jueves, 23 de julio de 2026 San Apolinar, Obispo y Mártir

domingo, 26 de marzo de 2017

IV (Laetare) Domingo de Cuaresma

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (Gal. 4, 22-31)

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Gálatas Fratres: Scriptum est: Quóniam Abraham duos fílios hábuit: unum de ancílla, et unum de líbera. Sed qui de ancílla, secúndum carnem natus est: qui autem de líbera, per repromissiónem: quæ sunt per allegoríam dicta. Hæc enim sunt duo testaménta. Unum quidem in monte Sina, in servitútem génerans: quæ est Agar: Sina enim mons est in Arábia, qui conjúnctus est ei, quæ nunc est Jerúsalem, et servit cum fíliis suis. Illa autem, quæ sursum est Jerúsalem, líbera est, quæ est mater nostra. Scriptum est enim: Lætáre, stérilis, quæ non paris: erúmpe, et clama, quæ non párturis: quia multi fílii desértæ, magis quam ejus, quæ habet virum. Nos autem, fratres, secúndum Isaac promissiónis fílii sumus. Sed quómodo tunc is, qui secúndum carnem natus fúerat, persequebátur eum, qui secúndum spíritum: ita et nunc. Sed quid dicit Scriptúra? Ejice ancíllam et fílium ejus: non enim heres erit fílius ancíllæ cum fílio líberæ. Itaque, fratres, non sumus ancíllæ fílii, sed líberæ: qua libertáte Christus nos liberávit.

Porque escrito está que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava Agar, y otro de la libre, que era Sara. Mas el de la esclava nació según la carne, o naturalmente; al contrario, el hijo de la libre nació milagrosamente y en virtud de la promesa. Todo lo cual fue dicho por alegoría, porque estas dos madres son las dos leyes o testamentos. La una dada en el monte Sinaí , que engendra esclavos, la cual es simbolizada en Agar; porque el Sinaí es un monte de la Arabia que corresponde a la Jerusalén de aquí abajo, la cual es esclava con sus hijos. Mas aquella Jerusalén de arriba, figurada en Sara, es libre, la cual es madre de todos nosotros. Porque escrito está: Alégrate estéril, que no pares, prorrumpe en gritos de júbilo, tú que no eres fecunda; porque son muchos más los hijos de la que ya estaba abandonada por estéril, que los de la que tiene marido. Nosotros, pues, hermanos, somos los hijos de la promesa, figurados en Isaac. Mas así como entonces el que había nacido según la carne perseguía al nacido según el espíritu, así sucede también ahora. Pero ¿qué dice la Escritura?: Echa fuera a la esclava y a su hijo; que no ha de ser heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre. Según esto, hermanos, nosotros no somos hijos de la esclava, sino de la libre; y Cristo es el que nos ha adquirido esta libertad. [Torres Amat]

Comentario de la epístola — en preparación (notas de la Biblia de Scío).

Evangelio (Joann. 6, 1-15)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem In illo témpore: Abiit Jesus trans mare Galilǽæ, quod est Tiberíadis: et sequebátur eum multitúdo magna, quia vidébant signa, quæ faciébat super his, qui infirmabántur. Súbiit ergo in montem Jesus: et ibi sedébat cum discípulis suis. Erat autem próximum Pascha, dies festus Judæórum. Cum sublevásset ergo óculos Jesus et vidísset, quia multitúdo máxima venit ad eum, dixit ad Philíppum: Unde emémus panes, ut mandúcent hi? Hoc autem dicébat tentans eum: ipse enim sciébat, quid esset factúrus. Respóndit ei Philíppus: Ducentórum denariórum panes non suffíciunt eis, ut unusquísque módicum quid accípiat. Dicit ei unus ex discípulis ejus, Andréas, frater Simónis Petri: Est puer unus hic, qui habet quinque panes hordeáceos et duos pisces: sed hæc quid sunt inter tantos? Dixit ergo Jesus: Fácite hómines discúmbere. Erat autem fænum multum in loco. Discubuérunt ergo viri, número quasi quinque míllia. Accépit ergo Jesus panes, et cum grátias egísset, distríbuit discumbéntibus: simíliter et ex píscibus, quantum volébant. Ut autem impléti sunt, dixit discípulis suis: Collígite quæ superavérunt fragménta, ne péreant. Collegérunt ergo, et implevérunt duódecim cóphinos fragmentórum ex quinque pánibus hordeáceis, quæ superfuérunt his, qui manducáverant. Illi ergo hómines cum vidíssent, quod Jesus fécerat signum, dicébant: Quia hic est vere Prophéta, qui ventúrus est in mundum. Jesus ergo cum cognovísset, quia ventúri essent, ut ráperent eum et fácerent eum regem, fugit íterum in montem ipse solus.

Después de esto pasó Jesús al otro lado del mar de Galilea, que es el lago de Tiberíades. Y como le siguiese una gran muchedumbre porque veían los milagros que hacía con los enfermos, subió a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba ya la Pascua , que es la gran fiesta de los judíos. Habiendo, pues, Jesús levantado los ojos, y viendo venir hacia sí un grandísimo gentío, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos panes para dar de comer a toda la gente? Mas esto lo decía para probarle, pues bien sabía él mismo lo que había de hacer. Le respondió Felipe: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno de ellos tome un bocado. Le dijo uno de sus díscipulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos peces : mas ¿qué es esto para tanta gente? Pero Jesús dijo: Haced sentar a esas gentes. El sitio estaba cubierto de hierba. Se sentaron, pues, cerca de cinco mil hombres. Jesús entonces tomó los panes; y después de haber dado gracias a su eterno Padre, los repartió por medio de sus discípulos entre los que estaban sentados, y lo mismo hizo con los peces , dando a todos cuanto querían. Después que quedaron saciados, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que han sobrado para que no se pierdan. Lo hicieron así, y llenaron doce cestos de los pedazos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, después que todos hubieron comido. Visto el milagro que Jesús había hecho, decían aquellos hombres: Este sin duda es el gran profeta que ha de venir al mundo. Por lo cual, conociendo Jesús que habían de venir para llevárselo por fuerza, y levantarle por rey, huyó él solo otra vez al monte. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Juan 6, 1-15 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

Crisóstomo in Ioannem hom. 41. Así como las flechas cuando caen sobre algún cuerpo duro rebotan con gran fuerza e ímpetu, y cuando no tienen algo que les estorbe van a parar en seguida al sitio donde se las envía y allí descansan, así, cuando disputamos con hombres atrevidos y con algún calor, se enfurecen más; pero si concedemos lo que ellos dicen, fácilmente calmamos su rabia. Por este medio Jesucristo consiguió, retirándose, calmar el furor que se levantaba contra El por las palabras que precedían y se marchó a Galilea y no a aquellos mismos sitios de donde había subido a Jerusalén. Por esto no se marchó a Caná de Galilea, sino que se pasó a la otra orilla del mar. Por esto dice el evangelista: "Después de esto, pasó Jesús a la otra parte del mar de Galilea, que es de Tiberíades".

Alcuino. Este mar tiene diferentes nombres, según los diferentes sitios por donde se extiende, pero en cuanto a su situación presente, se llama mar de Galilea por la provincia y Tiberíades por la ciudad 1. Se dice mar, no porque el agua sea salada, sino según a la costumbre hebrea, que denomina mares a todas las grandes reuniones de agua. Este mar lo pasó repetidas veces el Señor para esparcir la palabra de su doctrina entre todos los pueblos que habitan junto a él.

Teofilacto. Pasa de pueblo en pueblo con el fin de probar la voluntad de los hombres y con el de volverles más ávidos y solícitos en la fe. De aquí es que sigue: "Y le seguía una gran multitud, porque veían los milagros que hacía en todos los que estaban enfermos".

Alcuino. A saber, volvía la vista a los ciegos y hacía otras cosas por el estilo. Y ha de tenerse en cuenta que a todos los que sanaba del cuerpo los regeneraba en el espíritu.

Crisóstomo in Ioannem hom. 40. Gozando de tan alta doctrina, sólo se fijaban en los hechos extraordinarios, porque sus entendimientos estaban oscurecidos, pues los hechos extraordinarios, como dice San Pablo 2 ( 1Cor 14,22), no fueron dados a los fieles, sino a los infieles. Eran, pues, más sabios aquellos que, según San Mateo ( Mt 7,28-29), quedaban estupefactos ante la grandeza de su doctrina. Pero ¿por qué no dice: "cuando lo veían ejecutar maravillosos milagros"? Porque este evangelista puso su mayor esmero en prestar atención a las predicaciones del Señor, llenando con ellas la mayor parte de su libro. Sigue: "Ascendió, pues, al monte, Jesús, y allí estaba sentado con sus discípulos". Subió al monte a causa del milagro que pensaba realizar, pero hizo subir consigo a los discípulos, en lo cual iba envuelta una reprensión a la muchedumbre que no lo seguía. Subió también al monte para enseñarnos a hacer silencio en el interior, huyendo de los tumultos y de la agitación de las cosas mundanas. Porque la soledad es muy a propósito para la contemplación (o para el conocimiento de las cosas sublimes y la meditación de las cosas divinas). Prosigue: "Y estaba cerca la Pascua, día de la fiesta de los judíos". Véase cómo, tratando de un año entero, no nos refiere el evangelista más que dos milagros de Jesucristo: la curación del paralítico y la del hijo del funcionario real. Y no se ocupó de hablar de todos, porque eligió de entre ellos, aunque pocos, los más grandes. ¿Y por qué no subió en el día de la fiesta? Derogaba poco a poco la Ley, tomando ocasión para ello de la malicia de los judíos.

Teofilacto. Y como los judíos lo perseguían, tomó ocasión para retirarse, por no cumplir con la Ley, dejando adivinar a los que la observaban que cuando venía la realidad debía cesar toda figura y que no estaba sujeto a las leyes hasta el punto de tener que acudir a las fiestas legales. Y ve que esto no era una fiesta de Jesucristo, sino de los judíos.

Beda in Marc cap. 6. Si alguno examina detenidamente las palabras del evangelista conocerá con facilidad que sólo medió un año entre la degollación del Bautista y la pasión del Señor, siendo así que dice San Mateo que el Señor cuando supo la muerte de San Juan, se retiró a un lugar desierto y allí dio de comer a las multitudes. Y San Juan dice que estaba próxima la Pascua de los judíos cuando dio de comer a las multitudes, por lo cual se demuestra sin género de duda que San Juan fue degollado cerca de la Pascua. Habiendo transcurrido el lapso de un solo año, fue cuando Jesucristo sufrió la pasión en la misma festividad.

Teofilacto. Prosigue: "Y habiendo alzado Jesús los ojos", para que conozcamos que no levantaba sus ojos para mirar a cualquier parte, sino que estaba sentado decorosa y atentamente con sus discípulos.

Crisóstomo in Ioannem hom. 41. Y no estaba simplemente sentado con sus discípulos, sino que les hablaba alguna cosa con cuidado y los atraía hacia sí. Después, mirando a lo lejos, vio una multitud que se acercaba. ¿Con qué fin pregunta a Felipe? El sabía en verdad que aquella reunión de discípulos necesitaba de más amplios conocimientos, como sucedía con Felipe, que dijo después: "danos a conocer al Padre, y con esto tenemos bastante", por cuya razón lo instruye antes del suceso, porque si el milagro se hubiera verificado sencillamente, no hubiese brillado tanto. Y así ahora, antes del acontecimiento, lo obliga a confesar la carencia de pan, para que conozca mejor la magnitud del milagro. Por esto sigue: "Esto decía por probarle".

Crisóstomo in Ioannem hom. 41. Hay una tentación que nos lleva hasta el pecado, pero ésta no es con la que Dios tienta, porque en cuanto a ésta se dice en la carta de Santiago ( Stgo 1) que Dios no tienta para lo malo y hay otra tentación que es para probar la fe, según lo que dice en el Deuteronomio ( Dt 13): "El Señor, vuestro Dios, os tienta". Y así debe comprenderse lo que Jesucristo preguntaba en el Evangelio tentando a aquel discípulo.

Crisóstomo in Ioannem hom. 41. No porque ignoraba lo que aquél debía contestarle, sino que esto lo dijo utilizando una manera común de expresarse. Cuando se dice "el que sondea los corazones de los hombres" ( 1Cró 28) se manifiesta que los sondea no por ignorancia, sino con perfecto conocimiento. Así, cuando aquí dice que lo tentó, no dice otra cosa más que lo que ya sabía ciertamente. Pero debemos decir que deseaba hacerlo testigo calificado por medio de esta pregunta, proponiéndose llevarlo al mejor conocimiento de aquel milagro. Por esto el evangelista, para que no sufriese detrimento tu comprensión a causa de poca energía en la frase, añadió: "Porque El sabía lo que había de hacer".

Crisóstomo in Ioannem hom. 41. Pregunta, por lo tanto, no para enseñarle lo que ignora, sino para manifestar a su discípulo -hasta el momento ignorante- su tardanza para creer, la cual él no podía apreciar por sí mismo.

Crisóstomo in Ioannem hom. 41. O bien para manifestar a los otros esto mismo, como conocedor que era de su corazón.

San Agustín De cons. evang. 2, 46. Mas si el Señor, según lo que refiere San Juan, preguntó a Felipe de dónde podría darles de comer, a fin de probarlo cuando vio las multitudes, este hecho puede inducirnos a creer lo que cuentan otros: que los discípulos dijeron primero al Señor que despidiese a las multitudes, a los cuales respondió, según dice San Mateo ( Mt 14,16): "No tienen necesidad de irse; dadle vosotros de comer". Se comprende, por lo tanto, que después de estas palabras fue cuando el Señor vio a la multitud y dijo a Felipe lo que refiere Juan. Mas otros pasaron esto en silencio.

Crisóstomo, ut supra. Aquello es una cosa y esto es otra, y se verificaron en diversos momentos.

Teofilacto. Probando el Señor a Felipe para ver si tenía fe, encontró que todavía estaba sujeto a las pasiones humanas, como se demuestra por lo que sigue: "Felipe le respondió: doscientos denarios de pan no les bastan para que cada uno tome un poco".

Alcuino. En lo que manifestó su tardanza para creer. Porque si hubiese conocido claramente que Aquél era el Creador, no hubiese desconfiado de su poder.

San Agustín, ut supra. Mas lo que aquí responde Felipe según San Juan, es lo mismo que San Marcos dice que respondieron sus discípulos, queriendo dar a entender que Felipe respondió esto por inspiración de los demás, aun cuando el evangelista pudo hablar en plural en vez de singular, como acostumbraba en muchas ocasiones.

Teofilacto. Pero el Señor vio que Andrés era parecido a Felipe, aunque su pensamiento se elevaba un poco más. Sigue, pues: "Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces".

Crisóstomo, ut supra. Creo, en verdad, que el Apóstol no dijo esto sin algún fin, porque había oído el milagro que Eliseo había hecho con los panes de cebada, pues alimentó a cien hombres con veinte panes ( 2Re 4). Se levantó mentalmente a algo más elevado, pero no pudo llegar a la cumbre, lo cual se manifiesta por lo que sigue: "¿Mas qué es esto para tanta gente?" Creía, por lo tanto, que de pocos había de hacer pocos y de muchos muchos, el que hacía milagros, pero esto no era verdad. De igual manera le era fácil alimentar a las multitudes, ya fuera de pocos, ya de muchos (porque El no necesitaba de una materia limitada). Y para que no pareciese que las criaturas eran ajenas a su poder, utiliza las cosas creadas para hacer milagros.

Teofilacto. Confúndanse los maniqueos, que dicen que los panes y todas las demás cosas por el estilo han sido creadas por el dios malo, porque el Hijo del Dios bueno, Jesucristo, multiplicó los panes. Mas si las criaturas fuesen malas, el Bueno nunca hubiese multiplicado las cosas malas.

San Agustín De cons. evang. 2, 44. Juan consigna que Andrés fue el que sugirió lo de los dos panes y los cinco peces. Los otros evangelistas hablan en plural, no en singular, en atención a los demás discípulos.

Crisóstomo in Ioannem hom. 41. Los que nos fijamos demasiado en los placeres de la vida comprendamos por lo tanto en esto qué es lo que comían aquellos hombres admirables y grandes y la cantidad de lo que se les ofrecía y lo despreciable de su mesa. Y aún no se habían presentado aquellos panes, cuando mandó sentarse a las gentes, para que se conozca que le están sometidos los seres que no existen, lo mismo que los que existen, según dice San Pablo ( Rom 4,17): "El que llama a aquellas cosas que existen como a las que no existen". Prosigue: "Y dijo Jesús: haced sentar a las gentes".

Alcuino. Ateniéndonos a la letra: que se sienten los hombres, lo decimos en el sentido de que se recuesten para comer, según acostumbraban los antiguos; por esto sigue: "En aquel lugar había mucho heno".

Teofilacto. Esto es, hierba verde, porque la Pascua se celebraba en el primer mes de la primavera. Prosigue: "Y se sentaron a comer, como en número de cinco mil hombres". El evangelista cuenta únicamente los hombres, porque seguía la costumbre legal. Así como Moisés computó el pueblo por los que habían cumplido veinte años y no hizo mención de las mujeres ( Núm 1), teniendo en cuenta que todo lo que lleva carácter viril y juvenil es digno y agradable delante de Dios.

Teofilacto. Prosigue: "Tomó, pues, Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los que estaban sentados: y asimismo de los peces, cuanto querían".

Crisóstomo, ut supra. ¿Y por qué cuando iba a curar al paralítico no ora, ni cuando resucita a los muertos, ni cuando calma la tempestad del mar y aquí ora y da gracias? Para manifestar que aquéllos que empiezan a comer, deben dar gracias a Dios. O de otro modo: ora en las cosas pequeñas, para que se vea que no ora por necesidad. Porque si necesitase orar, esto lo haría con mucha más razón en los milagros de mayor importancia. Pero como los hacía con autoridad propia, da a entender que aquí ora por acomodarse a nuestro modo de ser y además, como había mucha gente delante, convenía enseñarles que esto sucedía por la voluntad de Dios. Y, por tanto, no oraba cuando hacía algún milagro en secreto, pero ora en presencia de muchos, para que no crean que es enemigo de Dios.

San Hilario De Trin., 1, 3. Se le ofrecen, pues, cinco panes a la multitud y se le distribuyen. Pero se observa que se aumentan los pedazos en las manos de los que los distribuyen. No se hacían más pequeños porque los partían, sino que siempre los pedazos llenaban las manos de los que estaban distribuyendo. Ni los sentidos, ni la vista podían seguir la marcha de aquello que sucedía. Es lo que no era, se ve lo que no se comprende y sólo queda de creer que Dios puede hacer todas las cosas.

San Hilario De Trin., 1, 3. Como multiplica las plantas por medio de unas pocas semillas, también multiplicó los cinco panes en las manos de los que los distribuían. El poder estaba en las manos de Jesucristo. Multiplicó aquellos cinco panes que eran como las semillas no arrojadas a la tierra, sino multiplicadas por Aquél que hizo la misma tierra.

Crisóstomo, ut supra. Véase en esto cuán grande es la diferencia que hay entre el siervo y el Señor. Porque los profetas, como tenían la gracia limitada, hacían milagros sujetos a estos límites. Mas Jesucristo, como obraba con poder absoluto, hacía todas las cosas con gran superabundancia. De donde sigue: "Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: recoged los pedazos que han sobrado, que no se pierdan". Esta ostentación, en verdad, no era inútil, antes servía para que no creyesen que los había hecho sufrir una ilusión. Hizo aquel milagro sobre la materia que le estaba sometida. ¿Mas por qué razón no dio a las multitudes los trozos que habían sobrado para que se los llevaran, sino a los discípulos? Porque quería enseñarles de una manera especial, puesto que habían de ser los maestros de todo el mundo. Y yo no sólo admiro la multitud que resultó de estos panes, sino también la exactitud de los trozos que sobraron, porque quiso que en lo sobrante no hubiese ni exceso ni defecto, sino únicamente cuanto quería, a saber: doce canastos, en atención al número de los doce apóstoles.

Teofilacto. Aprendemos también en este milagro a no apocarnos cuando nos veamos acosados por la pobreza.

Beda. Mas las multitudes, cuando vieron el milagro que había hecho el Señor, se admiraban, porque todavía no habían comprendido que Jesús era Dios. Y por eso añade el evangelista: "Aquellos hombres, -como eran carnales, y todo lo entendían en sentido material-, decían: éste es verdaderamente el profeta que ha de venir al mundo".

Alcuino. Aun no creían con verdadera fe los que llamaban profeta al Señor, porque aun no habían aprendido a llamarle Dios. Mas ya habían adelantado mucho por razón de aquel milagro, puesto que lo designaban con el nombre de profeta, pero distinguiéndolo de los demás profetas. Sabían, por tanto, en aquel pueblo que los profetas habían hecho milagros en algunas ocasiones y no se equivocan cuando le llaman profeta, porque el mismo Señor se llamaba así cuando decía ( Lc 13): "Porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén".

Alcuino. Por lo tanto, Jesucristo es profeta y Señor de los profetas, así como es Angel y Señor de los ángeles. En cuanto anunció lo que estaba presente, era ángel; en cuanto anunció lo que había de suceder, era profeta; y en cuanto el Verbo se hizo carne, era el Señor de los ángeles y de los profetas; porque no ha habido profeta alguno sin palabra divina 3.

Alcuino. Y respecto de lo que decían: "que habrá de venir al mundo", daban a entender que esperaban un cierto profeta especial. Y cuando dicen: "Este es verdaderamente el profeta", se da a entender por la adición del artículo griego que era diferente de los demás profetas.

San Agustín, ut supra. Debe tenerse en cuenta lo que generalmente se dice, a saber: que Dios no es de tal naturaleza que pueda ser visto con los ojos, y que sus milagros, con los que sostiene a todo el mundo y alimenta todas las criaturas, no llaman la atención, por la frecuencia con que se repiten. Pero se ha reservado algunos milagros para hacerlos con oportunidad fuera del curso y del orden regular de la naturaleza, no porque sean mayores, sino porque se ejercen menos frecuentemente, y así admiran por esta circunstancia más que aquéllos que se están realizando diariamente. Realmente es mayor milagro el gobierno de todo el mundo que el saciar a cinco mil hombres con cinco panes, y sin embargo, nadie se admira de este gobierno. Pero los hombres se admiran del otro milagro, no porque es mayor, sino porque es raro. Y no basta fijarnos en esto respecto de los milagros de Jesucristo.

Alcuino. En sentido espiritual, sucede muchas veces que con el nombre de mar turbulento se designa este mundo. Ahora bien, Jesucristo -naciendo- abordó al mar de nuestra mortalidad; navegó en él (muriendo); lo atravesó (resucitando) y lo siguieron las multitudes de los que creían en El y que había reunido de uno y otro pueblo (creyéndole e imitándole).

Beda. El Señor subió al monte cuando subió al cielo, el cual se designa con el nombre de monte.

Alcuino. Al dejar las multitudes en el llano y subir a los lugares más altos con sus discípulos, dio a entender que a los más ignorantes deben confiárseles únicamente los preceptos más sencillos y a los mejor instruidos deben enseñárseles los más sublimes. Cuando les dio de comer a la proximidad de la Pascua, quiso significar que todo aquél que desea alimentarse con el pan de la divina palabra y con la sangre de nuestro Señor Jesucristo, debe celebrar la Pascua espiritual o, lo que es lo mismo, salir de los vicios y entrar en las virtudes (porque Pascua quiere decir tránsito). Mas los ojos del Señor son gracias espirituales, que cuando el Señor concede por su misericordia a sus escogidos, entonces dirige hacia ellos sus ojos, o lo que es lo mismo, les dispensa la gracia de su caridad.

San Agustín Lib. 83 quaest. qu. 81. Los cinco panes de cebada representan la Ley antigua, ya porque aun no se había dado la Ley a los hombres espirituales, sino únicamente a los hombres carnales, esto es, a los que están dedicados a sus cinco sentidos corporales (porque aquellas multitudes se componían de cinco mil hombres), o ya porque la Ley había sido dada por Moisés y Moisés escribió cinco libros. Y como los panes eran de cebada, dio a entender que aquella Ley había sido dada con el fin de que se fomentase la vida del espíritu, a la vez que se fomentaba la del cuerpo por medio de los Sacramentos. Porque los granos de cebada tienen la médula cubierta por medio de una paja muy adherida y el pueblo aun no se había despojado de los deseos de la carne, a los cuales estaba fuertemente adherida su alma, como lo está la paja al grano de cebada.

Beda. Y este alimento de cebada es propio de los asnos y sirve también de comida a las gentes más pobres. Por esto la Ley antigua se había dado para los siervos y los asnos, esto es, para los hombres carnales.

San Agustín, ut supra. Aquellos dos peces que daban al pan cierto sabor agradable representan, sin duda, aquellas dos clases de personas por medio de las que se regía aquel pueblo, a saber: la real y la sacerdotal. Dos clases de personas que prefiguraban a nuestro Señor, porque El había asumido los poderes de ambas.

Alcuino. También pueden representar aquellos dos peces lo dicho y lo escrito por los profetas y por los salmistas. Y como el número cinco se refiere a los cinco sentidos del cuerpo, así mil se refiere al grado más alto de perfección. Todos aquéllos que procuran gobernar bien los cinco sentidos de su cuerpo se llaman varones por la virilidad o fuerza, ya que la debilidad de carácter no los corrompe, sino que viven con sobriedad y castidad, y así merecen ser recreados con la dulzura de la sabiduría celestial.

Alcuino. El muchacho que tenía estas cosas, representa acaso al pueblo de Israel, que traía todas estas cosas con afecto de niño y no comía. Mas aquellas cosas que él llevaba, y aquella canasta que llevaba estas cosas cuando estaba cerrada pesaba; cuando estaba abierta alimentaba.

Alcuino. Muy oportunamente dice Andrés: "¿Mas qué es esto para tantos?" Porque la Ley antigua aprovechaba poco, hasta el que Señor la tomó en sus manos (esto es, hasta que la cumplió con sus obras) y enseñó que debía entenderse en sentido espiritual. Porque la Ley a nadie conducía a la perfección ( Heb 7,19).

San Agustín, ut supra. Partiendo los panes, se multiplicaron. Porque eran cinco los libros de Moisés y los hicieron muchos libros cuando los expusieron, como partiéndolos (esto es, dividiéndolos).

San Agustín Lib. 83, quaest, qu. 61. El Señor, como dividiéndolos también y manifestando lo que era oscuro y estaba cerrado en la Ley, sació a sus discípulos cuando les explicó las Escrituras después de la resurrección.

San Agustín Lib. 83, quaest, qu. 61. Como el pueblo ignoraba lo que la Ley quería decir, por esto la tentación del Señor demostraba la ignorancia del discípulo. Y estaban sentados sobre la hierba, porque les agradaban las cosas de la tierra, y descansaban en las cosas materiales. Está escrito que toda carne es paja. Mas ellos fueron alimentados por los panes del Señor, porque los que escuchan por los oídos cumplen con las obras ( Is 40,6).

San Agustín, ut supra. ¿Qué representan aquellos trozos que sobraron, sino aquellas cosas que el pueblo no ha podido comprender? ¿Y qué queda sino que aquellos secretos de la inteligencia que la multitud no puede comprender, sean creídos por aquéllos que estaban destinados y debían enseñar a los demás, como eran los Apóstoles? Por esto se llenaron doce canastas.

Alcuino y Beda. Los oficios más bajos se administran con las canastas. Luego las canastas son los Apóstoles y sus imitadores, los cuales, aunque en la vida presente no son bien conocidos, sin embargo, están repletos interiormente por las riquezas de las gracias espirituales. Y se dice que los Apóstoles eran como las canastas, porque por medio de ellos había de predicarse la fe de la Santísima Trinidad en las cuatro partes del mundo. Como no quiso hacer panes nuevos, sino que reunió los trozos que habían sobrado, dio a conocer que no despreciaba la Antigua Escritura, sino que la explicaba exponiendo su sentido.

Beda. Las multitudes, cuando vieron aquel milagro tan grande, supieron que era bueno y poderoso el que lo había hecho y por tanto lo quisieron hacer rey. Porque los hombres quieren tener un rey que sea bueno para mandar y poderoso para defender. Mas el Señor, conociendo esto mismo, huyó a un monte, esto es, subió con precipitación. Por esto dice: "Y Jesús, cuando entendió que habían de venir para arrebatarle y hacerle rey, huyó otra vez al monte El solo". En esto se da a conocer que cuando el Señor estaba sentado en el monte con los discípulos y vio que las multitudes venían hacia El, había bajado y les había dado de comer en las partes inferiores: ¿Porque cómo podía suceder que otra vez huyese al monte, si antes no hubiese bajado de él?

San Agustín De cons. evang. 2, 47. Y no se opone a esto lo que dice San Mateo "que subió solo a orar al monte" ( Mt 14,23), porque la causa de orar no es contraria a la causa por la cual huía. En algunas ocasiones, y aquí especialmente, el Señor nos da a conocer, que hay gran motivo para orar cuando nos vemos obligados a huir.

San Agustín, In Ioannem tract., 25. Y sin embargo, era Rey el que temía que lo hicieran rey. Y no era un rey de tal condición que podía ser elegido por los hombres, sino quien daba a los hombres un reino. Porque El siempre reina con el Padre, en cuanto que es Hijo de Dios. Los profetas habían anunciado su reino, en cuanto que Jesucristo se hizo hombre. E hizo que sus fieles fueran cristianos, porque son su reino, el cual, o bien se forma, o bien se compra con la sangre de Jesucristo. Sucederá alguna vez que su reino sea bien conocido, cuando la santidad de sus escogidos sea bien conocida, después del juicio que El habrá de celebrar. Mas los discípulos y las multitudes que creían en El, entendían que había venido ya, pero para reinar. Y por esto querían arrebatarlo y hacerlo rey, previniendo de este modo el tiempo en que el Señor se ocultaba.

Crisóstomo in Ioannem hom. 41. Véase cuánto es el poder de la ambición. No se fijan ya en si quebranta el sábado ni tienen celo por la gloria de Dios, sino que todo esto lo miran como accidental cuando tienen el vientre lleno. Y cuando ya tenían al profeta entre ellos, quieren entronizarlo como rey. Mas Jesucristo huyó, enseñándonos de este modo a despreciar los honores humanos. Y así Jesucristo dejó a sus discípulos y se subió al monte. Mas ellos, abandonados por su Maestro, y como ya era tarde, se bajaron al mar. Y esto es lo que añade: "Y como se hiciese tarde", etc. Y en realidad esperaron hasta la caída de la tarde, creyendo que el Señor volvería. Mas cuando ya concluyó la tarde, no se cansaron ya en buscarlo (¡tanto los detenía su amor!) y por eso, abrasados por aquel amor, subieron a la nave. Por esto sigue: "Y habiendo entrado en un barco, pasaron a la otra parte del mar, a Cafarnaúm". Y vinieron a aquella ciudad, creyendo que allí lo encontrarían.

San Agustín, ut supra. Así explicó primero el final de aquel acontecimiento, y volvió para exponer de qué manera habían llegado: que habían pasado de una orilla a otra navegando a través del lago. Y recuerda lo que sucedió mientras navegaban, diciendo: "Y era ya oscuro", etc.

Crisóstomo, ut supra. No deja de tener un motivo el evangelista al citar el tiempo en que esto sucedió, porque así dio a conocer el amor ferviente de los discípulos hacia el Salvador. Por esto no dijeron: ya es tarde y la noche se acerca, sino que, encendidos por su amor, entraron en el barco. Eran muchas las razones que los detenían con cierta necesidad, especialmente la del tiempo. Por esto dice: "Y ya era oscuro". Y también por la tempestad, por lo que continúa: "Y se levantaba el mar con el viento fresco que soplaba". Y también por el lugar, porque no estaban cerca de la tierra, por esto dice: "Y cuando hubieron remado como unos veinte y cinco a treinta estadios".

Beda in Ioannem in c. 5. Con este modo de hablar con que nos expresamos cuando tenemos dudas; solemos decir, casi veinticinco, o cerca de treinta.

Crisóstomo, ut supra. Y al final sucedió lo que menos se esperaba. "Vieron a Jesús andando sobre el mar, y que se acercaba al barco". Reaparece después que les había dejado, dándoles a conocer con esto lo que representa su abandono y exhortándolos a que lo amen más. Y aquí manifiesta también su gran poder. Por ello es que se asustaban. Por esto sigue: "Y tuvieron miedo". Mas el Señor se dio a conocer a los que estaban asustados para animarles. Por esto sigue: "Mas El les dice: yo soy, no temáis".

Beda. Y no dijo: Yo soy Jesús, sino únicamente: "Yo soy", porque eran sus amigos muy cercanos y con sólo oír su voz ya podían conocer a su maestro, o (lo que es más), para dar a conocer que El era aquel mismo que dijo a Moisés ( Ex 3,14): "Yo soy el que soy".

Crisóstomo in Ioannem hom. 42. Y se apareció así a éstos, para manifestar que El es quien calma la tempestad, y esto lo demuestra el evangelista cuando añade: "Y ellos quisieron recibirle en el barco; y el barco llegó en seguida a la tierra a donde iban". Luego les concedió una navegación tranquila. Y no subió al barco, queriendo hacer que el milagro fuese mayor y demostrar con más evidencia su divinidad.

Teofilacto. Véase, pues, cómo hizo tres milagros: el primero era que andaba sobre las aguas; el segundo, que calmó las olas y el tercero, porque encaminó al punto el barco a la tierra a donde iban, de la que todavía estaban muy distantes cuando el Señor se les apareció.

Crisóstomo, ut supra. No se dio a conocer a la multitud cuando andaba por el mar, porque esto excedía a lo que podían comprender, de modo que ni aun por sus discípulos fue visto en muchos días, porque en cuanto hizo esto desapareció de entre ellos.

San Agustín De cons. evang. 2, 47. No se opone esto a lo que antes dijo San Mateo, que mandó a sus discípulos que entrasen en el barco y que fuesen delante de él atravesando el lago mientras despedía las multitudes; y que después, cuando hubo despedido a las multitudes, se subió solo a orar a un monte. Pero San Juan dice en primer lugar que huyó solo al monte, y después dice: "Y como se hiciese tarde, descendieron sus discípulos al mar, y habiendo entrado en un barco, etc.". ¿Y quién no comprende esto mismo, recopilando lo que San Juan dice que habían hecho los discípulos según las instrucciones que Jesús había dado antes de huir al monte?

Crisóstomo, ut supra. O de otro modo: me parece que este milagro es diferente del que refiere San Mateo, porque entonces no lo recibieron inmediatamente y ahora sí. Y entonces la tempestad continuó sin embargo combatiendo la nave y ahora se calmó en cuanto oyó su voz. Porque muchas veces repetía los mismos milagros, haciéndolos así más comprensibles.

Crisóstomo, ut supra. En sentido espiritual, el Señor temió a las multitudes y huyó al monte, y así se había anunciado respecto de El, pues dice el salmo ( Sal 7,8): "La reunión de los pueblos te rodeará, y por esta causa te volverás a lo alto", esto es, cuando te rodee la multitud de pueblos, vuelve a lo alto. ¿Y por qué se ha dicho: "huyó", supuesto que no queriendo El no podría ser detenido? Tenemos otro significado para huyendo, porque en verdad no pudo ser comprendido por su elevación: cuando no comprendes alguna cosa dices: "Esto escapa a mi razón". Por esto huyó solo al monte, porque subió más arriba de todos los cielos. Pero en cuanto El se posó en lo alto, sus discípulos sufrieron la tormenta en el barco. Aquella nave representaba la Iglesia. Ya habían aparecido las tinieblas y con razón, porque no existía la luz y no había venido Jesús a ellos. En tanto que se acerca el fin del mundo, crece la maldad y aumentan los errores. Mas la luz es la caridad, según aquellas palabras de San Juan ( 1Jn 2,9): "el que aborrece a su hermano vive en tinieblas". Las mismas olas que turban la nave, las tempestades y los vientos, representan los clamores de los réprobos. Por esto la caridad se enfría y se aumentan las agitaciones y la nave peligra. Y sin embargo ellos, a pesar del viento, de la tempestad y de las olas, procuraban que la nave no zozobrase ni se sumergiese, porque el que perseverare hasta el fin se salvará ( Mt 10,22). El número cinco se refiere a la Ley y los libros de Moisés son cinco. Luego el número veinticinco también representa la Ley, puesto que cinco veces cinco hacen veinticinco. Pero a esta Ley, antes que apareciese el Evangelio, le faltaba la perfección, que se comprende en el número seis. Multiplíquese el mismo número cinco por seis, para que la Ley se cumpla por medio del Evangelio, y se completa el número treinta multiplicando seis por cinco. Y para aquéllos que cumplen la Ley, vino Jesucristo pisando las olas, esto es, poniendo bajo sus pies a todas las vanidades del mundo, rebajando todas las elevaciones del siglo. Y sin embargo quedan tantas tribulaciones, que aun los mismos que creen en Jesucristo temen perecer.

Crisóstomo, ut supra. Cuando los hombres o los demonios se esfuerzan en abatirnos por temor, oigamos lo que dice Jesucristo: "Yo soy, no temáis". Esto es: yo sin cesar os defiendo, y como Dios, subsisto siempre y nunca falto; no perdáis la fe en mí, asustados por falsos temores. Véase también cómo el Señor no acudió en los primeros momentos del peligro, sino en los últimos. Porque permite que nos encontremos en medio de los peligros, para que así, peleando en las tribulaciones, nos volvamos mejores y recurramos únicamente a El solo, que es quien puede librarnos cuando menos se espera. No pudiendo la inteligencia humana acudir con el oportuno remedio en las grandes tribulaciones, viene entonces a auxiliarnos la gracia divina. Y si queremos también que Jesucristo pase a nuestra nave (esto es, habite en nuestros corazones) inmediatamente nos encontraremos en la tierra a donde queremos ir (esto es, en el cielo).

Crisóstomo, ut supra. Y como esta navecilla no conduce a los perezosos, sino a los que reman con firmeza, se da a entender que en la Iglesia, no los desidiosos ni los comodones, sino los fuertes y perseverantes en las buenas obras, son los que llegan al puerto de la salvación eterna.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena