jueves, 23 de julio de 2026 · Feria Abstinencia

sábado, 2 de julio de 2016

La Visitación de la Bienaventurada Virgen María

Introito (Ps. 44, 2)

Salve, sancta parens, eníxa puérpera Regem: qui cælum terrámque regit in sǽcula sæculórum. Eructávit cor meum verbum bonum: dico ego ópera mea Regi.

Hirviendo está el pecho mío en sublimes pensamientos. Al rey consagro yo esta obra. Mi lengua es pluma de amanuense que escribe muy ligero. [Torres Amat]

Colecta

Fámulis tuis, quǽsumus, Dómine, cœléstis grátiæ munus impertíre: ut, quibus beátæ Vírginis partus éxstitit salútis exórdium; Visitatiónis ejus votíva sollémnitas, pacis tríbuat increméntum. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Otorgad, os rogamos, Señor, a vuestros siervos el don de la gracia celestial: para que, a quienes el parto de la bienaventurada Virgen dio principio de salvación, la votiva solemnidad de su Visitación les conceda un aumento de paz. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Epístola (Cant. 2, 8-14)

Léctio libri Sapiéntiæ Ecce, iste venit sáliens in móntibus, transíliens colles; símilis est diléctus meus cápreæ hinnulóque cervórum. En, ipse stat post paríetem nostrum, respíciens per fenéstras, prospíciens per cancéllos. En, diléctus meus lóquitur mihi: Surge, própera, amíca mea, colúmba mea, formósa mea, et veni. Jam enim hiems tránsiit, imber ábiit et recéssit. Flores apparuérunt in terra nostra, tempus putatiónis advénit: vox túrturis audíta est in terra nostra: ficus prótulit grossos suos: víneæ floréntes dedérunt odórem suum. Surge, amíca mea, speciósa mea, et veni: colúmba mea in foramínibus petra, in cavérna macériæ, osténde mihi fáciem tuam, sonet vox tua in áuribus meis: vox enim tua dulcis et fácies tua decóra.

Me parece que oigo la voz de mi amado. Vedlo cómo viene saltando por los montes y brincando por los collados. Al ligero gamo y al cervatillo se parece mi amado. Vedlo ya cómo se pone detrás de la pared nuestra, cómo mira por las ventanas, cómo está atisbando por las celosías. He aquí que me habla mi amado y dice: Levántate, apresúrate, amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y vente al campo; pues pasó ya el invierno, se disiparon y cesaron las lluvias; despuntan las flores en nuestra tierra; llegó el tiempo de la poda; el arrullo de la tórtola se ha oído ya en nuestros campos; La higuera arroja sus brevas; esparcen su olor las florecientes viñas. Levántate, pues, amiga mía, beldad mía, y vente: ¡Oh casta paloma mía, tú que anidas en los agujeros de las peñas, en las concavidades de las murallas, muéstrame tu rostro, suene tu voz en mis oídos; pues tu voz es dulce, y lindo tu rostro. [Torres Amat]

Gradual

Benedícta et venerábilis es, Virgo María: quæ sine tactu pudóris invénta es Mater Salvatóris. Virgo, Dei Génetrix, quem totus non capit orbis, in tua se clausit víscera factus homo. Allelúja, allelúja. Felix es, sacra Virgo María, et omni laude digníssima: quia ex te ortus est sol justítiæ, Christus, Deus noster. Allelúja.

Bendita y venerable eres, Virgen María, que sin menoscabo de tu pudor fuiste hallada Madre del Salvador. Virgen, Madre de Dios, aquel a quien el orbe entero no puede contener, hecho hombre se encerró en tu seno. Aleluya, aleluya. Dichosa eres, sagrada Virgen María, y dignísima de toda alabanza: porque de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios. Aleluya.

Evangelio (Luc. 1, 39-47)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Exsúrgens María ábiit in montána cum festinatióne in civitátem Juda: et intrávit in domum Zacharíæ et salutávit Elísabeth. Et factum est, ut audivit salutatiónem Maríæ Elísabeth, exsultávit infans in útero ejus: et repléta est Spíritu Sancto Elísabeth, et exclamávit voce magna et dixit: Benedícta tu inter mulíeres, et benedíctus fructus ventris tui. Et unde hoc mihi, ut véniat Mater Dómini mei ad me? Ecce enim, ut facta est vox salutatiónis tuæ in áuribus meis, exsultávit in gáudio infans in útero meo. Et beáta, quæ credidísti, quóniam perficiéntur ea, quæ dicta sunt tibi a Dómino. Et ait María: Magníficat ánima mea Dóminum: et exsultávit spíritus meus in Deo, salutári meo.

Por aquellos días partió María, y se fue apresuradamente a las montañas de Judea a una ciudad de la tribu de Judá; y habiendo entrado en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. Lo mismo fue oír el saludo de María, que la criatura, diera saltos de placer en su vientre, e Isabel se sintió llena del Espíritu Santo, y exclamando en voz alta, dijo: ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre! Y ¿de dónde a mí tanto bien que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues lo mismo fue penetrar la voz de tu saludo en mis oídos, que dar saltos de júbilo la criatura en mi vientre. ¡Oh bienaventurada tú que has creído! Porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. Entonces María dijo: Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío: [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Lucas 1, 39-47 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

San Ambrosio. Habiendo el ángel anunciado cosas ocultas para confirmar la fe con su ejemplo, anunció a la Virgen la concepción de una mujer estéril. Cuando María oyó esto, no como incrédula del oráculo, ni como incierta del mensajero, ni como dudando del ejemplo, sino como alegre del voto, religiosa por su oficio y transportada de gozo, se dirigió hacia las montañas. De donde sigue: "Levantándose María en aquellos días, se fue a las montañas". Llena ya de Dios ¿dónde había de ir con presteza sino hacia las alturas?

Orígenes. Jesús, que estaba en su seno, se apresuraba para santificar a Juan, encerrado aún en el vientre de su madre. Por lo que sigue: "Con premura", etc.

San Ambrosio. La gracia del Espíritu Santo no conoce dilaciones. Aprended, oh vírgenes, a no deteneros en las plazas, a no mezclaros en público en conversaciones.

Teofilacto. Por esto se fue a las montañas, porque Zacarías habitaba en las montañas. De donde sigue: "En una ciudad de Judá, y entró en casa de Zacarías".

San Ambrosio. Aprended, santas mujeres, los cuidados que debéis prestar a vuestras parientas embarazadas. María, pues, que antes estaba sola en el mayor recogimiento, no fue detenida lejos del público por su pudor. La aspereza de las montañas no arredró su celo, ni lo largo del camino retardó sus servicios. Aprended también, vírgenes, de la humildad de María. Viene la cercana a la próxima, la más joven a la más anciana. Y no sólo viene, sino que también saludó la primera, por lo que sigue: "Y saludó a Isabel". Conviene, pues, que cuanto más casta sea una virgen, más humilde sea y deferente para los superiores en edad. Debe ser maestra en humildad la que profesa la castidad. Hay también una causa de piedad, porque el superior viene al inferior para asistirlo. María viene a Isabel, Cristo a Juan.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Mathaeum, 4. O de otro modo, la Virgen ocultaba en el fondo de su corazón lo que se le había dicho y no lo descubrió a nadie, porque no creía que prestasen asentimiento a relatos admirables. Antes al contrario, creía que si hablaba recibiría ultrajes como si ocultase un crimen propio.

Griego. Por esto va a refugiarse -o mejor dicho recurre- sólo a Isabel. Así estaba acostumbrada, tanto por el parentesco y por conformidad de sus costumbres.

San Ambrosio. Pronto se declaran los beneficios de la venida de María y la presencia del Señor, pues sigue: "Y cuando Isabel oyó la salutación de María, la criatura dio saltos". Advierte en esto la diferencia y la conformidad de una y otras palabras. Isabel oyó la voz primero y San Juan recibió primero la gracia. Ella oyó según el orden de la naturaleza y éste saltó de gozo por razón del misterio. Aquélla sintió la venida de María, éste la venida del Señor.

Griego. El profeta ve y oye mejor que su madre y saluda al Príncipe de los profetas. Mas no pudiendo con palabras, lo saluda en el vientre -lo cual constituye la cúspide de la alegría-. ¿Quién ha tenido noticias alguna vez de que alguien haya saltado de gozo antes de nacer? La gracia insinuó cosas que eran desconocidas a la naturaleza. El soldado, encerrado en el vientre, conoció al Señor y al Rey que había de nacer, sin que el velo del vientre obstaculizase la mística visión. Por tanto, vio, no con los ojos de la carne sino con los del espíritu.

Orígenes. No había sido lleno del Espíritu Santo hasta que la que llevaba a Jesucristo en su vientre se presentó delante de él. Entonces fue cuando -lleno del Espíritu Santo- saltaba de gozo dentro de su madre. Y prosigue: "Y fue llena Isabel del Espíritu Santo". No hay que dudar, pues, que la que entonces fue llena del Espíritu Santo, lo fue por su hijo.

San Ambrosio. Aquella que se había ocultado, porque había concebido un hijo, empezó a manifestarse porque llevaba en su vientre un profeta. Y la que antes se avergonzaba, ahora bendice. Por tanto, prosigue: "Y exclamó en alta voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres". Exclamó en alta voz cuando advirtió la venida del Salvador, porque creyó que su parto debía ser misterioso.

Orígenes. Dice, pues: "Bendita tú entre las mujeres". Ninguna fue jamás tan colmada de gracia, ni podía serlo, porque sólo ella es Madre de un fruto divino.

Beda. Fue bendecida por Isabel del mismo modo que lo había sido por el arcángel, para que se mostrase digna de la veneración a los ángeles y a los hombres.

Teofilacto. Pero como había habido otras mujeres santas que habían engendrado hijos manchados por el pecado, añade: "Y bendito el fruto de tu vientre". O de otro modo, había dicho: "Bendita tú entre las mujeres". Y como si alguien le preguntase el porqué, añadió la causa: "Y bendito el fruto de tu vientre,...". Así como se dice en el Salmo 117 ( Sal 117,26-27): "Bendito el Señor Dios, que viene en nombre del Señor, y nos iluminó". Acostumbraba la Sagrada Escritura tomar la palabra y en el sentido y lugar de la palabra porque.

Orígenes. Llamó al Señor fruto del vientre de la Madre de Dios porque no procedió de varón, sino sólo de María, pues los que tomaron la sustancia de sus padres, fruto son de ellos.

Griego. Sólo este fruto es bendito, porque se produce sin varón y sin pecado.

Beda. Este es el fruto que se prometió a David: "Pondré sobre tu trono un fruto de tu vientre" ( Sal 131,11).

Severo de Antioquía. De este pasaje -en el cual se afirma que Cristo es fruto del vientre- surge una refutación de Eutiques. En efecto, todo fruto es de la misma naturaleza que la planta de donde procede. De donde se deduce que la Virgen es de la misma naturaleza que el segundo Adán, que quita los pecados del mundo. Y aun aquellos que dicen que es fantástica apariencia la carne de Cristo, quedan confundidos con el verdadero parto de la Madre de Dios; porque el mismo fruto nace de la misma sustancia del árbol. ¿Dónde están también aquellos que dicen que Jesucristo ha pasado por la Virgen como por un acueducto? Noten en las palabras de Isabel, a quien llenó el Espíritu Santo, que Jesucristo fue fruto del vientre.

Severo de Antioquía. Prosigue: "¿Y de dónde esto a mí, que la Madre de mi Señor venga a mí?"

San Ambrosio. No dice esto como ignorando pues sabe que por gracia y operación del Espíritu Santo, la Madre del Señor saluda a la madre del profeta para provecho de su hijo. Y para que conste que esto no sucede en virtud de mérito humano, sino del don de la gracia divina, dice así: "¿De dónde esto a mí?", esto es: ¿Con qué jactancia, en virtud de qué acciones, por cuáles méritos?

Orígenes. Diciendo esto está conforme con su hijo; porque también San Juan se considera indigno de la venida de Jesucristo a él. Llama Madre del Señor a la que todavía es Virgen, vaticinando así la realización de lo que se le había anunciado. La provisión de Dios -o sea su providencia- había llevado a María a casa de Isabel para que el testimonio de San Juan llegase desde el vientre al Señor. Y desde aquel momento el Señor constituyó a San Juan en profeta suyo. Por lo cual sigue: "Porque he aquí, luego que llegó la voz de tu salutación a mis oídos".

San Agustín, epistola, 57. Para decir esto, como antes declara el evangelista, fue llena del Espíritu Santo, el cual sin duda se lo reveló, y por ello conoció lo que significaba aquel salto del niño; esto es, que había venido la Madre de Aquel de quien él era precursor y el futuro manifestador. La significación de un asunto de tanta importancia pudo ser conocido por personas mayores, no por un niño. Pues no dijo: "Saltó de fe el niño en mi vientre", sino "Saltó de gozo". Pues vemos que el salto no sólo es propio de los niños, sino también de los corderos, cuyos saltos no proceden de alguna fe, ni de la religión, ni de ningún otro conocimiento racional. Pero este saltar es nuevo e inusitado, porque tiene lugar en el vientre, y a la venida de Aquella que había de dar a luz al Salvador de todos. Por tanto, este saltar y -por decirlo así- este saludo dado a la Madre del Señor -como suelen hacerse los milagros-, se hizo divinamente en el niño y no naturalmente por el niño. Aun cuando el uso de la razón y de la voluntad hubiera sido tan precoz en el niño, que desde el seno de su madre hubiese podido conocer, creer y sentir, también esto debe considerarse como obra del divino poder y uno de sus milagros, pero nunca como obra de la naturaleza humana.

Orígenes. Había venido la Madre del Señor a visitar a Santa Isabel para ver la concepción milagrosa que el ángel le había anunciado, para que de ello se siguiese la credulidad respecto del fruto más excelente que habría de nacer de la Virgen. Y refiriéndose a esta fe, habla Santa Isabel, diciendo: "Y bienaventurada la que creíste, porque cumplido será lo que te fue dicho de parte del Señor".

San Ambrosio. Ved que María no dudó sino que creyó, por lo cual consiguió el fruto de la fe.

Beda. Y no debe llamar la atención que el Señor -que había de redimir al mundo- empezase su obra por su propia Madre, a fin de que aquella, por la que se preparaba la salvación a todos, recibiese en prenda -la primera- el fruto de salvación.

San Ambrosio. Pero también vosotros sois bienaventurados, porque habéis oído y creído. Cualquier alma que cree, concibe y engendra al Verbo de Dios y conoce sus obras.

Beda. Todo el que concibe al Verbo de Dios en su inteligencia, sube al punto por la senda del amor a la más alta cumbre de las virtudes, puesto que puede penetrar en la ciudad de Judá -esto es, en el alcázar de la confesión y de la alabanza- y hasta permanecer en la perfección de la fe, de la esperanza y de la caridad "como tres meses" en ella.

San Gregorio Magno, super. Ezech., 1,8. Fue ilustrada por el espíritu de profecía acerca de lo pasado, lo presente y lo futuro, que conoció que aquélla había creído en las promesas del ángel. Y llamándola Madre, comprendió que llevaba en su vientre al Redentor del género humano. Y prediciendo las cosas que habían de suceder, vio también lo que se seguiría en lo futuro.

San Ambrosio. Así como el pecado empezó por las mujeres, así también las cosas buenas deben empezarse por las mujeres; así, no parece ocioso que Isabel vaticine antes que Juan, y María antes del nacimiento del Señor. Además, siendo María más excelsa, su profecía es más plena.

San Basilio, in Psalmo, 33. La Santísima Virgen, considerando la inmensidad del misterio, con intención sublime, y con un fin muy alto y como avanzando en sus profundidades, engrandece al Señor. Por esto prosigue: "Y dijo María: Mi alma engrandece al Señor".

Griego. Como si dijese: Las maravillas que Dios pronunció, las cumplirá en mi cuerpo; pero mi alma no será infructuosa delante de Dios. Yo debo aportar el fruto de mi voluntad, porque cuanto mayor es el milagro con que soy honrada, tanto mayor es la obligación que tengo de honrar a Aquel que en mí obra cosas tan admirables.

Orígenes. Si Dios no puede recibir ni aumento ni detrimento ¿cómo es que dice María: "Mi alma engrandece al Señor"? Mas si considero que el Señor Salvador es imagen del Dios invisible, y que el alma fue hecha a su imagen, para que sea imagen de la imagen, entonces será como a imitación de aquellos que suelen pintar imágenes; cuando engrandeciere mi alma con el pensamiento, palabras y obras, la imagen de Dios se hace grande y el mismo Señor -cuya imagen está en mi alma- se engrandece.

San Basilio, in Psalmo. 33. Los primeros frutos del Espíritu Santo son la paz y la alegría. Y como la Santísima Virgen había reunido en sí toda la gracia del Espíritu Santo, con razón añade: "Y mi espíritu se regocijó". En el mismo sentido dice alma y espíritu. La palabra exaltación -de tanto uso en las Sagradas Escrituras- insinúa cierto hábito o estado del alma -alegre y feliz- en aquellos que son dignos de él. Por eso la Virgen se regocija en el Señor con inefable latir del corazón y transporte de gozo en la agitación de un afecto honesto. Sigue: "En Dios mi Salvador".

Beda. Porque el espíritu de la Virgen se alegra de la divinidad eterna del mismo Jesús -esto es, del Salvador-, cuya carne es engendrada por una concepción temporal.

San Ambrosio. El alma de María en verdad que engrandece al Señor, y su espíritu se regocija en Dios; porque consagrada en alma, espíritu y cuerpo al Padre y al Hijo, venera con piadoso afecto a un solo Dios, de quien son todas las cosas. Que el alma de María esté en todas las cosas para engrandecer al Señor; que el espíritu de María esté en todas las cosas para regocijarse en el Señor. Si según la carne una sola es la Madre de Cristo, según la fe el fruto de todos es Cristo. Porque toda alma concibe el Verbo de Dios, si, inmaculada y exenta de vicios, guarda su castidad con pudor inviolable.

Teofilacto. Engrandece al Señor aquel que sigue dignamente a Jesucristo, y mientras se llama cristiano, no ofende la dignidad de Cristo, sino que practica obras grandes y celestiales; entonces, se regocijará el espíritu -esto es, el crisma espiritual-, o lo que es lo mismo, adelantará y no será mortificado.

San Basilio, in Psalmo, 33. Si cuando la luz penetrare en tu corazón percibieres -por aquella oscura y breve imagen- la constancia de los justos en amar a Dios y en despreciar las cosas corporales, sin dificultad alguna conseguirías gozo en el Señor.

Orígenes. Primero el alma engrandece al Señor, para después alegrarse en Dios. Pues si antes no creemos, no podemos alegrarnos.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena

Ofertorio

Beáta es, Virgo María, quæ ómnium portásti Creatórem: genuísti qui te fecit, et in ætérnum pérmanes Virgo.

Bienaventurada eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al Creador de todas las cosas: engendraste al que te hizo, y permaneces Virgen para siempre.

Secreta

Unigéniti tui, Dómine, nobis succúrrat humánitas: ut, qui, natus de Vírgine, Matris integritátem non mínuit, sed sacrávit; in Visitatiónis ejus sollémniis, nostris nos piáculis éxuens, oblatiónem nostram tibi fáciat accéptam Jesus Christus, Dóminus noster: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Socórranos, Señor, la humanidad de vuestro Unigénito: para que quien, nacido de la Virgen, no disminuyó sino que consagró la integridad de su Madre, en las solemnidades de su Visitación, librándonos de nuestros pecados, haga grata a Vos nuestra oblación, Jesucristo, nuestro Señor: El cual con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Comunión

Beáta víscera Maríæ Vírginis, quæ portavérunt ætérni Patris Fílium.

Bienaventuradas las entrañas de la Virgen María, que llevaron al Hijo del eterno Padre.

Poscomunión

Súmpsimus, Dómine, celebritátis ánnuæ votíva sacraménta: præsta, quǽsumus; ut et temporális vitæ nobis remédia prǽbeant et ætérnæ. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Hemos recibido, Señor, los sacramentos votivos de esta celebración anual: haced, os rogamos, que nos procuren remedios tanto para la vida temporal como para la eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Esto es lo que cambia cada día. Pulsa «La Misa entera» para verlo con el Ordinario, o «Comentarios a las lecturas» para el comentario de los Padres, o consulta el Ordinario de la Misa →