domingo, 20 de marzo de 2016
Domingo de Ramos
Al pie del altar
In nómine Patris, ✠ et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
En el nombre del Padre, ✠ y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
℣. Introíbo ad altáre Dei.
℟. Ad Deum, qui lætíficat juventútem meam.
℣. Subiré al altar de Dios.
℟. A Dios, que alegra mi juventud.
Salmo 42 (se omite en las Misas de difuntos y en tiempo de Pasión):
℣. Júdica me, Deus, et discérne causam meam de gente non sancta: ab hómine iníquo et dolóso érue me.
℟. Quia tu es, Deus, fortitúdo mea: quare me repulísti, et quare tristis incédo, dum afflígit me inimícus?
℣. Emítte lucem tuam et veritátem tuam: ipsa me deduxérunt, et adduxérunt in montem sanctum tuum et in tabernácula tua.
℟. Et introíbo ad altáre Dei: ad Deum, qui lætíficat juventútem meam.
℣. Confitébor tibi in cíthara, Deus, Deus meus: quare tristis es, ánima mea, et quare contúrbas me?
℟. Spera in Deo, quóniam adhuc confitébor illi: salutáre vultus mei, et Deus meus.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper: et in sǽcula sæculórum. Amen.
℣. Júzgame, oh Dios, y aparta mi causa de la gente no santa: líbrame del hombre inicuo y engañoso.
℟. Porque tú, oh Dios, eres mi fortaleza: ¿por qué me has rechazado, y por qué he de andar triste, mientras me aflige el enemigo?
℣. Envía tu luz y tu verdad: ellas me guiaron y me condujeron a tu monte santo y a tus tabernáculos.
℟. Y subiré al altar de Dios: a Dios, que alegra mi juventud.
℣. Te alabaré con la cítara, oh Dios, Dios mío: ¿por qué estás triste, alma mía, y por qué me turbas?
℟. Espera en Dios, porque aún he de alabarle: salvación de mi rostro y Dios mío.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
℣. Introíbo ad altáre Dei.
℟. Ad Deum, qui lætíficat juventútem meam.
℣. Subiré al altar de Dios.
℟. A Dios, que alegra mi juventud.
℣. Adjutórium nostrum ✠ in nómine Dómini.
℟. Qui fecit cælum et terram.
℣. Nuestro auxilio ✠ está en el nombre del Señor.
℟. Que hizo el cielo y la tierra.
El sacerdote, profundamente inclinado, hace la confesión:
Confíteor Deo omnipoténti, beátæ Maríæ semper Vírgini, beáto Michaéli Archángelo, beáto Joánni Baptístæ, sanctis Apóstolis Petro et Paulo, ómnibus Sanctis, et vobis, fratres: quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et ópere: mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ideo precor beátam Maríam semper Vírginem, beátum Michaélem Archángelum, beátum Joánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et vos, fratres, oráre pro me ad Dóminum, Deum nostrum.
Yo confieso ante Dios todopoderoso, ante la bienaventurada siempre Virgen María, ante el bienaventurado san Miguel Arcángel, ante el bienaventurado san Juan Bautista, ante los santos Apóstoles Pedro y Pablo, ante todos los Santos, y ante vosotros, hermanos, que pequé mucho de pensamiento, palabra y obra: por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por eso ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, al bienaventurado san Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos, y a vosotros, hermanos, que roguéis por mí al Señor, Dios nuestro.
℟. Misereátur tui omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis tuis, perdúcat te ad vitam ætérnam. Amen.
℟. Que Dios todopoderoso tenga misericordia de ti, y, perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna. Amén.
Los ministros repiten la confesión (diciendo «a ti, padre» donde el sacerdote decía «a vosotros, hermanos»). Después el sacerdote dice:
℣. Misereátur vestri omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis vestris, perdúcat vos ad vitam ætérnam.
℟. Amen.
℣. Indulgéntiam, ✠ absolutiónem et remissiónem peccatórum nostrórum tríbuat nobis omnípotens et miséricors Dóminus.
℟. Amen.
℣. Que Dios todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y, perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna.
℟. Amén.
℣. El Señor todopoderoso y misericordioso nos conceda ✠ la indulgencia, la absolución y el perdón de nuestros pecados.
℟. Amén.
℣. Deus, tu convérsus vivificábis nos.
℟. Et plebs tua lætábitur in te.
℣. Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam.
℟. Et salutáre tuum da nobis.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. Oh Dios, volviéndote a nosotros nos darás vida.
℟. Y tu pueblo se alegrará en ti.
℣. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
℟. Y danos tu salvación.
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a ti mi clamor.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
Orémus. Aufer a nobis, quǽsumus, Dómine, iniquitátes nostras: ut ad Sancta sanctórum puris mereámur méntibus introíre. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Oremos. Aparta de nosotros, te rogamos, Señor, nuestras iniquidades, para que merezcamos entrar con almas puras al Santo de los santos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Orámus te, Dómine, per mérita Sanctórum tuórum, quorum relíquiæ hic sunt, et ómnium Sanctórum: ut indulgére dignéris ómnia peccáta mea. Amen.
Te rogamos, Señor, por los méritos de tus Santos, cuyas reliquias aquí están, y de todos los Santos, que te dignes perdonar todos mis pecados. Amén.
Introito (Ps. 21, 2)
Dómine, ne longe fácias auxílium tuum a me, ad defensiónem meam áspice: líbera me de ore leónis, et a córnibus unicórnium humilitátem meam. Deus, Deus meus, réspice in me: quare me dereliquísti? longe a salúte mea verba delictórum meórum.
¡Oh Dios!, ¡oh Dios mío, vuelve a mí tus ojos! ¿Por qué me has desamparado? Los gritos de los pecados míos alejan de mí la salud. [Torres Amat]
Kyrie
Kýrie, eléison. (ter)
Christe, eléison. (ter)
Kýrie, eléison. (ter)
Señor, ten piedad. (tres veces)
Cristo, ten piedad. (tres veces)
Señor, ten piedad. (tres veces)
Gloria
Se dice en las fiestas y tiempos de gozo; se omite en Adviento, Cuaresma y Misas feriales.
Glória in excélsis Deo. Et in terra pax homínibus bonæ voluntátis. Laudámus te. Benedícimus te. Adorámus te. Glorificámus te. Grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam. Dómine Deus, Rex cæléstis, Deus Pater omnípotens. Dómine Fili unigénite, Jesu Christe. Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris. Qui tollis peccáta mundi, miserére nobis. Qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram. Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis. Quóniam tu solus Sanctus. Tu solus Dóminus. Tu solus Altíssimus, Jesu Christe. Cum Sancto Spíritu ✠ in glória Dei Patris. Amen.
Gloria a Dios en las alturas. Y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Te alabamos. Te bendecimos. Te adoramos. Te glorificamos. Te damos gracias por tu inmensa gloria. Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo unigénito, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Tú que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros. Tú que quitas los pecados del mundo, acoge nuestra súplica. Tú que estás sentado a la diestra del Padre, ten piedad de nosotros. Porque tú solo eres Santo. Tú solo Señor. Tú solo Altísimo, Jesucristo. Con el Espíritu Santo ✠ en la gloria de Dios Padre. Amén.
Colecta
Omnípotens sempitérne Deus, qui humáno géneri, ad imitándum humilitátis exémplum, Salvatórem nostrum carnem súmere et crucem subíre fecísti: concéde propítius; ut et patiéntiæ ipsíus habére documénta et resurrectiónis consórtia mereámur. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Omnipotente y sempiterno Dios, que, para darnos ejemplo de humildad que imitar, hicisteis que nuestro Salvador tomase carne y padeciese la cruz, concedednos propicio que merezcamos tener las enseñanzas de su paciencia y la participación en su resurrección. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Epístola (Phil. 2, 5-11)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Philippénses. Fratres: Hoc enim sentíte in vobis, quod et in Christo Jesu: qui, cum in forma Dei esset, non rapínam arbitrátus est esse se æquálem Deo: sed semetípsum exinanívit, formam servi accípiens, in similitúdinem hóminum factus, et hábitu invéntus ut homo. Humiliávit semetípsum, factus obédiens usque ad mortem, mortem autem crucis. Propter quod et Deus exaltávit illum: et donávit illi nomen, quod est super omne nomen: (hic genuflectitur) ut in nómine Jesu omne genu flectátur cœléstium, terréstrium et infernórum: et omnis lingua confiteátur, quia Dóminus Jesus Christus in glória est Dei Patris.
Porque habéis de tener en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo, el cual teniendo la naturaleza de Dios, no fue por usurpación, sino por esencia el ser igual a Dios; y no obstante se anonadó a sí mismo tomando la forma o naturaleza de siervo, hecho semejante a los demás hombres, y reducido a la condición de hombre. Se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz; por lo cual también Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno, y toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. [Torres Amat]
Gradual (Tractus. 21, 2-9, 18, 19, 22, 24, 32)
Tenuísti manum déxteram meam: et in voluntáte tua deduxísti me: et cum glória assumpsísti me. Quam bonus Israël Deus rectis corde! mei autem pæne moti sunt pedes: pæne effúsi sunt gressus mei: quia zelávi in peccatóribus, pacem peccatórum videns. Deus, Deus meus, réspice in me: quare me dereliquísti? Longe a salúte mea verba delictórum meórum. Deus meus, clamábo per diem, nec exáudies: in nocte, et non ad insipiéntiam mihi. Tu autem in sancto hábitas, laus Israël. In te speravérunt patres nostri: speravérunt, et liberásti eos. Ad te clamavérunt, et salvi facti sunt: in te speravérunt, et non sunt confúsi. Ego autem sum vermis, et non homo: oppróbrium hóminum et abjéctio plebis. Omnes, qui vidébant me, aspernabántur me: locúti sunt lábiis et movérunt caput. Sperávit in Dómino, erípiat eum: salvum fáciat eum, quóniam vult eum. Ipsi vero consideravérunt et conspexérunt me: divisérunt sibi vestiménta mea, et super vestem meam misérunt sortem. Líbera me de ore leónis: et a córnibus unicórnium humilitátem meam. Qui timétis Dóminum, laudáte eum: univérsum semen Jacob, magnificáte eum. Annuntiábitur Dómino generátio ventúra: et annuntiábunt cœli justítiam ejus. Pópulo, qui nascétur, quem fecit Dóminus.
Sostuviste mi mano derecha: y con tu voluntad me condujiste: y con gloria me recibiste. ¡Cuán bueno es Dios para Israel, para los rectos de corazón! Mas a mí casi se me deslizaron los pies: casi resbalaron mis pasos: porque tuve celos de los pecadores, viendo la paz de los pecadores. Dios, Dios mío, mírame: ¿por qué me has desamparado? Lejos de mi salvación están las palabras de mis delitos. Dios mío, clamaré de día, y no me oirás: de noche, y no por falta de juicio en mí. Mas tú habitas en el santuario, alabanza de Israel. En ti esperaron nuestros padres: esperaron, y los libraste. A ti clamaron, y fueron salvados: en ti esperaron, y no fueron confundidos. Mas yo soy un gusano, y no un hombre: oprobio de los hombres y desecho del pueblo. Todos los que me veían, hacían burla de mí: hablaron con los labios y menearon la cabeza. Esperó en el Señor, líbrele: sálvele, puesto que le ama. Mas ellos me consideraron y me contemplaron: repartieron entre sí mis vestiduras, y sobre mi túnica echaron suertes. Líbrame de la boca del león: y de los cuernos de los unicornios mi humildad. Los que teméis al Señor, alabadle: toda la descendencia de Jacob, glorificadle. Será anunciada al Señor la generación venidera: y los cielos anunciarán su justicia. Al pueblo que ha de nacer, que hizo el Señor.
Evangelio
Antes de leer el Evangelio, el sacerdote dice inclinado:
Munda cor meum ac lábia mea, omnípotens Deus, qui lábia Isaíæ Prophétæ cálculo mundásti igníto: ita me tua grata miseratióne dignáre mundáre, ut sanctum Evangélium tuum digne váleam nuntiáre. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, que purificaste los labios del profeta Isaías con un carbón encendido: dígnate por tu bondadosa misericordia purificarme de tal modo que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
Evangelio (Matt. 26, 1-75; 27, 1-66)
Pássio Dómini nostri Jesu Christi secúndum Matthǽum. In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: J. Scitis, quid post bíduum Pascha fiet, et Fílius hóminis tradétur, ut crucifigátur. C. Tunc congregáti sunt príncipes sacerdótum et senióres pópuli in átrium príncipis sacerdótum, qui dicebátur Cáiphas: et consílium fecérunt, ut Jesum dolo tenérent et occíderent. Dicébant autem: S. Non in die festo, ne forte tumúltus fíeret in pópulo. C. Cum autem Jesus esset in Bethánia in domo Simónis leprósi, accéssit ad eum múlier habens alabástrum unguénti pretiósi, et effúdit super caput ipsíus recumbéntis. Vidéntes autem discípuli, indignáti sunt, dicéntes: S. Ut quid perdítio hæc? pótuit enim istud venúmdari multo, et dari paupéribus. C. Sciens autem Jesus, ait illis: J. Quid molésti estis huic mulíeri? opus enim bonum operáta est in me. Nam semper páuperes habétis vobíscum: me autem non semper habétis. Mittens enim hæc unguéntum hoc in corpus meum, ad sepeliéndum me fecit. Amen, dico vobis, ubicúmque prædicátum fúerit hoc Evangélium in toto mundo, dicétur et, quod hæc fecit, in memóriam ejus. C. Tunc ábiit unus de duódecim, qui dicebátur Judas Iscariótes, ad príncipes sacerdótum, et ait illis: S. Quid vultis mihi dare, et ego vobis eum tradam? C. At illi constituérunt ei trigínta argénteos. Et exínde quærébat opportunitátem, ut eum tráderet. Prima autem die azymórum accessérunt discípuli ad Jesum, dicéntes: S. Ubi vis parémus tibi comédere pascha? C. At Jesus dixit: J. Ite in civitátem ad quendam, et dícite ei: Magíster dicit: Tempus meum prope est, apud te fácio pascha cum discípulis meis. C. Et fecérunt discípuli, sicut constítuit illis Jesus, et paravérunt pascha. Véspere autem facto, discumbébat cum duódecim discípulis suis. Et edéntibus illis, dixit: J. Amen, dico vobis, quia unus vestrum me traditúrus est. C. Et contristáti valde, cœpérunt sínguli dícere: S. Numquid ego sum, Dómine? C. At ipse respóndens, ait: J. Qui intíngit mecum manum in parópside, hic me tradet. Fílius quidem hóminis vadit, sicut scriptum est de illo: væ autem hómini illi, per quem Fílius hóminis tradétur: bonum erat ei, si natus non fuísset homo ille. C. Respóndens autem Judas, qui trádidit eum, dixit: S. Numquid ego sum, Rabbi? C. Ait illi: J. Tu dixísti. C. Cenántibus autem eis, accépit Jesus panem, et benedíxit, ac fregit, dedítque discípulis suis, et ait: J. Accípite et comédite: hoc est corpus meum. C. Et accípiens cálicem, grátias egit: et dedit illis, dicens: J. Bíbite ex hoc omnes. Hic est enim sanguis meus novi Testaménti, qui pro multis effundétur in remissiónem peccatórum. Dico autem vobis: non bibam ámodo de hoc genímine vitis usque in diem illum, cum illud bibam vobíscum novum in regno Patris mei. C. Et hymno dicto, exiérunt in montem Olivéti. Tunc dicit illis Jesus: J. Omnes vos scándalum patiémini in me in ista nocte. Scriptum est enim: Percútiam pastórem, et dispergéntur oves gregis. Postquam autem resurréxero, præcédam vos in Galilæam. C. Respóndens autem Petrus, ait illi: S. Et si omnes scandalizáti fúerint in te, ego numquam scandalizábor. C. Ait illi Jesus: J. Amen, dico tibi, quia in hac nocte, antequam gallus cantet, ter me negábis. C. Ait illi Petrus: S. Etiam si oportúerit me mori tecum, non te negábo. C. Simíliter et omnes discípuli dixérunt. Tunc venit Jesus cum illis in villam, quæ dícitur Gethsémani, et dixit discípulis suis: J. Sedéte hic, donec vadam illuc et orem. C. Et assúmpto Petro et duóbus fíliis Zebedæi, cœpit contristári et mæstus esse. Tunc ait illis: J. Tristis est ánima mea usque ad mortem: sustinéte hic, et vigilate mecum. C. Et progréssus pusíllum, prócidit in fáciem suam, orans et dicens: J. Pater mi, si possíbile est, tránseat a me calix iste: Verúmtamen non sicut ego volo, sed sicut tu. C. Et venit ad discípulos suos, et invénit eos dormiéntes: et dicit Petro: J. Sic non potuístis una hora vigiláre mecum? Vigiláte et oráte, ut non intrétis in tentatiónem. Spíritus quidem promptus est, caro autem infírma. C. Iterum secúndo ábiit et orávit, dicens: J. Pater mi, si non potest hic calix transíre, nisi bibam illum, fiat volúntas tua. C. Et venit íterum, et invenit eos dormiéntes: erant enim óculi eórum graváti. Et relíctis illis, íterum ábiit et orávit tértio, eúndem sermónem dicens. Tunc venit ad discípulos suos, et dicit illis: J. Dormíte jam et requiéscite: ecce, appropinquávit hora, et Fílius hóminis tradétur in manus peccatórum. Súrgite, eámus: ecce, appropinquávit, qui me tradet. C. Adhuc eo loquénte, ecce, Judas, unus de duódecim, venit, et cum eo turba multa cum gládiis et fústibus, missi a princípibus sacerdótum et senióribus pópuli. Qui autem trádidit eum, dedit illis signum, dicens: S. Quemcúmque osculátus fúero, ipse est, tenéte eum. C. Et conféstim accédens ad Jesum, dixit: S. Ave, Rabbi. C. Et osculátus est eum. Dixítque illi Jesus: J. Amíce, ad quid venísti? C. Tunc accessérunt, et manus injecérunt in Jesum et tenuérunt eum. Et ecce, unus ex his, qui erant cum Jesu, exténdens manum, exémit gládium suum, et percútiens servum príncipis sacerdótum, amputávit aurículam ejus. Tunc ait illi Jesus: J. Convérte gládium tuum in locum suum. Omnes enim, qui accéperint gládium, gládio períbunt. An putas, quia non possum rogáre Patrem meum, et exhibébit mihi modo plus quam duódecim legiónes Angelórum? Quómodo ergo implebúntur Scripturæ, quia sic oportet fíeri? C. In illa hora dixit Jesus turbis: J. Tamquam ad latrónem exístis cum gládiis et fústibus comprehéndere me: cotídie apud vos sedébam docens in templo, et non me tenuístis. C. Hoc autem totum factum est, ut adimpleréntur Scripturæ Prophetárum. Tunc discípuli omnes, relícto eo, fugérunt. At illi tenéntes Jesum, duxérunt ad Cáipham, príncipem sacerdótum, ubi scribæ et senióres convénerant. Petrus autem sequebátur eum a longe, usque in átrium príncipis sacerdótum. Et ingréssus intro, sedébat cum minístris, ut vidéret finem. Príncipes autem sacerdótum et omne concílium quærébant falsum testimónium contra Jesum, ut eum morti tráderent: et non invenérunt, cum multi falsi testes accessíssent. Novíssime autem venérunt duo falsi testes et dixérunt: S. Hic dixit: Possum destrúere templum Dei, et post tríduum reædificáre illud. C. Et surgens princeps sacerdótum, ait illi: S. Nihil respóndes ad ea, quæ isti advérsum te testificántur? C. Jesus autem tacébat. Et princeps sacerdótum ait illi: S. Adjúro te per Deum vivum, ut dicas nobis, si tu es Christus, Fílius Dei. C. Dicit illi Jesus: J. Tu dixísti. Verúmtamen dico vobis, ámodo vidébitis Fílium hóminis sedéntem a dextris virtútis Dei, et veniéntem in núbibus cœli. C. Tunc princeps sacerdótum scidit vestiménta sua, dicens: S. Blasphemávit: quid adhuc egémus téstibus? Ecce, nunc audístis blasphémiam: quid vobis vidétur? C. At illi respondéntes dixérunt: S. Reus est mortis. C. Tunc exspuérunt in fáciem ejus, et cólaphis eum cecidérunt, álii autem palmas in fáciem ejus dedérunt, dicéntes: S. Prophetíza nobis, Christe, quis est, qui te percússit? C. Petrus vero sedébat foris in átrio: et accéssit ad eum una ancílla, dicens: S. Et tu cum Jesu Galilæo eras. C. At ille negávit coram ómnibus, dicens: S. Néscio, quid dicis. C. Exeúnte autem illo jánuam, vidit eum ália ancílla, et ait his, qui erant ibi: S. Et hic erat cum Jesu Nazaréno. C. Et íterum negávit cum juraménto: Quia non novi hóminem. Et post pusíllum accessérunt, qui stabant, et dixérunt Petro: S. Vere et tu ex illis es: nam et loquéla tua maniféstum te facit. C. Tunc cœpit detestári et juráre, quia non novísset hóminem. Et contínuo gallus cantávit. Et recordátus est Petrus verbi Jesu, quod díxerat: Priúsquam gallus cantet, ter me negábis. Et egréssus foras, flevit amáre. Mane autem facto, consílium iniérunt omnes príncipes sacerdótum et senióres pópuli advérsus Jesum, ut eum morti tráderent. Et vinctum adduxérunt eum, et tradidérunt Póntio Piláto præsidi. Tunc videns Judas, qui eum trádidit, quod damnátus esset, pæniténtia ductus, réttulit trigínta argénteos princípibus sacerdótum et senióribus, dicens: S. Peccávi, tradens sánguinem justum. C. At illi dixérunt: S. Quid ad nos? Tu vidéris. C. Et projéctis argénteis in templo, recéssit: et ábiens, láqueo se suspéndit. Príncipes autem sacerdótum, accéptis argénteis, dixérunt: S. Non licet eos míttere in córbonam: quia prétium sánguinis est. C. Consílio autem ínito, emérunt ex illis agrum fíguli, in sepultúram peregrinórum. Propter hoc vocátus est ager ille, Hacéldama, hoc est, ager sánguinis, usque in hodiérnum diem. Tunc implétum est, quod dictum est per Jeremíam Prophétam, dicéntem: Et accepérunt trigínta argénteos prétium appretiáti, quem appretiavérunt a fíliis Israël: et dedérunt eos in agrum fíguli, sicut constítuit mihi Dóminus. Jesus autem stetit ante præsidem, et interrogávit eum præses, dicens: S. Tu es Rex Judæórum? C. Dicit illi Jesus: J. Tu dicis. C. Et cum accusarétur a princípibus sacerdótum et senióribus, nihil respóndit. Tunc dicit illi Pilátus: S. Non audis, quanta advérsum te dicunt testimónia? C. Et non respóndit ei ad ullum verbum, ita ut mirarétur præses veheménter. Per diem autem sollémnem consuéverat præses pópulo dimíttere unum vinctum, quem voluíssent. Habébat autem tunc vinctum insígnem, qui dicebátur Barábbas. Congregátis ergo illis, dixit Pilátus: S. Quem vultis dimíttam vobis: Barábbam, an Jesum, qui dícitur Christus? C. Sciébat enim, quod per invídiam tradidíssent eum. Sedénte autem illo pro tribunáli, misit ad eum uxor ejus, dicens: S. Nihil tibi et justo illi: multa enim passa sum hódie per visum propter eum. C. Príncipes autem sacerdótum et senióres persuasérunt populis, ut péterent Barábbam, Jesum vero pérderent. Respóndens autem præses, ait illis: S. Quem vultis vobis de duóbus dimítti? C. At illi dixérunt: S. Barábbam. C. Dicit illis Pilátus: S. Quid ígitur fáciam de Jesu, qui dícitur Christus? C. Dicunt omnes: S. Crucifigátur. C. Ait illis præses: S. Quid enim mali fecit? C. At illi magis clamábant, dicéntes: S. Crucifigátur. C. Videns autem Pilátus, quia nihil profíceret, sed magis tumúltus fíeret: accépta aqua, lavit manus coram pópulo, dicens: S. Innocens ego sum a sánguine justi hujus: vos vidéritis. C. Et respóndens univérsus pópulus, dixit: S. Sanguis ejus super nos et super fílios nostros. C. Tunc dimísit illis Barábbam: Jesum autem flagellátum trádidit eis, ut crucifigerétur. Tunc mílites præsidis suscipiéntes Jesum in prætórium, congregavérunt ad eum univérsam cohórtem: et exuéntes eum, chlámydem coccíneam circumdedérunt ei: et plecténtes corónam de spinis, posuérunt super caput ejus, et arúndinem in déxtera ejus. Et genu flexo ante eum, illudébant ei, dicéntes: S. Ave, Rex Judæórum. C. Et exspuéntes in eum, accepérunt arúndinem, et percutiébant caput ejus. Et postquam illusérunt ei, exuérunt eum chlámyde et induérunt eum vestiméntis ejus, et duxérunt eum, ut crucifígerent. Exeúntes autem, invenérunt hóminem Cyrenæum, nómine Simónem: hunc angariavérunt, ut tólleret crucem ejus. Et venérunt in locum, qui dícitur Gólgotha, quod est Calváriæ locus. Et dedérunt ei vinum bíbere cum felle mixtum. Et cum gustásset, nóluit bibere. Postquam autem crucifixérunt eum, divisérunt vestiménta ejus, sortem mitténtes: ut implerétur, quod dictum est per Prophétam dicentem: Divisérunt sibi vestiménta mea, et super vestem meam misérunt sortem. Et sedéntes, servábant eum. Et imposuérunt super caput ejus causam ipsíus scriptam: Hic est Jesus, Rex Judæórum. Tunc crucifíxi sunt cum eo duo latrónes: unus a dextris et unus a sinístris. Prætereúntes autem blasphemábant eum, movéntes cápita sua et dicéntes: S. Vah, qui déstruis templum Dei et in tríduo illud reædíficas: salva temetípsum. Si Fílius Dei es, descénde de cruce. C. Simíliter et príncipes sacerdótum illudéntes cum scribis et senióribus, dicébant: S. Alios salvos fecit, seípsum non potest salvum fácere: si Rex Israël est, descéndat nunc de cruce, et crédimus ei: confídit in Deo: líberet nunc, si vult eum: dixit enim: Quia Fílius Dei sum. C. Idípsum autem et latrónes, qui crucifíxi erant cum eo, improperábant ei. A sexta autem hora ténebræ factæ sunt super univérsam terram usque ad horam nonam. Et circa horam nonam clamávit Jesus voce magna, dicens: J. Eli, Eli, lamma sabactháni? C. Hoc est: J. Deus meus, Deus meus, ut quid dereliquísti me? C. Quidam autem illic stantes et audiéntes dicébant: S. Elíam vocat iste. C. Et contínuo currens unus ex eis, accéptam spóngiam implévit acéto et impósuit arúndini, et dabat ei bíbere. Céteri vero dicébant: S. Sine, videámus, an véniat Elías líberans eum. C. Jesus autem íterum clamans voce magna, emísit spíritum. Et ecce, velum templi scissum est in duas partes a summo usque deórsum: et terra mota est, et petræ scissæ sunt, et monuménta apérta sunt: et multa córpora sanctórum, qui dormíerant, surrexérunt. Et exeúntes de monuméntis post resurrectiónem ejus, venérunt in sanctam civitátem, et apparuérunt multis. Centúrio autem et qui cum eo erant, custodiéntes Jesum, viso terræmótu et his, quæ fiébant, timuérunt valde, dicéntes: S. Vere Fílius Dei erat iste. C. Erant autem ibi mulíeres multæ a longe, quæ secútæ erant Jesum a Galilæa, ministrántes ei: inter quas erat María Magdaléne, et María Jacóbi, et Joseph mater, et mater filiórum Zebedæi. Cum autem sero factum esset, venit quidam homo dives ab Arimathæa, nómine Joseph, qui et ipse discípulus erat Jesu. Hic accéssit ad Pilátum, et pétiit corpus Jesu. Tunc Pilátus jussit reddi corpus. Et accépto córpore, Joseph invólvit illud in síndone munda. Et pósuit illud in monuménto suo novo, quod excíderat in petra. Et advólvit saxum magnum ad óstium monuménti, et ábiit. Erat autem ibi María Magdaléne et áltera María, sedéntes contra sepúlcrum. Munda cor meum ac lábia mea, omnípotens Deus, qui lábia Isaíæ Prophétæ cálculo mundásti igníto: ita me tua grata miseratióne dignáre mundáre, ut sanctum Evangélium tuum digne váleam nuntiáre. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen. D. Jube, domne, benedícere. S. Dóminus sit in corde tuo et in lábiis tuis: ut digne et competénter annúnties Evangélium suum: In nómine Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti. Amen. Altera autem die, quæ est post Parascéven, convenérunt príncipes sacerdótum et pharisǽi ad Pilátum, dicéntes: Dómine, recordáti sumus, quia sedúctor ille dixit adhuc vivens: Post tres dies resúrgam. Jube ergo custodíri sepúlcrum usque in diem tértium: ne forte véniant discípuli ejus, et furéntur eum, et dicant plebi: Surréxit a mórtuis; et erit novíssimus error pejor prióre. Ait illis Pilátus: Habétis custódiam, ite, custodíte, sicut scitis. Illi autem abeúntes, muniérunt sepúlcrum, signántes lápidem, cum custódibus.
Y sucedió que después de haber concluido Jesús todos estos razonamientos, dijo a sus discípulos: Bien sabéis que de aquí a dos días debe celebrarse la Pascua , y que el Hijo del hombre será entregado a muerte de cruz. Al mismo tiempo se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los magistrados del pueblo en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás; y tuvieron consejo para hallar medio cómo apoderarse con maña de Jesús , y hacerle morir. Y de miedo de que se alborotara el pueblo, decían: No conviene que se haga esto durante la fiesta. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a él una mujer con un vaso de alabastro, lleno de perfume o ungüento de gran precio, y le derramó sobre la cabeza de Jesús , el cual estaba a la mesa. Algunos de los discípulos, al ver esto, lo tomaron a mal, diciendo: ¿A qué fin ese desperdicio, cuando se pudo vender esto en mucho precio, y darse a los pobres? Lo cual oyendo Jesús , les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer, y reprobáis lo que hace, siendo buena, como es, la obra que ha hecho conmigo? Pues a los pobres los tenéis siempre a mano; mas a mí no me tenéis siempre. Y derramando ella sobre mi cuerpo este bálsamo lo ha hecho para disponer de antemano mi sepultura. En verdad os digo, que doquiera que se predique este mensaje de salvación, que lo será en todo el mundo, se celebrará también en memoria suya lo que acaba de hacer. Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a verse con los príncipes de los sacerdotes, y les dijo: ¿Qué queréis darme, y yo le pondré en vuestras manos? Y convinieron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando el momento favorable para hacer la traición. El primer día de los ázimos, acudieron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te dispongamos la cena de la Pascua ? Jesús les respondió: Id a la ciudad en casa de tal persona, y dadle este recado: El Maestro dice: Mi tiempo se acerca; voy a celebrar en tu casa la Pascua con mis discípulos. Hicieron, pues, los discípulos lo que Jesús les ordenó, y prepararon lo necesario para la Pascua . Al caer de la tarde, se puso a la mesa con sus doce discípulos. Y mientras comían dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me hará traición. Y ellos, afligidos sobremanera, empezaron cada uno a preguntar: ¡Señor!, ¿soy acaso yo? Y él en respuesta dijo: El que mete conmigo su mano en el plato para mojar el pan, ése es el traidor. En cuanto al Hijo del hombre, él se marcha, conforme está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado; mejor le fuera si no hubiese jamás nacido! Y tomando la palabra Judas, que era el que le entregaba, dijo: ¿Soy quizá yo, Maestro? Y le respondió Jesús : Tú lo has dicho. Mientras estaban cenando, tomó Jesús el pan y lo bendijo y partió y se los dio a sus discípulos diciendo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo. Y tomando el cáliz dio gracias, le bendijo, y se los dio, diciendo: Bebed todos de él: Porque ésta es mi sangre, que será el sello del nuevo testamento , la cual será derramada por muchos para remisión de los pecados. Y os declaro que no beberé ya más desde ahora de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con vosotros el nuevo cáliz de delicias en el reino de mi Padre. Y dicho el himno de acción de gracias, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces les dijo Jesús : Todos vosotros padeceréis escándalo por ocasión de mí esta noche, y me abandonaréis. Por cuanto está escrito: Heriré al Pastor, y se descarriarán las ovejas del rebaño. Mas resucitando, yo iré delante de vosotros a Galilea, donde volveré a reuniros. Pedro, respondiendo, le dijo: Aun cuando todos se escandalizaren por tu causa, nunca jamás me escandalizaré yo, ni te abandonaré. Le replicó Jesús : Pues yo te aseguro con toda verdad, que esta misma noche, antes que cante el gallo, me has de negar tres veces. A lo que dijo Pedro: Aunque me sea forzoso morir contigo, yo no te negaré. Eso mismo protestaron todos los discípulos. Entretanto llegó Jesús con ellos a una granja llamada Getsemaní, y les dijo: Sentaos aquí mientras yo voy más allá y hago oración. Y llevándose consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, empezó a entristecerse y angustiarse; y les dijo entonces: Mi alma siente angustias mortales; aguardad aquí y velad conmigo. Y adelantándose algunos pasos, se postró en tierra, caído sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, no me hagas beber este cáliz; pero, no obstante, no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú. Volvió después a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Es posible que no hayáis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación. Que si bien el espíritu está pronto, la carne es flaca. Se volvió de nuevo por segunda vez, y oró diciendo: Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. Dio después otra vuelta, y los encontró dormidos, porque sus ojos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se retiró aún a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. En seguida volvió a sus discípulos y les dijo: Dormid ahora y descansad; he aquí que llegó ya la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos de aquí, ya llega aquel que me ha de entregar. Aún no había acabado de decir esto, cuando llegó Judas, uno de los doce, seguido de gentes armadas con espadas y con palos, que venían enviadas por los príncipes y sacerdotes y ancianos o senadores del pueblo. El traidor les había dado esta seña: Aquel a quien yo besare, ése es: prendedlo. Arrimándose, pues, luego a Jesús , dijo: ¡Dios te guarde, Maestro!, y lo besó: Le dijo Jesús : ¡Oh, amigo! ¿a qué has venido aquí? se acercaron entonces los demás y echaron mano a Jesús , y le prendieron. Y he aquí que uno de los que estaban con Jesús , tirando de la espada, hirió a un enviado del príncipe de los sacerdotes, cortándole una oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a la vaina, porque todos los que se sirvieren de la espada por su propia autoridad, a espada morirán. ¿Piensas que no puedo acudir a mi Padre, y pondrá en el momento a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Mas ¿cómo se cumplirán las Escrituras, según las cuales conviene que suceda así? En aquella hora dijo Jesús a aquel tropel de gentes: Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos a prenderme; cada día estaba sentado entre vosotros enseñándoos en el templo, y nunca me prendisteis; verdad es que todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, abandonándole, huyeron. Y los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, que era sumo sacerdote en aquel año, donde los escribas y los ancianos estaban congregados. Y Pedro le iba siguiendo de lejos hasta llegar al palacio del sumo sacerdote. Y habiendo entrado, estaba sentado con los sirvientes para ver el paradero de todo esto. Los príncipes, pues, de los sacerdotes, y todo el concilio andaban buscando algún falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte. Y no lo hallaban suficiente para esto como quiera que muchos falsos testimonios se hubiesen presentado. Por último aparecieron dos falsos testigos, y dijeron: Este dijo: Yo puedo destruir el templo de Dios y reedificarlo en tres días. Entonces, poniéndose en pie el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada a lo que atestiguan contra ti? Pero Jesús permanecía en silencio. Y le dijo el sumo sacerdote: Yo te conjuro de parte de Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo o Mesías, el Hijo de Dios. Le respondió Jesús : Tú lo has dicho. Y aun os declaro, que veréis después a este Hijo del hombre, que tenéis delante, sentado a la diestra de la majestad de Dios, venir sobre las nubes del cielo. A tal respuesta, el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: Ha blasfemado; ¿qué necesidad tenemos ya de testigos? Vosotros mismos acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece? A lo que respondieron ellos diciendo: Reo es de muerte. Luego empezaron a escupirle en la cara y a maltratarle a golpes; y otros, después de haberle vendado los ojos, le daban bofetadas, diciendo: Cristo , profetízanos, adivina ¿quién es el que te ha herido? Mientras tanto Pedro estaba sentado fuera en el atrio; y arrimándose a él una criada, le dijo: También tú andabas con Jesús el galileo. Pero él lo negó en presencia de todos, diciendo: Yo no sé de qué hablas. Y saliendo él al pórtico, le miró otra criada, y dijo a los que allí estaban: Este también se hallaba con Jesús , el de Nazaret. Y lo negó por segunda vez, afirmando con juramento: No conozco a ese hombre. Poco después se acercaron los que estaban allí, y dijeron a Pedro: Seguramente eres tú también de ellos, porque tu misma habla de galileo te descubre. Entonces empezó a echarse sobre sí imprecaciones y a jurar que no había conocido a tal hombre. Y al momento cantó el gallo. Con lo que se acordó Pedro de lo que Jesús le había dicho: Antes que cantar el gallo renegarás de mí tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente. Venida la mañana, todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tuvieron consejo contra Jesús para hacerle morir. Y declarándole reo de muerte, le condujeron atado y entregaron al presidente o gobernador, Poncio Pilato. Entonces Judas, el que le había entregado, viendo a Jesús sentenciado, arrepentido de lo hecho, restituyó las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos. Diciendo: Yo he pecado, pues he vendido la sangre inocente. A lo que dijeron ellos: A nosotros ¿qué nos importa? ¡Tú verás! Mas él, arrojando el dinero en el templo, se fue y echándose un lazo, se ahorcó. Pero los príncipes de los sacerdotes, recogidas las monedas, dijeron: No es lícito meterlas en el tesoro del templo siendo como son precio de sangre. Y habiéndolo tratado en consejo, compraron con ellas el campo de un alfarero para sepultura de los extranjeros; por lo cual se llamó dicho campo Hacéldama, esto es, Campo de sangre, y así se llama hoy día; con lo que vino a cumplirse lo que predijo el profeta Jeremías, que dice: Han recibido las treinta monedas de plata, precio del puesto en venta, según fue avaluado por los hijos de Israel; y las emplearon en la compra del campo de un alfarero, como me lo ordenó el Señor. Fue, pues, Jesús presentado ante el presidente, y el gobernador le interrogó diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Le respondió Jesús : Tú lo dices. Y por más que le acusaban los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, nada respondió. Por lo que Pilato le dijo: ¿No oyes de cuántas cosas te acusan? Pero él a nada contestó de cuanto le dijo; de manera que el gobernador quedó en extremo maravillado. Acostumbraba el gobernador conceder por razón de la fiesta de la Pascua , la libertad de un reo, a elección del pueblo. Y teniendo a la sazón en la cárcel a uno muy famoso, llamado Barrabás, preguntó Pilato a los que habían concurrido: ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás, o a Jesús , que es llamado el Cristo , o Mesías?, porque sabía bien que se lo habían entregado los príncipes de los sacerdotes por envidia. Y estando él sentado en su tribunal, le envío a decir su mujer: No te mezcles en las cosas de ese justo, porque son muchas las congojas que hoy he padecido en sueños por su causa. Entretanto, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos indujeron al pueblo a que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús . Así es que preguntándoles el gobernador otra vez, y diciendo: ¿A quién de los dos queréis que os suelte?, respondieron ellos: A Barrabás. Les replicó Pilato: Pues ¿qué he de hacer de Jesús , llamado el Cristo ? Dijeron todos: ¡Sea crucificado! Y el gobernador: Pero ¿qué mal ha hecho? Mas ellos comenzaron a gritar más, diciendo: ¡Sea crucificado! Con lo que viendo Pilato que nada adelantaba, antes bien, que cada vez crecía el tumulto, mandando traer agua, se lavó las manos a la vista del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo, allá os lo veáis vosotros. A lo cual respondiendo todo el pueblo, dijo: Recaiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús , después de haberlo hecho azotar, lo entregó en sus manos para que fuese crucificado. En seguida los soldados del gobernador, cogiendo a Jesús y poniéndolo en el pórtico del pretorio o palacio de Pilato, juntaron alrededor de él la cohorte, o compañía, toda entera. Y desnudándolo, lo cubrieron con un manto de púrpura. Y entretejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y una caña por cetro en su mano derecha; y con la rodilla hincada en tierra le escarnecían diciendo: Dios te salve, Rey de los judíos. Y escupiéndolo, tomaban la caña y lo herían en la cabeza. Y después que así se mofaron de él, le quitaron el manto, y habiéndolo puesto otra vez sus propios vestidos, lo sacaron a crucificar. Al salir de la ciudad encontraron un hombre natural de Cirene, llamado Simón, al cual obligaron a que cargase con la cruz de Jesús . Y llegados al lugar que se llama Gólgota esto es, lugar del Calvario, o de las Calaveras, allí le dieron a beber vino mezclado con hiel; mas él, habiéndolo probado, no quiso beberlo. Después que le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Con esto se cumplió la profecía que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, y sortearon mi túnica. Y sentándose junto a él, le guardaban. Le pusieron también sobre la cabeza estas palabras, que denotaban la causa de su condenación: Este es Jesús , el Rey de los Judíos. Al mismo tiempo fueron crucificados con él dos ladrones, uno a la diestra y otro a la siniestra. Y los que pasaban por allí lo insultaban y escarnecían, meneando la cabeza y diciendo: ¡Hola!, tú que derribas el templo de Dios y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz. De la misma manera también los príncipes de los sacerdotes, a una con los escribas y los ancianos, insultándole decían: A otros ha salvado, y no puede salvarse a sí mismo; si es el Rey de Israel, baje ahora de la cruz y creeremos en él; él pone su confianza en Dios; pues si Dios le ama tanto, líbrele ahora, ya que él mismo decía: Yo soy el Hijo de Dios. Y eso mismo le echaban en cara aun los ladrones que estaban crucificados en su compañía. Mas desde el mediodía hasta las tres de la tarde quedó toda la tierra cubierta de tinieblas. Y cerca de las tres de la tarde exclamó Jesús con una gran voz, diciendo: ELI, ELI, ¿LAMMA SABACTANI? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Lo que oyendo algunos de los presentes, decían: A Elías llama éste. Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, la empapó en vinagre, y puesta en la punta de una caña, se la daba a chupar. Los otros decían: Dejad, veamos si viene Elías a librarle. Entonces Jesús , clamando de nuevo con una voz grande y sonora, entregó su espíritu. Y al momento el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba abajo, y la tierra tembló, y se partieron las piedras; y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían muerto resucitaron, y saliendo de los sepulcros después de la resurrección de Jesús , vinieron a la ciudad santa, y se aparecieron a muchos. Entretanto el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús , visto el terremoto y las cosas que sucedían, se llenaron de gran temor, y decían: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. Estaban también allí, a lo lejos, muchas mujeres, que habían seguido a Jesús desde Galilea para cuidarlo. De las cuales eran María Magdalena, y María madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Siendo ya tarde, compareció un hombre rico, natural de Arimatea, llamado José, el cual era también discípulo de Jesús . Este se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús , el cual mandó Pilato que se le entregase. José, pues, tomando el cuerpo de Jesús , le envolvió en una sábana limpia. Y lo colocó en un sepulcro suyo que había hecho abrir en una peña, y no había servido todavía; y arrimando una gran piedra, cerró la boca del sepulcro, y se fue. Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas enfrente del sepulcro. Al día siguiente, que era el de después de la preparación del sábado, o el sábado mismo, acudieron junto a Pilato los príncipes de los sacerdotes y los fariseos, diciendo: Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando todavía en vida, dijo: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se guarde el sepulcro hasta el tercer día; para que no vayan quizás de noche sus discípulos y lo hurten, y digan a la plebe: Ha resucitado de entre los muertos; y sea el último engaño peor que el primero. Les respondió Pilato: Ahí tenéis la guardia: Id y ponedla como os parezca. Con eso, yendo allá aseguraron bien el sepulcro, sellando la piedra y poniendo guardias. [Torres Amat]
Terminado el Evangelio, el ministro responde: «Laus tibi, Christe» (Alabanza a ti, Cristo), y el sacerdote besa el libro diciendo: «Por las palabras del Evangelio se borren nuestros pecados».
Credo
Símbolo niceno-constantinopolitano. Se dice los domingos y en las fiestas principales.
Credo in unum Deum, Patrem omnipoténtem, factórem cæli et terræ, visibílium ómnium et invisibílium. Et in unum Dóminum Jesum Christum, Fílium Dei unigénitum. Et ex Patre natum ante ómnia sǽcula. Deum de Deo, Lumen de Lúmine, Deum verum de Deo vero. Génitum, non factum, consubstantiálem Patri: per quem ómnia facta sunt. Qui propter nos hómines et propter nostram salútem descéndit de cælis. (Hic genuflectitur) Et incarnátus est de Spíritu Sancto ex María Vírgine: Et homo factus est. Crucifíxus étiam pro nobis: sub Póntio Piláto passus, et sepúltus est. Et resurréxit tértia die, secúndum Scriptúras. Et ascéndit in cælum: sedet ad déxteram Patris. Et íterum ventúrus est cum glória judicáre vivos et mórtuos: cujus regni non erit finis. Et in Spíritum Sanctum, Dóminum et vivificántem: qui ex Patre Filióque procédit. Qui cum Patre et Fílio simul adorátur et conglorificátur: qui locútus est per Prophétas. Et unam sanctam cathólicam et apostólicam Ecclésiam. Confíteor unum baptísma in remissiónem peccatórum. Et exspécto resurrectiónem mortuórum. Et vitam ventúri sǽculi. Amen.
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Y en un solo Señor, Jesucristo, Hijo unigénito de Dios. Y nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no creado, consustancial al Padre: por quien todo fue hecho. Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos. (Aquí se arrodilla) Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María Virgen: y se hizo hombre. Y por nosotros fue también crucificado: bajo el poder de Poncio Pilato padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, según las Escrituras. Y subió al cielo: está sentado a la diestra del Padre. Y de nuevo ha de venir con gloria a juzgar a vivos y muertos: y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida: que procede del Padre y del Hijo. Que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado: que habló por los Profetas. Y en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Confieso un solo bautismo para el perdón de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos. Y la vida del siglo venidero. Amén.
Ofertorio
Ofertorio (Ps. 68, 21-22)
Impropérium exspectávit cor meum et misériam: et sustínui, qui simul mecum contristarétur, et non fuit: consolántem me quæsívi, et non invéni: et dedérunt in escam meam fel, et in siti mea potavérunt me acéto.
Tienes ante tus ojos todos los que me atormentan; improperios y miserias aguarda siempre mi corazón. Esperé que alguno se condoliese de mí, mas nadie lo hizo; o quien me consolase, y no hallé quien lo hiciese. Me presentaron hiel para alimento mío, y en medio de mi sed me dieron a beber vinagre. [Torres Amat]
El sacerdote ofrece la hostia:
Súscipe, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus, hanc immaculátam hóstiam, quam ego indígnus fámulus tuus óffero tibi Deo meo vivo et vero, pro innumerabílibus peccátis, et offensiónibus, et neglegéntiis meis, et pro ómnibus circumstántibus, sed et pro ómnibus fidélibus christiánis vivis atque defúnctis: ut mihi, et illis profíciat ad salútem in vitam ætérnam. Amen.
Recibe, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, esta hostia inmaculada que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los presentes, y también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos: para que a mí y a ellos nos aproveche para la salvación y la vida eterna. Amén.
Echa vino y una gota de agua en el cáliz, bendiciendo el agua:
Deus, ✠ qui humánæ substántiæ dignitátem mirabíliter condidísti, et mirabílius reformásti: da nobis per hujus aquæ et vini mystérium, ejus divinitátis esse consórtes, qui humanitátis nostræ fíeri dignátus est párticeps, Jesus Christus, Fílius tuus, Dóminus noster: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus: per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Oh Dios, ✠ que admirablemente creaste la dignidad de la naturaleza humana, y más admirablemente la restauraste: concédenos, por el misterio de esta agua y de este vino, ser partícipes de la divinidad de Aquel que se dignó hacerse partícipe de nuestra humanidad, Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor: que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Ofrece el cáliz:
Offérimus tibi, Dómine, cálicem salutáris, tuam deprecántes cleméntiam: ut in conspéctu divínæ majestátis tuæ, pro nostra et totíus mundi salúte, cum odóre suavitátis ascéndat. Amen.
Te ofrecemos, Señor, el cáliz de la salvación, implorando tu clemencia: para que suba como olor de suavidad ante tu divina majestad, por nuestra salvación y la del mundo entero. Amén.
In spíritu humilitátis et in ánimo contríto suscipiámur a te, Dómine: et sic fiat sacrifícium nostrum in conspéctu tuo hódie, ut pláceat tibi, Dómine Deus.
Con espíritu de humildad y con ánimo contrito, seamos recibidos por ti, Señor: y de tal modo se realice hoy nuestro sacrificio en tu presencia, que te sea agradable, Señor Dios.
Veni, sanctificátor omnípotens ætérne Deus: et béne ✠ dic hoc sacrifícium, tuo sancto nómini præparátum.
Ven, santificador, Dios todopoderoso y eterno: y bendice ✠ este sacrificio, preparado para tu santo nombre.
Lavándose las manos (Salmo 25):
Lavábo inter innocéntes manus meas: et circúmdabo altáre tuum, Dómine: ut áudiam vocem laudis, et enárrem univérsa mirabília tua. Dómine, diléxi decórem domus tuæ et locum habitatiónis glóriæ tuæ. Ne perdas cum ímpiis, Deus, ánimam meam, et cum viris sánguinum vitam meam: in quorum mánibus iniquitátes sunt: déxtera eórum repléta est munéribus. Ego autem in innocéntia mea ingréssus sum: rédime me et miserére mei. Pes meus stetit in dirécto: in ecclésiis benedícam te, Dómine. Glória Patri…
Lavaré mis manos entre los inocentes: y rodearé tu altar, Señor: para oír la voz de tu alabanza, y contar todas tus maravillas. Señor, he amado la hermosura de tu casa y el lugar donde habita tu gloria. No pierdas, oh Dios, mi alma con los impíos, ni mi vida con los hombres sanguinarios: en cuyas manos hay iniquidades, y su diestra está llena de sobornos. Mas yo he caminado en mi inocencia: redímeme y ten piedad de mí. Mi pie ha permanecido en el camino recto: en las asambleas te bendeciré, Señor. Gloria al Padre…
Súscipe, sancta Trínitas, hanc oblatiónem, quam tibi offérimus ob memóriam passiónis, resurrectiónis, et ascensiónis Jesu Christi, Dómini nostri: et in honórem beátæ Maríæ semper Vírginis, et beáti Joannis Baptistæ, et sanctórum Apostolórum Petri et Pauli, et istórum et ómnium Sanctórum: ut illis profíciat ad honórem, nobis autem ad salútem: et illi pro nobis intercédere dignéntur in cælis, quorum memóriam ágimus in terris. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Recibe, santísima Trinidad, esta oblación que te ofrecemos en memoria de la pasión, resurrección y ascensión de Jesucristo, nuestro Señor: y en honor de la bienaventurada siempre Virgen María, del bienaventurado san Juan Bautista, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, de estos y de todos los Santos: para que a ellos les aproveche para su honor y a nosotros para nuestra salvación: y se dignen interceder por nosotros en el cielo aquellos cuya memoria celebramos en la tierra. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Vuelto al pueblo, el sacerdote dice:
Oráte, fratres: ut meum ac vestrum sacrifícium acceptábile fiat apud Deum Patrem omnipoténtem.
℟. Suscípiat Dóminus sacrifícium de mánibus tuis ad laudem et glóriam nóminis sui, ad utilitátem quoque nostram, totiúsque Ecclésiæ suæ sanctæ.
Orad, hermanos: para que mi sacrificio, que es también el vuestro, sea agradable a Dios Padre todopoderoso.
℟. Reciba el Señor de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, y también para provecho nuestro y de toda su santa Iglesia.
Secreta
Concéde, quǽsumus, Dómine: ut óculis tuæ majestátis munus oblátum, et grátiam nobis devotiónis obtíneat, et efféctum beátæ perennitátis acquírat. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Concedednos, os rogamos, Señor, que el don ofrecido a los ojos de vuestra majestad nos alcance la gracia de la devoción y nos consiga el fruto de la bienaventurada eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Prefacio
℣. Per ómnia sǽcula sæculórum.
℟. Amen.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. Sursum corda.
℟. Habémus ad Dóminum.
℣. Grátias agámus Dómino, Deo nostro.
℟. Dignum et justum est.
℣. Por todos los siglos de los siglos.
℟. Amén.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, Dios nuestro.
℟. Es digno y justo.
El Prefacio propio del tiempo o de la fiesta.
Concluido el Prefacio:
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus, Deus Sábaoth. Pleni sunt cæli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus, qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los ejércitos. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en las alturas.
Canon de la Misa
El Canon, invariable, se reza en secreto. Es el corazón del sacrificio.
Te ígitur, clementíssime Pater, per Jesum Christum, Fílium tuum, Dóminum nostrum, súpplices rogámus ac pétimus, uti accépta hábeas et benedícas hæc ✠ dona, hæc ✠ múnera, hæc ✠ sancta sacrifícia illibáta, in primis quæ tibi offérimus pro Ecclésia tua sancta cathólica: quam pacificáre, custodíre, adunáre et régere dignéris toto orbe terrárum: una cum fámulo tuo Papa nostro N. et Antístite nostro N. et ómnibus orthodóxis atque cathólicæ et apostólicæ fídei cultóribus.
A ti, pues, clementísimo Padre, por Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor, humildemente rogamos y pedimos que aceptes y bendigas estos ✠ dones, estos ✠ presentes, estos ✠ santos sacrificios inmaculados, que ante todo te ofrecemos por tu santa Iglesia católica: dígnate darle la paz, protegerla, unirla y gobernarla en toda la redondez de la tierra, juntamente con tu siervo nuestro Papa N., nuestro Obispo N., y todos los que, fieles a la recta doctrina, guardan la fe católica y apostólica.
Memento de los vivos:
Meménto, Dómine, famulórum famularúmque tuárum N. et N. et ómnium circumstántium, quorum tibi fides cógnita est et nota devótio, pro quibus tibi offérimus: vel qui tibi ófferunt hoc sacrifícium laudis, pro se suísque ómnibus: pro redemptióne animárum suárum, pro spe salútis et incolumitátis suæ: tibíque reddunt vota sua ætérno Deo, vivo et vero.
Acuérdate, Señor, de tus siervos y siervas N. y N., y de todos los presentes, cuya fe y devoción te son conocidas, por quienes te ofrecemos, o que te ofrecen, este sacrificio de alabanza por sí y por todos los suyos: por la redención de sus almas, por la esperanza de su salvación y de su seguridad, y te tributan sus homenajes a ti, Dios eterno, vivo y verdadero.
Communicantes (con variaciones propias en las grandes fiestas):
Communicántes, et memóriam venerántes, in primis gloriósæ semper Vírginis Maríæ, Genetrícis Dei et Dómini nostri Jesu Christi: sed et beatórum Apostolórum ac Mártyrum tuórum, Petri et Pauli, Andréæ, Jacóbi, Joánnis, Thomæ, Jacóbi, Philíppi, Bartholomǽi, Matthǽi, Simónis et Thaddǽi: Lini, Cleti, Cleméntis, Xysti, Cornélii, Cypriáni, Lauréntii, Chrysógoni, Joánnis et Pauli, Cosmæ et Damiáni: et ómnium Sanctórum tuórum; quorum méritis precibúsque concédas, ut in ómnibus protectiónis tuæ muniámur auxílio. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Unidos en comunión y venerando la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo; y también de tus bienaventurados Apóstoles y Mártires Pedro y Pablo, Andrés, Santiago, Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y de todos tus Santos: por cuyos méritos y ruegos concédenos que en todo seamos defendidos con el auxilio de tu protección. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Hanc ígitur oblatiónem servitútis nostræ, sed et cunctæ famíliæ tuæ, quǽsumus, Dómine, ut placátus accípias: diésque nostros in tua pace dispónas, atque ab ætérna damnatióne nos éripi, et in electórum tuórum júbeas grege numerári. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Te rogamos, Señor, que aceptes aplacado esta ofrenda de nosotros, tus siervos, y de toda tu familia: dispón en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y manda que seamos contados en el número de tus elegidos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Quam oblatiónem tu, Deus, in ómnibus, quǽsumus, bene ✠ díctam, adscríp ✠ tam, ra ✠ tam, rationábilem acceptabilémque fácere dignéris: ut nobis Cor ✠ pus et San ✠ guis fiat dilectíssimi Fílii tui, Dómini nostri Jesu Christi.
Dígnate, oh Dios, hacer que esta ofrenda sea en todo bendita ✠, aprobada ✠, ratificada ✠, razonable y aceptable: para que se convierta para nosotros en el Cuer ✠ po y la San ✠ gre de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Qui prídie quam paterétur, accépit panem in sanctas ac venerábiles manus suas, et elevátis óculis in cælum ad te Deum, Patrem suum omnipoténtem, tibi grátias agens, bene ✠ díxit, fregit, dedítque discípulis suis, dicens: Accípite et manducáte ex hoc omnes:
El cual, la víspera de su pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dándote gracias, lo bendijo ✠, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad y comed todos de él:
HOC EST ENIM CORPUS MEUM.
PORQUE ESTO ES MI CUERPO.
Símili modo postquam cenátum est, accípiens et hunc præclárum Cálicem in sanctas ac venerábiles manus suas: item tibi grátias agens, bene ✠ díxit, dedítque discípulis suis, dicens: Accípite et bíbite ex eo omnes:
Del mismo modo, acabada la cena, tomando también este glorioso cáliz en sus santas y venerables manos, dándote de nuevo gracias, lo bendijo ✠ y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad y bebed todos de él:
HIC EST ENIM CALIX SANGUINIS MEI, NOVI ET ÆTERNI TESTAMENTI: MYSTERIUM FIDEI: QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDETUR IN REMISSIONEM PECCATORUM.
PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, DE LA NUEVA Y ETERNA ALIANZA: MISTERIO DE FE: QUE POR VOSOTROS Y POR MUCHOS SERÁ DERRAMADA PARA REMISIÓN DE LOS PECADOS.
Hæc quotiescúmque fecéritis, in mei memóriam faciétis.
Cuantas veces hiciereis esto, lo haréis en memoria mía.
Unde et mémores, Dómine, nos servi tui, sed et plebs tua sancta, ejúsdem Christi Fílii tui, Dómini nostri, tam beátæ passiónis, nec non et ab ínferis resurrectiónis, sed et in cælos gloriósæ ascensiónis: offérimus præcláræ majestáti tuæ de tuis donis ac datis, Hóstiam ✠ puram, Hóstiam ✠ sanctam, Hóstiam ✠ immaculátam, Panem ✠ sanctum vitæ ætérnæ, et Cálicem ✠ salútis perpétuæ.
Por lo cual, Señor, nosotros, tus siervos, y también tu pueblo santo, recordando la bienaventurada pasión del mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor, su resurrección de entre los muertos y su gloriosa ascensión a los cielos, ofrecemos a tu excelsa majestad, de tus dones y dádivas, la Hostia ✠ pura, la Hostia ✠ santa, la Hostia ✠ inmaculada, el Pan ✠ santo de la vida eterna y el Cáliz ✠ de la salvación perpetua.
Supra quæ propítio ac seréno vultu respícere dignéris: et accépta habére, sícuti accépta habére dignátus es múnera púeri tui justi Abel, et sacrifícium Patriárchæ nostri Abrahæ: et quod tibi óbtulit summus sacérdos tuus Melchísedech, sanctum sacrifícium, immaculátam hóstiam.
Dígnate mirar estas ofrendas con rostro propicio y sereno, y aceptarlas como te dignaste aceptar los dones de tu siervo el justo Abel, y el sacrificio de nuestro patriarca Abraham, y el que te ofreció tu sumo sacerdote Melquisedec, sacrificio santo, hostia inmaculada.
Súpplices te rogámus, omnípotens Deus: jube hæc perférri per manus sancti Angeli tui in sublíme altáre tuum, in conspéctu divínæ majestátis tuæ: ut, quotquot ex hac altáris participatióne sacrosánctum Fílii tui Cor ✠ pus et Sán ✠ guinem sumpsérimus, omni benedictióne cælésti et grátia repleámur. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Humildemente te rogamos, Dios todopoderoso, que mandes llevar estas ofrendas por manos de tu santo Ángel a tu sublime altar, ante la presencia de tu divina majestad: para que cuantos, participando de este altar, recibiéremos el sacrosanto Cuer ✠ po y la San ✠ gre de tu Hijo, seamos colmados de toda bendición celestial y de gracia. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Memento de los difuntos:
Meménto étiam, Dómine, famulórum famularúmque tuárum N. et N., qui nos præcessérunt cum signo fídei, et dórmiunt in somno pacis. Ipsis, Dómine, et ómnibus in Christo quiescéntibus, locum refrigérii, lucis et pacis, ut indúlgeas, deprecámur. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Acuérdate también, Señor, de tus siervos y siervas N. y N., que nos precedieron con la señal de la fe y duermen el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a todos los que descansan en Cristo, te rogamos que les concedas el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Nobis quoque peccatóribus fámulis tuis, de multitúdine miseratiónum tuárum sperántibus, partem áliquam et societátem donáre dignéris, cum tuis sanctis Apóstolis et Martýribus: cum Joánne, Stéphano, Matthía, Bárnaba, Ignátio, Alexándro, Marcellíno, Petro, Felicitáte, Perpétua, Agatha, Lúcia, Agnéte, Cæcília, Anastásia, et ómnibus Sanctis tuis: intra quorum nos consórtium, non æstimátor mériti, sed véniæ, quǽsumus, largítor admítte. Per Christum, Dóminum nostrum.
También a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en la multitud de tus misericordias, dígnate concedernos alguna parte y compañía con tus santos Apóstoles y Mártires: con Juan, Esteban, Matías, Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino, Pedro, Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia y todos tus Santos: en cuya compañía te rogamos nos admitas, no pesando nuestros méritos, sino concediéndonos tu perdón. Por Cristo nuestro Señor.
Per quem hæc ómnia, Dómine, semper bona creas, sanctí ✠ ficas, viví ✠ ficas, bene ✠ dícis et præstas nobis.
Por quien, Señor, sigues creando todos estos bienes, los santi ✠ ficas, los vivi ✠ ficas, los bendi ✠ ces y nos los das.
Per Ip ✠ sum, et cum Ip ✠ so, et in Ip ✠ so, est tibi Deo Patri ✠ omnipoténti, in unitáte Spíritus ✠ Sancti, omnis honor et glória.
Por Él ✠, y con Él ✠, y en Él ✠, a ti, Dios Padre ✠ todopoderoso, en la unidad del Espíritu ✠ Santo, todo honor y toda gloria.
℣. Per ómnia sǽcula sæculórum.
℟. Amen.
℣. Por todos los siglos de los siglos.
℟. Amén.
Comunión
Orémus. Præcéptis salutáribus móniti, et divína institutióne formáti, audémus dícere: Pater noster, qui es in cælis: sanctificétur nomen tuum: advéniat regnum tuum: fiat volúntas tua, sicut in cælo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie: et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem.
℟. Sed líbera nos a malo. Amen.
Oremos. Amonestados por saludables preceptos, y formados por la divina enseñanza, nos atrevemos a decir: Padre nuestro, que estás en los cielos: santificado sea tu nombre: venga a nosotros tu reino: hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy: y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación.
℟. Mas líbranos del mal. Amén.
Líbera nos, quǽsumus, Dómine, ab ómnibus malis, prætéritis, præséntibus et futúris: et intercedénte beáta et gloriósa semper Vírgine Dei Genetríce María, cum beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, atque Andréa, et ómnibus Sanctis, da propítius pacem in diébus nostris: ut, ope misericórdiæ tuæ adjúti, et a peccáto simus semper líberi et ab omni perturbatióne secúri. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum. Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus. Per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Líbranos, te rogamos, Señor, de todos los males pasados, presentes y futuros: y, por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa siempre Virgen María, Madre de Dios, con tus bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo, y Andrés, y todos los Santos, danos propicio la paz en nuestros días: para que, ayudados por el auxilio de tu misericordia, estemos siempre libres de pecado y seguros de toda perturbación. Por el mismo Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios. Por todos los siglos de los siglos. Amén.
℣. Pax Dómini sit semper vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. La paz del Señor sea siempre con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
Hæc commíxtio et consecrátio Córporis et Sánguinis Dómini nostri Jesu Christi fiat accipiéntibus nobis in vitam ætérnam. Amen.
Esta mezcla y consagración del Cuerpo y de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo nos aproveche, al recibirla, para la vida eterna. Amén.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: miserére nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: miserére nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: dona nobis pacem.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: danos la paz.
Dómine Jesu Christe, qui dixísti Apóstolis tuis: Pacem relínquo vobis, pacem meam do vobis: ne respícias peccáta mea, sed fidem Ecclésiæ tuæ; eámque secúndum voluntátem tuam pacificáre et coadunáre dignéris: Qui vivis et regnas Deus per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: La paz os dejo, mi paz os doy: no mires mis pecados, sino la fe de tu Iglesia, y dígnate darle la paz y unirla según tu voluntad: Tú que vives y reinas, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Dómine Jesu Christe, Fili Dei vivi, qui ex voluntáte Patris, cooperánte Spíritu Sancto, per mortem tuam mundum vivificásti: líbera me per hoc sacrosánctum Corpus et Sánguinem tuum ab ómnibus iniquitátibus meis et univérsis malis: et fac me tuis semper inhærére mandátis, et a te numquam separári permíttas: Qui cum eódem Deo Patre et Spíritu Sancto vivis et regnas Deus in sǽcula sæculórum. Amen.
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, con la cooperación del Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo: líbrame por este tu sacrosanto Cuerpo y Sangre de todas mis iniquidades y de todos los males: y haz que cumpla siempre tus mandamientos, y no permitas que jamás me aparte de ti: Tú que con el mismo Dios Padre y el Espíritu Santo vives y reinas, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Percéptio Córporis tui, Dómine Jesu Christe, quod ego indígnus súmere præsúmo, non mihi provéniat in judícium et condemnatiónem: sed pro tua pietáte prosit mihi ad tutaméntum mentis et córporis, et ad medélam percipiéndam: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
La recepción de tu Cuerpo, Señor Jesucristo, que yo, indigno, me atrevo a recibir, no se me convierta en juicio y condenación: sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa del alma y del cuerpo, y como remedio saludable: Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Panem cæléstem accípiam, et nomen Dómini invocábo.
Tomaré el Pan celestial e invocaré el nombre del Señor.
Dómine, non sum dignus ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea. (ter)
Señor, no soy digno de que entres en mi morada: pero di una sola palabra y mi alma quedará sana. (tres veces)
Corpus Dómini nostri Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen.
El Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Amén.
Quid retríbuam Dómino pro ómnibus quæ retríbuit mihi? Cálicem salutáris accípiam, et nomen Dómini invocábo. Laudans invocábo Dóminum, et ab inimícis meis salvus ero.
¿Qué daré al Señor por todo lo que me ha dado? Tomaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre del Señor. Alabándole invocaré al Señor, y quedaré a salvo de mis enemigos.
Sanguis Dómini nostri Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen.
La Sangre de nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Amén.
Después de la comunión de los fieles y las abluciones:
Quod ore súmpsimus, Dómine, pura mente capiámus: et de múnere temporáli fiat nobis remédium sempitérnum.
Lo que hemos tomado con la boca, Señor, recibámoslo con alma pura: y de este don temporal hágasenos remedio sempiterno.
Corpus tuum, Dómine, quod sumpsi, et Sanguis, quem potávi, adhǽreat viscéribus meis: et præsta; ut in me non remáneat scélerum mácula, quem pura et sancta refecérunt sacraménta: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum. Amen.
Tu Cuerpo, Señor, que he recibido, y tu Sangre, que he bebido, se adhieran a mis entrañas: y concede que no quede en mí mancha de pecado, a quien alimentaron estos puros y santos sacramentos: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Comunión (Matt. 26, 42)
Pater, si non potest hic calix transíre, nisi bibam illum: fiat volúntas tua.
Se volvió de nuevo por segunda vez, y oró diciendo: Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. [Torres Amat]
Poscomunión
Per hujus, Dómine, operatiónem mystérii: et vitia nostra purgéntur, et justa desidéria compleántur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Por la acción de este misterio, Señor, sean purificados nuestros vicios y cumplidos nuestros justos deseos. Por nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Conclusión
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. Ite, Missa est.
℟. Deo grátias.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Idos, la Misa ha terminado.
℟. Demos gracias a Dios.
En los tiempos de penitencia se dice «Benedicámus Dómino» en lugar de «Ite, Missa est»; en las Misas de difuntos, «Requiéscant in pace. Amen».
Pláceat tibi, sancta Trínitas, obséquium servitútis meæ: et præsta; ut sacrifícium, quod óculis tuæ majestátis indígnus óbtuli, tibi sit acceptábile, mihíque et ómnibus, pro quibus illud óbtuli, sit, te miseránte, propitiábile. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Séate agradable, oh santísima Trinidad, el homenaje de mi servidumbre: y concede que el sacrificio que yo, indigno, he ofrecido ante los ojos de tu majestad te sea aceptable, y que a mí y a todos aquellos por quienes lo he ofrecido nos sea, por tu misericordia, propiciatorio. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Benedícat vos omnípotens Deus, Pater, et Fílius, ✠ et Spíritus Sanctus.
℟. Amen.
Os bendiga Dios todopoderoso, Padre, e Hijo, ✠ y Espíritu Santo.
℟. Amén.
Último Evangelio
Comienzo del santo Evangelio según san Juan (Jn 1, 1-14):
In princípio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum. Hoc erat in princípio apud Deum. Omnia per ipsum facta sunt: et sine ipso factum est nihil, quod factum est: in ipso vita erat, et vita erat lux hóminum: et lux in ténebris lucet, et ténebræ eam non comprehendérunt. Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joánnes. Hic venit in testimónium, ut testimónium perhibéret de lúmine, ut omnes créderent per illum. Non erat ille lux, sed ut testimónium perhibéret de lúmine. Erat lux vera, quæ illúminat omnem hóminem veniéntem in hunc mundum. In mundo erat, et mundus per ipsum factus est, et mundus eum non cognóvit. In própria venit, et sui eum non recepérunt. Quotquot autem recepérunt eum, dedit eis potestátem fílios Dei fíeri, his, qui credunt in nómine ejus: qui non ex sanguínibus, neque ex voluntáte carnis, neque ex voluntáte viri, sed ex Deo nati sunt. (Hic genuflectitur) Et Verbum caro factum est, et habitávit in nobis: et vídimus glóriam ejus, glóriam quasi Unigéniti a Patre, plenum grátiæ et veritátis.
En el principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio en Dios. Por él fueron hechas todas las cosas; y sin él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y esta luz resplandece en medio de las tinieblas, y las tinieblas no la han recibido. Hubo un hombre enviado de Dios que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyesen. No era él la luz, sino enviado para dar testimonio de aquel que era la luz. El Verbo era la luz verdadera, que cuanto es de sí alumbra a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue por él hecho, y con todo el mundo no le conoció. Vino a su propia casa, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, que son los que creen en su nombre, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios. Los cuales no nacen de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de querer de hombre, sino que nacen de Dios. (Aquí se arrodilla) Y el Verbo se hizo carne; y habitó en medio de nosotros; y nosotros hemos visto su gloria, gloria que el Unigénito debía recibir del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Oraciones leoninas
Oraciones mandadas rezar de rodillas tras las Misas rezadas (León XIII).
Ave María, grátia plena, Dóminus tecum, benedícta tu in muliéribus et benedíctus fructus ventris tui, Jesus.
℟. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen. (tres veces)
Dios te salve, María, llena de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús.
℟. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. (tres veces)
Salve Regína, Mater misericórdiæ, vita, dulcédo, et spes nostra, salve. Ad te clamámus, éxsules fílii Evæ. Ad te suspirámus geméntes et flentes in hac lacrymárum valle. Eia ergo, Advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Jesum, benedíctum fructum ventris tui, nobis, post hoc exílium, osténde. O clemens, o pia, o dulcis Virgo Mária.
Salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
℣. Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
℣. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Orémus. Deus, refúgium nostrum et virtus, pópulum ad te clamántem propítius réspice; et intercedénte gloriósa, et immaculáta Vírgine Dei Genitríce María, cum beáto Joseph, ejus Sponso, ac beatis Apóstolis tuis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis, quas pro conversióne peccatórum, pro libertáte et exaltatióne sanctæ Matris Ecclésiæ, preces effúndimus, miséricors et benígnus exáudi. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen.
Oremos. Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, mira propicio al pueblo que clama a Ti: y, por la intercesión de la gloriosa e Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y del Bienaventurado San José, su esposo, y de tus Santos apóstoles Pedro y Pablo, y de todos los santos, escucha misericordioso y benigno las preces que te dirigimos por la conversión de los pecadores y por la libertad y exaltación de nuestra Santa Madre la Iglesia. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Sancte Míchaël Archángele, defénde nos in prǽlio; contra nequítiam et insídias diáboli esto præsídium. Imperet illi Deus, súpplices deprecámur: tuque, Princeps milítiæ Cæléstis, sátanam aliósque spíritus malígnos, qui ad perditiónem animárum pervagántur in mundo, divína virtúte in inférnum detrúde. Amen.
Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Reprímalo, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de las milicias celestiales, lanza al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Cor Jesu sacratíssimum.
℟. Miserére nobis. (tres veces)
Corazón Sacratísimo de Jesús,
℟. !En las Misas de Difuntos, dice dos veces, en lugar de «Ten piedad de nosotros», «Dales la paz», y después «Dales descanso eterno»: (tres veces)