jueves, 23 de julio de 2026 San Apolinar, Obispo y Mártir

jueves, 26 de enero de 2017

San Policarpo, Obispo y Mártir

Introito (Ps. 20, 2-3)

In virtúte tua, Dómine, lætábitur justus: et super salutáre tuum exsultábit veheménter: desidérium ánimæ ejus tribuísti ei. Quóniam prævenísti eum in benedictiónibus dulcédinis: posuísti in cápite ejus corónam de lápide pretióso.

Oh, Señor, en tu gran poder hallará el rey su alegría, y saltará de extremado gozo por la salvación que le has enviado. Tú le has cumplido el deseo de su corazón, y no has frustrado los ruegos que formaron sus labios. [Torres Amat]

Epístola (1 Joann. 3, 10-16)

Léctio Epístolæ beáti Joánnis Apóstoli Caríssimi: Omnis qui non est justus, non est ex Deo, et qui non díligit fratrem suum: quóniam hæc est annuntiátio, quam audístis ab inítio, ut diligátis altérutrum. Non sicut Cain, qui ex malígno erat, et occídit fratrem suum. Et propter quid occídit eum? Quóniam ópera ejus malígna erant: fratris autem ejus justa. Nolíte mirári fratres, si odit vos mundus. Nos scimus quóniam transláti sumus de morte ad vitam, quóniam dilígimus fratres. Qui non díligit, manet in morte: omnis qui odit fratrem suum, homicída est. Et scitis, quóniam omnis homicída non habet vitam ætérnam in semetípso manéntem. In hoc cognóvimus caritátem Dei, quóniam ille ánimam suam pro nobis pósuit: et nos debémus pro frátribus ánimas pónere.

Por aquí se distinguen los hijos de Dios de los hijos del diablo. Todo aquel que no practica la justicia, no es hijo de Dios, y así tampoco lo es el que no ama a su hermano. En verdad que ésta es la doctrina que aprendisteis desde el principio , que os améis unos a otros. No como Caín, el cual era hijo del maligno espíritu, y mató a su hermano. ¿Y por qué le mató? Porque sus obras eran malignas, y las de su hermano justas. No extrañéis, hermanos, si os aborrece el mundo. Nosotros conocemos haber sido trasladados de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no los ama, queda en la muerte, o está sin caridad. Cualquiera que tiene odio a su hermano, es un homicida. Y ya sabéis que en ningún homicida tiene su morada la vida eterna. En esto hemos conocido la caridad de Dios, en que dio el Señor su vida por nosotros; y así nosotros debemos estar prontos a dar la vida por la salvación de nuestros hermanos. [Torres Amat]

Gradual (Ps. 111, 1-2)

Beátus vir, qui timet Dóminum: in mandátis ejus cupit nimis. Potens in terra erit semen ejus: generátio rectórum benedicétur. Allelúja, allelúja. Posuísti, Dómine, super caput ejus corónam de lápide pretióso. Allelúja.

Bienaventurado el hombre que teme al Señor, y que toda su afición la pone en cumplir sus mandamientos. Poderosa será sobre la tierra la descendencia suya; bendita será la generación de los justos. [Torres Amat]

Tracto (Ps. 111, 1-2)

Beátus vir, qui timet Dóminum: in mandátis ejus cupit nimis. Potens in terra erit semen ejus: generátio rectórum benedicétur. Desidérium ánimæ ejus tribuísti ei: et voluntáte labiórum ejus non fraudásti eum. Quóniam prævenísti eum in benedictiónibus dulcédinis. Posuísti in cápite ejus corónam de lápide pretióso.

Bienaventurado el hombre que teme al Señor, y que toda su afición la pone en cumplir sus mandamientos. Poderosa será sobre la tierra la descendencia suya; bendita será la generación de los justos. [Torres Amat]

Evangelio (Matt. 10, 26-32)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Nihil est opértum, quod non revelábitur; et occúltum, quod non sciétur. Quod dico vobis in ténebris, dícite in lúmine: et quod in aure audítis, prædicáte super tecta. Et nolíte timére eos, qui occídunt corpus, ánimam autem non possunt occídere; sed pótius timéte eum, qui potest et ánimam et corpus pérdere in gehénnam. Nonne duo pásseres asse véneunt: et unus ex illis non cadet super terram sine Patre vestro? Vestri autem capílli cápitis omnes numeráti sunt. Nolíte ergo timére: multis passéribus melióres estis vos. Omnis ergo, qui confitébitur me coram homínibus, confitébor et ego eum coram Patre meo, qui in coelis est.

Pero por eso no les tengáis miedo, porque nada está encubierto que no se haya de descubrir, ni oculto que no se haya de saber. Lo que os digo de noche, decidlo a la luz del día; y lo que os digo al oído predicadlo desde los terrados. Nada temáis a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma. Temed antes al que puede arrojar alma y cuerpo en el infierno. ¿No es así que dos pájaros se venden por un cuarto, y, no obstante, ni uno de ellos caerá en tierra sin que lo disponga vuestro Padre? Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No tenéis, pues, que temer; valéis vosotros más que muchos pájaros. En suma, a todo aquel que me reconociere y confesare por Mesías delante de los hombres, yo también le reconoceré y declararé por él delante de mi Padre que está en los cielos. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Mateo 10, 26-32 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

Remigio. Luego de la anterior consolación, añade otra no menor, diciendo: "No les temáis"; es decir, a los perseguidores. Y les da la razón de por qué no les deben temer, a saber: "Porque nada hay oculto que no sea revelado".

San Jerónimo. ¿Cómo es posible que en el tiempo presente no se sepan las maldades de muchos? Aquí habla, pues, del tiempo futuro, cuando Dios juzgará los misterios de los hombres, iluminará los escondrijos de las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones de los corazones ( 1Cor 4,5): el sentido es éste: "No temáis la crueldad de los perseguidores y la rabia de los blasfemos, porque llegará el día del juicio y en él se verán bien a las claras vuestra virtud y su malicia".

San Hilario, in Matthaeum, 10. Les aconseja, pues, que no tengan miedo ni a las amenazas, ni a las afrentas, ni a las revoluciones, ni al poder de los perseguidores; porque ya verán en el día del juicio de cuán poco les valieron todas estas cosas.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,1. Parece, a primera vista, que tiene un sentido general lo que acaba de decir; sin embargo, no lo dijo de todos, sino solamente de aquellos de que habló antes. Es como si dijera: Si vosotros sufrís oyendo los ultrajes, tened presente que bien pronto quedaréis libres de toda sospecha: Os llamarán adivinos y magos y seductores; pero esperad un poco y veréis como, cuando la misma realidad de las cosas os declare bienhechores y atiendan ellos a la verdad de las cosas y no a las habladurías de los hombres, os proclaman ellos mismos salvadores de todo el género humano.

Remigio. Opinan algunos que prometió el Señor a sus discípulos por estas palabras que revelarían ellos todos los misterios ocultos por el velo de la letra de la Ley. Por eso dice el Apóstol: "Cuando se hubieren convertido al Señor, entonces se quitará el velo" ( 2Cor 3,16), cuyo sentido es: ¿por qué debéis temer a vuestros perseguidores, vosotros que habéis sido elevados tal dignidad, que por vosotros hayan sido puestos de manifiesto los misterios de la Ley y de los Profetas?

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,2. Después que les quitó el miedo y les hizo superiores a los oprobios, les habla en tiempo oportuno de la libertad de la predicación, diciéndoles: "Lo que os digo en las tinieblas".

San Hilario, in Matthaeum, 10. No hemos oído que el Señor acostumbrase a predicar o a enseñar por la noche, sino que dice esto porque para los hombres carnales sus palabras eran tinieblas y para los infieles noche. Y así dijo que debía El ser anunciado con la libertad de la fe y de la predicación.

Remigio. El sentido, pues, es el siguiente: "Lo que os digo en las tinieblas", esto es, entre los judíos incrédulos, "decidlo vosotros a la luz", esto es, predicadlo a los fieles: "Y lo que habéis escuchado al oído", esto es, lo que os he dicho en secreto, "predicadlo sobre los techos", esto es, públicamente y delante de todos; solemos decir muchas veces: Le habla al oído, esto es: en secreto.

Rábano. Sin duda cuando dijo: "Predicad sobre los techos", habla según la costumbre de la provincia de Palestina, donde se habitan los techos, porque no están terminados en punta, sino en una superficie plana. Será, pues, predicado en los techos lo que deba decirse delante de todos los oyentes.

Glosa. O de otra manera: "Lo que os digo en las tinieblas", esto es, cuando aun estáis en el temor carnal, "decidlo en la luz", esto es, en la confianza de la verdad cuando fuereis iluminados por el Espíritu Santo. "Y lo que oísteis al oído", esto es, percibisteis con sólo el oído, "predicadlo" completándolo con vuestras obras, estando sobre los techos, esto es, en vuestros cuerpos, que son el domicilio de las almas.

San Jerónimo. O también: "Lo que os digo en las tinieblas decidlo a la luz", esto es, lo que oísteis en el misterio, predicadlo con más claridad: "Y lo que oísteis al oído predicadlo sobre los techos", esto es, lo que Yo os enseñé en una pequeña aldea de Judea, decidlo sin temor en todas las ciudades del mundo entero.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,2. Así como cuando decía: "El que cree en Mí hará las obras que Yo hago y las hará mayores que éstas" ( Jn 14,12), también aquí muestra de que manera todo es obrado a través de ellos más que por sí mismos, como dice: "Yo di el principio; pero más aun, quiero culminarlo a través de vosotros"; pues esto no sólo concierne al que manda, sino también a los que enseñen y prediquen porque triunfarán sobre todo.

San Hilario, in Matthaeum, 10. Debemos sembrar constantemente el conocimiento de Dios y revelar con la luz de la predicación el secreto profundo de la doctrina del Evangelio, sin temor de aquellos que sólo tienen poder sobre los cuerpos, mas nada pueden sobre el espíritu; por eso se dice: "Y no temáis a aquellos que matan el cuerpo y al alma no pueden matar".

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,2. Mirad el modo de que se valió para hacerlos superiores a todos: aconsejándoles a despreciar por temor a Dios, no solamente las preocupaciones y las calumnias y los peligros, sino lo que es aun más terrible que todo esto, hasta a la misma muerte; por eso añade: "Sino temed más bien a aquel que puede arrojar al infierno vuestro cuerpo y vuestra alma".

San Jerónimo. No se encuentra en los libros antiguos la palabra gehenna y el Salvador es el primero que la emplea: indaguemos ahora a qué da motivo esta nueva palabra. Muchas veces hemos leído que el ídolo Baal estuvo cerca de Jerusalén, en la base del monte Moria, de donde brota la fuente Siloé. Este valle y pequeña planicie, regada y cubierta de árboles, era sumamente deliciosa y contenía un bosque consagrado al ídolo. El pueblo de Israel llegó a tal grado de locura, que abandonó los templos inmediatos para ofrecer en él los sacrificios, olvidar las ideas severas de la religión y quemar a sus hijos delante del demonio. Llamábase el bosque Gehennón, esto es, valle del hijo de Ennón. Este nombre está sumamente repetido en los libros de los Reyes, en las Crónicas y en Jeremías y Dios los amenaza con llenar ese lugar de cadáveres, para que no volviera a llamarse Tophet y Baal, sino Polyandrium, esto es, tumba de los muertos. Con este nombre son designados los futuros suplicios y las penas eternas de los pecadores.

San Agustín, de civitate Dei, 13,2. No se verificará esto antes que el alma esté unida al cuerpo con una unión de que jamás se separará y sin embargo, aun entonces se llama propiamente muerte del alma, porque no vive de Dios y muerte del cuerpo, porque aunque no deja de sentir el hombre en su última condenación, sin embargo, como este sentimiento no le proporciona ninguna dulzura ni tranquilidad alguna, sino el dolor de la pena, merece con muchísima razón que se le dé el nombre de muerte.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,2. Observad además que no les promete librarlos de la muerte, sino que les aconseja el despreciarla, que es mucho más que el librarlos de la muerte y que les insinúa el dogma de la inmortalidad.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,2. Después de haberles quitado el miedo a la muerte, a fin de que no creyeran los Apóstoles, si morían, que Dios les había abandonado, insiste de nuevo en su sermón sobre la providencia de Dios, diciendo: "¿Por ventura no son vendidos dos pájaros en un cuarto y ninguno de ellos cae sin el consentimiento de vuestro Padre?"

San Jerónimo. El sentido es éste: si los pequeños animales no perecen sin el consentimiento de su Autor, que es Dios y la Providencia se extiende a todos y si lo que es en sí perecedero no perece sin la voluntad de Dios, vosotros, que sois eternos, no debéis temer que Dios abandone vuestra vida.

San Hilario, in Matthaeum, 10. En sentido místico lo que se vende es el alma y el cuerpo y a quien se vende es al pecado. Los dos pájaros que se venden por un cuarto son aquellos que, nacidos para volar y remontarse al cielo en las alas de la gracia, se venden ellos mismos por un miserable pecado. Presos ellos por el placer de las cosas presentes y vendidos a la vanidad del siglo, quedan prostituidos con semejante proceder. Es voluntad de Dios que el uno vuele más que el otro; pero la ley que Dios ha dado al otro le hace caer en tierra. Si los dos volaran igualmente, los dos serían uno solo y los dos formarían un solo cuerpo espiritual; pero vendidos el uno y el otro al pecado, el alma se hace terrenal al contacto del mal y entonces es cuando uno de ellos es arrojado en tierra.

San Jerónimo. Las palabras: "Y vuestros cabellos están contados", nos manifiestan la inmensa providencia de Dios para con el hombre y nos marcan el inefable amor para con él, puesto que tan perfectamente sabe todas nuestras cosas.

San Hilario, in Matthaeum, 10. Pues es diligente el considerar en algo el número.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,2. Dijo esto, no porque El hubiese contado los cabellos, sino para expresar su exquisito conocimiento y su mucha providencia sobre todas las cosas.

San Jerónimo. Los que niegan la resurrección se burlan de la interpretación que da la Iglesia a este pasaje, como si nosotros dijéramos que todos los cabellos están contados y que todos los que hubieren sido cortados por la tijera tenían que resucitar, siendo así que no dijo el Salvador: "Todos vuestros cabellos serán salvados", sino "están contados". El número da a entender solamente que Dios conoce el número de nuestros cabellos, mas no que El los conservará todos.

San Agustín, ult., de civitate Dei, 22,19. Aunque se pueda preguntar si efectivamente los cabellos que se cortan vuelven otra vez al mismo sujeto; si esto fuera así, ¿quién no se espantaría de semejante monstruosidad? Entiendo que nada del cuerpo ha de perderse hasta el punto de quedar en él algo deforme. Se comprende también que lo que había de añadirse a su volumen, ocasionando enorme deformidad, no se añadirá en aquellos lugares en que con ellos se afeara la belleza de los miembros. Como si se hiciera un vaso de barro y reducido de nuevo al mismo barro, se hiciera de nuevo otro igual; no sería necesario que la parte del polvo que había estado en el asa tornara al asa y la que había formado el fodo tornara a formar el fondo, con tal de que todo volviera al todo, es decir, que todo aquel barro, sin pérdida de parte alguna, tornara a todo el vaso. Por eso los cabellos, tantas veces cortados, no volverán a sus lugares respectivos si hubieran de volver produciendo alguna deformidad; aunque no se perderán para nadie en la resurrección, porque serán cambiados con la mutabilidad de la materia en la misma carne. Tendrán en ella el lugar del cuerpo, conservando siempre la conveniencia de las partes. Y esto contando con lo que dice el Señor: "No perecerá un cabello de vuestra cabeza" ( Lc 21,18), puede entenderse con más propiedad de la longitud que del número de los cabellos. Así también se dice: "Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados".

San Hilario, in Matthaeum, 10. No parece digno de Dios el contar lo que ha de perecer; pero para que supiéramos que nada en nosotros ha de perecer, nos dice que nuestros mismos cabellos cortados están contados. No debemos tener miedo a las desgracias de nuestros cuerpos, según aquellas palabras: "No temáis, pues sois vosotros mejores que muchos pájaros".

San Jerónimo. El sentido de lo que precede está más manifiesto en estas palabras: "No debéis temer a los que matan al cuerpo", porque ¿si hasta los animales más pequeños no mueren sin la previsión de Dios, cuánto más el hombre que haya sido revestido de la dignidad apostólica?

San Hilario. Cuando dice que El los prefiere a muchos pájaros, da a entender que prefiere a los elegidos a la multitud de infieles, porque éstos han caído sobre la tierra y aquellos volarán al cielo.

Remigio. En sentido místico Cristo es la cabeza y los Apóstoles los cabellos y por eso se dice con razón que están contados, porque están escritos sus nombres en el cielo.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,3. Después de disipar el Señor el temor que tanto angustiaba el alma de sus discípulos, vuelve de nuevo a darles fuerzas con las cosas que han de conseguir; no solamente les desvanece todo temor, sino que los eleva, con la seguridad de mayores recompensas, en la libertad de predicar la verdad, diciendo: "A todo el que me confesare delante de los hombres, confesaré Yo también delante de mi Padre, que está en los cielos".

San Hilario, in Matthaeum, 10. Esta es la conclusión de lo que precede: el que estuviere firme en esta doctrina debe tener la constancia de confesar libremente a Dios.

Remigio. Esta confesión es aquella de que habla el Apóstol: "Se cree con el corazón para la justicia y se confiesa con la boca para la salvación" ( Rom 10,10). A fin, pues, de que nadie tenga la idea de que sin la confesión de boca puede uno salvarse, no solamente dice: "El que me confesare", sino que añade: "Delante de los hombres" y vuelve a insistir: "Y al que me negare delante de los hombres, también negaré Yo delante de mi Padre, que está en los cielos".

San Hilario, in Matthaeum, 10. En estas palabras nos declara que de la manera que nosotros fuéremos testigos de su nombre delante de los hombres, de esa misma manera nos servirá su testimonio delante de Dios Padre.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,3. Debe considerarse aquí que la pena sobreabunda en el castigo y el bien en la recompensa, que es como si dijera: "¿Sobreabundasteis primero confesándome o negándome aquí?" También Yo sobreabundo infaliblemente dándoos mayores bienes, porque Yo os confesaré o negaré allí. Por esta razón no os debéis preocupar si hiciéreis algún bien y no recibiéreis la recompensa, porque esta recompensa os espera con creces en el tiempo venidero y no despreciéis el castigo si hiciéreis alguna cosa mala y no fuéreis castigados aquí, porque os espera allí el castigo, a no ser que mudéis de conducta y os hagáis mejores.

Rábano. Es preciso saber que hasta los mismos paganos no pueden negar la existencia de Dios; pero pueden los infieles negar que Dios sea Padre e Hijo. Luego el Hijo confesará a alguno delante del Padre, porque por el mismo Hijo tendrá entrada al Padre y porque el Hijo dice: "Venid los bendecidos de mi Padre" ( Mt 25,34).

Remigio. Y negará al que le niegue a El, porque no tendrá por El mismo entrada para con el Padre y será rechazado de la presencia de su divinidad y de la del Padre.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 34,3. Y no solamente exige la confesión mental, sino también la oral, a fin de que nos anime a una intrépida predicación y a un amor más grande, haciéndonos superiores a nosotros mismos. Y no solamente se dirigen estas palabras a los Apóstoles, sino a todos los hombres en general, porque, no sólo a los Apóstoles, sino también a sus discípulos les da la fortaleza. Y el que observa esto ahora, no sólo tendrá la gracia de hablar en público, sino que tendrá también la de convencer con facilidad a un gran número, porque por la obediencia a su palabra ha hecho de muchos hombres apóstoles.

Rábano. O bien: confiesa a Jesús con aquella fe que viene del amor, todo el que observa sus mandamientos y la niega el que no obedece sus preceptos.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena

Ofertorio (Ps. 8, 6-7)

Glória et honóre coronásti eum: et constituísti eum super ópera mánuum tuárum, Dómine.

Lo hiciste un poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y de honor, y le has dado el mando sobre las obras de tus manos. y le has dado el mando sobre las obras de tus manos. [Torres Amat]

Comunión (Matt. 16, 24)

Qui vult veníre post me, ábneget semetípsum, et tollat crucem suam, et sequátur me.

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y cargue con su cruz, y sígame. [Torres Amat]

Poscomunión

Da, quǽsumus, Dómine, Deus noster: ut, sicut tuórum commemoratióne Sanctórum temporáli gratulámur offício; ita perpétuo lætémur aspéctu. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Concedednos, os rogamos, Señor, Dios nuestro, que, así como nos alegramos con el oficio temporal en la conmemoración de vuestros Santos, así nos gocemos con su perpetua contemplación. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Esto es lo que cambia cada día. Pulsa «La Misa entera» para verlo con el Ordinario, o «Comentarios a las lecturas» para el comentario de los Padres, o consulta el Ordinario de la Misa →