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viernes, 4 de marzo de 2016

San Casimiro, Confesor

Vida del santo de hoy, según el Año Cristiano del P. Juan Croiset.

San Casimiro, hijo del rey de Polonia, confesor. Fué san Casimiro hijo de Casimiro III, rey de Polonia y gran duque de Lituania, y de Isabel de Austria, hija del emperador Alberto, rey de Hungría y de Bohemia. Nació en Cracovia el día 5 de octubre del año 1438, y desde la cuna le fueron formando en la virtud y en la devoción los cuidadosos desvelos de la reina su madre, una de las mas piadosas princesas de aquel siglo. Apenas dejó que hacer á la educación el bello natural de Casimiro; y con su ingenio vivo, penetrante y delicado, hizo en poco tiempo maravillosos progresos en las letras. Pero fueron mucho mas prontos y mas admirables los que adelantó en la virtud.

No es posible imaginar mayor inocencia, mayor compostura, mayor devoción, ni mayor virtud en un príncipe de tierna edad. Prevínole el Señor desde la cuna con tan singulares bendiciones de su gracia, que por toda la vida ignoró hasta el nombre del vicio. Tan lejos estuvo de envanecerle su elevado nacimiento y el verse heredero de una casa que era de las mas ilustres de Europa, que ni aun le mereció siquiera la mas ligera atención. Era hijo de rey, hermano de rey, y él mismo era también rey de Hungría; pero hizo tan poco caso de estos majestuosos títulos, que solo apreció el de ciudadano del cielo, y era este el título que se daba á sí mismo.

Fué tan enemigo de los entretenimientos mas ordinarios y aun mas inocentes de aquella edad, que no encontraba otro mas dulce ni mas de su gusto que pasar largas horas en la iglesia, haciendo la corte, como él decía, á Jesucristo; y cuando sus ayos le representaban que era menester desahogar el ánimo con alguna diversión honesta, les respondía con gracia que en el templo, á los piés de Jesucristo, hallaba él toda la diversión del paseo, del juego y de la caza.

Era tan particular y tan tierna la devoción que profesaba á la sagrada pasión de nuestro Señor Jesucristo, que al oír hablar de los dolores y de los tormentos que el Salvador padeció en el huerto y en el calvario, ó al considerar aquel exceso de amor que le hizo víctima de nuestros pecados, ó aun solo á la vista de un crucifijo, se le derretían en lágrimas los ojos, y no pocas veces caía en una especie de deliquio que parecía verdadero desmayo.

No ha habido ni habrá predestinado alguno que no profese una ternísima devoción á la santísima Virgen; la de san Casimiro á esta reina de los escogidos era extraordinaria. No acertaba á llamarla con otro nombre que con el de su buena madre: explicábase con excesiva ternura y con los términos mas enérgicos para manifestar el respeto y el ardiente amor que la profesaba. Por desahogar en parte su encendida devoción á la Emperatriz de los ángeles, fuera de otros muchos devotos ejercicios que le eran familiares, compuso en honra suya, siendo aun muy joven, una especie de prosa con consonantes, llena de los mas tiernos afectos de su corazón, y es como sigue:

Omni die dic Mariae mea laudes anima. / Ejus festa, ejus gesta cole splendidissima. / Contemplare, et mirare ejus celsitudinem. / Dic felicem genitricem, dic beatam Virginem. / Ipsam cole, ut de mole criminum te liberet. / Hanc appella, ne procella vitiorum superet... / Quamvis sciam quod Mariam nemo digne praedicet: / Tamen vanus, et insanus est qui illam reticet. / Haec amanda, et laudanda cunctis specialiter. / Venerari et precari decet illam jugiter... / O cunctarum foeminarum decus, atque gloria! / Quam probatam, et elatam scimus super omnia. / Clemens audi, tuae laudi quos instantes conspicis: / Munda reos, et fac eos bonis dignos coelicis... / Virgo, salve, per quam valvae coeli patent miseris, / Quam non flexit, nec allexit, fraus serpentis veteris. / Reparatrix, consolatrix desperantis animae, / A pressura, quae ventura malis est, nos redime. / Pro me pete, ut quiete sempiterna perfruar, / Ne tormentis comburentis stagni miser obruar; / Ut sim castus, et modestus, dulcis, blandus, sobrius. / Pius, rectus, circumspectus, simultatis nescius... / Fac me mitem: pelle litem, compesce lasciviam. / Contra crimen da munimen, et mentis constantiam, etc.

«Alma mía, no dejes pasar día alguno sin rendir tus respetos á María; solemniza con devoción sus fiestas; celebra sus asombrosas virtudes.

» Admira su grandeza y su elevación sobre todas las criaturas; no ceses de publicar la dicha que logró en ser madre de Dios sin dejar de ser virgen.

» Hónrala como á tu reina, para que te alcance el perdón de los pecados; invócala como á tu madre, y no permitirá que te arrastre el torrente de las pasiones.

» Aunque sé muy bien que María es superior á toda alabanza; también sé que es impiedad, que es locura dejar de alabarla porque no se pueda hacer dignamente.

» Esta Señora debe ser singularmente alabada y exaltada por todos los hombres; y no debiéramos cesar jamás de honrarla, bendecirla é invocarla.

» Virgen santa, ornamento y gloria de tu sexo, tú que eres reverenciada en toda la tierra, y estás colocada tan elevada en el cielo;

» Dígnate oír las oraciones de los que se glorian en cantar tus alabanzas; alcánzanos el perdón de nuestros pecados, y haznos dignos de la felicidad eterna.

» Dios te salve, Virgen y Madre, pues por ti se nos abrieron á nosotros miserables las puertas del cielo; y á ti no te pudo morder ni engañar la antigua serpiente.

» Después de Dios ninguno tuvo mas parte que tú en nuestra redención; por eso ponemos en ti toda nuestra confianza, y esperamos por tu santa intercesión que no nos ha de tocar la infeliz suerte de los réprobos.

» Líbrame de aquel estanque de fuego donde se padecen todos los tormentos, y consígueme por tus oraciones un lugar en la estancia feliz de los bienaventurados.

» Alcánzame una pureza inalterable, una modestia que edifique, una dulzura universal, una devoción constante, una prudencia verdadera, un corazón sin artificio y un espíritu recto.

» Destierra de mi corazón todo afecto de aversión ó de tibieza; enciende en él una caridad perfecta, apaga toda centella, toda inclinación de concupiscencia; consigue la perseverancia final, y halle yo en ti toda la asistencia que he menester contra los enemigos de mi eterna salvación.

Descúbrense bien en la noble simplicidad de estilo y expresiones de este himno los tiernos afectos del santo príncipe para con la Madre de Dios. No contento con rezarle todos los días en forma de oración, quiso enterrarse con él; y ciento veinte años después de su preciosa muerte se le halló en la sepultura debajo de su cabeza.

A la eminente piedad de Casimiro correspondía el zelo por la Religión. En fuerza de él persuadió al rey su hermano que despojase á los herejes de las iglesias de que se habían apoderado, donde celebraban sus sediciosas juntas, y que no se restituyese á los cismáticos las que se les había quitado. Acompañaba á este zelo ardiente por la Religión una caridad no menos ardiente por los pobres, de quienes era amoroso padre. Si le representaban que era abatimiento de su elevación y de su real persona el entregarse tan sin distinción á todo género de obras de caridad, respondía que ninguna cosa honraba mas á los grandes, ninguna era mas digna de la suprema elevación de los príncipes, que servir á Jesucristo en la persona de sus pobres. Por lo que toca á mí, solía añadir, toda mi gloria la coloco en servir al pobre mas andrajoso y despreciado.

Fué electo rey de Bohemia su hermano mayor Uladislao, y toda la Polonia celebraba ya la dicha que esperaba de lograr por rey á Casimiro, cuando llegó la noticia de haberle elegido rey de Hungría toda la nobleza y todos los estados del reino, que, cansados ya de las intolerables costumbres y gobierno del rey Matías Huniades, le habían precipitado del trono. A pesar de la resistencia que hizo al cetro la modestia del joven Casimiro, le fue forzoso rendirse. Partió con efecto á tomar posesión de la corona; pero la lentitud de su marcha, efecto de la repugnancia y aun del fastidio con que miraba las grandezas de la tierra, dió tiempo á Matías para volver á ganar los corazones y la compasión de la principal nobleza húngara, y para levantar un ejército considerable con que hacer frente al nuevo rey, que estaba muy ajeno de querer conquistar con la sangre de sus vasallos una corona cuya aceptación había costado á su inclinación y á su heroica virtud tanto sacrificio. Rindió mil gracias al cielo por aquel suceso tan conforme á su desengaño y á sus piadosos deseos, y lleno de gozo dió la vuelta á Polonia.

Los doce años que le restaron de vida los dedicó enteramente á santificarse mas y mas por la práctica de todas las virtudes, y singularmente por el ejercicio de una rigurosísima penitencia. Traía siempre á raíz de las carnes un áspero cilicio; su ayuno era perpetuo; dormía en la dura tierra al pié de la rica cama, que era solo de honor y de respeto, pasando muy de ordinario en oración la mayor parte de la noche. Aunque joven, de gallarda disposición, y criado entre las delicias de la corte, conservó hasta la muerte su primera inocencia. Hizo voto de perpetua castidad luego que tuvo años y reflexión para conocer lo que vale esta heroica virtud. En vano le instaron á que se casase; no hubo razón, ni de estado, ni de familia, ni de la propia salud, que venciese su constancia; en conclusión, antes quiso perder la vida que la virginidad.

Ya estaba el santo príncipe muy maduro para el cielo. No parecía justo que poseyese la tierra por mas tiempo un tesoro tan precioso de que no era digno el mundo. Al lento pero maligno ardor de una calenturilla continua, se fué disponiendo con mucho tiempo para morir. Redobló su devoción y fervor; y habiendo recibido los postreros sacramentos con extraordinaria piedad, el día 4 de marzo de 1484, á los veinte y tres años y cinco meses de su edad, murió de la muerte de los justos en Wilna, capital del gran ducado de Lituania, cuyo duque era el santo mancebo.

Desde luego quiso el Señor acreditar la santidad de su fiel siervo con multitud prodigiosa de milagros. El papa León X terminó el proceso de su canonización con la mayor solemnidad, y desde entonces fué reconocido por patrono singular de Lituania y de Polonia. El año de 1604, ciento y veinte después de su dichosa muerte, fué hallado el sagrado cuerpo entero y sin corrupción; y en el instrumento auténtico de esta maravilla, que con autoridad del obispo de Wilna se otorgó á presencia de todo el cabildo y de los principales de aquella ciudad, se dice que los preciosos vestidos con que fué enterrado se hallaron tan enteros y tan nuevos como si se los hubieran puesto aquel mismo día, aunque la humedad del sitio había penetrado las piedras de la bóveda y las paredes inmediatas al sepulcro. Añádese en el mismo instrumento que por espacio de tres días se percibió una admirable fragancia en toda la iglesia, y que se halló también la devota prosa ó himno en honor de la santísima Virgen, que copiamos arriba, escrito todo de su mano, el que se conserva aun como preciosa reliquia.

El autor antiguo de su vida dice que se invoca la intercesión de san Casimiro principalmente para conseguir de Dios el don de la castidad, para librarse de la peste, y contra las incursiones de los infieles.

Año Cristiano del P. Juan Croiset (trad. José F. de Isla), dominio público.