jueves, 23 de julio de 2026 San Apolinar, Obispo y Mártir

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Los Santos Inocentes, Mártires

Introito (Ps. 8, 3)

Ex ore infántium, Deus, et lacténtium perfecísti laudem propter inimicos tuos. Dómine, Dóminus noster: quam admirábile est nomen tuum in univérsa terra!

De la boca de los niños y de los que están aún pendientes del pecho de sus madres, hiciste tú salir perfecta alabanza, por razón de tus enemigos, para destruir al enemigo y al vengativo. [Torres Amat]

Colecta

Deus, cujus hodierna die præcónium Innocéntes Mártyres non loquéndo, sed moriéndo conféssi sunt: ómnia in nobis vitiórum mala mortífica; ut fidem tuam, quam lingua nostra lóquitur, étiam móribus vita fateátur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Oh Dios, cuya alabanza los Mártires Inocentes confesaron en el día de hoy no hablando, sino muriendo, mortificad en nosotros todos los males de los vicios, para que también con las costumbres nuestra vida proclame la fe que confiesa nuestra lengua. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Epístola (Apoc. 14, 1-5)

Léctio libri Apocalýpsis beáti Joánnis Apóstoli In diébus illis: Vidi supra montem Sion Agnum stantem, et cum eo centum quadragínta quatuor mília, habéntes nomen ejus, et nomen Patris ejus scriptum in fróntibus suis. Et audívi vocem de cœlo, tamquam vocem aquárum multárum, et tamquam vocem tonítrui magni: et vocem, quam audívi, sicut citharœdórum citharizántium in cítharis suis. Et cantábant quasi cánticum novum ante sedem, et ante quátuor animália, et senióres: et nemo póterat dícere cánticum, nisi illa centum quadragínta quátuor mília, qui empti sunt de terra. Hi sunt, qui cum muliéribus non sunt coinquináti: vírgines enim sunt. Hi sequúntur Agnum, quocúmque íerit. Hi empti sunt ex homínibus primítiæ Deo, et Agno: et in ore eórum non est invéntum mendácium: sine mácula enim sunt ante thronum Dei.

Aquí está el saber. Quien tiene, pues, inteligencia, calcule el número de la bestia, porque su número es el que forman las letras del nombre de un hombre, y el número de la bestia es seiscientos sesenta y seis. Y he aquí que miré; y vi que el Cordero estaba sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil personas que tenían escrito en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre. Al mismo tiempo oí una voz del cielo, semejante al ruido de muchas aguas y al estampido de un trueno grande; y la voz, que oí, era como de citaristas que tañían sus cítaras. Y cantaban como un cantar nuevo ante el trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos; y nadie podía cantar ni entender aquel cántico, fuera de aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, que fueron rescatados de la tierra. Estos son los que no se mancillaron con mujeres, porque son vírgenes. Estos siguen al Cordero doquiera que vaya. Estos fueron rescatados de entre los hombres como primicias escogidas para Dios y para el Cordero, [Torres Amat]

Gradual (Ps. 123, 7-8)

Anima nostra, sicut passer, erépta est de láqueo venántium. Láqueus contrítus est, et nos liberáti sumus: adjutórium nostrum in nómine Dómini, qui fecit cœlum et terram. Allelúja, allelúja. Laudáte, púeri, Dóminum, laudáte nomen Dómini. Allelúja.

Nuestra alma, o vida, escapó cual pájaro del lazo de los cazadores; fue roto el lazo, y nosotros quedamos libres. Nuestro socorro viene del Nombre del Señor, creador del cielo y de la tierra. [Torres Amat]

Tracto (Ps. 78, 3; 78, 10)

Effudérunt sánguinem Sanctórum, velut aquam, in circuitu Jerúsalem, Et non erat, qui sepelíret. Víndica, Dómine, sánguinem Sanctórum tuórum, qui effúsus est super terram.

Como agua han derramado la sangre suya alrededor de Jerusalén , sin que hubiese quién los sepultase. No sea que se diga ante los gentiles: ¿Dónde está el Dios de ésos? Brille, pues, entre las naciones, y vean nuestros ojos la venganza que tomas de la sangre de tus siervos, que ha sido derramada. [Torres Amat]

Evangelio (Matt. 2, 13-18)

Sequéntia sancti Evangélii secundum Matthǽum In illo témpore: Angelus Dómini appáruit in somnis Joseph, dicens: Surge, et áccipe Púerum et Matrem ejus, et fuge in Ægýptum, et esto ibi, usque dum dicam tibi. Futúrum est enim, ut Heródes quærat Púerum ad perdéndum eum. Qui consúrgens accépit Púerum et Matrem ejus nocte, et secéssit in Ægýptum: et erat ibi usque ad óbitum Heródis: ut adimplerétur quod dictum est a Dómino per Prophétam dicéntem: Ex Ægýpto vocávi Fílium meum. Tunc Heródes videns, quóniam illúsus esset a Magis, irátus est valde, et mittens occídit omnes púeros, qui erant in Béthlehem et in ómnibus fínibus ejus, a bimátu et infra, secúndum tempus, quod exquisíerat a Magis. Tunc adimplétum est, quod dictum est per Jeremíam Prophetam dicéntem: Vox in Rama audíta est, plorátus et ululátus multus: Rachel plorans fílios suos, et nóluit consolári, quia non sunt.

Después que ellos partieron, un ángel del Señor apareció en sueños a José, diciéndole: Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y estate allí hasta cuando yo te avise; porque Herodes buscará al niño para matarlo. Levantándose José, tomó al niño y a su madre de noche y se retiró a Egipto, donde se mantuvo hasta la muerte de Herodes ; de suerte que se cumplió lo que dijo el Señor por boca del profeta: Yo llamé de Egipto a mi hijo. Entretanto Herodes , viéndose burlado de los magos, se irritó sobremanera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en toda su comarca, de dos años abajo, conforme al tiempo de la aparición de la estrella, que había averiguado de los magos. Se vio cumplido entonces lo que predijo el profeta Jeremías, diciendo: Hasta en Ramá se oyeron las voces, muchos lloros y alaridos: Es Raquel que llora sus hijos, sin querer consolarse porque ya no existen. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Mateo 2, 13-18 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

Rábano. San Mateo omite aquí el día de la Purificación, en el cual debía el primogénito ser presentado en el templo con la ofrenda de un cordero, o un par de tórtolas o palomas. El temor que tenían a Herodes no fue impedimento para que cumplieran con la Ley y llevaran al niño al Templo. Pero cuando comenzó a extenderse el rumor del nacimiento del niño, fue enviado un ángel para indicar a José que lleve al niño a Egipto. Por eso dice el texto sagrado: "Un ángel del Señor apareció en sueños a José".

Remigio. De que el ángel fue siempre enviado a José mientras dormía, debemos deducir que aquéllos que viven alejados de los cuidados de la tierra y de las preocupaciones mundanas, son dignos de gozar de las visiones celestiales. El ángel le dijo: "Levántate y toma al niño y a su madre".

San Hilario, in Matthaeum, 1. Antes, para dar a entender que ella estaba desposada con un justo, la llamó su esposa, pero ahora, después del nacimiento de Jesús, no le da otro título que el de madre, y esto porque así como el casamiento con José se presenta como garantía de la virginidad de María, así la maternidad divina nos ofrece la prueba más irrecusable de esta misma virginidad.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 2. No dice: "Toma a la madre y a su hijo", sino al contrario, porque el niño no nació por la madre, sino que la madre fue preparada para el niño. Prosiguen las palabras: "Y huye a Egipto". ¿Pero cómo el hijo de Dios huye delante de un hombre? ¿Quién se verá libre de enemigos, si El mismo teme a sus enemigos? Pero en primer lugar, convenía que también en esto siguiese la ley de la naturaleza humana, a la que se había sometido, ley que exige que la naturaleza humana, abandonada a sus propias fuerzas y en la edad tierna, huya cuando un poder nos amenaza. Además convenía que así sucediese, para que los cristianos no se avergüencen de huir cuando la persecución les obligue a ello. Pero, ¿por qué a Egipto? Porque el Señor, cuya cólera no permanece por siempre, se acordó de todos los males con que había afligido a Egipto, y queriendo dar a este pueblo una señal de gran reconciliación, envía allí como medicina a su Hijo, que debía curar las diez plagas de otro tiempo; para que fuera custodio de su Hijo único aquel que había sido perseguidor de su pueblo escogido; para hacer fieles servidores de Jesús a aquellos que habían sido tiranos dominadores de su pueblo; y para hacerlos de esta manera dignos no ya de las mortíferas aguas del Mar Rojo, sino de las fuentes vivificantes del bautismo.

San Agustín, in sermonibus de Epiphania. Escucha el gran misterio que aquí se encierra: Moisés en otro tiempo había cerrado las puertas del día a los pérfidos en Egipto. Cristo, llegando allí, volvió la luz a estos hombres que yacían en las tinieblas. Cristo huye, no para ocultarse, sino para iluminar.

San Agustín, in sermonibus de Epiphania. El texto sagrado continúa: "Y estáte allí hasta que yo te lo diga, porque ha de acontecer que Herodes busque al niño para matarle".

San Agustín, in sermonibus de innocentibus. El infortunado tirano temía ser depuesto de su trono. Pero no era así; Cristo no había venido para arrebatar la gloria de los otros, sino para dar la suya.

San Agustín, in sermonibus de innocentibus. "Levantándose, tomó al niño y a su madre de noche, y se retiró a Egipto".

San Hilario, in Matthaeum, 1. A Egipto, lleno de ídolos, pues perseguido por los judíos, deja en Judea su ignominia para ir a buscar homenajes entre los gentiles.

San Jerónimo, in Matthaeum. Cuando toma a la madre y al niño para pasar con ellos a Egipto, lo hace de noche y en medio de las tinieblas; pero cuando vuelve a la Judea, no habla el evangelista ni de la noche ni de las tinieblas.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 2. Las angustias de la persecución se comparan a la noche; el consuelo y solaz son semejantes al día.

Rábano. O bien, que al retirarse la luz verdadera, sus enemigos permanecieron en las tinieblas, y fueron iluminados cuando ésta volvió a aparecer.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 8. Ved al tirano llenarse de furor apenas nace este niño, y ved también a la Madre huir con el hijo a tierra extranjera, y sirva esto de ejemplo para que cuando comencéis alguna obra espiritual y os sintáis afligidos por la tribulación, no os turbéis ni dejéis llevar del abatimiento sino soportéis con valor y heroísmo todas las contradicciones.

Beda, homilia in Nat. innocent. El Salvador, conducido a Egipto por sus padres, nos enseña que muchas veces los buenos se ven obligados a huir de sus hogares por la perversidad de los malos, y aun también condenados a un destierro. El que había de decir a los suyos: "Cuando os persiguiesen en una ciudad huid a la otra", nos dio primero el ejemplo, huyendo como un hombre delante de otro hombre después que había sido adorado por los magos y anunciado por una estrella.

Remigio. El profeta Isaías había predicho la huida del Señor a Egipto, por estas palabras: "He aquí que el Señor subirá sobre una nube ligera, y entrará en Egipto y serán conmovidos los ídolos de Egipto con su presencia" ( Is 19,1).

Remigio. San Mateo tiene la costumbre de confirmar todo cuanto dice, y esto porque escribió para los judíos, por ello añade: "Para que se cumpliese lo que había dicho el profeta: De Egipto llamé a mi hijo".

San Jerónimo, epistulae, 57,7. Este pasaje no se lee en la versión de los Setenta, pero en el texto hebreo de Oseas se encuentran literalmente estas palabras ( Os 11,1).

San Jerónimo, in Osee propheta, 2,2. El evangelista se sirve de este testimonio, porque estas palabras se refieren a Cristo como a su prototipo. Debe notarse que este profeta, como todos los demás, predicen la venida de Cristo y la vocación de los gentiles de tal manera, que no se rompe el hilo de la historia.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 8. Es una ley de la profecía, que lo que ella repite muchas veces de unos, se vea cumplido en otros. Esto se ve cumplido en las siguientes palabras dichas de Leví y de Simeón ( Gén 49,7): "Los dividiré en Jacob y los esparciré en Israel". Esto no se cumplió en ellos, sino en sus descendientes. Todo esto es evidente en este pasaje, porque siendo Cristo por naturaleza el Hijo de Dios, en El es en quien se ha cumplido esta profecía.

San Jerónimo. Pero a causa de los que opinan en sentido diverso, podemos explicar este pasaje de otro modo y aducir para ello el testimonio de Balaam en los Números: "Dios lo sacó de Egipto, cuya gloria es semejante a la del unicornio" ( Núm 23,22).

Remigio. José representa a los predicadores de la palabra divina; María, a la Sagrada Escritura; el niño, el conocimiento del Salvador; la crueldad de Herodes, la persecución que sufrió la primitiva Iglesia en Jerusalén; la huida de José a Egipto, la venida de los apóstoles a los pueblos de la gentilidad (Egipto quiere decir tinieblas); el tiempo que pasó en Egipto, el espacio que media desde la Ascensión del Señor hasta la venida del Anticristo; la muerte de Herodes, la extinción de la envidia del corazón de los judíos.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 2. Después que el pequeño Jesús subyugó a los magos, no con un poder corporal, sino con la gracia del Espíritu, Herodes se llenaba de furor, porque no había podido conquistar, a pesar del brillo y esplendor de su trono, a aquéllos a quienes el pequeño Jesús había deslumbrado recostado en un pesebre. Los desprecios de los magos añadieron nuevos motivos a su furor, y esto es lo que significan aquellas palabras: "Entonces Herodes, cuando vio que había sido burlado por los magos, se irritó mucho". La cólera de los reyes es grande e inextinguible cuando nace del deseo desordenado de reinar. ¿Pero qué es lo que hizo? Enviando, hizo matar a todos los niños. A la manera que la bestia herida despedaza todo cuanto encuentra a su paso creyéndola causa de su daño, así él, engañado por los magos, descargaba su furor sobre los niños. En medio de su furor pensaba: "Indudablemente los magos han encontrado al niño que decían había de reinar", porque un rey lleno de la ambición de reinar, lo sospecha todo y todo lo teme. Por eso mandó matar a todos los niños, para quitar de en medio a uno solo por la muerte de todos.

San Agustín, in sermonibus de Epiphania. Y mientras él persigue a Cristo, rey contemporáneo de este rey perseguidor, le dio un ejército resplandeciente de mártires.

San Agustín, in sermonibus de Epiphania. Jamás este enemigo terrenal hubiera podido tributar a estos bienaventurados niños los beneficios que les tributó con su odio, porque mientras mayor fue el odio con que les persiguió, más abundante fue la gracia que los beatificó.

S. Agustín, sermones, 373,3. ¡Oh bienaventurados niños! Solamente podrá dudar de la corona que habéis merecido con vuestro martirio por Cristo, aquel que dude de la gracia que los niños reciben con el bautismo de Cristo. El que pudo tener ángeles para que lo anunciaran, magos para que lo adorasen, hubiera podido también arrancarles de esta muerte sufrida por El, si no hubiese sido porque sabía que esta muerte no era la ruina sino el triunfo de aquellos niños. Lejos de nosotros el pensar que al venir Cristo para la salvación del mundo, no hubiera hecho nada para salvar a aquellos que dieron su sangre por El, que pendiente de un madero rogó por los mismos que lo crucificaban.

Rábano. Pero Herodes no se contentó con llenar de luto y desolación a Belén, sino que llevó la muerte a los lugares vecinos, y sin tener compasión alguna por la tierna edad, hizo matar a todos los que tenían desde una sola noche de nacidos hasta los que contaban con dos años. Y esto es lo que se nos quiere decir por estas palabras: "En Belén y en toda su comarca de dos años y abajo".

San Agustín, in sermonibus de Epiphania. Los magos no habían visto pocos días antes esta estrella desconocida, sino que hacía dos años, como se deduce de la respuesta que dieron a Herodes. Por eso este rey hizo matar a todos los niños de dos o menos años de edad, por eso añade el texto sagrado: "Conforme al tiempo que había averiguado de los magos".

San Agustín, in sermonibus de Epiphania. Tal vez temía que este niño, a quien las estrellas obedecían, cambiase su edad para ocultarse y hubiese tomado la forma de una edad mayor o menor, y por eso parece que mandó matar a todos los niños de dos años hasta los que sólo tenían un día.

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,11. Quizá Herodes, embargaba su pensamiento en matar a los niños, pero por peligros que veía muy de cerca dilató aquella matanza. O tal vez pudo creer que los magos, engañados por la apariencia de una falsa estrella, tuvieron vergüenza de volverse a él sin haber encontrado al niño. Así, depuesto todo temor, Herodes dejó de perseguir al niño, y de esta manera, cumplidos los días de la purificación, sus padres pudieron con toda tranquilidad subir al Templo 1. ¿A quién puede extrañar que un rey ocupado en tantas cosas no advirtiese este acontecimiento? Y sólo más tarde, cuando se divulgó todo lo que había acontecido en el Templo, Herodes comprendió que había sido engañado por los magos. Entonces fue cuando comenzó la matanza de tantos niños, como refiere el evangelista.

Beda, homilia in Nat. innocent. La muerte de estos niños fue una profecía del sacrificio de todos los mártires de Cristo. Este martirio de niños nos enseña que por la humildad es por donde se consigue la gracia del martirio. El martirio, que se extiende desde Belén a todas las cercanías, prefigura la persecución que desde Judea, cuna de la Iglesia, debía extenderse por toda la tierra. Los mártires de dos años representan a los mártires perfectos en la doctrina y en las obras; los de menos de dos años, a las almas sencillas que sufren por la fe. Que ellos fuesen sacrificados y que Cristo escapase de manos de sus perseguidores, nos enseña que los impíos pueden hacer perecer los cuerpos de los mártires, pero no separarlos de Cristo.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 9. Después de habernos llenado de horror con la narración de tan sangriento martirio, el evangelista, para calmar un tanto esta desagradable impresión, nos manifiesta que todas estas cosas no sucedieron porque Dios no pudiera impedirlo o porque las ignorase, sino según lo había anunciado por boca de su profeta. Por ello dice: "Entonces fue cumplido".

San Jerónimo, in Ieremiam, 31,15. San Mateo no refiere este pasaje conforme al texto hebreo, o conforme a los Setenta, lo cual prueba que los evangelistas y los apóstoles no siguieron la interpretación de nadie sino que expresaron, como hebreos que eran y en su misma lengua, lo que según ellos contenía el texto hebreo 1.

San Jerónimo, in Matthaeum. No debemos tomar a Ramá 2 por el nombre del lugar que se encuentra cerca de Gueba. Ramá quiere decir alto, como si dijera: "Voz fue oída en lo alto", es decir, desde muy lejos.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 2. Tal vez porque se trataba de la muerte de los inocentes, se dice que se oía en las alturas conforme a aquellas palabras: "La voz del pobre penetra las nubes" ( Eclo 35,21). La palabra lloro, significa el llanto de los niños, y lamento, los lamentos de las madres. El dolor de los niños acaba con la muerte, pero el de las madres se renueva siempre con la memoria. Por eso dice: "mucho lamento. Raquel llorando sus hijos".

San Jerónimo, in Matthaeum. Habiendo nacido Benjamín de Raquel, a cuya tribu no corresponde Belén, podría preguntarse por qué Raquel lloraba como a sus propios hijos a los hijos de Judá, esto es, a los de Belén. A esto podría responderse brevemente que fue enterrada cerca de Belén, en Efratá, y tomó el nombre de madre del lugar donde descansaban sus restos. O que, siendo Judá y Benjamín dos tribus unidas, y habiendo mandado Herodes dar muerte a los niños no sólo de Belén sino de todos sus confines, el hablar de la matanza en Belén, puede entenderse que también fueron sacrificados muchos niños de la tribu de Benjamín.

Ambrosiaster, quaestiones Novi et Veteri Testamenti, q. 62. O por último, que los hijos de Benjamín, destruidos en otro tiempo por las demás tribus y extinguidos para siempre, fueron objeto del llanto de Raquel al contemplar la suerte de los hijos de su hermano, muertos para heredar la vida eterna. Siempre el infortunado lamenta sus propias desgracias en presencia de la felicidad ajena.

Remigio. Para pintar el evangelista con colores más vivos la magnitud del dolor, dijo que aun después de muerta Raquel había llorado a sus hijos y no quiso ser consolada porque ya no son.

San Jerónimo, in Matthaeum. Esto puede tener dos sentidos: o bien que ella los creía muertos para siempre, o bien que no quería recibir consuelo de aquellos que sabía que habían de ser vencedores. Así, el sentido de las palabras: "No quiso ser consolada porque no son", es éste: no quiso ser consolada de que no existiesen.

San Hilario, in Matthaeum, 1. No es cierto que hubiesen dejado de existir aquellos que se tenían por muertos. La gloria del martirio los había transportado a la vida de la eternidad. Debía, pues, ofrecerse consuelo por una cosa perdida, no por una cosa acrecentada. Raquel era la figura de la Iglesia, por mucho tiempo estéril y ahora fecunda; no gime y llora por los hijos que le han arrebatado, sino porque le han arrebatado a los que ella hubiera querido conservar como a hijos suyos muy queridos.

Rábano. Puede también significar a la Iglesia que llora a los santos muertos a este mundo. Y no desea ser consolada como si los que vencieron al mundo con la muerte fueran a ser llamados de nuevo a los mismos combates, porque ciertamente no han de volver al mundo.

La glosa. Tal vez no quiera ser consolada en este mundo porque no son, y pone todo su consuelo y su esperanza en la vida eterna.

Rábano. Raquel -cuyo nombre significa oveja, o el que ve-, es figura de la Iglesia, cuyo único deseo es contemplar a Dios. Es también la centésima oveja que el pastor lleva sobre sus hombros.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena

Ofertorio (Ps. 123, 7)

Anima nostra, sicut passer, erépta est de láqueo venántium: láqueus contrítus est, et nos liberáti sumus.

Nuestra alma, o vida, escapó cual pájaro del lazo de los cazadores; fue roto el lazo, y nosotros quedamos libres. [Torres Amat]

Secreta

Sanctórum tuórum, Dómine, nobis pia non desit orátio: quæ et múnera nostra concíliet, et tuam nobis indulgéntiam semper obtíneat. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

No nos falte, Señor, la piadosa oración de vuestros Santos, que concilie nuestros dones y nos obtenga siempre vuestro perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Comunión (Matt. 2, 18)

Vox in Rama audíta est, plorátus, et ululátus: Rachel plorans fílios suos, et nóluit consolári, quia non sunt.

Hasta en Ramá se oyeron las voces, muchos lloros y alaridos: Es Raquel que llora sus hijos, sin querer consolarse porque ya no existen. [Torres Amat]

Poscomunión

Votíva, Dómine, dona percépimus: quæ Sanctórum nobis précibus, et præséntis, quǽsumus, vitæ páriter et ætérnæ tríbue conférre subsídium. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Hemos recibido, Señor, los dones votivos; concedednos, os rogamos, que por las súplicas de los Santos nos aporten auxilio igualmente para la vida presente y para la eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

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