martes, 5 de julio de 2039
San Antonio María Zaccaría, Confesor
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (1 Tim. 4, 8-16)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Timótheum Caríssime: Píetas ad ómnia utilis est: promissiónem habens vitæ, quæ nunc est, et futúræ. Fidélis sermo et omni acceptióne dignus. In hoc enim laborámus et maledícimur, quia sperámus in Deum vivum, qui est Salvátor ómnium hóminum, maxime fidélium. Præcipe hæc et doce. Nemo adolescentiam tuam contémnat: sed exémplum esto fidélium in verbo, in conversatióne, in caritáte, in fide, in castitáte. Dum vénio, atténde lectióni, exhortatióni et doctrínæ. Noli neglégere grátiam, quæ in te est, quæ data est tibi per prophetíam, cum impositióne mánuum presbytérii. Hæc meditáre, in his esto: ut proféctus tuus maniféstus sit ómnibus. Attende tibi et doctrínæ: insta in illis. Hoc enim fáciens, et teípsum salvum fácies, et eos qui te áudiunt.
Pues los ejercicios corporales sirven para pocas cosas, al paso que la virtud sirve para todo, como que trae consigo la promesa de la vida presente y de la futura, o eterna. Promesa fiel y sumamente apreciable, que en verdad por eso sufrimos trabajos y oprobios, porque ponemos la esperanza en Dios vivo, el cual es salvador de los hombres todos, ante todo de los fieles. Esto has de enseñar y ordenar. Pórtate de manera que nadie te menosprecie por tu poca edad, has de ser desechado por los fieles en el hablar, en el trato, en la caridad, en la fe, en la castidad. Entretanto que yo voy, aplícate a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza. No malogres la gracia que tienes por la consagración, la cual se te dio a pesar de tus pocos años en virtud de particular revelación, con la imposición de las manos de los presbíteros. Medita estas cosas, y ocúpate enteramente en ellas, de manera que vea todo el mundo tu aprovechamiento. Vela sobre ti mismo, y atiende a la enseñanza de la doctrina, insiste y sé diligente en estas cosas; porque haciendo esto, te salvarás a ti y también a los que te oyeren. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 12 + Homilía 13 sobre 1 Timoteo — San Juan Crisóstomo
V. 8. «Porque el ejercicio corporal para poco aprovecha». Algunos han referido esto al ayuno; mas ¡lejos tal parecer! Pues el ayuno no es ejercicio corporal, sino espiritual. Si fuera corporal, nutriría el cuerpo, mientras que en verdad lo consume y lo enflaquece, de suerte que no es corporal. No habla, pues, de la disciplina del cuerpo. Lo que necesitamos, por tanto, es el ejercicio del alma. Porque el ejercicio del cuerpo ningún provecho tiene, o aprovecha al cuerpo un poco; pero el ejercicio de la piedad da fruto y ganancia, así en la vida presente como en la venidera.
«Palabra fiel es ésta»: esto es, verdadero es que la piedad aprovecha tanto aquí como en el más allá. Advertid cómo por doquier introduce esta sentencia: no necesita demostración, sino que simplemente la afirma, pues hablaba con Timoteo.
V. 10. «Porque para esto trabajamos y somos injuriados, porque esperamos en el Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los fieles».
Como si dijera: ¿por qué nos mortificamos, sino porque esperamos los bienes futuros? ¿Acaso hemos soportado tantos males, sufrido tantos oprobios, tolerado tales injurias y calumnias y tan innumerables calamidades en vano? Pues si no confiásemos en el Dios vivo, ¿por qué razón nos habríamos sometido a estas cosas? Y si Dios es aquí Salvador de los incrédulos, mucho más lo será de los fieles en la vida venidera. ¿De qué salvación habla? ¿De la futura? «El cual —dice— es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los fieles». Por el momento habla de la que es de acá. Mas ¿cómo es Salvador de los fieles? Si no lo fuera, tiempo ha que habrían sido destruidos, pues todos los hombres les han hecho guerra. Aquí le llama a soportar los peligros, para que, teniendo a Dios por Salvador, no desfallezca ni necesite auxilio de otros, sino que voluntariamente y con fortaleza lo soporte todo. Aun aquellos que ávidamente se aferran a las ventajas del mundo, sostenidos por la esperanza del lucro, de buen grado acometen empresas laboriosas.
