jueves, 23 de julio de 2026 San Apolinar, Obispo y Mártir

miércoles, 25 de enero de 2017

Conversión de San Pablo, Apóstol

Introito (2 Tim. 1, 12)

Scio, cui crédidi, et certus sum, quia potens est depósitum meum serváre in illum diem, justus judex. Dómine, probásti me et cognovísti me: tu cognovísti sessiónem meam et resurrectiónem meam.

Por este motivo padezco lo que padezco, pero no me avergüenzo. Porque bien sé de quién me he fiado, y estoy cierto de que es poderoso para conservar mi depósito hasta aquel último día. [Torres Amat]

Colecta

Deus, qui univérsum mundum beáti Pauli Apóstoli prædicatióne docuísti: da nobis, quǽsumus; ut, qui ejus hódie Conversiónem cólimus, per ejus ad te exémpla gradiámur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Oh Dios, que instruisteis al mundo entero por la predicación del bienaventurado Apóstol Pablo: concedednos, os rogamos, que, celebrando hoy su Conversión, avancemos hacia Vos por sus ejemplos. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Epístola (Act. 9, 1-22)

Léctio Actuum Apostolórum In diébus illis: Saulus adhuc spirans minárum et cædis in discípulos Dómini, accés sit ad príncipem sacerdótum, et pétiit ab eo epístolas in Damáscum ad synagógas: ut, si quos invenísset hujus viæ viros ac mulíeres, vinctos perdúceret in Jerúsalem. Et cum iter fáceret, cóntigit, ut appropinquáret Damásco: et súbito circumfúlsit eum lux de cœlo. Et cadens in terram, audívit vocem dicéntem sibi: Saule, Saule, quid me perséqueris? Qui dixit: Quis es, Dómine? Et ille: Ego sum Jesus, quem tu perséqueris: durum est tibi contra stímulum calcitráre. Et tremens ac stupens, dixit: Dómine, quid me vis fácere? Et Dóminus ad eum: Surge et ingrédere civitátem, et ibi dicétur tibi, quid te opórteat fácere. Viri autem illi, qui comitabántur cum eo, stabant stupefácti, audiéntes quidem vocem, néminem autem vidéntes. Surréxit autem Saulus de terra, apertísque óculis nihil vidébat. Ad manus autem illum trahéntes, introduxérunt Damáscum. Et erat ibi tribus diébus non videns, et non manducávit neque bibit. Erat autem quidam discípulus Damásci, nómine Ananías: et dixit ad illum in visu Dóminus: Ananía. At ille ait: Ecce ego, Dómine. Et Dóminus ad eum: Surge et vade in vicum, qui vocátur Rectus: et quære in domo Judæ Saulum nómine Tarsénsem: ecce enim orat. Et vidit virum, Ananíam nómine, intrœúntem et imponéntem sibi manus, ut visum recipiat. Respóndit autem Ananías: Dómine, audívi a multis de viro hoc, quanta mala fécerit sanctis tuis in Jerúsalem: et hic habet potestátem a princípibus sacerdótum alligándi omnes, qui ínvocant nomen tuum. Dixit autem ad eum Dóminus: Vade, quóniam vas electiónis est mihi iste, ut portet nomen meum coram géntibus et régibus et fíliis Israël. Ego enim osténdam illi, quanta opórteat eum pro nómine meo pati. Et ábiit Ananías et introívit in domum: et impónens ei manus, dixit: Saule frater, Dóminus misit me Jesus, qui appáruit tibi in via, qua veniébas, ut vídeas et impleáris Spíritu Sancto. Ei conféstim cecidérunt ab óculis ejus tamquam squamæ, et visum recépit: et surgens baptizátus est. Et cum accepísset cibum, confortátus est. Fuit autem cum discípulis, qui erant Damásci, per dies áliquot. Et contínuo in synagógis prædicábat Jesum, quóniam hic est Fílius Dei. Stupébant autem omnes, qui audiébant, et dicébant: Nonne hic est, qui expugnábat in Jerúsalem eos, qui invocábant nomen istud: et huc ad hoc venit, ut vinctos illos dúcere ad príncipes sacerdótum? Saulus autem multo magis convalescébat, et confundébat Judæos, qui habitábant Damásci, affírmans, quóniam hic est Christus.

Mas Saulo, que todavía no respiraba sino amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al príncipe de los sacerdotes, y le pidió cartas para Damasco, dirigidas a las sinagogas, para traer presos a Jerusalén a cuantos hombres y mujeres hallase de esta profesión o escuela de Jesús . Caminando, pues, a Damasco, ya se acercaba a esta ciudad, cuando de repente le cercó de resplandor una luz del cielo. Y cayendo en tierra asombrado oyó una voz que le decía: ¡Saulo, Saulo!, ¿por qué me persigues? Y él respondió: ¿Quién eres tú, Señor? Y el Señor le dijo: Yo soy Jesús , a quien tú persigues: dura cosa es para ti el dar coces contra el aguijón. El entonces, temblando y despavorido, dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? Y el Señor le respondió: Levántate y entra en la ciudad, donde se te dirá lo que debes hacer. Los que venían acompañándole estaban asombrados, oyendo sonidos de voz, pero sin ver a nadie. Se levantó Saulo de la tierra, y aunque tenía abiertos los ojos, nada veía. Por lo cual llevándole de la mano le metieron en Damasco. Aquí se mantuvo tres días privado de la vista, y sin comer ni beber. Estaba a la sazón en Damasco un discípulo llamado Ananías, al cual dijo el Señor en una visión: ¡Ananías! Y él respondió: Aquí me tenéis, Señor. Levántate, le dijo el Señor, y ve a la calle llamada Recta; y busca en casa de Judas a un hombre de Tarso, llamado Saulo, que ahora está en oración. (Y en este mismo tiempo, veía Saulo en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para que recobrase la vista). Respondió Ananías: Señor, he oído decir a muchos que este hombre ha hecho grandes daños a tus santos en Jerusalén . Y aun aquí está con poderes de los príncipes de los sacerdotes para prender a todos los que invocan tu Nombre. Ve a encontrarlo, le dijo el Señor, que ese mismo es ya un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre y anunciarlo delante de todas las naciones, y de los reyes, y de los hijos de Israel. Y yo le haré ver cuántos trabajos tendrá que padecer por mi Nombre. Marchó, pues, Ananías, y entró en la casa, e imponiéndole las manos, le dijo: ¡Saulo, hermano mío!, el Señor Jesús , que se te apareció en el camino que traías, me ha enviado para que recobres la vista, y quedes lleno del Espíritu Santo. Al momento cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista; y levantándose fue bautizado. Y habiendo tomado después alimento, recobró sus fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos que habitaban en Damasco; y desde luego empezó a predicar en las sinagogas a Jesús , afirmando que éste era el Hijo de Dios. Todos los que le oían estaban pasmados, y decían: ¿Pues no es éste aquel mismo que con tanto furor perseguía en Jerusalén a los que invocaban este Nombre, y que vino acá de propósito para conducirlos presos a los príncipes de los sacerdotes? Saulo cobraba cada día nuevo vigor y esfuerzo, y confundía a los judíos que habitaban en Damasco, demostrándoles que Jesús era el Cristo . [Torres Amat]

Gradual (Gal. 2, 8; 2, 9)

Qui operátus est Petro in apostolátum, operátus est ei mihi inter gentes: et cognovérunt grátiam Dei, quæ data est mihi. Grátia Dei in me vácua non fuit: sed grátia ejus semper in me manet. Allelúja, allelúja. Magnus sanctus Paulus, vas electiónis, vere digne est glorificándus, qui et méruit thronum duodécimum possídere. Allelúja.

(pues quien dio eficacia a Pedro para el apostolado entre los circuncisos, me la dio también a mí para entre los gentiles); habiendo, digo, conocido Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas de la Iglesia, la gracia que se me había dado, nos dieron las manos, en señal de convenio, a mí y a Bernabé, para que nosotros predicásemos a los gentiles, y ellos a los circuncidados. [Torres Amat]

Tracto (Gal. 2, 8; 2, 9)

Qui operátus est Petro in apostolátum, operátus est ei mihi inter gentes: et cognovérunt grátiam Dei, quæ data est mihi. Grátia Dei in me vácua non fuit: sed grátia ejus semper in me manet. Tu es vas electiónis, sancte Paule Apóstole: vere digne es glorificándus. Prædicátor veritátis et doctor géntium in fide et veritáte. Per te omnes gentes cognovérunt grátiam Dei. Intercéde pro nobis ad Deum, qui te elégit.

(pues quien dio eficacia a Pedro para el apostolado entre los circuncisos, me la dio también a mí para entre los gentiles); habiendo, digo, conocido Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas de la Iglesia, la gracia que se me había dado, nos dieron las manos, en señal de convenio, a mí y a Bernabé, para que nosotros predicásemos a los gentiles, y ellos a los circuncidados. [Torres Amat]

Evangelio (Luc. 12, 35-40)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Sint lumbi vestri præcíncti, et lucernæ ardéntes in mánibus vestris, et vos símiles homínibus exspectántibus dóminum suum, quando revertátur a núptiis: ut, cum vénerit et pulsáverit, conféstim apériant ei. Beáti servi illi, quos, cum vénerit dóminus, invénerit vigilántes: amen, dico vobis, quod præcínget se, et fáciet illos discúmbere, et tránsiens ministrábit illis. Et si vénerit in secúnda vigília, et si in tértia vigília vénerit, et ita invénerit, beáti sunt servi illi. Hoc autem scitóte, quóniam, si sciret paterfamílias, qua hora fur veníret, vigiláret útique, et non síneret pérfodi domum suam. Et vos estóte paráti, quia, qua hora non putátis, Fílius hóminis véniet.

Estad con vuestras ropas ceñidas a la cintura, y tened en vuestras manos las luces ya encendidas. Sed semejantes a los criados que aguardan a su amo cuando vuelve de las bodas, a fin de abrirle prontamente, luego que llegue, y llame a la puerta. Dichosos aquellos siervos a los cuales el amo al venir encuentra así velando; en verdad os digo, que recogiéndose él su vestido, los hará sentar a la mesa, y se pondrá a servirles. Y si viene a la segunda vela, o viene a la tercera, y los halla así prontos, dichosos son tales criados. Tened esto por cierto, que si el padre de familia supiera a qué hora había de venir el ladrón, estará ciertamente velando, y ni dejaría que le robasen su casa. Así vosotros estad siempre prevenidos; porque a la hora que menos pensáis vendrá el Hijo del hombre. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Lucas 12, 35-40 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

Teofilato. Después que el Señor estableció a su discípulo en la moderación despojándolo de todo cuidado de la vida y del orgullo, lo induce ahora a servir diciendo: "Tened ceñidos vuestros lomos" -es decir estad siempre dispuestos a imitar a vuestro Dios-. "Y antorchas encendidas", esto es, no viváis entre tinieblas, sino que la luz de la razón os alumbre siempre dándoos a conocer lo que habéis de evitar. Este mundo es una noche, pero tienen ceñidos sus lomos los que llevan una vida práctica o activa. Porque tal es costumbre de los que trabajan, a quienes convienen antorchas ardientes, esto es el don de la discreción, para que puedan conocer en la práctica, no sólo lo que conviene hacer, sino cómo debe hacerse. De otra manera, los hombres caen en el precipicio de la soberbia. Y debe observarse que primero manda ceñir los lomos y después encender las antorchas, porque primero es la acción y después la reflexión, que es la luz del espíritu. Por tanto, estudiemos el modo de ejercer nuestras facultades y entonces tendremos dos antorchas ardientes, a saber: la inhabitación del Espíritu -que nos ilumina brillando en nuestra mente- y la doctrina con la que ilustramos a los demás.

San Máximo, in Cat. graec. Patr. O también nos enseña a tener encendidas las antorchas por la oración, la contemplación y el afecto espiritual.

San Cirilo, in Cat. graec. Patr. O bien el ceñirse los lomos significa la agilidad y prontitud con que debemos sufrir todos los males por el amor de Dios, y la antorcha encendida significa que no debemos permitir el que algunos vivan en las tinieblas de la ignorancia.

San Gregorio, in homil. 13, in Evang. De otro modo: ceñimos nuestros lomos cuando reprimimos la lujuria de la carne por la continencia. Porque la lujuria del hombre se encuentra en sus riñones y la de la mujer en el ombligo, aunque se designa por los riñones a la lujuria, por ser el sexo masculino el principal. Pero como no basta no obrar mal, sino que cada cual debe esforzarse por practicar buenas obras, añade: "Y antorchas encendidas en vuestras manos". Nosotros tenemos las antorchas encendidas en nuestras manos cuando con las buenas obras damos a nuestros prójimos ejemplos brillantes.

San Agustín, De quaest. Evang., lib. 2, cap. 25. O también, nos enseña a tener ceñidos los lomos por la continencia del amor de las cosas terrenas y a tener encendidas las antorchas. Esto es, para que todo ello lo hagamos con buen fin y recta intención.

San Gregorio, in homil. 13, ut sup. Pero aun cuando todo lo hagamos así, falta todavía que pongamos toda nuestra esperanza en la venida de nuestro Redentor. Por esto añade: "Y sed vosotros semejantes a los hombres que esperan a su Señor cuando vuelva de las bodas", etc. El Señor marchó a las bodas, porque cuando subió al cielo, se incorporó el hombre nuevo a la multitud de los ángeles.

Teofilato. Todos los días desposa en los cielos las almas de los santos, las que San Pablo u otro santo le ofrece como una casta virgen. Y vuelve de las bodas celebradas en los cielos, quizás de una manera universal, cuando al fin del mundo venga del cielo en la gloria del Padre, o quizás particularmente, apareciendo de repente en la hora de la muerte de cada uno de nosotros.

San Cirilo, ubi sup. Considera también que vuelve de las bodas como de una solemnidad en la que siempre existe la divinidad, porque nada puede causar tristeza a su naturaleza incorruptible.

San Gregorio Niceno, in Cat. graec. Patr., ex illius orat., vel. hom. 11, in cant. O de otro modo: terminadas las bodas y habiéndose desposado con la Iglesia y admitiéndola en el tálamo de sus misterios, se regocijarán los ángeles por la vuelta del rey a su natural beatitud. Con ellos conviene que esté conforme nuestra vida, porque así como ellos, exentos de malicia, están siempre preparados a celebrar el regreso de su Señor, así nosotros, vigilando a su puerta, debemos estar prontos a obedecer cuando venga llamando. Sigue pues: "Para que cuando viniere y llamare a la puerta luego le abran".

San Gregorio, in Evang hom, 13. Viene cuando nos llama a juicio, pero llama cuando da a conocer por la fuerza de la enfermedad que la muerte está próxima. Y le abrimos inmediatamente si lo recibimos con amor. No quiere abrir al juez que llama el que teme la muerte del cuerpo y se horroriza de ver a aquel juez a quien se acuerda que despreció. Pero aquel que está seguro por su esperanza y buenas obras, abre inmediatamente al que llama porque cuando conoce que se aproxima el tiempo de la muerte, se alegra por la gloria del premio. Por esto añade: "Bienaventurados aquellos siervos, que hallare velando el Señor, cuando viniere". Vigila aquel que tiene los ojos de su inteligencia abiertos al aspecto de la luz verdadera, el que obra conforme a lo que cree y el que rechaza de sí las tinieblas de la pereza y de la negligencia.

San Gregorio Niceno, ubi sup. Por esta vigilancia que, como queda dicho, nos mandó tener el Señor, dice que ciñamos nuestros lomos, teniendo encendidas las antorchas. Porque la luz puesta delante de nuestra vista rechaza el sueño, y cuando nuestros lomos están ceñidos con un cíngulo nuestro cuerpo no se duerme fácilmente. Porque el que está ceñido por la castidad e ilustrado por una conciencia limpia, vela siempre.

San Cirilo, ubi sup. Así pues, cuando venga el Señor y encuentre a los suyos despiertos y ceñidos, teniendo la luz en su corazón, entonces los llamará bienaventurados. Prosigue pues: "En verdad os digo que se ceñirá". En lo que comprendemos que nos retribuirá con lo mismo, porque se ceñirá El mismo con los que están ceñidos.

Orígenes, in Cat. graec. Patr. Estará ceñido por la justicia alrededor de sus lomos, según lo que dijo Isaías ( Is 11).

San Gregorio, ut sup. Se ciñe por la justicia, es decir, se prepara para la retribución.

Teofilato. O también: Se ceñirá en el sentido de que no dispensará toda la abundancia de sus bienes, sino que la retendrá en una cierta medida. Porque, ¿quién puede recibir a Dios en toda su grandeza? Por esto se dice que los mismos serafines velan sus rostros a causa de la excelencia del resplandor divino ( Is 6). Prosigue: "Y los hará sentar a la mesa", etc. Así como el que se sienta hace descansar todo su cuerpo, así a su futura venida los santos descansarán totalmente. Aquí no tuvieron descanso corporal, pero allí, hechos sus cuerpos espirituales e incorruptibles, gozarán con sus almas de eterno descanso.

San Cirilo, ubi sup. Hará que se sienten como queriendo desahogarlos del cansancio, ofreciéndoles satisfacciones espirituales y poniéndoles delante la mesa espléndida (u opípara) de sus dones.

San Dionisio, in epist. 9 ad Titum. Por el acto de sentarse creen algunos que debe entenderse el descanso de muchos trabajos, la vida sin molestias y el trato con Dios en la claridad y en la región de los vivos, cumplido con todo santo afecto y abundante donación de todas sus gracias, lo cual será el complemento de la alegría. Esto es lo que Jesús hará con los que haga sentarse, dándoles el descanso eterno y distribuyéndoles multitud de beneficios. Por esto sigue: "Y pasando los servirá".

Teofilato. Lo mismo hará cuando vuelva; porque así como ellos lo sirvieron, El los servirá.

San Gregorio, , in Evang hom. 13, ut sup. Se dice que pasando cuando vuelva del juicio a su reino. O bien, el Señor pasa a nosotros después del juicio porque nos eleva de la forma de la humanidad a la contemplación de su divinidad.

San Cirilo, ut sup. El Señor conoce, pues, la fragilidad humana para caer en el pecado. Pero como es bueno, no nos deja desesperar, sino que más bien se compadece y nos da la penitencia como remedio saludable. Por tanto añade: "Y si viniese en la segunda vela", etc. Los que velan en las murallas de las ciudades dividen, pues, en tres o cuatro vigilias la noche para que observen las acometidas de los enemigos.

San Gregorio, in homil. 13, ut sup. La primera vela es el primer tiempo de nuestra vida, esto es, la infancia. La segunda, la adolescencia o la juventud. La tercera, la ancianidad. Por tanto, el que no quiso vigilar en la primera vela, vigile en la segunda y el que no quiso vigilar en la segunda, no pierda el remedio de la tercera, para que aquellos que no se hayan convertido en la infancia se conviertan al menos en la juventud o en la ancianidad.

San Cirilo, ubi sup. No hace mención de la primera vigilia porque la niñez no es castigada por Dios, sino que merece perdón. Pero la segunda y la tercera edad deben obedecer a Dios y llevar una vida honesta para complacerlo.

Griego, id est, Servus Antiochenus, in Cat. graec. Patr. O bien pertenecen a la primera vigilia los que por su virtuosa vida han llegado al primer rango, a la segunda los que no son tan virtuosos y a la tercera los inferiores a éstos. Lo mismo debe pensarse de la cuarta y de la quinta, si la hubiera, porque son diversos los grados de la virtud y el buen remunerador mide a cada uno la recompensa que merece.

Teofilato. O bien, porque las vigilias son las horas de la noche que provocan el sueño, hemos de entender también que en nuestras vidas hay algunas horas que nos hacen bienaventurados si se nos halla vigilantes. ¿Te ha quitado alguno lo que es tuyo? ¿Se te han muerto tus hijos? ¿Has sido acusado? Pues si en todas estas ocasiones no haces nada en contra de lo que Dios tiene mandado, te encontrará despierto en la segunda y en la tercera vigilia, es decir en el tiempo de la desgracia que sume a las almas débiles en un sueño pernicioso.

San Gregorio, in homil. 13, ut sup. Para sacudir la pereza de nuestro espíritu, el Señor también nos da a conocer los daños exteriores con una comparación. Por esto añade: "Mas esto sabed, que si el padre de familia supiere la hora en que vendría el ladrón", etc.

Teofilato. Algunos creen que este ladrón es el diablo, la casa el alma y el padre de familia el hombre, pero esta opinión no parece conforme con lo que sigue. La venida del Señor se compara con este ladrón porque viene cuando menos se espera, según lo que dice el Apóstol ( 1Tes 5,2): "El día del Señor vendrá como el ladrón en la noche". Por esto se añade aquí: "Vosotros, pues, estad apercibidos, porque a la hora que no pensáis", etc.

San Gregorio, in Evang hom. 13. No sabiéndolo el padre de familia, el ladrón entra en la casa. Porque mientras el espíritu duerme abandonando la custodia, llega la muerte de manera imprevista e irrumpe en nuestro interior. Resistiría al ladrón si estuviese despierta. Porque precaviendo la venida del juez, que en secreto arrebata el alma, le saldría al encuentro con el arrepentimiento para no sucumbir impenitente. Quiso el Señor, por tanto, que nos fuese desconocida la última hora, para que no pudiendo preverla, estemos siempre preparándonos para ella.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena

Ofertorio (Ps. 138, 17)

Mihi autem nimis honoráti sunt amíci tui, Deus: nimis confortátus est principátus eórum.

Mas yo veo, Dios mío, que tú has honrado sobremanera a tus amigos; su imperio ha llegado a ser sumamente poderoso. [Torres Amat]

Secreta

Apóstoli tui Pauli précibus, Dómine, plebis tuæ dona sanctífica: ut, quæ tibi tuo grata sunt institúto, gratióra fiant patrocínio supplicántis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Por las súplicas de vuestro Apóstol Pablo, Señor, santificad los dones de vuestro pueblo: para que lo que os es grato por vuestra institución, se haga más grato por el patrocinio de quien suplica. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Comunión (Matt. 24, 46-47)

Beátus servus, quem, cum vénerit dóminus, invénerit vigilántem: amen, dico vobis, super ómnia bona sua constítuet eum. (Allelúja.)

Bienaventurado el siervo, a quien cuando venga su Señor le hallare cumpliendo así con su obligación. En verdad os digo que le encomendará el gobierno de toda su hacienda. [Torres Amat]

Poscomunión

Sanctificáti, Dómine, salutári mystério: quǽsumus; ut nobis ejus non desit orátio, cujus nos donásti patrocínio gubernári. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Santificados, Señor, por el saludable misterio: os rogamos que no nos falte la oración de aquel por cuyo patrocinio nos concedisteis ser gobernados. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

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