domingo, 16 de abril de 2017
Domingo de Pascua de Resurrección
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (1 Cor. 5, 7-8)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corinthios. Fratres: Expurgáte vetus ferméntum, ut sitis nova conspérsio, sicut estis ázymi. Etenim Pascha nostrum immolátus est Christus. Itaque epulémur: non in ferménto véteri, neque in ferménto malítiæ et nequítiæ: sed in ázymis sinceritátis et veritátis.
Echad fuera la levadura añeja, para que seáis una masa enteramente nueva, como que sois panes puros y sin levadura. Porque Jesucristo, que es nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado por nosotros. Por tanto, celebremos la fiesta, o el convite pascual, no con levadura añeja, ni con levadura de malicia y de corrupción, sino con los panes ázimos de la sinceridad y de la verdad. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 15 sobre 1 Corintios — San Juan Crisóstomo
«Purificad la vieja levadura», esto es, a este malvado. Y no habla solamente de éste, sino que alude también a otros junto con él; porque la vieja levadura no es sólo la fornicación, sino toda suerte de pecado. Y no dijo «limpiad», sin más, sino «expurgad»: limpiad con esmero, de modo que no quede ni resto ni sombra de tal cosa. Al decir, pues, «expurgad», da a entender que aún había iniquidad entre ellos; mas al decir «para que seáis una masa nueva, así como sois ázimos», afirma y declara que no en muchos prevalecía la maldad. Sin embargo, aunque diga «así como sois ázimos», no lo dice como si de hecho todos estuvieran limpios, sino según lo que debíais ser.
«Porque también nuestra Pascua, Cristo, ha sido inmolada; celebremos, pues, la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con los ázimos de sinceridad y de verdad». Así también Cristo llamó levadura a su doctrina. Y además él mismo se detiene en la metáfora, trayéndoles a la memoria una antigua historia, y la Pascua y los ázimos, y los beneficios de entonces y de ahora, y sus castigos y sus plagas.
Es, por tanto, día de fiesta todo el tiempo en que vivimos. Porque, aunque dijo «celebremos la fiesta», no lo dijo con miras a la Pascua o a Pentecostés presentes, sino para señalar que todo el tiempo es fiesta para los cristianos, por la excelencia de los bienes que nos han sido dados. Pues ¿qué bien no ha sucedido? El Hijo de Dios se hizo hombre por vosotros; os libró de la muerte, y os llamó a un reino. Vosotros, pues, que tales cosas habéis alcanzado y aún seguís alcanzando, ¿cómo no habrá de ser vuestro deber celebrar la fiesta durante toda la vida? Que nadie, por tanto, se abata por la pobreza, la enfermedad o las asechanzas de los enemigos; porque es fiesta todo nuestro tiempo. Por lo cual dice Pablo: «Alegraos en el Señor siempre; de nuevo os digo: alegraos». En los días de fiesta nadie se viste con ropas sucias; no lo hagamos, pues, tampoco nosotros. Porque se han celebrado unas bodas, unas bodas espirituales. Pues «el reino de los cielos —dice— es semejante a un rey que quiso celebrar las bodas de su hijo». Ahora bien, donde es un rey quien celebra unas bodas, y bodas para su hijo, ¿qué puede haber mayor que esta fiesta? Que nadie, pues, entre vestido de andrajos. No hablamos de vestidos, sino de acciones impuras. Porque si allí donde todos llevaban vestiduras resplandecientes, uno solo, hallado en las bodas con vestidos sucios, fue arrojado con deshonra, considerad cuánto rigor y pureza exige la entrada en aquellas bodas.
Mas no sólo por esto les recuerda los ázimos, sino también para mostrar la afinidad del Antiguo Testamento con el Nuevo, y para señalar que, después de los ázimos, era imposible volver a entrar en Egipto; y que, si alguno eligiera regresar, padecería lo mismo que ellos padecieron. Porque aquellas cosas eran sombra de éstas, por más obstinado que sea el judío. Por lo cual, si le preguntáis, no dirá nada grande —o más bien grande será lo que diga, pero nada semejante a lo que nosotros decimos—, porque no conoce la verdad. Pues él, por su parte, dirá que los egipcios que nos retenían fueron de tal modo mudados por el Todopoderoso, que ellos mismos nos urgían y nos expulsaban, ellos que antes nos retenían por fuerza, y no nos permitieron ni siquiera fermentar nuestra masa. Pero si alguno me pregunta a mí, no oirá hablar de Egipto ni de Faraón, sino de nuestra liberación del engaño de los demonios y de las tinieblas del diablo; no de Moisés, sino del Hijo de Dios; no de un Mar Rojo, sino de un Bautismo desbordante de innumerables bienes, donde el hombre viejo es ahogado.
Además, si preguntáis al judío por qué expulsa toda levadura de todos sus términos, aquí callará y ni siquiera aducirá razón alguna. Y esto porque, aunque algunas de aquellas circunstancias eran a la vez figuras de las cosas venideras y debidas a lo que entonces sucedía, otras no lo eran, para que los judíos no obraran con engaño ni permanecieran en la sombra. Porque, decidme, ¿qué significa que el Cordero fuese macho, sin mancha y de un año, y aquello de que «no se le quebrará hueso»? ¿Y qué significa el mandato de convocar también a los vecinos, y que se comiese de pie y al atardecer, o el guarnecer la casa con sangre? Nada más sabrá decir sino, una y otra vez, todo acerca de Egipto. Pero yo puedo deciros el significado tanto de la Sangre, como del Atardecer, y del comer todos juntos, y de la regla de que todos estuviesen de pie.
Mas expliquemos primero por qué se arroja la levadura de todos sus términos. ¿Cuál es, pues, el sentido oculto? Que el creyente ha de quedar libre de toda iniquidad. Porque, así como entre ellos perece aquel en cuyo poder se halla la vieja levadura, así también entre nosotros aquel en quien se halla la iniquidad; pues siendo tan grande el castigo en lo que es sombra, en nuestro caso no puede menos de ser mucho mayor. Que si ellos con tanto cuidado limpian sus casas de levadura, y escudriñan hasta los agujeros de los ratones, mucho más debemos nosotros registrar el alma, para arrojar de ella todo pensamiento impuro.
Esto, con todo, lo hacían ellos en otro tiempo; pero ya no. Porque doquiera se halla un judío, hay levadura; pues en medio de las ciudades se celebra la fiesta de los ázimos, cosa que ahora es más juego que ley. Porque, venida la Verdad, ya no tienen lugar las figuras.
De modo que también por medio de este ejemplo arroja con fuerza al fornicario fuera de la Iglesia. Porque, dice, lejos de aprovechar su presencia, hasta hace daño, dañando el común estado del cuerpo. Pues no se sabe de dónde procede el mal olor mientras está oculta la parte corrompida, y así se imputa al todo. Por lo cual les insta con vehemencia a que expurguen la levadura, «para que seáis —dice— una masa nueva, así como sois ázimos».
«Porque también nuestra Pascua, Cristo, ha sido inmolada». No dijo «ha muerto», sino, más a propósito del asunto de que trata, «ha sido inmolada». No busquéis, pues, ázimos de esta clase, ya que tampoco tenéis un cordero de tal clase. No busquéis levadura de esta especie, puesto que vuestros ázimos no son como éstos.
Mas ¿por qué la llama «vieja»? O porque nuestra vida anterior era de esta condición, o porque lo que es viejo está a punto de desvanecerse, y es desabrido e inmundo, cual es la naturaleza del pecado. Pues ni sin más reprende lo viejo, ni sin más alaba lo nuevo, sino con relación a la materia de que se trata. Y así en otro lugar dice: «El vino nuevo es como un amigo nuevo; mas si envejeciere, con gusto lo beberás», otorgando en el caso de la amistad su alabanza antes a lo viejo que a lo nuevo. Y de nuevo: «El Anciano de días se sentó», tomando aquí el término «anciano» entre aquellas expresiones laudatorias que confieren suma gloria. En otros lugares toma la Escritura el término «viejo» en sentido de reproche; porque, siendo las cosas de vario aspecto por constar de muchas partes, usa las mismas palabras ya en buen sentido, ya en malo, no según un mismo matiz. De lo cual podéis ver un ejemplo en el reproche que en otra parte se hace a lo viejo: «Envejecieron, y claudicaron de sus sendas». Y otra vez: «He envejecido en medio de todos mis enemigos». Y aún: «¡Oh tú, que has envejecido en días malos!». Así también la levadura muchas veces se toma por el reino de los cielos, aunque aquí se la reprende; mas allí se emplea bajo un aspecto, y aquí bajo otro.
Homilía 15 sobre 1 Corintios, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Marc. 16, 1-7)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum. In illo témpore: María Magdaléne et María Jacóbi et Salóme emérunt arómata, ut veniéntes úngerent Jesum. Et valde mane una sabbatórum, véniunt ad monuméntum, orto jam sole. Et dicébant ad ínvicem: Quis revólvet nobis lápidem ab óstio monuménti? Et respiciéntes vidérunt revolútum lápidem. Erat quippe magnus valde. Et introëúntes in monuméntum vidérunt júvenem sedéntem in dextris, coopértum stola cándida, et obstupuérunt. Qui dicit illis: Nolíte expavéscere: Jesum quǽritis Nazarénum, crucifíxum: surréxit, non est hic, ecce locus, ubi posuérunt eum. Sed ite, dícite discípulis ejus et Petro, quia præcédit vos in Galilǽam: ibi eum vidébitis, sicut dixit vobis.
Y pasada la fiesta del sábado, María Magdalena, y María madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús . Y partiendo muy de madrugada el domingo o primer día de la semana, llegaron al sepulcro, salido ya el sol. Y se decían una a otra: ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro? La cual realmente era muy grande, mas echando la vista, repararon que la piedra estaba apartada. Y entrando en el sepulcro se hallaron con un joven sentado al lado derecho, vestido de un blanco ropaje, y se quedaron pasmadas. Pero él les dijo: No tenéis que asustaros; vosotros venís a buscar a Jesús Nazareno, que fue crucificado; ya resucitó, no está aquí: Mirad el lugar donde le pusieron. Pero id, y decid a sus discípulos, y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea, donde le veréis, según que os tiene dicho. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Marcos 16, 1-7 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Pseudo - Jerónimo. Después de la tristeza del sábado brilla un día feliz, el primero entre todos, iluminado con la primera de las luces, pues en él se realiza el triunfo de la resurrección del Señor. "Y pasada, dice, la fiesta del sábado, María Magdalena", etc.
Glosa. Sepultado el Señor, se ocuparon religiosamente las mujeres todo el tiempo que pudieron, es decir, hasta la puesta del sol, en preparar aromas, como dice San Lucas. Pero como no pudieron concluir en tan corto tiempo, pasado el sábado, esto es, al ponerse el sol y pudiendo ya trabajar, se apresuraron a comprar aromas, según refiere San Marcos, para ir por la mañana a ungir el cuerpo del Señor. No querían ir al monumento el mismo sábado porque se hacia ya de noche. "Y partiendo muy de madrugada el domingo", etc.
Severiano. Aquí las mujeres obran con la devoción propia de ellas, llevando los aromas al sepulcro, no por su fe en Cristo vivo, sino para embalsamar su cuerpo, al que, muerto, obsequian con su tristeza, y no con la alegría de los triunfos divinos del que va a resucitar.
Teofilacto. Porque ellas no conocen la grandeza y dignidad de la Divinidad de Cristo. Fueron, conforme a la costumbre de los judíos, a ungir el cuerpo de Jesús, para embalsamarle y preservarle de la humedad, porque los aromas tienen propiedades desecativas, y conservan incorrupto el cuerpo absorbiendo sus humores.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 21. Por lo que a nosotros toca, cuando buscamos al Señor llenos del olor de las virtudes con las buenas obras, vamos también con aromas a su sepulcro."Y partiendo muy de madrugada el domingo", etc.
San Agustín, De consensu Evangelistarum 3, 24. San Lucas (24,1) dice que estas mujeres fueron muy de mañana, y San Juan (20,1) que fueron al amanecer, cuando todavía estaba oscuro. Con ambas versiones se ajusta la de San Marcos, que dice fue muy de mañana, salido ya el sol, esto es, cuando empieza a clarear el cielo por oriente, que es cuando se aproxima la salida del sol, porque es su luz la que produce lo que llamamos aurora. Así es que no es otro el sentido de las palabras ( Jn 20,1) cuando estaba aún oscuro, porque, al salir el sol, hay todavía un resto de tinieblas, que disminuye gradualmene a medida que avanza el sol, y porque el muy de mañana, salido ya el sol, de San Marcos, no quiere decir que se viera ya el sol sobre el horizonte, sino que estaba cerca de él, y empezaba por tanto su luz naciente a iluminar el cielo.
Pseudo - Jerónimo. San Marcos llama muy de mañana al momento que otro Evangelista ( Lc 24,1) llama amanecer. El amanecer es el instante que media entre las tinieblas de la noche y la claridad del día, en cuyo instante vino la salvación del género humano, y se anunció su dichosa proximidad en la Iglesia. Así como el sol hace preceder su luz naciente de una rosada aurora, así el Señor prepara nuestros ojos para que puedan ver la gracia de su notable esplendor, cuando brille la luz de su resurrección. La Iglesia toda, a semejanza de aquellas mujeres, cantará entonces las alabanzas de Cristo, cuando la primicia de su resurrección anime al género humano, le dé vida, y le ilumine con la luz de la fe.
Beda, in Marcum 4, 45. Así como estas mujeres, que van al amanecer al sepulcro, según la historia, muestran una ferviente caridad; así en sentido místico, nos dan un ejemplo para que, iluminada la faz y despejadas las tinieblas de los vicios, veamos el modo de ofrecer al Señor el aroma de las buenas obras y la suavidad de las oraciones.
Teofilacto. Dice el primer día de los sábados, o de la semana, porque a toda la semana se le llamaba sábado, y al primer día se le llamaba el primer día del sábado.
Beda, in Marcum 4, 45. O bien, el primer día de los sábados era el primero contando desde el descanso, que se observaba el sábado."Y se decían una a otra: ¿Quién nos quitará la piedra?", etc.
Severiano. Se han cerrado vuestros corazones y vuestros ojos, y no podéis ver la gloria del sepulcro abierto. "Mas echando la vista, repararon que la piedra estaba apartada".
Beda, in Marcum 4, 45. San Mateo refiere minuciosamente cómo fue separada la piedra por el Angel. En sentido místico, la separación de la piedra significa la aclaración de los misterios de Cristo, que se mantenían velados por la letra de la ley, y la ley estaba escrita en la piedra. "La cual realmente era muy grande".
Severiano. Y más grande por su mérito que por su volumen, puesto que fue suficiente para encerrar y ocultar el cuerpo del Creador del mundo.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 21. Las mujeres que fueron con los aromas ven a los ángeles, porque aquellos que en santos deseos van con sus virtudes al Señor, son los que ven a los seres de arriba. "Y entrando en el sepulcro, se hallaron con un joven sentado", etc.
Teofilacto. No es de admirar que San Mateo diga que el ángel estaba sentado sobre la piedra, mientras que San Marcos dice que las mujeres que entraron en el sepulcro vieron sentado allí al joven, porque vieron sentado antes en la piedra al mismo que vieron también después dentro del sepulcro.
San Agustín, De consensu evangelistarum 3, 24. Podemos entender que San Mateo guardó silencio sobre el ángel que vieron una vez que entraron, y San Marcos sobre el que vieron fuera sentado en la piedra.Vieron, por tanto, a los dos, y oyeron a uno y otro separadamente lo que dijeron de Jesús. También podemos suponer que las mujeres entraron en un recinto del sepulcro cercado entonces de tapias, que estaba delante de la peña en que fue abierto el sepulcro; de modo que vieron sentado en aquel espacio a la derecha al ángel que, según San Mateo, se hallaba sentado en la piedra.
Teofilacto. Algunos suponen que las mujeres de las que habla San Mateo, no eran las mismas que cita San Marcos; pero, sea como fuere, siempre entre ellas aparece María Magdalena, llena de ardiente afecto y de ferviente diligencia.
Severiano. Entraron, pues, las mujeres en el sepulcro, a fin de resucitar con Cristo, sepultándose antes con El. Y es un joven al que ven, porque consideran la edad de nuestra resurrección, no admitiendo edad el estado del que resucita. Donde el hombre no debe nacer ni morir no admite cambio la edad, ni necesita incremento. Por tanto, pues, vieron aquellas mujeres, no a un viejo ni a un niño, sino a un joven, que es la edad en flor.
Beda, in Marcum 4, 45. Vieron sentado al joven a la derecha, esto es, a la parte sur del sepulcro; pues yaciendo boca arriba el cuerpo, tenía la cabeza a occidente, y por consecuencia, su derecha al sur.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 21. ¿Qué significa la izquierda, sino la vida presente; qué la derecha, sino la vida eterna? Y como el Redentor había pasado ya de esta vida corruptible, el ángel, que había venido a anunciar su vida eterna, se sentaba con razón a la derecha.
Severiano. Ven al joven sentado a la derecha, porque en la resurrección no hay nada de la izquierda, y estaba cubierto con túnica blanca, que no era un tejido de vellón de lana, sino toda de fuerza vital, de esplendente de luz celestial, no de color terreno. Por lo que dice el Profeta: "Cubierto estás de luz como de un ropaje" ( Sal 103,2); y hablando de los justos: "Entonces los justos resplandecerán como el sol" ( Mt 13,43).
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 21. O apareció cubierto de una túnica blanca, porque nos anunciaba las alegrías de nuestra festividad, y porque la blancura de su vestido anunciaba el esplendor de nuestra solemnidad.
Pseudo - Jerónimo. Este vestido blanco es también la verdadera alegría, una vez expulsado el enemigo y conquistado el reino, y buscado y encontrado el rey de la paz para no volver a perderle. Este joven, pues, manifiesta la forma de la resurrección a los que temen la muerte, y si quedaron pasmadas, fue porque no vio el ojo, ni oyó el oído, ni subió al corazón del hombre lo que tiene Dios preparado a los que le aman ( Is 64,4; 1Cor 2,9)."Pero él les dijo", etc.
San Gregorio, homiliae in Evangelia, 21. Como si dijera: Que teman los que no aman la venida de los habitantes del cielo, y tiemblen los que, presos en las redes de sus carnales deseos, desesperan de poder llegar a su compañía. Pero en cuanto a vosotras ¿por qué ha de haceros temblar la vista de vuestros conciudadanos?
Pseudo - Jerónimo. No hay temor en la caridad ( Jn 1,4) ¿Por qué habían de pasmarse las que encontraban lo que buscaban?
San Gregorio, homiliae in Evangelia, 21. Pero oigamos al ángel: Vosotras venís a buscar a Jesús Nazareno. Jesús significa saludable, esto es, Salvador. Pero como muchos podían llamarse Jesús, no sustancial, sino nominalmente, le junta el nombre patronímico nazareno, para indicar de qué Jesús se trata. Añade la razón de que le busquen diciendo que fue crucificado.
Teofilacto. No nos avergoncemos, pues, de la cruz; que en ella está la salvación del hombre y el principio de la bienaventuranza.
Pseudo - Jerónimo. Ha desaparecido, pues, la raíz amarga de la cruz: la flor de la vida brotó con el fruto, es decir, el que yacía en la muerte se ha levantado glorioso. "Ya resucitó; no está aquí".
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 21. No está aquí, dice, en cuanto a su presencia corporal, porque en cuanto a su majestad divina nunca falta en ninguna parte.
Teofilacto. Es como si dijera: ¿Queréis cercioraros de su resurrección? "Mirad, dice, el lugar donde le pusieron". Y para mostrar que estaba vacío el sepulcro había dado vuelta a la piedra.
Pseudo - Jerónimo. Se manifiesta la inmortalidad a los mortales para que rindan la debida acción de gracias y para que conozcamos lo que hemos sido y sepamos lo que hemos de ser."Pero id, y decid a sus discípulos", etc. Es a las mujeres a las que dice que se lo anuncien a los Apóstoles, porque por la mujer fue por quien se anunció la muerte, y la mujer debe anunciar la vida. "Y especialmente a Pedro", añade, porque por haber negado tres veces a su Maestro se juzgaba el más indigno de ser Apóstol, pero no dañan los pecados pasados cuando no agradan.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 21. Si no le hubiera nombrado especialmente el ángel, no se hubiese atrevido a volver entre sus discípulos por haber negado a su Maestro, y nombrándole así, le libra de la desesperación en que había de caer por su negación.
San Agustín, de consensu evangelistarum, 3,25. Las palabras "que El irá delante de vosotros a Galilea", dan a entender que no había de presentarse Jesús a sus discípulos después de la resurrección, sino en Galilea. San Marcos no hace mención de esta aparición. Primero dice que muy de madrugada el primer día del sábado se apareció a María Magdalena, y después a otros dos discípulos que iban al campo, lo que sucedió en Jerusalén el mismo día de la resurrección. Después refiere la última aparición, que sabemos tuvo lugar en el monte de los Olivos, no lejos de Jerusalén. San Marcos, pues, no habla nunca de la realización de la promesa que refiere del ángel. Por el contrario, San Mateo no refiere ninguna otra aparición del Señor a sus discípulos después de la resurrección, sino la ocurrida en Galilea, según la predicción del ángel. Pero como no dijo cuándo había de ocurrir, ni expresa tampoco San Mateo el día ni el orden de los hechos cuando dice que los discípulos fueron a un monte en Galilea, lejos de perjudicar su relato al de los otros Evangelistas, da lugar a que sean entendidos y aprobados. Pero todo fiel debe indagar el misterio que se encierra en la seguridad que da el Señor de que no se presentará a sus discípulos en ninguna parte antes que en Galilea, en donde le vieron luego.
San Gregorio, homiliae in Evangelia, 21. La palabra Galilea significa migración: y verdaderamente que nuestro Redentor pasó de la pasión a la resurrección, de la muerte a la vida. Nosotros llenos de júbilo contemplaremos después la gloria de su resurrección, si pasamos ahora de los vicios a la altura de las virtudes. El que se anuncia, pues, en el sepulcro, se manifiesta en la transformación, porque es en la transformación de la mente en donde se reconoce al que se ha reconocido en la mortificación de la carne.
Pseudo Jerónimo. Palabra insignificante por sus sílabas, pero muy importante por la promesa que anuncia: allí está el manantial de nuestra alegría y el origen de la salvación eterna; allí se congregarán los dispersos y sanarán los de corazón contrito ( Sal 146). Allí le veréis, dice el ángel, pero no como le visteis.
San Agustín, de consensu evangelistarum, 3,24. Se significa también que la gracia de Cristo había de pasar del pueblo de Israel a los gentiles, los cuales no hubieran podido de ningún modo recibir la predicación de los Apóstoles, si antes el Señor no les hubiese abierto camino preparando los corazones. "Que El irá delante de vosotros a Galilea, donde le veréis", esto es, donde encontraréis sus miembros."Ellas, saliendo del sepulcro, echaron a huir como sobrecogidas que estaban de temor y espanto".
Teofilacto. Esto es, el estupor que les causaba la vista del ángel y la resurrección.
Severiano. El ángel está sentado en el sepulcro, del cual huyen las mujeres. El confía en su sustancia celestial, y ellas temen por su condición terrena: pues no sabe temer al sepulcro quien no puede morir. Pero estas mujeres tiemblan por lo que ven, y como mortales, sienten el frío de la muerte al aspecto de esta tumba.
Pseudo Jerónimo. Se refiere esto también a la vida futura, de la que huirán el dolor y el gemido. Huyendo de la muerte y del pavor, nos ofrecen las mujeres, antes de la resurrección, una idea de lo que hacen después de ella."Y a nadie dijeron nada: tal era su pasmo".
Teofilacto. Sea a causa de los judíos, sea por el temor que les produjo aquella visión, no decían nada de lo que habían oído.
San Agustín. de consensu evangelistarum, 3,24. Acaso se pregunte cómo dice esto San Marcos, siendo así que dice San Mateo "que salieron del sepulcro con temor y grande alegría para anunciarlo a los discípulos" ( Mt 28,8). Tal vez, sin embargo, consiste en que no se atrevieron ellas a decir a nadie lo que habían oído a los ángeles, ni aún a los guardias que estaban echados allí. Porque la alegría que dice San Mateo, no se opone al temor del que habla San Marcos, y deberíamos entender que ambos sentimientos dominaron en el ánimo de las mujeres, aunque no hablara San Mateo del temor. Mas como dice él mismo que salieron del sepulcro con temor y grande alegría, no hay lugar a cuestionar este asunto.
Severiano. Es significativo también que las mujeres no dijeran nada a nadie, puesto que las mujeres deben oír y no hablar, aprender y no enseñar.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena