jueves, 23 de julio de 2026 · Feria Abstinencia

jueves, 2 de junio de 2016

Santos Marcelino y Pedro, Mártires

Introito (Ps. 33, 18)

Clamavérunt justi, et Dóminus exaudívit eos: et ex ómnibus tribulatiónibus eórum liberávit eos. in omni témpore: semper laus ejus in ore meo.

Clamaron los justos, y los oyó el Señor, y los libró de todas sus aflicciones. [Torres Amat]

Colecta

Deus, qui nos ánnua beatórum Mártyrum tuórum Marcellíni, Petri atque Erásmi sollemnitáte lætíficas: præsta, quǽsumus; ut, quorum gaudémus méritis, accendámur exémplis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Oh Dios, que nos alegráis con la solemnidad anual de vuestros bienaventurados mártires Marcelino, Pedro y Erasmo: haced, os rogamos, que nos inflamemos con los ejemplos de aquellos de cuyos méritos nos gozamos. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Epístola (Rom. 8, 18-23)

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Romános Fratres: Exístimo, quod non sunt condígnæ passiónes hujus témporis ad futúram glóriam, quæ revelábitur in nobis. Nam exspectátio creatúræ revelatiónem filiórum Dei exspéctat. Vanitáti enim creatúra subjécta est, non volens, sed propter eum, qui subjécit eam in spe: quia et ipsa creatúra liberábitur a servitúte corruptiónis, in libertátem glóriæ filiórum Dei. Scimus enim, quod omnis creatúra ingemíscit et párturit usque adhuc. Non solum autem illa, sed et nos ipsi primítias spíritus habéntes: et ipsi intra nos gémimus, adoptiónem filiórum Dei exspectántes, redemptiónem córporis nostri: in Christo Jesu, Dómino nostro.

A la verdad yo estoy firmemente persuadido de que los sufrimientos o penas de la vida presente no son de comparar con aquella gloria venidera, que se ha de manifestar en nosotros. Así las criaturas todas están aguardando con gran ansia la manifestación de los hijos de Dios. Porque se ven sujetas a la vanidad, o mudanza, no de grado, sino por causa de aquel que les puso tal sujeción, con la esperanza de que serán también ellas mismas libertadas de esa servidumbre a la corrupción, para participar de la libertad y gloria de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta ahora todas las criaturas están suspirando por dicho día, y como en dolores de parto. Y no solamente ellas, sino también nosotros mismos, que tenemos ya las primicias del Espíritu Santo, nosotros, con todo eso, suspiramos de lo íntimo del corazón, aguardando el efecto de la adopción de los hijos de Dios, esto es, la redención de nuestro cuerpo. [Torres Amat]

Gradual (Ps. 33, 18-19)

Clamavérunt justi, et Dóminus exaudívit eos: et ex ómnibus tribulatiónibus eórum liberávit eos. Juxta est Dóminus his, qui tribuláto sunt corde: et húmiles spíritu salvabit. Allelúja, allelúja. Ego vos elégi de mundo, ut eátis, et fructum afferátis; et fructus vester máneat. Allelúja.

Clamaron los justos, y los oyó el Señor, y los libró de todas sus aflicciones. El Señor está al lado de los que tienen el corazón atribulado; y él salvará a los humildes de espíritu. [Torres Amat]

Evangelio (Luc. 21, 9-19)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Cum audiéritis prǽlia et seditiónes, nolíte terréri: opórtet primum hæc fíeri, sed nondum statim finis. Tunc dicébat illis: Surget gens contra gentem, et regnum advérsus regnum. Et terræmótus magni erunt per loca, et pestiléntiæ, et fames, terrorésque de coelo, et signa magna erunt. Sed ante hæc ómnia injícient vobis manus suas, et persequéntur tradéntes in synagógas et custódias, trahéntes ad reges et praesides propter nomen meum: contínget autem vobis in testimónium. Pónite ergo in córdibus vestris non præmeditári, quemádmodum respondeátis. Ego enim dabo vobis os et sapiéntiam, cui non potérunt resístere et contradícere omnes adversárii vestri. Tradémini autem a paréntibus, et frátribus, et cognátis, et amícis, et morte affícient ex vobis: et éritis ódio ómnibus propter nomen meum: et capíllus de cápite vestro non períbit. In patiéntia vestra possidébitis ánimas vestras.

Antes cuando sintieres rumor de guerras y sediciones, no queráis alarmaros; es verdad que primero han de acaecer estas cosas, mas no por eso será luego el fin. Entonces añadió él: Se levantará un pueblo contra otro pueblo, y un reino contra otro reino. Y habrá grandes terremotos en varias partes, y pestilencias, y hambres, y aparecerán en el cielo cosas espantosas y prodigios extraordinarios. Pero antes que sucedan todas estas cosas se apoderarán de vosotros, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas, y meterán en las cárceles, y os llevarán por fuerza a los reyes y gobernadores, por causa de mi nombre, lo cual os servirá de ocasión para dar testimonio. Por consiguiente, imprimid en vuestros corazones la máxima de que no debéis discurrir de antemano cómo habéis de responder. Pues yo pondré las palabras en vuestra boca, y una sabiduría a que no podrán resistir, ni contradecir todos vuestros enemigos. Y seréis entregados por vuestros mismos padres, y hermanos, y parientes, y amigos, y harán morir a muchos de vosotros; de suerte que seréis odiados de todo el mundo por amor de mí: No obstante, ni un cabello de vuestra cabeza se perderá. Mediante vuestra paciencia salvaréis vuestras almas. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Lucas 21, 9-19 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

San Gregorio, in evang. hom. 35. El Señor dice los males que habrán de ocurrir antes del fin del mundo para que, anunciados así, se inquieten menos los hombres en lo futuro. Hieren menos las flechas que se previenen. Por esto dice: "Y cuando oyereis guerras y sediciones", etc. Las guerras son propias de los enemigos, y las sediciones de los ciudadanos, para que sepamos, pues, que seremos turbados exterior e interiormente, dice que tendremos que sufrir de nuestros enemigos y de nuestros hermanos.

San Ambrosio. Ninguno puede ser testigo de estas palabras divinas como nosotros que vemos el fin del mundo. ¿Cuántas guerras y cuántos anuncios de guerras hemos oído?

San Gregorio, ut sup. Pero como a estos males no ha de seguir inmediatamente el fin, añade: "Porque es necesario que esto acontezca primero, mas no será luego el fin", etc. La última tribulación será precedida de otras muchas, porque deben preceder muchos males que puedan anunciar el mal sin fin. Por esto sigue: "Entonces les decía: Se levantarán pueblos contra pueblos", etc. Porque es necesario que suframos muchas cosas, unas del cielo, otras de la tierra, otras de los elementos y otras de los hombres. Aquí, pues, se da a conocer la perturbación de los hombres. Sigue: "Y habrá grandes terremotos en muchos lugares", señales de la cólera del cielo".

Crisóstomo, hom. 11, in Acta. Los terremotos son algunas veces indicios de ira, pues cuando fue crucificado el Señor la tierra tembló. Otras veces indican gracia, como sucedió que estando los apóstoles en oración, tembló el lugar en que estaban reunidos. Sigue pues: "Y pestilencia".

San Gregorio, ut sup. He aquí la desigualdad de los cuerpos; "Y hambre", he aquí la esterilidad de la tierra; "Y habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo", he aquí el desequilibrio de la atmósfera. Deben referirse estas calamidades a las cosas que no guardan el orden de los tiempos; porque lo que sucede con orden no es señal. Todo lo que recibimos para las necesidades de la vida lo convertimos en elemento de culpas; y todo lo que consagramos a la práctica del pecado se nos convertirá en motivo de castigo.

San Ambrosio. Varias desgracias del mundo habrán de preceder a la destrucción de la tierra, esto es, el hambre, la peste y la guerra.

Teofiactus. Dicen algunos que todo esto no sólo habrá de suceder al fin del mundo, sino que creen que ya se cumplió en la toma de Jerusalén. Una vez muerto el autor de la paz, debían estallar muchas revoluciones y guerras entre los judíos. Después de las guerras vienen la peste y el hambre; la primera porque todos los cadáveres infectan la atmósfera, y la última porque quedan sin cultivo los campos. Josefo dice que vendrán males intolerables por el hambre; y en tiempo del emperador Claudio hubo una gran hambre, como se lee en los Hechos apostólicos, y sucedieron cosas muy terribles que anunciaron la toma de Jerusalén, como refiere Josefo.

Crisóstomo. Dice también que no sucederá en seguida el fin de la ciudad (esto es, la toma de Jerusalén), sino después de muchas batallas.

Beda, super Cum, audieritis. Advierte luego a los apóstoles que no se espanten por estas cosas y que no abandonen Jerusalén ni Judea. Un reino contra otro, y las pestes (de aquellos cuya palabra se extiende como un cáncer) y el hambre de escuchar la palabra de Dios, y el estremecimiento de toda la tierra, pueden entenderse de los que se separan de la verdadera fe, como los herejes, que peleando entre sí hacen el triunfo de la Iglesia.

San Ambrosio. Hay también otras batallas que sostiene el hombre cristiano, a saber: las luchas de las pasiones y de los deseos; porque son mucho más terribles los enemigos domésticos que los extraños.

San Gregorio, ut sup. Como todo lo que va dicho no procede de la injusticia del que castiga sino de la culpa del mundo que lo sufre, se anuncian los hechos de los hombres malvados cuando dice: "Mas antes de todo esto os prenderán, entregándoos a las sinagogas", etc. Como diciendo: los corazones de los hombres se turbarán primero, y después los elementos; para que cuando se trastorne el orden de las cosas, se sepa de dónde viene esta tribulación. Porque aun cuando el fin del mundo dependa del orden establecido, sin embargo, como encontrará hombres más perversos, nos muestra que serán envueltos justamente bajo sus ruinas.

San Cirilo. O bien habla así porque, antes que Jerusalén fuese tomada por los romanos, los discípulos del Señor, perseguidos por los judíos, fueron encarcelados y presentados a los príncipes. San Pablo fue enviado a Roma ante el César y compareció delante de Festo y Agripa.

San Cirilo. Prosigue: "Y esto os acontecerá en testimonio".

Griego. Dice martirio, esto es, la gloria del mártir.

San Gregorio, ut sup. También puede decirse en testimonio (esto es, de aquéllos) porque persiguiéndoos os hacen morir; porque no han imitado vuestra vida; porque se han hecho perversos y se han perdido sin excusa alguna, por lo que los escogidos toman ejemplo para vivir. Pero oyendo todas estas desgracias podían turbarse los corazones de los oyentes; por lo que añade para consuelo suyo: "Tened, pues, fijo en vuestros corazones no pensar antes cómo habréis de responder".

Teofilacto. Como eran incultos e ignorantes, el Señor les dijo esto para que no se turbasen dando la razón a los sabios, y añade la causa: "Porque yo os daré palabra y saber, al que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios". Como diciendo: Inmediatamente recibiréis de mí la elocuencia y la sabiduría, de tal modo que todos vuestros contrarios aun cuando se pongan de acuerdo no podrán resistiros; ni en sabiduría (esto es, por la fuerza de vuestras razones), ni en elocuencia y elegancia de palabra. Porque con frecuencia se encuentran muchos que tienen inteligencia, pero como se turban fácilmente, todo lo confunden cuando llega el momento de hablar. No fueron así los apóstoles, porque tuvieron elocuencia y gracia.

San Gregorio, ut sup. Como si el Señor dijera a sus discípulos: "No os atemoricéis: Vosotros vais a la pelea, pero yo soy quien peleo. Vosotros sois los que pronunciáis palabras, pero yo soy el que hablo".

San Ambrosio. En unos lugares habla Jesucristo por sus discípulos (como aquí); en otro lugar el Padre ( Mt 16), y en otro el Espíritu del Padre ( Mt 10). Todos estos pasajes no sólo no se diferencian, sino que convienen entre sí, lo que dice uno lo dicen los tres porque es una la voz de la Trinidad.

Teofiactus. Habiendo hablado así para calmar el temor de su ignorancia, les anunció otro mal que podía turbar sus ánimos si les cogía de improviso. Prosigue, pues: "Y seréis entregados por vuestros padres, vuestros hermanos y parientes, y harán morir a algunos de vosotros".

San Gregorio, ut sup. Los tormentos más crueles para nosotros son los que nos causan las personas más queridas, porque además del dolor del cuerpo sentimos el del cariño perdido.

San Gregorio Niceno. Consideremos el estado de las cosas en este tiempo. Todos eran sospechosos los unos para los otros; los parientes estaban divididos por la religión; el hijo infiel delataba a sus padres por su fe, y el padre, obstinado en la infidelidad, se hacía acusador del hijo fiel. Toda edad estaba expuesta a los perseguidores de la fe, y ni a las mujeres preservaba la debilidad natural de su sexo.

Teofilacto. Habiendo dicho esto, añadió lo que habían de sufrir por el odio de los hombres. Sigue, pues: "Y os aborrecerán todos por mi nombre", etc.

San Gregorio, ut sup. Pero como es muy duro todo lo que dice acerca de la muerte, añade en seguida el consuelo de la alegría de la resurrección, diciendo: "Mas no perecerá un cabello de vuestra cabeza". Como si dijese a sus mártires: ¿por qué teméis que perezca lo que no puede ser cortado sin dolor, cuando no puede perecer en vosotros lo que no duele?

Beda. No perecerá un solo cabello de la cabeza de los discípulos del Señor, porque no solamente las grandes acciones y las palabras de los santos, sino el menor de sus pensamientos, será premiado dignamente.

San Gregorio, Moraluim 5,14. El que sufre con paciencia la desgracia se hace fuerte contra todas las adversidades. Por esto dominará venciéndose a sí mismo. Sigue: "Con vuestra paciencia poseeréis vuestras almas". ¿Qué quiere decir poseeréis vuestras almas, sino que viviréis sin tacha en todas las cosas y que podréis dominar todos los movimientos de vuestra alma, una vez colocados sobre el alcázar de vuestra virtud?

San Gregorio, ut sup. Poseemos, pues, nuestras almas por la paciencia, porque cuando se nos dice que podremos dominarnos, empezamos a poseer lo que somos. Por tanto, la posesión del alma consiste en la virtud de la paciencia, porque ésta es la raíz y la defensa de todas las virtudes. La paciencia consiste en tolerar los males ajenos con ánimo tranquilo, y en no tener ningún resentimiento con el que nos lo causa.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena

Ofertorio (Ps. 88, 6)

Confitebúntur cœli mirabília tua, Dómine: et veritátem tuam in ecclésia sanctórum, allelúja, allelúja.

¡Oh Señor!, los cielos celebrarán tus maravillas, como también tu verdad en la congregación de los santos. [Torres Amat]

Secreta

Hæc hóstia, quǽsumus, Dómine, quam sanctórum Martyrum tuórum natalítia recenséntes offérimus: et víncula nostræ pravitátis absólvat, et tuæ nobis misericórdiæ dona concíliet. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Esta hostia, os rogamos, Señor, que os ofrecemos celebrando el natalicio de vuestros santos mártires, desate las cadenas de nuestra maldad y nos consiga los dones de vuestra misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Comunión (Sap. 3, 1; 3, 2; 3, 3)

Justórum ánimæ in manu Dei sunt, et non tanget illos torméntum malítiæ visi sunt óculis insipiéntium mori: illi autem sunt in pace.

Las almas de los justos están en la mano de Dios; y no llegará a ellas el tormento de la muerte eterna. A los ojos de los insensatos pareció que morían; y su tránsito, o salida del mundo, se miró como una desgracia, y como un aniquilamiento su partida de entre nosotros; mas ellos, a la verdad, reposan en paz. [Torres Amat]

Poscomunión

Sacro múnere satiáti, súpplices te, Dómine, deprecámur: ut, quod débitæ servitútis celebrámus offício, salvatiónis tuæ sentiámus augméntum. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Saciados con el sagrado don, os suplicamos, Señor, que, por aquello que celebramos como oficio de la debida servidumbre, sintamos el aumento de vuestra salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

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