escribieron los Evangelios; después, los que han sido constituidos en pastores y presidentes de los pueblos y en doctores de la verdadera doctrina.
Beda. Las naves de éstos se llenan con aumento cada día, y se llenarán hasta el fin del mundo. Y que después de llenas se sumergen -esto es, que son amenazadas de naufragio porque no han de ser sumergidas, aun cuando peligren-, el Apóstol lo expone, diciendo: "En los tiempos venideros habrá días peligrosos; y habrá hombres egoístas" ( 2Tim 3,1-2). Pues sumergirse las naves significa que los hombres, después que fueron elegidos por la fe, recaen en la inmoralidad del siglo.
San Ambrosio. San Pedro se admiraba de los dones de Dios; y cuanto más tenía, menos presumía. Por lo que dice: "Y cuando esto vio Simón, Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador".
San Cirilo. Trayendo a la memoria todos los pecados que había cometido, tiembla y se estremece, como sucede generalmente que el que está manchado no cree que pueda ser aceptable delante del que está limpio. Sabía por la ley -o había aprendido por la ley-, que debe distinguirse entre el bueno y el malo.
San Gregorio Niceno. Cuando mandó arrojar las redes, se cogió tanta cantidad de peces, cuanta quiso el Señor del mar y de la tierra. La palabra del divino Verbo siempre es la palabra del poder, a cuyo mandato habían nacido la luz y todas las demás criaturas en el principio del mundo. San Pedro se admira de todo esto: "Porque él, y todos los que con él estaban, quedaron atónitos", etc.
San Agustín, de cons. evang. 4, 17. No nombra a San Andrés, el cual debía estar en la misma barca, como dicen San Mateo y San Marcos. Prosigue: "Y Jesús le dijo a Simón: 'No temas'.
San Ambrosio. Di tú también: Señor, apártate de mí, porque soy un hombre pecador, para que Dios responda: "No temas". Debemos confesar nuestros pecados al Señor para que nos trate con indulgencia. Ve cuán bueno es el Señor, cuando concede a los hombres el gran poder de vivificar. Prosigue: "De aquí en adelante serás pescador de hombres".
Beda. Esto se refería a San Pedro de una manera especial, porque así como entonces cogía los peces por medio de sus redes, más adelante habría de coger a los hombres por medio de la palabra. Le da a conocer, a la vez, el orden de todo lo que había de suceder en la Iglesia -cuyo tipo era él- y que todos los días se viene verificando.
Crisóstomo. Observa también la fe y la obediencia de los apóstoles.Teniendo entre manos el trabajo de la apetecida pesca, no se detuvieron en cuanto oyeron la voz del Señor que les mandaba sino que, abandonadas todas las cosas, lo seguían. Una obediencia igual exige Jesucristo de nosotros. Y debemos dejar todas las cosas cuando nos llama, aun cuando nos apremie algo muy necesario; de donde prosigue: "Y acercadas las barcas a tierra", etc.
San Agustín, de cons. evang. 2, 17. San Mateo y San Marcos refieren cómo sucedió esto de una manera breve. San Lucas lo explica de una manera más clara; en lo cual parece que hay alguna diferencia, porque recuerda que únicamente a San Pedro dijo el Señor: "Desde aquí en adelante serás pescador de hombres", y los otros dos Evangelistas dicen que el Señor dijo esto mismo, pero a los dos hermanos. Sin embargo, pudo suceder que primero se lo dijese a San Pedro, porque se había admirado de la gran cantidad de peces que había cogido, según insinúa San Lucas, y a los dos después, lo cual contaron los dos primeros Evangelistas. También puede entenderse que primero medió lo que dijo San Lucas, porque entonces todavía no habían sido llamados por el Señor, sino que solamente se había dicho a San Pedro que sería pescador de hombres; pero no que nunca habría de pescar peces. De aquí se da a entender que aquéllos volverían a pescar peces, y que después sucedería lo que refieren San Mateo y San Marcos. Entonces no habían sacado las barcas a tierra, como con el cuidado de volver a lo mismo, sino que le siguieron, como que los llamaba o mandaba. Pero si, según San Juan, San Pedro y San Andrés habían seguido a Jesús desde las orillas del Jordán, ¿cómo dicen otros Evangelistas que los encontró en Galilea pescando, y los llamó para discípulos suyos? Pero debe entenderse que vieron al Señor junto al Jordán, sin unirse a El inseparablemente, sino que tan sólo conocieron quién era, y habiéndole admirado, se retiraron a sus lugares.
San Ambrosio. En sentido místico, diciendo: "Señor, apartaos de mi", Pedro niega que los que coge con la palabra sean su conquista y su botín. Tampoco tú temas referir a Dios lo que tienes, porque El nos ha concedido lo que era suyo.
San Agustín, De quaest. Evang. 2, 2. O de otro modo, Pedro, en representación de la Iglesia, llena de hombres pecadores, dice: "Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador"; como si la Iglesia, llena de una multitud de hombres pecadores, y casi sumergida por sus costumbres, alejase de ella en cierto modo el reino de las cosas espirituales, en las que sobresale especialmente la persona de Jesucristo. Los hombres no dicen esto con palabras a los buenos ministros del Señor para alejarlos de sí; pero, con la palabra de sus costumbres y de sus acciones, los obligan a que se separen de ellos, para no ser dirigidos por buenos, y con tanto mayor motivo cuanto que así los honran; como San Pedro figuraba su respeto, postrándose a los pies del Señor, al recordar su vida pasada, diciendo: "Señor, apartaos de mí".
Beda. Conforta el Señor el temor de los carnales, para que ninguno, temblando a causa de su conciencia culpable, o desalentado a la vista de la inocencia de otros, tema entrar en el camino de la santidad.
San Agustín, De quaest. Evang. 2, 2. El Señor, no separándose de ellos, da a entender que hombres buenos y espirituales no deben asustarse por los pecados de las turbas, ni tener la voluntad -para vivir con más seguridad y paz- de abandonar el ministerio eclesiástico. En cuanto a que sacaron los barcos a tierra y, dejando todas las cosas, lo siguieron, puede significar el fin del tiempo, en el cual los que hayan continuado unidos a Cristo se apartarán enteramente de la mar de este mundo.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena
Ofertorio (Ps. 12, 4-5)
Illúmina óculos meos, ne umquam obdórmiam in morte: ne quando dicat inimícus meus: Præválui advérsus eum.
no sea que alguna vez diga mi enemigo: He prevalecido contra él. Los que me atribulan saltarán de gozo si me ven vacilar. Pero yo tengo puesta mi confianza en tu misericordia. Mi corazón saltará de júbilo por la salvación que me vendrá de ti; cantaré al Señor bienhechor, y haré resonar con himnos de alabanza el nombre del Señor altísimo. [Torres Amat]
Secreta
Oblatiónibus nostris, quǽsumus, Dómine, placáre suscéptis: et ad te nostras étiam rebélles compélle propítius voluntátes. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Aplacaos, os rogamos, Señor, con nuestras oblaciones recibidas, y atraed propicio hacia Vos aun nuestras voluntades rebeldes. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Comunión (Ps. 17, 3)
Dóminus firmaméntum meum, et refúgium meum, et liberátor meus: Deus meus, adjútor meus.
Salmo de David, siervo del Señor, a cuya gloria dirigió las palabras de este cántico, el día en que le libró el Señor de las manos de todos sus enemigos, como también del poder de Saúl, con cuyo motivo dijo: A ti he de amarte, ¡oh Señor!, que eres toda mi fortaleza. [Torres Amat]
Poscomunión
Mystéria nos, Dómine, quǽsumus, sumpta puríficent: et suo múnere tueántur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Que los misterios recibidos, Señor, os rogamos, nos purifiquen, y nos protejan con su don. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
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