martes, 27 de diciembre de 2016
San Juan, Apóstol y Evangelista
Introito (Eccli. 15, 5)
In médio Ecclésiæ apéruit os ejus: et implévit eum Dóminus spíritu sapiéntiæ et intelléctus: stolam glóriæ índuit eum. (Allelúja, allelúja.) Bonum est confitéri Dómino: et psállere nómini tuo, Altíssime.
y en medio de la comunidad le abrirá la boca, llenándolo del espíritu de sabiduría y de inteligencia, y revistiéndole de un manto que lo cubrirá de gloria. [Torres Amat]
Colecta
Ecclésiam tuam, Dómine, benígnus illústra: ut, beáti Joánnis Apóstoli tui et Evangelístæ illumináta doctrínis, ad dona pervéniat sempitérna. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Iluminad benigno, Señor, vuestra Iglesia, para que, alumbrada por las enseñanzas de vuestro bienaventurado Apóstol y Evangelista Juan, llegue a los dones sempiternos. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Epístola (Eccli. 15, 1-6)
Lectio libri Sapiéntiæ Qui timet Deum, fáciet bona: et qui cóntinens est justítiæ, apprehéndet illam, et obviábit illi quasi mater honorificáta. Cibábit illum pane vitæ et intelléctus, et aqua sapiéntiæ salutáris potábit illum: et firmábitur in illo, et non flectétur: et continébit illum, et non confundétur: et exaltábit illum apud próximos suos, et in médio ecclésiæ apériet os ejus, et adimplébit illum spíritu sapiéntiæ et intelléctus, et stola glóriæ véstiet illum. Jucunditátem et exsultatiónem thesaurizábit super illum, et nómine ætérno hereditábit illum, Dóminus, Deus noster.
El que teme a Dios hará buenas obras; y quien observa exactamente la justicia, poseerá la sabiduría; porque ella le saldrá al encuentro cual madre respetable, y cual virgen desposada lo recibirá. Lo alimentará con pan de vida y de inteligencia, y le dará a beber el agua de ciencia saludable, y fijará en él su morada, y él le será constante. Y la sabiduría será su sostén, y no se verá jamás confundido, sino que será ensalzado entre sus hermanos, y en medio de la comunidad le abrirá la boca, llenándolo del espíritu de sabiduría y de inteligencia, y revistiéndole de un manto que lo cubrirá de gloria. Le colmará de consuelo y alegría, y le dará en herencia un eterno renombre. [Torres Amat]
Gradual (Joann. 21, 23; 21, 19)
Exiit sermo inter fratres, quod discípulus ille non móritur: et non dixit Jesus: Non móritur, Sed: Sic eum volo manére, donec véniam: tu me séquere. Allelúja, allelúja. Hic est discípulus ille, qui testimónium pérhibet de his: et scimus, quia verum est testimónium ejus. Allelúja.
Y de aquí se originó la voz que corrió entre los hermanos, de que este discípulo no moriría. Mas no le dijo Jesús : No morirá, sino: Si yo quiero que así se quede hasta mi venida, ¿a ti qué te importa? Esto lo dijo para indicar con qué género de muerte había Pedro de glorificar a Dios. Y después de esto, añadió: Sígueme. [Torres Amat]
Tracto (Ps. 111, 1-3)
Beátus vir, qui timet Dóminum: in mandátis ejus cupit nimis. Potens in terra erit semen ejus: generátio rectórum benedicétur. Glória et divítiæ in domo ejus: et justítia ejus manet in sǽculum sǽculi.
Bienaventurado el hombre que teme al Señor, y que toda su afición la pone en cumplir sus mandamientos. Poderosa será sobre la tierra la descendencia suya; bendita será la generación de los justos. Gloria y riquezas habrá en su casa, y su justicia durará eternamente. [Torres Amat]
Evangelio (Joann. 21, 19-24)
Sequéntia sancti Evangélii secundum Joánnem In illo témpore: Dixit Jesus Petro: Séquere me. Convérsus Petrus vidit illum discípulum, quem diligébat Jesus, sequéntem, qui et recúbuit in cena super pectus ejus, et dixit: Dómine, quis est qui tradet te ? Hunc ergo cum vidísset Petrus, dixit Jesu: Dómine, hic autem quid? Dicit ei Jesus: Sic eum volo manére, donec véniam, quid ad te? tu me séquere. Exiit ergo sermo iste inter fratres, quia discípulus ille non móritur. Et non dixit ei Jesus: Non móritur; sed: Sic eum volo manére, donec véniam: quid ad te? Hic est discípulus ille, qui testimónium pérhibet de his, et scripsit hæc: et scimus, quia verum est testimónium ejus.
Esto lo dijo para indicar con qué género de muerte había Pedro de glorificar a Dios. Y después de esto, añadió: Sígueme. Volviéndose Pedro a mirar, vio venir detrás al discípulo amado de Jesús , aquel que en la cena se reclinara sobre su pecho, y había preguntado: Señor, ¿quién es el que te hará traición? Pedro, pues, habiéndole visto, dijo a Jesús : Señor, ¿qué será de éste? Le respondió Jesús : Si yo quiero que así se quede hasta mi venida, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme a mí. Y de aquí se originó la voz que corrió entre los hermanos, de que este discípulo no moriría. Mas no le dijo Jesús : No morirá, sino: Si yo quiero que así se quede hasta mi venida, ¿a ti qué te importa? Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y las ha escrito; y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Juan 21, 19-24 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 87. Después que el Señor habló a Pedro del amor que éste le tenía, le predice el martirio que deberá sufrir por El, enseñándonos el modo cómo se le debe amar. Por eso dice: "En verdad, en verdad, te digo, que cuando eras joven, te ceñías e ibas a donde querías". Le recuerda su primera juventud, porque en las cosas del mundo el joven es útil, pero el que envejece se inutiliza, lo que no sucede en las cosas divinas, porque en la ancianidad es más esclarecida la virtud y más industriosa, a pesar de la edad. Como Pedro siempre quería hallarse en los peligros con Cristo, le dice: Confía, porque yo satisfaré tu deseo de tal modo, que padecerás siendo anciano lo que no padeciste de joven. Por eso sigue: "Cuando envejecieres", por lo que se da a entender que a la sazón no era joven ni viejo, sino varón perfecto.
Orígenes, super Mat. Observa que no es fácil encontrar que los que son aptos para esta obra, pasen de pronto de esta vida a la otra, pues aquí se le dice a Pedro: "Cuando envejecerás extenderás tus manos".
San Agustín, in Ioannem, tract., 123. Esto es, serás crucificado, pues a esto vendrás para que otro te ciña y te lleve donde tú no quieras. Primero dijo lo que sucedería, y después el modo, pues no sólo fue crucificado, sino que fue conducido a donde él no quería para crucificarle. El quería verse desembarazado de su cuerpo mortal y estar con Cristo. Pero (si era posible) deseaba la vida eterna sin las molestias de la muerte, las que sufrió contra su voluntad, triunfando de ellas voluntariamente. Este sentimiento de repugnancia a la muerte es inherente a la naturaleza, y la misma ancianidad no pudo librar a Pedro. Pero sean cuales fueren las agonías de la muerte, debe superarlas a fuerza del amor por Aquel que, siendo nuestra vida, quiso morir por nosotros. Porque si la muerte fuera de poca importancia, no sería tan grande la gloria del martirio.
Crisóstomo, ut supra. Dice, pues, "Adonde tú no quieras", por el natural sufrimiento del alma, que no quiere separarse del cuerpo, disponiéndolo Dios así, para que muchos no se quiten la vida. Después, para levantar el espíritu del oyente, continuó el Evangelista: "Esto lo dijo para significar con qué género de muerte glorificaría a Dios". El no dijo qué clase de suplicio sufriría, para que aprendas que el padecer por Cristo es gloria y honor para el paciente. Si el alma de un mártir no tuviese la seguridad de que realmente existe Dios, no soportaría de ningún modo la consideración de la muerte, por la que se revela la certeza de la gloria divina.
San Agustín, ut supra. Este es el fin que encontró aquel que negó y amó, dando su vida con perfecto amor por aquel a quien había prometido en una precipitación culpable que daría su vida. Convenía, pues, que Cristo muriera por la salvación de Pedro, y que después Pedro muriera por la predicación de Cristo.
San Agustín, in Ioannem, tract., 124. Después de haber anunciado el Señor a Pedro con qué género de muerte le glorificaría, le invita a seguirle, y por eso dice: "Sígueme". ¿Por qué se dice a Pedro "Sígueme", y no se dice a los demás, que estaban presentes, y que como discípulos seguían al Maestro? Y si se trata del martirio, ¿acaso sólo Pedro le padeció? Estaba también allí Santiago, que se sabe fue muerto por Herodes. Pero dirá alguno que Santiago no fue crucificado, y con razón sólo se le dijo a Pedro "Sígueme", porque no sólo sufrió la muerte, sino muerte de cruz.
Teofilacto. Oyendo Pedro que había de morir por Cristo, quiere saber si Juan ha de morir. Por eso sigue: "Volviéndose Pedro vio al discípulo que Jesús amaba", etc.
San Agustín, ut supra. Se llama a sí mismo el discípulo a quien amaba Jesús, porque el Salvador le distinguía de los demás con un cariño más familiar, de tal modo, que en la cena le hizo reclinar sobre su pecho. Yo creo que de este modo recomendó la divina excelencia del Evangelio que había de predicar. Piensan algunos de los más acreditados intérpretes de la Sagrada Escritura, que Juan fue más amado de Cristo, porque desde su infancia vivió castísimamente.
San Agustín, ut supra. Sigue: "Habiéndole, pues, visto Pedro, dijo a Jesús: ¿Señor, éste qué?"
Teofilacto. Esto es, como exponen algunos: ¿Acaso éste no morirá?
Teofilacto. Sigue: "Jesús le dijo: Así quiero que permanezca hasta que yo venga, ¿a ti que te va?"
San Agustín, ut supra. Repetidamente ha dicho: "Tú, sígueme". Como si no debiera seguirle, por cuanto debía permanecer hasta que venga. Hay quién cree fácilmente que dijera otra cosa diferente de lo que creyeron los hermanos que estaban presentes. Sigue, "Corrió, pues, entre ellos la voz de que aquel discípulo no muere", pero esta opinión la refuta el mismo San Juan, diciendo: "Y no dijo Jesús no muere; sino que quiero que permanezca así hasta que yo venga, ¿a ti qué te va?" Pero si se quiere, aun se puede replicar, diciendo que es verdad lo que dice San Juan, de que el Señor no hubiese dicho que aquel discípulo no muere; pero que esto se entiende en el sentido que él explica.
Teofilacto. También puede decirse que Cristo no negó que Juan había de morir (porque todo lo que nace, muere), sino que dijo: "Quiero que él permanezca", esto es, que viva hasta el fin del mundo y entonces padecerá martirio por mí. Por tanto, pues, confiesan que aun vive, y que deberá ser muerto por el anticristo, y que entonces, juntamente con Elías y Enoch, predicará en nombre de Cristo. Y que si bien se enseña su sepulcro, entró en él vivo y salió después.
San Agustín, ut supra. Tal vez dirá alguno que en aquel sepulcro que cerca de Epheso se enseña como suyo, más bien descansa como dormido que como muerto, aceptando el rumor de que allí se siente rugir y como hervir la tierra, asegurando pertinazmente que es efecto de su respiración. ¿Pero cómo Jesús, habría dado como gran premio a su amado discípulo, la duración de un sueño tan largo a su cuerpo, cuando al bienaventurado San Pedro, para librarle del peso de su cuerpo, le concedió la inmensa gloria del martirio, y también a San Pablo la gracia que ansiaba, cuando decía, deseo morir y estar con Cristo ( Flp 1,23)? Pues si verdaderamente está allí en donde atestigua la fama, o es para glorificar su preciosa muerte que no gozó del martirio, o porque se nos oculta algún misterio. Pero siempre queda en pie la duda de por qué dijo el Señor de un hombre mortal: "Quiero que permanezca así hasta que yo venga".
San Agustín, ut supra. También interesa saber por qué el Señor amó más a Juan cuando Pedro amó más al mismo Señor. A mi entender, es mejor el que más ama a Cristo, pero más feliz aquél a quien Cristo más ama; yo respondería fácilmente si tuviese el encargo de defender la justicia de nuestro Salvador, pero acometeré la empresa de dar solución a cuestión tan grande. La Iglesia conoce dos vías que le han sido enseñadas por la divina predicación: la una está en la fe y la otra en la vista de la naturaleza. Esta está significada por el Apóstol Pedro, a causa de su primacía en el apostolado; aquella por Juan. Esta es la razón por qué al primero se dice: "Sígueme", y al segundo "Yo quiero que éste permanezca aquí, hasta que yo venga". Como si dijera: Tú sigue imitándome, sobrellevando los males temporales; aquél permanezca hasta que yo venga a premiar con los bienes eternos. Lo que puede decirse más claramente con estas palabras: Sígueme por el perfecto modelo de mi pasión, y aquel permanezca en la contemplación, para perfeccionarla cuando yo venga. Es necesario explicar, que estar y permanecer es como si dijera esperar, porque quiere significarse que se completará cuando viniere Cristo. En esta vida activa, cuanto más amamos a Cristo más fácilmente nos libramos del mal, y El nos ama menos en nuestro actual estado, y nos libra para que no seamos siempre lo mismo; pero allá nos ama más, porque nosotros no tendremos nada de lo que le disgusta y nos aleja. Amele, pues, Pedro, para que nos veamos libres de esta vida mortal, y sea Juan amado por El, para que nos veamos, para siempre, en aquella inmortalidad. ¿Por qué, pues, Juan amaba a Jesús menos que Pedro, si es figura de aquella vida en que se ama mucho más, sino porque se ha dicho: "Quiero que él permanezca (esto es, espere) hasta que yo venga", y cuando el mismo amor, que será mucho mayor entonces, aun no lo tenemos, sino que esperamos tenerle cuando él mismo venga? Esto, pues, de que Pedro, amando más es menos amado, significa que Cristo nos ama menos en esta vida miserable que en la eterna, así como nosotros amamos menos la contemplación de la verdad, tal como será entonces, porque aun no la vemos ni la poseemos. Entre tanto nadie separe a estos insignes Apóstoles, porque ambos estaban en la vía significada en Pedro, y ambos habían de estar en lo que significaba Juan.
Glosa. O de otro modo: "Así quiero que permanezca", es decir: yo no quiero que acabe su vida por el martirio, sino que espere en tranquila libertad de su cuerpo, hasta que cuando venga le reciba en la eterna bienaventuranza.
Teofilacto. O de otra manera: con estas palabras que el Señor dice a Pedro, "Sígueme", le constituye prelado de todos los fieles. Es preciso que por seguir entiendas la imitación en todo, en las palabras y en las obras, manifestando de este modo su amor al mismo, porque deseamos que nos sigan aquellos que nos son más adictos.
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 87. Pero si alguno preguntase "¿Por qué Santiago ocupó la silla de Jerusalén?", contestaré, que porque Pedro había recibido la de todo el mundo. Sigue: "Volviéndose Pedro vio a aquel discípulo a quien Jesús amaba, quien se recostó en la cena sobre su pecho, y dijo: Señor, ¿quién es el que te entregará?". No sin motivo recordó aquella situación, sino para demostrar la gran confianza que Pedro había recobrado después de su negación, pues al que en la cena no se atrevía a preguntar sino por medio de Juan, es a quien se le ha confiado ser prelado para sus hermanos. Y ya no se vale de otro para preguntar lo que a él atañe, sino que en adelante pregunta al Maestro sobre lo que conviene a los demás. Y como el Señor le había profetizado grandes cosas, le había sometido todo el mundo y anunciado el martirio, y asegurándole mayor amor, queriendo Pedro hacer partícipe de estas gracias a Juan, dijo: "¿Y éste qué?" Como si dijera: ¿No vendrá con nosotros por el mismo camino? Mucho amaba Pedro a Juan, y se ve por el mismo Evangelio su intimidad y también en los Hechos de los Apóstoles. Así es como Pedro paga a Juan a su vez, preguntando por él lo que éste desea preguntar de sí mismo y no se atreve. Como habían de encargarse del gobierno del mundo, y no convenía que estuviesen juntos (porque sería perjudicial), el Señor le responde, según el texto griego: "Si yo quiero que permanezca hasta que yo venga, ¿a ti qué te importa?" Tú, sígueme. Tú, cuida de la obra que se te ha encargado y complétala, pero si yo quiero que éste permanezca aquí, ¿a ti qué te va?
Teofilacto. Las palabras "Hasta que yo venga", deben entenderse, según algunos, como si dijera: Hasta que yo venga contra los judíos que me crucificaron, hiriéndoles con las armas de los romanos. Y añaden que este Apóstol vivió en aquel país hasta el tiempo de Vespasiano, cuando Jerusalén fue tomada. O bien: "Hasta que yo venga", esto es: hasta que yo quiera dirigir la predicación. Entre tanto yo te envío al pontificado universal, y en esto sigue mi ejemplo, pero que éste permanezca aquí hasta que yo le lleve como a ti.
Crisóstomo, ut supra. Después el Evangelista expone y enmienda la opinión de los discípulos como se ha dicho arriba.
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 87. Como San Juan había escrito con gran certidumbre, no rehusa aducir su propio testimonio, y por esto dice: "Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y que las ha escrito". Es costumbre no ocultar nuestro testimonio cuando estamos seguros de la verdad, y mucho más aquel que escribía inspirado por el Espíritu Santo. Esta es la razón por qué los Apóstoles decían: "Nosotros somos testigos de estas cosas" ( Hch 2,32), y sigue: "Y él escribió esto". Lo que no sólo dice él, porque escribió el último bajo la inspiración de Cristo, por cuya razón insinúa con frecuencia que ésta fue la causa de escribir, dando de este modo a su Evangelio la importancia de su dignidad. "Y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero", porque había estado presente en todo, ni se apartó de la cruz cuando Jesús fue crucificado; y recibió a la Madre que Cristo le encargó en señal de su amor, todo lo cual sabe con plena certidumbre. Y si alguno no creyere, indúzcale a creer lo que después sigue: "Hay otras muchas cosas que hizo Jesús". De lo que se deduce manifiestamente que yo no escribí para dar preferencia a la causa de Cristo, habiendo dejado de escribir muchas cosas que dijeron los demás, y haciendo resaltar los ultrajes e injurias; cuando el que escribe en alabanza de otro, pasa en silencio lo que es denigrante para exponer lo que es más glorioso.
San Agustín, in Ioannem, tract., 124. Lo que después añade "Que si se escribiesen una por una, ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir", no se ha de entender que en cuanto al espacio de lugar no podrían caber en este mundo, sino que no podrían ser comprendidas en la capacidad de los lectores. Sucede con frecuencia que las palabras exceden a la veracidad de las cosas, lo que no sucede cuando se esclarece lo que parecía oscuro o dudoso, sino cuando lo que es manifiesto se aumenta o atenúa. La verdad, sin embargo, no padece en su esencia, aunque las palabras excedan a lo que significan de modo que el que habla no quiera engañar. Esta es la manera de expresarse que los griegos llamaron hyperbole, figura que se halla con frecuencia en la Escritura.
Crisóstomo, ut supra. O bien esto hace referencia a aquel poder que obraba en El, pues con la misma facilidad que nosotros hablamos, así y aun mucho más, El hacía lo que quería; porque es sobre todas las cosas Dios bendito por los siglos de los siglos.error!
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena
Ofertorio (Ps. 91, 13)
Justus ut palma florébit: sicut cedrus, quæ in Líbano est, multiplicábitur. (Allelúja.)
Florecerá como la palma el varón justo, y descollará cual cedro del Líbano. [Torres Amat]
Secreta
Súscipe, Dómine, múnera, quæ in ejus tibi sollemnitáte deférimus, cujus nos confídimus patrocínio liberári. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Recibid, Señor, los dones que os ofrecemos en su solemnidad, por cuyo patrocinio confiamos ser librados. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Comunión (Joann. 21, 23)
Exiit sermo inter fratres, quod discípulus ille non móritur: et non dixit Jesus: Non móritur; sed: Sic eum volo manére, donec véniam.
Y de aquí se originó la voz que corrió entre los hermanos, de que este discípulo no moriría. Mas no le dijo Jesús : No morirá, sino: Si yo quiero que así se quede hasta mi venida, ¿a ti qué te importa? [Torres Amat]
Poscomunión
Refécti cibo potúque cœlésti, Deus noster, te súpplices exorámus: ut, in cujus hæc commemoratióne percépimus, ejus muniámur et précibus. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Alimentados con el manjar y la bebida celestiales, os suplicamos rendidos, Dios nuestro, que seamos protegidos también por las oraciones de aquella en cuya conmemoración los hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
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