martes, 9 de febrero de 2016
San Cirilo de Alejandría, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia
Vida del santo de hoy, según el Año Cristiano del P. Juan Croiset.
El Señor que tiene cuidado de proveer á su Iglesia de acérrimos defensores para conservar pura y sin mancha la sagrada doctrina, suscitó á san Cirilo para defender el misterio de la encarnación, en un tiempo en que la herejía se había desencadenado para aniquilarle. Por esta razón le llamaron el doctor del dogma de la Encarnación, como san Agustín es llamado el doctor de la Gracia. Instruido desde la infancia en el estudio de los sagrados libros, á la vista del patriarca Teófilo, tío suyo, juntó en seguida el de la tradición; aficionándose de tal suerte á la doctrina de los antiguos Padres, que, según él mismo lo confiesa, no enseñaba nada que no fuese tomado de ellos. Sus libros contra Juliano hacen ver que reunía también un grande conocimiento de los autores profanos.
Habiendo muerto Teófilo en 412, hubo grandes altercados para la elección de sucesor; pero al fin prevaleció el partido de nuestro santo, y fué entronizado á los tres dias de la muerte de su tío. Principió el ejercicio de su alta dignidad por un rasgo de vigor contra los novacianos, haciendo cerrar las iglesias que tenían estos herejes en Alejandría, y apoderándose de todos los vasos y muebles que había en ellas. Algún tiempo después arrojó los judíos, culpables de muchas violencias contra los cristianos; lo que le indispuso con Oreste, gobernador de Alejandría, quien fué picado vivamente de este acto de autoridad, y rompió públicamente con el santo; y aunque este dió todos los pasos para reconciliarse, enviándole á pedir su amistad en nombre de los santos evangelios, todo fué inútil: Oreste prosiguió en su odio, y fué ocasión de una funesta catástrofe.
Una joven pagana, llamada Hipacia, había abierto en Alejandría una escuela de filosofía platónica; su reputación era tal, que se atrajo un gran número de discípulos, y entre ellos al célebre Sinesio, á quien la suplicó revisase sus obras. Los filósofos mas afamados la consultaban de todas partes sobre cuestiones difíciles, y recibian sus decisiones como oráculos. Hipacia tenia estrechas relaciones con Oreste; y el pueblo de Alejandría, de una imaginación fácil de ser inflamada, dió crédito al rumor de que ella era la que retraía al gobernador de reconciliarse con el patriarca. Su muerte fué jurada, y al salir un día de su casa, echándose sobre ella una tropa de hombres furiosos, la arrojaron del carro en que iba, la hicieron pedazos, y arrastraron sus miembros por los diferentes barrios de la ciudad. Pasó esto el año 415. Una acción tan horrible fué detestada por todas las personas de bien, y mas particularmente por san Cirilo, que buscaba los medios de sofocar toda semilla de división.
Desgraciadamente se había dejado prevenir nuestro santo contra san Crisóstomo, que había sido condenado por su tío; y á consecuencia de esto se había rehusado largo tiempo á restablecer su memoria, hasta que, convencido al fin en 419 de la inocencia del santo arzobispo de Constantinopla, puso su nombre en las dípticas, que era la manera de alzar la excomunión á los muertos. El papa Zósimo, informado de lo que había hecho, le mandó al punto cartas de comunión. Esto es todo lo que sabemos de la vida de san Cirilo hasta el año 428, en que empezó á defender la fe contra el nestorianismo.
Nestorio, monje y sacerdote de Antioquía, tenia todo lo que es propio para seducir al pueblo, que se deja engañar siempre por las apariencias. A un exterior devoto y mortificado juntaba algunos conocimientos, con una gran facilidad de explicarse; pero en su corazón albergaba la hipocresía, un orgullo insoportable, y un grande encaprichamiento por sus ideas, que preferia á la doctrina de los antiguos padres. Estando vacante la silla de Constantinopla, fué elevado á ella en 428, y empezó su pontificado por perseguir con una especie de furor á los arríanos, macedonianos, maniqueos, cuartodecimanos, y acabó por arrojarlos de su diócesis. Pero al mismo tiempo dió en comunicar con Celestio y Juliano, corifeos principales del pelagianismo, y aunque admitiese con la Iglesia la existencia del pecado original, negaba con aquellos la necesidad de la gracia. No contento con esto, comenzó á predicar públicamente que había dos personas en Jesucristo, la de Dios y la del hombre; que el Verbo no estaba unido hipostáticamente á la naturaleza humana, y que por consiguiente la santísima Virgen no era madre de Dios, sino del hombre ó de Cristo. Estas novedades impías causaron mucho escándalo en los fieles, y llenos de celo algunos sacerdotes, entre otros san Proclo y Eusebio, después obispo de Dorilea, representaron vivamente á Nestorio, quien despreció sus amonestaciones, poniéndoles en el caso de separarse de su comunión.
Entretanto san Cirilo que había recibido las homilías de Nestorio, conoció por su lectura ser ciertos los errores que le achacaban, y le escribió una carta para volverle á la verdad por los medios de la blandura; pero el orgullo de Nestorio, que no podia verse contradecido, fué picado vivamente, y le respondió con la mayor altanería. Llevado este negocio á Roma, convocó allí el papa Celestino un concilio particular para examinar la nueva doctrina, y como todos los padres exclamasen á una voz que Nestorio era heresiarca, se pronunció contra él la sentencia de excomunión y de deposición, la que fué mandada á Cirilo, para que, si en el espacio de diez dias contados desde su notificación, no retractaba Nestorio públicamente sus errores, pasase á la ejecución de ella. Escribióle nuestro santo por última amonestación una nueva carta, al fin de la cual había doce anatematismos, ó artículos, á los cuales debía suscribir el arzobispo de Constantinopla, si quería ser reconocido como ortodoxo. Mas este se resistió á obedecer, mostrándose mas terco que nunca. Esta pertinacia dió lugar á la convocación del tercer concilio general, que se tuvo en Éfeso en 431, al que concurrieron doscientos obispos, siendo presidente san Cirilo á nombre del papa Celestino. La doctrina de Nestorio fué examinada y condenada, y como á pesar de hallarse en la ciudad el heresiarca se negase á comparecer, precedidas las tres citaciones jurídicas, se pronunció contra él la sentencia de deposición y se dió informe al emperador.
Seis dias después llegaron á Éfeso Juan de Antioquía y otros catorce obispos del Oriente, protectores de Nestorio, los cuales, en vez de juntarse á los padres del concilio excomulgaron á san Cirilo y á todos los que seguían su partido. Reclamóse de ambos lados al emperador, el cual dió orden para que se prendiese á san Cirilo y á Nestorio; pero á pesar de que el primero era inocente, fué peor tratado que el segundo, y aun faltó poco para que saliese desterrado; tal era la influencia que ejercía su enemigo en la corte. Felizmente llegaron á esta sazón los obispos Arcadio y Proyecto y el presbítero Felipe, legados del papa san Celestino, y los negocios tomaron otro giro mas favorable á san Cirilo. Informados plenamente estos legados de todo lo que se había hecho, aprobaron la conducta de nuestro santo, declararon injusta su condenación y confirmaron la de Nestorio. En fin la verdad recobró sus derechos; san Cirilo fué restablecido, los obispos cismáticos se reconciliaron con él después de suscribir á la condenación de Nestorio, y este se retiró al monasterio de Antioquía donde había sido criado. Algún tiempo después fué arrojado de allí por el emperador Teodosio, á instancias del patriarca Juan, porque no cesaba de dogmatizar; y, relegado al Oasis, en los desiertos del alto Egipto, murió sin haber retractado su doctrina impía. El nestorianismo sobrevivió á su autor, y todavía subsiste en el Oriente.
Vuelto á Alejandría, se aplicó Cirilo el resto de su vida á llenar con fervor los deberes del episcopado, á conservar en toda su pureza el precioso depósito de la fe, y á restablecer y cimentar la paz que había turbado la herejía. Ocupado en estas funciones, murió el 28 de junio del año 444. El papa san Celestino, que había concebido de él la mas alta opinión, le dió los títulos de defensor generoso de la Iglesia y de la fe, de doctor católico, y de varón verdaderamente apostólico. Los griegos honran su memoria el 18 de enero y el 9 de junio. Las obras principales que tenemos de san Cirilo, son: 1º la Adoración en espíritu y en verdad, en que explica alegórica y moralmente algunos pasajes del Pentateuco; 2º los libros llamados Glafiros, ó explicación alegórica de las historias referidas en el Pentateuco; 3º los Comentarios sobre Isaías, los doce profetas menores y el evangelio de san Juan; 4º el libro titulado el Tesoro, á causa de las sublimes verdades que encierra, contra los arríanos; 5º el libro sobre la santa y consustancial Trinidad, y sobre la encarnación; 6º los tres Tratados sobre la fe; 7º los cinco libros contra Nestorio; 8º los doce Anatematismos, de que ya hemos hablado, y las dos apologías de aquellos mismos; 9º el libro contra los Antropomorfitas, que daban á Dios un cuerpo humano; 10º los diez libros contra Juliano el Apóstata; 11º las Homilías sobre la Pascua, y muchas cartas.
Tuvo san Cirilo una grande devoción al misterio de la encarnación, al sacramento de la eucaristía, y á la santísima Virgen, á quien en el libro 4º contra Nestorio dirige estas bellas palabras, que no podemos menos de trascribir: «Yo os saludo, María, madre de Dios, tesoro venerable de todo el universo, lámpara que no se apaga, brillante corona de la virginidad, cetro de la buena doctrina... Yo os saludo, á vos que en vuestro seno virginal habéis encerrado al Inmenso y al Incomprensible; á vos por quien la santa Trinidad es adorada y glorificada; á vos por quien la cruz preciosa del Salvador es exaltada por toda la tierra; á vos por quien ha victorias el cielo, se alegran los ángeles, se ahuyentan los demonios, vencido es el tentador, alzada es al cielo la criatura culpable, y el conocimiento de la verdad se establece sobre las ruinas de la idolatría; á vos por quien los fieles alcanzan el bautismo y son ungidos con el aceite de la alegría; por quien son fundadas todas las iglesias del mundo y guiadas las naciones á la penitencia; á vos en fin por quien el Hijo único de Dios, que es la luz del mundo, ha esclarecido á los que estaban sentados en las sombras de la muerte.»
Año Cristiano del P. Juan Croiset (trad. José F. de Isla), dominio público.