viernes, 24 de julio de 2026 · Feria Abstinencia

martes, 23 de noviembre de 2038

San Clemente I, Papa y Mártir

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (Phil. 3, 17-21; 4, 1-3)

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Philippénses Fratres: Imitatóres mei estóte, et observáte eos, qui ita ámbulant, sicut habétis formam nostram. Multi enim ámbulant, quos sæpe dicébam vobis - nunc autem et flens dico - inimícos Crucis Christi: quorum finis intéritus: quorum Deus venter est: et glória in confusióne ipsórum, qui terréna sápiunt. Nostra autem conversátio in cœlis est: unde étiam Salvatórem exspectámus, Dóminum nostrum Jesum Christum, qui reformábit corpus humilitátis nostræ, configurátum córpori claritátis suæ, secúndum operatiónem, qua étiam possit subjícere sibi ómnia. Itaque, fratres mei caríssimi et desideratíssimi, gáudium meum et coróna mea: sic state in Dómino, caríssimi. Evódiam rogo et Sýntychen déprecor idípsum sápere in Dómino. Etiam rogo et te, germáne compar, ádjuva illas, quæ mecum laboravérunt in Evangélio cum Cleménte et céteris adjutóribus meis, quorum nómina sunt in libro vitæ.

¡Oh hermanos!, sed imitadores míos, y poned los ojos en aquellos que proceden conforme al dechado nuestro que tenéis. Porque muchos andan por ahí, como os decía repetidas veces, (y aún ahora lo digo con lágrimas) que se portan como enemigos de la cruz de Cristo , el paradero de los cuales es la perdición; cuyo Dios es el vientre, y que hacen gala de lo que es su desdoro y confusión, aferrados a las cosas terrenas. Pero nosotros vivimos ya como ciudadanos del cielo, de donde así mismo estamos aguardando al salvador Jesucristo Señor nuestro, el cual transformará nuestro vil cuerpo, y lo hará conforme al suyo glorioso, con la misma virtud eficaz, con que puede también sujetar a su imperio todas las cosas y hacer cuanto quiera de ellas. Por tanto, hermanos míos carísimos y amabilísimos, que sois mi gozo y mi corona, perseverad así firmes en el Señor, queridos míos. Yo ruego a Evodia, y suplico a Sintique, que tengan unos mismos sentimientos en el Señor. También te pido a ti, ¡oh fiel compañero!, que asistas a ésas que conmigo han trabajado por el Evangelio con Clemente y los demás coadjutores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida. [Torres Amat]

Comentario patrístico · Homilía 12 + Homilía 13 sobre Filipenses — San Juan Crisóstomo

Vers. 17. Hermanos, sed imitadores míos, y observad a los que así caminan según el ejemplo que en nosotros tenéis.

Había dicho antes: guardaos de los perros; de tales los había apartado; ahora los acerca a aquellos que deben imitar. Si alguno, dice, quiere imitarme, si alguno quiere caminar por el mismo camino, atienda a ellos; aunque yo no esté presente, conocéis la manera de mi caminar, esto es, mi conducta en la vida. Pues no sólo con palabras enseñaba, sino también con obras; como en el coro y en el ejército los demás deben imitar al corifeo o al caudillo, y así avanzar en buen orden. Porque puede suceder que el orden se disuelva por la sedición.

Porque muchos caminan, de los cuales muchas veces os hablé, y ahora aun llorando os lo digo, que son enemigos de la cruz de Cristo: cuyo fin es la perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria está en su confusión, que gustan de las cosas de la tierra. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos; de donde también esperamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo: el cual reformará el cuerpo de nuestra humillación, para hacerlo conforme al cuerpo de su gloria, según la operación con que puede aun sujetar a sí todas las cosas.

Nada hay tan impropio del cristiano, y tan ajeno a su carácter, como buscar la comodidad y el descanso; y estar absorto en la vida presente es extraño a nuestra profesión y a nuestro alistamiento. Vuestro Maestro fue crucificado, ¿y vosotros buscáis la comodidad? Vuestro Maestro fue traspasado con clavos, ¿y vosotros vivís entre delicias? ¿Conviene esto a un noble soldado? Por eso dice Pablo: Muchos caminan, de los cuales muchas veces os hablé, y ahora aun llorando os lo digo, que son enemigos de la cruz de Cristo. Como había algunos que hacían ostentación de cristianismo, y sin embargo vivían en la comodidad y el lujo, y esto es contrario a la Cruz, por eso habló así. Porque la cruz pertenece a un alma que está en su puesto para el combate, deseosa de morir, sin buscar nada semejante al reposo, mientras que la conducta de ellos es de la clase contraria. De suerte que, aunque digan que son de Cristo, son con todo como enemigos de la Cruz. Pues si amaran la Cruz, se esforzarían por vivir la vida crucificada. ¿No fue tu Maestro colgado del madero? Imítale tú de otra manera. Crucifícate a ti mismo, aunque nadie te crucifique. Crucifícate a ti mismo, no para matarte, líbreme Dios, pues eso es cosa impía, sino como dijo Pablo: El mundo me está crucificado a mí, y yo al mundo. Si amas a tu Maestro, muere su muerte. Aprende cuán grande es el poder de la Cruz; cuántos bienes ha obrado, y aún obra; cómo es la salvación de nuestra vida. Por ella se hacen todas las cosas. El Bautismo es por la Cruz, pues hemos de recibir aquel sello. La imposición de manos es por la Cruz. Si vamos de camino, si estamos en casa, dondequiera que estemos, la Cruz es un gran bien, la armadura de la salvación, un escudo que no puede ser abatido, un arma para oponerse al diablo; llevas la Cruz cuando estás en enemistad con él, no simplemente cuando te sellas con ella, sino cuando padeces las cosas propias de la Cruz. Cristo tuvo a bien llamar a nuestros padecimientos con el nombre de la Cruz. Como cuando dice: El que no toma su cruz y me sigue, es decir, el que no está dispuesto a morir.

Pero éstos, siendo viles, y amadores de la vida, y amadores de sus cuerpos, son enemigos de la Cruz. Y todo el que es amigo del lujo y de la seguridad presente, es enemigo de aquella Cruz de la que Pablo se gloría: la cual abraza, y con la cual desea incorporarse. Como cuando dice: Estoy crucificado para el mundo, y el mundo para mí. Mas aquí dice: Ahora os lo digo llorando. ¿Por qué? Porque el mal apremiaba, porque tales hombres merecen lágrimas. En verdad los que viven entre delicias son dignos de lágrimas, pues engordan lo que les rodea, es decir, el cuerpo, y no toman ningún cuidado de aquella alma que ha de dar cuenta. Mira: vives entre delicias, mira: te embriagas, hoy y mañana, diez años, veinte, treinta, cincuenta, cien, lo cual es imposible; pero, si quieres, supongámoslo. ¿Cuál es el fin? ¿Cuál la ganancia? Ninguna en absoluto. ¿No merece, pues, lágrimas y lamentos llevar semejante vida? Dios nos ha traído a esta carrera para coronarnos, y nosotros partimos sin haber hecho ninguna acción noble. Por eso llora Pablo, allí donde otros ríen y viven en el placer. Tan compasivo es: tanto cuidado toma de todos los hombres. Cuyo dios, dice, es el vientre. ¡Para esto tienen un dios! Es decir: comamos y bebamos. ¿Veis cuán grande mal es el lujo? Para unos su riqueza, y para otros su vientre es un dios. ¿No son también éstos idólatras, y peores que los comunes? Y su gloria está en su confusión. Algunos dicen que se trata de la circuncisión. No lo creo así, sino que éste es su sentido: se glorían de aquellas cosas de las que debieran avergonzarse. Cosa temible es hacer acciones vergonzosas; mas hacerlas y avergonzarse es sólo la mitad de terrible. Pero donde uno hasta se gloría de ellas, es excesiva insensatez.

Cuyo Dios, dice, es su vientre. Veamos cómo sirvió Pablo a Dios; veamos cómo los glotones sirven a su vientre. ¿No sufren acaso diez mil muertes semejantes? ¿No temen desobedecer a cuanto él ordena? ¿No le prestan cosas imposibles? ¿No son peores que esclavos? Pero nuestra ciudadanía, dice, está en los cielos. No busquemos, pues, aquí la comodidad; allí resplandecemos, donde también está nuestra ciudadanía. De donde también, dice, esperamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo, el cual reformará el cuerpo de nuestra humillación, para hacerlo conforme al cuerpo de su gloria. Poco a poco nos ha ido elevando. Dice: de los cielos, y nuestro Salvador, mostrando, por el lugar y por la Persona, la dignidad del asunto. El cual reformará el cuerpo de nuestra humillación, dice. El cuerpo padece ahora muchas cosas: es cargado de cadenas, es azotado, sufre innumerables males; pero el cuerpo de Cristo padeció lo mismo. Esto, pues, insinuó cuando dijo: Para hacerlo conforme al cuerpo de su gloria. Por lo cual el cuerpo es el mismo, mas se reviste de incorrupción. Reformará. Por lo cual la forma es distinta; o quizá ha hablado figuradamente del cambio.

Dice: el cuerpo de nuestra humillación, porque ahora está humillado, sujeto a la destrucción, al dolor, porque parece de ningún valor y no tener nada más que los demás animales. Para hacerlo conforme al cuerpo de su gloria. ¿Qué? ¿Este cuerpo nuestro será hecho semejante al de Aquel que se sienta a la diestra del Padre, a Aquel que es adorado por los Ángeles, ante quien están en pie las Potestades incorpóreas, a Aquel que está sobre todo principado y potestad y virtud? Si, pues, el mundo entero se pusiera a llorar y a lamentarse por los que han caído de esta esperanza, ¿podría llorar dignamente? Porque, habiéndosenos dado la promesa de que nuestro cuerpo será hecho semejante al suyo, con todo parte con los demonios. Ya no me cuido del infierno de aquí en adelante; dígase lo que se diga, habiendo caído de tan grande gloria, ahora y en adelante tengo el infierno por nada en comparación de esta caída. ¿Qué dices, oh Pablo? ¿Ser hecho semejante a Él? Sí, responde; luego, para que no lo dudes, añade una razón: Según la operación con que puede aun sujetar a sí todas las cosas. Tiene poder, dice, para sujetar a sí todas las cosas, por lo cual también la destrucción y la muerte. O más bien, esto lo hace con el mismo poder. Pues dime, ¿qué requiere mayor poder, sujetar a los demonios, y a los Ángeles, y a los Arcángeles, y a los Querubines, y a los Serafines, o hacer el cuerpo incorruptible e inmortal? Ciertamente lo segundo mucho más que lo primero; mostró las mayores obras de su poder, para que creyeses también éstas. Por lo cual, aunque veáis a estos hombres regocijándose y honrados, permaneced firmes, no os escandalicéis de ellos, no os conmováis. Estas nuestras esperanzas bastan para levantar aun al más perezoso e indolente.

Cap. IV, vers. 1. Por lo cual, dice, hermanos míos, amados y anhelados, gozo y corona mía, así estad firmes en el Señor, amados míos.

Así. ¿Cómo? Inconmovibles. Ved cómo añade la alabanza tras la exhortación: gozo y corona mía; no simplemente gozo, sino también gloria; no simplemente gloria, sino también corona mía. A la cual gloria nada puede igualarse, pues es la corona de Pablo. Así estad firmes en el Señor, amados míos, esto es, en la esperanza de Dios.

Vers. 2, 3. Ruego a Evodia y ruego a Síntique que sientan lo mismo en el Señor. Sí, te ruego también a ti, fiel compañero, ayuda a estas mujeres.

Algunos dicen que Pablo exhorta aquí a su propia esposa; mas no es así, sino a alguna otra mujer, o al marido de una de ellas. Ayuda a estas mujeres, porque trabajaron conmigo en el Evangelio, con Clemente también, y los demás colaboradores míos cuyos nombres están en el libro de la vida. ¿Veis cuán grande testimonio da de su virtud? Pues así como Cristo dice a sus Apóstoles: No os alegréis de que los espíritus se os sujetan, sino alegraos de que vuestros nombres están escritos en el libro de la vida; así Pablo les da testimonio, diciendo: cuyos nombres están en el libro de la vida. Estas mujeres me parece que eran las principales de la Iglesia que allí había, y las encomienda a algún varón notable a quien llama su compañero, a quien quizá solía encomendarlas, como a colaborador, y compañero de armas, y hermano, y camarada, como lo hace en la Epístola a los Romanos, cuando dice: Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, que es diaconisa de la Iglesia que está en Cencreas. Compañero: o algún hermano de ellas, o el marido de una. Como si dijera: Ahora eres verdadero hermano, ahora verdadero marido, porque te has hecho miembro. Porque trabajaron conmigo en el Evangelio. Esta protección venía de casa, no de la amistad, sino de las buenas obras. Trabajaron conmigo. ¿Qué dices? ¿Mujeres trabajaron contigo? Sí, responde, también ellas contribuyeron con no pequeña parte. Aunque muchos eran los que obraban juntamente con él, sin embargo también estas mujeres obraron con él entre los muchos. No poco, pues, se edificaban las Iglesias, porque muchos buenos fines se alcanzan cuando los que son probados, sean varones o sean mujeres, disfrutan de los demás semejante honra. Porque, en primer lugar, los demás eran llevados a un celo semejante; en segundo lugar, también ellos ganaban con el respeto mostrado; y en tercer lugar, hacían más celosos y diligentes a aquellos mismos. Por lo cual veis que Pablo en todas partes tiene cuidado de esto, y recomienda a tales hombres para que sean tenidos en consideración. Como dice en la Epístola a los Corintios: los cuales son las primicias de Acaya. Algunos dicen que la palabra compañero (Sícigo) es un nombre propio. Pues bien, ¿qué? Sea así, o no lo sea, no es menester inquirirlo con exactitud, sino observar que da la orden de que estas mujeres disfruten de mucha protección.

Todo lo que tenemos, dice, está en los cielos, nuestro Salvador, nuestra ciudad, cuanto se pueda nombrar: de donde, dice, esperamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo. Y esto es un acto de su bondad y de su amor para con el hombre. Él mismo de nuevo viene a nosotros; no nos arrastra allá, sino que nos toma, y así parte con nosotros. Y esto es señal de grande honra; pues si vino a nosotros cuando éramos enemigos, mucho más ahora que nos hemos hecho amigos. No encomienda esto a los Ángeles, ni a los siervos, sino que Él mismo viene a llamarnos a su mansión real. Ved: también nosotros seremos arrebatados en las nubes, tributándole honor.

Homilía 12 + Homilía 13 sobre Filipenses, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org