V. 11. «Manda esto y enséñalo». En unos casos conviene mandar; en otros, enseñar. Si, pues, mandas allí donde se requiere enseñanza, te harás ridículo; y si enseñas allí donde debías mandar, te expones al mismo reproche. Por ejemplo, no conviene enseñar a un hombre a no ser malvado, sino mandárselo y prohibírselo con toda autoridad. No profesar el judaísmo debe ser mandato; mas enseñanza se requiere cuando quieres inducir a los hombres a desprenderse de sus bienes, a profesar la virginidad, o cuando disciernes acerca de la fe. Por eso Pablo menciona ambas cosas: «Manda y enseña». Cuando alguno usa de amuletos o hace cosa semejante sabiendo que está mal, sólo requiere mandato; pero al que lo hace por ignorancia, hay que enseñarle su yerro. «Nadie menosprecie tu juventud».
Advertid que al sacerdote le compete mandar y hablar con autoridad, y no siempre enseñar. Mas porque, por un prejuicio común, suele despreciarse la juventud, por eso dice: «Nadie menosprecie tu juventud». Pues no debe el maestro quedar expuesto al desprecio. Pero si no ha de ser despreciado, ¿qué lugar queda para la mansedumbre y la moderación? En verdad, el desprecio que recae sobre su propia persona debe soportarlo, pues la enseñanza se recomienda por la longanimidad; mas no así cuando se trata de los demás, porque esto ya no es mansedumbre, sino tibieza. Si uno venga los insultos, las malas palabras y las injurias que a él se le hacen, con razón lo reprendes; pero donde va de por medio la salvación de los otros, manda e intervén con autoridad. No es éste caso de moderación, sino de autoridad, no sea que padezca el bien común. Prescribe lo uno o lo otro según lo pida el caso. «Nadie te menosprecie por tu juventud»; pues mientras tu vida haga de contrapeso, no serás despreciado por joven, sino antes bien más admirado. Por eso prosigue diciendo:
«Sé ejemplo de los fieles en la palabra, en la conducta, en la caridad, en la fe, en la castidad». Mostrándote en todo dechado de buenas obras: esto es, sé tú mismo modelo de la vida cristiana, como patrón propuesto a los demás, como ley viviente, como regla y norma del buen vivir; que tal debe ser el maestro. «En la palabra», para que hable con soltura; en la conducta, en la caridad, en la fe, en la verdadera castidad, en la templanza.
V. 13. «Hasta que yo venga, aplícate a la lectura, a la exhortación, a la enseñanza». Aun a Timoteo se le manda dedicarse a la lectura. Aprendamos, pues, a no descuidar el estudio de las Sagradas Escrituras. Advertid, además, que dice: «Hasta que yo venga». Mirad cómo lo consuela; pues, quedando como huérfano al separarse de él, natural era que necesitase tal consuelo. «Hasta que yo venga —dice—, aplícate a la lectura de los divinos escritos, a la exhortación de unos a otros, a la enseñanza de todos».
V. 14. «No descuides la gracia que hay en ti, que te fue dada por profecía». Aquí llama profecía a la enseñanza. «Con la imposición de las manos del presbiterio». No habla aquí de presbíteros, sino de obispos; pues no cabe suponer que unos presbíteros hayan ordenado a un obispo.
V. 15. «Medita estas cosas; entrégate por entero a ellas». Advertid cuántas veces le da consejo acerca de lo mismo, mostrando así que el maestro debe, sobre todas las cosas, estar atento a estos puntos.
V. 16. «Vela —dice— sobre ti mismo y sobre la doctrina; persevera en ello». Es decir: vela sobre ti mismo, y enseña también a los demás. «Porque haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren».
Bien dice: «Te salvarás a ti mismo». Porque quien se nutre con las palabras de la sana doctrina, el primero en recibir su provecho es él mismo. Al amonestar a los demás, él mismo es tocado de compunción. Pues estas cosas no se dicen sólo a Timoteo, sino a todos. Y si tal consejo se dirige a aquel que resucitaba muertos, ¿qué se dirá de nosotros? También Cristo muestra el oficio de los maestros cuando dice: «El reino de los cielos es semejante a un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas». Y el bienaventurado Pablo da el mismo consejo: que por la paciencia y la consolación de las Escrituras tengamos esperanza. Esto lo practicó él más que ninguno, habiéndose criado en la ley de sus padres a los pies de Gamaliel, de donde después naturalmente se aplicaría a la lectura; pues quien exhortaba a los demás, él mismo seguía primero el consejo que daba. Por eso lo vemos apelar de continuo al testimonio de los profetas y escudriñar sus escritos. Pablo, pues, se aplica a la lectura, porque no es pequeño el provecho que ha de sacarse de las Escrituras. Mas nosotros somos indolentes, y oímos con descuido e indiferencia. ¿Qué castigo no merecemos?
Homilía 12 + Homilía 13 sobre 1 Timoteo, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Marc. 10, 15-21)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Quisquis non recéperit regnum Dei velut párvulus, non intrábit in illud. Et compléxans párvulos et impónens manus super illos, benedicébat eos. Et cum egréssus esset in viam, procúrrens quidam, genu flexo ante eum, rogábat eum: Magíster bone, quid fáciam, ut vitam ætérnam percípiam? Jesus autem dixit ei: Quid me dicis bonum? Nemo bonus, nisi unus Deus. Præcépta nosti: Ne adúlteres, ne occídas, ne furéris, ne falsum testimónium díxeris, ne fraudem féceris, honora patrem tuum et matrem. At ille respóndens, ait illi: Magíster, hæc ómnia observávi a juventúte mea. Jesus autem intúitus eum, diléxit eum et dixit ei: Unum tibi deest: vade, quæcúmque habes, vende et da paupéribus, et habébis thesáurum in cælo: et veni, séquere me.
En verdad os digo, que quien no recibiere, como niño el reino de Dios no entrará en él. Y estrechándolos entre sus brazos, y poniendo sobre ellos las manos los bendecía. Así que salió para ponerse en camino, vino corriendo uno, y arrodillado a sus pies, le preguntó: ¡Oh buen Maestro!, ¿qué debo yo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No cometer adulterio, no matar, no hurtar, no decir falso testimonio, no hacer mal a nadie, honrar a padre y madre. A esto respondió él, y le dijo: Maestro, todas esas cosas las he observado desde mi mocedad. Y Jesús mirándole de hito en hito, mostró quedar prendado de él, y le dijo: Una cosa te falta aún, anda, vende cuanto tienes, y dalo a los pobres, que así tendrás un tesoro en el cielo; y ven después y sígueme. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Marcos 10, 15-21 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Teofilacto. Después de habernos mostrado la malicia de los fariseos que tentaban a Cristo, nos muestra la mucha fe de las gentes, que creían que sólo con poner sus manos sobre los niños que le ofrecían, Cristo los bendecía. "Como le presentasen unos niños para que los tocase".
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 62, 4. Pero los discípulos en atención a la dignidad de Cristo, querían impedir que se los ofreciesen. "Los discípulos reñían a los que venían a presentárselos". El Señor, sin embargo, les enseña a tener cordura y reprimir el orgullo humano, y tomando a los niños les ofrece el reino de Dios.
Orígenes, in Matthaeum, 7. Si cualquiera de los que profesan la doctrina de la Iglesia ve que alguien ofrece al Señor a los que el mundo considera insensatos, innobles y enfermos, por lo cual son llamados niños, no le prohiba que lo haga como si careciera de juicio al ofrecérselos al Salvador. Seguidamente, exhorta a sus discípulos, como hombres maduros que ya eran, a condescender con el bien de los niños, de modo que se hagan niños con ellos para captarse su voluntad: ya que El mismo, siendo Dios, se abajó haciéndose niño. "Porque de los que se asemejan a ellos es el reino de Dios".
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 62, 4. Porque el corazón del niño está limpio de toda pasión, y así conviene que hagamos nosotros por la voluntad lo que ellos hacen por naturaleza.
Teofilacto. Por esto no dice de éstos es el reino de Dios, sino de los que se asemejan a ellos, es decir, de los que por su estudio y trabajo tienen la inocencia y sencillez que tienen los niños por naturaleza. El niño no odia, ni hace nada maliciosamente, no aborrece a su madre porque le corrija, y aunque le pongan vestidos humildes, los prefiere a los más ricos. Así el que vive según la virtud de su madre la Iglesia, no le antepone nada, ni aun la voluntad, que es la reina de todos. De aquí que dice el Señor: "En verdad, os digo que quien no recibiere, como niño, el reino de Dios, no encontrará en él".
Beda, in Marcum, 3, 40. Es decir, no podréis entrar en el reino de los cielos, si no tenéis la inocencia y pureza de ánimo del niño. O bien: debemos recibir el reino de Dios, esto es, la doctrina del Evangelio como el niño; porque el niño, cuando aprende, no contradice ni se opone con discursos al que le enseña, sino que recibe con fe lo que le enseña, obedeciendo con temor. Así nosotros debemos recibir la palabra de Dios obedeciendo sencillamente y sin ninguna contradicción.
Beda, in Marcum, 3, 40. "Y estrechándolos entre sus brazos, y poniendo sobre ellos las manos, los bendecía".
Pseudo-Crisóstomo, vict. ant. e cat. in Marcum. Los abraza para bendecirlos, como alzando benignamente hasta su seno a su creatura, que se había apartado de El cayendo desde el principio. Pone sobre ellos las manos, expresando así la obra de su virtud divina, porque obra como Dios, aunque pone las manos conforme a las costumbres humanas, pues se había hecho hombre permaneciendo Dios.
Beda, in Marcum, 3, 40. Bendijo a los niños abrazándolos para significar que los humildes de espíritu son dignos de su bendición, de su gracia y de su amor.
Beda, in Marcum, 3, 40. Un hombre, que había oído decir al Señor que los que quieren ser semejantes a los niños son dignos de entrar en el reino de los cielos, le pide que se lo explique claramente y no con parábolas, y que le diga qué méritos tiene que hacer para conseguir la vida eterna. "Así que salió para ponerse en camino, vino corriendo un joven, y arrodillado a sus pies, le preguntó: Oh buen Maestro: ¿qué debo hacer yo para conseguir la vida eterna?".
Teofilacto. Causa admiración ese joven que, cuando los demás se acercan al Señor a causa de sus enfermedades, él pide la posesión de la vida eterna, a pesar de la maligna pasión de la avaricia por la cual se vio afligido después.
San Juan Crisóstomo, in Matthaeum, 63, 1. Porque se acercó verdaderamente al Señor como un hombre a otro y como a uno de los doctores de los judíos, le contestó como hombre. "Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios". Sin embargo, aunque dice esto, no niega la bondad de los hombres, sino en comparación a la bondad divina.
Beda, in Marcum, 3, 40. Este único Dios bueno no es solamente el Padre, sino el Hijo, que dice: "Yo soy el buen Pastor" ( Jn 10,11), y el Espíritu Santo, de quien se dice: "Vuestro Padre, que está en los cielos, dará el Espíritu bueno a los que se lo piden" ( Lc 11,13); que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, forman una sola e indivisible Trinidad y un solo y buen Dios. No niega el Señor que sea bueno, pero da a entender que es Dios. No dice que no sea buen Maestro, sino que no puede serlo ninguno sin Dios.
Teofilacto. Quiso, pues, el Señor elevar con estas palabras el espíritu de aquel joven para que lo reconociese como a Dios. Nos insinúa además con esto, que cuando hayamos de tratar con una persona, no lo hagamos adulándola, sino teniendo fija la atención en Dios, raíz y fuente de toda bondad, y rindiéndole honor.
Beda, in Marcum, 3, 40. Es de advertir que la observancia de la ley daba a sus discípulos, no sólo los bienes de la tierra, sino los eternos, por lo que dice al que le preguntaba sobre los medios de conseguir la vida eterna: "Ya sabes los mandamientos. No cometer adulterio, no matar", etc. Esta es la inocencia infantil que nos propone para que la sigamos, si queremos entrar en el reino de Dios. "A esto respondió él, y le dijo: Maestro, todas esas cosas las he observado desde mi mocedad". No debemos pensar que este hombre preguntó así al Señor para tentarlo, como creen algunos, ni que mintió en lo que dijo de su vida, sino que dijo sencillamente la verdad, lo que se demuestra en lo que sigue: "Y Jesús, poniendo en él los ojos, le mostró agrado", etc. Y es claro que si hubiera sido reo de mentira o disimulo no le hubiese amado quien penetra lo más secreto de los corazones.
Orígenes, homiliae in Matthaeum, hom. 8. En el hecho de amarlo o de abrazarlo, se ve que aprobó Jesús la verdad con que afirmó haber cumplido los mandamientos. Penetrando en su interior, vio en él al hombre de verdad y su buena conciencia.
Pseudo-Crisóstomo, Cat in Marc. Oxon. Pero se preguntará alguien cómo puede amar el Señor a quien no había de seguirle. A esto se puede responder diciendo que en un primer momento el joven fue digno del amor del Señor porque había observado la ley desde su juventud. Ya cerca al final del encuentro no hubo ninguna disminución del amor manifestado inicialmente. El joven por su parte no optó por la perfección. Pero si bien no había superado la medida humana, al no seguir la perfección que le proponía el Señor, sin embargo no había cometido ningún crimen al observar la ley según la medida humana. Es por esta observancia por la que lo amó el Señor.
Beda, in Marcum, 3, 40. Ama el Señor a los que guardan los mandamientos de la ley aunque son menores que los que buscan la perfección. Pero no por eso deja de manifestar que no es suficiente la observancia de la ley para los que desean ser perfectos, puesto que no vino para abolir la ley sino para darle plenitud. "Una cosa te falta aún: anda, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, que así tendrás un tesoro en el cielo, y ven después, y sígueme". Por tanto el que está llamado a ser así perfecto debe vender lo que tiene, no sólo parte de ello, como hicieron Ananías y Safira, sino todo.
Teofilacto. Y luego que lo hubiere vendido, dar su importe a los pobres, no a los canallas y disolutos.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 63, 2. No sin motivo hizo mención del tesoro del cielo y no de la vida eterna, diciendo: "Que así tendrás un tesoro en el cielo", porque, hablando de riquezas y de la renuncia de todo, manifiesta que da a quienes ordena que renuncien a todo, tanto más, cuanto mayor es el cielo que la tierra.
Teofilacto. Pero, dado que muchos pobres en vez de ser humildes tienen el vicio de la embriaguez o cualquier otro, dice: "Y ven después, y sígueme".
Beda, in Marcum, 3, 40. Sigue al Señor aquél que le imita y marcha sobre sus huellas.
Beda, in Marcum, 3, 40. "A esta propuesta, entristecido el joven, fuese muy afligido".
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 63, 2. Y el Evangelista nos refiere la causa de su tristeza, diciendo: "Pues tenía muchos bienes": que no se afligen de igual modo los que tienen poco que los que tienen mucho, puesto que el aumentar las riquezas ya adquiridas hace mayor la llama de la codicia.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 63, 2. "Y echando una ojeada alrededor de sí, dijo Jesús a sus discípulos: Oh, cuán difícilmente los ricos entrarán en el reino de Dios".
Teofilacto. No dice esto porque las riquezas sean malas, sino que lo son los que las tienen para guardarlas; por consiguiente, es preciso no atesorar, sino usar de las riquezas en lo que es necesario y útil.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 63, 2. Se dirigió el Señor con estas palabras a los discípulos pobres y que no poseían nada, enseñándoles a no avergonzarse de su pobreza y como excusándose de haberles dejado sin poseer nada. "Los discípulos, continúa, quedaron pasmados al oír tales palabras", ya que, como no poseían nada, es claro que su dolor era por la salvación de los demás.
Beda, in Marcum, 3, 40. Pero es mucha la diferencia que hay entre tener riquezas y amarlas, y es por ello que no dijo Salomón "que el que tiene las riquezas, no saca fruto de ellas, sino el que las ama" ( Ecle 5,9). Expone el Señor a sus asombrados discípulos el sentido de las palabras antedichas de este modo: "Pero Jesús, volviendo a hablar, les añadió: ¡Ay, hijitos míos, cuán difícil cosa es que los que ponen su confianza en las riquezas entren en el reino de Dios!" En donde es de notar que no dice: ¡Cuán imposible es! sino ¡cuán difícil es! Porque lo que es imposible no se puede hacer de ningún modo, mientras que lo difícil sí, aunque cueste mucho trabajo.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 63, 2. O bien: con la palabra difícil quiere significar lo imposible. Y esto no sencillamente, sino con cierta intención. "Más fácil es, dice, pasar un camello por el ojo de una aguja que no entrar un rico en el reino de Dios".
Teofilacto. Se debe entender por camello el animal de este nombre o el cable que usan los marineros.
Beda, in Marcum, 3, 40. ¿Cómo, pues, vemos en el Evangelio a Mateo, a Zaqueo, a José de Arimatea, y en el antiguo Testamento, a tantos ricos que entran en el reino de Dios, sino es porque tuvieron en nada sus riquezas, o las abandonaron del todo por inspiración del Señor? En un sentido más elevado, esto significa que ha sido más fácil a Cristo padecer por los que aman, que convertirse a El quienes aman lo mundano. Y se nos ofrece bajo la figura de camello, porque llevó la carga de nuestros pecados. La aguja significa las punzadas o dolores sufridos en la pasión, y el ojo de ella sus trabajos, con las que se dignó el Señor renovar en cierto modo los gastados vestidos de nuestra naturaleza. "Con esto subía de punto su asombro y se decían unos a otros: ¿Quién podrá, pues, salvarse?" Y como el número de los pobres es incomparablemente mayor que el de los ricos, estas palabras expresan que contaba en el número de los ricos a todos los que aman las riquezas, aunque no hayan podido adquirirlas. "Pero Jesús, fijando en ellos la vista, les dijo: "A los hombres es esto imposible, mas no a Dios"; porque no se debe entender que pueden entrar en el reino de los cielos los avaros y soberbios con su avaricia y soberbia, sino que es posible para Dios convertirlos de la codicia y soberbia a la caridad y humildad.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 63, 2. Esta es, por tanto, obra de Dios, y así se nos manifiesta cuánta necesidad de la gracia tiene el que haya de obrar así, y que será grande la recompensa que recibirán los ricos que sigan la filosofía de Cristo.
Teofilacto. O bien debemos entender que dice: "A los hombres es esto imposible, mas no a Dios", porque esto es posible cuando oímos a Dios, y es imposible cuando oímos a la sabiduría humana. "Pues para Dios todas las cosas son posibles", dice; y al decir todo, debe entenderse todo ente, porque el pecado es nada, como cosa sin esencia y sustancia incomunicable. O bien: el pecado no es cosa de virtud, sino de enfermedad, y por tanto, como enfermedad, es imposible para Dios. ¿Pero acaso puede hacer Dios que lo que es no sea? Dios es la verdad, y hacer que lo que ha sido hecho no haya sido hecho, es falso; ¿cómo, pues, la verdad podría hacer lo falso? Sería preciso, como dicen algunos, que destruyese su propia naturaleza. ¿Y puede Dios no ser Dios? Esto es ridículo.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena