domingo, 27 de junio de 2027
VI Domingo después de Pentecostés
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Rom. 6, 3-11)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Romános Fratres: Quicúmque baptizáti sumus in Christo Jesu, in morte ipsíus baptizáti sumus. Consepúlti enim sumus cum illo per baptísmum in mortem: ut, quómodo Christus surréxit a mórtuis per glóriam Patris, ita et nos in novitáte vitæ ambulémus. Si enim complantáti facti sumus similitúdini mortis ejus: simul et resurrectiónis érimus. Hoc sciéntes, quia vetus homo noster simul crucifíxus est: ut destruátur corpus peccáti, et ultra non serviámus peccáto. Qui enim mórtuus est, justificátus est a peccáto. Si autem mórtui sumus cum Christo: crédimus, quia simul étiam vivémus cum Christo: sciéntes, quod Christus resurgens ex mórtuis, jam non móritur, mors illi ultra non dominábitur. Quod enim mórtuus est peccáto, mórtuus est semel: quod autem vivit, vivit Deo. Ita et vos existimáte, vos mórtuos quidem esse peccáto, vivéntes autem Deo, in Christo Jesu, Dómino nostro.
¿No sabéis que cuantos hemos sido bautizados en Jesucristo, lo hemos sido con la representación y en virtud de su muerte? En efecto, en el bautismo hemos quedado sepultados con él muriendo al pecado, a fin de que así como Cristo resucitó de muerte a vida para gloria del Padre, así también procedamos nosotros con nuevo tenor de vida. Que si hemos sido injertados con él por medio de la representación de su muerte, igualmente lo hemos de ser representando su resurrección , haciéndonos cargo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, para que sea destruido en nosotros el cuerpo del pecado, y ya no sirvamos más al pecado. Pues quien ha muerto de esta manera, queda ya justificado del pecado. Y si nosotros hemos muerto con Cristo , creemos firmemente que viviremos también con él, sabiendo que Cristo resucitado de entre los muertos no muere ya otra vez; y que la muerte no tendrá ya dominio sobre él. Porque en cuanto al haber muerto, como fue por destruir el pecado, murió una sola vez; mas en cuanto al vivir, vive para Dios, y es inmortal. Así ni más ni menos vosotros considerad también que realmente estáis muertos al pecado por el bautismo , y que vivís ya para Dios en Jesucristo Señor nuestro. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 10 + Homilía 11 sobre Romanos — San Juan Crisóstomo
Vers. 3 y 4. ¿No sabéis, hermanos míos, que cuantos hemos sido bautizados en Cristo, en su muerte hemos sido bautizados? Por tanto, con él hemos sido sepultados por el bautismo en la muerte. ¿Qué significa ser bautizados en su muerte? Que ha de ser con miras a que muramos como él murió. Porque el Bautismo es la Cruz. Lo que la Cruz y la sepultura fueron para Cristo, eso ha sido para nosotros el Bautismo, aunque no bajo los mismos respectos. Pues él mismo murió y fue sepultado según la carne, mas nosotros lo uno y lo otro respecto del pecado. Por eso no dice «plantados juntamente en su muerte», sino «en la semejanza de su muerte». Porque tanto la una como la otra es muerte, pero no del mismo sujeto; ya que la una es de la carne, la de Cristo; la otra del pecado, que es la nuestra. Y así como aquélla es real, también lo es ésta. Mas si es real, entonces también ha de aportarse lo que es de nuestra parte. Y así prosigue:
Para que, como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Aquí insinúa, junto con el deber de un andar cuidadoso, el asunto de la resurrección. ¿De qué modo? ¿Crees —quiere decir— que Cristo murió y que resucitó? Cree, pues, lo mismo de ti. Porque esto es semejante a aquello, ya que tanto la Cruz como la sepultura son tuyas. Pues si has participado en la muerte y en la sepultura, mucho más lo harás en la resurrección y en la vida. Porque ahora que lo mayor está deshecho —el pecado, digo—, no cabe ya dudar acerca de lo menor, la abolición de la muerte.
Porque si hemos sido plantados juntamente en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la de su resurrección. Lo que ya antes tuve ocasión de advertir, aquí también lo repito: que continuamente se desvía hacia la exhortación, sin hacer aquella doble división que hace en las demás epístolas, apartando la primera parte para los dogmas y la segunda para el cuidado de la instrucción moral. Aquí, pues, no lo hace así, sino que entremezcla esto último con el asunto de continuo, para procurarle una fácil acogida. Dice, pues, que hay dos mortificaciones y dos muertes: una la obra Cristo en el Bautismo, y la otra es deber nuestro efectuarla después con nuestro empeño. Porque el que nuestros pecados anteriores fuesen sepultados vino de su don. Pero el permanecer muertos al pecado después del Bautismo ha de ser obra de nuestro propio empeño, por más que también aquí veamos que Dios nos da grande ayuda. Pues no es esto lo único que el Bautismo tiene poder de hacer, borrar nuestras transgresiones anteriores; también asegura contra las venideras. Como, pues, en cuanto a las primeras tu aportación fue la fe para que fuesen borradas, así también en cuanto a las posteriores a ésta, muestra el cambio en tus propósitos, para que no te manches de nuevo. Porque esto y lo semejante es lo que te aconseja cuando dice: «Porque si hemos sido plantados juntamente en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la de su resurrección.» ¿Adviertes cómo despierta al oyente llevándolo derechamente hasta su Señor, y esforzándose por mostrar la fuerte semejanza? Por eso no dice «en la muerte», para que no lo contradigas, sino «en la semejanza de su muerte». Porque nuestra esencia misma no ha muerto, sino el hombre de pecados, esto es, la maldad. Y no dice «porque si hemos sido partícipes de la semejanza de su muerte», sino «si hemos sido plantados juntamente», dando así, con la mención del plantar, un indicio del fruto que de ello nos resulta. Porque así como su Cuerpo, al ser sepultado en la tierra, produjo como fruto la salvación del mundo, así también el nuestro, al ser sepultado en el Bautismo, dio como fruto la justicia, la santificación, la adopción, bienes incontables. Y llevará también en adelante el don de la resurrección. Puesto, pues, que nosotros fuimos sepultados en el agua, y él en la tierra, y nosotros respecto del pecado, y él respecto de su Cuerpo, por eso no dijo «fuimos plantados juntamente en su muerte», sino «en la semejanza de su muerte». Porque tanto la una como la otra es muerte, mas no del mismo sujeto. Si, pues —dice—, hemos sido plantados juntamente en su muerte, lo seremos en la de su resurrección, hablando aquí de la resurrección que ha de venir. Porque como, cuando trataba antes de la muerte y decía: «¿No sabéis, hermanos, que cuantos fuimos bautizados en Cristo, en su muerte fuimos bautizados?», no había hecho declaración alguna clara acerca de la resurrección, sino sólo acerca del modo de vida después del Bautismo, mandando a los hombres andar en novedad de vida; por eso vuelve aquí a tomar el mismo asunto, y pasa a predecirnos claramente aquella resurrección. Y para que sepas que no habla de la que resulta del Bautismo, sino de la otra, después de decir «si hemos sido plantados juntamente en la semejanza de su muerte», no dice «estaremos en la semejanza de su resurrección», sino «perteneceremos a la resurrección». Porque, para prevenir que dijeses: «¿Y cómo, si no morimos como él murió, hemos de resucitar como él resucitó?», al mencionar la muerte no dijo «plantados juntamente en la muerte», sino «en la semejanza de su muerte»; mas al mencionar la resurrección no dijo «en la semejanza de la resurrección», sino que «seremos de la resurrección misma». Y no dice «hemos sido hechos», sino «seremos», significando de nuevo con esta palabra claramente aquella resurrección que aún no ha tenido lugar, sino que tendrá en adelante. Después, para dar crédito a lo que dice, señala otra resurrección que se opera aquí antes de aquélla, para que por la que está presente creas también la que ha de venir. Pues después de decir «seremos plantados juntamente en la resurrección», añade:
Vers. 6. Sabiendo esto: que nuestro hombre viejo fue crucificado juntamente con él, para que sea destruido el cuerpo del pecado. Pone así juntamente tanto la causa como la demostración de la resurrección que ha de venir. Y no dice «es crucificado», sino «es crucificado juntamente con él», acercando así el Bautismo a la Cruz. Y por esto mismo dijo también antes: «Hemos sido plantados juntamente en la semejanza de su muerte, para que sea destruido el cuerpo del pecado», no dando este nombre a este cuerpo nuestro, sino a toda iniquidad. Porque así como llama al conjunto entero de la maldad «el hombre viejo», así de nuevo a la maldad que se compone de las diversas partes de la iniquidad la llama «el cuerpo» de aquel hombre. Y que lo que digo no es mera conjetura, escúchalo de la propia interpretación de Pablo sobre esto mismo en lo que sigue. Porque después de decir «para que sea destruido el cuerpo del pecado», añade: «para que en adelante no sirvamos al pecado». Pues el modo en que yo quiero que esté muerto no es que seáis destruidos y muráis, sino que no pequéis. Y conforme avanza, lo hace todavía más claro.
Vers. 7. Porque el que ha muerto, justificado está del pecado. Esto lo dice de todo hombre: que, así como el que ha muerto está en adelante libre de pecar, yaciendo como cuerpo muerto, así el que ha subido del Bautismo, puesto que allí murió de una vez para siempre, debe permanecer siempre muerto al pecado. Si, pues, moriste en el Bautismo, permanece muerto, porque cualquiera que muere ya no puede pecar; mas si pecas, estropeas el don de Dios. Después de exigirnos, pues, un heroísmo de tal grado, en seguida introduce también la corona, con estas palabras:
Vers. 8. Y si hemos muerto con Cristo. Y en verdad, aun antes de la corona, esto es de suyo la mayor corona: el participar con nuestro Señor. Pero dice: «os doy todavía otro galardón». ¿De qué clase? Es la vida eterna. «Porque creemos —dice— que también viviremos con él.» ¿Y de dónde consta esto?
Vers. 9. Sabiendo que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere. Y nota de nuevo su intrepidez, y cómo saca lo bueno de fundamentos contrarios. Pues como era probable que algunos se turbasen ante la Cruz y la Muerte, muestra que esto mismo es motivo para sentirse en adelante confiado. Porque no penséis —dice— que, por haber muerto una vez, sea mortal, pues ésta es la razón misma de que sea inmortal. Porque su muerte ha sido la muerte de la muerte, y porque murió, por eso no muere. Pues aun aquella muerte...
Vers. 10. Murió al pecado. ¿Qué significa «al pecado»? Significa que ni siquiera a aquél estaba sujeto, sino que por nuestro pecado, para destruirlo y cortarle los nervios y todo su poder, por eso murió. ¿Ves cómo los atemoriza? Porque si él no muere de nuevo, entonces no hay un segundo lavacro; guárdate, pues, de toda inclinación al pecado. Porque todo esto lo dice para hacer frente al «hagamos el mal para que venga el bien», «permanezcamos en el pecado para que abunde la gracia». Para arrancar, pues, de raíz esta idea, es por lo que pone todo esto. Mas en cuanto vive, vive para Dios —dice—, esto es, inmutablemente, de suerte que la muerte no tiene ya dominio alguno sobre él. Porque si no fue por sujeción alguna a ella por lo que murió aquella primera muerte, sino sólo por el pecado de otros, mucho menos morirá de nuevo, ahora que ha abolido aquel pecado. Y esto lo dice también en la Epístola a los Hebreos: «Mas ahora, una sola vez, en la consumación de los siglos, apareció para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo. Y así como está establecido a los hombres morir una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para agotar los pecados de muchos; la segunda vez aparecerá sin pecado a los que le esperan, para salvación.» Y señala tanto el poder de la vida que es según Dios, como la fuerza del pecado. Porque respecto de la vida según Dios, muestra que Cristo no morirá más; respecto del pecado, que si acarreó la muerte aun del que no tenía pecado, ¿cómo no ha de ser la ruina de los que le están sujetos? Y luego, como había discurrido acerca de su vida, para que nadie dijese: «¿Qué tiene que ver con nosotros lo que has estado diciendo?», añade:
Vers. 11. Así también vosotros consideraos muertos ciertamente al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Bien dice «considerad», porque aún no cabe poner ante los ojos aquello de que habla. ¿Y qué hemos de considerar? —podría preguntar alguno—. Que estamos muertos al pecado, pero vivos para Dios, en Cristo Jesús, Señor nuestro. Porque el que así vive echará mano de toda virtud, teniendo a Jesús mismo por aliado suyo. Pues esto es lo que significa «en Cristo»; porque si a los muertos resucitó, mucho más a los vivos podrá conservarlos tales.
Homilía 10 + Homilía 11 sobre Romanos, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Marc. 8, 1-9)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum In illo témpore: Cum turba multa esset cum Jesu, nec habérent, quod manducárent, convocátis discípulis, ait illis: Miséreor super turbam: quia ecce jam tríduo sústinent me, nec habent quod mandúcent: et si dimísero eos jejúnos in domum suam, defícient in via: quidam enim ex eis de longe venérunt. Et respondérunt ei discípuli sui: Unde illos quis póterit hic saturáre pánibus in solitúdine? Et interrogávit eos: Quot panes habétis? Qui dixérunt: Septem. Et præcépit turbæ discúmbere super terram. Et accípiens septem panes, grátias agens fregit, et dabat discípulis suis, ut appónerent, et apposuérunt turbæ. Et habébant piscículos paucos: et ipsos benedíxit, et jussit appóni. Et manducavérunt, et saturáti sunt, et sustulérunt quod superáverat de fragméntis, septem sportas. Erant autem qui manducáverant, quasi quátuor mília: et dimísit eos.
Por aquellos días habiéndose juntado otra vez un gran concurso de gentes alrededor de Jesús , y no teniendo qué comer, convocados sus discípulos, les dijo: Me da compasión esta gente, porque hace ya tres días que están conmigo, y no tienen qué comer. Y si los envío a sus casas en ayunas, desfallecerán en el camino; pues algunos de ellos han venido de lejos. Le respondieron sus discípulos: Y ¿cómo podrá nadie en esta soledad procurarles pan en abundancia? El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Respondieron: Siete. Entonces mandó Jesús a la gente que se sentara en tierra; y tomando los siete panes, dando gracias, los partió; y se los daba a sus discípulos para que los distribuyesen entre la gente; y se los repartieron. Tenían además algunos pececillos; y les bendijo también, y mandó que se los repartieran. Y comieron hasta saciarse; y de las sobras recogieron siete canastos, siendo al pie de cuatro mil los que habían comido. En seguida Jesús los despidió. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Marcos 8, 1-9 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Teofilacto. Después del referido milagro de la multiplicación de los panes, obra el Señor otro semejante en una nueva ocasión que se le ofrece. "Por aquellos días, habiéndose juntado otra vez una gran cantidad de gente", etc. Los milagros que hacía no eran siempre acerca del sustento, para que no fuera ésta la causa de que lo siguiese la multitud; y no haría ahora este milagro, si no la viera en peligro. "Y si los envío a sus casas en ayunas, prosigue, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos".
Beda, in Marcum, 2, 32. San Mateo explica más extensamente por qué viniendo de lejos esperaron tres días, diciendo: "Y subiendo a un monte, sentóse en él. Y se llegaron a El muchas gentes, trayendo consigo infinidad de enfermos, y los pusieron a sus pies, y curólos" ( Mt 15,19-20).
Teofilacto. Los discípulos no comprendían todavía, ni los milagros anteriores les hacían creer en su poder; por lo cual dice: "Respondiéronle sus discípulos: Y ¿cómo podrá nadie en esta soledad procurarles pan en abundancia?". Pero el Señor no los reprende por esto, pues quiere enseñarnos a no airarnos contra los que no saben y los que no comprenden, de cuya ignorancia, más bien nos debemos compadecer. "Y El les preguntó, continúa: ¿Cuántos panes tenéis? Respondieron: Siete".
Remigio, sobre San Mateo. No les preguntó porque ignorara cuánto tenían, sino porque contestándole que siete, cantidad bien pequeña, hacían más notable y famoso el milagro. Y sigue: "Entonces mandó Jesús a la gente que se sentara en tierra". En la primera comida los manda sentar sobre la yerba, y aquí sobre la tierra. "Y tomando, continúa, los siete panes, dando gracias, los partió", etc. En esta acción de gracias nos dio ejemplo para que se las demos a Dios por todos los beneficios que nos hace. Y es de notar que el Señor no dio los panes a la multitud, sino a sus discípulos, los cuales se los dieron a aquélla: "Y dábaselos a sus discípulos", etc. Les manda distribuir no solamente los panes, sino también los peces, después de haberlos bendecido. "Tenían además algunos pececillos", etc.
Beda, in Marcum, 2, 32. En este pasaje es de considerar la distinta operación de la divinidad y de la humanidad en la sola persona de nuestro Redentor, y por consiguiente el error de Eutiques, que pretendió enseñar que no había más que una operación en Cristo, y que por tanto debe ser rechazado más allá de los confines del cristianismo. ¿Quién no ve, pues, que el moverse a piedad por aquella gente revela en el Señor el afecto y compasión que le inspira la fragilidad humana? Y el milagro de dar de comer a cuatro mil personas con siete panes y algunos peces, ¿no es la obra de su divinidad?
Beda, in Marcum, 2, 32. "Y de las sobras, continúa, recogieron siete espuertas", etc.
Teofilacto. No son las muchedumbres, que comieron hasta saciarse, las que se llevan los restos del pan, sino los discípulos, como se ha dicho antes; lo cual nos enseña a contentarnos con tener lo necesario, que es lo conveniente, y a no pretender más. Se hace mención después del número de los que comieron. "Siendo alrededor, dice, de cuatro mil los que habían comido", etc. Aquí debemos de observar que Jesús no despidió a nadie sin comer, porque quiere que todos se alimenten de su gracia.
Beda, in Marcum, 2, 32. En sentido figurado, entre esta comida y la de los cinco panes y dos peces hay la diferencia de que en aquélla se figura el Antiguo Testamento, y en ésta la verdad y la gracia del Nuevo Testamento que se han de administrar a los fieles. La muchedumbre que espera tres días al Señor por la cura de los enfermos, como refiere San Mateo (cap. 15), son los elegidos en la fe de la Santísima Trinidad, que suplican por sus pecados con instancia y perseverancia; o porque se convierten al Señor de pensamiento, palabra y obra.
Teofilacto. O bien los que esperan durante tres días son los bautizados, puesto que el bautismo, que se llama iluminación, se completa con tres inmersiones.
San Gregorio Magno, Moralia, 1, 9. Quiere que coman antes de que se vayan, para que no desfallezcan en el camino; porque conviene que reciban en la predicación la palabra de consuelo, a fin de que, privados del alimento de la verdad, no sucumban en el continuo trabajo de esta vida.
San Ambrosio, in Lucam, 6, 73. Dios, bondadoso en extremo, exige celo, da las fuerzas, no quiere despedirlos sin que coman antes para que no desfallezcan en el camino. Es decir, o en el curso de la vida, o antes que lleguen al término de ella, que es el Padre, y a entender que Cristo viene del Padre. Y, al mismo tiempo, para que después de haber admitido que ha nacido de una Virgen, no juzguen acaso que su poder es de hombre y no de Dios. Jesús nuestro Señor distribuye la comida, y a ninguno se la niega; porque, siendo dispensador de todos, a todos quiere dársela. Pero cuando parte el pan y se los da a sus discípulos, si no extiendes tus manos para recibir tu parte, desfallecerás en el camino y no podrás culpar por ello al que, lleno de misericordia ha repartido el pan.
Beda, in Marcum, 2, 32. Los que vuelven a la penitencia después de las plagas de la carne, de los robos, de las violencias y homicidios, esos vienen de lejos al Señor; porque cuanto más ha errado uno en malas obras, tanto más se aleja de Dios omnipotente. Los creyentes entre los gentiles vinieron de lejos a Cristo, en tanto que los judíos, instruidos acerca de El por la ley y los profetas, vinieron de cerca. En la comida de los cinco panes se sienta la muchedumbre sobre la verde yerba, y en ésta sobre la tierra, porque si la ley prescribía que se reprimiesen los deseos de la carne, por el Nuevo Testamento se nos manda menospreciar al mundo y los bienes temporales.
Teofilacto. Los siete panes son las palabras espirituales, puesto que el número siete es figura del Espíritu Santo, que lo perfecciona todo, como se perfecciona o completa nuestra vida en siete días.
Pseudo-Jerónimo. O bien los siete panes son los dones del Espíritu Santo y los restos la significación mística de sus siete formas.
Beda, in Marcum, 2, 32. El partir el pan el Señor significa la manifestación de los misterios. Su acción de gracias el gozo que le causa la salvación del género humano. La entrega del pan a sus discípulos para que lo repartan significa, en fin, que ha dado a los Apóstoles los dones espirituales de la ciencia y que por su ministerio quiere distribuir a su Iglesia el sustento de vida.
Pseudo-Jerónimo. Los pececillos benditos son los libros del Nuevo Testamento, puesto que después de su resurrección el Señor pide una parte del pez asado. O bien por los peces hemos de entender a los santos, cuya fe, vida y pasiones están contenidas en el Nuevo Testamento; estos, librados de las turbulentas borrascas de este mundo, nos han mostrado con su ejemplo el alimento del espíritu.
Beda, in Marcum, 2, 32. Los apóstoles se llevan lo que había sobrado después de saciarse la multitud, porque los preceptos más elevados de la perfección, que no puede alcanzar el pueblo, pertenecen a los que se han aventajado entre los que sirven a Dios. Y sin embargo dice el Evangelista que se sació la muchedumbre, porque aunque no pueda abandonar lo suyo ni cumplir lo que se dice de las vírgenes, llega con todo a la vida eterna cumpliendo los mandamientos de la ley de Dios.
Pseudo-Jerónimo. Los siete cestos son las siete iglesias, y las cuatro mil personas son el año del Nuevo Testamento con cuatro estaciones. Y hay motivo para que sean cuatro mil personas, pues por este número se enseña que su alimento está en el pasto de los Evangelios.
Teofilacto. O bien los cuatro mil son los perfectos en las cuatro virtudes, y por esto, los más fuertes -por así decirlo-, comieron más de lo que dejaron. En este milagro quedan siete cestas de pan, y doce en el de los cinco panes, porque los cinco mil, llenos sus sentidos hasta la saciedad no pudieron comer todo y se contentaron dejando muchos restos.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena