sábado, 12 de febrero de 2039
Los Siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de la B. V. María
Introito (Sap. 10, 20-21)
Justi decantavérunt, Dómine, nomen sanctum tuum, et victrícem manum tuam laudavérunt páriter: quóniam sapiéntia apéruit os mutum et linguas infántium fecit disértas. Dómine, Dóminus noster, quam admirábile est nomen tuum in univérsa terra!
y celebraron con cánticos, ¡oh Señor!, tu Nombre santo, alabando todos a una tu diestra vencedora. Porque la sabiduría abrió la boca de los mudos, e hizo elocuentes las lenguas de los infantes. [Torres Amat]
Colecta
Dómine Jesu Christe, qui, ad recoléndam memóriam dolórum sanctíssimæ Genetrícis tuæ, per septem beátos Patres nova Servorum ejus família Ecclésiam tuam fœcundásti: concéde propítius; ita nos eórum consociári flétibus, ut perfruámur et gáudiis: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Señor Jesucristo, que, para renovar la memoria de los dolores de vuestra santísima Madre, hicisteis fecunda a vuestra Iglesia por medio de los siete bienaventurados Padres con la nueva familia de sus Siervos: concedednos propicio asociarnos de tal modo a sus llantos, que gocemos también de sus alegrías: Vos que vivís y reináis con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y sois Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Epístola (Eccli. 44, 1-15)
Léctio libri Sapiéntiæ Laudémus viros gloriósos et paréntes nostros in generatióne sua. Multam glóriam fecit Dóminus magnificéntia sua a sǽculo. Dominántes in potestátibus suis, hómines magni virtúte et prudéntia sua præditi, nuntiántes in prophétis dignitátem prophetárum, et imperántes in præsénti pópulo, et virtúte prudéntiæ pópulis sanctíssima verba. In perítia sua requiréntes modos músicos, et narrántes cármina scripturárum. Hómines dívites in virtúte, pulchritúdinis stúdium habéntes: pacificántes in dómibus suis. Omnes isti in generatiónibus gentis suæ glóriam adépti sunt, et in diébus suis habéntur in láudibus. Qui de illis nati sunt, reliquérunt nomen narrándi laudes eórum. Et sunt, quorum non est memória: periérunt, quasi qui non fúerint: et nati sunt, quasi non nati, et fílii ipsórum cum ipsis. Sed illi viri misericórdiæ sunt, quorum pietátes non defuérunt: cum sémine eórum pérmanent bona, heréditas sancta nepótes eórum, et in testaméntis stetit semen eórum: et fílii eórum propter illos usque in ætérnum manent: semen eórum et glória eórum non derelinquétur. Córpora ipsórum in pace sepúlta sunt, et nomen eórum vivit in generatiónem et generatiónem. Sapiéntiam ipsórum narrent pópuli, et laudem eórum núntiet Ecclésia.
Alabemos a los varones ilustres, a nuestros mayores, a quienes debemos el ser. Mucha gloria redundó el Señor por su magnificencia con ellos desde el principio del mundo. Gobernaron sus Estados, fueron hombres grandes en valor y adornados de singular prudencia; y como profetas que eran, hicieron conocer la dignidad de profeta. Gobernaron al pueblo de su tiempo con la virtud de la prudencia, dando muy santas instrucciones a sus súbditos. Con su habilidad inventaron tonos o conciertos musicales, y compusieron los cánticos de las Escrituras. Hombres ricos en virtudes, solícitos del decoro del santuario, pacíficos en sus casas. Todos éstos en sus tiempos alcanzaron gloria, y honraron su siglo. Los hijos que de ellos nacieron, dejaron un nombre que hace recordar sus alabanzas. Mas hubo algunos de los cuales no queda memoria, que perecieron como si nunca hubieran existido, así ellos como sus hijos; y aunque nacieron, fueron como si no hubiesen nacido. Pero aquellos fueron varones misericordiosos y caritativos, cuyas obras de piedad no han caído en olvido. En su descendencia permanecerán sus bienes. Sus nietos son una sucesión o pueblo santo, y su posteridad se mantuvo constante en la alianza con Dios; y por el mérito suyo durará para siempre su descendencia; nunca perecerán su linaje y su gloria. Sepultados en paz fueron sus cuerpos; y vive su nombre por todos los siglos. Celebren los pueblos su sabiduría, y repitan sus alabanzas en las asambleas sagradas. [Torres Amat]
Gradual (Is. 65, 23)
Elécti mei non laborábunt frustra, neque germinábunt in conturbatióne: quia semen benedictórum Dómini est, et nepótes eórum cum eis. Córpora ipsorum in pace sepúlta sunt, et nomen eórum vivit in generatiónem et generatiónem. Allelúja, allelúja. Sapiéntiam ipsorum narrent pópuli, et laudem eórum núntiet Ecclésia. Allelúja.
No se fatigarán en vano mis escogidos, ni tendrán hijos que los conturben; porque estirpe de benditos del Señor son, así ellos como sus nietos. [Torres Amat]
Tracto (Is. 65, 23)
Elécti mei non laborábunt frustra, neque germinábunt in conturbatióne: quia semen benedictórum Dómini est, et nepótes eórum cum eis. Córpora ipsorum in pace sepúlta sunt, et nomen eórum vivit in generatiónem et generatiónem. Qui séminant in lácrimis, in exsultatióne metent. Eúntes ibant et fiébant, mitténtes sémina sua. Veniéntes autem vénient cum exsultatióne, portántes manípulos suos.
No se fatigarán en vano mis escogidos, ni tendrán hijos que los conturben; porque estirpe de benditos del Señor son, así ellos como sus nietos. [Torres Amat]
Evangelio (Luc. 12, 32-34)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Nolíte timére, pusíllus grex, quia complácuit Patri vestro dare vobis regnum. Véndite quæ possidétis, et date eleemósynam. Fácite vobis sácculos, qui non veteráscunt, thesáurum non deficiéntem in cœlis: quo fur non apprópiat, neque tínea corrúmpit. Ubi enim thesáurus vester est, ibi et cor vestrum erit.
No tenéis vosotros que temer, pequeñito rebaño, porque ha sido el agrado de vuestro Padre daros el reino. Vended, si es necesario, lo que poseéis, y dad limosna. Haceos unas bolsas que no se echen a perder; un tesoro en el cielo que jamás se agota, adonde no llegan los ladrones, ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Lucas 12, 32-34 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Glosa. Después que el Señor separó el cuidado de las cosas temporales de los corazones de sus discípulos, ahora los libra del temor que procede de los cuidados por las cosas superfluas, diciendo: "No temáis", etc.
Teofilato. El Señor llama pequeña grey a los que quieren hacerse discípulos suyos, ya porque en esta vida los santos aparecen pequeños en virtud de su pobreza voluntaria, ya porque son aventajados por la multitud de ángeles que nos son incomparablemente superiores.
Beda. El Señor también llama pequeña grey a los escogidos, ya comparándolos con el mayor número de réprobos, o más bien por su amor a la humildad.
San Cirilo, in Cat. graec. Patr. Manifiesta por qué no deben temer, añadiendo: "Porque a vuestro Padre plugo", etc, como diciendo: ¿Cómo aquél que concede gracias tan extraordinarias, dejará de tener clemencia con vosotros? Aun cuando aquí esta grey sea pequeña -por su naturaleza, su número y su gloria-, sin embargo la bondad del Padre ha dispensado a este pequeño rebaño la suerte de los espíritus celestiales, es decir el reino de los cielos. Por tanto, para que poseáis el reino de los cielos debéis despreciar las riquezas de la tierra. Así dice: "Vended lo que poseéis", etc.
Beda. Como diciendo: no temáis que falten las cosas necesarias a los que en esta vida trabajan por el reino de Dios. Más aún, vendan también lo que poseen y denlo de limosna. Esto se hace dignamente cuando alguno, una vez que ha dejado todos sus bienes por el Señor, no obstante gana con el trabajo de sus manos por el reino, lo necesario para el alimento y para dar limosna.
Crisóstomo, In Matthaeum hom. 26. No hay pecado que no pueda borrar la limosna que es remedio contra toda llaga. Pero la limosna no se hace sólo con dinero, sino también por las obras, como cuando alguno protege a otro, cuando un médico cura, o cuando un sabio aconseja.
San Gregorio Nacianceno, orat. 16. De pauperum amore, versus finem. Pero temo que penséis que la piedad no es necesaria, sino libre. Yo también lo creía así, pero me espantan los machos cabríos colocados a la izquierda no por haber robado, sino por no haber asistido a Cristo cuando los necesitaba.
Crisóstomo, in Cat. graec. Patr., ex homil. in Matth. Sin la limosna es imposible ver el reino, porque así como se corrompen las aguas detenidas en una fuente, así sucede a los ricos cuando guardan para sí sus riquezas.
San Basilio, in Cat. graec. Patr., ex Asceticis, id est, Regulis brevioribus, ad interrogat. 92. Alguno preguntará: ¿en virtud de qué consideración es conveniente vender lo que se posee? ¿Acaso porque es naturalmente dañoso, o por la tentación que ofrece al hombre? A esto debe contestarse, en primer lugar, que si cada una de las cosas que existen en el mundo fuese mala por sí misma, no habría creatura de Dios, porque toda creatura de Dios es buena ( 2Tim 4). En segundo lugar, que el precepto del Señor no nos ha enseñado a arrojar como malo lo que poseemos sino a distribuirlo, porque dice: "Y dad limosna".
San Cirilo, ubi sup. Este precepto molesta acaso a los ricos pero no es inútil para los que son prudentes, porque atesoran para sí el reino de los cielos. Por esta razón prosigue: "Haceos bolsas, que no se envejecen", etc.
Beda. Esto es, dando limosna, cuya recompensa dura eternamente. Pero este precepto no debe entenderse en el sentido de que los santos no puedan reservarse ningún dinero -ni para su uso ni para el de los pobres-, ya que el mismo Dios, a quien servían los ángeles ( Mt 4), tenía una bolsa en la que conservaba lo que le daban los fieles ( Jn 12). Ha de entenderse más bien en el sentido de que no debe servirse a Dios por estas cosas, ni abandonarse la justicia por temor de la pobreza.
San Gregorio Niceno, in Cat. graec. Patr. Mandó también colocar las riquezas materiales y terrenas en el cielo, a donde no alcanza la fuerza de la corrupción. Así añade: "Tesoro que jamás falta".
Teofilato. Como diciendo: Aquí destruye la polilla, pero no en los cielos. Y como la polilla no puede destruirlo todo, añade lo del ladrón. El oro no es destruido por la polilla, pero el ladrón lo roba.
Beda. Debe entenderse sencillamente en esto que el dinero que se guarda desaparece y que dado al prójimo produce un fruto eterno en los cielos. O bien que el tesoro de las buenas obras, si se coloca en asunto de interés mundano, se corrompe y desaparece fácilmente. Pero si se ahorra, no para merecer exteriormente la aprobación de los hombres -como el ladrón que roba de fuera- ni para buscar interiormente la vanagloria -como la polilla que destruye en lo interior- sino con santa intención, no se corrompe.
Glosa. O bien los ladrones son los herejes y los demonios -que se proponen despojarnos de los bienes espirituales- y la polilla que roe poco a poco los vestidos es la envidia, que destruye el celo o el fruto bueno y rompe el lazo de la unidad.
Teofilato. Pero como no todo se quita por el robo, da una razón más poderosa y que no admite réplica diciendo: "Porque donde está vuestro tesoro está vuestro corazón". Como diciendo: supongamos que la polilla no destruya, ni el ladrón robe, ¿cuán digno de suplicio no será tener el corazón aprisionado en un tesoro oculto y hundir en la tierra una obra divina como el alma?
San Eusebio, in Cat. graec. Patr. Porque todo hombre depende naturalmente de aquello de que está apasionado y fija toda su alma en aquello que cree que puede darle todo lo que le conviene. Por tanto, si alguno fija toda su atención y su afecto -lo que llamó corazón- en las cosas de la vida presente, únicamente se ocupa de las cosas de la tierra. Pero si se fija en las cosas del cielo, allí tendrá también su corazón. De modo que parecerá que trata con los hombres sólo por el cuerpo, pero que su alma ha alcanzado ya las mansiones del cielo.
Beda. Esto debe entenderse no sólo respecto del dinero, sino de todas las pasiones. Los festines son el tesoro para el lujurioso, las fiestas para el lascivo y la liviandad para aquél a quien domina el amor.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena
Ofertorio (Is. 56, 7)
Addúcam eos in montem sanctum meum, et lætificábo eos in domo oratiónis meæ: holocáusta eórum et víctimæ eórum placébunt mihi super altáre meum.
yo los conduciré a mi santo monte y en mi casa de oración los llenaré de alegría; me serán agradables los holocaustos y víctimas que ofrecerán sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos. [Torres Amat]
Secreta
Accipe, quǽsumus, Dómine, hóstias quas tibi offérimus: et præsta; ut, intercedéntibus Sanctis tuis, libera tibi mente serviámus, et perdoléntis Vírginis Genetrícis Fílii tui amóre inflammémur. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Recibid, os rogamos, Señor, las hostias que os ofrecemos; y concedednos que, por la intercesión de vuestros Santos, os sirvamos con alma libre, y nos inflamemos en el amor de la dolorida Virgen, Madre de vuestro Hijo. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Comunión (Joann. 15, 16)
Ego vos elégi de mundo, ut eátis et fructum afferátis: et fructus vester máneat.
No me elegisteis vosotros a mí, si no que yo soy el que os he elegido, y destinado para que vayáis por todo el mundo y hagáis fruto, y vuestro fruto sea duradero, a fin de que cualquier cosa que pidiereis al Padre en mi nombre, os la conceda. [Torres Amat]
Poscomunión
Cœléstibus refécti mystériis te, Dómine, deprecámur: ut, quorum festa percólimus imitántes exémpla; juxta Crucem Jesu cum María Matre ejus fidéliter astémus, et ejúsdem redemptiónis fructum percípere mereámur. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Reconfortados con los celestiales misterios, os suplicamos, Señor, que, imitando los ejemplos de aquellos cuyas fiestas celebramos, permanezcamos fielmente junto a la Cruz de Jesús con María, su Madre, y merezcamos recibir el fruto de la misma redención. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
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