sábado, 25 de julio de 2026 Santiago el Mayor, Apóstol

lunes, 4 de mayo de 2026

Santa Mónica, Viuda

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (Prov. 31, 10-31)

Léctio libri Sapiéntiæ Mulíerem fortem quis invéniet? Procul et de últimis fínibus prétium ejus. Confídit in ea cor viri sui, et spóliis non indigébit. Reddet ei bonum, et non malum, ómnibus diébus vitæ suæ. Quæsívit lanam et linum, et operáta est consílio mánuum suárum. Facta est quasi navis institóris, de longe portans panem suum. Et de nocte surréxit, dedítque prædam domésticis suis, et cibária ancíllis suis. Considerávit agrum, et emit eum: de fructu mánuum suárum plantávit víneam. Accínxit fortitúdine lumbos suos, et roborávit bráchium suum. Gustávit, et vidit, quia bona est negotiátio ejus: non exstinguétur in nocte lucérna ejus. Manum suam misit ad fórtia, et dígiti ejus apprehendérunt fusum. Manum suam apéruit ínopi, et palmas suas exténdit ad páuperem. Non timébit dómui suæ a frigóribus nivis: omnes enim doméstici ejus vestíti sunt duplícibus. Stragulátam vestem fecit sibi: byssus et púrpura induméntum ejus. Nóbilis in portis vir ejus, quando séderit cum senatóribus terræ. Síndonem fecit et véndidit, et cíngulum trádidit Chananǽo. Fortitúdo et decor induméntum ejus, et ridébit in die novíssimo. Os suum apéruit sapiéntiæ, et lex cleméntiæ in lingua ejus. Considerávit sémitas domus suæ, et panem otiósa non comédit. Surrexérunt fílii ejus, et beatíssimam prædicavérunt: vir ejus, et laudávit eam. Multæ fíliæ congregavérunt divítias: tu supergréssa es univérsas. Fallax grátia, et vana est pulchritúdo: múlier timens Dóminum, ipsa laudábitur. Date ei de fructu mánuum suárum: et laudent eam in portis ópera ejus.

¿Quién hallará una mujer fuerte? De mayor estima es que todas las preciosidades traídas de lejos y de los últimos términos del mundo. En ella pone su confianza el corazón de su marido; el cual no tendrá necesidad de botín o despojos para vivir. Ella le acarrea el bien todos los días de su vida, y nunca el mal. Busca lana y lino, de que hace labores con la industria de sus manos. Viene a ser como la nave de un comerciante que con la industria trae de lejos el sustento. Se levanta antes que amanezca y distribuye las raciones a sus domésticos, y el alimento a sus criadas. Puso la mira en unas tierras, y las compró; de lo que ganó con sus manos plantó una viña. Se revistió de varonil fortaleza, y esforzó su brazo. Probó, y echó de ver que su trabajo le fructifica; por tanto tendrá encendida la luz toda la noche. Aplica sus manos a los quehaceres domésticos, aunque fatigosos, y sus dedos manejan el huso. Abre su mano para socorrer al mendigo y extiende sus brazos para amparar al necesitado. No temerá para los de su casa los fríos y las nieves; porque todos sus domésticos traen vestidos forrados. Se labró ella misma para sí un vestido acolchado; de lino finísimo y de púrpura es de lo que se viste. Su esposo hará un papel brillante en las puertas o asambleas públicas, sentado entre los senadores del país. Ella teje finísimas telas, y las vende y entrega también ricos ceñidores, o fajas, a los negociantes cananeos. La fortaleza y el decoro son sus atavíos; y estará alegre y risueña en los últimos días. Abre su boca con sabios discursos, y la ley de la bondad o amor gobierna su lengua. Vela sobre los procederes de su familia; y no come ociosa el pan. Se levantaron sus hijos, y la aclamaron dichosísima; su marido también, y la alabó diciendo: Muchas son las hijas o esposas que han allegado riquezas; mas a todas has tú aventajado. Engañoso es el donaire, y vana a la hermosura; la mujer que teme al Señor; esa será la celebrada. Dadle alabanza, para que goce del fruto de sus manos, y que se celebren sus obras en la pública asamblea de los jueces. [Torres Amat]

Comentario patrístico · Comentario a los Proverbios, cap. 31 — Cornelio a Lápide

«Mujer fuerte, ¿quién la hallará?» (como si dijese: no es imposible de hallar, sino difícil, porque son pocas las tales y como ave rara en la tierra). Donde la Vulgata pone «fuerte», el hebreo tiene חיל chail, esto es, de robustez, virtud y esfuerzo; por lo cual el Caldeo traduce «mujer buena», Vátablo «mujer varonil», y otros con más propiedad «mujer esforzada, industriosa, heroica». Suelen las mujeres ser pusilánimes y tímidas, y de la blandura (mollities) se dijo mulier, según nota Jerónimo Osorio: por eso se llama fuerte la que vence la flaqueza mujeril y se alza sobre su condición. Chail significa el vigor, tanto de la mente como del cuerpo, que se ejercita en el trabajo y como con dolor da a luz hazañas heroicas (pues la raíz חול chol significa parir con dolor). Tal fue Salomé, madre de los siete Macabeos; tales santa Felicidad y santa Sinforosa, que educaron siete hijos para el martirio; tal Nona, madre de san Gregorio Nacianceno, de quien él mismo dijo: «Oí a la divina Escritura decir: Mujer fuerte, ¿quién la hallará?»

«Desde lejos y de los últimos confines su precio.» El hebreo מפננים se lee «desde los ángulos», esto es, los últimos confines; o, con otros puntos, «más que las margaritas»; los Setenta: «más preciosa es que las piedras preciosas»; el Caldeo: «que las piedras óptimas»; otros: «que los rubíes». El sentido: la mujer esforzada es cosa rara y de raro precio, como las que se traen de las últimas tierras de los indios; su valor iguala a las gemas y perlas más preciosas, y aun las supera. Alude también a la antigua compra de las esposas, pues antiguamente los maridos las compraban por precio a los padres (así Oseas la suya por quince siclos, y Jacob a Raquel sirviendo siete años). Alegóricamente, san Ambrosio y san Agustín entienden por la mujer fuerte a la Iglesia, por su varón a Cristo, por sus hijos a los mártires; y Beda toma por «precio» a Cristo mismo, que con el precio de su sangre la redimió, precio que vino de lejos, porque descendió de los cielos. Tropológicamente, la mujer fuerte, heroína fortísima y reina de los mártires, es la Bienaventurada Virgen, que quebrantó la cabeza de aquella serpiente; ella es la margarita que supera todo precio, pues vale más que todos los ángeles, hombres y el universo entero.

«Confía en ella el corazón de su marido, y no tendrá necesidad de despojos.» Confía, esto es, descansa seguro en la esposa esforzada el corazón del marido, porque está cierto no solo de su castidad, sino también de su fidelidad e industria; a ella entrega sus riquezas, sus secretos y todos sus negocios. Grande es la cruz del marido si tiene mujer perezosa o de fe sospechosa; de todo esto le libra la esposa prudente y esforzada, que le trae quietud, seguridad y gozo inefable. «Y no tendrá necesidad de despojos», es decir, el varón, pues el hebreo יחסר es de género masculino. Por despojos entienden unos el alimento necesario a la familia, otros los bienes de cualquier clase. Con más plenitud: ella proveerá de lo necesario con no menor industria que si hubiese traído despojos de los enemigos vencidos; persiste en la metáfora de la mujer militar (chail), cuyos despojos son de sus propias manos, no de los enemigos. Alegóricamente, el corazón de Dios y de Cristo confía en la Iglesia, a la que hizo firme y fiel hasta el fin del mundo por su gracia.

«Le dará bien, y no mal, todos los días de su vida»: no por algunos días, meses o años, sino constantemente por toda la vida retribuirá la esposa esforzada el bien a su marido, pagando amor con amor y venciendo los obsequios con obsequios. En sentido más apretado (Salazar) se aplica a la que tuvo marido áspero y duro: tan mansa y magnánima es que todo lo sufre y devuelve palabras buenas por las acrimoniosas, como santa Mónica venció con su mansedumbre las iras de Patricio, su marido. Este es el grado heroico de la paciencia: propio del hombre es devolver bien por bien; de los santos y ángeles, bien por mal. «Buscó lana y lino, y trabajó con el consejo de sus manos»: se dedicó al hilado, y no esperó a que el marido le comprase la lana y el lino, sino que ella misma buscó ambas cosas para hacer vestidos. «Con el consejo», esto es, con industria, pericia y destreza, y con prudente elección, no cosas fútiles sino útiles, según los Setenta: «hizo lo que es útil con sus manos». Moralmente, aprendan aquí las mujeres a acostumbrarse a sí mismas y a sus hijas al trabajo de la lana y el lino, para huir del ocio y guardar la honestidad y la castidad.

«Se hizo como nave de mercader, que trae de lejos su pan.» Esta mujer esforzada, hilando lana y lino, es semejante a las naves de los mercaderes, que llevan telas y mercancías a lejanas regiones y de allí traen otras; así también ella, dando a los extraños el paño que fabricó, recibe el trigo para el alimento, y aun quedándose en casa trae de lejos su pan, esto es, el sustento necesario a la familia. La comparación con la nave, y no con el carro, está en que una sola nave lleva más que cien carros; y la nave nunca descansa, ni aun de noche mientras los marineros duermen, así como esta mujer vela mientras los demás duermen, siempre solícita. Alegórica y tropológicamente, todo esto se aplica fácilmente a la Iglesia, que como nave trae a los fieles el alimento de toda clase: la palabra de Dios, los ejemplos de los santos, los sacramentos, y sobre todo la Eucaristía, que es pan vital. Igualmente a la Bienaventurada Virgen, que introdujo en la casa (la Iglesia) el pan vivificante, esto es, a Cristo Señor, cuando lo dio a luz en Belén, esto es, en la «casa del pan».

«Y de noche se levantó, y dio presa a sus criados y raciones a sus siervas.» Esta mujer providente no duerme hasta muy entrada la luz, sino que se levanta antes del alba para preparar y repartir los alimentos a criados, siervas e hijos, y distribuir entre ellos las tareas del día, no sea que pierdan algo de tiempo. Llama «presa» (טרף tereph) a los alimentos por metáfora de los leones y fieras, que salen de noche a la caza; significa que estos alimentos se ganan con gran industria y trabajo, y solo al trabajo notable de siervos y siervas se dan como salario, pues «quien no trabaja, no coma». Da además las viandas a los siervos y a las siervas por separado, apartándolas para quitar de en medio los mutuos coloquios y las ocasiones de lujuria; nótese su honestidad y estudio de pudicicia. El hebreo חק choc significa tanto la ración de comida cuanto la tarea señalada. Moralmente, apréndase que la dote de la matrona es la vigilancia, de suerte que se acueste la última y se levante antes que los demás.

«Consideró un campo y lo compró; del fruto de sus manos plantó una viña.» Con el precio de las telas que fabricó compra tanto campo como viña, para proveer a la familia de pan y de vino. Nótese el «consideró»: no temeraria ni fortuitamente, sino con madurez, examinando la fertilidad del campo y la modicidad del precio; y aun sabe convertir en viña un campo estéril para el trigo pero apto para la vid, con egregia industria. «Ciñó de fortaleza sus lomos y robusteció su brazo»: alude al ceñidor con que los que van al trabajo o al combate se aprietan los lomos para robustecerlos; así esta varonil mujer se ciñe con la fortaleza misma como con un tahalí militar, y despierta en su naturaleza mujeril y blanda el vigor viril de mente y de cuerpo, como la madre de los siete Macabeos, «insertando en un pensamiento femenino un ánimo varonil». Místicamente (san Agustín, Beda), ceñir los lomos significa la mortificación y la castidad, pues en los lomos está el origen de la concupiscencia, y la castidad hace fuerte a esta varona.

«Gustó y vio que es buena su negociación; no se apagará de noche su lámpara.» Gustó, esto es, aprendió por experiencia y sintió cuán suave era la ganancia de su trabajo en la lana y el lino, sobre todo cuando de ello compró el campo y la viña; por eso emplea casi toda la noche en la obra, a la lámpara, y no la deja apagar. La ganancia adquirida con trabajo, como propia, sabe admirablemente, cuando la que viene sin trabajo apenas deleita. Simbólica y alegóricamente, «no se apagará en la noche», esto es, en las adversidades y persecuciones, su lámpara, que es la esperanza en la tribulación (san Agustín): esta esperanza la ilumina y corrobora para perseverar constante hasta el día de la bienaventurada inmortalidad. «Su mano tendió a cosas fuertes, y sus dedos tomaron el huso»: el hebreo כישור (que muchos vierten «rueca») lo traduce mejor la Vulgata «cosas fuertes», pues Símaco y Áquila ponen «cosas viriles» y los Setenta «cosas útiles»; ningún trabajo hay más conveniente y digno para la mujer que hilar y tejer, obra que requiere gran industria y fortaleza. Por eso los poetas hicieron a Palas presidenta a la vez del hilar, del guerrear y del estudiar.

«Su mano abrió al necesitado, y tendió sus palmas al pobre.» El hebreo פרש paras significa extender, tender ampliamente, y denota la liberalidad de esta varona: la mano que las otras mujeres suelen tener encogida y cerrada por temor de la pobreza, ella no solo la abrió, sino que la extendió generosamente a los que se le presentaban, aun a los remotos; y esto no solo por bienhacer, sino también por consultar a su propia familia, pues sabía que nada acrece tanto los bienes como la limosna, a la cual Dios bendice y devuelve el décuplo por lo sencillo (san Crisóstomo). «No temerá para su casa el frío de la nieve, porque todos sus domésticos están vestidos con vestiduras dobles.» El hebreo שנים lo vierten unos «grana», pero mejor la Vulgata «dobles» (de la raíz שנה, doblar): en el invierno los más ricos multiplican los vestidos o los llevan forrados, como si fueran dos, para rechazar el frío. Se significa aquí la providente liberalidad de la varona, que provee copiosamente a los suyos; y es también provecho de la familia, pues los domésticos abrigados calientan y hacen doble obra que si tiritasen de frío.

«Se hizo vestidura recamada; lino finísimo y púrpura su vestido.» No solo tejió telas sencillas para los domésticos, sino también preciosos tapices y colgaduras, labrados con bordado, con que adornó su casa como se ven las de los nobles; y a sí y al marido hizo vestidos de lino finísimo y púrpura, imitando las vestiduras sacerdotales: el lino, por su blancura, representa la pudicicia; la púrpura, por su color de llama, el amor conyugal. «Noble en las puertas su marido», cuando se siente con los ancianos de la tierra: pues antiguamente los ancianos eran los príncipes y jueces, que se sentaban en las puertas para juzgar. Ella misma honra y ennoblece al marido, ya con su trabajo, ya librándole de todo cuidado doméstico para que pueda entregarse a los negocios de la república en el senado, ya vistiéndole con decoro. «Hizo sábana finísima y la vendió, y entregó ceñidor al cananeo»: vendió las telas y sindones preciosas que ella y los suyos tejieron, y de ello sacó gran lucro; el cananeo es el mercader, pues los cananeos, vecinos del mar, eran muy dados al comercio (así en Zacarías e Isaías «cananeo» vale por «mercader»). No vistió ella la sindón por ser demasiado sutil, contraria a su singular honestidad.

«Fortaleza y hermosura su vestido, y reirá en el día postrero.» Su verdadero vestido no son las sindones ni las vestes preciosas, sino la fortaleza, esto es, la gravedad, madurez y vigor del ánimo viril, y la hermosura, esto es, la honestidad y decoro de las costumbres; por eso no se recrea en el ornato del cuerpo, como las demás mujeres amigas del mundo, sino que se atavía con las virtudes. Y «reirá en el día postrero», que unos toman por la vejez, otros por la muerte, otros por el día del juicio: las mujeres perezosas, que en la juventud durmieron ociosas, mendigan y se afligen en la vejez; mas esta varona, porque trabajó esforzadamente, abunda de bienes y ríe, y en la muerte, segura de su conciencia y esperando los premios celestiales, canta con san Simeón: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz.» «Abrió su boca a la sabiduría, y la ley de la clemencia en su lengua»: frente a la locuacidad y ligereza propias de las mujeres, esta domó su lengua con la sabiduría, para no decir nada necio, y con la piedad (חסד chesed: piedad, gracia, benignidad), para no decir nada injurioso; y la clemencia se junta a la sabiduría como el efecto a la causa. «Consideró las sendas de su casa, y no comió el pan ociosa»: propio oficio de la matrona es velar como desde una atalaya sobre toda la casa y las acciones de los domésticos, apartar de ellos el ocio y todo lo dañoso, y comer parcamente el pan ganado con muchos trabajos, pues «quien no trabaja, no coma»; y el cuidado de la casa incumbe propiamente a la esposa, como al marido los negocios de fuera.

«Se levantaron sus hijos y la proclamaron dichosísima; su marido, y la alabó.» Los hijos, que durmieron toda la noche sin cuidado, al levantarse por la mañana hallaron a la madre que había velado, hilado y tejido, y dispuesto con decoro toda la casa; y, viéndose felices con tal madre, la proclamaron bienaventurada; y creciendo ellos en las virtudes que de ella aprendieron, con las obras la alaban. «Muchas hijas reunieron riquezas; tú las sobrepasaste a todas»: por tu esfuerzo y hazañas heroicas te ganaste vigor, honra y bienes cuantos ninguna otra, y a todas las superas. Alegóricamente, la Iglesia supera a todas las hijas (la Sinagoga, las escuelas de los filósofos y las sectas de los herejes) porque ella sola tiene la caridad, sin la cual nada aprovechan las virtudes; y singularmente la Bienaventurada Virgen sobrepasa en gracia y gloria a todos los ángeles y santos, aun a los Querubines y Serafines, siendo solo superada por Dios. «Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Dios, esa será alabada»: no niega Salomón que la hermosura sea adorno, sino que afirma ser falaz y caduca, pues presto perece por la edad, la enfermedad o la muerte, y a menudo engaña y precipita a las mismas hermosas y dementa a los varones; el verdadero decoro está en el temor de Dios y en la virtud, que permanece para siempre; por eso no condena la belleza natural, sino que la pospone al temor de Dios. «Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus obras»: digna es de gozar de los bienes que con sus manos ganó, y de que sus propias obras la alaben pública y solemnemente; y anagógicamente, la Iglesia y el alma santa oirán en la hora de la muerte y en el juicio de boca de Cristo: «Dadle del fruto de sus manos», esto es, dadle la recompensa y la gloria por el mérito de sus obras heroicas; que allí no alaban a cada uno las palabras, sino los hechos; no las lenguas, sino las manos y las obras. Piensa esto, oh atleta de Cristo, cuando emprendes obra ardua: el trabajo pasará en breve, pero su premio permanecerá por todos los siglos. VIVE PARA LA ETERNIDAD.

Comentario a los Proverbios, cap. 31, Cornelio a Lápide · Traducción del editor, del latín (Gran Comentario, dominio público) · fuente: lapide.org (dominio público)

Evangelio (Luc. 7, 11-16)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Ibat Jesus in civitátem, quæ vocátur Naim: et ibant cum eo discípuli ejus et turba copiósa. Cum autem appropinquáret portæ civitátis, ecce, defúnctus efferebátur fílius únicus matris suæ: et hæc vídua erat, et turba civitátis multa cum illa. Quam cum vidísset Dóminus, misericórdia motus super eam, dixit illi: Noli flere. Et accéssit et tétigit lóculum. - Hi autem, qui portábant, stetérunt - Et ait: Adoléscens, tibi dico, surge. Et resédit, qui erat mórtuus, et cœpit loqui. Et dedit illum matri suæ. Accépit autem omnes timor: et magnificábant Deum, dicéntes: Quia Prophéta magnus surréxit in nobis: et quia Deus visitávit plebem suam.

Sucedió después que iba Jesús camino de la ciudad llamada Naím, y con él iban sus discípulos y mucho gentío. Y cuando estaba cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; e iba con ella gran acompañamiento de personas de la ciudad. Así que la vio el Señor, movido a compasión, le dijo: No llores. Y se arrimó y tocó el féretro. (Y los que lo llevaban, se pararon). Dijo entonces: Mancebo, yo te lo mando, levántate. Y luego se incorporó el difunto, y comenzó a hablar. Y Jesús lo entregó a su madre. Con esto quedaron todos penetrados de temor, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta ha aparecido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Lucas 7, 11-16 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

San Cirilo. El Señor obra prodigio sobre prodigio. Y mientras que antes había venido llamado, ahora viene sin que lo llamen. Por lo que se dice: "Y aconteció después que iba a una ciudad llamada Naim".

Beda. Naim es una ciudad de Galilea que dista dos leguas 1 del monte Tabor. Por permisión divina acompañaba una gran turba al Señor para que presenciase el milagro tan grande que iba a hacer. Por lo que sigue: "Y sus discípulos iban con El, y una grande muchedumbre de pueblo".

San Gregorio Niceno Tract. de anima et resurrectione, post medim. Aprendamos del Salvador la experiencia de la resurrección no tanto en las palabras como en sus obras. Empieza por milagros menores a fin de preparar nuestra fe para otros mayores. Empieza a ejercer el poder de la resurrección en la enfermedad desesperada del siervo del centurión. Después, con un acto de mayor poder conduce a los hombres a la fe de la resurrección, resucitando al hijo de una viuda que era llevado al sepulcro. Por lo que se dice: "Y cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera a un difunto, hijo único de su madre".

Tito Bostrense. Podría decirse del siervo del centurión que no había de morir. Pero para reprimir ese lenguaje temerario, Jesucristo salió al encuentro de aquel joven que ya era difunto, hijo único de una viuda. Por lo que sigue: "La cual era viuda. Y venía con ella mucha gente de la ciudad".

San Gregorio Niceno De homini opificio. Estas pocas palabras expresan la intensidad de su dolor. Era madre viuda y ya no esperaba tener más hijos ni tenía otro a quien mirar en lugar del difunto. Solamene había criado a éste, y él solo constituía la alegría de la casa. El solo era toda la dulzura y todo el tesoro de la madre.

San Cirilo. Digno era de compasión este dolor y bien capaz de excitar el llanto y las lágrimas. Por lo que sigue: "Y luego que la vio el Señor, movido de misericordia por ella, le dijo: No llores".

Beda. Como diciendo: No le llores ya como muerto porque dentro de muy poco lo verás resucitar.

San Crisóstomo. Consolando así la tristeza y haciendo cesar las lágrimas nos enseña a consolarnos de la pérdida de nuestros difuntos esperando su resurrección. Toca, pues, el féretro, saliendo la vida al encuentro de la muerte. Por lo que sigue: "Y se acercó", etc.

San Cirilo. No hizo este milagro con sólo la palabra, sino que también tocó el féretro, para que comprendamos la eficacia del sagrado Cuerpo de Jesús para la salud de los hombres. Es, en efecto, el cuerpo de vida y la carne del Verbo omnipotente, de quien viene la virtud. Pues así como el hierro unido al fuego produce los efectos del fuego, así la carne, una vez unida al Verbo que da vida a todas las cosas, se hace también vivificadora y expulsiva de la muerte.

Tito Bostrense. El Señor no era semejante a Elías, que lloraba la muerte del hijo de la viuda de Sarepta ( 1Re 17), ni como Eliseo, que aplicó su mismo cuerpo al cuerpo de un difunto, ( 2Re 4) ni como San Pedro, que rogó por Thabita ( Hch 9), sino que El es quien llama a lo que no existe como a lo que existe ( Rom 4); que puede hablar a los muertos como a los vivos. Por lo que sigue: "Y dijo: Mancebo", etc.

San Gregorio Niceno. Esta palabra "mancebo" indica la flor de la edad, cuando empieza a apuntar la barba. Aquel que poco antes era la alegría y la dulzura de las miradas de su madre la cual suspiraba ya por la alegría de sus esponsales, y le contemplaba como el propagador de su raza, el vástago de su posteridad y el báculo de su vejez.

Tito Bostrense. Inmediatamente se levanta aquel a quien se dirige esa orden. Al poder de Dios nada resiste; no hay ninguna tardanza, ni tampoco oraciones. Por lo que sigue: "Y se sentó el que había estado muerto, y comenzó a hablar. Y le dio a su madre". Indicios son éstos de verdadera resurrección, pues un cuerpo muerto no puede hablar ni tampoco la mujer hubiese llevado a su casa un hijo muerto e inanimado.

Beda. Dice el evangelista que el Señor se movió primero a misericordia cuando vio a la madre y que después resucitó al hijo para darnos, por un lado, un modelo de misericordia y, por el otro, un motivo de creer en su poder maravilloso. Por lo que sigue: "Y tuvieron todos grande miedo, y glorificaban a Dios", etc.

San Cirilo. Este gran milagro se obró en un pueblo insensible e ingrato; porque poco tiempo después no creía que fuese profeta, ni que sirviera para utilidad del pueblo. Sin embargo, este milagro no se ocultó a ningún habitante de la Judea. Por lo que sigue: "Y la fama de este milagro corrió por toda la Judea", etc.

Ambrosio. Es oportuno notar que se cuentan siete resurrecciones antes de la de Jesucristo. De las cuales la primera es la del hijo de Sarepta ( 1Re 17); la segunda es la del hijo de la Sunamitis ( 2Re 4); la tercera es la que se verificó con las reliquias de Eliseo ( 2Re 3); la cuarta, la que se verificó en Naim, como aquí se dice; la quinta es la de la hija del príncipe de la sinagoga ( Mc 5); la sexta, la de Lázaro ( Jn 50); la séptima, en la pasión de Cristo, durante la cual resucitaron muchos cuerpos de santos ( Mt 27); la octava es la de Jesucristo, el cual, vencedor de la muerte, permanece siempre, para significar que la resurrección general que ha de tener lugar en la octava edad, no estará sujeta a la muerte sino que permanecerá indisoluble.

Beda. El difunto que se levantó a la vista de muchos fuera de las puertas de la ciudad, representa al hombre adormecido en el féretro de mortales culpas, y la muerte del alma, que no yace aun en el lecho del corazón, pero que se exhibe a noticia de muchos por sus palabras y sus obras (como por las puertas de la ciudad). Cada uno de los sentidos de nuestro cuerpo es como la puerta de una ciudad. El cual se llama hijo único de su madre, porque la Iglesia, compuesta de muchas personas, es sin embargo única madre. Que la Iglesia es viuda, lo reconoce toda alma que ha sido rescatada con la muerte del Señor.

San Ambrosio. Esta viuda, rodeada por una multitud de pueblo, nos parece algo más que una mujer; ella ha obtenido por sus lágrimas la resurrección del adolescente, su hijo único, el que es llamdo a la vida desde el cortejo fúnebre. A Ella se le prohibe llorar al que se le reservaba la resurrección.

Beda. O se confunde el dogma de Novato, el cual, queriendo abolir la purificación de los penitentes, niega que la Iglesia nuestra madre, llorando sobre la muerte espiritual de sus hijos, deba consolarse con la esperanza de devolverles la vida.

San Ambrosio. Este muerto era llevado en las cuatro materias elementales, sin embargo tenía la esperanza de resucitar porque iba al sepulcro en un lecho de madera -esta madera, aunque antes no nos aprovechaba, después de que Jesucristo murió sobre ella, empezó a darnos la vida-, para que sirviese de señal de que había de darse la salud al pueblo por medio del sacrificio de la cruz. En efecto, nosotros aisladamente yacemos sin vida, cuando el fuego de una pasión inmoderada nos consume, o el agua helada de la indiferencia nos inunda, o un estado perezoso de nuestro cuerpo terrestre amortigüa el vigor de nuestro espíritu.

Beda. O el féretro, en que es llevado muerto, representa la conciencia del pecador, que desconfía de la enmienda; los que le llevan al sepulcro son los deseos inmundos o las adulaciones de sus amigos, los cuales se detienen en cuanto Jesús toca el féretro. Su conciencia, tocada por el temor del juicio divino, vuelve sobre sí, refrenando sus pasiones, rechazando las alabanzas, y respondiendo al Salvador cuando le llama.

San Ambrosio. Si es tu pecado grave y no puedes lavarlo con las lágrimas de la penitencia, que llore por ti nuestra madre la Iglesia; que la turba te asista, y resucitarás de la muerte, dirás palabras de vida, todos temerán (con el ejemplo de uno se corrigen muchos), y también alabarán al Señor porque se ha dignado concedernos tan grandes remedios para evitar la muerte.

Beda. El Señor ha visitado a su pueblo no una vez sola revistiendo de carne a su Verbo, sino enviándole con frecuencia a los corazones de los hombres.

Teofilacto. Por esta viuda se puede también entender el alma que pierde a su esposo; esto es, la divina palabra. Su hijo es el entendimiento que es llevado fuera de la ciudad de los que viven. El lecho es su propio cuerpo a quien algunos han llamado sepulcro. Pero cuando el Señor lo toca, se levanta, se rejuvenece y, levantándose del pecado, empieza a hablar y a enseñar a otros, pues sin eso no se le creería.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena