miércoles, 22 de julio de 2026 San Apolinar, Obispo y Mártir

martes, 18 de abril de 2017

Martes de Pascua

Introito (Eccli. 15, 3-4)

Aqua sapiéntiæ potávit eos, allelúja: firmábitur in illis et non flectétur, allelúja: et exaltábit eos in ætérnum, allelúja, allelúja. Confitémini Dómino et invocáte nomen ejus: annuntiáte inter gentes ópera ejus.

Lo alimentará con pan de vida y de inteligencia, y le dará a beber el agua de ciencia saludable, y fijará en él su morada, y él le será constante. Y la sabiduría será su sostén, y no se verá jamás confundido, sino que será ensalzado entre sus hermanos, [Torres Amat]

Colecta

Deus, qui Ecclésiam tuam novo semper fœtu multíplicas: concéde fámulis tuis; ut sacraméntum vivéndo téneant, quod fide percepérunt. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Oh Dios, que multiplicáis siempre a vuestra Iglesia con nueva descendencia, concedednos a vuestros siervos que retengan con la vida el sacramento que recibieron con la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Epístola (Acts. 13, 16; 13, 26-33)

Léctio Actuum Apostolórum In diébus illis: Surgens Paulus et manu siléntium índicens, ait: Viri fratres, fílii géneris Abraham, et qui in vobis timent Deum, vobis verbum salútis hujus missum est. Qui enim habitábant Jerúsalem, et príncipes ejus, ignorántes Jesum et voces Prophetárum, quæ per omne sábbatum legúntur, judicántes implevérunt: et nullam causam mortis inveniéntes in eo, petiérunt a Piláto, ut interfícerent eum. Cumque consummássent ómnia, quæ de eo scripta erant, deponéntes eum de ligno, posuérunt eum in monuménto. Deus vero suscitávit eum a mórtuis tértia die: qui visus est per dies multos his, qui simul ascénderant cum eo de Galilǽa in Jerúsalem, qui usque nunc sunt testes ejus ad plebem. Et nos vobis annuntiámus eam, quæ ad patres nostros repromíssio facta est: quóniam hanc Deus adimplévit fíliis nostris, resúscitans Jesum Christum, Dóminum nostrum.

Entonces Pablo, puesto en pie, y haciendo con la mano una señal pidiendo atención, dijo: ¡Oh israelitas, y vosotros los que teméis al Señor, escuchad! Ahora, pues, hermanos míos, hijos de Abrahán, a vosotros es, y a cualquiera que entre vosotros teme a Dios, a quienes es enviado este anuncio de la salvación. Porque los habitantes de Jerusalén y sus jefes, desconociendo a este Señor, y las profecías que se leen todos los sábados, con haberle condenado las cumplieron, cuando no hallando en él ninguna causa de muerte, no obstante pidieron a Pilatos que le quitase la vida. Y después de haber ejecutado todas las cosas que de él estaban escritas, descolgándole de la cruz, le pusieron en el sepulcro. Mas Dios le resucitó de entre los muertos al tercer día; y se apareció durante muchos días a aquellos que con él habían venido de Galilea a Jerusalén , los cuales hasta el día de hoy están dando testimonio de él al pueblo. Nosotros, pues, os anunciamos el cumplimiento de la promesa hecha a nuestros padres, el efecto de la cual nos ha hecho Dios ver a nosotros sus hijos, resucitando a Jesús , en conformidad de lo que se halla escrito en el salmo segundo: Tú eres Hijo mío, yo te di hoy el ser. [Torres Amat]

Gradual (Ps. 117, 24; 106, 2)

Hæc dies, quam fecit Dóminus: exsultémus et lætémur in ea. Dicant nunc, qui redémpti sunt a Dómino: quos redémit de manu inimíci, et de regiónibus congregávit eos. Allelúja, allelúja. Surrexit Dóminus de sepúlcro, qui pro nobis pepéndit in ligno.

Este es el día que ha hecho el Señor. Alegrémonos y recocijémonos en él. Que lo digan aquellos que fueron redimidos por el Señor, a los cuales rescató del poder del enemigo, y que ha recogido de las regiones, [Torres Amat]

Evangelio (Luc. 24, 36-47)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Stetit Jesus in médio discipulórum suórum et dicit eis: Pax vobis: ego sum, nolíte timére. Conturbáti vero et contérriti, existimábant se spíritum vidére. Et dixit eis: Quid turbáti estis, et cogitatiónes ascéndunt in corda vestra? Vidéte manus meas et pedes, quia ego ipse sum: palpáte et vidéte: quia spíritus carnem et ossa non habet, sicut me vidétis habére. Et cum hoc dixísset, osténdit eis manus et pedes. Adhuc autem illis non credéntibus et mirántibus præ gáudio, dixit: Habétis hic aliquid, quod manducétur? At illi obtulérunt ei partem piscis assi et favum mellis. Et cum manducásset coram eis, sumens relíquias, dedit eis. Et dixit ad eos: Hæc sunt verba, quæ locútus sum ad vos, cum adhuc essem vobíscum, quóniam necésse est impléri ómnia, quæ scripta sunt in lege Móysi et Prophétis et Psalmis de me. Tunc apéruit illis sensum, ut intellégerent Scriptúras. Et dixit eis: Quóniam sic scriptum est, et sic oportébat Christum pati, et resúrgere a mórtuis tértia die: et prædicári in nómine ejus pœniténtiam, et remissiónem peccatórum in omnes gentes.

Mientras estaban hablando de estas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos, y les dijo: La paz sea con vosotros: Soy yo, no temáis. Ellos, atónitos, y atemorizados, se imaginaban ver a algún espíritu. Y Jesús les dijo: ¿De qué os asustáis y por qué dais lugar en vuestro corazón a tales pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, yo mismo soy, palpad, y considerad que un espíritu no tiene carne, ni huesos, como vosotros veis que yo tengo. Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Mas como ellos aún no lo acabasen de creer, estando como estaban fuera de sí de gozo y de admiración, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Ellos le presentaron un pedazo de pez asado y un panal de miel. Comido que hubo delante de ellos, tomando las sobras se las dio. Les dijo en seguida: Ved ahí lo que os decía, cuando estaba aún con vosotros, que era necesario que se cumpliese todo cuanto está escrito de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento para que entendiesen las Escrituras. Y les dijo: Así estaba ya escrito, y así era necesario que el Cristo padeciese, y que resucitase de entre los muertos al tercer día, y que en nombre suyo se predicase la penitencia y el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén . [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Lucas 24, 36-47 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

San Cirilo. Como la noticia de que Jesucristo había resucitado ya se extendía por todas partes y como el afecto de sus discípulos se había encendido en el deseo de verle, vino el deseado y se dio a conocer a los que le deseaban y buscaban. Y se presenta a ellos, no de una manera dudosa, sino con toda evidencia. Por esto dice: "Y estando hablando de estas cosas, se puso Jesús en medio de ellos".

San Agustín De conc. evang. lib. 3, cap. 25. San Juan también hace mención de esta aparición del Salvador, después de su resurrección gloriosa, pero añade que Santo Tomás no estaba con ellos porque, según San Lucas, era uno de los dos que volvieron a Jerusalén, encontrando reunidos a los once. Esto da a entender que Santo Tomás había salido antes que el Salvador apareciese. San Lucas da ocasión a creer que esto es así, porque mientras hablaban de este modo, salió Santo Tomás y a continuación entró el Salvador. Algunos dicen que no eran aquellos once que ya se llamaban apóstoles, sino que eran otros once del número de los discípulos que se encontraban allí. Pero como añade San Lucas: "Y a los que estaban con ellos", dio a entender de una manera evidente que aquellos once a los que él se refiere eran los apóstoles, con quienes se encontraban los demás.

San Agustín De conc. evang. lib. 3, cap. 25. Pero veamos en virtud de qué misterio había mandado decir el Salvador cuando resucitó, según refieren San Mateoy San Marcos: "Iré delante de vosotros a Galilea; allí me veréis" ( Mt 28,10; Mc 16,7). Lo cual si bien se cumplió, sucedió después de muchos otros acontecimientos, porque como esto se había anunciado así, parece que debía haber sucedido antes que lo demás, o ser lo único que sucediese.

San Ambrosio. Creo que fue muy conveniente que Jesús anunciase a sus discípulos que le verían en Galilea pero se presentó antes, cuando estaban reunidos, porque tenían miedo.

Griego. Y esto no representa la transgresión de una promesa, sino más bien el cumplimiento adelantado y la manifestación de su bondad, ya que quería animar la pusilanimidad de sus discípulos.

San Ambrosio. Después que hubo fortalecido sus corazones, se dice que aquellos once marcharon a Galilea. Y nada se opone a que pueda decirse que había unos pocos reunidos, y muchos en el monte.

San Eusebio. Dos Evangelistas, esto es, San Lucas y San Juan, dicen que se apareció sólo a los once en Jerusalén, y los otros dos relatan que el ángel y el Salvador ordenaron no sólo a los once, sino también a todos los discípulos y hermanos, que se apresuraran a ir a Galilea, de los cuales hace mención también San Pablo cuando dice: Después se apareció a la vez a más de quinientos hermanos" ( 1Cor 15,6). Pero es más probable la primera solución, de que se apareció primero en Jerusalén a los discípulos acobardados, consolándolos, y que en Galilea se apareció no a la pequeña asamblea, ni una ni dos veces, sino que hizo ostentación de su gran poder presentándose vivo a ellos después de su pasión, y en muchas oportunidades, como dice San Lucas en los Hechos de los Apóstoles.

San Agustín De conc. evang. lib. 3, cap. 25. Lo que dijo el ángel -esto es, el Señor- debe entenderse en sentido profético. Pues el Señor se le aparece en Galilea conforme a la significación de esta palabra que quiere decir transmigración, porque ellos habían de transmigrar del pueblo de Israel a los gentiles, quienes no hubiesen creído en la predicación de los apóstoles, si Jesucristo no les hubiese preparado el camino en el corazón de los hombres. En este concepto se entiende: "Irá delante de vosotros a Galilea" ( Mt 28,7). En cuanto que Galilea quiere decir revelación 1, da a entender que el Señor se manifiesta ya no en forma de siervo, sino en la que es igual al Padre, y que es la que ha ofrecido a sus escogidos. Cuando le veamos en la verdadera Galilea se nos presentará tal y como es (ver 1Jn 3,2). Ella será la mejor marcha de este mundo a la eternidad, en donde ya no se separará de nosotros cuando venga y habiéndonos precedido, no nos abandonará.

Teofilacto. Cuando el Salvador se encontraba en medio de sus discípulos, disipaba su temor con las palabras de su saludo: "La paz sea con vosotros", dando a entender que El era igualmente su maestro cuando les saludaba con estas palabras que cuando los fortalecía para que fuesen a predicar. Por esto sigue: "Y les dijo: Paz a vosotros; yo soy, no temáis".

San Cirilo. Avergüéncenos el prescindir del saludo de la paz que el Señor nos dejó cuando iba a salir del mundo. La paz es un don y una cosa dulce, que sabemos proviene de Dios, según lo que el Apóstol dice a los Filipenses: "La paz de Dios" ( Flp 4,7), y aquéllo de: "Dios de la Paz" ( 2Cor 13,11) y Dios mismo es la Paz, según aquéllo de: "El es nuestra paz" ( Ef 2,14). La paz es un bien recomendado a todos, pero observado por pocos. ¿Cuál es la causa de ello? Acaso el deseo del dominio, o la ambición, o la envidia, o el aborrecimiento del prójimo, o el desprecio, o alguna otra cosa que vemos a cada paso en los que desconocen al Señor. La paz procede de Dios, que es quien todo lo une, cuyo ser es unidad de su naturaleza y de su estado pacífico. La transmite a los ángeles y a las potestades del cielo, que están en constante paz con el Señor y consigo mismos. También se extiende por todas las creaturas que desean la paz. En nosotros subsiste, según el espíritu de cada cual, por medio de la búsqueda y ejercicio de las virtudes, y según el cuerpo, en el equilibrio de los miembros y los elementos de que se forma. Lo primero se llama belleza, lo segundo salud.

Beda. Los discípulos sabían que el Salvador era verdadero hombre, puesto que habían tratado con El por espacio de mucho tiempo. Pero después que fue muerto, no creen que pudiera resucitar del sepulcro en verdadera carne. Por lo tanto, creen que ven el espíritu que salió de El en el momento de expirar. Por esto sigue: "Mas ellos, turbados y espantados, pensaban que veían un espíritu". Aquel terror de los discípulos dio lugar a la secta de los Maniqueos.

San Ambrosio. Pero guiados por los ejemplos de sus virtudes, no creemos que Juan y Pedro pudiesen dudar. ¿Por qué dice San Lucas que estaban espantados? En primer lugar, porque el parecer de unos pocos es absorbido por el parecer de muchos; en segundo lugar, porque aun cuando San Pedro creía en la resurrección, pudo turbarse; sin embargo, pudo asustarse porque de un momento a otro el Señor se presentaba corporalmente, cuando todo estaba cerrado.

Teofilacto. Porque como por medio de la palabra paz no se tranquilizó la turbación en los corazones de los discípulos, por otra parte les indica que El era el Hijo de Dios que conocía los misterios del corazón; por lo que dice: "Y les dijo: '¿Por qué estáis conturbados y suben pensamientos a vuestros corazones?'".

Beda. ¿Qué pensamientos, sino los falsos y recelosos? Jesucristo hubiese perdido todo el fruto de su pasión si no hubiese resucitado verdaderamente. Como si el buen labrador dijese: Lo que allí he plantado lo encontraré, esto es, la fe que baja sobre el corazón porque viene de lo alto. Pero estos pensamientos de los discípulos no bajaban de lo alto, sino que subían a sus corazones del abismo, como brota la mala hierba de la tierra.

San Cirilo vel anonimus in Cat. Graec. Esto fue una señal evidente de que quien ahora veían no era otro que Aquel que vieron muerto en la cruz y colocado en el sepulcro, el que no se ocultaba como hombre a ninguno de los que estaban.

San Ambrosio. Veamos en virtud de qué gracia, según San Juan, vieron y se alegraron los discípulos, pues según San Lucas aparecen como incrédulos. Pero me parece que San Juan -como Apóstol- tiene un conocimiento más alto y sublime cuando expone lo que ha de suceder a la humanidad. Aquél expone en sentido histórico, éste en compendio, pero no puede dudarse de él porque da testimonio de lo que presenció. Por lo tanto consideramos como cierto lo uno y lo otro, teniendo en cuenta que si bien es verdad que San Lucas dice primero que no creyeron, asegura después que sí.

San Cirilo. El Señor queriendo probar que la muerte ha sido vencida y que su naturaleza humana ya había dejado la corrupción, les enseña en primer lugar las manos y los pies y los agujeros de los clavos. Prosigue: "Ved mis manos y mis pies, que yo mismo soy".

Teofilacto. Dijo además que le tocasen las manos y los pies cuando añade: "Palpad y ved; el espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo". Como diciendo: Vosotros creéis que soy espíritu -esto es, fantasma- como suele suceder acerca de muchos muertos alrededor de sus sepulcros, pero entended que el espíritu no tiene ni carne ni huesos, y yo tengo una y otra cosa.

San Ambrosio. El Señor dijo esto para indicarnos la forma en que tendrá lugar la resurrección, porque lo que se toca es cuerpo, y en cuerpo habremos de resucitar. Pero aquél será más sutil, mientras éste es más rudo por estar sujeto todavía a las caídas de la carne. Jesucristo, por lo tanto, no entró en el recinto cerrado porque su naturaleza fuese incorpórea, sino porque su naturaleza humana tenía ya las cualidades de un cuerpo glorioso.

San Gregorio moralyum 13, 51. Nuestro cuerpo no será impalpable en el día de la resurrección general, ni más sutil que el aire -como dijo Eutiques-, sino sutil, por la identificación del poder espiritual, y palpable por la virtud de la naturaleza.

San Gregorio moralyum 13, 51. Prosigue: "Y dicho esto, les mostró las manos y los pies".

Beda. En los que se vieron claramente las marcas de los clavos. Pero según San Juan, también les enseñó el costado que había sido abierto con la lanza, para que, viendo las cicatrices de las heridas, pudiesen curar las heridas de sus dudas. Los gentiles suelen juzgar diciendo que el Señor no pudo curar sus heridas. A éstos debe responderse que no hubiera dejado de hacer lo menor quien hizo lo mayor. Pero por sus fines especiales, el que había destruido la muerte no quiso borrar las señales de ella. En primer lugar, para confirmar la fe de la resurrección en sus discípulos; en segundo lugar, para poderlas presentar a su Padre cuando intercediese por nosotros, manifestándole la clase de muerte que había sufrido por nosotros; en tercer lugar, para demostrar siempre a los redimidos con su muerte la gran caridad que con ellos empleó, presentándoles las señales de su pasión; y finalmente, para probar la justicia con que serán condenados los impíos el día del juicio.

San Cirilo vel anonymus in cat. Graec. El Salvador había enseñado a sus discípulos sus manos y sus pies, para demostrarles que aquel cuerpo que había sido crucificado era el mismo que había resucitado. Y para probarles esto mejor, les pide algo para comer. Por esto dice el evangelista: "Mas como aún no lo acabaran de creer", etc.

San Gregorio Niceno Orat. 1 De resurrect. prope finem. En virtud de lo mandado por la Ley, la Pascua se celebraba con hierbas amargas porque continuaba aún la amargura, pero después de la resurrección, ésta se dulcificaba comiendo panal de miel. Por esto sigue: "Mas ellos le presentaron", etc.

Beda. Para demostrarles la veracidad de su resurrección, no sólo quiso que le tocasen sus discípulos, sino que se dignó comer con ellos para que viesen que había aparecido de una manera real y no de un modo fantasmal. Por esto sigue: "Y habiendo comido delante de ellos, tomó las sobras y se las dio". Comió para manifestar que podía, y no por necesidad. La tierra sedienta absorbe el agua de un modo distinto a como la absorbe el sol ardiente: La primera por necesidad, el segundo por potencia.

Griego. Pero alguno dirá: Si admitimos que el Señor comió verdaderamente, podemos esperar que comeremos también nosotros después de la resurrección general. Pero lo que hace el Señor en virtud de un poder especial, no constituye una regla o norma de naturaleza. Nuestros cuerpos resucitarán, no mutilados, sino perfectos e incorruptibles, a pesar de que conservó las heridas que en el suyo habían abierto los clavos y la lanza, para demostrarnos que la naturaleza corpórea permanece después de la resurrección y no se transforma en otra sustancia.

Beda. No comió después de su resurrección porque necesitase comer, ni para decirnos que necesitaremos comer después de la resurrección que esperamos, sino para enseñarnos la forma en que resucitará nuestra naturaleza corporal.

Beda. En sentido místico, el pez asado que comió el Salvador representa a Jesucristo que ha padecido, porque El se dignó estar oculto en las aguas de la humanidad, quiso ser cogido en el lazo de nuestra muerte, y ser asado en el fuego de la tribulación durante el tiempo de su pasión, pero nos ofreció el panal de miel en su resurrección. Demostró la doble naturaleza de su única persona en el panal de miel: el panal consta de cera mezclada con miel, y miel mezclada con cera, como la divinidad está en la humanidad.

Teofilacto super obtulerunt ei partem piscis. Parece que este acto de comer representa otro misterio. Cuando comió parte de un pez asado, dio a entender que nuestra naturaleza está nadando en el mar de esta vida, y que el Señor, asándola en el fuego de su divinidad, y secando la humedad que había contraído mientras vivía en lo profundo de los abismos, hizo de ella una comida divina. Y así, por medio de ella preparó a Dios una comida suave, a pesar de que antes era tan detestable, y esto es lo que representa el panal de miel. También significa por medio del pez asado la vida activa, que consume nuestra humedad en las brasas de los trabajos, además por medio del panal de miel significa la contemplación de la dulzura de la palabra divina.

Beda. Después que el Señor fue visto y tocado, y después que comió para que no pareciese que había engañado a alguno de los sentidos humanos, empezó a ocuparse de las Escrituras. Por esto sigue: "Y les dijo: éstas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros", esto es, cuando aún vivía en carne mortal, como vivís vosotros. Entonces había resucitado en la misma carne, pero que ya no estaba en la misma mortalidad, y añade: "Que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés", etc.

San Agustín De conc. evang. lib. 1, cap. 11. Entiendan que desvarían los que dicen que Jesucristo pudo hacer tanto prodigio en virtud del arte mágico, y que en virtud del mismo arte pudo dar a conocer su nombre a los pueblos para que se convirtiesen a El. Y si acaso esto es así, ¿no puede decirse que en virtud de arte mágico cumplió lo que de El habían dicho las profecías, inspiradas por el Espíritu Santo antes que naciese en la tierra? Pero si en virtud de arte mágico consiguió ser adorado estando muerto, habría que decir que había sido mago antes de nacer, ya que para vaticinar su nacimiento había sido designada una nación.

Beda. Después que el Señor se dejó ver y tocar, les recordó lo que decían las Escrituras, y a continuación les abrió el entendimiento para que entendiesen lo que leían. Por esto sigue: "Entonces les abrió el sentido para que entendiesen las Escrituras".

Teofilacto. De otro modo ¿cómo hubiesen podido sus almas turbadas y vacilantes estudiar los misterios de Jesucristo? Pero les enseñó también con palabras; prosigue, pues: "Y les dijo: así está escrito, y así era menester que el Cristo padeciese", esto es, por medio de la cruz.

Beda. Jesucristo hubiese perdido el fruto de su pasión si su resurrección no hubiese sido verdadera. Por ello dice: "Y resucitase de entre los muertos", etc. Después de probar la realidad de su cuerpo, recomienda la unidad de su Iglesia, añadiendo: "Y que se predicase en su nombre penitencia y remisión de los pecados a todas las naciones".

San Eusebio. Se había dicho: "Pídeme y te daré todas las gentes en herencia" ( Sal 2,8). Convenía, por lo tanto, que los convertidos de entre los gentiles fuesen purificados por medio de la virtud divina de todo contagio y mancha, por haber estado contaminados con la malicia de la idolatría del demonio, y como recién convertidos de aquella vida detestable e inmoral. Por lo tanto, dice que primero se debe predicar penitencia, y después conceder el perdón de los pecados a todas las gentes. Concedió, pues, el perdón de sus pecados por medio de su gracia, a todos los que hicieron antes penitencia de sus pecados, y por quienes había sufrido la muerte de la cruz.

Teófil. Cuando dice penitencia y remisión de pecados hace mención también del bautismo, en el que, por la deposición de las culpas pasadas, sigue el perdón de los pecados. Pero ¿cuál es la razón por la que se entenderá que el bautismo se confiere sólo en el nombre de Cristo, cuando en otro lugar dice que debe bautizarse en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo? En primer lugar decimos que no se entiende que el bautismo se administre sólo en el nombre de Cristo, sino que alguien sea bautizado con el bautismo de Cristo, es decir, espiritualmente. No según los judíos, ni como San Juan, que bautizaba invitando sólo a penitencia, sino para participar del Espíritu divino como cuando Jesucristo se bautizó en el Jordán, cuando apareció el Espíritu Santo en forma de paloma. Por lo tanto, entiéndase esto del bautismo administrado en nombre de Cristo (esto es, por la muerte de Jesucristo). Así como el Señor resucitó al tercer día después de muerto, así nosotros somos tres veces sumergidos en las aguas y somos sacados de ellas, recibiendo como prenda de incorruptibilidad la gracia del Espíritu Santo. También esto contiene en sí el nombre de Cristo: el Padre como el que unge, el Espíritu Santo como unción y el Hijo como ungido (esto es, según la naturaleza humana). No era conveniente que siguiese dividido el género humano en judíos y gentiles, por lo tanto, para unirlos a todos en un solo pueblo, mandó que se empezase a predicar desde Jerusalén para culminar en los gentiles. Por ello sigue: "Comenzando desde Jerusalén".

Beda. No sólo porque a los de Jerusalén venía confiada la revelación divina y tenían la gloria de haber sido adoptados como hijos, sino porque como se habían contaminado con algunos de los errores de los gentiles, debían ser los primeros llamados a tener la esperanza de alcanzar la piedad divina, en virtud de la que podían obtener el perdón aun aquéllos mismos que habían crucificado al Hijo de Dios.

Crisóstomo homil. in acta. Además, para que no dijesen algunos, que abandonando a los suyos había ido a manifestarse -y aún con cierta ostentación, a alardearse- a los extraños, ordenó que se diesen a conocer las pruebas de su resurrección primeramente a los mismos que habían matado a Jesús en la ciudad en la que se cometió el temerario atentado; porque si los que habían crucificado al Señor mostraban que creían, se tendría una gran prueba de la resurrección.

San Eusebio. Pero si todo lo que Jesús había predicho ya debía producir efecto, y ya su palabra, viva y eficaz, empezaba a verse por todo el mundo por medio de la fe, era llegado el momento en que no hubiese incrédulos respecto de Aquel que había producido esta fe. Conviene, pues, que lleve una vida muy santa aquél cuyas obras vivas deben estar conformes con sus palabras. Todo esto se cumplió por el ministerio de los apóstoles. Por esto añade: "Y vosotros, testigos sois de estas cosas", etc.. Esto es, de la muerte y de la resurrección del Señor.

Teófil. Por lo tanto, para que no se turbasen pensando: ¿de qué modo nosotros, hombres ignorantes, daremos testimonio de esto a los gentiles y a los judíos que te han crucificado?, añade: "Y yo envío al Prometido de mi Padre", etc. Esto lo había prometido por medio de Joel, diciendo: "Derramaré mi Espíritu sobre toda carne", etc ( Jl 2,28).

Crisóstomo hom. 1 in act. Así como cuando un ejército se dispone a atacar al enemigo, el general no permite salir a nadie hasta que todos estén armados, así Jesús no permite que sus Apóstoles salgan a pelear, hasta que sean armados con la venida del Espíritu Santo. Por esto añade: "Mas vosotros permaneced aquí, en la ciudad, hasta que seáis vestidos de la virtud de lo alto".

Teofilacto. Esto es, de un poder no humano, sino divino. No dijo recibáis, sino seáis revestidos, indicando así toda la protección de la gracia divina.

Beda. Acerca de este poder, es decir, del Espíritu Santo, el ángel dijo también a María: "Y la virtud del Altísimo te cubrirá" ( Lc 1,35). Y el mismo Señor en otro lugar: "Porque he conocido que ha salido de un poder de mí " ( Lc 8,46).

Teofilacto. ¿Por qué no vino el Espíritu Santo cuando Jesús estaba presente, o apenas se marchó? Convenía que lo deseasen, y que recibiesen la gracia para ello. Nos aproximamos a Dios tanto más, cuanto la necesidad más lo exige. Convenía también que nuestra naturaleza se presentase en el cielo y que se realizasen las alianzas, y que después viniera el Espíritu Santo y se celebrasen los eternos gozos. Obsérvese también, con qué fuerza les impuso la necesidad de permanecer en Jerusalén, pues les había ofrecido que allí les concedería el Espíritu Santo. Y para que no volviesen a separarse después de su ascensión, los detuvo con esta expectación, como ligados allí con un vínculo especial. Dice pues: "Hasta que seáis vestidos de la virtud de lo alto". Y no les dijo cuándo, para que estuviesen siempre velando. ¿Por qué te admiras si no nos dice cuál será este día próximo, cuando no quiso que se supiese?

San Gregorio Reg. pastor part. 3, cap. 26. Amonéstese a aquellos a quienes su precipitación les empuja a predicar, cuando sus malas dotes o sus muchos años los excusan de esta obligación. No sea que, mientras ponen sobre sí esta carga, dejen de lograr la enmienda de las costumbres. La Verdad divina, después de haber instruido suficientemente a sus discípulos acerca del valor de la predicación, les mandó que permaneciesen en la ciudad hasta el momento en que fuesen investidos del poder divino. Al preparar de este modo a los que quería que predicasen, ha dado ejemplo a los demás para evitar que predicasen sin preparación. Permanecemos en la ciudad, cuando nos recogemos interiormente para no disiparnos hablando exteriormente, pero cuando somos investidos del poder divino, debemos como salir de nosotros mismos, instruyendo a los demás.

San Ambrosio. Consideremos cómo, según San Juan, recibieron el Espíritu Santo. Aquí, sin embargo, se les manda que permanezcan en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto. Pero ya sea que insufló el Espíritu Santo a aquellos once -como a los más perfectos- y los envía a repartirlo después al resto, o ya sea que allí insufló sobre los mismos lo que aquí prometió, no parece que haya en esto contradicción, habiendo reparticiones de gracias. Luego, allí insufló un tipo de gracia, aquí ofrece otra, pues allí se dio la gracia de perdonar los pecados, lo cual parece más augusto y, por esto, es dado por Cristo para que creas que es el Espíritu de Cristo y que el Espíritu procede de Dios, puesto que sólo Dios perdona los pecados. San Lucas, en cambio, describe el modo como se les infundió el don de lenguas.

Crióstomo. Dijo el Salvador a sus discípulos: "Recibid el Espíritu Santo"( Jn 20,22); para hacerlos así idóneos, como era necesario, les indicó al presente lo que después se proponía concederles.

San Agustín De Trinit. 15, 26. El Señor concedió su Espíritu Santo dos veces después de su resurrección. Una vez, estando aún sobre la tierra, en señal de su amor al prójimo; y otra desde el cielo, como testimonio de amor divino.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena

Ofertorio (Ps. 17, 14; 17, 16)

Intónuit de cœlo Dóminus, et Altíssimus dedit vocem suam: et apparuérunt fontes aquárum, allelúja.

Y tronó el Señor desde lo alto del cielo; y el Altísimo dio una voz como suya, y cayeron al instante piedras y ascuas de fuego. Se hicieron visibles los ocultos manantiales de las aguas y quedaron descubiertos los cimientos de la tierra, al estruendo tuyo, ¡oh Señor!, al resoplido del aliento de tu ira. [Torres Amat]

Secreta

Súscipe, Dómine, fidélium preces cum oblatiónibus hostiárum: ut, per hæc piæ devotiónis offícia, ad cœléstem glóriam transeámus. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Recibid, Señor, las súplicas de los fieles junto con las ofrendas de las víctimas, para que, por estos oficios de piadosa devoción, pasemos a la gloria celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Comunión (Col. 3, 1-2)

Si consurrexístis cum Christo, quæ sursum sunt quǽrite, ubi Christus est in déxtera Dei sedens, allelúja: quæ sursum sunt sápite, allelúja.

Ahora bien, si habéis resucitado con Cristo , buscad las cosas que son de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre; saboreaos en las cosas del cielo, no en las de la tierra. [Torres Amat]

Poscomunión

Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut paschális percéptio sacraménti, contínua in nostris méntibus persevéret. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Concedednos, os rogamos, oh Dios omnipotente, que la recepción del sacramento pascual persevere continuamente en nuestras almas. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

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