domingo, 14 de agosto de 2039
XI Domingo después de Pentecostés
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (1 Cor. 15, 1-10)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios. Fratres: Notum vobis fácio Evangélium, quod prædicávi vobis, quod et accepístis, in quo et statis, per quod et salvámini: qua ratione prædicáverim vobis, si tenétis, nisi frustra credidístis. Trádidi enim vobis in primis, quod et accépi: quóniam Christus mortuus est pro peccátis nostris secúndum Scriptúras: et quia sepúltus est, et quia resurréxit tértia die secúndum Scriptúras: et quia visus est Cephæ, et post hoc úndecim. Deinde visus est plus quam quingéntis frátribus simul, ex quibus multi manent usque adhuc, quidam autem dormiérunt. Deinde visus est Jacóbo, deinde Apóstolis ómnibus: novíssime autem ómnium tamquam abortívo, visus est et mihi. Ego enim sum mínimus Apostolórum, qui non sum dignus vocári Apóstolus, quóniam persecútus sum Ecclésiam Dei. Grátia autem Dei sum id quod sum, et grátia ejus in me vácua non fuit.
Quiero ahora, hermanos míos, renovaros la memoria de la buena nueva que os he predicado, que vosotros recibisteis, en el cual estáis firmes, y por el cual sois salvados, a fin de que veáis si lo conserváis de la manera que os lo prediqué, porque de otra suerte en vano habríais abrazado la fe. En primer lugar, pues, os he enseñado lo mismo que yo aprendí del Señor, es a saber, que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras. Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las mismas Escrituras. Y que se apareció a Cefas, o Pedro, y después a los once apóstoles. Posteriormente se dejó ver en una sola vez de más de quinientos hermanos juntos, de los cuales, aunque han muerto algunos, la mayor parte viven todavía. Se apareció también a Santiago, y después a los apóstoles todos. Finalmente después de todos se me apareció también a mí, que vengo a ser como un abortivo, siendo como soy el menor de los apóstoles, que ni merezco ser llamado apóstol, pues que perseguí la Iglesia de Dios. Mas por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí; antes he trabajado más copiosamente que todos; pero no yo sino más bien la gracia de Dios que está conmigo. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 38 sobre 1 Corintios — San Juan Crisóstomo
Terminado el discurso sobre los dones espirituales, pasa a lo que es más necesario que todo: el tema de la resurrección. Pues también en esto andaban muy enfermos. Y así como en los cuerpos de los hombres, cuando la fiebre se apodera de las partes sólidas —quiero decir, los nervios, las venas y los elementos primarios—, el mal se hace incurable si no recibe mucho cuidado, así también entonces estaba a punto de suceder; porque el mal avanzaba hasta los mismos elementos de la piedad. Por eso también usa Pablo gran vehemencia. Pues su discurso ya no versa sobre costumbres, ni sobre que uno sea fornicario, otro avaro y otro tenga cubierta la cabeza, sino sobre la suma misma de todos los bienes. Porque disentían acerca de la resurrección misma. Y como esta es toda nuestra esperanza, contra este punto hizo el demonio vehemente resistencia: unas veces la subvertía del todo, otras decía que ya había pasado; lo cual, escribiendo Pablo a Timoteo, llamó gangrena, esto es, esta perversa doctrina, y a los que la introducían los señaló diciendo: «De los cuales son Himeneo y Fileto, que se han desviado de la verdad, diciendo que la resurrección ya se ha hecho, y trastornan la fe de algunos.» Unas veces, pues, decían así; otras, que el cuerpo no resucita, sino que la purificación del alma es la resurrección.
«Os hago saber, hermanos —dice—, el Evangelio que os prediqué.» ¿Veis con qué modestia comienza? ¿Veis cómo desde el principio muestra que no introduce nada nuevo ni extraño? Porque el que da a conocer lo que ya era conocido, pero después había caído en olvido, lo da a conocer trayéndolo de nuevo a la memoria.
«El cual os prediqué, y vosotros recibisteis, en el cual también estáis firmes; por el cual asimismo sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano.» ¿Veis cómo los toma a ellos mismos por testigos de lo dicho? Y no dice: «que oísteis», sino: «que recibisteis», reclamándoselo como una especie de depósito, y mostrando que no lo recibieron solo de palabra, sino también por obras, señales y prodigios, y que debían guardarlo con seguridad.
Mas ¿qué es: «con la palabra que os prediqué»? ¿De qué manera —dice— afirmé yo que se realiza la resurrección? Porque de que hay resurrección no diría yo que dudáis; pero acaso buscáis alcanzar un conocimiento más claro de aquella palabra. Esto, pues, os lo proveeré, porque bien seguro estoy de que retenéis la doctrina. Después, porque afirmaba directamente «en el cual también estáis firmes», para no hacerlos por ello más negligentes, los atemoriza de nuevo diciendo: «si retenéis la palabra, a no ser que hayáis creído en vano»; dando a entender que el golpe cae sobre la cabeza principal, y que la contienda no es por cosas comunes, sino en favor de toda la fe. Y por ahora lo dice con reserva; pero según avanza y se enardece, aparta el velo y prorrumpe en voces, diciendo: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación, vana es también vuestra fe; aún estáis en vuestros pecados.» Mas al principio no así, porque así convenía proceder, con suavidad y por grados.
«Porque os transmití ante todo lo que también yo recibí.» Tampoco aquí dice: «os dije», ni: «os enseñé», sino que usa de nuevo la misma expresión, diciendo: «os transmití lo que también recibí»; ni tampoco aquí dice: «fui enseñado», sino: «recibí»; estableciendo estas dos cosas: primero, que no se debe introducir nada de sí mismo; después, que por la demostración de los hechos quedaron plenamente persuadidos, no por meras palabras. Y poco a poco, mientras hace creíble su argumento, lo refiere todo a Cristo, y da a entender que nada hubo de hombre en estas doctrinas.
Mas ¿qué es esto: «os transmití ante todo»? Al principio, no ahora. Y diciéndolo así, aduce el tiempo por testigo, y que sería la mayor deshonra que quienes durante tanto tiempo habían estado persuadidos mudasen ahora de parecer; y no solo esto, sino que la doctrina es necesaria. Por eso fue transmitida entre las primeras y desde el comienzo. ¿Y qué transmitiste? Dímelo. Mas no lo dice enseguida, sino primero: «Recibí.» ¿Y qué recibiste? «Que Cristo murió por nuestros pecados.» No dijo enseguida que hay resurrección de nuestros cuerpos, mas en verdad esto mismo establece, aunque de lejos y por otros caminos, diciendo que Cristo murió, y poniendo como fuerte base y firmísimo cimiento la doctrina de la resurrección. Pues no dijo simplemente que Cristo murió —aunque aun esto bastara para declarar la resurrección—, sino con una añadidura: «Cristo murió por nuestros pecados.»
«Y que fue sepultado.» También esto confirma lo anterior, pues lo que se sepulta es sin duda un cuerpo. Y aquí ya no añade «según las Escrituras». Tenía con qué hacerlo; sin embargo, no lo añade. ¿Por qué causa? O porque la sepultura era manifiesta a todos, entonces y ahora, o porque la expresión «según las Escrituras» se pone en común de ambas cosas. ¿Por qué, pues, añade «según las Escrituras» en este lugar —«y que resucitó al tercer día según las Escrituras»— y no se contenta con la cláusula anterior, dicha en común? Porque también esto era oscuro para la mayoría; por eso aquí de nuevo introduce las Escrituras por inspiración, habiendo concebido tan sabio y divino pensamiento.
Esto, con todo, ha quedado suficientemente probado por lo dicho. Mas ¿dónde han dicho las Escrituras que sería sepultado y que al tercer día resucitaría? Con la figura de Jonás, que también Él mismo alega, diciendo: «Como estuvo Jonás tres días y tres noches en el vientre del cetáceo, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra.» Con la zarza en el desierto, pues así como aquella ardía y no se consumía, así también aquel cuerpo murió, mas no fue retenido por la muerte para siempre. También el dragón en Daniel lo prefigura, pues como el dragón, habiendo tomado el alimento que le dio el profeta, reventó por medio, así el infierno, habiendo tragado aquel Cuerpo, fue desgarrado, cortándole el Cuerpo las entrañas y resucitando.
«Y que se apareció a Cefas»: nombra en seguida al más digno de crédito de todos. «Después, a los doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales la mayor parte viven hasta ahora, mas algunos ya durmieron. Después se apareció a Santiago; luego, a todos los apóstoles. Y el último de todos, como a un abortivo, se me apareció también a mí.»
«Porque yo soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios.» Por esta causa, pues, no se declara simplemente el último e indigno del nombre de apóstol, sino que expone también la razón, diciendo: «porque perseguí a la Iglesia.» Y aunque todo aquello le había sido perdonado, con todo, él jamás lo olvidaba, queriendo significar la grandeza del favor de Dios.
«Mas por la gracia de Dios soy lo que soy.» ¿Veis de nuevo otro exceso de humildad? Los defectos se los imputa a sí mismo, mas de las buenas obras nada; antes lo refiere todo a Dios. «Y su gracia, que se me dio, no fue vana.» Y esto también con reserva, pues no dijo «he mostrado una diligencia digna de su gracia», sino «no fue vana». «Antes he trabajado más que todos ellos.» No dijo «he sido honrado», sino «he trabajado»; y teniendo peligros y muertes que referir, con el nombre de trabajo modera de nuevo su expresión. Después, practicando otra vez su acostumbrada humildad, también esto pasa rápidamente y lo refiere todo a Dios, diciendo: «Mas no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.» ¿Qué puede haber más admirable que semejante alma?
Homilía 38 sobre 1 Corintios, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Marc. 7, 31-37)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum. In illo témpore: Exiens Jesus de fínibus Tyri, venit per Sidónem ad mare Galilǽæ, inter médios fines Decapóleos. Et addúcunt ei surdum et mutum, et deprecabántur eum, ut impónat illi manum. Et apprehéndens eum de turba seórsum, misit dígitos suos in aurículas ejus: et éxspuens, tétigit linguam ejus: et suspíciens in cœlum, ingémuit, et ait illi: Ephphetha, quod est adaperíre. Et statim apértæ sunt aures ejus, et solútum est vínculum linguæ ejus, et loquebátur recte. Et præcépit illis, ne cui dícerent. Quanto autem eis præcipiébat, tanto magis plus prædicábant: et eo ámplius admirabántur, dicéntes: Bene ómnia fecit: et surdos fecit audíre et mutos loqui.
Dejando Jesús otra vez los confines de Tiro, se fue por los de Sidón hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de Decápolis; y le presentaron un hombre sordo y mudo, suplicándole que pusiese sobre él su mano para curarle. Y apartándole Jesús del bullicio de la gente, le metió los dedos en las orejas, y con la saliva le tocó la lengua. Y alzando los ojos al cielo, arrojó un suspiro y la dijo: Effeta, que quiere decir Abríos. Y al momento se le abrieron los oídos, y se le soltó el impedimento de la lengua, y hablaba claramente. Y les mandó que no lo dijeran a nadie, pero cuanto más se lo mandaba, con tanto mayor empeño lo publicaban; y tanto más crecía su admiración, y decían: Todo lo ha hecho bien: él ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Marcos 7, 31-37 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Teofilacto. No quería el Señor detenerse entre los gentiles, ni dar motivo a los judíos de que lo creyeran transgresor de la ley por mezclarse con aquéllos, por lo cual se vuelve luego, según estas palabras: "Dejando Jesús otra vez", etc.
Beda, in Marcum, 2, 31. Decápolis es el país de las diez ciudades al otro lado del Jordán, al oriente, frente a Galilea. Cuando dice que el Señor llegó al mar de Galilea hacia el centro de Decápolis, no quiere decir que entró en Decápolis ni que atravesó el mar, sino más bien que en el mar llegó hasta un punto desde donde alcanzaba a ver el centro de Decápolis a lo lejos, más allá del mar.
Beda, in Marcum, 2, 31. "Y presentáronle un hombre sordo", etc.
Teofilacto. Lo cual se pone con razón después que fue librado el poseído, porque aquella enfermedad procedía del demonio.
Teofilacto. "Y apartándole Jesús", etc.
Pseudo-Crisóstomo, vict. ant. e cat. in Marcum. Separa de la gente al sordo y mudo, para no hacer públicos sus milagros divinos, enseñándonos así a despojarnos de la vanidad y del orgullo; porque no hay nada en el poder de hacer milagros que equivalga a la humildad y a la modestia. Le metió los dedos en las orejas, pudiendo curarle sólo con su voz, para manifestar que su cuerpo unido a la Divinidad estaba enriquecido con el poder divino, así como sus obras. Y como por el pecado de Adán la naturaleza humana cayó en muchas enfermedades y en la debilidad de los miembros y los sentidos, Cristo demostró en sí mismo la perfección de esta naturaleza, abriendo los oídos con su dedo y dando el habla con su saliva: "Y con la saliva le tocó la lengua".
Teofilacto. Esto demuestra que todos los miembros de su sagrado cuerpo son santos y divinos, como la saliva con que dio flexibilidad a la lengua del mudo. Porque es cierto que la saliva es una superfluidad; pero todo fue divino en el Señor.
Teofilacto. "Y alzando los ojos al cielo, arrojó un suspiro", etc.
Beda, in Marcum, 2, 31. Alzó los ojos al cielo, para enseñarnos que es de allí de donde el mudo debe esperar el habla, el sordo el oído y todos los enfermos la salud. Y arrojó un gemido, no porque para demandar algo a su Padre tuviera necesidad de ello, El que satisface, con su Padre, a todos los que lo piden, sino para hacernos ver que es con gemidos como debemos invocar su divina piedad por nuestros errores o los de nuestros prójimos.
Pseudo-Crisóstomo, vict. ant. e cat. in Marcum. O bien: gimió tomando a su cargo nuestra causa y compadecido de nuestra naturaleza, viendo la miseria en que había caído el género humano.
Beda, in Marcum, 2, 31. La palabra epheta, que significa abríos, corresponde propiamente a los oídos, porque han de abrirse para que oigan, así como para que pueda hablar la lengua hay que librarla del freno que la sujeta. "Y al momento se le abrieron los oídos", etc. Aquí se ven de un modo manifiesto las dos distintas naturalezas de Cristo; porque alzando los ojos al cielo como hombre, ruega a Dios gimiendo y, en seguida, con divino poder y majestad cura con una sola palabra.
Beda, in Marcum, 2, 31. "Y mandóles, continúa, que no lo dijeran a nadie".
San Jerónimo. Con esto nos enseñó a no glorificarnos en nuestro poder, sino en la cruz y la humillación.
Pseudo-Crisóstomo, vict. ant. e cat. in Marcum. Mandó, pues, que callaran el milagro, a fin de no hacer que los judíos perpetrasen por envidia su homicidio antes de tiempo.
Pseudo-Jerónimo. Una ciudad situada en la cima de un monte, y que se ve de todas partes, no puede ocultarse; y la humildad precede siempre a la gloria ( Prov 15,33). "Pero cuanto más se lo mandaba, prosigue, con tanto mayor empeño lo publicaban", etc.
Teofilacto. En esto debemos aprender, cuando hagamos un beneficio a cualquiera, a no buscar el menor aplauso o alabanza; a alabar a nuestros bienhechores y publicar sus nombres, aunque ellos no quieran.
San Agustín, de consensu evangelistarum, 4, 4. ¿Para qué, pues, El, que conoce la voluntad de los hombres tanto la presente como la futura, les mandaba que no dijeran nada, sabiendo que habían de decirlo tanto más cuanto más les encargaba el secreto, si no fuera para mostrar a los perezosos con cuánto estudio y fervor deben anunciarle ellos, a quienes manda que lo anuncien, cuando así lo hacen aquellos a quienes ordena el secreto?
Glosa. La fama de las curas que Jesús había obrado aumentaba la admiración de las gentes y el rumor de los beneficios que había hecho. "Y tanto más, sigue, crecía su admiración, y decían: Todo lo ha hecho bien: El ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos".
Pseudo-Jerónimo super Et iterum exiens de finibus. En sentido místico, Tiro, que significa lugar estrecho, simboliza la Judea, a quien dice el Señor: "Porque el lecho es angosto" ( Is 28); por lo cual se traslada a otras naciones. Sidón significa caza: la bestia salvaje es nuestra nación y el mar la inconstancia que nunca cesa. Porque es en medio de Decápolis, en cuya palabra se interpretan los mandamientos del Decálogo, a donde fue el Salvador para salvar a las naciones. El género humano, compuesto de tantos miembros y consumido por tan diversas enfermedades como si fuera un solo hombre, se encuentra todo en el primer hombre: no ve teniendo ojos, no oye teniendo oídos, y no habla teniendo lengua. Le rogaban que pusiera su mano sobre él, porque muchos justos y patriarcas querían y deseaban la Encarnación del Señor.
Beda, in Marcum, 2, 31. O bien es sordo y mudo el que no tiene oídos para oír la palabra de Dios, ni lengua para hablarla; y es necesario que los que saben hablar y oír las palabras de Dios ofrezcan al Señor a los que ha de curar.
Pseudo-Jerónimo. Porque siempre el que merece ser curado es conducido lejos de los pensamientos turbulentos, de las acciones desordenadas y de las palabras corrompidas. Los dedos que se ponen sobre los oídos son las palabras y los dones del Espíritu Santo, de quien se ha dicho: "El dedo de Dios está aquí" ( Ex 8,19). La saliva es la divina sabiduría, que abre los labios del género humano para que diga: Creo en Dios, Padre omnipotente, y lo demás. Gimió mirando al cielo, así nos enseñó a gemir y a hacer subir hasta el cielo los tesoros de nuestro corazón; porque por el gemido de la compunción interior se purifica la alegría frívola de la carne. Se abren los oídos a los himnos, a los cánticos y a los salmos. Desata el Señor la lengua, para que pronuncie la buena palabra, lo que no pueden impedir las amenazas ni los azotes.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena