lunes, 6 de febrero de 2040
San Tito, Obispo y Confesor
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Eccli. 44, 16-27; 45, 3-20)
Léctio libri Sapiéntiæ Ecce sacérdos magnus, qui in diébus suis plácuit Deo, et invéntus est justus: et in témpore iracúndiæ factus est reconciliátio. Non est invéntus símilis illi, qui conservávit legem Excélsi. Ideo jurejurándo fecit illum Dóminus créscere in plebem suam. Benedictiónem ómnium géntium dedit illi, et testaméntum suum confirmávit super caput ejus. Agnóvit eum in benedictiónibus suis: conservávit illi misericórdiam suam: et invénit grátiam coram óculis Dómini. Magnificávit eum in conspéctu regum: et dedit illi corónam glóriæ. Státuit illi testaméntum ætérnum, et dedit illi sacerdótium magnum: et beatificávit illum in glória. Fungi sacerdótio, et habére laudem in nómine ipsíus, et offérre illi incénsum dignum in odórem suavitátis.
Enoc agradó a Dios, y fue transportado al paraíso para predicar al fin del mundo a las naciones la penitencia. Noé fue hallado perfectamente justo; y en el tiempo de la ira vino a ser instrumento de reconciliación. Por eso fue dejado un resto de vivientes en la tierra, cuando vino el diluvio. A Noé fue hecha aquella promesa sempiterna, según la cual no pueden ser destruidos por otro diluvio todos los mortales. Abrahán, aquel gran padre de muchas gentes, que no tuvo semejante en la gloria, el cual guardó la ley del Altísimo, y estrechó con él la alianza, la que ratificó con la circuncisión de su carne, y en la tentación fue hallado fiel. Por eso juró el Señor darle gloria en su descendencia, y que se multiplicaría su linaje como el polvo de la tierra, y que su posteridad sería ensalzada como las estrellas del cielo, y tendría por herencia el continente de mar a mar, y desde el río Eufrates hasta los términos de la tierra. 24. Y del mismo modo se portó con Isaac por amor de Abrahán, su padre. 25. A él le dio el Señor la bendición de todas las naciones, y después confirmó su pacto o promesa sobre la cabeza de Jacob . 26. Al cual reconoció y distinguió con sus bendiciones, y le dio la herencia, repartiéndosela entre las doce tribus. 27. Y le concedió que en su linaje hubiese siempre varones piadosos, que fuesen amados de todas las gentes. A causa de Abraham le dio la bendición de todas las gentes, y confirmó su alianza sobre la cabeza de Jacob. Reconocióle en sus bendiciones, y le dio la herencia, y se la dividió entre las doce tribus. Y conservó de él hombres de misericordia, los cuales hallaron gracia a los ojos de todo mortal. Fue amado de Dios y de los hombres: bendita es su memoria. Lo glorificó en presencia de los reyes; dio los preceptos o mandamientos que promulgase a su pueblo, y le mostró su gloria. Lo santificó por medio de su fe y mansedumbre, y lo escogió entre todos los hombres. Por eso oyó Moisés a Dios y su divina voz; y lo hizo Dios entrar dentro de la nube; donde cara a cara le dio los mandamientos y la ley de vida y de ciencia, para que enseñase a Jacob su pacto o alianza, y sus juicios u ordenanzas a Israel. Ensalzó a Aarón, hermano de Moisés y semejante a él, de la tribu de Leví. Asentó con él un pacto eterno; y le dio el sacerdocio de la nación, y lo llenó de felicidad y gloria. Le ciñó con un cíngulo precioso, y lo vistió con vestiduras de gloria; y le honró con ornamentos de mucha majestad. Le puso la túnica talar sobre la túnica interior, y le dio el efod o espaldar, y puso alrededor de la orla de la vestidura talar muchísimas campanillas de oro, para que sonasen cuando se moviese, y se oyese su sonido al entrar en el templo, a fin de excitar la atención en los hijos de su pueblo. Le puso el racional, o pectoral santo, tejido de oro, y de jacinto, y de púrpura, obra de un varón sabio, dotado de verdadera prudencia; labor artificiosa, hecha de hilo de púrpura, torcido, con piedras preciosas engastadas en oro, esculpidas por industrioso lapidario, tantas en número cuantas eran las tribus de Israel, y para memoria de éstas. Sobre su mitra colocó una diadema o lámina de oro, donde estaba esculpido el sello de santidad, ornamento de gloria, obra primorosa, que con su belleza se llevaba tras sí los ojos. No se han visto antes de este adorno sacerdotal cosas tan preciosas, desde que el mundo es mundo. Jamás las vistió o usó hombre alguno de otra gente, sino solamente los hijos de éste y sus nietos perpetuamente. Sus sacrificios eran diariamente consumidos con el fuego. Moisés le llenó o consagró las manos, y le ungió con el óleo sagrado. A él fue concedido, y a su descendencia por un pacto o promesa eterna, y duradera como los cielos, ejercer las funciones del sacerdocio y cantar las alabanzas de Dios, y en su nombre bendecir solemnemente a su pueblo. El Señor lo escogió entre todos los vivientes para que le ofreciese los sacrificios, y el incienso, y olor suave; a fin de que haciendo con eso memoria de su pueblo, se le mostrase propicio. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Comentario al Eclesiástico, caps. 44, 45 — Cornelio a Lápide
V. 16. HENOC AGRADÓ A DIOS, Y FUE TRASLADADO AL PARAÍSO, PARA DAR A LAS GENTES PENITENCIA. — Después de las alabanzas comunes a todos, comienza ya los elogios de cada uno. Empieza por Henoc, omitiendo a Adán, Abel, Set y Enós, porque Henoc fue más ilustre que todos ellos y que los demás antecesores, y por eso digno de conducir, como caudillo, este coro de héroes; y sobre todo porque Henoc no vivió santamente sólo para sí, como Abel y Set, sino que resplandeció con su santidad ante todo el orbe, y mucho más resplandecerá al fin del mundo, para el cual Dios lo reserva y destina. Pues Henoc «anduvo con Dios», esto es, como vierten los Setenta, y tras ellos el Siracida, «agradó a Dios», a saber, como el siervo carísimo agrada a su señor, o el hijo agrada a su padre. Véase lo dicho en Génesis V, 22.
El «al paraíso» ya no se halla en el griego, pero el Nuestro lo leyó en otro tiempo en el griego, según juzgan Sixto de Siena, Delrío y otros; o al menos lo sobrentendió en el «fue trasladado», como quiere Jansenio. Porque el sentir común de la Iglesia y de los fieles en todos los tiempos fue que Henoc fue trasladado al paraíso: así, cuando se decía que Henoc había sido trasladado, al punto todos entendían que había sido trasladado al paraíso. Es, pues, de fe que Henoc fue trasladado al paraíso, pues así lo afirma expresamente aquí la Sagrada Escritura, a saber, la Vulgata latina, a la cual el Santo Concilio de Trento (sesión IV) sancionó que debe recibirse como Escritura auténtica y verdadera en todo, y anteponerse a los códices griegos y hebreos.
Pregúntase, pues, cuál sea el paraíso al que fue trasladado Henoc. Algunos entienden por paraíso el limbo de los padres o seno de Abrahán; otros, el cielo, como san Ambrosio y san Jerónimo. Pero digo que este paraíso está en la tierra, y que parece ser aquel paraíso terrenal en que fue puesto Adán al principio; porque Elías y Henoc no están en el cielo, ya que aún no han muerto, y mucho menos son bienaventurados; ni tampoco en el infierno, que es cárcel y gehena, no paraíso; luego están en la tierra, y en el paraíso terrenal, pues ningún lugar hay más digno de su rapto y feliz vida. Esto lo enseñan muchísimos Padres y Doctores, y en primer lugar san Ireneo (lib. V Contra las herejías, cap. v), que afirma haberlo recibido de la tradición de los presbíteros de Asia, quienes a su vez lo recibieron de los Apóstoles.
PARA DAR A LAS GENTES PENITENCIA. — Así ha de leerse con los códices romanos y griegos, esto es, «penitencia», no «sabiduría», como leen Rabano y otros; aunque el sentido viene a ser el mismo, pues la verdadera sabiduría del pecador es la penitencia. El sentido es: Fue trasladado Henoc para que, volviendo, dé a las gentes ejemplos, avisos y estímulos de penitencia, con que ellas, movidas, hagan penitencia de los pecados que al fin del mundo, por el Anticristo, sus precursores y secuaces, abundarán por todo el orbe y desbordarán como un diluvio. Nótese el «a las gentes», pues Henoc fue Gentil, esto es, anterior a Abrahán y Moisés, a quienes se dio la circuncisión y el judaísmo: él, pues, como Gentil, predicará la penitencia a los gentiles; así como Elías, cuasi Judío, la predicará a los Judíos; por eso se vestirán de sacos, esto es, de cilicios, como pregoneros de la penitencia (Apoc. cap. xi, 3).
De este lugar del Siracida es cierto que Henoc, lo mismo que Elías, ha de volver al fin del mundo, para que a los hombres arrastrados por el Anticristo a la infidelidad y a todos los vicios, los reduzcan a la fe y a la virtud. Éste es el sentido y consenso de la Iglesia y de todos los ortodoxos. Lo mismo predijo san Juan (Apoc. xi, 3), donde también describe su vida y su muerte.
Los códices griegos modernos disienten aquí, como muchas veces en otros lugares, de la Vulgata latina; pues tienen: «Henoc fue trasladado como ejemplo de penitencia a las generaciones». Jansenio, siguiendo esta lección, niega que de este lugar se pruebe eficazmente que Henoc ha de venir al fin del mundo a combatir contra el Anticristo. Pero muy otro es el sentir de los demás intérpretes y de los fieles. Por lo cual nuestro Intérprete parece haber leído «para que dé penitencia», y esa lección siguieron por doquier los antiguos y los modernos, que de este lugar unánime y constantemente enseñan que Henoc ha de venir con Elías contra el Anticristo; pues no hay otro lugar en la Escritura que lo signifique con claridad, sino éste. Por tanto, la Vulgata latina ha de preferirse aquí a los griegos modernos, por decreto del Concilio de Trento (sesión IV); y no se han de acomodar los textos latinos a los griegos, sino los griegos a los latinos. Que el «fue trasladado» lo arguye: pues para ser en su siglo ejemplo vivo de penitencia, no debiera haber sido trasladado, sino permanecer superviviente en vida; y por haber sido trasladado, es señal de que se reserva para los siglos futuros. De donde Tertuliano (lib. Del Alma, cap. L), hablando de Henoc y Elías: «Se reservan para morir, para extinguir con su sangre al Anticristo».
De aquí es probable que este rapto de Henoc fuese en plena luz y público, visible a todos, más aún, espléndido y augusto: por ejemplo, por medio de ángeles que se le aparecieron en un carro de fuego, o en una nube, o en cuerpo glorioso; tanto porque lo merece su eximia santidad y su trato con Dios y con los ángeles, cuanto porque su compañero Elías fue arrebatado en un carro de fuego (IV Reyes, II), y Henoc no fue inferior a Elías; antes bien, Elías fue hijo de Henoc, pues desciende de él por Noé por recta serie de generaciones. Por lo cual san Ambrosio (in Ps. CXVIII) enseña que Henoc fue figura de Cristo: «Henoc —dice—, ¿no es acaso manifiesto indicio de la piedad y divinidad del Señor, por cuanto el Señor no sintió la muerte y volvió al cielo, siendo así que el autor de su linaje fue arrebatado al cielo?».
V. 17. NOÉ FUE HALLADO PERFECTO, JUSTO, Y EN EL TIEMPO DE LA IRA FUE HECHO RECONCILIACIÓN. — Desde Henoc, cuasi primer pregonero de la penitencia en un mundo cubierto de vicios, pasa al segundo, esto es, a Noé, que fue tataranieto de Henoc; de suerte que, así como Henoc fue el séptimo desde Adán, Noé fue el décimo, y en él acaba la primera década de generaciones y el primer siglo del mundo. El «justo» puede juntarse con «perfecto» (así vierte la Tigurina: «Noé fue hallado perfectamente justo»); o, separando con coma el «justo» del «perfecto», como hacen los romanos, Rabano y otros, el «justo» explica el «perfecto»: Noé fue perfecto porque fue justo por excelencia, esto es, justísimo y santísimo, fénix y sol de justicia de su edad; pues anduvo con Dios, «y», es decir, por eso, «en el tiempo de la ira», cuando airado Dios quería perder a todo el género humano, «fue hecho reconciliación», porque aplacó a Dios para que salvase al género humano por él y por sus hijos en el arca. Fue, pues, semillero de la naturaleza humana y del nuevo siglo; por lo cual, como dice Nacianceno: «Noé fue el padre del segundo mundo».
En lugar de «reconciliación», en griego está ἀντάλλαγμα, esto es, conmutación, permuta, redención y precio de redención. Fue, pues, la piedad y santidad de Noé el precio con que él, ante la justicia de Dios, cuasi redimió tanto a su familia, para que no se anegase en el común diluvio, como, por consiguiente, la esperanza y propagación del género humano. Por eso «le fue dejado el resto de la tierra», esto es, la simiente que quedó en la tierra, con que se conservó la descendencia de los hombres. De donde Noé fue figura de Cristo redentor, que con su sangre, cuasi como precio, compró y redimió de la ruina al género humano. Véase lo dicho en I Pedro III, 20 y 21. Mira aquí cuán grande fue la santidad de Noé, y cuánto puede ante Dios un solo hombre eminentemente santo; pues Noé con su santidad resistió a Dios, que quería perder a todo el género humano, y le ató cuasi las manos para que se perdonase a sí y al género humano.
V. 18. POR ESO FUE DEJADO EL RESTO DE LA TIERRA, CUANDO SE HIZO EL DILUVIO. — «Resto» se toma aquí sustantivamente, pues es lo mismo que «reliquias»: por la santidad de Noé, con que reconcilió a Dios airado con la tierra y con el género humano, dejó Dios algún resto, esto es, algunas reliquias de hombres para habitar y cultivar la tierra y para propagar el género humano, a saber, Noé con sus hijos. Pues, como dice san Pedro (I epíst., cap. III, 20), en el arca «ocho almas se salvaron». Tropológicamente, Rabano y Lirano: Noé significa a los rectores que, entre los oleajes del siglo, gobiernan el arca, esto es, la Iglesia, y predican el bautismo de penitencia, aplacando a Dios con oraciones y sacrificios en favor del género humano. Así también san Agustín (in Ps. CXXXII): «Noé significa a los rectores de la Iglesia, porque él gobernó el arca en el diluvio».
V. 19. LOS TESTAMENTOS DEL SIGLO FUERON PUESTOS EN SU MANO, PARA QUE NO PUDIESE SER DESTRUIDA TODA CARNE POR EL DILUVIO. — Llama «testamentos» a los pactos «del siglo», esto es, con el siglo o mundo, a saber, los concertados por Dios con Noé y con los demás hombres, descendientes suyos, sobre no traer más un diluvio al orbe con que de nuevo se anegue toda carne de hombres y animales; o llama pactos «del siglo» a los pactos eternos y perpetuos, aludiendo a aquello: «me acordaré de la alianza sempiterna que se pactó entre Dios y toda alma viviente» (Génesis ix, 16), donde da el arco iris por señal y confirmación de esta alianza perpetua. Entiéndese del diluvio de agua; pues por el diluvio de fuego perecerá y se quemará todo el orbe en el día del juicio, como enseña san Pedro (epíst. II, cap. III). Pactó, pues, Dios con Noé, como con otro Adán, cabeza de todo el género humano, alianza eterna y jamás violable, de que los hombres nunca serían de nuevo exterminados por diluvio.
V. 20. ABRAHÁN, GRANDE PADRE DE MULTITUD DE GENTES, Y NO SE HALLÓ SEMEJANTE A ÉL EN GLORIA. — La Tigurina: «Grande fue Abrahán, padre de muchas gentes, y no hubo gloria semejante a la suya»; el Siríaco: «Abrahán, padre de asambleas de pueblos, y no se halló mancha en su gloria». Éste es el tercer Patriarca y restaurador del orbe en la fe y culto de Dios, a saber, «Abrahán», que fue «grande» por elección, santidad y honor. Alude a la etimología de Abram y Abrahán; pues al principio se llama Abram, cuasi «padre excelso», y luego, llamado por Dios, se llamó Abrahán, cuasi «padre de gran multitud de gentes», que de él habían de nacer y propagarse, parte según la carne (como fueron los Judíos), parte según la fe y el espíritu (cuales son los fieles y cristianos, que imitan la fe de Abrahán). Véase lo dicho en Génesis cap. XVII, vers. 5.
Comentario al Eclesiástico, caps. 44, 45, Cornelio a Lápide · Traducción del editor, del latín (Gran Comentario, dominio público) · fuente: lapide.org (dominio público)
Evangelio (Luc. 10, 1-9)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Designávit Dóminus et álios septuagínta duos: et misit illos binos ante fáciem suam in omnem civitátem et locum, quo erat ipse ventúrus. Et dicebat illis: Messis quidem multa, operárii autem pauci. Rogáte ergo Dóminum messis, ut mittat operários in messem suam. Ite: ecce, ego mitto vos sicut agnos inter lupos. Nolíte portáre sácculum neque peram neque calceaménta; et néminem per viam salutavéritis. In quamcúmque domum intravéritis, primum dícite: Pax huic dómui: et si ibi fúerit fílius pacis, requiéscet super illum pax vestra: sin autem, ad vos revertétur. In eádem autem domo manéte, edéntes et bibéntes quæ apud illos sunt: dignus est enim operárius mercéde sua. Nolíte transíre de domo in domum. Et in quamcúmque civitátem intravéritis, et suscéperint vos, manducáte quæ apponúntur vobis: et curáte infírmos, qui in illa sunt, et dícite illis: Appropinquávit in vos regnum Dei.
Después de esto eligió el Señor otros setenta y dos discípulos, a los cuales envió delante de él, de dos en dos. Por todas las ciudades y lugares adonde había de venir él mismo. Y les decía: La mies de la verdad es mucha, mas los trabajadores pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id vosotros, he aquí que yo os envío a predicar como corderos entre lobos. No llevéis bolsillo ni alforja, ni zapatos, ni os paréis a saludar a nadie por el camino. Al entrar en cualquier casa, decid ante todas las cosas: La paz sea en esta casa; que si en ella hubiere algún hijo de la paz, descansará vuestra paz sobre él; donde no, se volverá a vosotros. Y perseverad, en aquella misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan; pues el que trabaja, merece su recompensa. No andéis pasando de casa en casa. En cualquier ciudad que entrareis y os hospedaren, comed lo que os pusieren delante, y curad a los enfermos que en ella hubiere, y decidles: El reino de Dios está cerca de vosotros. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Lucas 10, 1-9 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Cirilo. Había dicho el Señor, por medio de sus profetas, que la predicación del Evangelio no sólo se extendería a todos los pueblos de Israel, sino también a todos los gentiles. Por esto el Señor no sólo escogió doce apóstoles, sino que instituyó también otros setenta y dos. Por lo que se dice: "Y después de esto señaló el Señor también otros setenta y dos", etc.
Beda. Oportunamente fueron enviados setenta y dos, porque había de predicarse el Evangelio a otras tantas naciones en el mundo. Y así como antes había escogido doce, a causa de las doce tribus de Israel, así ahora éstos son escogidos para enseñar a las gentes de fuera.
San Agustín, de quaest. evang. 2, 14. Como en el espacio de veinticuatro horas la luz recorre e lumina todo el mundo, así la función de ilustrar al universo por el misterio de la Trinidad se confía a setenta y dos discípulos, porque veinticuatro repetido tres veces hace setenta y dos.
Beda. Así como no hay quien dude que los doce apóstoles representaban a los obispos, así estos setenta y dos fueron la figura de los presbíteros (esto es, los sacerdotes de segundo orden). Sin embargo, en los primeros siglos de la Iglesia (como se sabe por tradición apostólica), unos y otros se llaman obispos y presbíteros; el uno significa madurez de sabiduría, y el otro cuidado del cargo pastoral.
San Cirilo. Esto ya lo había prefigurado Moisés, eligiendo setenta por orden de Dios ( Núm 11), a quienes Dios infundía su divino Espíritu. También se dice en el libro de los Números ( Núm 33), que los hijos de Israel vinieron a Elim (que quiere decir ascenso), y encontraron allí doce fuentes de agua viva y setenta palmeras. Aspirando nosotros así al ascenso espiritual, encontraremos doce fuentes (esto es, los santos apóstoles, de quienes sacamos la ciencia de la salvación, como de la fuente del Salvador), y setenta palmeras, es decir, éstos que ahora son destinados por Cristo. Es la palmera un árbol de buena médula, profunda raíz, fértil, y que siempre se cría junto a las aguas; es también alta y extiende hacia arriba sus ramas.
San Cirilo. Prosigue: "Y los envió de dos en dos".
San Gregorio, hom. 17, in Evang. Los mandó así, porque dos son los preceptos de la caridad: el amor de Dios y el del prójimo; y entre menos de dos no puede haber caridad. Esto nos indica que, quien no tiene caridad con sus hermanos, no debe tomar el cargo de predicador.
Orígenes. Así como los doce apóstoles fueron nombrados de dos en dos, como en el catálogo de ellos demuestra San Mateo, así que sirviesen también de dos en dos a la palabra de Dios parece que es antiguo. Sacó el Señor a Israel de Egipto por medio de Moisés y Aarón ( Ex 12); Josué y Caleph, unidos, apaciguaron al pueblo sublevado por doce exploradores ( Núm 13;14). Por lo que se dice: "Un hermano ayudado por otro es como una ciudad fortificada" ( Prov 18,19).
San Basilio. También dio a entender aquí que, si algunos son iguales en dones espirituales, esto no dejará que prevalezca en ellos la pasión de la opinión propia.
San Gregorio in Evang. hom. 17. Se añade muy oportunamente: "Delante de El, a toda ciudad y lugar, a donde El había de venir". El Señor sigue a sus predicadores. La predicación prepara y entonces el Señor viene a vivir en nuestra alma, cuando preceden las palabras de la exhortación y la verdad se recibe así en la mente. Por esto dice Isaías a los predicadores ( Is 40,3): "Preparad los caminos del Señor, enderezad las sendas que a El conducen".
Teofilato. El Señor había designado discípulos a causa de la multitud que necesitaba de instructores. Porque así como nuestros campos, cuando están espigados, necesitan muchos espigadores, así los que habían de creer, como eran innumerables, necesitaban de muchos doctores. Por lo que sigue: "La mies ciertamente es mucha".
Crisóstomos. Y ¿cómo llama mies a lo que aún no ha nacido? Todavía no ha arado, ni ha abierto surcos y ya habla de las mieses. Podían, pues, los discípulos vacilar, meditar entre sí y decir: ¿Cómo será posible que nosotros, tan pocos en número, podamos convertir a todo el mundo; los sencillos a los sofistas, los desnudos a los vestidos, los súbditos a los que dominan? Para que no se turbasen con la reflexión de todo esto, llama al Evangelio mies, como diciendo: Todo está preparado. Os envío a la recolección ya preparada de frutos; en el mismo día podéis sembrar y coger. Así como el colono disfruta viendo el estado de sus mieses, así vosotros debéis salir mucho más contentos al mundo; porque ésta es la mies y yo os presento los campos ya preparados.
San Gregorio ut sup. Pero no sin tristeza podemos decir lo que sigue: "Los trabajadores son pocos". Porque, aun cuando hay muchos que oyen, hay muy pocos que predican. El mundo está lleno de sacerdotes, pero en la siega del Señor son pocos los que se ocupan, pues aceptamos el cargo sacerdotal pero no cumplimos los deberes de este cargo.
Beda. Así como la abundancia de mies es toda la turba de los creyentes, así los pocos operarios son los apóstoles y los imitadores de ellos, que son enviados a la mies.
San Cirilo. Como los campos dilatados exigen mayor número de trabajadores, así la multitud de los que habían de creer en Cristo. Por lo que prosigue: "Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe trabajadores a su mies". Obsérvese que cuando dijo: "Rogad al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies", los envió El después. Luego El es el Señor de la mies, y por El y con El Dios Padre lo domina todo.
Crisóstomo, hom. 33, in Matth. Después los multiplicó, no añadiendo al número, sino dándoles poder. Insinúa que es un gran don que se envíen operarios a la mies divina, por eso dice que debe rogarse al Señor de la mies.
San Gregorio, in Evang. hom. 17. Por esto debe invitarse a los súbditos a que rueguen por sus pastores para que trabajen dignamente y su lengua no cese de exhortar. Muchas veces la lengua de los predicadores se restringe por su indignidad; pero otra gran culpa de los súbditos es que se retire la palabra de la predicación a quienes los gobiernan.
San Cirilo. Dice San Lucas a continuación que los setenta discípulos aprendieron de Cristo la erudición apostólica, la modestia, la inocencia, la equidad. Aprendieron a no preferir cosa alguna del mundo a las santas predicaciones y a aspirar de tal modo a la fortaleza del alma que no temiesen ningún terror, ni la misma muerte. Por lo que dice: "Id".
Crisóstomo, in Mat. hom. 34. La virtud del que los enviaba era su consuelo en todos los peligros. Por ello dice: "He aquí que yo os envío". Como si dijese: Esto basta para vuestro consuelo, esto es suficiente para esperar y no temer los males que puedan sobrevenir; lo que significa cuando añade: "Como corderos entre lobos".
Isidoro Abad. Dando a conocer la sencillez y la inocencia de los discípulos, pues no llama corderos, sino cabritos, a los que son irascibles e injurian a la naturaleza con sus excesos.
San Ambrosio. Son contrarios entre sí estos animales, por lo que son devorados unos por otros, esto es, los corderos por los lobos. Pero el buen Pastor no quiere que su rebaño tema a los lobos. Por tanto, estos discípulos no fueron enviados como presa, sino a extender la gracia; pues la solicitud del buen Pastor hace que los lobos nada puedan emprender contra los corderos. Luego envía a los corderos entre los lobos para que se realizara aquella profecía: "Entonces los lobos y los corderos se apacentarán juntos" ( Is 65,25).
Crisóstomo hom. 14. Esto fue indicio manifiesto del gran triunfo, que, estando los discípulos rodeados de enemigos, como los corderos lo están de los lobos, sin embargo los convirtiesen.
Beda. O llama especialmente lobos a los escribas y a los fariseos, que son los sacerdotes de los judíos.
San Ambrosio. O los herejes se deben comparar a los lobos, pues los lobos son fieras que acechan los rediles y merodean cerca de las casas de los pastores. No se atreven a penetrar en ellas, pero exploran el sueño de los perros y aprovechan la ausencia o la torpeza de los pastores para acometer a la garganta de las ovejas y ahogarlas inmediatamente. Son fieros, rapaces, rígidos de cuerpo por naturaleza, de modo que no pueden retornar fácilmente. Son llevados por cierto ímpetu propio y por eso se les burla muchas veces. Si ven antes a algún hombre, el instinto natural los lleva a ahogar su voz; pero si el hombre los ve a ellos antes, temen ser rechazados. Así los herejes asedian los rediles de Jesucristo. Aúllan junto a las casas de noche, porque es siempre de noche para los pérfidos, que oscurecen la luz de Cristo con las nubes de sus falsas interpretaciones. Sin embargo, no se atreven a penetrar en los rediles de Cristo y por ello no son sanados como aquel que fue curado en el establo, cuando cayó en manos de los ladrones. Acechan en ausencia de los pastores, porque estando ellos presentes, no se atreven a acometer a las ovejas de Cristo. Son duros y rígidos por su mala intención, y no acostumbran dejar sus propios errores, a quienes Cristo, verdadero intérprete de la Sagrada Escritura, burla, para que en vano derramen sus ímpetus y no puedan dañar. Si previenen a alguno con los artificios de su disputa, lo hacen enmudecer; pues mudo es el que no confiesa la palabra de Dios con la gloria que le es propia. Guárdate, pues, de que el hereje te quite la voz, si no le sorprendes primero, porque serpea mientras su perfidia está oculta. Mas si conoces las ficciones de su impiedad, no tendrás que temer la pérdida de la voz piadosa. Invaden la garganta y hieren los órganos vitales mientras atentan contra el alma. Si oyes también que alguno se dice sacerdote y conoces su rapiñas, quede claro que es oveja en el exterior y lobo por dentro, que desea satisfacer su rabia con crueldad insaciable de matanza humana.
San Gregorio, hom. 17, in Evang. Muchos hay que cuando reciben el cargo de pastores se enardecen para desgarrar a sus súbditos y hacerles sentir el terror de su poder. Y como no tienen entrañas de caridad, quieren mostrarse señores y no se reconocen padres, mudando la humildad en orgullo de dominación. Contra todo lo cual debemos considerar que somos enviados como corderos en medio de los lobos, para que guardando el candor de la inocencia, evitemos la mordedura de la malicia. El que se dedica a predicar no debe hacer mal, sino sufrirle; y si el celo de la justicia exige que alguna vez proceda contra sus súbditos, debe amar interiormente a aquellos que castiga y parece perseguir exteriormente. Entonces el pastor aparecerá como tal, cuando no pone su alma bajo el pesado yugo de la codicia terrena. Por lo que sigue: "No llevéis bolsa, ni alforja".
San Gregorio Nacianceno Orat. 1. El resumen de todo esto es que deben ser tan virtuosos, que el Evangelio se propague no menos por el modelo de su vida que por su palabra.
San Gregorio, ut sup. Tanta debe ser la confianza que el predicador ha de tener en Dios que, aunque no tenga lo necesario para vivir, no debe fijarse siquiera en si esto le falta, no sea que, mientras se ocupa en las cosas de la tierra, no cuide del bien eterno de los demás.
San Cirilo. Así, pues, había mandado no tener cuidado de su misma persona, cuando dijo: "Os envío como corderos entre lobos". Ni concedió tampoco que anduviesen solícitos acerca de las cosas extrínsecas para el cuerpo, cuando dijo: "No llevéis bolsa, ni alforja". Ni aún les permitió llevar algo de lo que no está unido al cuerpo. Por lo que añade: "Ni calzado". No les prohibió solamente que llevasen bolsa y alforja, sino también todo cuidado o distracción, aún para saludar al que encontrasen; por lo que añade: "Ni saludéis a ninguno en el camino". Lo que antes dijo también Eliseo. Como si dijera: "Id rectos a vuestra obra, sin cambiar saludos", porque es un daño emplear en vano el tiempo de la predicación, a excepción de las cosas necesarias.
San Ambrosio. No prohibió esto el Señor porque le desagradasen las obras de benevolencia, sino porque le agradaba más la intención de proseguir su obra.
San Gregorio Nacianceno. Les mandó también esto el Señor en honor a la palabra; para que no pareciese que podían ser ya accesibles a las adulaciones, quiso que no se cuidasen de las palabras ajenas.
San Gregorio ut sup. Si se quiere considerar esto como una alegoría, diremos también que el dinero encerrado en la bolsa representa la sabiduría oculta. El que tiene la sabiduría y no quiere hacer participante de ella a su prójimo, la tiene como encerrada en un saco. Por alforja se entienden los cuidados de la vida; por el calzado, los ejemplos de las obras de los muertos. El que toma, pues, a su cargo la predicación, no debe cuidarse de las cosas mundanas; no sea que, preocupándose demasiado por ellas, no pueda elevarse a la predicación de la celestial doctrina. Ni debe fijarse tampoco en los ejemplos de las obras de los necios, para que no crea proteger sus actos con pieles muertas, y que, viendo a los otros obrar así, piense que puede hacer lo mismo.
San Ambrosio. El Señor nos quiere desprender de todo lo terreno; por esto mandó a Moisés que se descalzase, cuando había de enviarle a libertar a su pueblo ( Ex 3). Mas si alguno desea saber por qué se mandó a los israelitas que comiesen el cordero de pie y con el calzado puesto, al salir de Egipto ( Ex 12), mientras que a los apóstoles se les manda ir a predicar el Evangelio sin calzado, ha de considerar que el que está en Egipto debe temer todavía la mordedura de la serpiente, porque el veneno abunda en Egipto; y el que celebra la Pascua figurativa puede ser herido, mientras que el ministro de la verdad no teme los venenos.
San Gregorio. Todo el que saluda en el camino saluda por la ocasión del viaje, no por el celo de desear la salud. Aquel, pues, que predica, no por amor de la vida eterna, sino por la ambición de los premios que pueden ofrecerle los oyentes, se parece al que saluda en el camino, porque desea la salvación a los oyentes con ocasión, no con intención.
Crisóstomo in Epis. ad Col. 3. La paz es la madre de todos los bienes; sin ella todos los demás bienes son inútiles. Por ello el Señor mandó a sus discípulos que cuando entrasen en alguna casa, inmediatamente invocasen la paz sobre ella, como señal de los demás beneficios que venían a traer, diciéndoles: "En cualquier casa que entrareis, primeramente decid: paz sea a esta casa".
San Ambrosio. Esto es, debemos anunciar la paz y procurar que se celebre nuestra entrada con la bendición de la paz.
Crisóstomo, in Epis. ad Col. 3 et in Sal. 124. Por esto el Pontífice le da a la Iglesia diciendo: "La paz sea con vosotros". Los santos imploran la paz, no sólo la que existe entre los hombres, sino la que debe existir dentro de nosotros mismos. Porque muchas veces llevamos la guerra en nuestro corazón, nos afligimos sin que nadie nos ofenda y se levantan contra nosotros los malos deseos.
Tito Bostrense. Dice, pues: "Paz sea a esta casa". Esto es, a los que habitan en esta casa. Como diciendo: Hablad a todos, a los grandes y los pequeños; sin embargo, vuestro saludo no será dirigido a los indignos. Por lo que sigue: "Y si hubiese allí hijo de paz, reposará sobre él vuestra paz". Como diciendo: Vosotros pronunciaréis la palabra y Yo aplicaré la paz al que juzgue digno de ella. Y si no hubiere ninguno digno, no seréis defraudados, ni se perderá la gracia de vuestras palabras, sino que volverá a vosotros. Por eso añade: "Y si no se volverá a vosotros".
San Gregorio. La paz que se ofrece por el predicador, o descansa en la casa, si en ella hay algúno que esté presto para oírla y sigue la palabra celestial que oye; o si ninguno quiere oírla, el predicador no quedará sin fruto, porque la paz volverá sobre él, como una recompensa que el Señor le da por el trabajo de su obra. Mas si se recibe nuestra paz, entonces somos acreedores a que se nos recompense por aquéllos a quienes facilitamos el camino de la gloria. Por lo que prosigue: "Y permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan". He aquí que El mismo, que prohibió llevar bolsas y alforjas, nos permite percibir estipendio y alimentos por la predicación.
Crisóstomo ut sup. Mas para que alguno no diga: "Consumo mis bienes preparando la mesa a los forasteros", primero hace que aquél al entrar te ofrezca el don de la paz, al cual nada iguala, para que sepas que recibes más de lo que das.
Tito Bostrense. O de otro modo: Puesto que no estáis constituidos jueces de los que son dignos o indignos, comed y bebed lo que os ofrezcan y dejadme a mi el examen de los que os reciben; a no ser que conozcáis que allí no hay hijo de paz, porque entonces tal vez debéis retroceder.
Teofilato. Ved cómo ordenó a sus discípulos que pidiesen limosna y que tuviesen su alimento por salario; pues se añade: "Porque el trabajador es digno de su salario".
San Gregorio in Evang. hom. 17. Los alimentos que sustentan al obrero son ya una parte de su salario, de suerte que aquí se empiece la gracia del trabajo de la predicación, que se completa allí con la visión de la verdad. En lo que debe considerarse que se ofrecen dos premios a nuestro trabajo: uno en esta vida, que nos sustenta en el trabajo; otro en la patria, que nos remunera en la resurrección. La recompensa que en esta vida se recibe debe alentarnos para merecer con más seguridad la otra. El verdadero predicador no debe predicar con el fin de recibir la recompensa de esta vida, sino recibir la recompensa para poder predicar. Todo el que predica con el solo fin de la alabanza o de la recompensa de este mundo, se priva de la del cielo.
San Ambrosio. Se añade otra virtud: no andar de casa en casa con vaga facilidad; pues sigue: "No paséis de casa en casa". Esto es, que seamos constantes en la hospitalidad y no disolvamos fácilmente los vínculos de la amistad.
Beda. Después de haber hablado de cómo deben portarse sus discípulos en las casas, pasa ahora a enseñarles cómo deben portarse en las ciudades. A saber, comunicar en todo con los piadosos y apartarse enteramente de la sociedad de los impíos. Por lo que prosigue: "Y en cualquier ciudad en que entrareis y os recibieren, comed lo que os pusieren delante".
Teofilato. Aún cuando sea poco y vil lo que allí se encuentre, no pidáis más. Díceles también que, obrando milagros, atraigan a los hombres a sus predicaciones. Por lo que añade: "Y curad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios". Porque si curáis primero y después enseñáis, vuestra predicación producirá sus frutos y los hombres creerán que se aproxima el reino de los cielos, pues no se curarían si esto no lo hiciese alguna virtud divina. Además, cuando se curan en cuanto al alma, se acerca a ellos el reino de Dios, el cual está lejos de aquél a quien domina el pecado.
Crisóstomo, in Mat. hom. 33. Observa la dignidad de los apóstoles. No se les advierte que lleven cosa alguna material como a Moisés y a los profetas (esto es, bienes terrenos), sino cosas nuevas y admirables, esto es, el reino de los cielos.
San Máximo. Dice "se acercó", no para demostrar la brevedad del tiempo, porque el reino de Dios no viene con advertencia; sino que demuestra la disposición de los hombres para recibir el reino de Dios, el cual está en potencia en todos los que creen, y en acto en los que desprecian la vida corporal y eligen sólo la espiritual. Estos son los que pueden decir: "No soy yo quien vivo, sino Cristo que vive en mí" ( Gál 2,20).
San Ambrosio. Después les dice que deben sacudir el polvo de sus pies, cuando en alguna ciudad crean que no se les quiere recibir, diciéndoles: "Mas en la ciudad en que entrareis, si no os recibieren, sacudid el polvo", etc.
Beda. O para hacer constar el trabajo físico, que vanamente se tomaron por ellos, o para demostrar que hasta tal punto no buscan nada terreno de ellos, que ni el polvo de su tierra quieren que se les pegue. O por los pies se significa el trabajo y la marcha de la predicación, y el polvo que los cubre representa la ligereza de los pensamientos terrenos, de la cual no se ven libres ni aún los más grandes doctores. Aquellos, pues, que despreciaren la doctrina, los trabajos y los peligros de los que les enseñan, se exponen al testimonio de su condenación.
Orígenes. Sacudiendo contra ellos el polvo, les dicen en cierto modo: "El polvo de vuestros pecados con razón vendrá sobre vosotros". Y obsérvese que todas aquellas ciudades que no reciben a los apóstoles, ni su celestial doctrina, tienen plazas, según estas palabras: "Ancho es el camino que conduce a la perdición" ( Mt 7,13).
Teofilato. Y así como a los que reciben a los apóstoles se dice que se acerca el reino de Dios para su beneficio, así se dice para perjuicio de los que no los reciban. Por esto añade: "Esto no obstante, sabed que se os acerca el reino de Dios". Como sucede cuando viene un rey a una ciudad, que viene para bien de unos y para mal de otros. Por lo que tratando de su castigo, añade: "Os digo, en verdad, que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma", etc.
Eusebio. Porque en la ciudad de Sodoma los ángeles no carecieron de hospitalidad, sino que Loth fue considerado como digno de recibirlos ( Gén 19) 1. Si, pues, a la llegada de los discípulos, no hay uno siquiera en la ciudad que los reciba, ¿cómo no será peor que la ciudad de Sodoma? Este lenguaje les enseñaba a abrazar con confianza la regla de la pobreza, pues no podía existir ciudad, villa ni aldea, sin algún habitante amigo de Dios. Ni Sodoma subsistiría, no hallándose en ella Loth; por eso, apenas la abandonó, pereció toda de repente.
Beda. Los sodomitas mismos, aunque fueron hospitalarios en medio de los desórdenes de la carne y del alma, sin embargo, no se hallaron entre ellos huéspedes como los apóstoles; pues aunque Loth era justo en su proceder y en su trato ( 2Pe 2,3), no se dice que hubiera enseñado ni obrado prodigios.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena