domingo, 6 de febrero de 2039
Domingo de Septuagésima
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (1 Cor. 9, 24-27; 10, 1-5)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios Fratres: Nescítis, quod ii, qui in stádio currunt, omnes quidem currunt, sed unus áccipit bravíum? Sic cúrrite, ut comprehendátis. Omnis autem, qui in agóne conténdit, ab ómnibus se ábstinet: et illi quidem, ut corruptíbilem corónam accípiant; nos autem incorrúptam. Ego ígitur sic curro, non quasi in incértum: sic pugno, non quasi áërem vérberans: sed castígo corpus meum, et in servitútem rédigo: ne forte, cum áliis prædicáverim, ipse réprobus effíciar. Nolo enim vos ignoráre, fratres, quóniam patres nostri omnes sub nube fuérunt, et omnes mare transiérunt, et omnes in Móyse baptizáti sunt in nube et in mari: et omnes eándem escam spiritálem manducavérunt, et omnes eúndem potum spiritálem bibérunt bibébant autem de spiritáli, consequénte eos, petra: petra autem erat Christus: sed non in plúribus eórum beneplácitum est Deo.
¿No sabéis que los que corren en el estadio, si bien todos corren, uno solo se lleva el premio? Corred, pues, hermanos míos, de tal manera que lo ganéis. Ello es que todos los que han de luchar en la palestra, guardan en todo una exacta continencia; y no es sino para alcanzar una corona perecedera; al paso que nosotros la esperamos eterna. Así que, yo voy corriendo, no como quien corre a la ventura; peleo, no como quien tira golpes al aire, sin tocar a su enemigo, sino que castigo mi cuerpo rebelde y lo esclavizo, no sea que habiendo predicado a los otros, venga yo a ser reprobado. Porque no debéis de ignorar, hermanos míos, que nuestros padres estuvieron todos a la sombra de aquella misteriosa nube; que todos pasaron el mar; y que todos bajo la dirección de Moisés fueron en cierto modo bautizados en la nube y en el mar; que todos comieron el mismo manjar espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual (porque ellos bebían del agua que salía de la misteriosa piedra, y los iba siguiendo, la cual piedra era figura de Cristo ); pero a pesar de eso la mayor parte de ellos desagradaron a Dios; y así quedaron muertos en el desierto. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 23 sobre 1 Corintios — San Juan Crisóstomo
«¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos corren, mas uno solo recibe el premio?» Esto lo dice, no como si aquí también uno solo de entre muchos hubiera de salvarse —lejos de ello—, sino para poner de manifiesto la suma diligencia que es nuestro deber emplear. Porque así como allí, aunque muchos descienden a la carrera, no muchos son coronados, sino que esto acontece a uno solo; y no basta descender al certamen, ni ungirse y luchar, así también aquí no es suficiente creer y contender de cualquier modo, sino que, si no hemos corrido de tal manera que hasta el fin nos mostremos irreprensibles y nos acerquemos al premio, de nada nos aprovechará. Pues aunque te tengas por perfecto según la ciencia, aún no lo has alcanzado todo; indicando lo cual, dijo: «Corred de modo que lo alcancéis.» No lo habían alcanzado, pues, a lo que parece, todavía. Y habiendo dicho esto, les enseña también el modo.
¿Qué significa «en todas las cosas»? No se abstiene de una y peca en otra, sino que domina enteramente la gula, la lascivia, la embriaguez y todas sus pasiones. Porque esto, dice, sucede aun en los juegos de los gentiles. Pues ni se permite el exceso de vino a los que contienden en el tiempo del certamen, ni la molicie, para que no debiliten su vigor, ni tampoco ocuparse en ninguna otra cosa, sino que, apartándose por completo de todo, se aplican únicamente a su ejercicio. Ahora bien, si allí es así, donde la corona toca a uno solo, cuánto más aquí, donde el estímulo de la emulación es más abundante. Pues aquí ni ha de ser coronado uno solo, y los premios sobrepujan con mucho a los trabajos. Por lo cual lo dice también para avergonzarlos: «Ellos, ciertamente, lo hacen para recibir una corona corruptible; mas nosotros, una incorruptible.»
Mas ¿qué es «no a la ventura»? Mirando a un blanco, dice, no al azar y en vano, como vosotros. Porque ¿qué provecho sacáis de entrar en los templos de los ídolos y ostentar por verdad aquella perfección? Ninguno. Mas no soy yo así, sino que todo cuanto hago, lo hago por la salvación de mi prójimo. Ya muestre perfección, es por causa de ellos; ya condescendencia, por causa de ellos también; ya supere a Pedro en rehusar recibir estipendio, es para que no se escandalicen; ya descienda más bajo que todos, circuncidándome y rapándome la cabeza, es para que no se pervieran. Esto es «no a la ventura». Mas vosotros, decidme, ¿por qué coméis en los templos de los ídolos? En verdad, no podéis alegar causa razonable alguna. Porque el manjar no os hace agradables a Dios; ni si coméis sois mejores, ni si no coméis sois peores. Claramente, pues, corréis a la ventura; porque esto es «a la ventura».
«Así lidio yo, no como quien azota el aire.» Esto dice, dando a entender de nuevo que no obraba al azar ni en vano. Porque tengo a uno a quien golpear, es decir, al demonio. Mas tú no le golpeas, sino que simplemente malgastas tus fuerzas.
Aquí da a entender que ellos están sujetos a la concupiscencia del vientre y le sueltan las riendas, y bajo pretexto de perfección satisfacen su propia gula; pensamiento que también antes se afanaba por expresar cuando dijo: «Los manjares para el vientre, y el vientre para los manjares.» Porque, como la fornicación es causada por el regalo, y éste engendró asimismo la idolatría, con razón arremete a menudo contra esta dolencia; y mostrando cuán grandes cosas padeció por el Evangelio, también ésta pone entre ellas. Así como fui, dice, más allá de los mandatos, y esto cuando no era cosa liviana para mí (pues «todo lo soportamos», se dice), así también aquí me someto a mucho trabajo para vivir sobriamente. Por terco que sea el apetito y la tiranía del vientre, con todo lo refreno y no me entrego a la pasión, sino que soporto todo trabajo para no ser arrastrado por ella.
Porque no penséis, os ruego, que tomando las cosas con holgura llego a este deseable resultado. Pues es una carrera y una lucha múltiple, y una naturaleza tiránica que continuamente se alza contra mí y busca librarse. Mas no la tolero, sino que la sujeto y la reduzco a servidumbre con muchos combates. Ahora bien, esto lo dice para que nadie, desesperando, se retire de los combates en favor de la virtud porque la empresa sea trabajosa. Por lo cual dice: «Castigo mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre.» No dijo: lo mato; ni: lo aflijo —pues no se ha de aborrecer la carne—, sino: lo castigo y lo reduzco a servidumbre; lo cual es propio de un dueño, no de un enemigo; de un maestro, no de un adversario; de un maestro de gimnasia, no de un contrario.
Porque no penséis, dice, que por haber creído esto basta para vuestra salvación; pues si a mí ni la predicación, ni la enseñanza, ni el haber ganado a innumerables personas me bastan para la salvación, si no muestro también irreprensible mi propia conducta, mucho menos a vosotros.
¿Y por qué dice estas cosas? Para señalar que, así como a aquéllos de nada les aprovechó el gozar de tan gran don, así tampoco a éstos el haber recibido el Bautismo y participado de los Misterios espirituales, si no prosiguen y manifiestan una vida digna de esta gracia. Por lo cual introduce también las figuras, tanto del Bautismo como de los Misterios.
Mas ¿qué es «fueron bautizados en Moisés»? Así como nosotros, por nuestra fe en Cristo y en su resurrección, somos bautizados, destinados a participar en nuestras propias personas de los mismos misterios (pues «somos bautizados —dice— por los muertos», esto es, por nuestros propios cuerpos), así también ellos, poniendo su confianza en Moisés, es decir, habiéndole visto pasar primero, se aventuraron también ellos a las aguas. Pero como quiere acercar la figura a la Verdad, no lo dice así, sino que emplea los términos de la Verdad aun tratándose de la figura.
Además, esto era símbolo de la fuente bautismal, y lo que sigue, de la Sagrada Mesa. Pues así como vosotros coméis el Cuerpo del Señor, así ellos el maná; y así como vosotros bebéis la Sangre, así ellos el agua de la roca. Porque, aunque eran cosas sensibles las que se producían, con todo se ofrecían espiritualmente, no según el orden de la naturaleza, sino según la graciosa intención del don, y juntamente con el cuerpo nutrían también el alma, llevándola a la fe. Por esta causa, ved, acerca del alimento nada observó, pues era enteramente diverso, no sólo en el modo sino también en la naturaleza (pues era maná); mas acerca de la bebida, ya que sólo el modo del suministro era extraordinario y requería prueba, por eso, habiendo dicho que bebieron la misma bebida espiritual, añadió: «pues bebían de una Roca espiritual que los seguía», y agregó: «y la Roca era Cristo». Porque no era la naturaleza de la roca la que enviaba el agua (tal es su sentido), pues de otro modo la habría hecho brotar también antes de este tiempo; sino que otra suerte de Roca, una espiritual, obró el todo, a saber, Cristo, que en todas partes estaba con ellos y obraba todas las maravillas. Pues por esta razón dijo «que los seguía».
En cuanto a su don, tal es el caso; observemos ahora también lo que sigue, y consideremos si, cuando ellos se mostraron indignos del don, los perdonó. No, esto no podéis decirlo. Por lo cual añadió: «Mas de los más de ellos no se agradó Dios», aunque los había honrado con tan gran honor. Sí, de nada les aprovechó, sino que los más de ellos perecieron. La verdad es que todos perecieron; mas, para no parecer que profetizaba también a éstos destrucción total, por eso dijo «los más de ellos». Y sin embargo eran innumerables, mas su número de nada les aprovechó; y todos éstos eran otras tantas prendas de amor; pero ni aun esto les aprovechó, por cuanto ellos mismos no manifestaron los frutos del amor.
«Pues fueron derribados —dice— en el desierto.» Declarando con esta palabra tanto la arrasadora destrucción, como los castigos y la venganza infligidos por Dios, y que ni siquiera alcanzaron los premios que se les habían propuesto. Ni estaban en la tierra de promisión cuando Él hizo estas cosas con ellos, sino fuera y lejos, en algún lugar apartado de aquella región; visitándolos así con una doble venganza: por no permitirles ver la tierra —y esto aun habiéndoles sido prometida—, y también con un castigo actual y severo.
Homilía 23 sobre 1 Corintios, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Matt. 20, 1-16)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis parábolam hanc: Simile est regnum coelórum hómini patrifamílias, qui éxiit primo mane condúcere operários in víneam suam. Conventióne autem facta cum operáriis ex denário diúrno, misit eos in víneam suam. Et egréssus circa horam tértiam, vidit álios stantes in foro otiósos, et dixit illis: Ite et vos in víneam meam, et quod justum fúerit, dabo vobis. Illi autem abiérunt. Iterum autem éxiit circa sextam et nonam horam: et fecit simíliter. Circa undécimam vero éxiit, et invénit álios stantes, et dicit illis: Quid hic statis tota die otiósi? Dicunt ei: Quia nemo nos condúxit. Dicit illis: Ite et vos in víneam meam. Cum sero autem factum esset, dicit dóminus víneæ procuratóri suo: Voca operários, et redde illis mercédem, incípiens a novíssimis usque ad primos. Cum veníssent ergo qui circa undécimam horam vénerant, accepérunt síngulos denários. Veniéntes autem et primi, arbitráti sunt, quod plus essent acceptúri: accepérunt autem et ipsi síngulos denários. Et accipiéntes murmurábant advérsus patremfamílias, dicéntes: Hi novíssimi una hora fecérunt et pares illos nobis fecísti, qui portávimus pondus diéi et æstus. At ille respóndens uni eórum, dixit: Amíce, non facio tibi injúriam: nonne ex denário convenísti mecum? Tolle quod tuum est, et vade: volo autem et huic novíssimo dare sicut et tibi. Aut non licet mihi, quod volo, fácere? an óculus tuus nequam est, quia ego bonus sum? Sic erunt novíssimi primi, et primi novíssimi. Multi enim sunt vocáti, pauci vero elécti.
Porque el reino de los cielos se parece a un padre de familia, que al romper el día salió a alquilar jornaleros para su viña, y ajustándose con ellos en un denario por día, los envió a su viña. Saliendo después, casi a las nueve de la mañana se encontró con otros que estaban mano sobre mano en la plaza, y les dijo: Andad también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Otras dos veces salió al mediodía y a las tres de la tarde e hizo lo mismo. Finalmente, salió casi a las cinco de la tarde y vio a otros que estaban todavía sin hacer nada, y les dijo: ¿Cómo os estáis aquí ociosos todo el día? Le respondieron: Es que nadie nos ha alquilado. Les dijo: Pues id también vosotros a mi viña. Puesto el sol, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: Llama a los trabajadores y págales el jornal, empezando desde los últimos y acabando en los primeros. Venidos, pues, los que habían ido cerca de las cinco de la tarde recibieron un denario cada uno. Cuando al fin llegaron los primeros, se imaginaron que les darían más. Pero éstos recibieron igualmente cada uno su denario. Y al recibirlo murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos últimos no han trabajado más que una hora, y los has igualado con nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor. Mas él, por respuesta, dijo a uno de ellos: Amigo, yo no te hago agravio. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Toma, pues, lo que es tuyo, y vete; yo quiero dar a éste, aunque sea el último, tanto como a ti. ¿Acaso no puedo yo hacer de lo mío lo que quiero?; ¿o ha de ser tu ojo malo o envidioso, porque yo soy bueno? De esta suerte, los últimos en este mundo serán primeros en el reino de los cielos; y los primeros, últimos. Muchos son los llamados; mas pocos los escogidos. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Mateo 20, 1-16 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Remigio. Habiendo dicho el Señor: "Que muchos de los que están los primeros serán los últimos y los últimos los primeros" ( Mt 19,29), añade, en apoyo de esta verdad, la siguiente parábola: "Semejante es el Reino de los Cielos", etc.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. El padre de familia es Cristo, y el cielo y la tierra son como su única casa y su familia todas las criaturas. Su viña es la justicia, en la que se encuentran todas las clases de justicia, como plantas distintas de una misma viña; por ejemplo, la mansedumbre, la castidad, la paciencia y otras virtudes, todas las cuales están comprendidas en el nombre general de justicia y los cultivadores de esta viña son los hombres. Por eso se dice: "Que salió muy de mañana a ajustar trabajadores", etc. Dios ha grabado la justicia en nuestras facultades, no para su utilidad, sino para la nuestra. Sabed, pues, que nosotros somos conducidos a la viña como asalariados. Y así como nadie lleva a un asalariado a su viña con el objeto único de que coma, así también nosotros hemos sido llamados por Cristo al trabajo, no sólo para que obtengamos nuestra utilidad personal, sino para la mayor gloria de Dios; y así como el asalariado se ocupa primero de su trabajo y después de su alimentación diaria, así también nosotros debemos ocuparnos primero de lo que se refiere a la gloria de Dios y después de lo que concierne a nuestra utilidad. Así como el mercenario emplea todo el día en las obras de su señor y sólo consagra una hora para su alimentación, así también nosotros debemos emplear todo el tiempo de nuestra vida en la gloria de Dios y no conceder más que un poco de tiempo a nuestras necesidades temporales y así como el mercenario se avergüenza de entrar en la casa de su señor y de pedirle pan el día en que no trabaja, ¿cómo vosotros no os avergonzáis de entrar en la Iglesia y de estar delante de Dios el día en que no practicáis una obra buena?
San GregorioMagno, homiliae in Evangelia, 19,1. O también el Padre de familia, es decir, nuestro Creador, tiene una viña, esto es, la Iglesia universal, que ha arrojado tantos sarmientos cuantos son los santos que ha producido, desde el justo Abel hasta el último santo que produzca hasta el fin del mundo. En ningún tiempo ha dejado el Señor de mandar predicadores como trabajadores que enviaba para cultivar su viña a fin de que instruyeran a su pueblo. Porque El ha trabajado en el cultivo de su viña, primeramente por los patriarcas, después por los doctores de la Ley y los profetas y últimamente por los apóstoles, como sus operarios. Se puede decir que todo hombre que obra con recta intención es de alguna manera y en cierta medida trabajador de su viña.
Orígenes, homilia 10 in Matthaeum. Podemos decir que todo el siglo presente no es más que un solo día. Porque aunque para nosotros es mucho un siglo, para la vida de Dios es un tiempo muy corto.
San GregorioMagno, homiliae in Evangelia, 19,1. La mañana del mundo es el tiempo trascurrido desde Adán hasta Noé y por eso se dice: "Que salió muy de mañana a ajustar trabajadores para su viña". Y añade el modo de ajustarlos en estas palabras: "Y habiendo concertado, etc."
Orígenes, homilia 10 in Matthaeum. Yo soy de opinión, que la palabra denario se aplica a la salud.
Remigio. El denario era una moneda que valía antiguamente diez ases y que tenía la efigie del emperador. Con razón, pues, el denario representa en este pasaje la recompensa por la observancia del Decálogo. Por eso el Señor dice de una manera significativa: "Y habiendo concertado, etc.". Porque en el campo de la Iglesia trabajan todos por la esperanza de una recompensa futura.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1. La hora de tercia, de la que se dice: "Y habiendo salido cerca de la hora de tercia, vio otros en la plaza que estaban ociosos" comprende el tiempo que media desde Noé hasta Abraham.
Orígenes, homilia 10 in Matthaeum. La plaza es todo lo que está fuera de la viña, esto es, de la Iglesia de Cristo.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. Los hombres viven en este mundo vendiendo y comprando y sustentan sus vidas con sus recíprocos engaños.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1. Con razón se llama ocioso a aquel que vive para sí y se recrea en los placeres de su carne, porque ése no trabaja para recoger los frutos de las obras de Dios.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. O también es ocioso, no el pecador, porque ése está muerto, sino el que no trabaja en las obras de Dios. ¿Queréis, pues, no estar ociosos? No toméis los bienes de otros y dad los que son vuestros y cultivando la planta de la misericordia, habréis trabajado en la viña del Señor. Sigue: "Y les dijo: Id también vosotros a mi viña". Es de advertir que sólo a los primeros les fija un denario, mientras que somete a los otros a un precio indeterminado, diciéndoles: "Os daré lo que es justo". El Señor sabía que Adán pecaría y que después de él perecerían todos los hombres en el diluvio y para que en ninguna ocasión se pudiese decir que Adán había abandonado la justicia porque ignoraba la recompensa que había de recibir, se concertó con él. Mas no hizo convenio con los otros, porque estaba dispuesto a retribuirles de una manera superior a lo que podía esperar un asalariado.
Orígenes, homilia 10 in Matthaeum. O también, porque El había invitado a los trabajadores de la hora de tercia para toda la obra y se reservó el distribuirles la recompensa justa hasta después de ver lo que habían trabajado. Porque podían haber trabajado lo mismo que los que estaban desde por la mañana muy temprano, desplegando en poco tiempo una energía de trabajo que compensase la falta de trabajo de por la mañana.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1. La hora de sexta comprende desde Abraham hasta Moisés y la de nona desde Moisés hasta la venida del Señor. Por eso sigue: "Volvió a salir", etc.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. Y unió la hora de sexta con la de nona, porque en ese tiempo llamó al pueblo judío y se reveló con más frecuencia a los hombres para dar todas las disposiciones, porque ya se aproximaba el tiempo como definitivo de la salvación de todos.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1. La hora undécima comprende el tiempo que media desde su venida hasta el fin del mundo. El trabajador de la mañana, de la hora de tercia, de sexta y de nona, es el pueblo judío, que por sus elegidos no cesa de trabajar en la viña del Señor, desde el principio del mundo, esforzándose en honrar a Dios con la rectitud de su fe. Los gentiles son los llamados a la hora undécima. Por eso sigue: "Y salió cerca de la hora de vísperas". Porque estaban ociosos todo el día, sin haber hecho esfuerzo alguno en ninguna de las tan largas épocas del mundo para cultivar su viña; pero reparad en la respuesta que dan cuando fueron preguntados: "Y ellos le respondieron. Porque ninguno nos ha llamado a jornal". Efectivamente, ningún patriarca, ni ningún profeta se había acercado a ellos. ¿Y qué otra cosa significa la contestación: "Ninguno nos ha llamado a jornal", sino el que nadie les había predicado el camino de la vida.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. ¿Qué es lo que ha concertado con nosotros y cuál el precio de este contrato? La promesa de la vida eterna. Las naciones estaban solas y no conocían a Dios, ni sus promesas.
San Hilario, in Matthaeum, 20. Por eso son mandados a la viña: "Díceles: Id también vosotros", etc.
Rábano. Es justo que, después de haberles tomado el Señor cuenta de los trabajos del día, llegue el momento tan deseado de la recompensa: "Y al venir la noche"; esto es, cuando el día de todo el universo se fuere inclinando hacia la tarde de la consumación de todas las cosas.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. Advertid que, cuando da la recompensa, es por la tarde y no a la otra mañana. Por consiguiente, tendrá lugar el juicio dentro del presente siglo y entonces se dará a cada uno su recompensa. Y esto por dos razones: primera, porque la recompensa de la justicia es la misma bienaventuranza eterna; de donde resulta, que antes de la eternidad, esto es, en esta vida, tendrá lugar el juicio. Y la segunda, porque el juicio precederá al día de la eternidad, a fin de que los pecadores no vean la felicidad de aquel día.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. Sigue: "Dice el Señor a su mayordomo", es decir, el Hijo al Espíritu Santo.
Glosa. O también, si os parece bien, dice el Padre al Hijo, porque el Padre obra por el Hijo y el Hijo por el Espíritu Santo, sin que por esto haya entre las tres personas diferencia alguna de sustancia o de dignidad.
Orígenes, homilia 10 in Matthaeum. O también dice a su mayordomo, esto es, a alguno de los ángeles destinado a distribuir las recompensas o también a uno de los numerosos administradores, según aquellas palabras de San Pablo ( Gál 4,2): "Que el heredero, mientras es pequeño, está bajo el poder de los administradores y tutores".
Remigio. O también, Nuestro Señor Jesucristo es el Padre de familia y el mayordomo de la viña; como también es El mismo la puerta y el portero. Porque El es quien ha de venir a juzgarnos y a dar a cada uno según sus obras y cuando reuniere a todos en su juicio, para que cada uno reciba según sus obras, entonces es cuando llama a los trabajadores y les da la recompensa.
Orígenes, homilia 10 in Matthaeum. Mas los primeros trabajadores, que no tienen más testimonio que el de su fe, no recibieron la promesa de Dios porque el Padre de familia nos ha reservado a nosotros alguna cosa mejor, no queriendo que sean terminadas sus obras sin nuestros trabajos. Nosotros que somos de Cristo y que hemos alcanzado su misericordia, esperamos recibir la recompensa antes que los demás, mientras que los que trabajaron inicialmente, la tendrán después que nosotros, por eso se dice: "Llama los trabajadores y págales su jornal".
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. Siempre damos con más gusto a aquéllos a quienes damos alguna cosa gratuitamente, porque entonces concedemos las cosas sólo por nuestra honra. Por consiguiente, dando Dios su recompensa a todos los santos, se muestra justo, y dándosela a los gentiles, misericordioso; según las palabras de San Pablo ( Rom 15,9): "En cuanto a los gentiles, no tienen ellos más que alabar a Dios por su misericordia". Y por eso se dice: "Comenzando desde los últimos hasta los primeros". El Señor efectivamente, a fin de manifestar su inefable misericordia, da su recompensa; primeramente a los últimos y a los más indignos y después a los primeros. Su excesiva misericordia no tiene en cuenta el orden.
San Agustín, de spiritu et littera, 24. O también los últimos son considerados como los primeros porque se les ha diferido su recompensa por menos tiempo.
San Agustín, de spiritu et littera, 24. Sigue: Cuando vinieron los que, etc.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1. El mismo denario, que con tanto deseo estuvieron esperando todos, reciben tanto los que trabajaron a la hora undécima, como los que trabajaron desde la primera hora, porque igual recompensa, la de la vida eterna, consiguen los que fueron llamados desde el principio del mundo, como los que vengan a Dios hasta el fin del mundo.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. Y esto es justo. Porque el que nació al principio del siglo, no vivió más que el tiempo marcado a su vida; ¿y qué perjuicio le ha resultado con que continuara después de su muerte el mundo? Y los que nacen al final, no viven menos tiempo que los días que les han sido destinados; ¿y qué utilidad les reporta, con respecto al cómputo de su trabajo, que el mundo termine pronto, puesto que cumplen con la tarea de su vida antes del fin del mundo? Además, no depende del hombre el haber nacido antes o después, porque esto depende de la voluntad divina. Y ciertamente, no debe reivindicar para sí el primer puesto el que ha nacido primero, ni debe considerarse como más despreciable al que ha nacido después. Sigue: "Y tomándole, murmuraban contra el Padre de familia diciendo: etc." Mas si es verdad lo que hemos dicho, que los primeros y últimos no han vivido ni más ni menos tiempo que el que tenían marcado y a unos y otros ha arrebatado la muerte, ¿qué razón tienen para decir: "¿Hemos llevado el peso del día y del calor?" Sin duda conocer que está cerca el fin de los tiempos nos da fuerza para alcanzar la justicia. Por ello el Señor, dándonos un arma para la lucha, decía ( Mt 4,17): "El Reino de los Cielos está próximo". Para ellos era motivo de debilidad saber que el mundo duraría aún mucho tiempo. Por esto, si bien no han vivido todo un siglo, sin embargo parece que hubieran soportado el peso de sus cien años. O bien: "el peso de todo el día", son los mandamientos pesados de la ley; "el calor" es la abrasadora tentación del error, inflamada por los espíritus malignos en sus corazones, a fin de irritarlos para emulación de todos estos gentiles. De estos, los que creen en Cristo, salieron libres de los lazos y están a salvo por la plenitud de gracia, que lo resume todo.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1. O también: "el llevar el peso del día y del calor" es estar fatigado durante el tiempo de una larga vida, por la lucha contra los estímulos de la carne. Pero se puede preguntar: ¿Cómo es posible que murmuren los que son llamados al Reino de los Cielos? Porque el que murmura, no recibe el Reino de los Cielos y el que recibe, no puede murmurar.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 64,3. No es conveniente examinar las parábolas hasta en sus más pequeños detalles, sino penetrarse de la intención del que la ha dicho y no pasar más adelante. Por consiguiente, en la parábola de que tratamos, no se propuso el Señor el manifestar que había algunos envidiosos, sino el de hacer ver que todos ellos gozaban de tantos honores, que sus mismos honores podían engendrar en otros el vicio de la envidia.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1. O también: "el murmurar" quiere decir que todos los antiguos patriarcas, a pesar de haber vivido en la justicia, no pudieron entrar en el reino, hasta la venida del Señor y por eso es propio de ellos el haber murmurado. Mientras que nosotros no podemos murmurar, porque a pesar de haber venido a la hora undécima y de haber nacido después de la venida del Mediador, entramos en el reino en seguida que abandonamos nuestros cuerpos.
San Jerónimo. O también el pueblo judío, que es llamado antes, tiene envidia de los gentiles y encuentra su tormento en la gracia del Evangelio.
San Hilario, in Matthaeum, 20. El murmurar de los trabajadores, se vio bien claro en tiempo de Moisés, por la boca insolente del pueblo.
San Hilario, in Matthaeum, 20. Sigue: "Mas él respondió a uno de ellos y le dijo: Amigo, no te hago agravios":
Remigio. Por este "uno" pueden entenderse todos los judíos, que recibieron la fe y a quienes el Señor llama, por razón de esta misma fe "amigos".
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. Mas no se quejan de no haber recibido lo que se les había prometido, sino de que los otros hubiesen recibido más de lo que merecían. Esto es propio de los envidiosos, que siempre se quejan de lo que se da a otros como si se les quitara a ellos; de donde resulta que la envidia es hija de la vanagloria y por eso, el que aquí se queja, no se queja de ser el segundo más que por los vivos deseos que tiene de ser el primero. Por esta razón, rechaza el Señor este movimiento de la envidia diciendo: "¿No te concertaste conmigo por un denario?"
San Jerónimo. El denario tiene la efigie del rey. Habéis recibido, pues, la recompensa que os he prometido, es decir, mi imagen y semejanza, ¿qué más queréis? Y vosotros deseáis, no tanto el recibir más, como el que otro no reciba nada. Tomad lo vuestro y marchaos.
Remigio. Es decir, recibid vuestra recompensa y marchaos a la gloria. Yo quiero dar a este último, esto es, al pueblo gentil (según sus méritos) tanto como a vosotros.
Orígenes, homilia 10 in Matthaeum. Pueda ser que dirigiera a Adán estas palabras: "Amigo, no te hago agravio: ¿No te concertaste conmigo por un denario? Toma lo que es tuyo y vete". El denario, esto es, la salvación es lo tuyo; yo quiero dar a este último tanto como a ti. Se puede creer, sin faltar a la verdad, que este último, que trabajó una hora y sin duda más que los que le precedieron, es el apóstol San Pablo.
San Agustín, de sancta virginitate, 26. Da a todos un denario, recompensa de todos, porque a todos será igualmente dada la misma vida eterna. Habrá en la vida eterna, en la casa del Padre, muchas moradas y resaltará en ellas, de un modo diferente, el brillo de los méritos de cada uno. El denario, que es el mismo para todos, significa, que todos vivirán el mismo tiempo en el cielo y la diferencia de mansiones, indica la gloria distinta de los santos.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1. Y como nosotros recibimos la corona de la bienaventuranza por efecto de la bondad del Señor, añade: "¿No me es lícito hacer lo que quiero?". Grande insensatez del hombre es murmurar contra la bondad de Dios. Porque podría quejarse de Dios cuando no le diera lo que le debe; pero no tiene motivo para formular sus quejas cuando El no da lo que no le debe. Por eso añade con tanta claridad: "¿Acaso tu ojo es malo, porque yo soy bueno?"
Remigio. El ojo significa la intención. Los judíos tuvieron un ojo malvado, es decir, una intención perversa, porque tenían envidia de la salud de los gentiles. Las palabras del Señor: "Así serán los postreros, primeros y los primeros postreros". Nos dan a entender el objeto que se propuso el Señor en esta parábola, es decir, manifestarnos el tránsito de los judíos, desde la cabeza a la cola y el tránsito nuestro, desde la cola a la cabeza.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34. O también llama a los primeros postreros y a los postreros primeros, no porque los postreros sean más dignos que los primeros, sino para manifestar que la época diferente de su vocación no establece entre ellos diferencia alguna. Las palabras: "Muchos son los llamados y pocos los escogidos"; no se refieren a los santos de que hemos hablado arriba, sino a las naciones, entre las que habrá muchos que serán llamados y pocos los que serán escogidos.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1. Muchos vienen a la fe, pero son pocos los que llegan al Reino de los Cielos, porque son muchos los que siguen a Dios con los labios y huyen de El con sus costumbres. De todo esto, podemos sacar dos consecuencias. Primera, que nadie debe presumir de sí mismo. Porque aunque uno haya sido llamado a la fe, no sabe si estará elegido para el Reino; y segunda, que nadie debe desconfiar de la salvación del prójimo, aunque lo vea entregado al vicio, porque todos ignoramos los tesoros de la misericordia de Dios. O de otra manera, nuestra mañana es la niñez; la hora de tercia la adolescencia, porque el calor que en esa edad se desarrolla, es como el del sol cuando sube a lo más elevado de su carrera; la hora de sexta es la juventud, época en que el hombre adquiere toda su robustez y la de nona es la vejez, edad en que falta el calor de la juventud, como al sol cuando se retira de los puestos elevados de su carrera. Por último, la hora undécima, es la edad que se llama decrepitud o veterana.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 64,3. La diferencia de las almas de los trabajadores está bien marcada en el hecho de ser llamados unos por la mañana, otros a la hora de tercia y así sucesivamente. El Señor los llamó a todos cuando estaban en disposición de obedecer, cosa que hizo con el buen ladrón, a quien llamó el Señor cuando vio que obedecería. Mas si dicen: "Porque ninguno nos ha llamado a jornal" ( Mt 20,7), es preciso tener presente, como ya hemos dicho antes, que no debemos investigar todos los detalles de la parábola, además de que no es el Salvador quien dice eso, sino los trabajadores. Y en el mismo hecho del Salvador, en cuanto está de su parte, llamar a todos a la primera hora, significa que el Salvador no excluyó a nadie como lo indican las siguientes palabras: "Salió muy de mañana a ajustar trabajadores" ( Mt 20,1).
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1. Estuvieron ociosos hasta la hora undécima todos los que se retrasaron en vivir, según Dios, hasta la hora última. A éstos, sin embargo, los llama el padre de las familias y muchas veces los recompensa en primer lugar, porque mueren y van al reino antes que aquellos, que son llamados desde los primeros años de su infancia.
Orígenes, homilia 10 in Matthaeum. Las palabras: "¿Qué hacéis ociosos todo el día?" ( Mt 20,6) no se dirigen a los que habiendo comenzado por el espíritu, concluyen por la carne, si después vuelven al espíritu para vivir otra vez espiritualmente. Y no decimos esto para disuadir a los hijos lascivos, que han gastado con su vida lujuriosa todos los tesoros evangélicos, a que vuelvan a la casa de su Padre, sino para hacer ver que hay una gran diferencia entre ellos y aquellos que pecaron en su juventud, cuando aún no tenían conocimiento de lo que enseña la fe.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 64,4. En las palabras: "Los primeros serán los postreros y los postreros serán los primeros" ( Mt 20,16) indica el Señor de una manera encubierta que se refería a los que resplandecieron primero en la virtud y después la despreciaron; y además, a aquellos que se separaron del mal y se sobrepusieron a muchos. Esta parábola fue, pues, compuesta con el objeto de avivar más los deseos de aquellos que se convertían al Señor en sus últimos años y que por lo mismo tenían la idea de que ellos recibirían menos recompensa que los demás.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena