domingo, 11 de octubre de 2026
La Maternidad de la Bienaventurada Virgen María
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Eccli. 24, 23-31)
Léctio libri Sapiéntiæ Ego quasi vitis fructificávi suavitátem odóris: et flores mei fructus honóris et honestátis. Ego mater pulchræ dilectiónis, et timóris, et agnitiónis, et sanctæ spei. In me grátia omnis viæ et veritátis: in me omnis spes vitæ et virtútis. Transíte ad me, omnes, qui concupíscitis me, et a generatiónibus meis implémini. Spíritus enim meus super mel dulcis, et heréditas mea super mel et favum. Memória mea in generatiónes sæculórum. Qui edunt me, adhuc esúrient: et qui bibunt me, adhuc sítient. Qui audit me, non confundétur: et qui operántur in me, non peccábunt. Qui elúcidant me, vitam ætérnam habébunt.
Yo como la vid broté retoños de suave olor, y mis flores dan frutos de gloria y de riqueza. Y soy la madre del bello amor y del temor, y de la ciencia de la salud, y de la santa esperanza. En mí está toda la gracia para conocer el camino de la verdad; en mí toda esperanza de vida y de virtud. Venid a mí todos los que os halláis presos de mi amor, y saciaos de mis dulces frutos; porque mi espíritu es más dulce que la miel, y más suave que el panal de miel mi herencia. Se hará memoria de mí en toda la serie de los siglos. Los que de mí comen, tienen siempre hambre de mí, y tienen siempre sed los que de mí beben; jamás se empalagan. El que me escucha, jamás tendrá de qué avergonzarse; y aquellos que se guían por mí, no pecarán. Los que me esclarecen obtendrán la vida eterna. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Comentario al Eclesiástico, cap. 24 — Cornelio a Lápide
Vers. 23. «Yo, como la vid, fructifiqué (esto es, germiné, según el griego) suavidad de olor; y mis flores son frutos de honor y de honestidad.» En lugar de «honestidad» el griego trae πλούτου, es decir, riquezas: pues por todo este libro llama honestidad a las riquezas, como vulgarmente llamamos honestos a los ricos y opulentos. El griego de Roma lee así: «yo soy semejante a la vid que germina gracia, y mis flores son frutos de gloria y de riquezas»; los Complutenses, en lugar de χάριν (gracia), leen εὐωδίαν, esto es, suave olor, como lee nuestro Latino; la Tigurina: «yo, como la vid, exhalé una gracia olorosa, y mis flores son frutos de gloria y de riquezas»; el siríaco: «yo, como la vid adornada de hermosura, y mis frondas son frondas de esplendor y de gala.»
La Sabiduría se compara a la vid, primero en la εὐωδία, esto es, en la flor y suavidad del olor: pues la vid, mientras florece, exhala suave aroma; así también la Sabiduría se muestra a todos grata, amable, apacible y deleitable, y por esta razón a todos deleita, recrea y atrae hacia sí. Segundo, en el fruto: porque, como las flores de la vid pronto producen el fruto, es decir, la uva, que sobre los demás es el más honroso y noble a la par que el más rico, pues de la uva se exprime vino suave, abundante y generoso, de gran precio. Así también la Sabiduría produce nobilísimos frutos, a saber, honor, gloria y riquezas, tanto espirituales como corporales. Y son unos mismos sus frutos y sus flores, porque en ella una misma cosa es lo sabroso y lo florido, lo útil y lo hermoso.
Oye a Rábano: «¿Qué se expresa por esta vid sino Aquel mismo que en el Evangelio dice a sus discípulos: Yo soy la vid verdadera y vosotros los sarmientos? El licor de esta vid alegra el corazón de los hombres cuando, bebiendo su sangre, alaban gozosos el venerable Sacramento de su redención: esta vid fructifica suavidad de olor cuando por todo el orbe se difunde la fama de la predicación evangélica; y sus flores son frutos de honor y de honestidad, porque la hermosura y decoro de todas las virtudes florece cada día por su don en la muchedumbre de los creyentes.» Místicamente, la vid es la Madre de Dios, que produjo la preciosísima uva, esto es, a Cristo, del cual, exprimido en el lagar de la cruz, brotó el vino rojo que embriaga a todos los fieles.
