jueves, 8 de diciembre de 2039
La Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Prov. 8, 22-35)
Léctio libri Sapiéntiæ Dóminus possedit me in inítio viárum suárum, ántequam quidquam fáceret a princípio. Ab ætérno ordináta sum, et ex antíquis, ántequam terra fíeret. Nondum erant abýssi, et ego jam concépta eram: necdum fontes aquárum erúperant: necdum montes gravi mole constíterant: ante colles ego parturiébar: adhuc terram non fécerat et flúmina et cárdines orbis terræ. Quando præparábat cœlos, áderam: quando certa lege et gyro vallábat abýssos: quando æthera firmábat sursum et librábat fontes aquárum: quando circúmdabat mari términum suum et legem ponébat aquis, ne transírent fines suos: quando appendébat fundaménta terræ. Cum eo eram cuncta compónens: et delectábar per síngulos dies, ludens coram eo omni témpore: ludens in orbe terrárum: et delíciæ meæ esse cum filiis hóminum. Nunc ergo, filii, audíte me: Beáti, qui custódiunt vias meas. Audíte disciplínam, et estóte sapiéntes, et nolíte abjícere eam. Beátus homo, qui audit me et qui vígilat ad fores meas cotídie, et obsérvat ad postes óstii mei. Qui me invénerit, invéniet vitam et háuriet salútem a Dómino.
El Señor me tuvo consigo al principio de sus obras, desde el principio , antes que crease cosa alguna. Desde la eternidad tengo yo el principado de todas las cosas, desde antes de los siglos, primero que fuese hecha la tierra. Todavía no existían los abismos o mares, y yo estaba ya concebida; aún no habían brotado las fuentes de las aguas, no estaba asentada la grandiosa mole de los montes, ni aún había collados, cuando yo había nacido. Aún no había creado la tierra, ni los ríos, ni los ejes del mundo. Cuando extendía él los cielos estaba yo presente; cuando con ley fija encerraba los mares dentro de su ámbito; cuando establecía ya en lo alto las regiones etéreas, y ponía en equilibrio los manantiales de las aguas; cuando circunscribía al mar en sus términos, e imponía ley a las aguas para que no traspasasen sus límites; cuando asentaba los cimientos de la tierra, con él estaba yo disponiendo todas las cosas; y eran mis diarios placeres holgarme continuamente en su presencia, el holgarme en la creación del universo; siendo todas mis delicias el estar con los hijos de los hombres. Ahora, pues, ¡oh hijos!, escuchadme: bienaventurados los que siguen mis caminos. Oíd mis documentos, y sed sabios, y no queráis desecharlos. Bienaventurado el hombre que me escucha, y que vela continuamente a las puertas de mi casa, y está de observación en los umbrales de ella. Quien me hallare hallará la vida, y alcanzará del Señor la salvación. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Comentario a los Proverbios, cap. 8 — Cornelio a Lápide
V. 22: «El Señor me poseyó al principio de sus caminos, antes que hiciese cosa alguna desde el principio.» En lugar de «me poseyó», el hebreo dice kanani, esto es, «me poseyó» o «me adquirió»; y aquí es mejor verter «me poseyó», porque la sabiduría estuvo siempre con Dios, y Dios siempre la poseyó. Preguntas: ¿qué sabiduría se entiende aquí? Los rabinos, ineptamente, la ley de Moisés. Respondo, con Tertuliano: primero, se entiende la sabiduría increada esencial, común a toda la Santísima Trinidad; segundo, puede tomarse de la sabiduría increada nocional o personal, es decir, del Hijo de Dios, que es la Sabiduría engendrada y el Verbo del Padre.
San Epifanio (herejía 73, contra los semiarrianos): «Cuando la Sabiduría dijo: Me creó el principio de sus caminos, no pienses en creación, sino en la eterna generación del Hijo por el Padre.» Dirás: ¿cómo puede decirse del Hijo de Dios «el Señor me creó»? De aquí concluían los arrianos que el Hijo no es Dios sino criatura. Responden San Basilio, Epifanio y Jerónimo: primero, que el ektise de los Setenta no significa sólo «creó», sino también «fundó, hizo, obró»; segundo, que el hebreo kanani propiamente significa «me poseyó», no «me creó»; tercero, que estas palabras pueden referirse a la naturaleza humana de Cristo, que en verdad fue creada; cuarto, que el hebreo resit significa no sólo «principio», sino también «principado» y primado. Por eso San Cirilo, San Atanasio y otros observan sabiamente que no se dice absolutamente «el Señor me creó principio», sino «principio de sus caminos», esto es, que Cristo es principio y ejemplar de todas las obras de Dios. Muchos Padres, además, juzgan que aquí se nota la generación del Hijo no divina y eterna, sino humana y temporal, a saber, la Encarnación; San Epifanio (herejía 69): «El Señor me creó, esto es, me edificó en el seno de María, principio de sus caminos para sus obras.»
Puede también tomarse la sabiduría como creada y participada, pues Dios la poseyó desde la eternidad, ya que desde la eternidad quiso y decretó comunicarla a las criaturas; y puede entenderse asimismo la sabiduría encarnada, es decir, Cristo hombre, a quien Dios creó y produjo en el tiempo según su decreto, como principio de todas sus obras. Místicamente, el Señor creó y poseyó a la Bienaventurada Virgen, como madre de Cristo, por principio de sus caminos, esto es, de sus obras; porque ella fue la primera y más excelente de todas las obras de Dios, predestinada desde la eternidad para ser el principio, es decir, la primera, la princesa y la señora de todas las obras de Dios.
V. 23: «Desde la eternidad fui ordenada, y desde antiguo, antes que la tierra fuese hecha.» El hebreo nasach propiamente significa derramar, verter, libar (pues en la libación se derramaba aceite o vino sobre la víctima). Por tanto «fui ordenada» significa: primero, que la sabiduría fue ordenada y constituida por Dios como princesa de todas las cosas que habían de ser creadas; segundo, derramada, esto es, comunicada y difundida por Dios a todas las criaturas; tercero, consagrada y libada, es decir, dedicada al servicio y gloria de Dios. Muchos toman «fui ordenada» por «fui predestinada»; los Setenta vierten «fui fundada». Místicamente, aplícalo todo a la Bienaventurada Virgen, fundada desde la eternidad en la mente y predestinación de Dios, ordenadísima y por ello santísima en todos sus pensamientos, palabras y acciones; se la llama «ejército ordenado en batalla» (Cant. VI, 9), porque ella ordena la hueste de los Santos para vencer al demonio, al mundo y a la carne.
Vv. 24-25: «No existían aún los abismos, y ya yo estaba concebida (Pagnino y la Tigurina: formada; los Setenta y el árabe: antes que hiciese los abismos); no habían aún brotado las fuentes de las aguas... aún no estaban asentados los montes con su grave mole... antes que los collados era yo dada a luz.» Entiéndanse por abismos los inmensos senos y profundidades de las aguas creadas al principio del mundo. Donde nuestra Vulgata dice «era yo dada a luz», el hebreo es cholalti, que Pagnino vierte «fui formada»; Áquila y Teodoción, «con dolores de parto rompí a la luz»; Símaco, «fui conformada como por obra de partera»; los Setenta, «antes de todos los collados me engendra»; San Cipriano, «me engendró»; y así también San Agustín (De Trinitate, lib. XII): «Antes de todos los collados me engendró, esto es, antes de todas las alturas de las criaturas.»
Explica lo que dijo en el v. 22 declarando que antes de los abismos, de las fuentes, de los montes y de los collados, es decir, antes de la creación del mundo, fue desde la eternidad concebida y formada por Dios. Es una meiosis: dice menos, pero significa más; significa que la sabiduría estuvo así en la mente de Dios desde la eternidad, que le dio la idea de los abismos, fuentes, montes, collados y de todas las cosas que habían de ser creadas en el tiempo, y dirigió en el tiempo la creación de Dios para producirlas y formarlas sabiamente. Por eso dice «no existían aún los abismos, las fuentes y los montes», porque fueron creados por la sabiduría, y sin ella no podían serlo. Se entiende aquí la sabiduría esencial, común a toda la Trinidad, concebida en la mente de Dios desde la eternidad, y por la cual creó Dios en el tiempo todas las cosas; puede también tomarse la nocional, es decir, el Verbo o Hijo de Dios, engendrado por el Padre, y por quien igualmente fueron hechos los siglos (Hebr. I, 2). Así refieren este lugar a la eterna generación del Hijo San Cirilo, San Hilario, San Epifanio, San Fulgencio y otros que escribieron contra los arrianos.
La palabra «era yo dada a luz» significa: primero, que la sabiduría desde la eternidad como aguijoneaba a Dios a producir y crear las cosas en el tiempo; segundo, que la sabiduría y sus obras son cosas arduas y laboriosas, que en sí requieren un parto, esto es, larga meditación y elaboración, aunque a Dios le sean llanas y fáciles por su infinita potencia. En la generación divina «engendrar» y «haber engendrado» son lo mismo; el hebreo cholalti (pretérito) significa a la vez «era dada a luz» y «fui dada a luz». Por eso el Hijo, en el mismo instante de la eternidad, siempre es engendrado y ha sido engendrado, siempre nace y ha nacido; pues en lo divino y eterno son lo mismo el hacerse y el haber sido hecho, ya que la eternidad es como un punto indivisible, siempre permanente y uno, que coexiste sin mutación con el pasado, el presente y el futuro. Así lo enseñan claramente San Hilario (De Trin., lib. VII), San Agustín (sobre el Salmo II) y Orígenes (hom. 6 sobre Jeremías): «El Hijo recibe continuamente su ser y mana del Padre, como el resplandor del sol.»
Santo Tomás (Contra Gentes, lib. IV, cap. XI) enseña que en el parto corporal, por hacerse con movimiento y sucesión, hay primero concepción, segundo gestación, tercero parto y cuarto la presencia de lo parido junto a quien lo pare; mas en Dios, que carece de movimiento y sucesión, el parto fue desde la eternidad pleno y perfecto, de modo que a la vez fueron la concepción, gestación, parto y presencia del Verbo junto al Padre que lo engendra. Y para significar esto Salomón, habiendo dicho «antes de todos los collados era yo dada a luz», para que nadie pensase que la gestación precedió al parto, añadió al punto «cuando preparaba los cielos, yo estaba presente»; como si dijera: desde la eternidad era dada a luz, pero plena y perfectamente, de suerte que en el mismo instante existiese perfecta y estuviese presente al Padre que engendra, obrando con Él los cielos y todo el universo.
Místicamente aplica esto a la Bienaventurada Virgen; por eso la Iglesia lo lee como Epístola en el sacrificio de la Misa de su Concepción y Natividad. Pues la Concepción y Natividad de la Madre de Dios fue el principio de las obras de Dios en orden a la redención de los hombres, en la cual estaba el gran Sacramento de la piedad, esto es, la Encarnación del Verbo que pronto había de cumplirse. Ella es el tálamo y el trono del verdadero Salomón nuestro, en quien Dios quiso mostrar su omnipotencia y magnificencia; por eso hizo a la Virgen, en su concepción y nacimiento, más noble y hermosa que todos los Ángeles, aun que los Serafines, e hizo de ella la idea de la perfección, virtud y santidad, ejemplar de la hermosura y la gracia de Ángeles y hombres, imagen de la divinidad. Es océano de hermosura, fuente del paraíso, templo y sagrario de Dios, «abismo de humildad, gracia y sabiduría», como la llaman San Ildefonso y San Bernardo, y aun «abismo de milagros», dice el Damasceno.
Ella igualmente, por encima de todos los collados, fue monte en la cumbre de los montes, porque «para alcanzar la concepción del Verbo levantó la cumbre de sus méritos sobre todos los coros de los Ángeles hasta el solio de la Deidad», dice San Gregorio. Por eso, antes de los collados y montes, fue concebida desde la eternidad en la mente y predestinación de Dios. Fue predestinada no sólo para ser santa, sino para ser madre de los Santos, y aun idea de la santidad, de modo que conforme a ella formase a los demás Apóstoles, Mártires, Vírgenes y Confesores; pues tiene virginidad más pura que las demás vírgenes, mayor ciencia que los Doctores, más fuerte paciencia que los Mártires, más claro don profético que los Profetas, y mayor santidad que cualquiera de los Santos. «A los demás —dicen San Ildefonso y San Bernardo— se da la gracia por partes, mas a María toda la plenitud de las gracias.» Cuando celebramos la concepción y natividad de la Virgen, celebramos también la nuestra, pues en ella, como en madre, fuimos concebidos y nacimos hijos.
Vv. 26-29: «Aún no había hecho la tierra, ni los ríos, ni los quicios del orbe de la tierra... cuando preparaba los cielos, yo estaba presente; cuando con ley fija ceñía los abismos... cuando afirmaba arriba el éter y equilibraba las fuentes de las aguas; cuando ponía término al mar y ley a las aguas para que no traspasasen sus lindes; cuando colgaba los cimientos de la tierra.» El hebreo, donde la Vulgata dice «ríos», tiene chutsot («lo que está fuera»), que nuestra versión toma aptísimamente por «ríos», pues los ríos son como caminos llanos en la tierra; y no puede tratarse de calles de ciudades, que al principio del mundo no existían. Por «quicios del orbe» vierte lo que el hebreo llama «cabeza del polvo de la tierra»: mejor entiéndase, con Salazar, del centro de la tierra, al cual, como a cabeza, se reducen todas las líneas desde la circunferencia. Menciona montes, collados, ríos, abismo y fuentes porque todos son estables y perennes; como si dijera: la sabiduría es más estable, más antigua y más eterna que los montes, el mar y las fuentes; y estableciendo su antigüedad y dignidad, muestra que precedió y presidió a toda la creación.
V. 30: «Con Él estaba yo componiéndolo todo, y me deleitaba cada día, jugando en su presencia en todo tiempo, jugando en el orbe de la tierra; y mis delicias son estar con los hijos de los hombres.» La sabiduría asistía a Dios no sólo como espectadora, sino como cooperadora activa, componiendo y disponiendo todo con orden, hermosura y armonía. La voz «jugando» significa la facilidad y el deleite con que la sabiduría obra: lo que a otros parece laborioso y difícil, para la sabiduría es juego y deleite. Y sus especiales delicias eran estar con los hijos de los hombres, esto es, comunicarse a los hombres, habitar entre ellos, iluminar sus mentes y dirigir sus acciones; lo cual se cumple hermosísimamente en la Encarnación del Verbo, por la cual la eterna Sabiduría de Dios asumió la naturaleza humana y habitó entre los hombres. Y en la exhortación final (vv. 32-35), la Sabiduría concluye con solemne exhortación y doble sentencia: bendición sobre los que la oyen y siguen —«bienaventurado el hombre que me oye», no sólo con los oídos del cuerpo, sino con los del corazón, y «vela a mis puertas cada día», buscándola con diligencia y perseverancia; «quien me hallare, hallará la vida» temporal y eterna, «y sacará la salud del Señor»— y maldición sobre los que la desprecian y aborrecen: «quien pecare contra mí, dañará su alma» (pues sólo a sí mismo se daña, no a la sabiduría ni a Dios, impasibles e inmutables), y «todos los que me aborrecen, aman la muerte», eligiendo y amando activamente lo que los destruye. Místicamente compete todo a la Bienaventurada Virgen, Sede de la Sabiduría: quien la hallare hallará la vida, porque ella conduce a sus devotos a su Hijo, que es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn. XIV, 6).
Comentario a los Proverbios, cap. 8, Cornelio a Lápide · Traducción del editor, del latín (Gran Comentario, dominio público) · fuente: lapide.org (dominio público)
Evangelio (Luc. 1, 26-28)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Missus est Angelus Gábriël a Deo in civitátem Galilææ, cui nomen Názareth, ad Vírginem desponsátam viro, cui nomen erat Joseph, de domo David, et nomen Vírginis María. Et ingréssus Angelus ad eam, dixit: Ave, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus.
Estando ya Isabel en su sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a Nazaret, ciudad de Galilea, a una virgen desposada con cierto varón de la casa de David, llamado José; y el nombre de la virgen era María. Y habiendo entrado el ángel a donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Lucas 1, 26-28 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Beda. Como la encarnación de Cristo debía tener lugar en la sexta edad del mundo y había de aprovechar para el cumplimiento de la ley, el ángel enviado a María anuncia oportunamente, en el sexto mes de la concepción de Juan, al Salvador que había de nacer. Por eso se dice: "En el sexto mes". El sexto mes es el de marzo, en cuyo día 25 nuestro Señor fue concebido y se dice que padeció. Así como nació el día 25 de diciembre por lo que si, según algunos creen, en este día tiene lugar el equinoccio de la primavera, o si en aquél creemos que se verifica el solsticio del invierno, conviene que sea concebido y nazca con el incremento de la luz Aquel que ilumina a todo hombre que viene a este mundo ( Jn 1,9). Mas si alguno objetare que los días crecen o son mayores que la noche antes del tiempo del nacimiento y de la concepción de nuestro Señor, le contestamos que San Juan anunciaba el reino de los cielos antes de su advenimiento.
San Basilio. Los espíritus celestiales no vienen a nosotros por sí mismos, sino cuando conviene para nuestra utilidad, porque atienden al decoro de la divina sabiduría; de donde sigue: "Fue enviado el ángel Gabriel".
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 34. A María Virgen no se envía un ángel cualquiera, sino el arcángel San Gabriel. Procedía que viniese un ángel de los primeros a anunciar los misterios. Se le designa por su propio nombre, el cual muestra lo que vale en sus obras, pues el nombre de Gabriel significa fortaleza de Dios 1. Por la fortaleza de Dios había de ser anunciado el que, siendo Dios de las virtudes y poderoso en la guerra para vencer en todas las batallas, venía a destruir las potestades del infierno.
Glosa. Se indica, pues, el lugar a donde se envía cuando se añade: "A la ciudad de Nazaret". Porque nazareno, esto es, Santo de los Santos, era el que se anunciaba que había de venir.
Beda, in homilia de Fest. Annunt. Digno principio de la restauración humana ha sido que se enviare por Dios un Angel a la Virgen, que había de ser consagrada con un parto divino. Porque la primera causa de la perdición humana fue que la serpiente fuese enviada a la mujer por el espíritu de la soberbia. De aquí se sigue, que el Angel fue enviado a una virgen.
San Agustín, de sancta virginitate, 5. Sólo la virginidad pudo decentemente dar a luz a Aquel que en su nacimiento no pudo tener igual. Convenía, pues, que nuestro Redentor naciese, según la carne, de una Virgen por medio de un milagro insigne para dar a entender que sus miembros debían nacer de la Iglesia virgen, según el espíritu.
San Jerónimo. Con razón se envía un ángel a la Virgen, porque la virginidad es afín de los ángeles. Y ciertamente, vivir en carne fuera de la carne, no es una vida terrestre, sino celestial.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, 4. No anuncia el Angel a la Virgen después del parto, para que entonces no se turbe en demasía, sino que le habla antes de la concepción. No en sueños, sino presentándose de una manera visible. Porque como había de recibir una gran revelación, necesitaba de una visión solemne antes del cumplimiento.
San Ambrosio. Dijo bien ambas cosas la Sagrada Escritura: que sería desposada y Virgen. Prosigue, pues, diciendo "desposada". Virgen, para que constase que desconocía la unión marital. Desposada, para que quedase ilesa de la infamia de una virginidad manchada, cuando su fecundidad pareciese signo de corrupción. Quiso más bien el Señor que algunos dudasen de su nacimiento que de la pureza de su Madre. Sabía que el honor de una Virgen es delicado y la reputación del pudor, frágil. Y no estimó conveniente que la fe de su nacimiento se demostrase con las injurias de su Madre. Se sigue también que, así como la Santísima Virgen fue íntegra por su pudor, así su virginidad debió ser inviolable en la opinión. No convenía dejar a las vírgenes que viven en mala reputación esa apariencia de excusa, es decir, que la Madre misma del Señor pareciese difamada. ¿Qué se hubiera podido reprochar a los judíos y a Herodes si hubiese parecido que perseguían el fruto de un adulterio? ¿Cómo hubiera podido decir El mismo: "No vine a destruir la ley, sino a cumplirla" ( Mt 5,17), si hubiese parecido comenzar por una violación de la ley, que condena el parto de la que no está casada? ¿Qué, por otra parte, da más fe a las palabras de la Virgen y remueve todo pretexto de mentira? Madre, sin estar casada, hubiera querido ocultar su falta con una mentira. Pero casada, no tenía motivo para mentir, puesto que la fecundidad es el premio y la gracia de las bodas. Tampoco es pequeña causa que la virginidad de María engañase al príncipe del mundo, el cual, viéndola desposada con un hombre, nada pudo sospechar respecto de su parto.
Orígenes. Si no hubiese tenido esposo, aquel misterio hubiese dado que pensar al diablo, respecto de cómo pudo quedar embarazada la que no había tenido trato con varón. Esta concepción -diría- debe ser divina, debe ser algo superior a la naturaleza humana.
San Ambrosio. Sin embargo, engañó más a los diablos. Porque la malicia de los demonios descubre hasta las cosas ocultas. Mas los que se ocupan en las vanidades del mundo no pueden conocer las cosas divinas. Por eso Dios se sirve del marido -el testigo más seguro del pudor- que hubiese podido quejarse de la injuria y vengar el oprobio, si no conociese el misterio. Se dice de él: "Se llamaba José, de la casa de David".
Beda, homil. de Annunt. Sup. Lo cual no sólo se refiere a San José, sino también a la Virgen María. Estaba mandado por la ley que cada uno tomase mujer de su propia tribu o familia. Prosigue el mismo evangelista: "Y el nombre de la Virgen era María".
Beda. La palabra María en hebreo quiere decir estrella del mar, y en siríaco Señora. Y con razón, porque mereció llevar en sus entrañas al Señor del mundo y a la luz constante de los siglos.
San Ambrosio. Conoce aquí a la Virgen por sus costumbres. Sola en sus habitaciones, a quien ningún hombre veía, sólo un ángel podía encontrarla. Por ello se dice: "Y habiendo entrado el ángel a donde estaba María". Y para que no fuese manchada con un coloquio indigno de ella, es saludada por el ángel.
San Gregorio Niseno, orat. in Christi Nativit. En contraposición de la voz dirigida a la primera mujer, ahora se dirige la palabra a la Virgen. En aquélla se castiga con los dolores del parto la causa del pecado, en ésta se destierra la tristeza por medio del gozo. Así el ángel anuncia con razón la alegría a la Virgen, diciendo: "Dios te salve". Según otros comentaristas, el ángel atestigua que es digna de ser desposada cuando dice: "Llena de gracia". Esta abundancia de gracias se muestra al esposo como una dote o arras, de las cuales se dice: Estas son de la esposa, aquéllas del esposo.
San Jerónimo. Y en verdad que es llena de gracia, porque a los demás se distribuye con medida, pero en María se derramó al mismo tiempo toda la plenitud de la gracia. Verdaderamente es llena de gracia aquella por la cual toda criatura fue inundada con la lluvia abundante del Espíritu Santo. Ya estaba con la Virgen quien le enviaba su ángel y el Señor se anticipó a su enviado. No pudo ser contenido en un lugar, Aquel que está en todas partes; de donde sigue: "El Señor es contigo".
San Agustín, en el serm. de Nativit. Dom. 4. Más que contigo, El está en tu corazón, se forma en tu seno, llena tu espíritu, llena tu vientre.
Griego. Este es el complemento de toda la embajada: el Verbo de Dios como Esposo que se une de una manera superior a la razón, como engendrando El mismo y siendo engendrado, adaptó a sí mismo toda la naturaleza humana. Al final se pone como complemento perfectísimo: "Bendita eres entre las mujeres", a saber, una sola entre todas las mujeres. Para que también sean bendecidas en ti las mujeres como los hombres serán bendecidos en tu Hijo, o más bien en los dos unos y otros. Porque así como por medio de una mujer y un hombre entraron en el mundo el pecado y la tristeza, así ahora por una mujer y por un hombre vuelven la bendición y la alegría, y se derraman sobre todos.
San Ambrosio. Conoced a la Virgen por la vergüenza, porque se turbó, pues sigue: "Y cuando ella esto oyó, se turbó". Temblar es propio de las vírgenes, y el sobresaltarse cuando se acerca un hombre y temer todo trato de los hombres. Aprended, vírgenes, a evitar toda licencia de palabras. María se conturbaba hasta de la salutación del ángel.
Griego. Como ella estaba acostumbrada a aquella clase de apariciones, el Evangelista no atribuye la turbación a lo que ve, sino a lo que oye, diciendo: "Se turbó con las palabras de él". Considerad el pudor y la prudencia de la Virgen y su alma, al mismo tiempo que su voz. Oída la alegre noticia, examinó lo que se le había dicho y no resiste abiertamente por incredulidad, ni se somete al punto por ligereza, evitando a la vez la ligereza de Eva y la resistencia de Zacarías. Por esto continúa: "Y pensaba qué salutación sería ésta", no la concepción. Porque todavía ignoraba la profundidad del misterio. ¿Mas la salutación es por ventura libidinosa, como dirigida por un hombre a una Virgen? ¿Es divina, puesto que se hace mención de Dios, diciendo: "El Señor es contigo"?
San Ambrosio. Admiraba también la nueva fórmula de salutación, que nunca se había oído hasta entonces, pues estaba reservada solamente para María.
Orígenes. Si María hubiese conocido que se había hecho una salutación semejante a algún otro -como que conocía perfectamente el concepto de la ley- nunca se hubiese asustado ante ésta como si fuese extranjera.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena