jueves, 23 de julio de 2026 · Feria Abstinencia

jueves, 14 de abril de 2016

San Justino, Mártir

Introito (Ps. 118, 85; 118, 46)

Narravérunt mihi iníqui fabulatiónes, sed non ut lex tua: ego autem loquébar de testimóniis tuis in conspéctu regum, et non confundébar. (Alleluia, alleluia.) Beáti immaculáti in via, qui ámbulant in lege Dómini.

Me contaron los impíos mil fábulas y fruslerías, ¡cuán diferente es todo esto de tu santa ley! Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré de ellos. [Torres Amat]

Colecta

Deus, qui per stultítiam Crucis eminéntem Jesu Christi sciéntiam beátum Justínum Mártyrem mirabíliter docuísti: ejus nobis intercessióne concéde; ut, errórum circumventióne depúlsa, fídei firmitátem consequámur. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Oh Dios, que por la locura de la Cruz enseñasteis maravillosamente al bienaventurado Justino, vuestro Mártir, la eminente ciencia de Jesucristo: concedednos por su intercesión que, ahuyentado el engaño de los errores, alcancemos la firmeza de la fe. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Epístola (1 Cor. 1, 18-25; 1, 30)

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios Fratres: Verbum crucis pereúntibus quidem stultítia est: iis autem, qui salvi fiunt, id est nobis, Dei virtus est. Scriptum est enim: Perdam sapiéntiam sapiéntium et prudéntiam prudéntium reprobábo. Ubi sápiens? ubi scriba? ubi conquisítor hujus sǽculi? Nonne stultam fecit Deus sapiéntiam hujus mundi? Nam quia in Dei sapiéntia non cognóvit mundus per sapiéntiam Deum: placuit Deo per stultítiam prædicatiónis salvos fácere credéntes. Quóniam et Judæi signa petunt, et Græci sapiéntiam quærunt: nos autem prædicámus Christum crucifíxum: Judæis quidem scándalum, géntibus autem stultítiam, ipsis autem vocátis Judæis, atque Græcis. Christum Dei virtútem et Dei sapiéntiam: quia, quod stultum est Dei, sapiéntius est homínibus: et, quod infírmum est Dei, fórtius est homínibus. Ex ipso autem vos estis in Christo Jesu, qui factus est nobis sapiéntia a Deo et justítia ei sanctificátio et redémptio.

A la verdad que la predicación de la cruz o de un Dios crucificado, parece una necedad a los ojos de los que se pierden; mas para los que se salvan, esto es, para nosotros, es la virtud y poder de Dios. Así está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé la prudencia de los prudentes. ¿En dónde están los sabios?, ¿en dónde los escribas, o doctores de la ley?, ¿en dónde esos espíritus curiosos de las ciencias de este mundo? ¿No es verdad que Dios ha convencido de fatua la sabiduría de este mundo? Porque ya que el mundo, a vista de las obras de la sabiduría divina, no conoció a Dios por medio de la ciencia humana, quiso Dios salvar a los que creyesen en él por medio de la locura o simplicidad de la predicación de un Dios crucificado. Así es que los judíos por su parte piden milagros, y los griegos o gentiles por la suya, quieren ciencia; mas nosotros predicamos sencillamente a Cristo crucificado, lo cual para los judíos es motivo de escándalo, y parece una locura a los gentiles; si bien para los que han sido llamados a la fe, tanto judíos, como griegos, es Cristo la virtud de Dios y la sabiduría de Dios. Porque lo que parece una locura en los misterios de Dios, es mayor sabiduría que la de todos los hombres; y lo que parece debilidad en Dios, es más fuerte que toda la fortaleza de los hombres. Y por esta conducta del mismo Dios subsistís vosotros o estáis incorporados en Cristo Jesús , el cual fue constituido por Dios para nosotros por fuente de sabiduría, y por justicia, y santificación, y redención nuestra, [Torres Amat]

Gradual (1 Cor. 3, 19; 3, 20)

Sapiéntia hujus mundi stultítia est apud Deum, scriptum est enim: Dóminus novit cogitatiónes sapiéntium, quóniam vanæ sunt. Perdam sapiéntiam sapiéntium et prudentiam prudéntium reprobábo. Alleluja, alleluja. Sapiéntia hujus mundi stultítia est apud Deum, scriptum est enim: Dóminus novit cogitatiónes sapiéntium, quóniam vanæ sunt, alleluia Verúmtamen exístimo ómnia detriméntum esse propter eminéntem sciéntiam Jesu Christi, Dómini mei. Allelúja.

Porque la sabiduría de este mundo es necedad delante de Dios. Pues está escrito: Yo prenderé a los astutos en su propia astucia. Y en otra parte: El Señor penetra las ideas de los astutos, y conoce la vanidad de ellas. [Torres Amat]

Tracto (1 Cor. 2, 2; 2, 7-8)

Non judicávi me scire áliquid inter vos nisi Jesum Christum, et hunc crucifíxum. Lóquimur Dei sapiéntiam in mystério, quæ abscóndita est, quam prædestinávit Deus ante sǽcula in glóriam nostram. Quam nemo príncipum hujus sǽculi cognóvit. Si enim cognovíssent, numquam Dóminum glóriæ crucifixíssent.

puesto que no me he preciado de saber otra cosa entre vosotros, sino a Jesucristo, y éste crucificado. sino que predicamos la sabiduría de Dios en el misterio de la encarnación, sabiduría recóndita, la cual predestinó y preparó Dios antes de los siglos para gloria nuestra, sabiduría que ninguno de los príncipes de este siglo ha entendido; que si la hubiesen entendido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria; [Torres Amat]

Evangelio (Luc. 12, 2-8)

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam. In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Nihil est opértum, quod non revelétur, neque abscónditum, quod non sciátur. Quóniam quæ in ténebris dixístis, in lúmine dicéntur: et quod in aurem locúti estis in cubículis, prædicábitur in tectis. Dico autem vobis amícis meis: Ne terreámini ab his, qui occidunt corpus et post hæc non habent ámplius, quid fáciant. Osténdam autem vobis, quem timeátis: timéte eum, qui, postquam occídent, habet potestátem míttere in gehénnam; ita dico vobis, hunc timéte. Nonne quinque pásseres véneunt dipóndio, et unus ex illis non est in oblivióne coram Deo? Sed et capílli capitis vestri omnes numeráti sunt. Nolíte ergo timére: multis passéribus pluris estis vos. Dico autem vobis: Omnis, quicúmque conféssus fúerit me coram homínibus, et Fílius hóminis confitébitur illum coram Angelis Dei.

Mas nada está oculto que no se haya de manifestar; ni secreto que al fin no se sepa. Así es que lo que dijisteis a oscuras, se dirá a la luz del día; y lo que hablasteis al oído en las alcobas, se pregonará sobre los terrados. A vosotros que sois mis amigos, os digo yo: No tengáis miedo de los que matan al cuerpo, y este hecho ya no pueden hacer más. Yo quiero mostraros a quién habéis de temer: Temed al que, después de quitar la vida, puede arrojar al infierno. A éste es, os repito, a quien habéis de temer. ¿No es verdad que cinco pajarillos se venden por dos cuartos, y con todo ni uno de ellos es olvidado de Dios? Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Por tanto no tenéis que temer; más valéis vosotros que muchos pajarillos. Os digo, pues que cualquiera que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará, delante de los ángeles de Dios. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Lucas 12, 2-8 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

Teófil. Se esforzaban los fariseos por coger a Jesús en alguna palabra para separar de El a las turbas; pero todo se volvía contra ellos, porque acudían cada día a millares las gentes, y deseando aproximarse a Cristo, se empujaban mutuamente. Aquí se ve que tan poderosa es en todas partes la verdad y tan débil el engaño. Dice, pues: "Entre tanto, habiéndose juntado alrededor de Jesús tanto concurso de gentes que se atropellaban unos a otros, comenzó a decir a sus discípulos: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es hipocresía".

San Gregorio. Como que los enemigos de Jesús eran burladores, advertía a sus discípulos que se guardasen de ellos.

San Gregorio Nacianceno, in eadem Cat. graec. Se aprecia la levadura porque hace el pan que da la vida; pero se menosprecia porque representa una reprensión, la malicia antigua y agria.

Teófil. Llama levadura a la hipocresía, porque altera y corrompe las intenciones de los hombres en que penetra; y ninguna cosa hay que corrompa las costumbres como la hipocresía.

Beda. Porque así como una pequeña cantidad de levadura corrompe toda la masa de harina ( 1Cor 5,6), así el disimulo priva al alma de toda la sinceridad y verdad de las virtudes.

San Ambrosio. Nuestro Salvador nos dio esta preciosa enseñanza de guardar la sencillez y de practicar la fe, para que no caigamos en la costumbre de los pérfidos judíos de hacer que nuestras obras estén en oposición con nuestras palabras; porque en el último día el secreto de nuestra conciencia y las diferentes reflexiones, que en nuestro interior nos acusan o nos defienden, serán manifiestas ( Rom 2). Por esto añade: "Mas nada hay tan oculto que no se haya de manifestar", etc.

Orígenes, in Cat. graec. Patr. Dice esto refiriéndose a aquel día en que Dios juzgará los secretos de los hombres. O bien porque por mucho que alguno se empeñe en ocultar las buenas acciones de otros por medio de infamias, el bien no puede estar oculto naturalmente.

Crisóstomo, in Matth homil. 35. Como diciendo a sus discípulos: Aun cuando ahora os llamen seductores y hechiceros, vendrá tiempo en que todo se sabrá, se declarará la calumnia y brillará vuestra virtud. Por lo que todo lo que yo os hablo en este pequeño rincón de la Palestina lo predicaréis en todo el orbe con atrevimiento y con la frente levantada, sin tener nada que temer. Y por esto añade: "Así es, que lo que dijisteis a oscuras, se dirá en la luz del día", etc.

Beda. Dice esto también, porque todo lo que dijeron los apóstoles en las tinieblas de la persecución y en las sombras de las cárceles había de predicarse públicamente con la lectura de sus hechos en la Iglesia extendida por todo el orbe. Y en verdad, cuando dice: "Se pregonará sobre los tejados", habla según la costumbre de la Palestina, en donde acostumbran a estar sobre los tejados, los cuales no están en declive como los nuestros, sino formando figura perfectamente plana e igual (esto es, una superficie plana). Dice, pues: "Se pregonará sobre los tejados"; esto es, al descubierto, para que todos lo oigan.

Teófil. O se dirige a los fariseos con estas palabras, como diciendo: ¡Oh fariseos!, lo que habláis entre tinieblas (esto es, las tentaciones que contra mí forjáis en vuestros negros corazones), será sacado a la luz del día. Porque yo soy la luz y por mi luz se conocerá todo lo que tramáis en las tinieblas. Así lo que habéis hablado al oído en las alcobas (esto es, todo lo que habéis dicho murmurando al oído), se pregonará sobre los tejados, pues es tan inteligible para mí como si se hubiese predicado sobre los tejados. También puede entenderse esto diciendo que la luz es el Evangelio, y los tejados las almas elevadas de los apóstoles; porque todo lo que se dijeron entre sí los fariseos se ha publicado después en la luz del Evangelio por el gran oráculo del Espíritu Santo reposando sobre las almas de los apóstoles.

San Cirilo. Como la causa de la infidelidad es de dos tipos, sea que proceda de una malicia natural o de un temor accidental, para que no haya alguno que, aterrado por el miedo, se vea obligado a negar a Dios, a quien conoce de todo corazón, añade con mucha oportunidad: "A vosotros, empero, que sois mis amigos, os digo: No tengáis miedo de los que matan el cuerpo", etc.

San Cirilo, in Cat. graec. Patr. No parece que se dirige esta sentencia a todos, sino únicamente a los que aman a Dios de todo corazón, los cuales conviene que digan ( Rom 8,35): "¿Quién nos separará del amor de Jesucristo?" Y los que no son así, son débiles y están expuestos a caer. Por cuya razón dice el Señor ( Jn 15,13): "Que nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos". ¿Por qué, pues, no ha de ser muy conveniente que devolvamos a Cristo lo que de El hemos recibido?

San Ambrosio. Dice también que no se debe temer la muerte pues la inmortalidad la compensará con creces.

San Cirilo, ubi supr. Debe advertirse que hay preparadas coronas y honores para premiar los trabajos de aquellos que sufren la ira de sus semejantes, y que esta persecución tiene término con la muerte; por cuya razón añade: "Y hecho esto ya no pueden hacer más".

Beda. Por tanto es en vano la locura de los que arrojan los miembros muertos de los mártires para que los despedacen la fieras y las aves, porque esto no impide que la omnipotencia de Dios vuelva a darles vida resucitándolos.

Crisóstomo, in Matth homil. 35. Considera cómo el Señor procura que sus discípulos sean superiores en todo, enseñándoles a menospreciar aún la misma muerte por terrible que sea. También les da a conocer la inmortalidad del alma, cuando añade: "Yo quiero mostraros a quién habéis de temer: temed a aquél que después de quitar la vida puede arrojar al infierno".

San Ambrosio. La muerte es el fin de la naturaleza, no de la pena. Por tanto, a la muerte debe considerársela como término de los sufrimientos corporales, mientras que la pena del alma es eterna, por cuya razón sólo a Dios debe temerse, cuyo poder no limita la naturaleza, sino que le está sometida. Y concluye diciendo: "A éste es, os repito, a quien habéis de temer".

Teófil. De aquí se deduce que para los pecadores la muerte es un suplicio, porque después de los sufrimientos que ocasiona la muerte, vienen a caer en las penas del infierno. Pero si examinamos con atención estas palabras, entenderemos que dicen algo más. No dice, pues, el que arroja, sino el que puede arrojar al infierno. Esto es así porque no son lanzados a la pena (eterna) inmediatamente todos los que mueren en pecado, sino que sucede a veces que (la temporal) se perdona en virtud de los sufragios y las oraciones que se hacen por los difuntos.

San Ambrosio. Había inspirado el Señor el amor de la sencillez, había levantado la virtud del alma, sólo la fe vacilaba; y la robusteció usando de un ejemplo sencillísimo, con estas palabras: "¿No es verdad que cinco pajarillos se venden por dos cuartos, y con todo ni uno de ellos es olvidado de Dios?" Como diciendo: ¿Si Dios no se olvida de los pájaros, cómo se olvidará de los hombres?

Beda. Un dipondio era una moneda de muy poco peso y constaba de dos ases.

Glosa. El as es al peso lo que la unidad es al número, y el dipondio equivale a dos ases.

San Ambrosio. Acaso dirá alguno, como dijo el Apóstol ( 1Cor 9,9): "¿Será que Dios se cuida de los bueyes?"; porque éstos valen más que los pájaros. Pero una cosa es el cuidado y otra el conocimiento.

Orígenes, in Cat. graec. Patr. Se conoce por estas palabras hasta dónde llega la acción de la divina Providencia, que se ocupa hasta de las cosas más pequeñas. En sentido místico los cinco pájaros significan justamente los sentidos espirituales, que perciben las cosas sublimes y que son superiores a los hombres. Por ellos el hombre anda viendo a Dios, oyendo su divina voz, gustando el pan de la vida, percibiendo el olor de los perfumes de Cristo y tocando al Verbo vivo. Los que son vendidos por un dipondio -a vil precio- por los que consideran como necedades las cosas espirituales, no caen en olvido delante de Dios. Se dice, no obstante, que el Señor se olvida de algunos por sus malas acciones.

Teófil. O estos cinco sentidos se venden por dos ases, esto es, por el Nuevo y el Antiguo Testamento. Por esta razón no son olvidados de Dios; porque de aquellos cuyos sentidos se entregan al Verbo de vida para estar dispuestos al alimento espiritual, nunca se olvida el Señor.

San Ambrosio. O bien, el pájaro bueno es aquel a quien la naturaleza concede medios para volar; la naturaleza nos ha concedido la facultad de volar, pero la voluptuosidad nos la ha quitado. Esta carga el alma de los malos con el alimento de los vicios, y la abate reduciéndola a la realidad de una masa corpórea. Si, pues, los cinco sentidos del cuerpo buscan el alimento de las miserias mundanas, no pueden volar para conseguir los frutos de acciones más sublimes. Es, por tanto, mal pájaro aquel que hubiere perdido la facultad de volar por el vicio de la miseria del mundo. Estos son como los pájaros que se venden por un dipondio, esto es, por el precio de los placeres temporales. De esta manera el enemigo nos vende a vil precio como esclavos cautivos en guerra; mas el Señor, que nos hizo buenos servidores suyos a su imagen, estimó su obra en lo que valía y nos redimió en un precio muy elevado.

San Cirilo, in Cat. graec. Patr. Se cuida mucho de conocer la vida de los santos, conforme a lo que sigue: "Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados". De este modo indica que conoce perfectamente todo lo que a ellos se refiere; porque las cuentas manifiestan un cuidado solícito y diligente.

San Ambrosio. Finalmente, el número de los cabellos no debe considerársele como cómputo, sino que da a entender su perfecto conocimiento y se dice con toda propiedad que están contados, porque contamos todo lo que queremos guardar.

San Cirilo, ubi sup. Hablando en sentido espiritual diremos, que la cabeza del hombre es su entendimiento y sus cabellos los pensamientos que están patentes a Dios.

Teófil. También puede considerarse como cabeza de cada uno de los fieles su correspondencia con Cristo, y por sus cabellos las obras de mortificación corporal que Dios cuenta y que considera dignas de su providencia.

San Ambrosio. Si, pues, la majestad de Dios es tan grande que conoce en su ciencia hasta un pajarillo cualquiera y el número de nuestros cabellos, ¿cómo puede decirse que el Señor desconozca el corazón de los fieles o que los menosprecie, justamente El, que conoce cosas tan insignificantes? Por eso, concluyó diciendo: "Por tanto, no tenéis que temer: más valéis vosotros que muchos pajarillos".

Beda. No debe leerse que sois muchos, como si se tratara del número, sino que sois más que muchos, esto es, de mayor importancia para Dios.

San Atanasio, ora. 3, contra Arrianos. Pregunto a los arrianos que si Dios, desdeñando el hacer otras cosas, sólo hizo a su Hijo, en el cual trasladó su poder, para hacer todo lo demás; entonces ¿cómo se extiende su providencia hasta cosas tan pequeñas como son el cabello y el pájaro? Porque todo aquello a que atiende con su providencia lo creó con su palabra.

Beda. Había dicho antes el Salvador que todas las acciones y las palabras ocultas habrían de publicarse; y ahora añade que esta publicación no se verificará en una reunión cualquiera, sino en la ciudad eterna y en presencia del rey y juez eterno; por eso dice: "Os digo, pues, que cualquiera que me confesare", etc.

San Ambrosio. Excitando también manifiestamente a la fe, la colocó como fundamento de las virtudes; porque así como la fe es estímulo de la virtud, así también la virtud constituye la firmeza de la fe.

Crisóstomo, homil. 35, in Matth. No se contenta el Señor con una fe interna, sino que pide una confesión exterior de ella, instándonos a la confianza y al mayor afecto. Y como esto es útil para todos, habla en general, diciendo: "Cualquiera que me confesare".

San Cirilo, in Cat. graec. Patr. Dice San Pablo ( Rom 10,9): "Si confiesas con la boca a Jesús, tu Señor, y crees en tu corazón que Dios le ha resucitado de entre los muertos, te salvarás". Todo el misterio de Cristo se expresa en estas palabras. Conviene, pues, confesar primero que el Verbo nacido de Dios Padre, esto es, el unigénito de su misma naturaleza, es el Señor de todas las cosas; es decir, no como habiendo recibido o usurpado este dominio, sino siendo verdadera y naturalmente Señor como lo es el Padre. Conviene confesar después, que Dios lo resucitó de entre los muertos. Es decir, que el mismo que se hizo hombre padeció en su carne por nosotros y resucitó de entre los muertos. A cualquiera, pues, de nosotros, que confesare así a Jesucristo delante de los hombres -esto es, como Dios y como Señor-, Jesucristo le confesará delante de los ángeles de Dios cuando baje con ellos en la gloria de su Padre al fin del mundo.

San Eusebio, in Cat. graec. Patr. ¿Qué cosa habrá de mayor gloria que el mismo Verbo, unigénito de Dios, dé testimonio por nosotros en el juicio divino, y merecerlo así en remuneración del testimonio que de El dimos confesándolo? Porque no estará fuera de aquel de quien dará testimonio, sino que habitando en él y llenándolo de su luz será como lo confesará. Cuando los hubo fortalecido con la dulce esperanza por tantas promesas, los mueve después con terribles amenazas; diciendo: "Al contrario, quien me negare ante los hombres, negado será ante los ángeles de Dios".

Crisóstomo ut supra. Respecto de la condenación se ofrece mayor castigo y, respecto de las buenas obras, mayor premio; como diciendo: Tú me confesarás o me negarás aquí, pero yo allí. El pago de las buenas y de las malas acciones os aguarda con exceso en la otra vida.

San Eusebio, ut sup. Hace esta amenaza oportunamente para que no dejasen de confesarle menospreciando la pena de ser negado por el Hijo de Dios. Lo cual equivale a ser negado por la sabiduría y a perder la vida, a ser privado de la luz y de todos los bienes, a sufrir todo esto delante del Padre que está en los cielos y de los ángeles de Dios.

San Cirilo, ubi sup. Los que lo niegan son primeramente los que pospusieron la fe por temor a una inminente persecución, y después los doctores de la herejía y discípulos.

Crisóstomo, ut sup. Hay también otros modos de negar a Jesucristo, como explica San Pablo cuando dice ( Tit 1,16): "Confiesan que conocen a Dios, pero le niegan con las obras". Y en otro lugar ( 1Tim 5,8): "Si alguno no cuida de los suyos y particularmente de sus domésticos, reniega de la fe, y es peor que un infiel". Y también ( Col 3,5): "Huid de la avaricia, que es idolatría". Por tanto, puesto que hay tantos modos de negar, es claro que hay otros tantos de confesar. Esos modos, practicados por el hombre, lo harán digno de oír aquella voz beatísima con la que Jesucristo alabará a todos los que lo hubieren confesado. Fijémonos en la elección de estas palabras. En el texto griego dice: "Cualquiera que confesare en mí", manifestando que ninguno puede confesar a Jesucristo por sus propias fuerzas, sino ayudado por la gracia del Señor. Pero cuando se trata del que lo niega, no dijo en mí, sino a mí, porque el que lo niega carece de la gracia. Sin embargo, es culpable, porque si se le priva de la gracia es porque él se separa de ella -o lo que es lo mismo, se le priva por su propia culpa-.

Beda. Pero para que no se juzgue que están en igual caso los que lo niegan por otras razones -esto es, los que lo niegan por debilidad e ignorancia-, y por ello habrían de ser negados, añadió en seguida: "Si alguno habla contra el Hijo del hombre, este pecado se le perdonará", etc.

San Cirilo, ubi sup. Pero si el Salvador quiere insinuar que, cuando decimos una palabra injuriosa a un hombre cualquiera obtendremos el perdón si nos arrepentimos, no hay dificultad ninguna en estas palabras, porque siendo Dios bueno por naturaleza, enmienda a los que quieren arrepentirse. Pero si estas palabras se vuelven contra el mismo Jesucristo, ¿cómo no ha de ser condenado el que habla contra El?

San Ambrosio. Sabemos ciertamente que el Hijo del hombre es Cristo, que fue engendrado por obra del Espíritu Santo en la Virgen, que es su sola Madre en la tierra. ¿Acaso es mayor el Espíritu Santo que Jesucristo, para que obtengan el perdón los que pecan contra El, y no puedan alcanzar esta misma gracia los que pecan contra el Espíritu Santo? Pero en donde se encuentra la unidad de poder no cabe comparación 1.

San Atanasio, in libro de peccato in Spiritum. Aquellos hombres de la antigüedad, el estudioso Orígenes y el admirable Teognosto, dicen que hay blasfemia contra el Espíritu Santo cuando los que fueron considerados dignos de su don por el bautismo vuelven al pecado; por eso ellos no alcanzarán perdón 2, como dice San Pablo ( Heb 6,6): "Es imposible que aquellos que han sido hechos partícipes del Espíritu Santo sean renovados", etc. Cada uno de los citados autores explana después su idea. Así, Orígenes dice: Dios Padre provee ciertamente a todo y todo lo contiene; la acción del Hijo se extiende sólo a los seres racionales y el Espíritu Santo sólo asiste a los que participan de El por el bautismo 3. Por tanto, cuando pecan los catecúmenos y los gentiles, pecan contra el Hijo que habita en ellos, y pueden, por consiguiente, obtener el perdón si se hacen dignos de la regeneración. Pero cuando pecan después de bautizados, dice que este crimen afecta al Espíritu, al que habían llegado cuando pecaron, por cuya causa su condenación es irrevocable 4. Teognosto, por su parte, dice que el que traspasa el primero y el segundo límite merece menor castigo; pero el que traspasa también el tercero no recibirá más el perdón. Llama primero y segundo límite la doctrina del Padre y del Hijo; y tercero a la participación del Espíritu Santo, según aquellas palabras de San Juan (16,13): "Cuando venga el Espíritu de verdad, os enseñará toda verdad". Esto es así no porque la doctrina del Espíritu sea superior a la del Hijo, sino porque el Hijo bajó hasta a los imperfectos y el Espíritu Santo es el signo de los que son perfectos. Así, pues, no porque el Espíritu supere al Hijo es imperdonable la blasfemia contra el primero, sino porque los imperfectos pueden ser perdonados, mientras que los perfectos no tienen ninguna excusa. Sin embargo, cuando el Hijo está en el Padre, está en aquellos en quienes está el Padre, sin que falte el Espíritu, porque la Santísima Trinidad es indivisible. Además, si todas las cosas han sido hechas por el Hijo y todas subsisten en El, estará verdaderamente en todas; y entonces es preciso que todo aquel que peca contra el Hijo, peque contra el Padre y contra el Espíritu Santo. Además el sagrado bautismo se da en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; y por esto los que pecan después del bautismo blasfeman contra la Santísima Trinidad. Además, si los fariseos no habían recibido aún el bautismo, ¿por qué los reprende como si blasfemasen contra el Espíritu Santo, de quien todavía no se habían hecho partícipes, sobre todo cuando no los acusaba por simples pecados, sino por la blasfemia? Pero hay la diferencia de que el que peca quebranta la ley, en tanto que el que blasfema ofende a la misma Divinidad. Y si a aquellos que pecan después del bautismo no se les perdona el castigo, ¿cómo el Apóstol perdona al penitente de Corinto, y por qué engendra a los gálatas que han retrocedido, hasta que Jesucristo sea formado de nuevo en ellos ( Gál 3)? ¿Por qué reprochamos a los novacianos el que no hagan penitencia después del bautismo? El Apóstol, dirigiéndose a los hebreos, no destituye la penitencia por los pecados; sino que para que no creyesen que según el rito de la ley, y como penitencia, podía repetirse el bautismo todos los días, les aconseja que hagan penitencia, haciéndoles ver que no hay más que una sola renovación por el bautismo. Considerando estas cosas, apelo a la misericordia de Jesucristo, que siendo Dios, se hizo hombre. Es decir, consideremos cómo Dios resucitaba a los muertos y cómo, revestido de la carne, tenía sed, trabajaba y sufría. Por tanto, cuando algunos, considerando su humanidad, ven que el Señor tiene sed y que padece, y hablan contra el Salvador como hombre, pecan ciertamente. Pero pueden -cuando se arrepientan- recibir bien pronto el perdón, alegando como causa la fragilidad humana. Y cuando los que, considerando las obras de la Divinidad, dudan de la naturaleza de su cuerpo, pecan también gravemente, pero es fácil perdonar en seguida a estos penitentes, porque merecen excusa por la magnitud de sus obras. Ahora, cuando las obras de Dios se atribuyen al diablo, atraen sobre sí la sentencia irrevocable. Ellos creen que el diablo es Dios y que el verdadero Dios no tiene más participación en sus obras que el diablo. Los fariseos habían llevado su perfidia hasta este punto: manifestando el Salvador las obras del Padre, resucitando a los muertos, iluminando a los ciegos y haciendo cosas semejantes, los fariseos decían que éstas eran obras de Beelzebub. Podían también decir, viendo el orden del mundo y la providencia que lo rige, que el mundo había sido creado por Beelzebub. Por otro lado, fijándose en su humanidad, quedaban ( Mt 13,55) pasmados y decían: ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ( Jn 7,15) ¿Cómo puede conocer las Escrituras, si no ha estudiado? El Señor los toleraba como pecadores contra el Hijo del hombre; pero cuando dijeron en su demencia que las obras de Dios son las de Beelzebub, no pudo tolerarlos más. De la misma manera, toleraba a sus padres, mientras murmuraban por la carencia del pan y del agua; pero después que fundieron el becerro de oro y le atribuyeron todos los beneficios que habían recibido del Señor, fueron castigados, primero con la muerte de no pocos de ellos, y después diciendo: "Y yo en el día de la venganza visitaré también este pecado de ellos" ( Ex 32,35). Los fariseos oyen ahora una sentencia parecida, porque los condena al fuego dispuesto para el diablo, en donde serán atormentados con él. No dijo Jesucristo esto comparando la blasfemia contra El a la proferida contra el Espíritu Santo, como si el Espíritu Santo fuese más grande; sino para manifestar que de las dos blasfemias proferidas contra El mismo, una es más grave que la otra; puesto que, mirándole como un hombre, lo vituperaban y decían que sus obras eran de Beelzebub.

San Ambrosio. Así, pues, piensan algunos que debemos entender que el Hijo y el Espíritu son el mismo santo, salvo la distinción de personas y la unidad de la sustancia; porque Cristo Dios y hombre, es uno con el Espíritu Santo; así está escrito ( Lam 4,20): "El Espíritu que está delante de nosotros es el ungido 5 del Señor". El es igualmente santo, pues de la misma manera que el Padre es Dios y el Hijo Señor, y el Padre Señor y el Hijo Dios, así también el Padre es santo, el Hijo es santo y santo el Espíritu. Por tanto, si Cristo es uno y otro, ¿por qué esa diferencia, sino para que comprendamos que no nos es permitido negar la divinidad de Jesucristo?

Beda. El que dice que las obras del Espíritu Santo son de Beelzebub no será perdonado ni en esta vida, ni en la otra. No porque neguemos que pueda ser perdonado por Dios si hace penitencia, sino para que nos convenzamos que el blasfemo no llegará nunca a tener los méritos necesarios para ser perdonado, ni a hacer frutos dignos de penitencia; según estas palabras ( Is 6,10 y Mt 12): "Cegó sus ojos para que no se conviertan y no los salve yo".

San Cirilo in Cat. Graec. Patr. Por lo que si el Espíritu Santo fuese criatura y no de la sustancia divina del Padre y del Hijo ¿cómo las ofensas que se le hacen habían de provocar una pena tal cual la que se anuncia a los blasfemos contra Dios?

Beda. No obstante, los que dicen que no es Santo y que no es Dios, sino que es menor que el Padre y que el Hijo, no son reos del crimen irremisible de blasfemia, porque esto lo hacen llevados por la ignorancia humana, no por la diabólica envidia, como los príncipes de los judíos.

San Agustín, De verb. Dom., serm. 1. Si aquí se dijese: "El que profiriese alguna blasfemia contra el Espíritu Santo", deberíamos entender toda blasfemia; pero como se dice, "el que blasfemare contra el Espíritu Santo", se ha de entender no un blasfemo cualquiera sino aquel que nunca puede ser perdonado. Por esto se ha dicho ( Stgo 1,13): "Dios no tienta a nadie", aunque no se habla aquí de toda tentación, sino sólo de cierto tipo. Veamos ahora cuál es esta manera de blasfemar contra el Espíritu Santo. El principal beneficio de los creyentes consiste en recibir en el Espíritu Santo el perdón de los pecados. El corazón impenitente blasfema contra este don gratuito. Así pues, esta impenitencia es blasfemia contra el Espíritu, la cual no se perdona ni en este mundo ni en el otro, porque la penitencia alcanza el perdón en esta vida, el cual vale para la otra.

San Cirilo, ubi sup. Habiendo infundido el Señor tanto temor, y habiendo preparado a sus discípulos para resistir con valor a los que se separan de la verdadera fe, les mandó que no se cuidasen de sus respuestas. Porque el Espíritu, que habita en los que están bien dispuestos, les inspirará -como doctor- lo que deban decir. Por lo cual prosigue: "Cuando os conduzcan a las sinagogas no paséis cuidado de lo que o cómo habéis de responder".

Glosa, interlin. Dice, pues, "cómo", en cuanto al modo de hablar; y "que" en cuanto a pensarlo. Es decir, "cómo" habéis de responder a los que os pregunten, o "qué" habéis de decir a los que quieran llegar a saber.

Beda. Cuando somos llevados a causa de Jesucristo ante los jueces, únicamente debemos ofrecer nuestra voluntad por El, porque lo que hemos de responder ya nos lo inspirará el Espíritu Santo. Por esto añade: "Porque el Espíritu Santo, os enseñara".

Crisóstomo, in Matth homil. 34. En otro lugar se dice ( 1Pe 3,15): Estad preparados para responder a todos los que deseen conocer de vosotros la causa de la esperanza que os alienta. Porque cuando se suscita entre amigos una disputa o una cuestión, nos manda que meditemos; pero cuando estamos ante el terror de un temible pretorio, nos da fuerzas para que nos atrevamos a hablar sin turbarnos.

Teófil. Como nuestra debilidad nace de dos causas -porque huimos del martirio por temor del dolor y porque somos ignorantes y no podemos dar cuenta de la fe-, excluye uno y otro. Con respecto al miedo del dolor, dice: "No temáis a los que matan el cuerpo"; y con respecto al terror de la ignorancia: "No paséis cuidado de lo que o cómo habéis de responder".

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena

Ofertorio (1 Cor. 2, 2)

Non enim judicávi me scire áliquid inter vos, nisi Jesum Christum, et hunc crucifíxum. (Alleluia.)

puesto que no me he preciado de saber otra cosa entre vosotros, sino a Jesucristo, y éste crucificado. [Torres Amat]

Secreta

Múnera nostra, Dómine Deus, benígnus súscipe: quorum mirábile mystérium sanctus Martyr Iustínus advérsum impiórum calúmnias strénue deféndit. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Recibid benigno, Señor Dios, nuestros dones, cuyo admirable misterio defendió con esfuerzo el santo Mártir Justino contra las calumnias de los impíos. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

Comunión (2 Tim. 4, 8)

Repósita est mihi coróna justítiæ, quam reddet mihi Dóminus in illa die justus judex. (Alleluia)

Nada me resta sino aguardar la corona de justicia que me está reservada, y que me dará el Señor en aquel día como justo juez, y no sólo a mí, sino también a los que llenos de fe desean su venida. Date prisa en venir pronto a mí. [Torres Amat]

Poscomunión

Cœlésti alimónia refécti, súpplices te, Dómine, deprecámur: ut, beáti Justíni Mártyris tui mónitis, de accéptis donis semper in gratiárum actióne maneámus. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

Reconfortados con el celestial alimento, os suplicamos rendidos, Señor: que, por las advertencias de san Justino, vuestro Mártir, permanezcamos siempre en acción de gracias por los dones recibidos. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

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