viernes, 24 de julio de 2026 · Feria Abstinencia

domingo, 29 de noviembre de 2015

I Domingo de Adviento

Las lecturas de la Misa de hoy, con el comentario de la tradición.

Epístola (Rom. 13, 11-14)

Lectio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Romános Fratres: Sciéntes, quia hora est jam nos de somno súrgere. Nunc enim própior est nostra salus, quam cum credídimus. Nox præcéssit, dies autem appropinquávit. Abjiciámus ergo ópera tenebrárum, et induámur arma lucis. Sicut in die honéste ambulémus: non in comessatiónibus et ebrietátibus, non in cubílibus et impudicítiis, non in contentióne et æmulatióne: sed induímini Dóminum Jesum Christum.

Cumplamos, pues, con él, y tanto más que sabemos que el tiempo insta, y que ya es hora de despertarnos de nuestro largo letargo. Pues estamos más cerca de nuestra salud, que cuando recibimos la fe. La noche está ya muy avanzada, y va a llegar el día de la eternidad. Dejemos, pues, las sobras de las tinieblas, y revistámonos de las armas de la luz. Andemos con decencia y honestidad, como se suele andar durante el día; no en comilonas y borracheras, no en deshonestidades y disoluciones, no en contiendas y envidias; mas revestíos de nuestro Señor Jesucristo, y no busquéis cómo contentar los antojos de vuestra sensualidad. [Torres Amat]

Comentario patrístico · Homilía 24 sobre Romanos — San Juan Crisóstomo

Y esto, conociendo el tiempo: que ya es hora de que nos levantemos del sueño.

Habiéndoles dado los preceptos que convenían, de nuevo los impele a la práctica de las buenas obras, en consideración de lo que sobre ellos apremiaba. Pues el tiempo del juicio, quiere decir, está a las puertas. Así también escribió a los Corintios: El tiempo que resta es breve. Y a los Hebreos, otra vez: Pues todavía un poco, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas en aquellos casos, para alentar a los atribulados y consolar las fatigas de sus tentaciones tan seguidas, decía tales cosas; pero en el pasaje que tenemos delante lo hace para despertar a los que duermen, siéndonos útil este lenguaje para ambos fines. ¿Y qué es lo que dice: Ya es hora de que nos levantemos del sueño? Es que cercana está la Resurrección, cercano el terrible Juicio, y el día que arde como un horno, cercano. De aquí en adelante, pues, hemos de vernos libres de nuestra desidia; porque ahora está más cerca nuestra salvación que cuando creímos. Ved cómo pone la Resurrección ya junto a ellos. Pues a medida que el tiempo avanza, quiere decir, la estación de nuestra vida presente se va consumiendo, y la de la vida venidera se acerca más. Si, pues, estuvieres preparado y hubieres hecho todo cuanto Él ha mandado, el día será para ti salvación; pero si lo contrario, no así. Por ahora, sin embargo, no los exhorta con motivos que atemoricen, sino con benignos, para desligarlos así también de su afición a las cosas de este mundo presente. Luego, como no era improbable que en el comienzo de sus primeros esfuerzos fuesen muy fervorosos, por estar entonces su deseo en pleno vigor, pero que, a medida que el tiempo pasase, todo su fervor se marchitase hasta reducirse a nada, dice que deben, no obstante, hacer lo contrario: no aflojar con el correr del tiempo, sino estar más llenos de vigor. Pues cuanto más cercano esté el Rey, tanto más deben aparejarse; cuanto más próximo esté el premio, tanto más despiertos deben estar para el certamen, ya que aun los corredores hacen esto: cuando están al fin de la carrera y cerca de recibir el premio, entonces se animan más. Por esto dijo: Ahora está más cerca nuestra salvación que cuando creímos.

V. 12. La noche está avanzada, y el día se acerca.

Si, pues, aquélla toca a su fin y éste se aproxima, hagamos de aquí en adelante lo que pertenece a éste, no a aquélla. Pues esto es lo que se hace en las cosas de esta vida. Y cuando vemos que la noche se inclina hacia la mañana, y oímos gorjear a la golondrina, cada uno de nosotros despierta a su vecino, aunque sea todavía de noche. Pero tan pronto como aquélla en verdad se retira, nos apremiamos unos a otros y decimos: ¡Ya es de día! Y todos nos ponemos a las obras del día, vistiéndonos, dejando nuestros sueños y sacudiendo del todo el sopor, para que el día nos halle prontos y no tengamos que comenzar a levantarnos y desperezarnos cuando ya el sol ha salido. Lo que, pues, hacemos en aquel caso, hagámoslo también aquí. Desechemos las imaginaciones, librémonos de los sueños de esta vida presente, dejemos a un lado su profundo letargo, y vistámonos de la virtud como de vestidura. Pues para señalar todo esto dice:

Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y revistámonos de las armas de la luz.

Sí, pues el día nos llama al orden de batalla y al combate. Mas no temáis al oír de orden de batalla y de armas. Pues en el caso de la armadura visible, revestírsela es tarea pesada y aborrecida. Pero aquí es cosa deseable y digna de pedirse en oración. ¡Porque de Luz son estas armas! Por eso te harán aparecer más resplandeciente que el rayo del sol, despidiendo gran fulgor, y te ponen en seguridad: pues son armas, y te hacen brillar; ¡porque armas de luz son! ¿Qué, pues? ¿No hay necesidad de que combatas? Sí, necesario es combatir, mas no afligirse y fatigarse. Pues no es en verdad guerra, sino danza solemne y día de fiesta: tal es la naturaleza de las armas, tal el poder del Capitán. Y como el esposo sale con rostro gozoso de su tálamo, así también aquel que está defendido con estas armas. Pues es a la vez soldado y esposo. Mas cuando dice: el día se acerca, ni siquiera consiente en que esté sólo cercano, sino que lo pone ya junto a nosotros. Pues dice:

Andemos decorosamente, como de día. Pues día es ya. Y aquello en que la mayoría insiste mucho en sus exhortaciones, de eso también se sirve él para atraerlos: el sentido de lo decoroso. Pues tenían gran miramiento a la estima de la muchedumbre. Y no dice: andad vosotros, sino andemos, haciendo así la exhortación libre de toda aspereza, y suave la reprensión.

No en glotonerías y embriagueces. No que prohíba el beber, sino el hacerlo sin medida; no el disfrutar del vino, sino el hacerlo con exceso. Como también lo siguiente lo expone igualmente con la misma medida, en las palabras:

No en lechos y lascivias; pues tampoco aquí prohíbe el trato de los sexos, sino el cometer fornicación. No en contienda y envidia. Es, pues, el linaje mortal de las pasiones lo que quiere extinguir: a saber, la concupiscencia y la ira. Por lo cual no sólo a ellas, sino aun a sus fuentes remueve. Pues no hay nada que tanto encienda la concupiscencia e inflame la ira como la embriaguez y el permanecer largo tiempo en el vino. Por lo cual, después de decir primero: no en glotonerías y embriagueces, prosiguió luego: no en lechos y lascivias, no en contienda y envidia. Y ni aun aquí se detiene, sino que, después de despojarnos de estas malas vestiduras, oíd cómo procede a ataviarnos, cuando dice:

V. 14. Antes bien, revestíos del Señor Jesucristo.

Ya no habla de obras, sino que los mueve a cosas mayores. Pues cuando hablaba del vicio, mencionaba sus obras; mas cuando de la virtud, no habla de obras, sino de armas, para mostrar que la virtud pone al que la posee en completa seguridad y en completo resplandor. Y ni aun aquí se detiene, sino que, llevando su discurso a algo mayor, cosa mucho más admirable, nos da al Señor mismo por vestidura, al Rey mismo: pues el que está revestido de Él tiene absolutamente toda virtud. Mas al decir: Revestíos, nos manda estar ceñidos de Él por todas partes. Como en otro lugar dice: Mas si Cristo está en vosotros. Y otra vez: Que Cristo more en el hombre interior. Pues quiere que nuestra alma sea morada suya, y Él mismo esté puesto en torno nuestro como vestidura, para ser Él para nosotros todas las cosas, tanto por dentro como por fuera. Pues Él es nuestra plenitud; porque es la plenitud de Aquel que llena todo en todos: y el Camino, y el Esposo, y el Desposado —pues os he desposado como casta virgen a un solo marido—; y raíz, y bebida, y manjar, y vida —pues dice: Vivo yo, mas ya no yo, sino que Cristo vive en mí—; y Apóstol, y Sumo Sacerdote, y Maestro, y Padre, y Hermano, y Coheredero, y partícipe del sepulcro y de la Cruz —pues dice: Fuimos sepultados juntamente con Él, y plantados juntamente a semejanza de su Muerte—; y Suplicante —pues somos embajadores en lugar de Cristo—; y Abogado ante el Padre —pues Él también, dice, intercede por nosotros—; y casa y morador —pues dice: El que permanece en Mí y Yo en él—; y Amigo —pues: Vosotros sois mis amigos—; y Fundamento, y Piedra angular. Y nosotros somos sus miembros y su heredad, y edificio, y ramas, y colaboradores. Pues ¿qué hay que Él no quiera ser para nosotros, cuando nos hace adherirnos y ajustarnos a Él de todas maneras? Y esto es señal de quien ama en extremo. Persuadíos, pues, y despertándoos del sueño, revestíos de Él; y cuando lo hayáis hecho, entregad vuestra carne a su freno. Pues esto es lo que da a entender al decir:

Y no tengáis cuidado de la carne para cumplir sus concupiscencias. Pues así como no prohíbe el beber, sino el beber con exceso, ni el casarse, sino el obrar con lascivia, así tampoco prohíbe tener cuidado de la carne, sino hacerlo con miras a cumplir sus concupiscencias, como, por ejemplo, pasando de lo necesario. Pues que sí manda tener cuidado de ella, oídlo de lo que dice a Timoteo: Usa de un poco de vino a causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades. Así también aquí quiere que se cuide de ella, pero para la salud, y no para la lascivia. Pues esto dejaría de ser tener cuidado de ella, cuando encendieras la llama, cuando hicieras poderoso el horno. Mas para que te formes una noción más clara de qué es tener cuidado de ella para cumplir sus concupiscencias, y huyas de tal cuidado, trae a la memoria a los borrachos, a los glotones, a los que se engríen en el vestido, a los afeminados, a los que viven una vida muelle y relajada, y verás lo que se quiere decir. Pues todo lo hacen, no para estar sanos, sino para ser lascivos y encender el deseo. Mas tú, que te has revestido de Cristo, poda todas esas cosas, y busca una sola: tener tu carne en salud. Y hasta este grado ten cuidado de ella, y no más allá, sino emplea toda tu diligencia en el cuidado de las cosas espirituales.

Homilía 24 sobre Romanos, San Juan Crisóstomo · Traducción del editor, del texto de dominio público (NPNF, Schaff 1889) · fuente: newadvent.org

Evangelio (Luc. 21, 25-33)

Sequéntia sancti Evangélii secundum Lucam In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Erunt signa in sole et luna et stellis, et in terris pressúra géntium præ confusióne sónitus maris et flúctuum: arescéntibus homínibus præ timóre et exspectatióne, quæ supervénient univérso orbi: nam virtútes cœlórum movebúntur. Et tunc vidébunt Fílium hóminis veniéntem in nube cum potestáte magna et majestáte. His autem fíeri incipiéntibus, respícite et leváte cápita vestra: quóniam appropínquat redémptio vestra. Et dixit illis similitúdinem: Vidéte ficúlneam et omnes árbores: cum prodúcunt jam ex se fructum, scitis, quóniam prope est æstas. Ita et vos, cum vidéritis hæc fíeri, scitóte, quóniam prope est regnum Dei. Amen, dico vobis, quia non præteríbit generátio hæc, donec ómnia fiant. Cœlum et terra transíbunt: verba autem mea non transíbunt.

Se verán fenómenos prodigiosos en el sol, la luna y las estrellas, y en la tierra estarán consternadas y atónitas las gentes por el estruendo del mar y de las olas, secándose los hombres de temor y de sobresalto, por las cosas que han de sobrevenir a todo el universo; porque las virtudes de los cielos estarán bambaleando. Y entonces será cuando verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y majestad. Como quiera, vosotros, al ver que comienzan a suceder estas cosas, abrid los ojos, y alzad la cabeza, estad de buen ánimo, porque vuestra redención se acerca. Y les propuso esta comparación: Reparad en la higuera y en los demás árboles. Cuando ya empieza a brotar el fruto, conocéis que está cerca el verano. Así también vosotros, viendo la ejecución de estas cosas, entended que el reino de Dios está cerca. Os empeño mi palabra, que no se acabará esta generación, hasta que todo lo dicho se cumpla. El cielo y la tierra se mudarán, pero mis palabras no faltarán. [Torres Amat]

Comentario de los Padres · Catena Aurea (Cadena de Oro) — Santo Tomás de Aquino

San Lucas 21, 25-33 — glosas de los Padres griegos y latinos, encadenadas por Santo Tomás.

Beda. Anuncia después lo que sucederá cuando se cumpla el tiempo de las naciones, diciendo: "Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas".

San Ambrosio. Estas señales son expresadas con más claridad por San Mateo de este modo: "Entonces se oscurecerá el sol, no dará luz la luna y caerán del cielo las estrellas" ( Lc 24,29 ).

San Eusebio. Entonces, pues, cuando se consuma la vida corruptible, y pase, según el Apóstol, la especie de este mundo y suceda un nuevo siglo en el que en vez de astros luminosos brillará Cristo como el lucero y rey de un siglo nuevo, será tanto el brillo de su poder y de su gloria, que el sol que brilla ahora, y la luna y las demás estrellas, se eclipsarán a la venida de mayor luz.

Crisóstomo. Así como en este siglo desaparecen la luna y las estrellas en cuanto sale el sol, así en la gloriosa aparición de Cristo se oscurecerá el sol y no dará luz la luna, y caerán las estrellas del cielo, el cual se despojará de su manto primitivo para vestirse otro de luz mucho mejor.

San Eusebio. Manifiesta a continuación lo que sucederá al orbe después que se oscurezcan los astros, y cuál será la angustia de las gentes, diciendo: "Y se abatirán las naciones en la tierra por la confusión del rugido del mar", etc., en donde parece enseñar que el principio de la trasmutación del universo habrá de venir por la falta de la sustancia húmeda. Esta será, pues, consumida o helada, de modo que no se oirá ya el ruido del mar, ni sus olas tocarán la arena a causa de la extremada sequía, y las demás partes del mundo sufrirán una transformación, no recibiendo ya el vapor que constantemente le enviaba la sustancia húmeda. Y así, como la aparición del Salvador debe combatir los prodigios opuestos a Dios, esto es, el Anticristo, tomarán principio sus venganzas de la sequía, de suerte que no se oirá ya la tempestad ni el ruido del mar, y entonces será el momento de la angustia de los hombres que sobrevivan. Continúa, pues: "Y los hombres estarán sedientos: es decir, se consumirán por el temor y la expectación de lo que debe suceder en todo el universo". Manifiesta luego lo que sucederá, diciendo: "Porque las potestades de los cielos se conmoverán".

Teofilactus. O de otro modo, cuando se trastorne el orbe superior, los elementos inferiores sufrirán el mismo trastorno. Así dice: "Y se abatirán las naciones de la tierra", etc. Como si dijera: Bramará terriblemente el mar y la tempestad agitará sus costas, de tal suerte que se abatirán los pueblos, esto es, la miseria será común, hasta que se consuman por el temor y la expectación de los males que asaltarán al mundo. Y continúa: "Y los hombres se abatirán por el temor y la expectación de lo que va a suceder en todo el universo".

San Agustín, ad Hesychium epist 80. Pero diréis: estos males nos obligan a reconocer que ha llegado ya el fin, puesto que se cumple lo predicho. Porque es cierto que no hay nación ni lugar que no se halle hoy en la aflicción y la tribulación. Pero si los males que sufre ahora el género humano son indicios ciertos de que ha de venir el Señor, ¿por qué dice el Apóstol: "Cuando dijeren: paz y seguridad?" ( 1Tes 5,3). Veamos, pues, si debe entenderse más bien que no se cumplirá de este modo lo predicho en estas palabras, sino que sucederá cuando la tribulación se extienda sobre la Iglesia, que será afligida en todo el universo; no sobre los que la afligirán, puesto que ellos son los mismos que han de decir: Paz y seguridad. Ahora bien, estos males, que se creen como sumos y extremos, vemos que son comunes a uno y otro reino, al de Cristo y al del diablo. Los buenos y los malos los sufren igualmente, y en medio de tanta calamidad se entregan por todas partes a escandalosas orgías. ¿Es esto, por ventura, amilanarse por el temor, o más bien arder en apetitos de lujuria?

Teofiactus. No sólo temblarán los hombres cuando se altere el mundo, sino que hasta los ángeles quedarán pasmados de espanto por tan terribles alteraciones del mundo. Dice, pues: "Porque las virtudes de los cielos se conmoverán".

San Gregorio, in evang. hom. 1. ¿Y a qué se llama virtudes de los cielos, sino a los ángeles, dominaciones, principados y potestades? Ellos aparecerán visiblemente a nuestros ojos a la llegada del severo juez, para exigirnos rigurosamente lo que ahora nos pide con misericordia nuestro invisible Creador.

San Eusebio. Y como el Hijo de Dios ha de venir en gloria y ha de confundir la soberbia tiranía del hijo del pecado, sirviéndole los ángeles del cielo, se abrirán las puertas cerradas en el siglo para que aparezca lo excelso.

Crisóstomo, ad Olympian epistola 2. O bien, se conmoverán las fortalezas de los cielos, aunque inconscientes; y al ver las infinitas muchedumbres que se condenan, no podrán estar allí tranquilas.

Beda. Por esto se dice en el libro de Job que tiemblan las columnas del cielo y se amedrentan a su mandato ( Job 26,11). Y ¿qué sucederá a las tablas, cuando tiemblan las columnas? ¿qué no sufrirán los arbustos del desierto cuando el cedro del paraíso es desgajado?

San Eusebio. Las potestades de los cielos son las que rigen las partes materiales del universo. Las cuales entonces se conmoverán para adquirir un estado más perfecto, por lo tanto, quedarán libres en la nueva vida del servicio que vienen prestando a Dios respecto de los cuerpos sensibles en cuanto a su estado de corrupción.

San Agustín, ut sup. Pero el Señor, para que no parezca que exageró todo esto que predijo acerca de la aproximación de su segunda venida, lo cual ya acostumbraba a suceder en este mundo antes de su primera venida, y no nos burlemos de lo mucho que todo esto que dijo se lee ya en la historia de los pueblos, creo que debe entenderse mejor respecto de la Iglesia; pues la Iglesia es el sol, la luna y las estrellas ( Cant 6,9), a quien se ha llamado hermosa como la luna, escogida como el sol, la cual no brillará entonces por la furiosa persecución.

San Ambrosio. También se oscurecerá la brillante antorcha de la fe por la nube de la perfidia para muchos que se separen de la religión; porque aquel sol de justicia se aumenta o se disminuye para mí, según mi fe. Y así como en las fases periódicas de la luna, esto es, en las menguantes de cada mes, la luna se oscurece porque tiene la tierra en frente, así la Iglesia santa, cuando se le oponen los vicios de la carne a la luz del cielo, no puede reflejar el resplandor de la luz divina, de los rayos de Cristo. Y en las persecuciones apaga también el brillo del sol divino el amor de esta vida. Caen también las estrellas, esto es, la gloria del hombre que resplandece, cuando prevalece el furor de la persecución, lo que conviene que suceda hasta que se llene el número de los elegidos. Así se prueban los buenos y se manifiestan los débiles.

San Agustín, ut sup. Respecto de lo que se ha dicho: "y en la tierra consternación de las gentes", quiso designar con la palabra gentes, no las que serán benditas en la descendencia de Abraham, sino las que estarán a la izquierda.

San Ambrosio. Y será tan abrasadora la angustia de las almas por el recuerdo de la multitud de sus delitos (y el temor del juicio que ha de venir) que secará en nosotros el rocío de la fuente divina. A la manera, pues, que se espera la venida del Señor para que todo lo llene su presencia, ya en el mundo respecto del hombre, ya respecto del mundo, lo cual sucede en cada uno de nosotros cuando recibimos a Cristo con todo amor, así también las virtudes de los cielos alcanzarán aumento de gracia a la venida del Señor y se conmoverán por la plenitud de la divinidad que las penetrará más de cerca. Hay también virtudes de los cielos, que cantan la gloria de Dios, y que también por mayor comunicación se conmoverán al ver a Jesucristo.

San Agustín, ut sup. También se conmoverán las potestades de los cielos, porque los fieles más fuertes se turbarán por la persecución de los impíos.

San Agustín, ut sup. Prosigue: "Y entonces verán al Hijo del hombre venir sobre una nube".

Teofiactus. Lo verán tanto los fieles como los infieles. Brillará entonces más que el sol, tanto El como su cruz, por lo que será conocido de todos.

San Agustín, ad Hesychium epist 80. En cuanto a lo que dice que vendrá sobre una nube, puede entenderse de dos maneras: o viniendo en su Iglesia como en una nube, como ahora no cesa de venir, pero en ese entonces lo hará con gran poder y majestad por la gran fortaleza que brillará en los santos para que no sean vencidos en tan grande persecución, y así realzará su majestad; o bien porque vendrá en el mismo cuerpo con que está sentado a la diestra del Padre, y con razón es de creer que vendrá no sólo en el mismo cuerpo, sino también en la nube; porque así vendrá como se subió al cielo, pues una nube lo arrebató de la vista de sus discípulos ( Hch 1,9).

Crisóstomo, in cat. graec. Patr. El Señor siempre se aparece en la nube según lo del salmo ( Sal 96,12): "La nube y la oscuridad en su derredor". Por lo que el Hijo del hombre vendrá en las nubes como Dios y Señor, no ocultamente, sino en la gloria digna de Dios; y por esto añade: "Con gran poder y majestad".

San Cirilo. Conviene entender las palabras "con grande poder y majestad". En su primera venida apareció con nuestra humilde flaqueza; pero en la segunda lo verificará con todo su poder.

San Gregorio, in evang. hom. 1. Los que no quisieron oírlo en su abatimiento tendrán que contemplarlo en su poderío y majestad para que sientan entonces tanto más su fortaleza cuanto más resistieron doblar su cerviz y su corazón ante su misericordia.

San Gregorio, ut sup. Como todo lo que va dicho se refiere a los réprobos, habla ahora para consuelo de sus escogidos. Por esto añade: "Cuando comenzaren, pues, a cumplirse estas cosas, mirad y levantad vuestras cabezas, porque cerca está vuestra redención". Como diciendo: Cuando las plagas abruman al mundo, levantad vuestras cabezas, esto es, alegrad vuestros corazones, porque mientras el mundo (de quien en realidad no sois amigos) se acaba, se aproxima vuestra redención, que tanto habéis buscado. En la Sagrada Escritura se toma muchas veces la cabeza en vez de la inteligencia; porque así como los miembros son gobernados por la cabeza, los pensamientos se rigen por la inteligencia. Por tanto, levantar nuestras cabezas equivale a levantar nuestra inteligencia hacia los goces de la patria celestial.

San Eusebio. Cuando hayan pasado todas las cosas materiales aparecerán las inteligibles y celestiales, a saber: el reinado de aquel siglo que nunca habrá de concluir, y entonces se concederán las promesas ofrecidas a los dignos. Por esto dice: "Cuando comenzaren, pues, a cumplirse estas cosas, mirad", etc. Una vez recibidas las promesas que esperamos del Señor, seremos reanimados los que antes andábamos abatidos, y levantaremos nuestras cabezas, en otro tiempo humilladas, porque viene nuestra redención que tanto esperábamos; esto es, aquella que toda criatura desea.

Teofiactus. Esto es, la perfecta libertad del cuerpo y del alma, así como la primera venida del Salvador tuvo por objeto la reforma de nuestras almas, la segunda tendrá lugar para la reforma de nuestros cuerpos.

San Eusebio. Dice todo esto también a sus discípulos, no porque ellos hubiesen de durar en este mundo, hasta su término, sino (como subsistiendo en un solo cuerpo) no sólo para ellos sino para nosotros y para todos los demás, que habrán de creer en Jesucristo hasta la consumación de los siglos.

San Gregorio, ut sup. En cuanto a que el mundo deba ser destruido y despreciado, manifiesta su oportuna comparación cuando dice: "Mirad la higuera y todos los árboles: cuando ya producen de sí el fruto, entendéis que está cerca el estío", etc. Como diciendo: Así como se conoce que está próximo el verano por el fruto del árbol, así se conocerá la proximidad del Reino de Dios por la destrucción del mundo. En esto se manifiesta que la ruina es el fruto del mundo. Para esto produce; porque así como alimenta a todos con sus semillas, así los consumirá con sus mortandades. Se compara el Reino de Dios con el verano, porque entonces han pasado las nieblas de nuestras riquezas y empiezan a brillar con gran claridad los días del sol eterno.

San Ambrosio. San Mateo, pues, sólo habló de la higuera, pero San Lucas habla de todos los árboles. Mas la higuera tiene doble significación: o cuando se enternecen las cosas duras, o cuando complacen los pecados. Y así, cuando los frutos reverdecen en todos los árboles y la higuera aparece fecunda, esto es, cuando toda lengua confiese al Señor y le haya confesado el pueblo judío, debemos esperar la venida del Señor, porque entonces se cogerán los frutos de su resurrección, como en tiempo de verano. O cuando el hombre pecador se vista del orgullo veleidoso y pasajero de la sinagoga, como los árboles de sus hojas, debemos deducir que se aproxima el juicio. Porque Dios se apresura a premiar la fe y a concluir con el pecado.

San Agustín, ad Hesychium epist 80. Y cuando dice: "Cuando veáis que suceden estas cosas", ¿qué podremos entender sino aquellas de que ya hemos hecho mención? Entre ellas se encuentra lo siguiente: "Y entonces verán al Hijo del hombre que viene" ( Lc 24,33 ). Por tanto, cuando se vea esto no habrá llegado ya el Reino de Dios, sino que estará cerca. ¿Y acaso debe decirse que no todas las cosas ya mencionadas deben comprenderse en estas palabras: "Cuando veáis que esto sucede", sino algunas de ellas, a excepción de lo que se ha dicho, "y entonces verán al Hijo del hombre"? San Mateo ha declarado que no debía exceptuarse nada, diciendo: "Así, vosotros, también cuando viereis todas estas cosas" entre las que se comprende la venida del Hijo de Dios, de modo que entendamos que ahora se verifica en sus miembros como en nubes, o en la Iglesia como en una grande nube.

Tito. Cerca está el Reino de Dios porque cuando sucede esto todavía no ha llegado el último fin de las cosas; pero ya se prepara, porque la venida del Señor eliminando todos los principados y potestades preparará el Reino de Dios.

San Eusebio. Así como en esta vida el sol (cuando después del invierno vuelve la primavera) fomenta y vivifica con el calor de sus rayos las semillas ocultas en la tierra, transformándolas en su primera forma, de modo que al brotar toman su antigua forma y producen infinitas plantas de variado color, así la gloriosa venida del unigénito de Dios, iluminando al nuevo siglo con sus rayos vivificadores, hará nacer a la luz las semillas sepultadas largo tiempo en el mundo, esto es, las que dormían bajo el polvo de la tierra, produciendo cuerpos mejores que antes; y vencida la muerte, reinará después la vida del siglo nuevo.

San Gregorio, ut sup. Todo lo predicho recibe el sello de la mayor certidumbre cuando añade: "En verdad os digo que", etc.

Beda. Recomienda mucho lo que anuncia de esta manera; y (si es permitido decirlo) estas palabras, "En verdad os digo" son un juramento, porque "amén" quiere decir verdad. Por tanto es la Verdad quien dice: En verdad os digo; y aunque no se expresara así, no puede mentir de ningún modo. Llama generación a todo el género humano, o en especial la raza de los judíos.

San Eusebio. También llama así a la generación nueva de la Iglesia santa, manifestando que habrá de durar el pueblo de los fieles hasta el tiempo en que habrá de ver todas estas cosas y contemplará con sus propios ojos el cumplimiento de las palabras del Salvador.

Teofiactus. Como les había predicho perturbaciones, guerras y trastornos, tanto de los elementos como de las demás cosas, para que no se sospechase que la misma cristiandad habría de perecer añade: "El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán"; como diciendo: y si se conmueven todas las cosas, mi fe no faltará; en lo cual da a entender que la Iglesia será preferida a toda criatura, porque la criatura sufrirá alteración y la Iglesia de los fieles y las predicaciones del Evangelio subsistirán.

San Gregorio, ut sup. "El cielo y la tierra pasarán", etc. Como diciendo: Todo aquello que para nosotros es durable no lo es eternamente sin mudanza; y todo lo que parece pasar conmigo será fijo y permanente; porque mi palabra que pasa expresa sentencias inmutables y permanentes.

Beda. El cielo que pasará no es el etéreo de las estrellas, sino el aire del que toman el nombre las aves del cielo. Pero si la tierra ha de pasar, ¿cómo dice el Eclesiastés: "Mi tierra subsiste eternamente?" ( Ecle 1,4). Pero por una clara razón, el cielo y la tierra pasarán en cuanto a la forma que ahora tienen, pero en cuanto a la esencia subsistirán siempre.

Catena Aurea (Cadena de Oro), Santo Tomás de Aquino · Traducción española del siglo XIX, dominio público · fuente: hjg.com.ar/catena