miércoles, 1 de febrero de 2017
San Ignacio de Antioquía, Obispo y Mártir
Introito (Gal. 6, 14)
Mihi autem absit gloriári, nisi in Cruce Dómini nostri Jesu Christi: per quem mihi mundus crucifíxus est, et ego mundo. Meménto, Dómine, David: et omnis mansuetúdinis ejus.
A mí líbreme Dios de gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por quien el mundo está muerto y crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. [Torres Amat]
Epístola (Rom. 8, 35-39)
Léctio Epistolæ beáti Pauli Apóstoli ad Romános Fratres: Quis nos separábit a caritáte Christi: tribulátio, an angustia, an fames, an núditas, an perículum, an persecútio, an gládius? sicut scriptum est: Quia propter te mortificámur tota die: æstimáti sumus sicut oves occisiónis. Sed in his ómnibus superámus propter eum, qui diléxit nos. Certus sum enim, quia neque mors, neque vita, neque ángeli, neque principátus, neque virtútes, neque instántia, neque futúra, neque fortitúdo, neque altitúdo, neque profúndum, neque creatúra alia poterit nos separáre a caritáte Dei, quæ est in Christo Jesu, Dómino nostro.
¿Quién, pues, podrá separarnos del amor de Cristo ? ¿Será la tribulación?, ¿o la angustia?, ¿o el hambre?, ¿o la desnudez?, ¿o el riesgo?, ¿o la persecución?, ¿o el cuchillo? (Según está escrito, por ti, ¡oh, Señor!, somos entregados cada día en manos de la muerte, somos tratados como ovejas destinadas al matadero). Pero en medio de todas estas cosas triunfamos por virtud de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las virtudes, ni lo presente, ni lo venidero, ni la fuerza, o violencia, ni todo lo que hay de más alto, ni de más profundo, ni otra ninguna criatura podrá jamás separarnos del amor de Dios, que se funda en Jesucristo nuestro Señor. [Torres Amat]
Gradual (Eccli. 44, 16)
Ecce sacérdos magnus, qui in diébus suis plácuit Deo. Non est invéntus símilis illi, qui conserváret legem Excélsi. Allelúja, allelúja Christo confíxus sum Cruci: vivo ego, jam non ego, vivit vero in me Christus. Allelúja.
Enoc agradó a Dios, y fue transportado al paraíso para predicar al fin del mundo a las naciones la penitencia. [Torres Amat]
Tracto (Eccli. 44, 16)
Ecce sacérdos magnus, qui in diébus suis plácuit Deo. Non est invéntus símilis illi, qui conserváret legem Excélsi. Desidérium ánimæ ejus tribuísti ei: et voluntáte labiórum ejus non fraudásti eum. Quoniam prævenísti eum in benedictiónibus dulcedinis. Posuísti in cápite ejus coronam de lápide pretióso.
Enoc agradó a Dios, y fue transportado al paraíso para predicar al fin del mundo a las naciones la penitencia. [Torres Amat]
Evangelio (Joann. 12, 24-26)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Amen, amen, dico vobis, nisi granum fruménti cadens in terram, mórtuum fúerit, ipsum solum manet: si autem mórtuum fúerit, multum fructum affert. Qui amat ánimam suam, perdet eam: et qui odit ánimam suam in hoc mundo, in vitam ætérnam custódit eam. Si quis mihi mínistrat, me sequátur: et ubi sum ego, illic et miníster meus erit. Si quis mihi ministráverit, honorificábit eum Pater meus.
En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo, después de echado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto. Así el que ama desordenadamente su alma, la perderá; mas el que aborrece o mortifica su alma en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que me sirve, sígame; que donde yo estoy, allí estará también el que me sirve; y a quien me sirviere, le honrará mi Padre. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Juan 12, 24-26 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
El templo del Señor, construido en Jerusalén, era tan celebrado, que en los días de fiesta concurrían a él no solamente los vecinos, sino otras muchas gentes de lejanos países, como se lee en los Hechos de los Apóstoles del eunuco de Candace, reina de los etíopes. En fuerza de tal costumbre, habían venido aquí para adorar los gentiles de que nos ocupamos. "Y había allí algunos gentiles de aquellos que habían subido a adorar en el día de la fiesta".
De los que estaban dispuestos a hacerse luego sus prosélitos. Y así, habiendo oído hablar de Cristo, quieren verlo. "Estos, pues, se llegaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaban diciendo: Señor, queremos ver a Jesús".
He aquí que los judíos quieren matarlo, y los gentiles lo quieren ver. Pero, por otra parte, de entre los judíos eran los que clamaban ( Jn 12,13): "¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!". Los unos se han sujetado a la ley de la circuncisión, los otros son incircuncisos. Son como dos murallas de distinto origen y que vienen a reunirse por un ósculo de paz en la misma fe de Cristo.
"Vino Felipe y le dijo a Andrés".
Felipe le comunica el asunto a Andrés, pues éste le precedía. Pero él había escuchado esas palabras: "No vayáis a camino de gentiles" ( Mt 10,5). Entonces refiere al Maestro lo que habla con el discípulo, de donde se sigue: Andrés y Felipe dijeron a Jesús.
Oigamos la voz de la piedra angular, que es la siguiente: "Y Jesús les respondió diciendo: viene la hora en que sea glorificado el Hijo del hombre". Quizá creerá alguno que El dijo glorificado porque los gentiles querían verlo. Pero no es así, sino que veía que los gentiles en todas las naciones habían de creer en El, después de su pasión y de su resurrección. Con ocasión, pues, de estos gentiles que deseaban verlo, anuncia la futura plenitud de las naciones y promete que ya es llegada la hora de esta glorificación en los cielos, después de la cual las naciones habían de creer, conforme a aquellas palabras del profeta ( Sal 56,6; 107,6): "Seas ensalzado, oh Dios, sobre los cielos, y sobre toda la tierra tu gloria". Pero convino que se manifestara la exaltación de su gloria de tal manera que estuviera precedida de la humildad de su pasión. Y por eso añade: "En verdad, en verdad os digo, que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda él solo; mas si muere, lleva mucho fruto ". El decía de sí que era el grano que debía triturar la infidelidad de los judíos, pero que la fe de las naciones debía multiplicar.
Porque El ha sido sembrado en este mundo de la semilla de los profetas, esto es, se encarnó para que, muriendo, resucitase multiplicando. El murió solo y resucitó acompañado de muchos.
Y como con las palabras no podía convencerlos suficientemente, se vale de un ejemplo, porque el trigo da mucho más fruto después que muere. Y si esto sucede en las semillas, con mayor razón en Mí. Por otra parte, como debía enviar a sus discípulos a las naciones y ve a los gentiles abrazar la fe, les manifiesta que ya es tiempo de acercarse a la cruz. No los envió a las naciones sin que antes los judíos se estrellasen contra El y lo crucificasen. Y como previó que sus discípulos habían de contristarse por lo que les había dicho acerca de su muerte, para mayor abundancia les dice: No solamente debéis soportar con paciencia mi muerte, sino que vosotros mismos debéis morir, si es que queréis conseguir algún fruto. Y esto es lo que quiere significar por aquellas palabras: "Quien ama su alma la perderá".
De dos maneras puede entenderse este pasaje: el que ama, perderá; esto es, si amas perecerás; si deseas vivir en Cristo, no temas morir por Cristo. Y también de este otro modo: el que ama su alma, la perderá. No la ames en esta vida, para no perderla en la eterna. Este último me parece que es el sentido del Evangelio, pues añade: "Y el que aborrece su alma en este mundo", etc. Luego, lo dicho más arriba, se entiende en este mundo.
Ama su alma en este mundo aquel que pone por obra los deseos desordenados, y la aborrece el que resiste sus malas pasiones. Y no dijo aquel que no cede a ella, sino aquel que la aborrece. Y a la manera que nosotros no podemos ni aun soportar la voz ni la presencia de aquellos que aborrecemos, del mismo modo debemos apartar nuestra alma cuando nos induce a que hagamos cosas contrarias a Dios, y que por lo mismo le desagradan.
Mas como era demasiado duro oír que "es necesario aborrecer al alma", da el consuelo con las palabras "en este mundo", enseñando la circunstancia de tiempo, pues no manda que aborrezcamos eternamente al alma, y a continuación señala la recompensa: "Para vida eterna la guarda".
Pero mira, no te asalte la tentación de querer matarte a ti mismo, entendiendo que de este modo aborreces en este mundo a tu alma; de aquí toman motivo muchos malignos y perversos homicidas para entregarse a las llamas, arrojarse al agua o por un precipicio, y perecen. No es esto lo que enseñó Cristo: antes, por el contrario, al diablo, que le sugería para que se arrojase desde una altura, le respondió ( Mt 4,10): "Vete, Satanás". Pero cuando las circunstancias sean tales que se te ponga en la alternativa de obrar contra la Ley de Dios, o salir de esta vida amenazándote con la muerte el perseguidor, entonces es cuando debes aborrecer tu alma en este mundo para conservarla en la otra vida.
Cara es esta vida para aquellos que están apegados a ella; pero si alguno elevase los ojos al cielo, considerando que allí es donde están todos los bienes, menospreciará pronto la vida presente. Porque cuanto más claro se viere lo mejor, se desprecia lo peor. Y esto es lo que Cristo quería infundirnos, cuando añade: "El que me sirve, sígame", esto es, imíteme. Dice esto de la muerte y de la imitación por medio de las obras, porque es preciso que el que sirve siga a aquel a quien sirve.
Qué sea servir a Cristo, lo encontramos en sus mismas palabras: "Si alguno me sirve", etc. Ahora bien, sirven a Jesús los que no buscan su gloria propia, sino la de Jesucristo. Esto es lo que quiere decir "sígame"; ande mis caminos, no los suyos, haciendo por Cristo no solamente aquellas obras de misericordia que pertenecen al cuerpo, sino hasta aquélla de sublime caridad, que es dar la vida por sus hermanos. ¿Pero cuál será el fruto de esto? ¿Cuál la recompensa? Hela aquí: "Y en donde yo estoy, allí también estará mi ministro". Amese de balde a fin de que el precio de la obra con que se sirve sea estar con El.
Manifiesta de esta manera que la resurrección sucederá a la muerte. "En donde yo estoy" dice, porque antes de la resurrección Cristo estaba en los cielos; elevemos, pues, allí, nuestro corazón y nuestra alma.
"Y si alguno me sirviese, le honrará mi Padre".
Estas palabras debemos tomarlas como explicación de lo que antes había dicho: "Allí también estará mi ministro". Porque, ¿qué mayor honra puede recibir el hijo adoptado que la de estar allí en donde está el Unico?
No dijo, pues, Yo le honraré, sino "le honrará mi Padre"; porque aún no tenían de El la opinión que convenía, y creían que era mayor la gloria del Padre.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena
Comunión
Fruméntum Christi sum: déntibus bestiárum molar, ut panis mundus invéniar.
Trigo soy de Cristo: sea yo molido por los dientes de las fieras, para que sea hallado pan limpio.
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