Vers. 24. «Yo, madre del hermoso amor, y del temor, y del conocimiento, y de la santa esperanza.» En lugar de «conocimiento» (agnitionis) el códice manuscrito del monte Amiata lee «grandeza» (magnitudinis), y así se lee en el Oficio parvo de la Bienaventurada Virgen; pero la verdadera lección es «conocimiento», pues así leen constantemente los demás códices griegos y latinos, y Rábano, Lira, Hugo, Dionisio, Jansenio y otros intérpretes (el griego es γνῶσις). Aquí la Sabiduría explica los frutos que produce en sus discípulos y los reduce a cuatro. El primero es el amor hermoso, pues le es contrario el amor torpe y seductor, cual es el de los fornicarios y amadores del mundo; de ahí que en griego esté καλῆς, que significa tanto lo bueno como lo hermoso. El segundo es el temor, esto es, el temor de Dios, su reverencia y culto. El tercero es el conocimiento, es decir, la ciencia e inteligencia con que plenamente conozcamos a Dios y las cosas celestiales y divinas. El cuarto es la santa esperanza, con que de Dios esperemos con certeza todo bien, a saber, toda gracia y gloria. Y estos cuatro se subordinan rectamente entre sí: del amor de Dios nace su reverencia; de la reverencia se sigue su más pleno conocimiento; del conocimiento nace mayor esperanza y confianza.
Vers. 25. «En mí está toda la gracia del camino y de la verdad; en mí toda la esperanza de la vida y de la virtud.» En lugar de «virtud» la Tigurina vierte «amparo»; otros, «vigor y fortaleza», pues esto significa el hebreo חיל, chail, que el nuestro suele verter por «virtud». Rábano, Jansenio y otros, en lugar de «camino» (viae) leen «vida» (vitae), y entienden la vida de la gracia; después, donde sigue «vida», entienden la vida de la gloria. Mas las Biblias corregidas en Roma leen en el primer lugar «camino», y es una endíadis: «camino de la verdad», esto es, camino hacia la verdad; como si dijera: en mí está la gracia de mostrar y enseñar todo camino y modo por el cual se va y se llega a la verdad y a la verdadera vida, tanto de la gracia como de la gloria, según aquello de Cristo, que a esto aludió: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan XIV). El griego y el siríaco omiten este versículo, y en su lugar los Complutenses y algunos otros traen: «doy, en cambio, con todos mis hijos, sempiternas [alabanzas] a los que por Él son dichas.»
Vers. 26. «Venid a mí todos los que me deseáis, y saciaos de mis generaciones.» Es un epílogo: pues la Sabiduría, después de enumerar sus bienes y frutos, concluye exhortando a que se acerquen a ella y así se hagan partícipes de ellos; llama «generaciones» a los frutos por ella engendrados (en griego γεννήματα, en hebreo תבואה, tebua). Como si dijera: todos vosotros, a quienes por don de Dios ha tocado el amor de mí, venid a mí; saciaos de mis dulcísimos frutos, pues en ninguna otra parte hallaréis hartura, según aquello de Cristo a la Samaritana (Juan IV): «El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.» Nótese el «saciaos»: los escasos frutos que da el mundo no sacian ni llenan el apetito, sino que más lo excitan e irritan; mas mis frutos, largos y amplios, por ser divinos (pues sólo Dios llena el alma), llenan y sacian cualquier apetencia. Oye a Rábano: «Con materno afecto amonesta la Sabiduría a sus hijos a que corran a ella, se enriquezcan con su don y se reparen con su auxilio»; tal es también aquel testimonio del Evangelio: «Venid a mí todos los que trabajáis.»
Vers. 27 y 28. «Porque mi espíritu es más dulce que la miel, y mi herencia sobre la miel y el panal: mi memoria pasa a las generaciones de los siglos.» En lugar de «espíritu» el griego trae μνημόσυνον, esto es, memoria, o mejor, memorial; de donde el griego lee: «mi memorial es más dulce que la miel»; el siríaco toma el memorial por «doctrina». Jansenio entiende la ley dictada por la Sabiduría, pues μνημόσυνον significa memorial y prenda que se deja para la conservación de la memoria; y tal memorial es la ley dejada por la Sabiduría de Dios a los fieles en herencia, esto es, en perpetua posesión; es lo mismo que el Salmo CXVIII, 103: «¡Cuán dulces a mi paladar tus palabras, más que la miel a mi boca!» Más llano y sublime, Rábano: «La memoria de la Sabiduría de Dios permanecerá por la generación de todos los siglos, porque la alaban los Ángeles, la ensalzan los Arcángeles, la vaticinan los Profetas, la predican los Apóstoles»; y esta memoria eterna la comunica la Sabiduría a sus seguidores, dándoles la eternidad del nombre y de la fama, según aquello: «El justo será en memoria eterna» (Salmo CXI, 7).
En cuanto al «espíritu»: primero, Rábano lo entiende del Espíritu Santo, que procede de la Sabiduría engendrada, esto es, del Hijo, igual que del Padre; es más dulce que la miel, porque la caridad de Dios que por Él se infunde en los corazones de los elegidos es de incomparable dulzura. Genuinamente Jansenio: «La Sabiduría se atribuye un espíritu, como antes se le atribuyó un alma; y con el nombre de espíritu significa su propia naturaleza, que de sí, por la doctrina de la ley y las obras admirables, exhala un suave olor entre los hombres», según se dice también en Sabiduría XII: «¡Oh cuán bueno y suave es, Señor, tu espíritu!» A esto aludiendo, Cristo, que es la Sabiduría encarnada, dice (Mateo XI, 29): «Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón... porque mi yugo es suave y mi carga ligera.» Cristo, pues, por naturaleza es miel; mas nosotros, amargándolo con nuestros pecados, le forzamos a sernos veneno y hiel (Oseas XIV, 1). Finalmente, la «herencia», esto es, la posesión que la Sabiduría comunica a sus seguidores, es la gracia y la gloria, o la santidad y la felicidad; y ésta es más dulce que el panal, porque la santidad aquieta totalmente el apetito, y la felicidad eterna es dulcísima.
Vers. 29. «Los que me comen, aún tendrán hambre; y los que me beben, aún tendrán sed.» Muestra la Sabiduría que es más dulce que la miel y el panal, porque la dulzura de la miel, si mucho se come, engendra hastío y náusea; mas la dulzura de la Sabiduría, cuanto más se gusta, tanto más se apetece y se anhela; y, cosa admirable, sacia y llena la mente, y sin embargo la mente saciada desea aún más ser saciada y llena. Nótese, con Palacio, que la Sabiduría se llama a sí misma manjar y bebida; y con razón, porque ella es eminentemente todas las cosas; y el varón piadoso crea que en este lugar la Sabiduría se acuerda de sí como había de estar en la Eucaristía, en la cual ella es verdaderamente manjar, verdaderamente bebida. Adviértase cosa admirable: la Sabiduría misma es el manjar y es la hambre; pues quien la come, la desea. Como Dios es a la vez uno y trino, misericordioso y justo, así la Sabiduría a la vez sacia el alma, de modo que nada busque más allá de ella, y a la vez la sacia de tal manera que enciende el deseo y el hambre de sí misma. No habrá, pues, jamás en el cielo hastío.
Oye a san Gregorio (hom. 36 sobre los Evangelios): «Suele haber esta diferencia entre las delicias del cuerpo y las del corazón: que las delicias corporales, cuando no se tienen, encienden en sí grave deseo, mas cuando ávidamente se comen, al punto tornan al que come en hastío por la saciedad; por el contrario, las delicias espirituales, cuando no se tienen, están en hastío, mas cuando se tienen, en deseo; y tanto más las anhela el que come, cuanto más las come el que anhela.» De ahí el Salmo XXXIII: «Gustad y ved cuán suave es el Señor.» Y san Agustín: «Comen y beben, porque hallan; y porque tienen hambre y sed, aún buscan: la fe busca, el entendimiento halla.» Tropológicamente, aprende aquí que es señal cierta y efecto de la sabiduría, de la virtud y del aprovechamiento, el tener siempre de ella mayor hambre y sed; porque la sabiduría y la virtud aguzan el deseo de sí, y tanto más cuanto ellas mismas crecen.
Vers. 30. «El que me oye, no será confundido; y los que obran en mí, no pecarán.» La Tigurina: «el que me oye, en ninguna ignominia caerá; y los que ponen empeño, no pecarán»; el siríaco: «el que me oye, no caerá, y todas sus obras no padecerán corrupción.» Promete aquí la Sabiduría un doble fruto a sus estudiosos, a saber, que escaparán de dos males, la confusión y el pecado. «El que me oye», esto es, quien me escucha y me obedece, nunca será cubierto de vergüenza, porque nada hará de que pueda avergonzarse, sino que todo lo cumplirá sabiamente, de modo que pueda alegrarse y gloriarse de ello; por lo cual evitará la eterna confusión de los réprobos, y no quedará frustrado en su esperanza de poseer la gloria celestial, sino que ciertamente la alcanzará. «Y los que obran en mí» (esto es, dice Jansenio, quienes por mí realizan sus negocios) «no pecarán» en ellos, sino que todo lo llevarán a cabo tan prudente como felizmente. En el primer miembro promete, pues, la εὐτυχία, esto es, la felicidad; en el segundo, la εὐπραξία, esto es, el buen obrar.
Vers. 31. «Los que me esclarecen, tendrán vida eterna.» La Tigurina: «mis intérpretes alcanzarán la vida eterna, con tal que no oscurezcan con obras malas la sabiduría que esclarecen con palabras.» En verdad —dice Palacio— parece difícil y raro que sea de ánimo tan rebelde el intérprete de la Sagrada Escritura, que resista a la verdad que de continuo interpreta, mayormente siendo la Sabiduría tan benigna que casi sin cesar llama hacia sí a sus esclarecedores. Esta sentencia ya falta en el griego y en el siríaco. Habiendo la Sabiduría señalado el premio al discípulo que la oye (en el versículo precedente), asigna ahora el premio al doctor y al intérprete que no busca a sí mismo ni su propia gloria, sino la alabanza de la Sabiduría y de Dios. El premio es la vida y la gloria eterna, según aquello de Daniel XII: «Los que fueren doctos, resplandecerán como el esplendor del firmamento; y los que a muchos enseñan la justicia, como estrellas por perpetuas eternidades.» Como dice san Bernardo (serm. 39 sobre el Cantar): «Benigno es el espíritu de la Sabiduría, y le agrada el doctor benigno y diligente, que de tal modo desee satisfacer a los estudiosos que no rehúse condescender con los más tardos. En fin, los que me esclarecen tendrán vida eterna, dice la misma Sabiduría; premio del cual yo no querría verme defraudado.»
Comentario al Eclesiástico, cap. 24, Cornelio a Lápide · Traducción del editor, del latín (Gran Comentario, dominio público) · fuente: lapide.org (dominio público)
Evangelio (Luc. 2, 43-51)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Cum redírent, remánsit puer Jesus in Jerúsalem, et non cognovérunt paréntes ejus. Existimántes autem illum esse in comitátu, venérunt iter diei, et requirébant eum inter cognátos, et notos. Et non inveniéntes, regréssi sunt in Jerúsalem, requiréntes eum. Et factum est, post tríduum invenérunt illum in templo sedéntem in médio doctórum, audiéntem illos, et interrogántem eos. Stupébant autem omnes, qui eum audiébant, super prudéntia et respónsis ejus. Et vidéntes admiráti sunt. Et dixit mater ejus ad illum: Fili, quid fecísti nobis sic? ecce pater tuus, et ego doléntes quærebámus te. Et ait ad illos: Quid est quod me quærebátis? nesciebátis quia in his, quæ Patris mei sunt, opórtet me esse? Et ipsi non intellexérunt verbum, quod locútus est ad eos. Et descéndit cum eis, et venit Názareth: et erat súbditus illis.
acabados aquellos días, cuando ya se volvían, se quedó el niño Jesús en Jerusalén , sin que sus padres lo advirtiesen; antes bien, persuadidos de que venía con algunos de los de su comitiva, anduvieron la jornada entera buscándole entre los parientes y conocidos. Mas como no le hallasen, retornaron a Jerusalén , en su busca. Y al cabo de tres días de haberle perdido, le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, que ora les escuchaba, ora les preguntaba. Y cuantos le oían quedaban pasmados de su sabiduría y de sus respuestas. Al verle, pues, sus padres quedaron maravillados; y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Mira cómo tu padre y yo llenos de aflicción te hemos andado buscando. Y él les respondió: ¿Cómo es que me buscabas? ¿No sabíais que yo debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre? Mas ellos por entonces no comprendieron el sentido de la respuesta. En seguida se fue con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto. Y su madre conservaba todas estas cosas en su corazón. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Lucas 2, 43-51 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Cirilo. Como había dicho el evangelista que el niño crecía y se fortificaba, confirma estas palabras diciendo que Jesús subió a Jerusalén juntamente con la Santísima Virgen con estas palabras: "Y siendo el Niño ya de doce años cumplidos", etc.
Griego, o Geómetra. La manifestación de su sabiduría no pasó más allá de lo que permitía su edad, porque entramos por lo general a los doce años en el dominio de la razón, y a esa edad fue cuando se manifestó la sabiduría de Jesús.
San Ambrosio, in Lucam, 2. También puede decirse que a los doce años empezó la controversia del Señor y en verdad que este número de doce debía ser el de aquellos que habían de predicar la fe evangélica.
Basilio. También podemos decir que, como el número doce tiene cierta analogía con el siete -puesto que es producto de los factores tres y cuatro, que sumados hacen siete y multiplicados doce- expresa la universalidad y perfección de las cosas y de los tiempos. Por tanto la luz de Cristo, que había de llenar todo lugar y todo tiempo, empieza con razón por dicho número.
Beda. La ida del Señor con sus padres a Jerusalén todos los años por la Pascua, es una señal de humana humildad. Porque es deber del hombre acudir a ofrecer sacrificios al Señor y hacérsele propicio por medio de oraciones. Hizo, pues, el Señor entre los hombres, habiendo nacido hombre, lo mismo que Dios había mandado a los hombres por medio de sus ángeles. Por lo que dice: "Según solían en aquella solemnidad". Sigamos, pues, el camino de su vida humana, si nos deleita la idea de ver la gloria de su divinidad.
Griego, o Geómetra. Una vez celebrada la fiesta, cuando todos se volvían, Jesús se quedó sin que nadie lo notara, según estas palabras: "Acabados aquellos días, así que se volvían, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que sus padres lo advirtiesen". Dice, pues: "Acabados aquellos días", porque la solemnidad duraba siete días. Permanece oculto para que sus padres no le impidan disputar con los doctores de la ley. O tal vez para evitar que pareciese que menospreciaba a sus padres, si no obedecía sus mandatos. Se queda, en conclusión, sin que nadie lo note, para que no se lo estorben y para no ser desobediente.
Orígenes, in Lucam, 19. No debe llamar la atención que se designe con el nombre de padres a aquellos que merecieron, una el nombre de Madre por haberle dado a luz, y otro el de padre, como protector suyo que era.
Beda. Pero alguno preguntará, cómo el Hijo de Dios, objeto de tanto cuidado por parte de sus padres, pudo quedar olvidado. A lo que se debe responder que era costumbre entre los israelitas, en los tiempos de las fiestas, bien cuando acudían a Jerusalén, o ya cuando volvían a sus casas, el ir separados los hombres de las mujeres, que los niños podían ir indiferentemente con el padre o con la Madre. Por tanto que San José y la Santísima Virgen, no viendo al niño a su lado, creyeron cada uno por su parte que iría en compañía del otro. Por lo cual sigue: "Antes bien, creyendo que venía con alguno de los de su comitiva", etc.
Orígenes, in Lucam, 19. Así como cuando le ponían asechanzas los judíos, se salió de en medio de ellos y ya no apareció, así es de creer que el niño Jesús se quedó ahora, y que sus padres no supieron en dónde se había quedado, según lo que sigue: "Y como no le hallasen, se volvieron a Jerusalén en busca suya".
Glosa, ordin. El primer día se alejan de Jerusalén, el segundo lo buscan entre los parientes y los conocidos, y, no encontrándolo, en el tercer día volvieron a Jerusalén, y allí lo encontraron. Por lo cual prosigue: "Y al cabo de tres días de haberle perdido, le encontraron", etc.
Orígenes, in Lucam, 19. No lo encontraron inmediatamente después que lo buscaron, porque Jesús no está entre los parientes y deudos, según la carne; ni entre los que están unidos a El por los lazos del cuerpo; ni puede encontrarse mi Jesús entre la muchedumbre. El lugar en que lo encontraron los que buscaban no es un lugar cualquiera -fijémonos bien en ello- sino el templo. Busquémoslo también nosotros, por tanto, en el templo de Dios. Busquémoslo en la Iglesia, busquémoslo entre los doctores que se hallan en el templo, porque si así lo hacemos, lo encontraremos.
Orígenes, in Lucam, 19. No lo encuentran entre los parientes, porque el parentesco humano no podía contener al Hijo de Dios, ni entre los conocidos, porque está sobre el conocimiento y la ciencia humana: ¿en dónde lo encuentran, pues? En el templo. Si, pues, nosotros lo buscásemos también alguna vez, busquémoslo en el templo. Apresurémonos a ir allí, que allí sí encontraremos a Cristo, palabra y sabiduría. Esto es, al Hijo de Dios.
San Ambrosio. Después de tres días se le encuentra en el templo, para indicar que tres días después del triunfo de su pasión, y cuando se lo creía muerto, resucitaría y se mostraría a nuestra fe en trono celestial y en honor divino.
Glosa, ordin. O porque no encontraron a Cristo los patriarcas buscándolo antes de la ley, ni lo encontraron los profetas y los justos buscándolo bajo la ley, y lo han encontrado las naciones buscándolo bajo la gracia.
Orígenes, in Lucam, 19. Porque era Hijo de Dios, se encuentra en medio de los doctores instruyéndolos con su sabiduría. Porque era niño, se encuentra en medio de ellos, no enseñándoles, sino preguntándoles, por lo cual dice: "Sentado en medio de los doctores, que, ora los escuchaba, ora les preguntaba". Por su misericordia nos enseña de este modo que corresponde a los niños (aun cuando sean sabios e instruidos) más bien oír a sus maestros que desear enseñarles y jactarse con vana ostentación. Preguntaba, no para aprender, sino para ilustrar preguntando; que el preguntar y responder con sabiduría nacen de una sola fuente de doctrina. De donde, prosigue: "y cuantos le oían quedaban pasmados de su sabiduría", etc.
Beda. Para manifestar que era hombre, oía humildemente a maestros que al fin eran hombres. Para probar que era Dios, les respondía de una manera sublime cuando le preguntaban.
Griego, o Geómetra. Pregunta de una manera razonable, oye de una manera prudente, y responde de una manera todavía más prudente, lo cual llenaba de estupor a los que lo oían. Por lo cual, sigue: "Al verle, pues, sus padres, quedaron maravillados".
San Juan Crisóstomo, super Ioannem, hom. 20. El Señor no hizo ningún milagro durante su niñez. Solamente hizo esto, como refiere San Lucas, en el cual se mostró admirable.
Beda. Manifestaba, pues, su lengua una sabiduría divina, pero su edad manifestaba la debilidad humana, por lo que los judíos, turbados y admirados, dudan entre la sublimidad de lo que oyen y la humildad de lo que ven. Nosotros, sin embargo, no debemos admirarnos de ningún modo, porque sabemos por el profeta ( Is 9,5) que, aun cuando ha nacido niño para nosotros, siempre es el Dios fuerte.
Griego, o Geómetra. Admiremos a la Madre de Dios, afectada en sus maternales entrañas, que manifiesta como con lamentos sus dolorosas pesquisas, y expresa lo que siente con la confianza, la humildad y la ternura de una madre. Por lo cual sigue: "Y le dijo su Madre: Hijo, ¿por qué te has portado así?", etc.
Orígenes, in Lucam, 19. Sabía la Santísima Virgen que Jesús no era hijo de San José, y sin embargo llama padre del niño a su esposo, por la creencia de los judíos que suponían que Jesús había sido concebido como los demás hombres.
Origenes, in Lucam, 17. Se podría decir sencillamente, que el Espíritu Santo le honró con el nombre de padre, y que él educó al niño Jesús. O hablando de una manera más ingeniosa, que, habiendo dado la genealogía de José hasta David, no quiso se censurara como superflua.
Origenes, in Lucam, 19. Pero ¿por qué lo buscaban? ¿Creían que había perecido o que se había perdido? ¡Lejos de nosotros tal presunción! ¿Podían temer, acaso, que se perdiese un niño que sabían era Dios? Pero así como nosotros al leer la Sagrada Escritura buscamos con dolor el sentido de ella, no porque creemos que las Escrituras vayan fuera de camino, o porque contengan algún error, sino porque deseamos encontrar la verdad intrínseca de ellas, así también buscaban ellos a Jesús, temiendo los dejase para volverse al cielo, y bajar otra vez cuando quisiera. Conviene, pues, que el que busca a Jesús no pase de una manera negligente y perezosa, como lo buscan muchos y no lo encuentran, sino con trabajo y con dolor.
Glosa, ordin. También podía ser que temiesen que lo que Herodes había tratado de llevar a cabo en su infancia, ahora, encontrada la ocasión oportuna, lo ejecutasen otros matándolo en su edad infantil.
Griego, o Geómetra. Pero el mismo Señor responde a todo, y corrigiendo en cierto modo lo que se había dicho del que era reputado por su padre, manifiesta al que lo es verdaderamente, enseñando no a caminar por la tierra, sino a levantarse hasta el cielo, por lo que continúa: "Y El les respondió: ¿Cómo es que me buscabais?".
Beda. No los reprende porque lo buscan como hijo, sino que les hace levantar los ojos de su espíritu para que vean lo que debe a Aquel de quien es Hijo eterno. Por esto sigue: "No sabíais que yo debo emplearme", etc.
San Ambrosio. Hay en Jesucristo dos generaciones: una paterna, otra materna. La paterna es divina, y la materna es por la que bajó hasta nuestra vida y nuestras miserias.
San Cirilo. Dice esto, pues, para manifestar que El está por encima de la naturaleza humana, y dando a entender que la Santísima Virgen es un instrumento de la redención, dándolo a luz, pero que por naturaleza El es verdaderamente Dios e Hijo del excelso Padre. Avergüéncense, pues, aquí los sectarios de Valentino, de decir, después de haber oído que era el templo de Dios, que el Creador y el Dios de la ley y del templo no es el mismo Padre de Jesucristo.
San Epifanio, contra Haer., lib. 2, haer. 30. Observe Ebión que Jesucristo es admirable en sus discursos a los doce años de edad, y no a los treinta. Lo cual no quiere decir que después que vino el Espíritu Santo sobre El cuando fue bautizado, fue convertido en Cristo, esto es, ungido del Señor, sino que desde su infancia reconoció el templo y a su Padre.
Griego, o Geómetra. Esta es la primera manifestación de la sabiduría y de la virtud del niño Jesús, porque lo que llaman sus puerilidades, no lo dicen inocentemente como pueril, sino que lo consideramos diabólico y mal intencionado, puesto que pretenden falsear lo que se encuentra en el Evangelio y en las divinas Escrituras, a no ser que las tomemos en el sentido en que son creídas por muchos, y que no es contrario a nuestras creencias. Antes bien, está en un todo conforme con lo dicho por los profetas, porque era el más hermoso de los hijos de los hombres, obediente a su Madre, complaciente en sus costumbres, no menos venerable y agradable en su aspecto, fecundo en la palabra, dulce y próvido, de un valor notable como el que estaba lleno de la gracia divina. Y así como sucede en otro, su conversación y su locución, aunque sobrehumanas, tenían su límite y su razón, habiendo elegido para sí la mansedumbre el lugar principal. En todas estas cosas, nada ni nadie le dirigió, excepto la mano de su Madre. En esto podemos aprender cosas de gran utilidad. Respondiendo el Señor a María porque lo ha buscado entre sus parientes, nos sugiere el desprendimiento de la sangre, manifestando que el que se halla ocupado de las cosas corporales, no puede llegar al término de la perfección, de la cual se separa el hombre por el afecto de los parientes.
Griego, o Geómetra. Prosigue: "Mas ellos no entendieron", etc.
Beda. Porque les hablaba por cierto de su divinidad.
Orígenes, in Lucam, 20. No sabían si diciéndoles "en las cosas de mi Padre", quería decirles "del templo", o de otra más elevada y edificante, porque cada uno de nosotros, si es bueno, es asiento de Dios Padre, y si alguno de nosotros es asiento de Dios Padre, tiene consigo a Jesús su Hijo.
Griego, o Geómetra. Todo el tiempo que pasó entre la primera manifestación de Jesucristo y el día de su bautismo, y que no fue señalado por milagros famosos y públicos ni por su doctrina, lo resume el evangelista en una sola palabra diciendo: "En seguida se fue con ellos", etc.
Orígenes, in Lucam, 20. Con frecuencia bajó Jesús con sus discípulos, pues no siempre estaba en el monte, porque los que estaban enfermos no podían subir a él. Del mismo modo, pues, baja ahora a otros que se hallan abajo.
Orígenes, in Lucam, 20. Prosigue: "Y les estaba sujeto", etc.
Griego, o Geómetra. Alguna vez empezaba por instituir la ley con la palabra y después la comprobaba con las obras, como dice: "El buen pastor da su vida por sus ovejas" ( Jn 10,11), y en efecto, poco después (deseando nuestra salvación) nos dio su propia vida. Otras veces, por el contrario, daba primero el ejemplo y después explicaba la manera de vivir bien, como aquí, en que por sus obras nos enseña que hay tres cosas que deben aventajar a las demás: amar a Dios, honrar a sus padres y dar la preferencia a Dios aun sobre los mismos padres. Porque cuando fue reprendido por sus padres, considera como de poca importancia todas las cosas que no son de Dios, y luego obedece también a sus padres.
Beda. ¿Qué había de hacer el maestro de la virtud, sino llenar este deber de piedad? ¿Qué había de hacer entre nosotros sino aquello mismo que deseaba hiciésemos nosotros?
Orígenes, in Lucam, 20. Aprendamos también nosotros mientras somos hijos a vivir sometidos a nuestros padres. Y si nuestros padres faltan, vivamos sometidos a aquellos que hacen la vez de padres por su edad. Jesús, a pesar de ser Hijo de Dios, vive sometido a José y a María. Yo, por ejemplo, debo vivir sometido al obispo a quien se me ha designado como padre. San José comprendía sin duda que Jesús era más grande que él, y por ello respetuoso, moderaba su autoridad. Tengamos, pues, presente que muchas veces es mayor que nosotros el que nos está sometido, y así el que está constituido en dignidad superior no se ensoberbecerá sabiendo que es más que él aquel que le está subordinado.
San Gregorio Niceno, in Cat. graec. Patr. Además, los jóvenes todavía no tienen el discernimiento bien desarrollado -o sea la inteligencia- y necesitan que los conduzcan a un estado más perfecto los que tienen más edad -o lo que es lo mismo, que los lleven como de la mano a lo mejor aquellos que son más perfectos-. Teniendo Jesús doce años obedece a sus padres para dar a conocer que todo el que se perfecciona por grados en la virtud, antes de llegar al término de su perfección debe abrazar para su utilidad la obediencia como medio de llegar al bien.
San Basilio, in lib. relig. Obedeciendo desde su primera edad a sus padres, se sometió Jesús humilde y respetuosamente a todo trabajo corporal, porque, aunque eran honestos y justos, con todo, como pobres y sufriendo escasez hasta en lo necesario -como lo demuestra el pesebre venerado donde nació el Señor-, es claro que se procuraban lo necesario para la vida con el continuo sudor de sus cuerpos. Y bien, Jesús, que obedecía a sus padres -como dice la Sagrada Escritura-, tomaba parte en sus trabajos con entera sumisión.
San Ambrosio. ¿Y llamará la atención que obedezca a su padre el que vive sometido a la Madre? No es por debilidad por lo que se somete, sino por piedad. Aun cuando el hereje levante la cabeza y asegure que el que es enviado necesita del auxilio de otro. ¿Acaso necesitaba de auxilio humano porque obedecía a la autoridad de su Madre? ¿Se sometía a la sierva de Dios, se sometía a un padre que lo era sólo en la apariencia, y aun te causa admiración, que se sometiese a Dios? El obedecer al hombre es piedad, ¿y será debilidad el obedecer a Dios?
Beda. La Santísima Virgen ya sea porque no entendía estas cosas todavía, o porque las comprendiese, las guardaba en su corazón para examinarlas con más detenimiento. Por lo cual sigue: "Y su Madre conservaba todas estas cosas en su corazón".
Griego, o Geómetra. Consideraremos cómo María, mujer prudentísima, Madre de la verdadera Sabiduría, es discípula de este niño, oyéndole, no como a un niño o como a un hombre, sino como a Dios. Después meditaba sus divinas palabras y sus obras sin perder ni una sola de ellas, y así como concibió al Divino Verbo en sus entrañas, así ahora también recibiría todas sus acciones y todas sus palabras en su corazón, y en él -por decirlo así- las fomentaba. Unas veces contemplaba el presente en sí misma, otras veces esperaba que el porvenir lo revelaría todo con más claridad, haciendo de esto la regla y la ley de toda su vida.
Griego, o Geómetra. Prosigue: "Jesús entretanto crecía en sabiduría", etc.
Teofilacto. No dice esto porque fuese haciéndose sabio progresivamente, sino porque poco a poco iba manifestando su sabiduría. Así lo hizo cuando discutía con los escribas, preguntándoles sobre la ley con admiración de todos los que lo oían. De este modo es cómo crecía en sabiduría, es decir, siendo conocido por muchos y llenándolos de admiración, así que la manifestación de su sabiduría es la que constituye su progreso. Por esto vemos que el evangelista, para explicar este asunto de sabiduría, añade luego "y en edad", porque el progreso y el crecimiento de la edad, es lo que llama el crecimiento de la sabiduría.
Teofilacto. Pero dicen los herejes eunomianos: ¿Cómo puede ser igual al Padre en sustancia aquél de quien se dice que crece como imperfecto? No se dice, pues, que crecía en cuanto era Verbo, sino en cuanto era hombre. Y verdaderamente, si creció después que fue hecho hombre el que antes había sido imperfecto, ¿qué razón hay para que le demos gracias por haberse encarnado por nosotros? ¿Cómo, si es la verdadera sabiduría, puede crecer? ¿Ni cómo puede tampoco crecer en gracia Aquel que la da superabundante a los demás? Además, si ninguno se escandaliza cuando oye que el divino Verbo se ha humillado (sintiendo flaquezas indignas de Dios), sino que más bien se admira de su misericordia, ¿no será extraño el que se escandalice cuando oye decir que crece? Así como se ha humillado por nosotros, así también crece por nosotros, para que nosotros a la vez crezcamos en El, puesto que hemos caído por el pecado. Porque todo lo que se refiere a nosotros, el mismo Jesucristo lo ha tomado sobre sí con el fin de hacerlo mejor.
San Cirilo. Y obsérvese que no dice que es el Verbo quien crece, sino Jesús, para que no entendamos que es el Verbo puro quien crece, sino el Verbo hecho carne.
Teofilacto. Y así como decimos que el Verbo encarnado es quien ha padecido, aunque sólo sea su carne quien ha padecido (porque en realidad la carne del Verbo es la que sufría), así se dice que crece, porque la humanidad era la que crecía en El.
San Gregorio Nacianceno. Se dice que crecía según la humanidad, no porque recibía algún aumento, siendo así que desde el principio fue perfecta, sino porque se manifestaba poco a poco.
Teofilacto. La ley natural repugna que tenga el hombre una inteligencia superior a su edad. Así el Verbo (hecho hombre) era perfecto, porque era la virtud y la sabiduría del Padre, pero como había de conformarse con nuestra naturaleza (a fin de que no se considerase extraño por los que lo veían), se manifestaba creciendo poco a poco como hombre en su cuerpo, y siendo considerado cada día como más sabio por los que lo veían y lo oían.
Griego. Crecía en edad, desarrollándose en el cuerpo hasta la virilidad, en sabiduría respecto de aquellos que eran instruidos por El en las cosas divinas, y en la gracia, por la cual seguimos adelante con alegría creyendo obtener al fin todo lo que nos ha prometido. Y esto, delante de Dios, quien perfeccionó la obra de su Padre, habiendo tomado nuestra carne mortal, y ante los hombres, por haberlos convertido del culto de los ídolos al conocimiento de la Santísima Trinidad.
Teofilacto. Dice, pues, ante Dios y ante los hombres, porque primero se debe agradar a Dios y después a los hombres.
San Gregorio Niceno, homiliae in Canticum, 3. La palabra aprovecha también de una manera diferente en las personas que la oyen, porque aparece, según es niño, adulto, o ya perfecto el hombre.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena