jueves, 11 de agosto de 2039
Santos Tiburcio y Susana Virgen, Mártires
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Hebr. 11, 33-39)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Hebrǽos Fratres: Sancti per fidem vicérunt regna, operáti sunt justítiam, adépti sunt repromissiónes, obturavérunt ora leónum, exstinxérunt ímpetum ignis, effugérunt áciem gládii, convaluérunt de infirmitáte, fortes facti sunt in bello, castra vertérunt exterórum: accepérunt mulíeres de resurrectióne mórtuos suos: álii autem distenti sunt, non suscipiéntes redemptiónem, ut meliórem invenírent resurrectiónem: álii vero ludíbria et vérbera expérti, ínsuper et víncula et cárceres: lapidáti sunt, secti sunt, tentáti sunt, in occisióne gládii mórtui sunt: circuiérunt in melótis, in péllibus caprínis, egéntes, angustiáti, afflícti: quibus dignus non erat mundus: in solitudínibus errántes, in móntibus et spelúncis et in cavérnis terræ. Et hi omnes testimónio fídei probáti, invénti sunt in Christo Jesu, Dómino nostro.
los cuales por la fe conquistaron reinos, ejercitaron la justicia, alcanzaron las promesas, taparon las bocas de los leones, extinguieron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, sanaron de grandes enfermedades, se hicieron valientes en la guerra, desbarataron ejércitos extranjeros; mujeres hubo que recibieron resucitados a sus difuntos hijos. Mas otros fueron estirados en el potro, no queriendo redimir la vida presente, por asegurar otra mejor en la resurrección . Otros así mismo sufrieron escarnios y azotes, además de cadenas y cárceles; fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba de todos modos, muertos a filo de espada; anduvieron girando de acá para allá; cubiertos de pieles de oveja y de cabra, desamparados, angustiados, maltratados, de los cuales el mundo no era digno, yendo perdidos por las soledades, por los montes, y recogiéndose en las cuevas y en las cavernas de la tierra. Sin embargo todos estos santos tan recomendables por el testimonio de su fe, no recibieron todo el fruto de la promesa, [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 27 + Homilía 28 sobre Hebreos — San Juan Crisóstomo
«Y los profetas —dice— que por la fe vencieron reinos». Veis que aquí no da testimonio de que su vida fuera ilustre, pues no era ésta la cuestión, sino que hasta aquí la indagación versaba sobre su fe. Porque, decidme, ¿acaso no lo llevaron todo a cabo por la fe?
«Por la fe —dice— vencieron reinos»: los que estaban con Gedeón. «Obraron justicia»: ¿quiénes? Los mismos. Manifiestamente entiende aquí por ella la benignidad.
Pienso que es de David de quien dice que «alcanzaron promesas». Mas ¿de qué género eran éstas? Aquellas en que dijo que su descendencia se sentaría sobre su trono.
«Cerraron las bocas de los leones, apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada». Ved cómo se hallaron en la muerte misma: Daniel rodeado de leones, los tres jóvenes permaneciendo en el horno, los israelitas, Abrahán, Isaac, Jacob, en diversas tentaciones; y ni aun así desesperaron. Porque en esto consiste la fe: cuando las cosas salen adversas, entonces debemos creer que nada adverso se hace, sino que todo sucede según orden debido.
«De flacos se hicieron fuertes». Aquí alude a lo que sucedió en el regreso de Babilonia. Pues «de flacos» significa «de la cautividad». Cuando la condición de los judíos se había ya vuelto desesperada, cuando no eran mejores que huesos muertos, ¿quién habría esperado que volverían de Babilonia, y no sólo que volverían, sino que además se harían valientes y pondrían en fuga a ejércitos de extranjeros? «Mas a nosotros —dice alguno— nada semejante nos ha acaecido». Pero estas cosas son figuras de las venideras.
«Las mujeres recobraron resucitados a sus muertos». Habla aquí de lo que aconteció por medio de los profetas Eliseo y Elías, pues resucitaron a los muertos.
«Y otros fueron atormentados, no aceptando la liberación, para alcanzar una resurrección mejor». Mas nosotros aún no hemos alcanzado la resurrección. Puedo, sin embargo —quiere decir—, mostrar que también aquéllos fueron muertos y no aceptaron la liberación, para alcanzar una resurrección mejor. Pues, decidme, ¿por qué, siéndoles posible vivir, no lo eligieron? ¿No estaban acaso aguardando una vida mejor? Y los que habían resucitado a otros, ellos mismos escogieron morir, a fin de alcanzar una resurrección mejor, no como la de los hijos de aquellas mujeres.
«Y otros sufrieron la prueba de escarnios crueles y azotes, y aun de cadenas y cárceles». Termina con esto, con cosas más cercanas a ellos; porque estos ejemplos consuelan sobre todo cuando la aflicción procede de la misma causa, pues aunque menciones algo más extremo, si no nace de la misma causa, nada has conseguido. Por eso concluyó su discurso con esto, mencionando cadenas, cárceles, azotes, lapidaciones, aludiendo al caso de Esteban y también al de Zacarías.
Por lo cual añadió: «Fueron muertos a espada». ¿Qué dices? Unos escaparon del filo de la espada, y otros fueron muertos a espada. ¿Qué es esto? ¿A quién alabas? ¿A quién admiras? ¿A los últimos o a los primeros? A ambos —dice—: a los primeros, porque su caso os conviene; y a los últimos, porque la fe fue fuerte hasta la muerte misma, y es figura de las cosas venideras. Pues las cualidades admirables de la fe son dos: que obra grandes cosas y padece grandes cosas, y estima que nada padece.
Y no podéis decir —dice— que éstos fueran pecadores y sin valor. Pues aunque pongáis el mundo entero contra ellos, hallo que ellos inclinan la balanza y son de mayor precio. ¿Qué habían, pues, de recibir en esta vida? Aquí levanta sus pensamientos, enseñándoles a no estar clavados en las cosas presentes, sino a poner la mira en cosas mayores que todas las de esta vida presente, ya que el mundo no es digno de ellos. ¿Qué queréis, pues, recibir aquí? Porque sería una afrenta para vosotros recibir aquí vuestra recompensa.
Mas «anduvieron errantes», ¿qué significa esto? «Errando —dice— por los desiertos, por los montes, por las cuevas y las cavernas de la tierra», como desterrados y proscritos, como reos de los crímenes más viles, como quienes no son dignos de ver el sol; no hallaron refugio ni en el yermo, sino que hubieron de huir siempre, de buscar escondrijos, de sepultarse vivos en la tierra, de estar siempre en terror.
Aún no la han recibido, sino que todavía la aguardan; y después de haber muerto así, en tan gran tribulación, aún no la han recibido. Alcanzaron su victoria hace tantas edades, y aún no han recibido el premio. Y vosotros, que todavía estáis en el combate, ¿os afligís?
Homilía 27 + Homilía 28 sobre Hebreos, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org