viernes, 24 de julio de 2026 Santiago el Mayor, Apóstol

viernes, 29 de julio de 2039

Santa Marta, Virgen

Vida del santo de hoy, según el Año Cristiano del P. Juan Croiset.

Entre las santas mujeres que seguían á Jesucristo, y hacían abierta profesión de ser discípulas suyas mientras estuvo en esta vida mortal, fué una de las privilegiadas santa Marta, siendo igualmente de las mas distinguidas, no solo por su calidad y por la clase á que pertenecía entre los judíos, sino particularmente por haber abrazado el estado de virginidad en que perseveró constante toda la vida. En la de su hermana santa María Magdalena se dijo ya que era de distinguido nacimiento, tanto por su nobleza, como por los grandes bienes que había heredado de sus padres, tocándole en las particiones las posesiones vecinas á Jerusalen, y entre ellas la casa ó castillo de Betania. El Evangelio constantemente la nombra siempre la primera, y por eso se cree que era la hermana mayor de la familia; por lo menos era la que llevaba el principal peso de la administración y del gobierno.

Era su carácter un genio dulce y amigo de hacer bien; un juicio maduro y ejemplar con una circunspección y una modestia, que la hacían amar y respetar. Universalmente estaba reputada por una doncella de gran mérito, y así en Jerusalen como en Betania se tenia general veneración á su virtud. Estando su alma tan bien dispuesta, sin dificultad reconoció á Jesucristo por el Mesías verdadero, y gustó de su doctrina. Apenas le oyó, cuando hizo profesión de ser una de sus mas fieles discípulas. Con efecto lo fué; y la fervorosa ansia con que oía sus sermones, la docilidad con que seguía sus consejos, la fidelidad con que ponía en práctica sus divinas lecciones, y la piedad con que se dedicó enteramente al servicio del Salvador, todo contribuyó á elevarla en poco tiempo á una eminente santidad.

Oyendo los elogios que de cuando en cuando hacia el Señor de la virginidad, y viendo lo mucho que le agradaba esta admirable virtud, muy presto se determinó á no admitir jamás otro esposo que al Esposo de las vírgenes; y como era tan constante en oir sus divinas instrucciones, practicó muy en breve lo mas elevado y lo mas perfecto del Evangelio. Entregóse, pues, á la soledad y al retiro, renunciadas las vanidades del mundo; y como su hermano Lázaro era ya uno de los discípulos del Salvador, y la conversión de su hermana Magdalena, en la que nuestra santa no tuvo poca parte, había sido de tanta edificación á todos, el castillo de Betania se convirtió, por decirlo así, como en un pequeño monasterio. En él se observaba en todo cierto orden, y todo respiraba devoción. Ocupábase el tiempo en la oración, en la lectura, en la labor y en obras de caridad, por lo cual la casa de Betania era el hospedaje ó el hospicio del Salvador en sus viajes.

Llegó en una ocasión á Betania el Hijo de Dios, volviendo de sus tareas evangélicas: tuvo Marta noticia de su venida; y saliendo á recibirle, le suplicó con instancia que se dignase no admitir otro hospedaje que el de su casa. Aceptó la oferta el Salvador, como quien tenia tan conocida la virtud de aquellas dos fervorosas discípulas. No es fácil explicar el gozo de toda aquella afortunada familia. Marta, que gobernaba la casa, tomó á su cargo la disposición de todo, y por sus mismas manos quiso preparar y guisar la comida á su amado Maestro. El soberano huésped no dejó de reconocer la grande caridad y el fervoroso amor de las dos hermanas, recompensándolas liberalmente con su dulce conversación, y con las abundantes gracias que derramó en el corazón de aquellas dos santas almas.

María Magdalena, arrebatada toda de gozo por ver en su casa á su divino Salvador, y hambrienta de sus instrucciones, cuya dulzura había gustado mas de una vez, y cuyo provecho había experimentado, hallaba tanto gusto en oirle, que fué á sentarse á sus pies por no perder ni una sola palabra. Marta solo le podía percibir algunas, y esas con poca tranquilidad. Estaba tan afanada en regalar á su divino Maestro y á los de su comitiva, que andaba de un lado para otro dando sus órdenes, ya en esto, ya en aquello, y mostraba un poco de inquietud y sentimiento de que su hermana la dejase sola, y no la ayudase en nada. Con el ansia de que nada faltase en la mesa, y pareciéndole que ella sola no podia atender á todo, dió sus quejillas al Salvador: díjole, pues, con respeto y con modestia, pero de un modo que no dejaba de mostrar alguna inquietud: ¿Señor, no reparáis que mi hermana me deja trabajar sola, sin echar mano á nada? suplícoos le mandéis que venga á ayudarme.

La respuesta que el Señor le dió fue un misterio, y al mismo tiempo una lección de mucha enseñanza para la vida espiritual: Marta, Marta, muy cuidadosa andas y muy solícita. A la verdad alabo tu solicitud en servirme, pero condeno tu inquietud; todo lo que turba al alma, la disipa; y toda disipación del corazón y del espíritu me desagrada; es menester servirme con fervor; pero en mi servicio nunca se ha de perder la paz del corazón. Tú te atormentas inútilmente, y quieres hacer demasiado; no es menester tanto para mi comida, basta un solo plato. Tu hermana María está mejor ocupada que tú: aunque no trabaja con las manos, no está ocioso su espíritu en medio de mostrarse tan tranquilo; está haciendo ahora lo mismo que ha de hacer por toda la eternidad; sírvele de regalo mi conversación, y en ella goza lo mas delicioso que pueden gustar los hombres y los ángeles; de esta se ha de alimentar eternamente, y ninguno se la podrá quitar.

Aprovechóse maravillosamente santa Marta de una doctrina tan espiritual y tan perfecta, la cual, sin disminuir su apresurado ardor en servir al Salvador del mundo, la animó con un espíritu interior, que hizo mas pura y mas meritoria su virtud de la hospitalidad. No se contentó con disponerle la comida; quiso también tener la honra de servirle á la mesa, y acabada esta, le tocó su vez, y tuvo el consuelo de gozar despacio de su divina conversación.

No fué esta la única vez que Jesucristo honró con su presencia aquella dichosa casa. Siempre que transitaba por Betania se hospedaba en ella, y por eso dijo el evangelista que esta santa familia era la querida del Salvador; por eso, luego que enfermó Lázaro, le dieron parte las dos hermanas de esta novedad. Hallábase el Señor en Galilea cuando llegó el expreso con la noticia de que se moría aquel su amado discípulo; dilató dos dias su partida muy de cuidado, para tener ocasión de hacer con él el mayor de sus milagros. Cuando Cristo llegó, ya había cuatro dias que Lázaro estaba enterrado. Habían concurrido muchas personas del contorno á consolar á Marta y á María, y á darles el pésame de la muerte de su hermano; pero su mayor consuelo le esperaban de otra parte, y solo Jesús podía enjugar sus lágrimas.

Con efecto, luego que Marta tuvo noticia de que se acercaba, dejó prontamente á su hermana, y le salió al encuentro. Apenas le vió, cuando bañada en lágrimas, le dijo: Señor, si hubierais estado aquí, no se hubiera muerto mi hermano; pero no desconfío de verle resucitado; porque sé que Dios no te puede negar cosa que pidas. ¿Estás cierta, respondió Jesús, que tu hermano resucitará? Sí, Señor, replicó Marta, segura estoy de que resucitará en el dia de la resurrección general con todos los demás que murieron desde el principio del mundo. Queriendo entonces el Señor fortificar mas y mas la fe y la confianza de Marta, le dijo que, estando tan segura de su amor, como lo estaba, debía esperar que antes de aquel dia restituiría la vida á su hermano; que no ignoraba tenia poder para hacerlo; que obraba los milagros por su propia virtud, sin tener necesidad de pedir nada á nadie; y en fin, que los muertos conocían muy bien su voz, que la respetaban y la obedecían como á voz de su soberano dueño, autor supremo de la vida. ¿Ignoras por ventura, añadió el Salvador, que yo soy la resurrección y la vida, y que los que creen en mí vivirán eternamente? ¿Marta, crees esto? Sí, Señor, sí, respondió la santa, creo firmemente todo cuanto tú dices, porque estoy bien persuadida muchos dias ha, que tú eres el Mesías, único Hijo de Dios vivo que esperamos, y que en fin viniste al mundo, como estaba profetizado que había de venir el Mesías para salvar á los hombres.

No parece menos sublime ni menos generosa esta confesión, que la que el Padre Eterno inspiró á san Pedro, y le mereció aquellos eminentes privilegios y singulares favores con que le honró el Señor; y si las lágrimas de la Magdalena, que ya estaba presente, advertida de su hermana, le movieron á la resurrección de Lázaro, no tendría en ella menos parte la generosa y viva fe de Marta. Mandó efectivamente Jesús remover la piedra que cerraba la entrada ó la boca del sepulcro; y como Marta le dijese que, habiendo ya cuatro dias que estaba encerrado, no podría menos de exhalar mal olor; no temas, le respondió el Salvador, y acuérdate de lo que te dije, que si tenias fe, presto verías el motivo de tu dolor convertido en asunto de mucha gloria para Dios, y de admiración á los hombres. Tuvo Marta fe, y obróse el milagro.

Fácil es imaginar cuánto seria el gozo de las dos santas hermanas cuando vieron resucitado á su hermano, y cuánto crecería su ternura y su inseparable adhesión á la persona del Salvador. Desde entonces no le perdieron de vista, sobre todo durante el tiempo de su pasión. Fué Marta una de aquellas santas mujeres que siguieron á Cristo hasta el Calvario, y después de muerto, no se apartaron de su afligida Madre. Cada dia se mostraba Marta mas obsequiosa y mas amante de esta Señora; asistíala con sus bienes, servíala con respeto, y le tributaba muchos obsequios. No menos ferviente y generosa que Magdalena, concurrió con ella al sepulcro para rendir al cuerpo del Salvador los últimos honores; y también tuvo la dicha de ser de las primeras personas que le vieron después de su resurrección, asistiendo á sus instrucciones, y recibiendo cada dia nuevas gracias.

Después que el Señor subió á los cielos, no se apartó santa Marta del lado de la santísima Virgen hasta la venida del Espíritu Santo, cuyos dones recibió en el cenáculo; y también tuvo parte en la persecución que se suscitó contra los discípulos de Cristo, siendo desterrada de la Judea. No pudiendo los judíos sufrir la presencia de Lázaro, porque era un milagro visible, y un testimonio animado de la divinidad de aquel á quien ellos habían dado muerte ignominiosa, y no atreviéndose á quitarle la vida por temor de que segunda vez fuese resucitado con mayor afrenta suya, tomaron el medio término de meter toda aquella santa familia en un navío sin mástiles, sin timón, sin velas y sin aparejos, pareciéndoles el mejor arbitrio para deshacerse de ella el exponerles en esta conformidad á merced de los vientos y de las olas; pero la divina Providencia los había destinado para la conversión de una nación á quien amaba mucho.

Ya se dijo en la vida de santa Magdalena cómo el navío arribó milagrosamente al puerto de Marsella, y las insignes conversiones que hizo aquella bienaventurada tropa en un pueblo que el mismo milagroso arribo del navío dispuso admirablemente para ser oidos con respeto y con asombro. Es antigua y respetable tradición, autorizada al parecer por la misma Iglesia, que santa Marta anunció la fe de Jesucristo en Marsella, en Aix, en Aviñón y en toda la baja Provenza, convirtiendo á muchos en todas partes.

Dícese que, explicando á los pueblos de Aviñón las verdades de nuestra santa religión, un mozo que estaba en la otra parte del Ródano, deseoso ansiosamente de oirla, quiso pasar el rio á nado; pero arrebatado por la rapidez de la corriente quedó sumergido y ahogado: dieron noticia á la santa de esta desgracia; y mandando á unos pescadores que sacasen el cadáver, después de una breve oración le restituyó á la vida. Hizo gran ruido este milagro; y movidos de él, así los vecinos de Tarascón como los pueblos comarcanos, acudieron á nuestra santa implorando su favor para que los librase de un monstruoso dragón que todo lo devoraba, y asolaba toda la campaña.

Como la santa no tenia otro fin que el de la gloria de Jesucristo y la salvación de las almas, conoció que un milagro haría impresión en el ánimo de aquellos gentiles. Pasó el rio Duranza, metióse en un bosque cercano y halló al dragón que estaba devorando á un hombre. Hizo la señal de la cruz, rocióle con algunas gotas de agua bendita, atóle con su mismo ceñidor, y le llevó á la ciudad como si fuera un cordero. Atónito el pueblo, acudió á ver la maravilla, y después de haber muerto al dragón á palos y á pedradas, se arrojaron todos á los pies de la santa, pidiéndole que no les abandonase.

Como santa Marta sabia que su hermana Magdalena se había retirado al desierto del santo Báume, ella escogió para su morada el que estaba contiguo á la ciudad de Tarascón, y se llamaba el Bosque negro. Luego acudieron á la santa muchas doncellas que había convertido, resueltas á ser sus compañeras. Se dice que edificaron un monasterio, donde aquellas castas esposas de Jesucristo vivían como ángeles, bajo la dirección de la que había sido huéspeda y discípula del Salvador.

Pero queriendo, en fin, el Señor premiar á su huéspeda y á su sierva, le reveló el dia de su muerte, como también que su hermana Magdalena gozaba ya en el cielo de la gloria. Por espacio de un año ejercitó su paciencia, y aumentó sus merecimientos una calentura lenta; y sabiendo que era ya llegada la hora de volver á juntarse con su divino Salvador, mandó la echasen sobre unas cenizas en presencia de sus hijas, y exhortándolas á la fiel perseverancia, pasó tranquilamente al descanso del Señor hacia el año 68 ó 70 de Jesucristo, teniendo, á lo que se cree, 65 de edad.

Su cuerpo fué trasladado á la ciudad, según la opinión de los que sienten que el monasterio estaba fuera de ella, aunque otros juzgan que el lugar subterráneo donde se venera el dia de hoy era la capilla ó el oratorio del mismo monasterio. Sea lo que fuere de esto, es cierto que es muy magnífica la tal capilla subterránea en que, según la tradición, se venera el santo cuerpo. Sobre ella está fundada la iglesia colegial dedicada á la misma santa, la que dotó ricamente el rey Clodoveo, habiendo sanado de un fuerte mal de riñones por la intercesión de santa Marta; y Luis XI le regaló un busto de oro en que está engastada su santa cabeza. Todavía se conserva en la capilla subterránea, magníficamente adornada por la piadosa liberalidad de Monseñor Marinis, arzobispo de Aviñón, el antiguo sepulcro de la santa, cerca de un pozo, cuyas aguas se dice sanan de calenturas. Lo cierto es que las milagrosas curaciones que cada dia se experimentan en el sepulcro de santa Marta por intercesión de esta gran sierva de Dios, acreditan visiblemente lo mucho que puede con el Señor, y atraen á aquel santuario un gran concurso de gente. Es santa Marta protectora de los que se emplean en ministerios exteriores.

Año Cristiano del P. Juan Croiset (trad. José F. de Isla), dominio público.