viernes, 19 de agosto de 2039
San Juan Eudes, Confesor
Vida del santo de hoy, redactada al estilo del Año Cristiano sobre fuentes tradicionales.
Fué san Juan Eudes, celebérrimo por su celo apostólico y el más ardiente heraldo de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, gloria de la Normandía y honra del clero de Francia, á quien Pío X saludó como Padre, Doctor y Apóstol del culto litúrgico de aquellos dos amorosísimos Corazones. Nació el día 14 de noviembre del año 1601, en Ri, humilde aldea de la diócesis de Séez, dentro de la granja de sus mayores; y en el mismo día en que vió la luz del mundo fué regenerado en las aguas del santo bautismo, como si el Cielo tuviera prisa por reclamar para sí un alma destinada á encender en tantos pechos el fuego de la caridad.
Fueron sus padres Isaac Eudes, labrador acomodado que había renunciado á la carrera eclesiástica para fundar familia, varón de acrisolada piedad, y Marta Corbin, mujer de ejemplares virtudes y de probada energía de carácter. De este tronco honesto y cristiano brotaron seis ó siete hijos, de los cuales fué Juan el primogénito; y no faltó entre ellos quien alcanzase renombre en las letras humanas, que hermano suyo fué el célebre cronista François Eudes de Mézeray, académico de Francia. Mas lo que en aquella casa se estimaba sobre todo era el santo temor de Dios, que la madre supo infundir en el corazón del niño con más eficacia que ninguna ciencia.
Bien presto dió el mancebo muestras de aquella virtud que había de coronarle. Enviado á estudiar humanidades y filosofía con los Padres de la Compañía de Jesús en el Real Colegio del Monte de Caen, hácia los catorce años de su edad, adelantó no menos en las ciencias que en la piedad, y era su recogimiento la admiración de maestros y condiscípulos. Refiérese que, herido en el rostro por la mano de un compañero, presentó luego la otra mejilla al modo del Evangelio; y aunque este rasgo pertenece más á la piadosa memoria que á la historia rigurosa, bien retrata el temple de mansedumbre que en toda su vida resplandeció.
Llamóle el Señor á su servicio, y nada pueden los esfuerzos de los hombres cuando Dios quiere apoderarse de un corazón. En septiembre del año 1620 recibió la tonsura y las órdenes menores; y habiendo conocido en Caen á los Padres del Oratorio, ingresó el 25 de marzo de 1623 en aquella naciente congregación de Jesús, fundada por el eminentísimo cardenal Pedro de Bérulle, que fué su gran maestro en la vida del espíritu, y estudió después la sagrada teología bajo la dirección del P. Carlos de Condren. Ordenado sacerdote el año 1625, celebró su primera misa en la noche santa de Navidad, y aquel mismo día se ató con voto de perpetua servidumbre á Jesús y á María, para no ser en adelante sino cosa suya. Y ¿quién perdió jamás lo que dió al mismo Jesucristo?
Dispuso la Providencia probar á su siervo antes de servirse de él para grandes cosas. Al año siguiente asistía ya á los apestados de su Ri natal; y cuando, el año 1631, cundió la peste por la comarca de Caen, se entregó todo entero al cuidado espiritual de los heridos por el contagio. Por no llevar el mal á sus hermanos del Oratorio, retiróse á vivir en el campo dentro de un enorme tonel, adonde á diario le llevaban del convento el alimento. He aquí la heroica magnanimidad de la caridad, que trueca el servicio de la propia comodidad por el partido del rey del cielo, y no repara en abrazar los mayores peligros por la salud de las almas.
Púsole luego el Señor en las manos el ministerio de la palabra, que fué su gloria y su corona. Desde el año 1632 hasta el de 1676 predicó cerca de ciento diez misiones populares, de las cuales ninguna bajaba de seis semanas, recorriendo la Normandía, la Bretaña, la Picardía, la Isla de Francia, el Perche, la Brie y la Borgoña, y las villas de Ruán, Autún, Beaune, Versalles, París y Saint-Lô. Era león en el púlpito y cordero en el confesonario; y apenas dejaba la cátedra sagrada, sentábase á oír confesiones, diciendo que «el predicador agita las ramas, pero el confesor es el que caza los pájaros». De aquí le vino, con justo título, el nombre de Confesor con que la Iglesia le honra. Del Santo Sacrificio decía que «harían falta tres eternidades para celebrar dignamente la misa: una para prepararse, otra para celebrarla y otra para dar gracias».
No contento con recoger la mies, quiso proveer de obreros al Evangelio y de asilo á las almas caídas. En el año 1643, día 25 de marzo, fundó en Caen la Congregación de Jesús y María, que del nombre de su padre llamaron los eudistas, destinada á la formación del clero en seminarios, de que abrió los de Caen, Coutances, Lisieux, Évreux y Rennes. Poco antes había levantado también la Orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, para amparo y rehabilitación de mujeres apartadas del vicio ó en peligro de perderse; obra que aprobó después el Papa Alejandro VII, y de la cual había de brotar andando el tiempo la del Buen Pastor de Angers. Á una y otra familia consagró á los Sagrados Corazones, en quienes había puesto todo el amor de su vida.
Y en esto fué providencialmente escogido para adelantar en la Iglesia el culto de aquellos divinos Corazones, aun antes que en Paray-le-Monial regalase el Salvador á Santa Margarita María con sus célebres revelaciones. No de visiones ni de apariciones, que las fuentes no le atribuyen, sino del estudio de la sagrada teología y de la escuela de Bérulle nació en él esta devoción; compuso el Oficio del Corazón de María, que su instituto celebró desde el año 1643, y el Oficio litúrgico del Corazón de Jesús, cuya primera misa se cantó en Rennes hácia el año 1670; y escribió aquel áureo libro del «Corazón admirable de la Santísima Madre de Dios» y el tratado «De la devoción al adorable Corazón de Jesús». Toda su doctrina se cifraba en «formar á Jesús en nosotros»; y por eso fué llamado con razón, entre Bérulle, Condren y Olier, uno de los maestros de la escuela francesa de espiritualidad.
No le faltó, empero, la porción de los santos, que es la contradicción y la cruz. Levantáronse contra él los jansenistas, sus antiguos hermanos del Oratorio y los lazaristas; clausuróle el obispo Malé la capilla el año 1650, achacáronle hasta trece herejías y fué apartado de la corte de Luis XIV, hasta que la verdad venció y quedó plenamente rehabilitado el año 1679. Todo lo sufrió con paciencia y humildad, sabiendo que el común enemigo suele acometer con más furia las obras que más han de aprovechar á las almas.
Quebrantada su salud tras predicar á cielo abierto, con frío glacial, la última gran misión de Saint-Lô en campaña de nueve semanas, llególe al cabo la muerte preciosa que el Señor tiene reservada á sus fieles siervos. Entregó su alma á Dios el 19 de agosto del año 1680, en Caen, hacia las tres de la tarde, en el año octogésimo de su edad, encomendando á sus hijos espirituales á Dios y á la Santísima Virgen; y fué su tránsito tan sereno como había sido laboriosa su vida. Beatificóle San Pío X el año 1909, y le inscribió en el catálogo de los santos Pío XI el año 1925, poniendo su fiesta en el mismo día de su dichoso tránsito.
Contempla, alma cristiana, á este varón apostólico que gastó toda su vida en formar á Jesús en los corazones, y aprende de él á no separar jamás el celo de las almas del amor á los Corazones de Jesús y de María. Pues si tanto pudo la caridad de un hombre en tantos pueblos y por tantos años, ¿qué no podrá en ti la devoción á aquellos dos Corazones, refugio de los pecadores y hoguera en que se encienden los santos? Á ellos consagró Juan Eudes cuanto era; á ellos te enseña á consagrarte, para que, muerto al mundo, vivas ya sólo para el rey del cielo.
Vida redactada por el editor al estilo del «Año Cristiano», sobre fuentes tradicionales (Butler, Enciclopedia Católica, hagiografía clásica).