domingo, 10 de enero de 2016
La Sagrada Familia
Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.
Epístola (Col. 3, 12-17)
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Colossénses Fratres: Indúite vos sicut elécti Dei, sancti et dilécti, víscera misericórdiæ, benignitátem, humilitátem, modéstiam, patiéntiam: supportántes ínvicem, et donántes vobismetípsis, si quis advérsus áliquem habet querélam: sicut et Dóminus donávit vobis, ita et vos. Super ómnia autem hæc caritátem habéte, quod est vínculum perfectiónis: et pax Christi exsúltet in córdibus vestris, in qua et vocáti estis in uno córpore: et grati estóte. Verbum Christi hábitet in vobis abundánter, in omni sapiéntia, docéntes et commonéntes vosmetípsos psalmis, hymnis et cánticis spirituálibus, in grátia cantántes in córdibus vestris Deo. Omne, quodcúmque fácitis in verbo aut in ópere, ómnia in nómine Dómini Jesu Christi, grátias agéntes Deo et Patri per ipsum.
Revestíos, pues, como escogidos que sois de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de compasión, de benignidad, de humildad, de modestia, de paciencia, sufriéndoos los unos a los otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro, así como el Señor os ha perdonado, así lo habéis de hacer también vosotros. Pero sobre todo mantened la caridad, la cual es el vínculo de la perfección. Y la paz de Cristo triunfe en vuestros corazones, paz divina a la cual fuisteis asimismo llamados para formar todos un solo cuerpo, y sed agradecidos a Dios por éste y otros beneficios. La palabra de Cristo o su doctrina en abundancia tenga su morada entre vosotros, con toda sabiduría, enseñándoos y animándoos unos a otros, con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando de corazón con gracia o edificación las alabanzas a Dios. Todo cuanto hacéis, sea de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre de nuestro Señor Jesucristo, y a gloria suya, dando por medio de él gracias a Dios Padre. [Torres Amat]
Comentario patrístico · Homilía 8 + Homilía 9 sobre Colosenses — San Juan Crisóstomo
Vers. 12. Revestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados. Muestra la facilidad de la virtud, para que la posean sin cesar y la usen como el mayor ornamento. La exhortación va acompañada también de alabanza, pues entonces su fuerza es mayor. Porque antes eran santos, pero no escogidos; mas ahora son a la vez escogidos, santos y amados.
Entrañas de misericordia. No dijo simplemente misericordia, sino que con mayor énfasis empleó las dos palabras. Y no dijo que fuese como para con los hermanos, sino como de los padres para con los hijos. Pues no me digas que pecó; por eso dijo entrañas. Y no dijo misericordia a secas, para no tenerlos en poca estima, sino entrañas de misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, longanimidad; soportándoos los unos a los otros, y perdonándoos mutuamente, si alguno tuviere queja contra otro: así como Cristo os perdonó, así también vosotros.
De nuevo habla según el género, y siempre lo hace; pues de la benignidad procede la humildad de espíritu, y de ésta la longanimidad. Soportándoos, dice, los unos a los otros, esto es, dejando pasar las cosas. Y mira cómo ha mostrado que no es nada, llamándolo queja, y diciendo: así como Cristo os perdonó. ¡Grande es el ejemplo! Y así hace siempre: los exhorta según Cristo. Queja lo llama. Con estas palabras, en verdad, mostró que era cosa pequeña; pero cuando nos ha puesto delante el ejemplo, nos ha persuadido de que, aun cuando tuviéramos graves cargos que presentar, debemos perdonar. Pues la expresión así como Cristo significa esto, y no sólo esto, sino también de todo corazón; y no sólo esto, sino que debemos incluso amar. Porque Cristo, puesto en medio, trae consigo todas estas cosas: que aunque los agravios sean grandes, aunque no hayamos sido los primeros en injuriar, aunque nosotros seamos de gran condición y ellos de poca, aunque de seguro nos hayan de ultrajar después, debemos dar por ellos nuestra vida (pues las palabras así como esto exigen); y que no sólo hasta la muerte ha de detenerse uno, sino, si fuera posible, continuar aun después de la muerte.
Vers. 14. Y sobre todas estas cosas, revestíos de la caridad, que es el vínculo de la perfección. ¿Veis lo que dice? Porque, siendo posible que quien perdona no ame, dice: es menester que también le améis; y señala un camino por el cual se hace posible perdonar. Pues es posible que uno sea benigno, manso, humilde de corazón y longánime, y sin embargo no afectuoso. Y por eso dijo al principio: entrañas de misericordia, esto es, amor y compasión. Y sobre todas estas cosas, la caridad, que es el vínculo de la perfección. Lo que quiere decir es esto: que no hay provecho en aquellas cosas, pues todas se deshacen si no se hacen con caridad; ella es la que las traba a todas juntas; cualquier bien que menciones, si falta la caridad, nada es, se desvanece. Y es como en una nave: aunque su aparejo sea grande, si no hay cabos que la ciñan, de nada sirve; y en una casa, si no hay vigas que la traben, lo mismo; y en un cuerpo, aunque los huesos sean grandes, si no hay ligamentos, de nada sirven. Porque cualesquiera buenas obras que uno tenga, todas se desvanecen si no está presente la caridad. No dijo que es la cumbre, sino algo mayor, el vínculo; esto es más necesario que aquello. Pues la cumbre es una intensidad de la perfección, mas el vínculo es lo que mantiene firmemente unidas aquellas cosas que producen la perfección; es, por así decir, la raíz.
Vers. 15. Y reine en vuestros corazones la paz de Dios, a la cual también fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La paz de Dios. Ésta es la que es firme y estable. Pues si tenéis paz por causa de los hombres, pronto llega a disolverse; mas si por causa de Dios, jamás. Aunque había hablado de la caridad en general, de nuevo desciende a lo particular. Porque hay también un amor desmedido; por ejemplo, cuando por mucho amor uno acusa sin razón, se enreda en contiendas y contrae aversiones. No esto, dice, no esto deseo; no que exageréis las cosas, sino que, como Dios hizo la paz con vosotros, así también vosotros la hagáis. ¿Cómo hizo la paz? Por su propia voluntad, no habiendo recibido nada de vosotros. ¿Qué es esto? Reine en vuestros corazones la paz de Dios. Si dos pensamientos combaten entre sí, no pongas por juez a la ira ni al rencor para que se lleven el premio, sino a la paz. Por ejemplo: supón que uno ha sido injuriado injustamente; de la injuria nacen dos pensamientos, el uno que le manda vengarse, el otro que le manda soportar; y luchan uno con otro: si la paz de Dios se adelanta como árbitro, otorga el premio al que manda soportar, y avergüenza al otro. ¿Cómo? Persuadiéndole de que Dios es paz, de que ha hecho la paz con nosotros. No sin razón muestra cuán grande es la lucha que hay en este asunto. No juzgue la ira, dice, ni la contienda, ni la paz humana; pues la paz humana viene de vengarse, de no sufrir ningún grave mal. Mas no es esto lo que yo pretendo, dice, sino aquella que Él mismo dejó.
Ha representado dentro, en los pensamientos, una arena, un certamen, una lucha y un árbitro. Luego, de nuevo, la exhortación: a la cual fuisteis llamados, dice, esto es, para la cual fuisteis llamados. Les ha recordado de cuántos bienes es causa la paz; por ella os llamó, para ella os llamó, de modo que recibáis un premio digno. Pues ¿por qué nos hizo un solo cuerpo? ¿No fue para que ella reinara? ¿No fue para que tuviéramos ocasión de estar en paz? ¿Por qué somos todos un solo cuerpo? Por la paz somos un solo cuerpo, y por ser un solo cuerpo estamos en paz. Mas ¿por qué no dijo: venza la paz de Dios, sino: arbitre? La hizo más honorable. No quiso que el mal pensamiento viniera a luchar con ella, sino que se mantuviera por debajo. Y el nombre mismo de premio alegró al oyente. Pues si ella ha dado el premio al buen pensamiento, por muy desvergonzadamente que se porte el otro, ya de nada sirve. Y además, el otro, sabiendo que, por muchas proezas que hiciere, no había de recibir el premio, aunque se hinche y acometa con más vehemencia, desistirá como quien trabaja sin provecho. Y bien añadió: y sed agradecidos. Pues esto es ser agradecido, y muy eficazmente: portarse con sus consiervos como Dios se porta consigo mismo, someterse al Señor, obedecer, dar gracias por todas las cosas, aunque alguno le injurie o le golpee.
Reside en vosotros abundantemente la palabra de Cristo, en toda sabiduría; enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones a Dios. Y todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él. Habiéndolos exhortado a ser agradecidos, muestra también el camino, aquel del que poco ha os he hablado. ¿Y qué dice? Reside en vosotros abundantemente la palabra de Cristo; o más bien, no sólo de este modo, sino también de otro. Pues yo dije que debemos contar a los que han padecido cosas más terribles y a los que han sufrido males más graves que los nuestros, y dar gracias de que tales cosas no nos hayan tocado en suerte; mas ¿qué dice él? Resida en vosotros la palabra de Cristo, esto es, la enseñanza, las doctrinas, la exhortación, en la cual dice que la vida presente no es nada, ni sus bienes. Si esto sabemos, no cederemos ante ninguna adversidad. Resida en vosotros, dice, abundantemente; no simplemente que resida, sino con gran abundancia. Oíd, cuantos sois del siglo y tenéis a cargo esposa e hijos, cómo también a vosotros os encomienda especialmente la lectura de las Escrituras, y no hecha a la ligera ni de cualquier modo, sino con mucho empeño. Porque, así como el rico en dinero puede soportar multas y daños, así el que es rico en las doctrinas de la sabiduría soportará no sólo la pobreza, sino también todas las calamidades con facilidad, y aun más fácilmente que aquél. Pues, en cuanto a aquél, pagando la multa el rico necesariamente se empobrece y queda menesteroso, y si muchas veces padeciere de ese modo, ya no podrá soportarlo; mas en este caso no es así, porque ni siquiera gastamos nuestros sanos pensamientos cuando nos es necesario soportar algo que no quisiéramos, sino que permanecen con nosotros de continuo. Y advierte la sabiduría de este bienaventurado varón. No dijo simplemente: esté en vosotros la palabra de Cristo, sino ¿qué? Resida en vosotros, y abundantemente.
En toda sabiduría, enseñándoos y amonestándoos unos a otros. En toda, dice. Llama sabiduría a la virtud, y la humildad de espíritu es sabiduría, y la limosna, y otras cosas semejantes son sabiduría; así como sus contrarios son necedad, pues también la crueldad procede de la necedad. Por lo cual en muchos lugares llama necedad a todo el pecado. Dijo el necio en su corazón: No hay Dios; y también: Se pudrieron y corrompieron mis llagas ante la faz de mi necedad. Pues ¿qué hay más necio, dime, que quien se envuelve en sus propios vestidos, mas no se cuida de sus hermanos desnudos; que alimenta perros, y no le importa que la imagen de Dios perezca de hambre; que está persuadido de que las cosas humanas no son nada, y sin embargo se aferra a ellas como si fueran inmortales? Así pues, como nada hay más necio que tal hombre, nada hay más sabio que el que alcanza la virtud. Porque mira cuán sabio es: reparte de sus bienes, es compasivo, es amante de los hombres, ha considerado bien que tiene con ellos una naturaleza común; ha considerado bien el uso de la riqueza, que no merece estima alguna; que se debe ser más ahorrativo con los cuerpos que nos son afines que con la riqueza. El que desprecia la gloria es del todo sabio, pues conoce las cosas humanas; y el conocimiento de las cosas divinas y humanas es la filosofía. Así pues, sabe cuáles son las cosas divinas y cuáles las humanas, y de las unas se aparta, y en las otras pone su esfuerzo. Y sabe también dar gracias a Dios en todas las cosas; tiene por nada la vida presente; por eso ni se deleita con la prosperidad, ni se aflige con la condición contraria.
Enseñándoos, dice, y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales. Advierte también la delicadeza de Pablo. Viendo que la lectura es trabajosa y grande su fastidio, no los condujo a las historias, sino a los salmos, para que a la vez deleitéis vuestra alma con el canto y suavemente aliviéis vuestras fatigas. Himnos, dice, y cánticos espirituales. Mas ahora vuestros hijos entonarán cantos y danzas de Satanás, como los cocineros, los reposteros y los músicos; nadie sabe salmo alguno, sino que hasta parece cosa de vergüenza, y burla, y chanza. Ahí está el almacén de todos estos males. Porque, cualquiera que sea el suelo en que está la planta, tal es el fruto que da; si en suelo arenoso y salobre, de igual naturaleza es su fruto; si en uno dulce y fértil, otra vez es semejante. Así, la materia de la instrucción es como una fuente.
¿Cuál es el himno de los de arriba? Los fieles lo saben. ¿Qué dicen los querubines allá en lo alto? ¿Qué dicen los ángeles? Gloria a Dios en las alturas. Por eso, después de la salmodia vienen los himnos, como cosa de mayor perfección. Con salmos, dice, con himnos, con cánticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones a Dios. Quiere decir, o bien esto: que Dios por gracia nos ha dado estas cosas; o bien: con los cánticos en la gracia; o bien: amonestándoos y enseñándoos unos a otros en la gracia; o bien: que tenían estos dones por gracia; o bien es una explicación, y quiere decir: por la gracia del Espíritu. Cantando en vuestros corazones a Dios. No simplemente con la boca, quiere decir, sino con atención. Pues esto es cantar a Dios; aquello, al aire, porque la voz se dispersa sin fruto. No para ostentación, quiere decir. Y aunque estéis en la plaza, podéis recogeros y cantar a Dios sin que nadie os oiga. Pues también Moisés oró de este modo, y fue escuchado, porque dice: ¿Por qué clamas a Mí?, aun cuando nada había dicho, sino que clamaba con el pensamiento —por lo cual sólo Dios le oyó— con corazón contrito. Pues no se prohíbe a nadie, aun caminando, orar en su corazón y morar en las alturas.
Vers. 17. Y todo cuanto hagáis, dice, de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él. Porque si así lo hacemos, nada habrá manchado, nada inmundo, dondequiera que sea invocado Cristo. Si coméis, si bebéis, si os casáis, si viajáis, hacedlo todo en el nombre de Dios, esto es, llamándole en vuestra ayuda: en todo, orándole primero, así emprended vuestro negocio. ¿Queréis decir algo? Poned esto por delante. Por esta causa también nosotros ponemos al frente de nuestras epístolas el nombre del Señor. Dondequiera que esté el nombre de Dios, todo es de buen augurio. Pues si los nombres de los cónsules dan firmeza a los escritos, mucho más el nombre de Cristo. O quiere decir esto: después de Dios, decid y haced todas las cosas, no introduzcáis además a los ángeles. ¿Coméis? Dad gracias a Dios antes y después. ¿Dormís? Dad gracias a Dios antes y después. ¿Os lanzáis al foro? Haced lo mismo; nada mundano, nada de esta vida. Hacedlo todo en el nombre del Señor, y todo os saldrá prósperamente. Dondequiera que se ponga el Nombre, allí todas las cosas son de buen augurio. Si arroja demonios, si ahuyenta enfermedades, mucho más hace fácil el negocio.
¿Y qué es hacer de palabra o de obra? Pedir o ejecutar cualquier cosa. Oíd cómo en el nombre de Dios envió Abraham a su siervo; David en el nombre de Dios mató a Goliat. Admirable es su Nombre y grande. Y también Jacob, enviando a sus hijos, dice: Mi Dios os dé gracia a los ojos de aquel varón. Porque el que esto hace tiene por aliado a Dios, sin el cual nada osaba emprender. Honrado, pues, al ser invocado, honrará a su vez haciéndoles fácil su negocio. Invocad al Hijo, dad gracias al Padre. Pues cuando el Hijo es invocado, el Padre es invocado, y cuando a Él se le dan gracias, al Hijo se le han dado gracias.
Homilía 8 + Homilía 9 sobre Colosenses, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org
Evangelio (Luc. 2, 42-52)
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam. Cum factus esset Jesus annórum duódecim, ascendéntibus illis Jerosólymam secúndum consuetúdinem diéi festi, consummatísque diébus, cum redírent, remánsit puer Jesus in Jerúsalem, et non cognovérunt paréntes ejus. Existimántes autem illum esse in comitátu, venérunt iter diéi, et requirébant eum inter cognátos et notos. Et non inveniéntes, regréssi sunt in Jerúsalem, requiréntes eum. Et factum est, post tríduum invenérunt illum in templo sedéntem in médio doctórum, audiéntem illos et interrogántem eos. Stupébant autem omnes, qui eum audiébant, super prudéntia et respónsis ejus. Et vidéntes admiráti sunt. Et dixit Mater ejus ad illum: Fili, quid fecísti nobis sic? Ecce, pater tuus et ego doléntes quærebámus te. Et ait ad illos: Quid est, quod me quærebátis? Nesciebátis, quia in his, quæ Patris mei sunt, opórtet me esse? Et ipsi non intellexérunt verbum, quod locútus est ad eos. Et descéndit cum eis, et venit Názareth: et erat súbditus illis. Et Mater ejus conservábat ómnia verba hæc in corde suo. Et Jesus proficiébat sapiéntia et ætáte et grátia apud Deum et hómines.
Y siendo el niño ya de doce años cumplidos, habiendo subido a Jerusalén , según solían en aquella solemnidad, acabados aquellos días, cuando ya se volvían, se quedó el niño Jesús en Jerusalén , sin que sus padres lo advirtiesen; antes bien, persuadidos de que venía con algunos de los de su comitiva, anduvieron la jornada entera buscándole entre los parientes y conocidos. Mas como no le hallasen, retornaron a Jerusalén , en su busca. Y al cabo de tres días de haberle perdido, le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, que ora les escuchaba, ora les preguntaba. Y cuantos le oían quedaban pasmados de su sabiduría y de sus respuestas. Al verle, pues, sus padres quedaron maravillados; y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Mira cómo tu padre y yo llenos de aflicción te hemos andado buscando. Y él les respondió: ¿Cómo es que me buscabas? ¿No sabíais que yo debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre? Mas ellos por entonces no comprendieron el sentido de la respuesta. En seguida se fue con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto. Y su madre conservaba todas estas cosas en su corazón. Jesús entretanto crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios, y de los hombres. [Torres Amat]
Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino
San Lucas 2, 42-52 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.
San Cirilo. Como había dicho el evangelista que el niño crecía y se fortificaba, confirma estas palabras diciendo que Jesús subió a Jerusalén juntamente con la Santísima Virgen con estas palabras: "Y siendo el Niño ya de doce años cumplidos", etc.
Griego, o Geómetra. La manifestación de su sabiduría no pasó más allá de lo que permitía su edad, porque entramos por lo general a los doce años en el dominio de la razón, y a esa edad fue cuando se manifestó la sabiduría de Jesús.
San Ambrosio, in Lucam, 2. También puede decirse que a los doce años empezó la controversia del Señor y en verdad que este número de doce debía ser el de aquellos que habían de predicar la fe evangélica.
Basilio. También podemos decir que, como el número doce tiene cierta analogía con el siete -puesto que es producto de los factores tres y cuatro, que sumados hacen siete y multiplicados doce- expresa la universalidad y perfección de las cosas y de los tiempos. Por tanto la luz de Cristo, que había de llenar todo lugar y todo tiempo, empieza con razón por dicho número.
Beda. La ida del Señor con sus padres a Jerusalén todos los años por la Pascua, es una señal de humana humildad. Porque es deber del hombre acudir a ofrecer sacrificios al Señor y hacérsele propicio por medio de oraciones. Hizo, pues, el Señor entre los hombres, habiendo nacido hombre, lo mismo que Dios había mandado a los hombres por medio de sus ángeles. Por lo que dice: "Según solían en aquella solemnidad". Sigamos, pues, el camino de su vida humana, si nos deleita la idea de ver la gloria de su divinidad.
Griego, o Geómetra. Una vez celebrada la fiesta, cuando todos se volvían, Jesús se quedó sin que nadie lo notara, según estas palabras: "Acabados aquellos días, así que se volvían, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que sus padres lo advirtiesen". Dice, pues: "Acabados aquellos días", porque la solemnidad duraba siete días. Permanece oculto para que sus padres no le impidan disputar con los doctores de la ley. O tal vez para evitar que pareciese que menospreciaba a sus padres, si no obedecía sus mandatos. Se queda, en conclusión, sin que nadie lo note, para que no se lo estorben y para no ser desobediente.
Orígenes, in Lucam, 19. No debe llamar la atención que se designe con el nombre de padres a aquellos que merecieron, una el nombre de Madre por haberle dado a luz, y otro el de padre, como protector suyo que era.
Beda. Pero alguno preguntará, cómo el Hijo de Dios, objeto de tanto cuidado por parte de sus padres, pudo quedar olvidado. A lo que se debe responder que era costumbre entre los israelitas, en los tiempos de las fiestas, bien cuando acudían a Jerusalén, o ya cuando volvían a sus casas, el ir separados los hombres de las mujeres, que los niños podían ir indiferentemente con el padre o con la Madre. Por tanto que San José y la Santísima Virgen, no viendo al niño a su lado, creyeron cada uno por su parte que iría en compañía del otro. Por lo cual sigue: "Antes bien, creyendo que venía con alguno de los de su comitiva", etc.
Orígenes, in Lucam, 19. Así como cuando le ponían asechanzas los judíos, se salió de en medio de ellos y ya no apareció, así es de creer que el niño Jesús se quedó ahora, y que sus padres no supieron en dónde se había quedado, según lo que sigue: "Y como no le hallasen, se volvieron a Jerusalén en busca suya".
Glosa, ordin. El primer día se alejan de Jerusalén, el segundo lo buscan entre los parientes y los conocidos, y, no encontrándolo, en el tercer día volvieron a Jerusalén, y allí lo encontraron. Por lo cual prosigue: "Y al cabo de tres días de haberle perdido, le encontraron", etc.
Orígenes, in Lucam, 19. No lo encontraron inmediatamente después que lo buscaron, porque Jesús no está entre los parientes y deudos, según la carne; ni entre los que están unidos a El por los lazos del cuerpo; ni puede encontrarse mi Jesús entre la muchedumbre. El lugar en que lo encontraron los que buscaban no es un lugar cualquiera -fijémonos bien en ello- sino el templo. Busquémoslo también nosotros, por tanto, en el templo de Dios. Busquémoslo en la Iglesia, busquémoslo entre los doctores que se hallan en el templo, porque si así lo hacemos, lo encontraremos.
Orígenes, in Lucam, 19. No lo encuentran entre los parientes, porque el parentesco humano no podía contener al Hijo de Dios, ni entre los conocidos, porque está sobre el conocimiento y la ciencia humana: ¿en dónde lo encuentran, pues? En el templo. Si, pues, nosotros lo buscásemos también alguna vez, busquémoslo en el templo. Apresurémonos a ir allí, que allí sí encontraremos a Cristo, palabra y sabiduría. Esto es, al Hijo de Dios.
San Ambrosio. Después de tres días se le encuentra en el templo, para indicar que tres días después del triunfo de su pasión, y cuando se lo creía muerto, resucitaría y se mostraría a nuestra fe en trono celestial y en honor divino.
Glosa, ordin. O porque no encontraron a Cristo los patriarcas buscándolo antes de la ley, ni lo encontraron los profetas y los justos buscándolo bajo la ley, y lo han encontrado las naciones buscándolo bajo la gracia.
Orígenes, in Lucam, 19. Porque era Hijo de Dios, se encuentra en medio de los doctores instruyéndolos con su sabiduría. Porque era niño, se encuentra en medio de ellos, no enseñándoles, sino preguntándoles, por lo cual dice: "Sentado en medio de los doctores, que, ora los escuchaba, ora les preguntaba". Por su misericordia nos enseña de este modo que corresponde a los niños (aun cuando sean sabios e instruidos) más bien oír a sus maestros que desear enseñarles y jactarse con vana ostentación. Preguntaba, no para aprender, sino para ilustrar preguntando; que el preguntar y responder con sabiduría nacen de una sola fuente de doctrina. De donde, prosigue: "y cuantos le oían quedaban pasmados de su sabiduría", etc.
Beda. Para manifestar que era hombre, oía humildemente a maestros que al fin eran hombres. Para probar que era Dios, les respondía de una manera sublime cuando le preguntaban.
Griego, o Geómetra. Pregunta de una manera razonable, oye de una manera prudente, y responde de una manera todavía más prudente, lo cual llenaba de estupor a los que lo oían. Por lo cual, sigue: "Al verle, pues, sus padres, quedaron maravillados".
San Juan Crisóstomo, super Ioannem, hom. 20. El Señor no hizo ningún milagro durante su niñez. Solamente hizo esto, como refiere San Lucas, en el cual se mostró admirable.
Beda. Manifestaba, pues, su lengua una sabiduría divina, pero su edad manifestaba la debilidad humana, por lo que los judíos, turbados y admirados, dudan entre la sublimidad de lo que oyen y la humildad de lo que ven. Nosotros, sin embargo, no debemos admirarnos de ningún modo, porque sabemos por el profeta ( Is 9,5) que, aun cuando ha nacido niño para nosotros, siempre es el Dios fuerte.
Griego, o Geómetra. Admiremos a la Madre de Dios, afectada en sus maternales entrañas, que manifiesta como con lamentos sus dolorosas pesquisas, y expresa lo que siente con la confianza, la humildad y la ternura de una madre. Por lo cual sigue: "Y le dijo su Madre: Hijo, ¿por qué te has portado así?", etc.
Orígenes, in Lucam, 19. Sabía la Santísima Virgen que Jesús no era hijo de San José, y sin embargo llama padre del niño a su esposo, por la creencia de los judíos que suponían que Jesús había sido concebido como los demás hombres.
Origenes, in Lucam, 17. Se podría decir sencillamente, que el Espíritu Santo le honró con el nombre de padre, y que él educó al niño Jesús. O hablando de una manera más ingeniosa, que, habiendo dado la genealogía de José hasta David, no quiso se censurara como superflua.
Origenes, in Lucam, 19. Pero ¿por qué lo buscaban? ¿Creían que había perecido o que se había perdido? ¡Lejos de nosotros tal presunción! ¿Podían temer, acaso, que se perdiese un niño que sabían era Dios? Pero así como nosotros al leer la Sagrada Escritura buscamos con dolor el sentido de ella, no porque creemos que las Escrituras vayan fuera de camino, o porque contengan algún error, sino porque deseamos encontrar la verdad intrínseca de ellas, así también buscaban ellos a Jesús, temiendo los dejase para volverse al cielo, y bajar otra vez cuando quisiera. Conviene, pues, que el que busca a Jesús no pase de una manera negligente y perezosa, como lo buscan muchos y no lo encuentran, sino con trabajo y con dolor.
Glosa, ordin. También podía ser que temiesen que lo que Herodes había tratado de llevar a cabo en su infancia, ahora, encontrada la ocasión oportuna, lo ejecutasen otros matándolo en su edad infantil.
Griego, o Geómetra. Pero el mismo Señor responde a todo, y corrigiendo en cierto modo lo que se había dicho del que era reputado por su padre, manifiesta al que lo es verdaderamente, enseñando no a caminar por la tierra, sino a levantarse hasta el cielo, por lo que continúa: "Y El les respondió: ¿Cómo es que me buscabais?".
Beda. No los reprende porque lo buscan como hijo, sino que les hace levantar los ojos de su espíritu para que vean lo que debe a Aquel de quien es Hijo eterno. Por esto sigue: "No sabíais que yo debo emplearme", etc.
San Ambrosio. Hay en Jesucristo dos generaciones: una paterna, otra materna. La paterna es divina, y la materna es por la que bajó hasta nuestra vida y nuestras miserias.
San Cirilo. Dice esto, pues, para manifestar que El está por encima de la naturaleza humana, y dando a entender que la Santísima Virgen es un instrumento de la redención, dándolo a luz, pero que por naturaleza El es verdaderamente Dios e Hijo del excelso Padre. Avergüéncense, pues, aquí los sectarios de Valentino, de decir, después de haber oído que era el templo de Dios, que el Creador y el Dios de la ley y del templo no es el mismo Padre de Jesucristo.
San Epifanio, contra Haer., lib. 2, haer. 30. Observe Ebión que Jesucristo es admirable en sus discursos a los doce años de edad, y no a los treinta. Lo cual no quiere decir que después que vino el Espíritu Santo sobre El cuando fue bautizado, fue convertido en Cristo, esto es, ungido del Señor, sino que desde su infancia reconoció el templo y a su Padre.
Griego, o Geómetra. Esta es la primera manifestación de la sabiduría y de la virtud del niño Jesús, porque lo que llaman sus puerilidades, no lo dicen inocentemente como pueril, sino que lo consideramos diabólico y mal intencionado, puesto que pretenden falsear lo que se encuentra en el Evangelio y en las divinas Escrituras, a no ser que las tomemos en el sentido en que son creídas por muchos, y que no es contrario a nuestras creencias. Antes bien, está en un todo conforme con lo dicho por los profetas, porque era el más hermoso de los hijos de los hombres, obediente a su Madre, complaciente en sus costumbres, no menos venerable y agradable en su aspecto, fecundo en la palabra, dulce y próvido, de un valor notable como el que estaba lleno de la gracia divina. Y así como sucede en otro, su conversación y su locución, aunque sobrehumanas, tenían su límite y su razón, habiendo elegido para sí la mansedumbre el lugar principal. En todas estas cosas, nada ni nadie le dirigió, excepto la mano de su Madre. En esto podemos aprender cosas de gran utilidad. Respondiendo el Señor a María porque lo ha buscado entre sus parientes, nos sugiere el desprendimiento de la sangre, manifestando que el que se halla ocupado de las cosas corporales, no puede llegar al término de la perfección, de la cual se separa el hombre por el afecto de los parientes.
Griego, o Geómetra. Prosigue: "Mas ellos no entendieron", etc.
Beda. Porque les hablaba por cierto de su divinidad.
Orígenes, in Lucam, 20. No sabían si diciéndoles "en las cosas de mi Padre", quería decirles "del templo", o de otra más elevada y edificante, porque cada uno de nosotros, si es bueno, es asiento de Dios Padre, y si alguno de nosotros es asiento de Dios Padre, tiene consigo a Jesús su Hijo.
Griego, o Geómetra. Todo el tiempo que pasó entre la primera manifestación de Jesucristo y el día de su bautismo, y que no fue señalado por milagros famosos y públicos ni por su doctrina, lo resume el evangelista en una sola palabra diciendo: "En seguida se fue con ellos", etc.
Orígenes, in Lucam, 20. Con frecuencia bajó Jesús con sus discípulos, pues no siempre estaba en el monte, porque los que estaban enfermos no podían subir a él. Del mismo modo, pues, baja ahora a otros que se hallan abajo.
Orígenes, in Lucam, 20. Prosigue: "Y les estaba sujeto", etc.
Griego, o Geómetra. Alguna vez empezaba por instituir la ley con la palabra y después la comprobaba con las obras, como dice: "El buen pastor da su vida por sus ovejas" ( Jn 10,11), y en efecto, poco después (deseando nuestra salvación) nos dio su propia vida. Otras veces, por el contrario, daba primero el ejemplo y después explicaba la manera de vivir bien, como aquí, en que por sus obras nos enseña que hay tres cosas que deben aventajar a las demás: amar a Dios, honrar a sus padres y dar la preferencia a Dios aun sobre los mismos padres. Porque cuando fue reprendido por sus padres, considera como de poca importancia todas las cosas que no son de Dios, y luego obedece también a sus padres.
Beda. ¿Qué había de hacer el maestro de la virtud, sino llenar este deber de piedad? ¿Qué había de hacer entre nosotros sino aquello mismo que deseaba hiciésemos nosotros?
Orígenes, in Lucam, 20. Aprendamos también nosotros mientras somos hijos a vivir sometidos a nuestros padres. Y si nuestros padres faltan, vivamos sometidos a aquellos que hacen la vez de padres por su edad. Jesús, a pesar de ser Hijo de Dios, vive sometido a José y a María. Yo, por ejemplo, debo vivir sometido al obispo a quien se me ha designado como padre. San José comprendía sin duda que Jesús era más grande que él, y por ello respetuoso, moderaba su autoridad. Tengamos, pues, presente que muchas veces es mayor que nosotros el que nos está sometido, y así el que está constituido en dignidad superior no se ensoberbecerá sabiendo que es más que él aquel que le está subordinado.
San Gregorio Niceno, in Cat. graec. Patr. Además, los jóvenes todavía no tienen el discernimiento bien desarrollado -o sea la inteligencia- y necesitan que los conduzcan a un estado más perfecto los que tienen más edad -o lo que es lo mismo, que los lleven como de la mano a lo mejor aquellos que son más perfectos-. Teniendo Jesús doce años obedece a sus padres para dar a conocer que todo el que se perfecciona por grados en la virtud, antes de llegar al término de su perfección debe abrazar para su utilidad la obediencia como medio de llegar al bien.
San Basilio, in lib. relig. Obedeciendo desde su primera edad a sus padres, se sometió Jesús humilde y respetuosamente a todo trabajo corporal, porque, aunque eran honestos y justos, con todo, como pobres y sufriendo escasez hasta en lo necesario -como lo demuestra el pesebre venerado donde nació el Señor-, es claro que se procuraban lo necesario para la vida con el continuo sudor de sus cuerpos. Y bien, Jesús, que obedecía a sus padres -como dice la Sagrada Escritura-, tomaba parte en sus trabajos con entera sumisión.
San Ambrosio. ¿Y llamará la atención que obedezca a su padre el que vive sometido a la Madre? No es por debilidad por lo que se somete, sino por piedad. Aun cuando el hereje levante la cabeza y asegure que el que es enviado necesita del auxilio de otro. ¿Acaso necesitaba de auxilio humano porque obedecía a la autoridad de su Madre? ¿Se sometía a la sierva de Dios, se sometía a un padre que lo era sólo en la apariencia, y aun te causa admiración, que se sometiese a Dios? El obedecer al hombre es piedad, ¿y será debilidad el obedecer a Dios?
Beda. La Santísima Virgen ya sea porque no entendía estas cosas todavía, o porque las comprendiese, las guardaba en su corazón para examinarlas con más detenimiento. Por lo cual sigue: "Y su Madre conservaba todas estas cosas en su corazón".
Griego, o Geómetra. Consideraremos cómo María, mujer prudentísima, Madre de la verdadera Sabiduría, es discípula de este niño, oyéndole, no como a un niño o como a un hombre, sino como a Dios. Después meditaba sus divinas palabras y sus obras sin perder ni una sola de ellas, y así como concibió al Divino Verbo en sus entrañas, así ahora también recibiría todas sus acciones y todas sus palabras en su corazón, y en él -por decirlo así- las fomentaba. Unas veces contemplaba el presente en sí misma, otras veces esperaba que el porvenir lo revelaría todo con más claridad, haciendo de esto la regla y la ley de toda su vida.
Griego, o Geómetra. Prosigue: "Jesús entretanto crecía en sabiduría", etc.
Teofilacto. No dice esto porque fuese haciéndose sabio progresivamente, sino porque poco a poco iba manifestando su sabiduría. Así lo hizo cuando discutía con los escribas, preguntándoles sobre la ley con admiración de todos los que lo oían. De este modo es cómo crecía en sabiduría, es decir, siendo conocido por muchos y llenándolos de admiración, así que la manifestación de su sabiduría es la que constituye su progreso. Por esto vemos que el evangelista, para explicar este asunto de sabiduría, añade luego "y en edad", porque el progreso y el crecimiento de la edad, es lo que llama el crecimiento de la sabiduría.
Teofilacto. Pero dicen los herejes eunomianos: ¿Cómo puede ser igual al Padre en sustancia aquél de quien se dice que crece como imperfecto? No se dice, pues, que crecía en cuanto era Verbo, sino en cuanto era hombre. Y verdaderamente, si creció después que fue hecho hombre el que antes había sido imperfecto, ¿qué razón hay para que le demos gracias por haberse encarnado por nosotros? ¿Cómo, si es la verdadera sabiduría, puede crecer? ¿Ni cómo puede tampoco crecer en gracia Aquel que la da superabundante a los demás? Además, si ninguno se escandaliza cuando oye que el divino Verbo se ha humillado (sintiendo flaquezas indignas de Dios), sino que más bien se admira de su misericordia, ¿no será extraño el que se escandalice cuando oye decir que crece? Así como se ha humillado por nosotros, así también crece por nosotros, para que nosotros a la vez crezcamos en El, puesto que hemos caído por el pecado. Porque todo lo que se refiere a nosotros, el mismo Jesucristo lo ha tomado sobre sí con el fin de hacerlo mejor.
San Cirilo. Y obsérvese que no dice que es el Verbo quien crece, sino Jesús, para que no entendamos que es el Verbo puro quien crece, sino el Verbo hecho carne.
Teofilacto. Y así como decimos que el Verbo encarnado es quien ha padecido, aunque sólo sea su carne quien ha padecido (porque en realidad la carne del Verbo es la que sufría), así se dice que crece, porque la humanidad era la que crecía en El.
San Gregorio Nacianceno. Se dice que crecía según la humanidad, no porque recibía algún aumento, siendo así que desde el principio fue perfecta, sino porque se manifestaba poco a poco.
Teofilacto. La ley natural repugna que tenga el hombre una inteligencia superior a su edad. Así el Verbo (hecho hombre) era perfecto, porque era la virtud y la sabiduría del Padre, pero como había de conformarse con nuestra naturaleza (a fin de que no se considerase extraño por los que lo veían), se manifestaba creciendo poco a poco como hombre en su cuerpo, y siendo considerado cada día como más sabio por los que lo veían y lo oían.
Griego. Crecía en edad, desarrollándose en el cuerpo hasta la virilidad, en sabiduría respecto de aquellos que eran instruidos por El en las cosas divinas, y en la gracia, por la cual seguimos adelante con alegría creyendo obtener al fin todo lo que nos ha prometido. Y esto, delante de Dios, quien perfeccionó la obra de su Padre, habiendo tomado nuestra carne mortal, y ante los hombres, por haberlos convertido del culto de los ídolos al conocimiento de la Santísima Trinidad.
Teofilacto. Dice, pues, ante Dios y ante los hombres, porque primero se debe agradar a Dios y después a los hombres.
San Gregorio Niceno, homiliae in Canticum, 3. La palabra aprovecha también de una manera diferente en las personas que la oyen, porque aparece, según es niño, adulto, o ya perfecto el hombre.
Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena