viernes, 12 de junio de 2026
Sagrado Corazón de Jesús
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Eph. 3, 8-12, 14-19)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Ephésios Fratres: Mihi, ómnium sanctórum mínimo, data est grátia hæc, in géntibus evangelizáre investigábiles divítias Christi, et illumináre omnes, quæ sit dispensátio sacraménti abscónditi a sǽculis in Deo, qui ómnia creávit: ut innotéscat principátibus et potestátibus in cœléstibus per Ecclésiam multifórmis sapiéntia Dei, secúndum præfinitiónem sæculórum, quam fecit in Christo Jesu, Dómino nostro, in quo habémus fidúciam et accéssum in confidéntia per fidem ejus. Hujus rei grátia flecto génua mea ad Patrem Dómini nostri Jesu Christi, ex quo omnis patérnitas in cœlis ei in terra nominátur, ut det vobis, secúndum divítias glóriæ suæ, virtúte corroborári per Spíritum ejus in interiórem hóminem, Christum habitáre per fidem in córdibus vestris: in caritáte radicáti et fundáti, ut póssitis comprehéndere cum ómnibus sanctis, quæ sit latitúdo, et longitúdo, et sublímitas, et profúndum: scire étiam supereminéntem sciéntiæ caritátem Christi, ut impleámini in omnem plenitúdinem Dei.
A mí el más inferior de todos los santos o fieles se me dio esta gracia, de anunciar en las naciones las riquezas investigables de Cristo , y de ilustrar a todos los hombres, descubriéndoles la dispensación del misterio que después de tantos siglos había estado en el secreto de Dios, creador de todas las cosas, con el fin de que en la formación de la Iglesia se manifieste a los principados, y potestades en los cielos, la sabiduría de Dios en los admirables y diferentes modos de su conducta, según el eterno designio, que puso en ejecución por medio de Jesucristo Nuestro Señor, por quien mediante su fe tenemos segura confianza y acceso libre a Dios. Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, el cual es el principio y la cabeza de toda esta gran familia que está en el cielo y sobre la tierra; para que según las riquezas de su gloria os conceda por medio de su Espíritu ser fortalecidos en virtud en el hombre interior, y que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, estando arraigados y cimentados en caridad, a fin de que podáis comprender con todos los santos, cuál sea la anchura, y el largo, y la altura, y profundidad de este misterio, y conocer también aquel amor de Cristo hacia nosotros, que sobrepuja a todo conocimiento, para que seáis plenamente colmados de todos los dones de Dios. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 7 sobre Efesios — San Juan Crisóstomo
Quienes acuden al médico no han de ir allí y nada más; han de aprender también a cuidarse y a aplicarse los remedios. Así también nosotros, que aquí venimos, no hemos de contentarnos con esto solo, sino aprender nuestra lección: la extraordinaria humildad de Pablo. Pues ¿qué? Cuando iba a hablar de la inmensidad de la gracia de Dios, oíd lo que dice: A mí, el menor de todos los santos, me ha sido dada esta gracia. Humildad era, sin duda, llorar sus pecados pasados, aunque ya borrados, y hacer memoria de ellos, y mantenerse en su justa medida, como cuando se llama a sí mismo blasfemo, perseguidor e injuriador (1 Tim 1,13); mas nada igualaba a esto: pues antes, dice, tal era yo; y de nuevo se llama a sí mismo como un abortivo (1 Cor 15,8). Pero que, después de tantas y tan grandes obras buenas, y en aquella hora, se humillase de tal modo y se llamase menor que el menor de todos, esto es en verdad grande y sobresaliente moderación. A mí, el menor de todos los santos; no dice: menor que los Apóstoles. De suerte que aquella expresión es menos fuerte que esta que tenemos delante. Allí sus palabras eran: No soy digno de ser llamado Apóstol (1 Cor 15,9). Aquí dice que es aun menor que el menor de todos los santos: a mí, dice, el menor de todos los santos, me ha sido dada esta gracia. ¿Qué gracia? Anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo, y esclarecer a todos cuál sea la dispensación del misterio, escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas, para que ahora, por medio de la Iglesia, sea dada a conocer a los principados y a las potestades en los cielos la multiforme sabiduría de Dios. Cierto, al hombre no le fue revelado; ¿y tú iluminas a los Ángeles y a los Arcángeles y a los Principados y Potestades? Sí, dice. Pues estaba escondido en Dios, en Dios que creó todas las cosas. ¿Y te atreves a decir esto? Me atrevo, dice. Mas ¿de dónde les ha sido manifestado a los Ángeles? Por la Iglesia. Y de nuevo dice no solo la multiforme, sino la muy multiforme sabiduría, esto es, la múltiple y variada. ¿Qué significa esto? ¿No lo conocían los Ángeles? No, nada de ello; pues si los Principados no lo conocían, mucho menos podían jamás conocerlo los Ángeles. ¿Y qué? ¿Ni siquiera los Arcángeles lo conocían? No, tampoco ellos. Mas ¿de dónde habían de conocerlo? ¿Quién había de revelarlo? Cuando a nosotros nos fue enseñado, entonces también a ellos por nosotros. Pues oíd lo que el Ángel dice a José: Le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados (Mt 1,21).
El mismo Pablo fue enviado a los gentiles, y los demás Apóstoles a la Circuncisión. De modo que el encargo más admirable y asombroso fue dado, dice, a mí, el menor que el menor. Y esto también fue gracia: que a quien era el menor le fuesen confiadas las cosas mayores; que fuese constituido heraldo de estas nuevas. Pues quien es hecho heraldo de las nuevas mayores, en esto mismo es grande.
Los Ángeles conocían solamente esto: que la porción del Señor era su pueblo (Dt 32,9). Y de nuevo se dice: El Príncipe de Persia se me opuso (Dn 10,13). Así que no hay que maravillarse de que ignorasen esto; pues si ignoraban las circunstancias del regreso del Cautiverio, mucho más habían de ignorar estas cosas. Porque este es el evangelio: Él, dice, salvará a su pueblo (Mt 1,21). Ni una palabra acerca de los gentiles. Mas lo que toca a los gentiles lo revela el Espíritu. Que habían sido llamados, en verdad lo sabían los Ángeles; pero que lo fuesen a los mismos privilegios que Israel, más aún, hasta sentarse en el trono de Dios, esto ¿quién lo hubiera jamás esperado? ¿Quién lo hubiera jamás creído?
Esta dispensación, sin embargo, la desenvuelve más claramente en la Epístola a los Romanos. En Dios, prosigue, que creó todas las cosas por Jesucristo. Y con razón dice: por Jesucristo; pues Aquel que creó todas las cosas por Él, también por Él revela esto; porque nada hizo sin Él; pues sin Él, está escrito, nada fue hecho (Jn 1,3).
Al hablar de los principados y las potestades, habla tanto de los de arriba como de los de abajo.
Según el eterno propósito. Ahora, quiere decir, se ha cumplido, mas no ahora fue decretado, sino que estaba planeado de antemano desde el principio mismo. Según el eterno propósito que realizó en Cristo Jesús, Señor nuestro. Esto es, según la eterna presciencia; conociendo de antemano las cosas venideras, es decir, los siglos venideros; pues sabía lo que había de ser, y así lo decretó. Según el propósito de los siglos, de aquellos, quizá, que hizo por Cristo Jesús, porque por Cristo fue hecho todo.
En quien tenemos, dice, seguridad y acceso confiado por la fe en Él. Tenemos acceso, no como prisioneros, dice, ni como quienes aguardan el perdón, ni como pecadores; pues, dice, tenemos aun seguridad con confianza, esto es, acompañada de alegre certeza; ¿nacida de qué fuente? De la fe en Él.
Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra. Muestra aquí el ardor de su oración por ellos. No dice simplemente: oro, sino que manifiesta ser la súplica salida del corazón, por el doblar de las rodillas.
Esto es: ya no, quiere decir, contados según el número de los Ángeles, sino según Aquel que ha creado las tribus tanto en el cielo arriba como en la tierra abajo, no a la manera judía.
Que os conceda, según las riquezas de su gloria, ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones. Reparad con qué insaciable vehemencia invoca sobre ellos estos bienes, para que no sean zarandeados. Mas ¿cómo se obrará esto? Por el Espíritu Santo en vuestro hombre interior, para que Cristo habite por la fe en vuestros corazones. Y esto, de nuevo, ¿cómo?
Así es de nuevo su oración, la misma que al comenzar. Pues ¿cuáles fueron sus palabras al principio? Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él; iluminados los ojos de vuestro corazón, para que sepáis cuál es la esperanza de su vocación, cuáles las riquezas de la gloria de su herencia entre los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos. Y ahora dice de nuevo lo mismo: Que seáis capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, y la longura, y la altura, y la profundidad; esto es, conocer perfectamente el misterio que providencialmente ha sido dispuesto en favor nuestro; y la anchura, y la longura, y la altura, y la profundidad, esto es, también la inmensidad del amor de Dios, y cómo se extiende por todas partes. Y lo delinea con las dimensiones visibles de los cuerpos sólidos, señalando como a un hombre. Abarca lo de arriba y lo de abajo y los lados. Así os he hablado, en verdad, diría; mas no toca a palabra mía enseñaros estas cosas: ha de ser obra del Espíritu Santo. Por su poder, dice, habéis de ser fortalecidos contra las pruebas que os aguardan, y para permanecer inconmovibles; de suerte que no hay otro modo de ser fortalecidos sino por el Espíritu Santo, tanto a causa de las pruebas como de los razonamientos carnales.
Para que seáis colmados de toda la plenitud de Dios. Lo que quiere decir es esto: aunque el amor de Cristo esté por encima del alcance de todo conocimiento humano, con todo lo conoceréis, si tuviereis a Cristo habitando en vosotros; y no solo conoceréis esto por Él, sino que aun seréis colmados de toda la plenitud de Dios; entendiendo por la plenitud de Dios, o bien el conocimiento de cómo se adora a Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, o bien exhortándolos así a emplear todo esfuerzo para llenarse de toda virtud, de la que Dios está lleno.
Homilía 7 sobre Efesios, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Joannes. 19, 31-37)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem In illo témpore: Judǽi - quóniam Parascéve erat, - ut non remanérent in cruce córpora sábbato - erat enim magnus dies ille sábbati, - rogavérunt Pilátum, ut frangeréntur eórum crura, et tolleréntur. Venérunt ergo mílites: et primi quidem fregérunt crura et alteríus, qui crucifíxus est cum eo. Ad Jesum autem cum veníssent, ut vidérunt eum jam mórtuum, non fregérunt ejus crura, sed unus mílitum láncea latus ejus apéruit, et contínuo exívit sanguis et aqua. Et qui vidit, testimónium perhíbuit: et verum est testimónium ejus. Et ille scit quia vera dicit, ut et vos credátis. Facta sunt enim hæc ut Scriptúra implerétur: Os non comminuétis ex eo. Et íterum alia Scriptúra dicit: Vidébunt in quem transfixérunt.
(Como era día de preparación, o viernes), para que los cuerpos no quedasen en la cruz el sábado, que cabalmente era aquél un sábado muy solemne, suplicaron los judíos a Pilatos que se les quebrasen las piernas a los crucificados, y los quitasen de allí. Vinieron, pues, los soldados, y rompieron las piernas del primero y del otro que había sido crucificado con él. Mas al llegar a Jesús , como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas; sino que uno de los soldados con la lanza le abrió el costado, y al instante salió sangre y agua. Y quien lo vio, es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero. Y él sabe que dice la verdad, y la atestigua para que vosotros también creáis; pues estas cosas sucedieron, en cumplimiento de la Escritura: No le quebraréis ni un hueso. Y del otro lugar de la Escritura que dice: Dirigirán sus ojos hacia aquel a quien traspasaron. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Juan 19, 31-37 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 84. Como los judíos se tragaban un camello y hacían escrúpulo de un mosquito, después de consumar tan gran atentado discutían solícita y diligentemente lo que sigue: "Los judíos, pues, como era Pascua, a fin de que no permaneciesen los cuerpos en la cruz en el sábado", etc.
Beda. Parasceve (esto es preparación) era llamado el día sexto, porque en aquel día los israelitas preparaban dos comidas, pues era muy grande aquel día de sábado (por la solemnidad de la Pascua). "Rogaron, pues, a Pilato que les rompieran las piernas a los ajusticiados".
San Agustín, in Ioannem, tract., 120. No con el objeto de quitarlos de la cruz, sino más bien para no horrorizar con este espectáculo de un suplicio prolongado en el día de fiesta.
Teofilacto. Así se mandaba en la Ley, que no se pusiera el sol estando un hombre en el suplicio, o porque no quisieran ser tenidos por verdugos y homicidas en día festivo.
Crisóstomo, ut supra. Observa cuán grande es el poder de la verdad, pues ellos mismos cuidan de que se cumpla la profecía. Por lo que sigue: "Vinieron, pues, los soldados y quebrantaron las piernas del primero y del otro crucificado con El; pero cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que un soldado abrió su costado con una lanza".
Teofilacto. Para complacer a los judíos, lancean a Cristo, ultrajando su cuerpo exánime; pero esta injuria se trocó en milagro, porque el manar sangre de un cuerpo muerto es milagro.
San Agustín, ut supra. Con mucha precaución se abstuvo el Evangelista de usar las palabras hirió su costado, o lo rasgó, sino abrió, a fin de que en cierto modo se franqueara la puerta por donde brotaron los sacramentos de la Iglesia, sin los cuales no se entra en la verdadera vida. Y sigue: "Y al instante salió sangre y agua". La sangre fue derramada por la remisión de los pecados, y el agua para suave bebida y purificación. Esto había sido prefigurado por la puerta que a Noé se le mandó abrir en el costado del arca para que entraran los animales que se habían de salvar del diluvio, en los que se simbolizaba la Iglesia. Por esta razón fue hecha la primera mujer del costado de Adán dormido, y este segundo Adán, inclinando la cabeza, durmió en la cruz, para que fuese formada su esposa y saliera de su costado durante su sueño. ¡Oh muerte que a los muertos resucitas! ¿Qué hay más puro que esta sangre? ¿Qué más saludable que esta herida?
Crisóstomo, ut supra. Como de aquí toman origen los sagrados misterios, cuando te acercares al tremendo cáliz, acércate como si fueras a beber del costado de Cristo.
Teofilacto. Avergüéncense los que en el sagrado sacrificio rehusan mezclar el agua con el vino, dando a entender que no creen que del lado de Cristo fluyó agua. Puede haber quien calumniosamente diga que algún resto de vida quedaría en el cuerpo de Cristo, y que por esto brotó sangre, pero el manar agua es una prueba irrefutable contra este argumento. Esta es la razón por qué el Evangelista añadió: "Y el que lo vio dio testimonio".
Crisóstomo, ut supra. Como si dijéramos: No lo oyó a otro, sino que lo vio por sí mismo y es verdadero su testimonio, lo que añadió con razón, contando la injuria hecha a Cristo y dando éste señal admirable para llamar la atención. También lo dijo para que enmudecieran los herejes, y para profetizar futuros misterios que se ocultaban bajo este tesoro.
Crisóstomo, ut supra. Sigue: "Y él sabe que dice verdad, para que vosotros creáis".
San Agustín, ut supra. Lo dice quien lo vio, para que crea el que no lo vio. Dos testimonios cita de las Escrituras sobre estos acontecimientos; pues el que había dicho: "No quebraron a Jesús las piernas", añadió: "Esto sucedió para que se cumpliese la Escritura, que dice: No desmenuzaréis ninguno de sus huesos" ( Ex 12,46), etc. Este precepto había sido dado en la antigua Ley a aquellos que inmolaban el cordero, que fue la figura de la Pasión del Señor. Uno de los soldados abrió su costado con una lanza, y a esto se refiere el otro testimonio, que dice: "Y otro pasaje de la Escritura dice: ellos dirigieron su mirada al que atravesaron", cuyas palabras contienen la promesa de Cristo que había de ser crucificado en su propia carne.
San Jerónimo. Este testimonio está tomado de Zacarías ( Zac 12,10).
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena